{"id":15200,"date":"2020-02-03T21:25:22","date_gmt":"2020-02-04T03:25:22","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=15200"},"modified":"2020-02-03T21:25:22","modified_gmt":"2020-02-04T03:25:22","slug":"profugos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/profugos\/","title":{"rendered":"Pr\u00f3fugos"},"content":{"rendered":"<p>A principios de enero estuve en Tepoztl\u00e1n, Morelos, participando como tallerista en <a href=\"https:\/\/twitter.com\/utvmx\">Under The Volcano<\/a>, un retiro anual y biling\u00fce para escritores de diversas especialidades. Me toc\u00f3 un grupo diverso y brillante de autoras y autores de cinco pa\u00edses, y en \u00e9l varias personas interesadas en el cuento, cuyo trabajo quedar\u00e1 representado aqu\u00ed en los meses por venir. Son voces emergentes que vale la pena seguir.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Luego de <a href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/archivo\/la-maceta-rota\/\">Yeni Rueda L\u00f3pez<\/a>, viene el mexicano Ruy Feben (Ciudad de M\u00e9xico, 1982), quien es autor de los libros de cuentos <em>Malebolge<\/em> (2018) y <em>V\u00f3rtices viles<\/em> (2012), el cual obtuvo el Premio Nacional de Cuento Joven Comala 2012. Ha publicado relatos y ensayos en antolog\u00edas como <em>Historias de malta<\/em> (2018), <em>Te guard\u00e9 una bala<\/em> (2015), <em>Emergencias: cuentos mexicanos de j\u00f3venes talentos<\/em> (2014) e <em>Hic Svnt Dracones<\/em> (2013), y en revistas y suplementos culturales como <em>La Peste<\/em>, <em>Guardagujas<\/em> y <em>Los B\u00e1rbaros<\/em>.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abPr\u00f3fugos\u00bb es una narraci\u00f3n que juega no con uno, ni dos, sino con <em>tres<\/em> subg\u00e9neros populares de la narrativa nacional al mismo tiempo: la autoficci\u00f3n, la historia apocal\u00edptica y las an\u00e9cdotas de mexicanos en el extranjero. Lo hace con humor, por supuesto, y tambi\u00e9n crea una atm\u00f3sfera cercana, entra\u00f1able, para su fin del mundo.<\/p>\n<figure id=\"attachment_15202\" aria-describedby=\"caption-attachment-15202\" style=\"width: 1024px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/RuyFeben-scaled.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"15202\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/profugos\/ruyfeben\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/RuyFeben-scaled.jpg\" data-orig-size=\"2560,1619\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;1.8&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;ILCE-6000&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1528050733&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;50&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;500&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0.0125&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}\" data-image-title=\"Ruy Feben\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"&lt;p&gt;Ruy Feben (foto provista por el autor)&lt;\/p&gt;\n\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/RuyFeben-1024x648.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/RuyFeben-1024x648.jpg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"648\" class=\"size-large wp-image-15202\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/RuyFeben-1024x648.jpg 1024w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/RuyFeben-300x190.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-15202\" class=\"wp-caption-text\">Ruy Feben (foto provista por el autor)<\/figcaption><\/figure>\n<p><strong>PR\u00d3FUGOS<br \/>\nRuy Feben<\/strong><\/p>\n<p>Lo vemos sobre Gorriti, primero lejos, una farola descompuesta, y luego cada vez m\u00e1s nocturno: las rayas de su remera, los shorts pelados de mezclilla, la gorra postergando una planicie imposible. Finalmente: los ojos, demasiado certeros sobre el rostro de Carlota. A m\u00ed parece no percibirme: otro ser de sangre caliente en medio de la can\u00edcula del verano bonaerense. Como si fuera yo apenas un aliento, la sensaci\u00f3n de una extremidad ausente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Es el \u00faltimo ser humano que vemos. Fuera de nosotros, por supuesto: a partir de ahora, nosotros seremos el mundo, y como tal seremos inevitables y terribles.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No sab\u00edamos que eso suceder\u00eda con el a\u00f1o nuevo, claro: no ten\u00edamos manera de saberlo. Acaso le hubi\u00e9ramos hablado a este personaje fortuito, le hubi\u00e9semos dicho lo poco que hemos descubierto en los lustros de la vida normal y anodina que para nosotros lo ha sido todo; le hubi\u00e9semos pedido favores o apurado una explicaci\u00f3n. Nos hemos reprochado mil veces ese instante, imaginando escenarios diversos: que lo seguimos hasta donde iba, seguramente con otros seres humanos y acaso con algunos perros, acaso al sitio donde hoy todos se esconden o donde todos entonces murieron; que lo llevamos como anzuelo para lo que sea que viene con este a\u00f1o; que lo encaramos, que lo golpeamos, que lo comemos. Hemos imaginado con \u00e9l toda clase de violencias y de cari\u00f1os: todas las formas que tiene la a\u00f1oranza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero nada de eso importa: son puras imaginer\u00edas, e imaginar no hace m\u00e1s que recordarnos que estamos solos. En una ciudad extra\u00f1a y salvaje de todas las maneras posibles, solos, sin el reproche fundamental que son los dem\u00e1s seres humanos. <\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Las primeras horas son como todas las que siguen de cerca a un desastre: caminamos solos por la calle de Gallo, bajo la primera madrugada del a\u00f1o joven. La ausencia de autos nos parece predecible y hasta deseable; igual los nulos peatones, que nos permiten andar en a\u00f1o nuevo como si el mundo fuera tambi\u00e9n nuevo. Por costumbre nos detenemos en los sem\u00e1foros, que no remedian ning\u00fan accidente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pasamos las pocas cuadras entre Gorriti y el alojamiento sin pensar en aquel muchacho que nos vio con los \u00faltimos ojos de la especie.