{"id":15215,"date":"2020-03-05T14:00:09","date_gmt":"2020-03-05T20:00:09","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=15215"},"modified":"2020-03-05T14:00:09","modified_gmt":"2020-03-05T20:00:09","slug":"silencio-por-favor-silencio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/silencio-por-favor-silencio\/","title":{"rendered":"Silencio, por favor, silencio"},"content":{"rendered":"<p>A principios de enero estuve en Tepoztl\u00e1n, Morelos, participando como tallerista en <a href=\"https:\/\/twitter.com\/utvmx\">Under The Volcano<\/a>, un retiro anual y biling\u00fce para escritores de diversas especialidades. Me toc\u00f3 un grupo diverso y brillante de autoras y autores de cinco pa\u00edses, y en \u00e9l varias personas interesadas en el cuento, cuyo trabajo quedar\u00e1 representado aqu\u00ed en los meses por venir. Son voces emergentes que vale la pena seguir.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Luego de <a href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/archivo\/la-maceta-rota\/\">Yeni Rueda L\u00f3pez<\/a> y <a href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/archivo\/profugos\/\">Ruy Feben<\/a> viene Enrique Urbina (Ciudad de M\u00e9xico, 1993). Licenciado en Literatura Latinoamericana por la Universidad Iberoamericana, ha publicado el poemario <em>Aqu\u00ed el silencio no descansa<\/em> y la <em>plaquette<\/em> de cuento <em>Ra\u00edces<\/em>. Textos suyos han aparecido en medios electr\u00f3nicos e impresos como <em>Tierra Adentro<\/em>, el sitio del Centro de Cultura Digital, <em>Penumbria<\/em>, <em>Axx\u00f3n<\/em>, etc\u00e9tera. Actualmente es editor de la secci\u00f3n #Intervenciones de la revista <em>Vozed<\/em>.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abSilencio, por favor, silencio\u00bb, que se publica aqu\u00ed por primera vez, es una narraci\u00f3n <em>weird<\/em> que, incluso despu\u00e9s de romper la apariencia de normalidad de su mundo narrado, podr\u00eda parecer rutinaria: otra historia de fuerzas extra\u00f1as que invaden en un mundo aparentemente racional. Pero la ruptura que propone va m\u00e1s all\u00e1: en vez de \u00absuplementar\u00bb las reglas de la vida diaria con las de un mundo especial o m\u00e1gico, el cuento se niega, de plano, a explicar lo que sucede a sus personajes, a reducirlo a una l\u00f3gica evidente. Y esto nos deja, al leer, en un terreno movedizo, inquietante, especial.<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Urbina-e1583437435630.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"15217\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/silencio-por-favor-silencio\/urbina\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Urbina-e1583437435630.jpg\" data-orig-size=\"1439,989\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Enrique Urbina\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Urbina-e1583437435630-1024x704.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Urbina-e1583437435630-1024x704.jpg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"704\" class=\"alignnone size-large wp-image-15217\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Urbina-e1583437435630-1024x704.jpg 1024w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Urbina-e1583437435630-300x206.jpg 300w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Urbina-e1583437435630.jpg 1439w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>SILENCIO, POR FAVOR, SILENCIO<br \/>\nEnrique Urbina<\/strong><\/p>\n<p>Otra vez no hizo la tarea. Diego no es as\u00ed. Diego no es el ni\u00f1o que no habla. Que est\u00e1 cabizbajo. Que se aparta de los dem\u00e1s. Est\u00e1 aislado consigo mismo. Ya no r\u00ede. No hace nada. S\u00f3lo piensa. Pero en otras cosas que no tienen que ver con la escuela. Es desesperante. Ni siquiera abre los libros que leen en clase. Y si le preguntas algo para atraer su atenci\u00f3n, no sabe. Ni siquiera se molesta en inventar algo, como lo har\u00eda otro ni\u00f1o. S\u00f3lo levanta los hombros y rehuye a las miradas de sus compa\u00f1eros que lo juzgan, lo se\u00f1alan, murmuran sobre \u00e9l cuando antes lo respetaban. Por eso no lo rega\u00f1as. No es su culpa. Algo tiene. Piensas en sus padres, gente de alta sociedad, respetables, siempre formales, a quienes viste una vez al inicio de curso: la madre es una investigadora famosa. Su hijo se parece a ella: tiene el cabello muy negro y una piel que se debate entre el amarillo y el blanco. Su padre no trabaja. Dicen, te han dicho, que hered\u00f3 mucho dinero. A \u00e9l lo ves m\u00e1s seguido. Es duro. Es serio. Le exige, le exig\u00eda mucho a su hijo. Por eso es m\u00e1s extra\u00f1o el comportamiento de Diego. Nunca se lo permitir\u00edan. Los Kether son una familia muy conocida y muy renombrada y algo temida en el pueblo. Nunca se lo permitir\u00edan.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\tA la hora del recreo, le pides a Diego que se quede unos minutos contigo para platicar. Los dem\u00e1s corren, se alejan de \u00e9l con gritos y risas. Diego est\u00e1 serio. No te quiere mirar. No se mueve de su lugar. Cruza los brazos y recuesta su cabeza en ellos como si no le importara lo que tienes que decir. Pero sabes que s\u00ed lo hace. Diego siempre pone atenci\u00f3n en lo que tienes que decir.