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfCu\u00e1les son tus prop\u00f3sitos de a\u00f1o nuevo?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Equilibrar mejor mis tiempos. Comprender mejor lo que quiero de mi futuro. Escribir.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un fuego artificial revienta la pupila nocturna.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014A ver, escribe desde ahora: \u00bfqu\u00e9 fue ese fuego artificial?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Una bomba: Buenos Aires desaparece dentro de pocos segundos con nosotros calcinados en medio. No tenemos oportunidad de realizar nada de lo que esper\u00e1bamos para 2019. Fin del relato y fin del mundo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Carlota se petrifica. Es el primer juego del a\u00f1o: me observa con una cara que, en el peor de los casos, podr\u00eda servirnos a ambos de salida de emergencia, si todo de verdad se derrumba. Pero la conozco: s\u00e9 que algo hay de temor genuino detr\u00e1s de esa cara.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;S\u00e9 que por un instante teme la horda de soldados listos para la hecatombe.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No llegan los soldados. Una alarma suena lejan\u00edsima. De un balc\u00f3n salta una fiesta interminable, una gruesa capa de m\u00fasica que arropa la madrugada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y nosotros caminamos as\u00ed a la cama, calurosa como caldo mitocondrial.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>El hambre nos despierta despu\u00e9s de las 11. El balconcito de la rec\u00e1mara da a la misma pared blanca de siempre, que anuncia el sol pero no lo delata.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nos calzamos veloces, nos decimos que ojal\u00e1 exista algo abierto en el vasto mundo, de preferencia algo con milanesas y cerveza fr\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Echamos a andar por Paraguay, un calor jur\u00e1sico a cuestas, sobre la calle que se mece.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfT\u00fa crees que algo est\u00e9 abierto? Por lo que veo, \u00e9stos no se mueven mucho en a\u00f1o nuevo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Algo tiene que haber. \u00bfQu\u00e9 pasa si necesitas pan o medicinas? La gente tambi\u00e9n se enferma en a\u00f1o nuevo\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014La gente tambi\u00e9n muere en a\u00f1o nuevo, sin duda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Carlota ni siquiera me golpea el hombro como lo hubiese hecho cualquier otro d\u00eda. No es miedo: es que la noche anterior apenas picamos unas papas feas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Subimos todo Paraguay hasta Callao.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ni un alma.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ni siquiera en las puertas grandes, entre cobijas y cartones: ni siquiera una de las muchas almas que se comportan como de segunda mano en Buenos Aires, la legi\u00f3n de pordioseros.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ni un al\tma rondando la carro\u00f1a del a\u00f1o reci\u00e9n terminado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero en ese momento es peor el hambre que las implicaciones metaf\u00edsicas. Como no hay pizzer\u00eda o parrilla con trazas de vida, entramos a un kiosko abierto, pero desatendido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tomamos seis paquetes de frituras, llamamos al dependiente, primero con mexican\u00edsima cortes\u00eda, luego a los gritos, como primates de la selva. Nada pasa: dejamos el dinero junto a la caja registradora, y caminamos un poco avergonzados rumbo al cementerio de la Recoleta, la \u00fanica atracci\u00f3n de la ciudad que nos parece disponible en aquel d\u00eda inm\u00f3vil.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No nos animamos a entrar: nos da miedo empezar el a\u00f1o nuevo en un sitio lleno de muertos.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Ya con las chips y los Gatorades, el 1 de enero a solas no es tan malo. El calor nos asfixia, pero sentados en los jardincitos frente al cementerio, no es tan malo. Alg\u00fan aire se cuela cada tanto, como voz rascando una garganta: algo parece moverse.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed es raro pasar a\u00f1o nuevo con este calor. No se siente a\u00f1o nuevo. Se siente como el \u00faltimo verano, repetido y con acentito.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014O como si nos hubi\u00e9ramos adelantado al pr\u00f3ximo verano: un futuro dist\u00f3pico en el que todos conjugamos mal la segunda persona.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Por eso no hay nadie en la calle: estamos en el futuro, que todav\u00eda est\u00e1 deshabitado. La gente viene apenas, recogiendo al mundo, enroll\u00e1ndolo en cobijas de vocales alargadas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Es en serio lo de ponerte a escribir m\u00e1s, \u00bfverdad?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfTan malo fue?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Digamos que te falta encerrarte unos d\u00edas en silencio.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Cuando anochece nos parece extra\u00f1a la ciudad sol\u00edsima y nos hartan las chips y los sanguches envueltos en celof\u00e1n. Hacemos lo que todo turista: culpamos a las malditas costumbres locales, incomprensibles y precarias, de algo que otrora podr\u00eda resolverse facil\u00edsimo. \u00bfPor qu\u00e9 no le pagan doble a sus empleados para trabajar en feriado? \u00bfSer\u00e1 que nadie quiere trabajar en feriado? Claro, si son unos incompetentes, babosos, salvajes, mediocres. \u00bfQu\u00e9 clase de mundo se atreve a vaciarse de gente as\u00ed como as\u00ed? \u00bfQu\u00e9 clase de especie somos si no somos capaces de estar sobrios el uno de enero?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo \u00fanico que nos queda es esperar que la ciudad se componga el 2 de enero, como lo hacen todas las capitales del mundo desde inicios de los noventa. Sobre todo las capitales calurosas, donde no existe un pretexto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Es que, vaya: \u00bfno trabajar, con este clima m\u00e1s bien benevolente, aunque sea 1 de enero? \u00bfEs que no tienen ambici\u00f3n? \u00bfQu\u00e9 clase de monstruos son \u00e9stos?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dormimos fatal: la dosis extra de sodio nos deja dando vueltas en la cama toda la noche.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yo tengo una pesadilla: que el calor y el hambre me hacen alucinar y, en una de tantas vueltas nocturnas, pienso a Carlota un pedazo de bife, y la muerdo, primero en la espalda y luego en las nalgas y en el cachete, la muerdo sin que ella grite: es, en efecto, un pedazo de carne con la forma de mi esposa. Cuando lo descubro, caigo en depresi\u00f3n dos meses que vivo veloz, aunque cada \u00edntegro segundo, en el sue\u00f1o; me recupero tomando pastillas y yendo a terapia, y finalmente abro un local de c\u00e1rnicos a base de Carlota en una esquina disponible de Ag\u00fcero. Le pongo a mi fiambrer\u00eda as\u00ed: Carnota. Me quedo a vivir en Buenos Aires, que ha vuelto a dejarse pulular la gente mal vestida, los buses ruidosos, los border collies.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Despierto empapado, riendo, con n\u00e1useas: el aire acondicionado dej\u00f3 de funcionar.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Es in\u00fatil llamar al que nos rent\u00f3 el departamento. In\u00fatil, inclusive, buscar a la conserje: no contesta cuando tocamos en el cuartito, ni siquiera cuando en uno de muchos golpes zafamos una bisagra de la puerta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfT\u00fa viste alguna vez a la conserje?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014El primer d\u00eda, cuando fuiste a comprar no s\u00e9 qu\u00e9, me ayud\u00f3 a matar una cucaracha que me encontr\u00e9 en el ba\u00f1o.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Toco la puerta con mayor coraje: eso quiere decir que existe, y que seguro decidi\u00f3 alargar el a\u00f1o nuevo hasta el primer lunes, para el que a\u00fan falta todo el fin de semana.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Carlota le tiene un p\u00e1nico irracional a las cucarachas desde siempre. Una vez casi me manda al diablo por dejarle una de juguete en su bur\u00f3. No me alarma que el primer d\u00eda de estancia haya llamado a la conserje, sin conocerla, para matar a una intrusa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y me arrepiento de no haberme alarmado de inmediato al pensar en cucarachas. Como bien nos lo han ense\u00f1ado los documentales conspiranoicos de todas las cadenas de televisi\u00f3n, en una ciudad sin seres humanos, otras especies empiezan a competir por el dominio. Las minor\u00edas escapan r\u00e1pido o mueren de maneras trist\u00edsimas: los pajaritos del asfalto se refugian en los bosques cercanos y en las cuevas, los perritos pug sucumben a su espantosa tragedia gen\u00e9tica. La urbe ingrata les revela las fauces hediondas, y no les deja m\u00e1s opci\u00f3n que la retirada o la muerte. (\u00bfPor cu\u00e1l habr\u00e1n optado todos los argentinos de Buenos Aires?)<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En cualquier ciudad de tama\u00f1o decente, son tres las especies que realmente se debatir\u00e1n el dominio: las ratas, las palomas y las cucarachas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No lo sabemos, pero mientras llamamos a gritos a Lisa o Luisa o como sea que se llame la se\u00f1ora que limpia el edificio, las cucarachas han tenido tiempo para duplicarse bajo el suelo, a apenas cent\u00edmetros de los enchanclados pies de Carlota.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfY qu\u00e9 te dijo cuando mat\u00f3 la cucaracha? \u00bfElla est\u00e1 ac\u00e1 todo el tiempo, o\u2026?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No dijo mucho: tambi\u00e9n les tiene miedo. La mat\u00f3 r\u00e1pido y se fue asquea\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una arcada interrumpe a Carlota, que casi vomita el est\u00f3mago vac\u00edo.