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\t\u2014Diego, otra vez no hiciste la tarea Ya te lo he perdonado varias veces porque no eras\u2026 eres as\u00ed. Ponte al corriente. Esto ya est\u00e1 bajando tu calificaci\u00f3n y, si no le echas ganas, vas a reprobar el examen. No falta tanto \u2014dices.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\t\u2014Si, <em>miss<\/em> Katia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\t\u2014Diego, ponme atenci\u00f3n, por favor \u2014dices levantando la voz\u2014. Me preocupas. \u00bfTodo bien en casa? Si necesitas hablar, aqu\u00ed estoy. D\u00edmelo, en serio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\t\u2014S\u00ed, <em>miss<\/em> \u2014dice y luego intenta decir otra cosa; abre la boca y gesticula, pero no se decide por ninguna palabra y calla.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\t\u2014Diego \u2014le digo mientras le quitas los brazos del escritorio y lo obligas a verte.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\t\u2014\u00bfS\u00ed? \u2014dice y abre la boca de nuevo y boquea como si fuera un pez ahog\u00e1ndose, pero no dice m\u00e1s.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\t\u2014\u00bfQu\u00e9 pasa?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\t\u2014Nada, <em>miss<\/em>, ya voy a&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\t\u2014\u2026 \u00bfno quieres salir a jugar?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\t\u2014Hoy no, <em>miss<\/em>.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\tHay ni\u00f1os a los que no les gusta salir a jugar con los dem\u00e1s, ni\u00f1os que prefieren quedarse en la fr\u00eda comodidad de los salones, donde el silencio vive por unos minutos. Pero Diego no es uno de ellos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\t\u2014No puedes quedarte, Diego. Necesito que salgas a jugar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\tEl ni\u00f1o se levanta sin decir nada, sin mirarte y sale del sal\u00f3n. Llora. Es la \u00faltima vez que hablar\u00e1s con \u00e9l.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Buscas otras alternativas antes de llamar a sus padres. Porque llamar a sus padres es manchar su historial. En la escuela, esa no es una buena se\u00f1al del desarrollo del alumno. Y Diego va, Diego iba perfecto. As\u00ed que primero insistes. Diario, varias veces al d\u00eda, le preguntas si est\u00e1 bien. \u00c9l asiente, pero calla. Y calla. Sigue callado. Sus compa\u00f1eros parecen ya no darse cuenta de su presencia, como si nunca hubiera ido a ese escuela, como si nunca hubiera sido un ni\u00f1o que a muchos ni\u00f1os les hubiera gustado haber sido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\tUn d\u00eda que Diego no va a la escuela, hablas con Ricardo, un ni\u00f1o peque\u00f1o, no tan inteligente como el otro, pero s\u00ed muy audaz y, sobre todo, gracioso. El payasito del grupo. Tambi\u00e9n el mejor amigo de Diego.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Estoy muy preocupada por Diego, Ricardo. \u00bfSabes por qu\u00e9 ha estado as\u00ed las \u00faltimas semanas?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No, <em>miss<\/em>, yo ahorita ni le hablo \u2014dice Ricardo tratando de ocultar su tristeza, de mostrarse maduro ante ti \u2014. Yo creo que ya ni es mi amigo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\t\u2014\u00bfPor qu\u00e9?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\t\u2014Antes de que dejara de jugar en el recreo conmigo y con los dem\u00e1s; todav\u00eda antes de que usted lo empezara a rega\u00f1ar, varias veces vi c\u00f3mo, cuando lleg\u00e1bamos a la escuela, se bajaba del coche de su pap\u00e1 con los ojos rojos, rojos. Y su pap\u00e1, mientras, le gritaba qui\u00e9n sabe qu\u00e9 cosas que \u00e9l no quer\u00eda hacer caso. Ten\u00eda cara de enojado, pero triste, tambi\u00e9n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\t\u2014\u00bfNo le preguntaste qu\u00e9 le pas\u00f3?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\t\u2014La primera vez, no. Me daba pena. Su pap\u00e1 siempre lo trataba bien y a m\u00ed tambi\u00e9n. Se re\u00eda mucho conmigo. Y por eso me dio miedo cuando lo vi as\u00ed. A su pap\u00e1. Nunca lo hab\u00eda visto as\u00ed. Ni siquiera a Diego, que a a veces se enojaba porque perd\u00eda en el fut o algo, pero no tanto para llorar. Ya cuando pas\u00f3 como tres veces m\u00e1s, ya le pregunt\u00e9. Y desde ese momento ya no nos hablamos porque ya no somos amigos. Aunque extra\u00f1o platicar y jugar con \u00e9l, la verdad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\t\u2014\u00bfQu\u00e9 te dijo?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\t\u2014Al principio que nada, que estaba bien, que su mam\u00e1 estaba haciendo un experimento y no lo dejaba dormir. Pero yo insist\u00ed porque le dije que uno no llora por no haber dormido, que se me hac\u00eda m\u00e1s que era porque su pap\u00e1 le gritaba. \u00c9l me dijo que yo estaba mintiendo, que \u00e9l no llora por nada. Luego se enoj\u00f3 y me dijo que su vida me val\u00eda y que no me metiera en lo que no me importaba, aunque claramente me importaba. Ah\u00ed me empuj\u00f3 y, como yo no me dejo, lo empuj\u00e9 y le dije que me dijera por qu\u00e9 estaba de esa forma o no lo iba a dejar en paz. Entonces pas\u00f3 algo raro\u2026.