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Pasamos esa ma\u00f1ana tocando en todas las puertas del edificio, y luego en los timbres de los edificios contiguos: comprobamos, antes de las 2 de la tarde del 2 de enero, que, al menos en la cuadra de Paraguay que va del 3000 al 3100, todos han desaparecido sin hacer ni puf.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El aire acondicionado ya es lo que menos nos preocupa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9 vamos a hacer ahora? Tenemos efectivo para dos o tres bolsitas de papas m\u00e1s\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfPapas? \u00bfQu\u00e9 vamos a hacer con eso? No podemos comer papas toda la vida\u2026 \u00bfY qui\u00e9n prepara las empanadas y las milanesas si no hay argentinos?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No exageres: tienen que volver en alg\u00fan momento. Si fuera algo realmente grave, ya nos hubi\u00e9ramos enterado. Adem\u00e1s, en una semana sale nuestro vuelo y listo: volvemos a zona de hom\u00ednidos normales.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfY si nadie aparece para entonces?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por primera vez se nos ocurre que eso es una posibilidad: que, no s\u00f3lo de golpe, sino para siempre, la gente desaparezca del mundo. O los argentinos, que en este caso es lo mismo. Ponderamos que se trate de una de las cosas nacionalistas que a veces hacen y que les salen casi siempre bien: un Corralito existencial, de un Cacerolazo contra la insoportable carga de vivir siendo los m\u00e1s europeos de los latinoamericanos. Eso explicar\u00eda la falta de uruguayos en las calles (en los desastres pagan siempre justos por pecadores), pero no la de peruanos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cAndate a cagar, universo de mierda\u201d: acaso el conjuro que a todos los mand\u00f3 lejos de todo, al feliz multiverso que anida en la papada de Maradona.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero no puede tratarse de otra cosa: \u00bfdesde cu\u00e1ndo las hecatombes eligen dejar a dos turistas como \u00fanicos habitantes de una ciudad de cuadras interminables?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hollywood queda lej\u00edsimos (no el de Palermo, claro), incluso un poco m\u00e1s lejos que casa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00bfC\u00f3mo vamos a llegar al aeropuerto?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Fue buscando cu\u00e1nto se hace a pie de la Recoleta a Ezeiza que descubrimos nuestro peor miedo: internet tampoco est\u00e1 funcionando. <\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Hay miles de pel\u00edculas que describen lo que pasar\u00eda en un mundo sin personas; inclusive documentales que ponderan cu\u00e1ntas horas tardar\u00edan las ra\u00edces de los \u00e1rboles urbanos en comerse las calles, en hacer de las neveras nidos de especies nuevas. Romancean con parvadas de palomas que mutan en una sociedad casi perfecta, a falta de predadores tecn\u00f3cratas. Ponderan una salvaci\u00f3n, un para\u00edso terrenal que se recupera a s\u00ed mismo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfDe verdad la humanidad tiene que acabarse de tajo?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQui\u00e9n dice que se acab\u00f3 la humanidad? Hasta donde sabemos, s\u00f3lo Buenos Aires est\u00e1 vac\u00eda. Es el sue\u00f1o de muchos turistas, en realidad&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014T\u00edpico: los turistas somos tan mensos, que incluso descubriremos tarde ese hot spot local que es la extinci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Estamos en el silloncito verde del alojamiento, con las ventanas abiertas. Es 3 de enero, y ya casi nada funciona. El aire acondicionado se tira pedos de vez en cuando, y es imposible repararlo: imposible buscar electricistas, plomeros, trazas de vida inteligente, sin internet. La secci\u00f3n amarilla desapareci\u00f3 hace siglos, inclusive en pa\u00edses salvajes como \u00e9ste, y buscar por la calle alg\u00fan servicio, a la antigua, es predeciblemente in\u00fatil.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La caja de herramientas en el placard del alojamiento, en nuestras manos, es equivalente a una colonia de platelmintos con acceso a todas las claves de seguridad que existen en el FMI.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No podemos comunicarnos con M\u00e9xico: no hay l\u00ednea telef\u00f3nica, ni siquiera correo postal. Vaya: los barcos del puerto est\u00e1n detenidos, e incluso el vaiv\u00e9n del agua es de pronto pazguato, el r\u00edo una anodina e interminable gelatina.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una gelatina de la que brota un pelaje que se llama mundo, que empieza a rugir.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfEso fue una cucaracha?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Carlota se\u00f1ala bajo el escritorio polvoso y alza los pies. Yo no veo nada, ni siquiera pongo atenci\u00f3n: trato de planear, en un mapa de papel que encontr\u00e9 en el librero, el mejor modo de llegar al aeropuerto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ruy, \u00bfqu\u00e9 vamos a hacer si esto se llena de cucarachas? Con la basura y el calor\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No s\u00e9. Supongo que ir al aeropuerto, tratar de llegar a tiempo al vuelo de regreso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pero tiene que haber una manera m\u00e1s f\u00e1cil. No puede ser que toda la ciudad est\u00e9 vac\u00eda. Tiene que haber alguien, algo\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero no. Buenos Aires, sus helados y carnes, sus personajes que gritan por nada en la calle, sus escritores y sus museos, sus edificios y los picos (no pocos) que toc\u00f3 en vida, la Ciudad de la Plata, es, repentinamente, un cr\u00e1ter en el lado idiota de la luna.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un boom interrumpe el p\u00e1nico de Carlota, mi distra\u00edda ingesta de una empanadita de las que quedaban en la des\u00e9rtica cantina de la cuadra.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Como lo dicta el Discovery Channel, a falta de mantenimiento, las centrales de energ\u00eda empiezan a explotar. Ese boom, que desperdig\u00f3 parvadas y le provoc\u00f3 a Carlota la imagen de una marabunta exoesquel\u00e9tica rompiendo los muros, es el primero de muchos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un boom, aleteos rayoneando el cielo, y luego silencio. Absoluto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una cosa que, como latinoamericanos, desconoc\u00edamos por completo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ese boom es lo m\u00e1s cerca que hemos estado de otras personas, o de la memoria de otras personas, en tres d\u00edas. Es tambi\u00e9n lo m\u00e1s cerca que nosotros, tristes ni\u00f1os del verano, hemos estado jam\u00e1s de la guerra, del fin del mundo, de nuestro lado salvaje.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Empanatanados en p\u00e1nicos y mapeos, no lo sabemos, pero ese primer boom es un escupitajo de memoria dirigido al cielo.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Para escapar del calor aceitoso, el 4 de enero dejamos el alojamiento: nos metemos a un restaurante cuyo clima todav\u00eda funciona. Lo hacemos con cautela: nos escondemos tras la barra, preparamos un discurso por si aparece el due\u00f1o y un arma por si aparece alguien m\u00e1s.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Para m\u00ed no es tan malo: hay carne buena en el refrigerador, quesos \u00fatiles, fiambres, a\u00fan un par de decenas de mediaslunas descansando, turgentes y dulces y prec\u00e1mbricas, en una panera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfNo te has cansado de la carne? Me urge una ensalada\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Miro a Carlota y r\u00edo. Le cuento mi sue\u00f1o. \u201cCarnota\u201d le parece un p\u00e9simo nombre: el humor le ha cambiado. No es para menos, con tanto sodio y tanta grasa y tan poca fibra\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Bueno, al menos no hay argentinos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Espero que no vayas a escribir nada de eso, Ruy. Es ofensivo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Me prometo recordarlo, pero s\u00e9 que eso no suceder\u00e1. A m\u00ed tambi\u00e9n me ha cambiado el humor: ahora me siento incapaz de disimular. El \u00fanico decoro que guardo es para continuar la pl\u00e1tica con Carlota, lo cual es el \u00fanico recurso que, a tres d\u00edas de la soledad absoluta, importa todav\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Me refiero a que la falta de argentinos deber\u00eda dejarnos mucho espacio para pensar en lo importante, que no s\u00e9 si es la fibra. Es decir: \u00bft\u00fa de verdad crees que se esfumaron de pronto puf no hay m\u00e1s?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No s\u00e9. O sea, si se hubieran ido todos al mismo tiempo por sus propios pies, nos habr\u00edamos dado cuenta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Carlota encuentra en la alacena del restaurancito unos jitomates; muerde uno como si fuera una manzana, como si fuera prohibido y delicioso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No creo que se los hayan llevado los aliens. Y un asteroide no llega de puntitas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfY por qu\u00e9 tendr\u00edan que haberse ido todos al mismo tiempo? Chance y cada uno decidi\u00f3 irse por su lado: siguiendo cada cual a su ego, hasta donde su ego alcanza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yo termino de asar un bife de chorizo. No, la carne no me ha cansado: por el contrario, cada vez me disgusta menos. Me hace sentir cansado, inm\u00f3vil, pero feliz. Como dormido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Doy una mordida supernova.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfLes habr\u00e1 gustado llegar a Alaska a encontrar que son los mismos de siempre?<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Pasamos todo el d\u00eda de Reyes saltando, cada pocas horas, de un estanquillo a otro: todos los aires acondicionados sufren el mismo destino que el nuestro eventualmente, as\u00ed que tenemos que huir, como roedores.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Inclusive los refrigeradores (que ac\u00e1 son de otra especie: se llaman neveras) se descomponen; los desperfectos nos urgen a dedicar las primeras horas a los embutidos y los quesos frescos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Creo que ya me acostumbr\u00e9 a robar. O al menos robar cada vez me parece menos malo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Carlota dice esto con los brazos llenos de m\u00e1gicos escombros comestibles de nevera todav\u00eda viva. Encontr\u00f3 pasta fresca en los estantes de un restaurante modernillo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Eso est\u00e1 bien: as\u00ed podemos comer mejor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yo apa\u00f1o un pedazote de matambre con huevo; las pizzetas congeladas de este lugarcito que vive ya m\u00e1s all\u00e1 de la moda (cuya puerta tuvimos que forzar: la alarma apenas balbuce\u00f3 un gemido antes de morir sin electricidad) las dejo para otro d\u00eda de hambre, para otra cacer\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando corto un pedazo para hacer otro sanguche, otra central el\u00e9ctrica desfallece: boom en alg\u00fan lugar de San Telmo, y otro boom, casi simult\u00e1neo, en Liniers.