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\tRicardo se detiene. Mira a su alrededor como si estuviera a punto de decir una mentira, como si la estuviera inventando.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\t\u2014Le prometo que no estoy mintiendo, miss \u2014dice Ricardo como ya lo estuvieras juzgando, como si desde el principio lo hubieras reprochado por su relato.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\t\u2014Yo s\u00e9 que no, Ricky, \u00bfpor qu\u00e9 lo har\u00edas?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\t\u2014Es que Diego. Es que Diego empez\u00f3 a llorar y a gritarme. Seguramente me dijo cosas que yo jam\u00e1s le dir\u00eda a un amigo. Menos a \u00e9l.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\t\u2014\u00bfC\u00f3mo que seguramente?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\t\u2014Pues. Es que yo no le estoy mintiendo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\t\u2014Ricardo, \u00bfqu\u00e9 pas\u00f3?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\t\u2014No s\u00e9, <em>miss<\/em>. Diego abr\u00eda mucho la boca y las venas del cuello se le salieron, pero ning\u00fan ruido sali\u00f3 de \u00e9l. Una como tos, creo, pero ya no me acuerdo. Y yo pens\u00e9 que escuchaba mal o que estaba bromeando. Pero su cara estaba llena de l\u00e1grimas. Le dije que hablara y se enoj\u00f3 m\u00e1s y me empuj\u00f3 y obviamente yo lo empuj\u00e9 y casi nos agarramos a golpes de no ser porque \u00e9l se fue corriendo. Luego me dej\u00f3 una nota en mi mochila que encontr\u00e9 hasta que llegu\u00e9 a mi casa. La nota dec\u00eda que ya no \u00e9ramos amigos y que no le volviera a hablar nunca. Como yo tambi\u00e9n estaba enojado, ya no le dije nada. Pero tambi\u00e9n ya no le dije nada porque me daba miedo de que le hablara y \u00e9l volviera a abrir la boca y no escuchara nada o saliera nada de ella.<\/p>\n<p>Desde el primer d\u00eda que conociste a Diego, desde los primeros minutos, nunca pensaste que har\u00edas lo que haces en ese momento: escribir un citatorio para los padres. Lo escribes frente a la directora de la primaria. Golpea la mesa con sus u\u00f1as. Est\u00e1 furiosa. A\u00fan te repite entre dientes lo que te dijo y te repiti\u00f3 mientras t\u00fa le explicabas la situaci\u00f3n: que la familia de Diego era muy respetada, muy de bien, y t\u00fa no ten\u00edas ning\u00fan derecho en molestarlos, que si el ni\u00f1o estaba teniendo problemas en la escuela, era por la edad, porque a esa edad los ni\u00f1os cambian, se forma, descubren el mundo. T\u00fa le insististe que exactamente por eso te preocupaba, porque Diego no quer\u00eda descubrir al mundo; parec\u00eda, m\u00e1s bien, que se estaba alejando de \u00e9l. Parec\u00eda encerrado la \u00faltima vez que hablaste con \u00e9l porque de plano ya ni lo has visto. Ya no va a la escuela desde hace unos d\u00edas y lo peor es que no te diste cuenta hasta despu\u00e9s. Esto claro que no se lo dices, pero es de lo que m\u00e1s te preocupa. Porque t\u00fa has estado atenta a \u00e9l y que se te olvidara por completo, como si su misma presencia se desvaneciera de la memoria del mundo, te preocupa, te preocupas. Tienes miedo sobre todo de ti misma. La directora acept\u00f3 no sin antes amenazarte con que si los padres se molestaban o met\u00edan alguna queja porque el colegio estaba tratando inadecuadamente a su hijo, t\u00fa ser\u00edas la total responsable. Y t\u00fa aceptaste porque sabes que eres t\u00fa o el ni\u00f1o que se pierde en lo que sea que le est\u00e1 pasando, que parece estar desapareciendo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\tCitas a los padres tres d\u00edas despu\u00e9s, despu\u00e9s de clases. Minutos antes, est\u00e1s nerviosa. Te arreglas demasiado, como si fuera tu primer d\u00eda en el trabajo. Est\u00e1s en tu sal\u00f3n, el mismo donde hablaste con Diego y con Ricardo, el mismo donde ha sucedido todo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Piensas en lo que le dir\u00e1s al padre de Diego, quien seguramente ser\u00e1 el que vaya al citatorio, quien llegar\u00e1 s\u00f3lo con la intenci\u00f3n de amedrentar, de gritar. O peor; de decir que no sucede nada, que todo est\u00e1 bien, para despu\u00e9s gritarle a Diego a solas. Le dir\u00e1s que sabes de sus gritos, del llanto de su hijo y que est\u00e1s muy preocupada. Muy preocupada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\tTocan la puerta del sal\u00f3n. Dices en voz alta, en voz m\u00e1s grave que tu tono normal, en voz segura, que pasen. Entra una ni\u00f1a. No tiene uniforme; usa un pants sucio y trae el cabello suelto. Es bonita. Se parece a Diego.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\t\u2014Buenas tardes. \u00bfUsted es la maestra de Diego? \u2014dice con una voz ronca, como si hubiera gritado mucho, como si estuviera enferma.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\t\u2014S\u00ed. \u00bfT\u00fa qui\u00e9n eres? \u2014dices.