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Carlota r\u00ede; se anima un vaso de vino; nos damos cuenta de que no hemos bebido vino a pesar de la soledad. Aprovecho aquello para otro bife, para las supervivientes papas fritas; ella sigue con el vino a solas. A ambos nos golpea igual el alcohol: como el \u00fanico pie humano del mundo, dispuesto a aplastar a los insectos que quedan a su paso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ese mismo restaurante nos neg\u00f3 la entrada para cenar en a\u00f1o nuevo, as\u00ed que ahora nos sentimos valientes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfQui\u00e9n se qued\u00f3 ahora sin cenar? Gritamos, medio borrachos con una botella del Malbec m\u00e1s caro de la barra, y bailamos con la cabeza flotante: \u00bfqu\u00e9 se siente quedarse fuera, tarados?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Boom en Puerto Madero.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nunca nos detenemos a pensar qu\u00e9 significa exactamente estar fuera, fuera de d\u00f3nde, respecto a qu\u00e9: la soledad es la orilla, siempre. Y somos nosotros los que bailamos en mesas elevadas, sin m\u00fasica, en una ciudad que ya no suena.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Como no hay alumbrado p\u00fablico, esa noche dormimos donde nos coge el cansancio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Somos los \u00fanicos pordioseros que le quedan a Buenos Aires: como los miles que hab\u00eda antes, dormimos en colchones que robamos, tirados en el primer rinc\u00f3n a prueba de cucarachas que somos capaces de encontrar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Eso es importante: el \u00fanico requerimiento que debe cumplir nuestro alojamiento es que sea completamente a prueba de cucarachas. As\u00ed lo ha sido siempre, desde que Carlota y yo estamos juntos: todo es soportable, excepto la posibilidad de esas patitas, de esos cascos alargados color carne quemada, de esas antenas ojos que tocan el mundo antes de verlo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En la Buenos Aires vac\u00eda, esto se vuelve cada vez m\u00e1s dif\u00edcil.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Boom en Retiro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La oscuridad apenas se ilumina cada tantos minutos con la pirotecnia de las centrales el\u00e9ctricas, boom en lo que parece ser Montevideo. Anidamos en una litera, dentro de una tienda de muebles; blindamos las patas con todo el insecticida de la tienda de jardiner\u00eda que est\u00e1 junto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nos abrazamos como hace muchos meses no lo hac\u00edamos. Siento el rostro caliente de Carlota contra mi cuello, como una planta o como un pelaje. Pienso que el mundo se ha vuelto de nuevo elemental: que somos una suerte de Ad\u00e1n y Eva en el deshabitado Cono Sur, aprendiendo a sobrevivir en este jard\u00edn del Ed\u00e9n de arquitectura afrancesada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Eructo y el aliento me sabe a algo que nunca hab\u00eda probado. Pienso en el porcentaje de vacuno que com\u00ed hoy; pienso en las cosas que eso debe estarle haciendo a mi cuerpo. La pierna izquierda ya aprieta como un vendaje receloso, y la cabeza me duele. Cada tanto, sobre todo bajo la luz dura o el cansancio, la vista se me oscurece como la noche.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y en esos momentos el mundo no existe, o yo no existo para el mundo, lo cual es acaso lo mismo. En todo caso: en esos momentos temo comprender por fin lo que pas\u00f3 con todos los porte\u00f1os del mundo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Abrazo fuerte a Carlota: no quiero que ella tambi\u00e9n desaparezca.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Sue\u00f1o que Carlota me ofrece de un bife podrido, en uno de esos omnipresentes platitos met\u00e1licos de la ciudad. Sus brazos son largos, una entera de las interminables cuadras de la ciudad. Ella come de la carne, su tenedor y cuchillo se mueven como insectos, agarran con sus antenas la carne, la hacen bolitas y luego la lanzan lejos, hasta las fauces de Carlota, que es ahora una paloma, ahora una rata, ahora un conglomerado movedizo de pugs y pajaritos y gatos negros; sus ojos, border collies. Come de la carne por muchas bocas: ya no tiene la forma de Carlota, sus cabellos ondulados y sus ojos grandes, sino que es una cueva convexa, una esfera cuya superficie est\u00e1 hecha de abismos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;De una de esas cuevas convexas sale una serpiente; sus ojos son ventanales como los del Palacio Barolo. La serpiente se me acerca hasta sentir su vaho directo en el cuello; le brotan de los colmillos patitas m\u00ednimas que se desprenden y corren por mi cuerpo, bajo la ropa, haciendo explosioncitas m\u00ednimas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las patitas van por todos lados, las siento husmear en mis rincones, las siento bajar por mis subsuelos, entrar a mis orejas y murmurar: \u201cCarnota\u201d.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Boom en Caballito.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Abro los ojos, que se contectan directo a los de Carlota; me mira como mira el planeta a los aviones que vuelan muy arriba.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9 pasa? \u00bfEst\u00e1s bien?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No responde; en cambio, su mano empieza a golpear el colch\u00f3n como tambor. Luego tiembla su brazo, sus hombros, su cara; todo le tiembla menos los ojos, que me miran vertiginosos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tiene fiebre y est\u00e1, al tiempo, helada: como motor de nevera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le quito la manta y descubro al menos veinte cucarachas que le caminan por encima, por entre la ropa y en el pelo y en las pantorrillas. Desaparecen debajo de su ropa y vuelven a escapar tras un min\u00fasculo temblor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Creo que es as\u00ed como descubrimos que, sin importar nuestros mejores deseos, somos parte del mundo.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>\u2014\u00bfEst\u00e1s segura? Dudo mucho que haya aviones\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No tenemos manera de saberlo: en realidad no sabemos qu\u00e9 pasa m\u00e1s all\u00e1 de Palermo\u2026 Chance y los vuelos s\u00ed est\u00e1n saliendo, aunque no los veamos. En todo caso, no tenemos nada mejor que hacer. Y las cucarachas. Las cucarachas, Ruy\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Vuelve a temblar como hace rato, as\u00ed que me detengo: le acaricio la cabeza. Tardamos m\u00e1s de tres horas en sacarla del shock nervioso. Me mira con los ojos albercados, como detr\u00e1s de un aparador inmenso. Cuando por fin llora, se desfonda. Es repentino: ojos de aparador, boom en La Boca, llanto imparable. Llanto como plaga de dolores: como marabunta comi\u00e9ndose las mejillas de un primate.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No logra conciliar el sue\u00f1o m\u00e1s, por supuesto. Pero se tranquiliza cuando por fin le prometo que nos largamos de Buenos Aires, a costa de lo que sea.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Largarnos de Buenos Aires: hace una semana era apenas un tr\u00e1mite; una fila larga, como todas las que aparentemente hay en Argentina; unas tres o cuatro horas previas en un aeropuerto ca\u00f3tico, nada m\u00e1s. Ahora, sentado frente a ella, sosteniendo el m\u00ednimo bate que improvis\u00e9 con un salame grasoso, dirigiendo con un espejo la luz de la vela que me permita ver en la oscuridad al exoesquel\u00e9tico enemigo, largarnos de Buenos Aires parece una tarea primigenia, esteparia; una tarea a la que bien podr\u00edamos dedicarle el resto de nuestras vidas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pasamos toda la noche as\u00ed: yo inventando el primer juego de pelota de la nueva historia, a costa de un embutido y una especie reclamando el futuro, ella temblando y soltando llantos cada tanto en un rinc\u00f3n dentro de la nevera que todav\u00eda sirve.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Echamos a andar en cuanto el alba oculta a los insectos. Para hacerme energ\u00eda, muerdo un sustancioso pedazo de jam\u00f3n; la pierna me vuelve a apretar como fauces de bestia amenazada; Carlota no tiene todav\u00eda espacio en el est\u00f3mago para otra cosa que el miedo. Calculamos diez horas hasta Ezeiza; tenemos casi 48 para que nuestro vuelo salga.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Carlota va forrada hasta el cuello con telas que le permitan, en dado caso, no sentir las patitas trep\u00e1ndole las extremidades. El calor del hemisferio sur se hincha, y nos queda toda una ciudad y un \u00e1rea metropolitana que cruzar. Me preocupa su sudor, su intolerancia a cualquier clase de ingesta, mis piernas apretadas, la falta de fibra.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La falta de fibra, que despu\u00e9s de todo s\u00ed puede volverse un problema primordial.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfQu\u00e9 habr\u00edan hecho en nuestro lugar nuestros ancestros, que ten\u00edan un color m\u00e1s aut\u00e9ntico y una dieta menos temblorosa? \u00bfQu\u00e9 dir\u00edan los asi\u00e1ticos que pisaron estas tierras antes que nadie, los europeos que se adjudicaron luego ese trono?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Boom en Nueva Pompeya.<\/p>\n<p>***<\/p>\n<p>Apenas cruzamos los l\u00edmites de Buenos Aires Ciudad: nos anuncian la salida a Provincia de Buenos Aires un letrero y un tren cuya v\u00eda ya empieza a ocultarse bajo una hiedra potente. Nos cruza una jaur\u00eda interminable de border collies que escaparon de la ciudad; uno de ellos todav\u00eda nos mira a los ojos, los otros apenas nos olfatean recelosos. No se acercan cuando por fin logramos un fuego, tras descubrirlo de nuevo un arte sofisticado, un espect\u00e1culo divino.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Han pasado tres d\u00edas. A este paso, calculo que estaremos llegando al aeropuerto dos semanas despu\u00e9s de aquel extra\u00f1o en la calle que me vio sin verme.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Si nuestro vuelo existe, ya desapareci\u00f3 tambi\u00e9n: desapareci\u00f3 dos veces.