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\t\u2014Soy su hermana \u2014dice la ni\u00f1a con su voz como si llevara mucho tiempo sin hablar, como si le costara trabajo hacerlo \u2014. Me llamo Jimena.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\tJimena camina hacia ti por fin, pero con miedo, como si fueras un animal del zool\u00f3gico que se ha escapado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\t\u2014Cit\u00e9 a tu mam\u00e1 y a tu pap\u00e1, Jimena, \u00bfd\u00f3nde est\u00e1n?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\t\u2014Le piden disculpas. Tuvieron otros compromisos \u2014dice mientras se sienta frente a ti. Tiene unas ojeras que casi son otros ojos \u2014. \u00bfQu\u00e9 pasa con Diego, miss?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\tNi siquiera escuchas su pregunta porque est\u00e1s perdida en ella, la ni\u00f1a, en su cansancio, en su voz ronca y fea, en algo que parece que ves, pero no. Es como un aura, una impresi\u00f3n que queda en los ojos despu\u00e9s de mirar algo fijamente durante mucho tiempo y voltear hacia otro lado repentinamente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\t\u2014\u00bfQu\u00e9 edad tienes, Jimena?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\t\u201415. \u00bfPor qu\u00e9?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\tPorque parece que ha vivido m\u00e1s. Mucho m\u00e1s.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\tHa vivido mucho m\u00e1s que t\u00fa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\tY no lo dice. No puede decirlo a pesar de que lo sigue viviendo. A pesar de que est\u00e1 cerca de ella. En casa. Y tiene que callarlo. Est\u00e1 amenazada. Est\u00e1 cansada de tanta amenaza, de tanta tensi\u00f3n. No quiere estar ah\u00ed. No quiere verte a los ojos. Se siente avergonzada de verse as\u00ed. Porque no es tonta: descubre tu reacci\u00f3n aunque es m\u00ednima. Y se da pena. Piensa en sus padres. Piensa en Diego.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\tLe das las gracias por presentarse, le mandas saludos a Diego y le pides que le diga a su madre y a su padre que, por favor, los cuiden mucho porque son muy buenos hijos. Jimena asiente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\tTe quedas sola en el sal\u00f3n. Sabes qu\u00e9 hacer. Cu\u00e1l es el siguiente paso: ir a su casa. Ver que sucede. Mirar. Y encarar a sus padres. Te costar\u00e1 caro. Pero este ni\u00f1o. Ese ni\u00f1o. Est\u00e1 sufriendo. Y si lo dejas, nunca, nunca te lo perdonar\u00edas. Nunca en tu vida. Por eso buscar\u00e1s los archivos personales de Diego, donde est\u00e1 la direcci\u00f3n de su casa e ir\u00e1s y ver\u00e1s qu\u00e9 sucede. Los vas a buscar en ese momento y no te ir\u00e1s hasta encontrarlos. Los encontrar\u00e1s.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\tVas con la directora para pedirle la direcci\u00f3n de Diego. S\u00f3lo ella la tiene. Sabes, por comentarios de ni\u00f1os y de padres y otros maestros, que esa familia ha sido muy herm\u00e9tica en cuanto a su vida personal. La fama y dinero los tiene encerrados. Seguramente entender\u00e1 despu\u00e9s de que le cuentes lo de su hermana. Est\u00e1 teniendo una llamada telef\u00f3nica, pero pide permiso a su interlocutor para colgar y hablar contigo. Te pregunta qu\u00e9 sucedi\u00f3 y t\u00fa le explicas de la forma m\u00e1s dram\u00e1tica para que no dude en darte la informaci\u00f3n que necesitas. Cuando terminas, ella ni siquiera te mira. Tamborilea los dedos y se muerde una u\u00f1a de la otra mano. Te niega la informaci\u00f3n. Te dice que cada quien tiene sus problemas y no te incumben. T\u00fa le insistes, le aseguras que es un asunto delicado, peligroso. Y te dices a ti misma que tienes que plantarte y no moverte. Pero ella se niega y se niega hasta que se desespera y se levanta de sus silla y mueve las plumas y las esculturas que tiene sobre su mesa y te se\u00f1ala y te amenaza con que menciones una vez m\u00e1s el asunto para que fueras remitida con el departamento de Recursos Humanos. Y t\u00fa no puedes hacer nada m\u00e1s que salir callada, con la mand\u00edbula tensa y la certeza de que te quedar\u00e1s sin trabajo m\u00e1s pronto de lo que pensabas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando regresas a tu sal\u00f3n, Ricardo llega antes de que suene la campana del fin del recreo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014A nadie le cae bien la directora, miss \u2014dice Ricardo con una complicidad que, por tu derrota, te molesta \u2014. Le grit\u00f3 muy feo y no se lo merec\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Son cosas de maestros, Ricardo. \u2014dices.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Yo s\u00e9 que hablaban sobre Diego porque vi cuando lleg\u00f3 Jimena. Pobre Jimena. No me ca\u00eda muy bien porque siempre nos hac\u00eda cosas y nos molestaba, pero s\u00ed estaba muy diferente. Muy mal. Y luego usted fue con la directora y se escucharon sus gritos. No se preocupe por lo de Diego. Yo s\u00e9 d\u00f3nde vive. S\u00f3lo yo lo s\u00e9 de entre todos los compa\u00f1eros porque era mi mejor amigo. Y lo extra\u00f1o. Ojal\u00e1 pueda ayudarlo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Para tu sorpresa, la casa de Diego y su familia no est\u00e1 tan lejos como pensabas. Aunque s\u00ed est\u00e1 <em>alejada<\/em>. Est\u00e1 en la frontera de la ciudad, donde casi no hay edificios y s\u00ed mucho campo abierto, muchos \u00e1rboles, muchas calles sin nombre para que los empresarios o delincuentes o quienes tuvieran suficiente dinero como para comprar unas hect\u00e1reas, pudieran vivir sin ser molestados.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\tEl taxi te deja en los l\u00edmites de sus terrenos. No hay rejas ni muros, s\u00f3lo un camino enmarcado por piedras que llevan hasta la puerta principal. El taxi se va y te deja sola. No te mueves. No caminas. Vuelves a preguntarte por qu\u00e9 llegas tan lejos por un ni\u00f1o, por qu\u00e9 est\u00e1s dispuesta a arriesgar tanto. Hay muchos m\u00e1s ni\u00f1os como \u00e9l. Es m\u00e1s: hay ni\u00f1os con menos, ni\u00f1os en una peor situaci\u00f3n, pero con mejores maneras de ocultarla. Es eso: que ni Diego ni Jimena pueden esconder el horror que llevan en el cuerpo como una marca de peste, una marca de que han sido tocados por algo peor que lo peor que pod\u00edan pensar, o incluso lo que t\u00fa puedes pensar. Y eso quieres ver: lo que no te imaginas. Porque te puedes imaginar muchas cosas. Pero hay una pregunta que te palpita: \u00bfy si es algo m\u00e1s?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\tTocas a la puerta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\t\u2014\u00a1Voy! \u2014se escucha decir una voz de hombre desde el otro lado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\tUnos pasos se acercan y se abre la puerta. Es el padre de los ni\u00f1os. Esperas un insulto y un portazo, pero al contrario, te sonr\u00ede. Te habla cona amabilidad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\t\u2014Buenas tardes, se\u00f1orita.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\t\u2014Buenas tardes, se\u00f1or Kether, soy Katia Palomo, maestra de Diego en la primaria.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\t\u2014\u00a1Maestra! \u00bfC\u00f3mo pude olvidarla? \u00bfQu\u00e9 se le ofrece?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\t\u2014Vine porque me preocupan sus hijos, se\u00f1or Kether, espec\u00edficamente Dieguito. Su rendimiento en clases ha bajado mucho y, como seguramente sabe, ya tiene varios d\u00edas que no se presenta. La situaci\u00f3n me parece rara porque\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\t\u2014Ay, qu\u00e9 pena, maestra. S\u00ed. Diego ha faltado porque se enferm\u00f3, pero ya pronto se va a poner bien. Le hablar\u00eda en este momento, pero en serio est\u00e1 muy malo, el pobre. No puede ni hablar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\tT\u00fa tampoco. Y no contestas. El hombre r\u00ede.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\t\u2014\u00a1Qu\u00e9 verg\u00fcenza, maestra! La tengo aqu\u00ed en la entrada de la casa como si fuera una polic\u00eda. Pase, mejor. As\u00ed platicamos mejor sobre Diego porque me interesa mucho su futuro. S\u00ed, me interesa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\tTe da el paso y entras. La casa huele bien. Est\u00e1 limpia. Est\u00e1 llena de esculturas de dos tipos: abstractas, como asteroides, y estatuas de ni\u00f1os orientales con el dedo de la mano izquierda sobre sus labios indicando guardar silencio. Llegan a la sala. Te sientas en un sill\u00f3n muy c\u00f3modo. Te sirve un caf\u00e9 y te dice que es de una cosecha especial que le env\u00edan a su familia por ser amigos del cafetalero. No te importa, pero le sigues la pl\u00e1tica un poco. Te le muestras amable y \u00e9l a\u00fan m\u00e1s. Casi se te olvida que, cuando lo conociste hace meses, su personalidad era exactamente opuesta a la de ahora. Pero se porta tan bien. Casi se te olvida tu preocupaci\u00f3n, excepto porque, aparte de sus tazas y sus voces, en la casa no se escucha nada m\u00e1s. Nada m\u00e1s. As\u00ed que en un breve, muy breve momento en que ninguno de los dos dice nada, aprovechas para encaminar la conversaci\u00f3n a donde debi\u00f3 haber estado desde un principio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\t\u2014Se\u00f1or Kether, regresando a lo de Diego, uno de sus compa\u00f1eros me dijo que lo vio a usted discutiendo muy fuerte con su hijo. En verdad esta situaci\u00f3n me interesa. Por favor me gustar\u00eda ser de su ayuda en lo posible.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\t\u2014Oh, no, no. No era nada. Ya sabe. Uno como padre siempre pelear\u00e1 con sus hijos, pero fue algo que se resolvi\u00f3 pronto. Lo resolvimos juntos y ya no hubo problemas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\t\u2014Y otra cosa, \u00bfsu esposa no se encuentra? \u00bfElla sabe de lo que pasa con Diego?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\t\u2014S\u00ed, claro. Justamente est\u00e1 con Diego. Le est\u00e1 haciendo un tratamiento para su enfermedad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\t\u2014Pero su esposa no es m\u00e9dico, \u00bfo s\u00ed? \u2014dices y notas una molestia en el rostro del hombre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\t\u2014En efecto, no lo es, pero este es un tratamiento especial y nuevo que ella dise\u00f1\u00f3 \u2014dice y como si lo invocara, la casa se estremece. Apenas, pero suficiente como para que tu taza de caf\u00e9 que estaba al borde de la mesa caiga y choque contra el suelo de madera y se rompa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Solo que nada se escucha del golpe. El hombre te mira como si nada hubiera pasado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfPuedo ver a Diego?