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mi pierna es una carga, otro m\u00e1s de los embutidos que llevo en la mochila. Carlota sigue sin comer. Apenas el olfato le anuncia comida, viene una arcada: lo \u00fanico que ha podido decir al respecto es que los dientes chocando entre s\u00ed le parecen los torax amonton\u00e1ndose en lugares secretos bajo la calle visible.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ambos estamos d\u00e9biles. Buenos Aires terminar\u00e1 con nosotros, inclusive vac\u00eda, silenciosa, bella, sin delincuentes ni subte. Ese silencio terminar\u00e1 erosion\u00e1ndonos hasta la m\u00e9dula.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A veces, nos lo decimos, extra\u00f1amos a los argentinos. Incluso al que nos grit\u00f3 aquella otra noche, desde lo m\u00e1s hondo de sus tragos, que nos iba a cortar la cabeza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Anochece tras una esquina que cedi\u00f3 la pizzer\u00eda a una mara\u00f1a de rugidos y zarpazos que anidan en el horno apagado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Improvisamos una casa de campa\u00f1a con una lona que colgaba fuera de un Calzate Catalina, en Av. Santa Fe. Acampamos directo sobre la calle mojada, de la que hierve un clima infame. Un riachuelo arrastra un torrente de cubiertos, bombillas multicolor, aluminios ro\u00eddos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La ciudad poco a poco fluye hacia el r\u00edo, cunde su ruina desplazada a donde pertenece: bajo las aguas plateadas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Estamos a punto de dormir cuando Carlota levanta la cabeza como marsupial.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Hay alguien afuera. \u00bfLos oyes? A lo mejor es un equipo de rescate\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfUna semana despu\u00e9s de una tragedia?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Estamos en Latinoam\u00e9rica\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Asiento, mudo, y trato de escuchar: no oigo nada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero nada en serio: como si lo que sea que est\u00e1 afuera de la tienda de campa\u00f1a estuviera en otro lado, lejos, in\u00fatil.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Temo que la sensaci\u00f3n eterna de cucarachas en los dientes haya hecho met\u00e1stasis en Carlota, y que ahora todos sus sentidos se inventen patitas de todo tipo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ah\u00ed est\u00e1n otra vez\u2026 son voces.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Debe ser un radio que empez\u00f3 a funcionar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Vamos a asomarnos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La detengo. No tenemos un solo indicio de c\u00f3mo fue que desapareci\u00f3 una capital otrora llena de gente que gimotea todo el d\u00eda; a estas alturas, estoy convencido de que eso seguramente significa que fue una causa con cierta inteligencia, con alguna malicia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No salgas. No sabemos si son ladrones o can\u00edbales. O hinchas de alg\u00fan equipo local. O cucarachas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Carlota reprime un escalofr\u00edo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Si hay algo m\u00e1s que esto, tenemos que averiguarlo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mi mano no alcanza a tocarla: cuando intento adelantar el cuerpo, la pierna me hunde de vuelta. Carlota sale y la lona vuelve a cerrarse, rotunda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La escucho alejarse, pero muy pronto sus pasos desaparecen.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dentro de la carpa la oscuridad se envalentona, la noche es una calle sin fondo. Alzo la mano a la altura de mis ojos, pero en su lugar lo que hay es el mismo negro noche.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Afino los o\u00eddos, tratando de escuchar los pasos de Carlota, que se decantan en un futuro del que quiero una cosa, una sola.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Espero as\u00ed, sin contar las horas, en lo que parece ser todo el tiempo que nada en el universo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento de Ruy Feben (1982), narrador mexicano que juega con varios g\u00e9neros a la vez.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":15202,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[22,198,2855,2291,360,3341,1991],"class_list":["post-15200","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-escritores-mexicanos","tag-literatura","tag-literatura-de-imaginacion","tag-literatura-fantastica","tag-profugos","tag-ruy-feben"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/RuyFeben-scaled.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/sjEhq-profugos","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15200","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15200"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15200\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":15205,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15200\/revisions\/15205"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/15202"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15200"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15200"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15200"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}