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Claro que s\u00ed. S\u00f3lo que le digo que est\u00e1 muy enfermo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No tengo problemas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El cuarto de Diego est\u00e1 al fondo de la casa. El cuarto es grande, lleno de juguetes y diplomas y trofeos. Diego est\u00e1 en su cama. Duerme y est\u00e1 p\u00e1lido. No parece tener m\u00e1s que un resfriado. A ti todo eso te parece una farsa. Su madre est\u00e1 junto a \u00e9l. Usa un cubrebocas que le cubre la mitad de la cara y el cuello. Te mira. Pero no dice nada. Te asiente como para saludar y despu\u00e9s se lleva su dedo \u00edndice a donde deber\u00eda estar su boca en se\u00f1al de que guardes silencio. Luego escribe en un bloc de notas. Te lo muestra orgullosa como si fuera una ni\u00f1a mostrando buenas calificaciones a sus padres. Lo que lees no te hace sentido, pero s\u00ed. En realidad s\u00ed. Eso explica el silencio total pero paulatino del ni\u00f1o. Vas a decir algo, pero el padre te toma del hombro y te gu\u00eda fuera del cuarto. Antes de que el hombre cierre la puerta detr\u00e1s de ti, alcanzas a ver a la madre ya sin cubrebocas inclin\u00e1ndose sobre Diego. \u00c9l abre la boca y habla y r\u00ede y grita y susurra y se queja y hace todos los ruidos de su cuerpo al mismo tiempo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La madre no tiene boca ni cuello. Ni piel en ellos. Ni nada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\tTe despides del padre y te vas. Te vas caminando. Detr\u00e1s de ti, sientes algo. Es Jimena, quien te mira desde una ventana. Te arroja algo. Cae junto a ti. Es su celular. Lo recoges y lo guardas  Abre la boca. A pesar de la distancia, ves que en lugar de dientes, tiene dedos \u00edndices.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;De regreso, est\u00e1s mareada. Caminas. No dejas de pensar en la familia. En toda. Tambi\u00e9n en las notas de la madre: \u201cDiego al m\u00ednimo de sonidos. Garganta totalmente rancia. Confirmar si \u00f3rganos a\u00fan funcionan.  Tal vez dos sesiones m\u00e1s para dejarlo vac\u00edo y convertirlo en buen hu\u00e9sped como Jimena\u201d.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero lo peor eres t\u00fa. Eres t\u00fa ante esa familia. El padre fue c\u00ednico, se divert\u00eda. Quiz\u00e1s ya sab\u00eda que los visitar\u00edas. Y la madre no tuvo problemas en mostrarse ante ti porque es claro que quer\u00eda que tuvieras un vistazo de ella. Lo peor eres t\u00fa porque el ni\u00f1o, lo sabes, est\u00e1 perdido. No tiene salvaci\u00f3n. Eso es lo peor: que t\u00fa no eres nadie para combatir ese silencio total que ten\u00eda unos fines sobrenaturales o no, no importa. Y eso es lo que te mostraron los Kether. Por eso la directora intent\u00f3 que no fueras con ellos. No era enemiga despu\u00e9s de todo. Era como t\u00fa: condenada a la derrota.  <\/p>\n<p>Han pasado varios d\u00edas y todo est\u00e1 igual. Todo est\u00e1 igual. La gente camina por las calles y se r\u00ede y se molesta y vive. \u00bfC\u00f3mo puede todo seguir funcionando como si nada? Te llega un pensamiento que te cuesta aceptar: el horror no detiene al mundo; al contrario, lo mantiene vivo. Pero no a las personas. No a ti, que ya no regresaste a la escuela, que apenas sales, que apenas duermes, apenas comes. Que tienes a\u00fan muchas preguntas, que tienes la puerta para responderlas, pero tienes miedo de tocarla: el celular de Jimena. Al principio pensaste en romperlo para evitar que te llamaran, pero no lo hiciste y ellos tampoco. Luego te prometiste perderlo, dejarlo en alg\u00fan lado, pero eso hubiera implicado volverte responsable de la revelaci\u00f3n a alguien m\u00e1s. Y entonces lo guardaste como un secreto puerco, como si fuera la evidencia de una doble vida tuya. Hasta que, como un coraz\u00f3n delator, su presencia oculta te fue insoportable y ahora lo tienes frente a ti, con la pantalla encendida y cuarteada, en donde se ve a Jimena sonriendo y abraz\u00e1ndose con unas amigas, como si fuera una ni\u00f1a normal, como si nunca le hubiera sucedido nada. Es como ver la foto de una muerta. Tal vez s\u00ed lo es.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Arrepinti\u00e9ndote, pero sin dejar de hacerlo, tomas el celular y lo desbloqueas. La ni\u00f1a quer\u00eda eso porque no ten\u00eda ning\u00fan c\u00f3digo de seguridad. Entrecierras los ojos para que lo que se oculta en ese aparato no te tome por sorpresa. Primero buscas en sus fotos. Son cientos. Casi todas son iguales: selfies, comida, paisajes, m\u00e1s fotos con amigas y uno que otro muchacho de su edad. Te sientes hasta culpable, como si hubieras robado el celular y ahora te estuvieras entrometiendo en la vida de alguien sin su permiso. En la vida de una ni\u00f1a. Pero sabes que hay algo. Por algo lo tienes. Por algo te lo dio. Y lo buscas porque qu\u00e9 tal que es lo que necesitas para realmente ser de ayuda\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Son los videos. Son los videos. Pero no son de ayuda. S\u00f3lo muestran. Son tres. En el primero, Jimena a\u00fan se ve normal, saludable. Es de noche. Mira a la c\u00e1mara y se lleva el dedo \u00edndice a los labios. Sale de su cuarto y camina por la casa hasta llegar a un estudio que no viste cuando estuviste ah\u00ed. En \u00e9l se encuentra su madre. Est\u00e1 de espaldas a ella, en medio de varias esculturas sin forma como las que plagaban la casa. Dice un mantra hasta que se queda sin aire y abre los brazos a los lados y exhala tan fuerte y tanto tiempo que parece que se desinflar\u00e1.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Algo toma a Jimena por detr\u00e1s. Es su padre. La golpea y la rega\u00f1a. La madre, en una voz ronca, le dice que deben comenzar ya que Jimena ya est\u00e1 ah\u00ed porque es muy probable que sea un designio de Hoor-par-kraat, o algo as\u00ed crees escuchar. El video se corta, pero no porque su padre apague el celular o algo. Parece m\u00e1s bien una edici\u00f3n deliberada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En el segundo video, Jimena se ve m\u00e1s desgastada. Voltea varias veces hacia la puerta de su cuarto. Acomoda su celular en un estante y regresa a su cama. Sus padres entran. Ambos est\u00e1n vestidos con t\u00fanicas de colores que parecen estar cambiando constantemente. Su madre trae un bloc parecido al que te mostr\u00f3. Su padre se abalanza sobre Jimena y la ata de pies y manos. Luego pone una soga junto a su cuello y la jala mientras ella est\u00e1 en su cama acostada. Comienza a ahogarse. Pero no es suficiente para matarla. Mientras esto sucede, su madre se quita la t\u00fanica. Est\u00e1 desnuda. Las venas y arterias del cuello est\u00e1n negras, podridas. Dice muchas cosas, pero de nuevo s\u00f3lo alcanzas a entender una frase, o una palabra. Hoor-par-kraat.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En el tercer video s\u00f3lo es Jimena mirando a la c\u00e1mara, aguant\u00e1ndose la risa. Detr\u00e1s se escucha a Diego gimiendo, llorando, diciendo que no quiere. Al final, sale un s\u00edmbolo que no entiendes. Es una pintura de un ni\u00f1o en cuclillas, sobre una flor de loto. El ni\u00f1o tiene el dedo \u00edndice de la mano derecha sobre su boca.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una llamada llega al celular. Es la directora. Le cuelgas antes de que diga algo, pero el celular no funciona y contin\u00faas escuchando su voz<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014El problema, Katia, es que t\u00fa nunca estuviste dispuesta a aprender. Pudiste haber callado, como deb\u00edas. Pero fuiste m\u00e1s all\u00e1 \u2014dice la directora. Arrojas el celular contra la pared y escuchas c\u00f3mo se rompe, pero la voz sigue sonando. Y m\u00e1s fuerte, m\u00e1s cerca, como si se estuviera materializando junto a ti \u2014. Quer\u00edas ir m\u00e1s all\u00e1. Eso es lo que siempre quisiste con Diego. No salvarlo ni ayudarlo. Quer\u00edas ver, ser testigo de lo que le suced\u00eda \u2014t\u00fa te repites que no es cierto mientras buscas de d\u00f3nde sale su voz maldita \u2014. Pero eres suertuda, Katia. Sigues teniendo suerte. Tienes una oportunidad m\u00e1s. De salvarte y de cuidar de Diego. Ven, sal.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sales porque no hay otra opci\u00f3n. Porque est\u00e1s entre la fascinaci\u00f3n absoluta y el terror total. Esto no puede estar pasando, pero pasa. \u00bfCu\u00e1ntas personas han pensado lo mismo antes de morir o que les sucedan cosas peores?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Afuera, te esperan la directora y los Kether. El padre te sonr\u00ede, la madre tiene una bufanda que ondea en el \u00e1rea de su garganta. Jimena te mira feliz y emocionada. T\u00fa, ingenua, cre\u00edas que quer\u00eda que la salvaras, pero era como los dem\u00e1s: quer\u00eda que supieras.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Diego tambi\u00e9n est\u00e1 ah\u00ed. Viene de la mano de su madre. Se ve como era antes: con energ\u00eda, feliz, despierto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Donde t\u00fa est\u00e1s, yo estuve \u2014te dice la directora \u2014. Pero t\u00fa puedes tener m\u00e1s privilegios.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Somos uno, somos muchos, miss Katia \u2014dice Diego con una voz normal, con un tono normal..<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Tiene raz\u00f3n, maestra \u2014dice el padre \u2014. Esto con Jime y Diego fue s\u00f3lo una prueba\u2026 cient\u00edfica. Pero para lograr nuestro sue\u00f1o, que tambi\u00e9n puede ser el suyo, nos faltan muchos m\u00e1s. Noventa y uno y el avatar estar\u00e1 completo. Lo que queremos es\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Que me cuide y nos procure con m\u00e1s\u2014dice Diego.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Que nos cuide y nos procure con m\u00e1s \u2014dice Jimena y alcanzas a ver que algo quiere salir de su boca.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Que nos ense\u00f1e este mundo \u2014dice Diego.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ser\u00eda pr\u00e1cticamente lo mismo que haces ahora, Katia \u2014dice la directora \u2014. S\u00f3lo que con ellos. S\u00f3lo con ellos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ellos, \u00e9l la eligi\u00f3, maestra Katia, por eso sigue aqu\u00ed \u2014dice el padre \u2014. Viva.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Titubeas. \u00bfQu\u00e9 decir? \u00bfC\u00f3mo hablar ante esa situaci\u00f3n? No hay nada que hacer en una historia donde s\u00f3lo eras una herramienta y no la protagonista. Porque no te ven\u00edan a invitar. Ven\u00edan por ti. S\u00f3lo esperaban a que vieras el video, a que supieras con qui\u00e9n tratar\u00edas. Callas, por eso. Te entienden.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Todos celebran.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un mes despu\u00e9s, regresas a la escuela. Est\u00e1s mejor. Ahora vives en casa de los Kether. Tienes que ense\u00f1arle a los ni\u00f1os, a los nuevos ni\u00f1os, al Ni\u00f1o, todo sobre la realidad, sobre esa \u00e9poca que viven. T\u00fa tambi\u00e9n has aprendido, sabes m\u00e1s, sobre ellos. Has visto cosas terribles, cosas que al principio no ten\u00edan forma ni orden ni raz\u00f3n de ser, pero ahora est\u00e1s mejor. Est\u00e1s mejor. Y estar\u00e1s a\u00fan mejor cuando toda la misi\u00f3n, el ritual, sea completado. A trav\u00e9s de las medicinas y los cantos que la se\u00f1ora Kether descubri\u00f3 y que el se\u00f1or Kether te ense\u00f1\u00f3, has sabido sobrellevar el estr\u00e9s mental. El horror ya no es horror, sino rutina.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\tLos alumnos se sorprenden. Se portan demasiado bien. Temen la normalidad con la que los tratas despu\u00e9s de tu repentina ausencia. El mismo Ricardo, quien a veces era imposible de callar, no dice nada. Te mira con sospecha, eso s\u00ed. Al final de la clase, se acerca contigo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\t\u2014Est\u00e1bamos muy preocupados por usted, miss. Y yo m\u00e1s. Pens\u00e9 que le hab\u00eda pasado algo \u2014dice Ricardo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\t\u2014No, Ricky, todo estuvo bien. De hecho, fuiste de mucha ayuda.. Te lo agradezco \u2014dices mintiendo y no.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\t\u2014\u00bfPero por qu\u00e9 se fue tanto tiempo? \u00bfQu\u00e9 le pas\u00f3 a Diego? \u2014dice Ricardo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\t\u2014De eso quer\u00eda hablar contigo, pero te me adelantaste. Diego estuvo un poco enfermo, pero ahora ya est\u00e1 bien. He faltado porque sus pap\u00e1s y la directora me pidieron que le repusiera todo lo que se perdi\u00f3. Y m\u00e1s. Digamos que ahora tendr\u00e1 escuela en casa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfO sea que ya no tendr\u00e1 que venir? \u00a1Qu\u00e9 envidia! Pero al mismo tiempo, no me gusta, porque ya no lo ver\u00e9. Y la verdad, quer\u00eda pedirle perd\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo que sigue te cuesta trabajo porque a\u00fan hay en ti resistencia al v\u00f3rtice donde te encuentras. Pero tiene que suceder y suceder\u00e1 muchas veces. Muchas. Y en cada una te costar\u00e1 menos trabajo hacerlo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Diario tengo que ir con \u00e9l saliendo de la escuela. \u00bfQu\u00e9 te parece si me acompa\u00f1as para que le puedas pedir perd\u00f3n? Es m\u00e1s, toma la clase con \u00e9l y, si te gusta, hablo con tu mam\u00e1 para que tampoco ya tengas que venir.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfEn serio, <em>miss<\/em>? \u00bfS\u00ed podr\u00eda? \u2014dice emocionado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Claro que s\u00ed, Ricky. S\u00f3lo te pido una cosa \u2014dices mientras te llevas el dedo \u00edndice a la boca \u2014, que mantengas silencio sobre esto. No digas nada. No hables.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Lo prometo!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento fant\u00e1stico (e inquietante) del mexicano Enrique Urbina (1993).<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":15217,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[22,2343,3342,198,2855,2291,360],"class_list":["post-15215","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-enrique-urbina","tag-escritores-mexicanos","tag-literatura","tag-literatura-de-imaginacion","tag-literatura-fantastica"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/03\/Urbina-e1583437435630.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-3Xp","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15215","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15215"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15215\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":15221,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15215\/revisions\/15221"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/15217"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15215"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15215"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15215"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}