{"id":15190,"date":"2020-01-30T13:07:46","date_gmt":"2020-01-30T19:07:46","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=15190"},"modified":"2023-08-14T11:45:11","modified_gmt":"2023-08-14T17:45:11","slug":"la-maceta-rota","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/la-maceta-rota\/","title":{"rendered":"La maceta rota"},"content":{"rendered":"<p>A principios de este mes estuve en Tepoztl\u00e1n, Morelos, participando como tallerista en <a href=\"https:\/\/twitter.com\/utvmx\">Under The Volcano<\/a>, un retiro anual y biling\u00fce para escritores de diversas especialidades. Me toc\u00f3 un grupo diverso y brillante de autoras y autores de cinco pa\u00edses, y en \u00e9l varias personas interesadas en el cuento, cuyo trabajo quedar\u00e1 representado aqu\u00ed en los meses por venir. Son voces emergentes que vale la pena seguir.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La primera es <a href=\"https:\/\/tendederoyeni.com\/\">Yeni Rueda L\u00f3pez<\/a> (1990), narradora y editora mexicana. Ha publicado cuentos en antolog\u00edas como <em>Veinte cuentos para leer en&#8230;<\/em> (2009) y <em>Mr. Maffia. Una anatom\u00eda del resentimiento<\/em> (2016), as\u00ed como en <em>R\u00edo Grande Review<\/em>, <em>Tierra Adentro<\/em>, <em>Voz de la Tribu<\/em> y otras revistas. Su primer libro fue <em>Tres gotas de agua<\/em> (2014). Edit\u00f3 durante ocho a\u00f1os la revista literaria <em>Moria<\/em> y actualmente radica, trabaja y realiza <a href=\"https:\/\/www.facebook.com\/1habitacion\">actividades culturales<\/a> en la ciudad de Cuernavaca.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El cuento que sigue resalta una parte importante del proyecto de su autora: la representaci\u00f3n de la vida real desde perspectivas veros\u00edmiles y a la vez inesperadas, es decir, no las que exigen los lugares comunes sobre la escritura realista ni sobre la \u00abliteratura escrita por mujeres\u00bb. Su tema central es la violencia, c\u00f3mo se perpet\u00faa y c\u00f3mo se intenta \u2013a veces sin \u00e9xito\u2013 contenerla.<\/p>\n<figure id=\"attachment_15195\" aria-describedby=\"caption-attachment-15195\" style=\"width: 1024px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/YeniRueda.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"15195\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/la-maceta-rota\/yenirueda\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/YeniRueda.jpg\" data-orig-size=\"1709,1127\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}\" data-image-title=\"Yeni Rueda L\u00f3pez\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"&lt;p&gt;Yeni Rueda L\u00f3pez (fuente)&lt;\/p&gt;\n\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/YeniRueda-1024x675.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/YeniRueda-1024x675.jpg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"675\" class=\"size-large wp-image-15195\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/YeniRueda-1024x675.jpg 1024w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/YeniRueda-300x198.jpg 300w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/YeniRueda.jpg 1709w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-15195\" class=\"wp-caption-text\">Yeni Rueda L\u00f3pez (<a href=\"https:\/\/twitter.com\/chupacabritas\">fuente<\/a>)<\/figcaption><\/figure>\n<p><strong>LA MACETA ROTA<br \/>\nYeni Rueda L\u00f3pez<\/strong><\/p>\n<p>Fijar tu mirada en la fisura y luego en los pedazos de barro desperdigados en el piso. Los granos de tierra se mezclan con la sangre que se desliza sobre el dorso de tu mano izquierda. El olor a tierra h\u00fameda y la savia que brota de las plantas rotas invade el patio hasta adentrarse en tu est\u00f3mago. La fisura pudo haberse trazado en la cara de Ana, pero una alarma en tu cerebro desvi\u00f3 el pu\u00f1o contra la maceta. Notar lo tensa que est\u00e1 su mand\u00edbula. Mastica rabia y miedo. Sus ojos tan enrojecidos que duele verlos. Querer abrazarla, pedirle perd\u00f3n y decirle que hace quince minutos <em>no eras t\u00fa<\/em>, que nunca m\u00e1s volver\u00e1 a suceder. Quedarte callado por la verg\u00fcenza. Verla mover los labios. Seguramente es el reclamo que mereces, pero lo ahoga. Algo se rompi\u00f3 en su interior. Sentir una masa negra form\u00e1ndose justo en el centro de tu abdomen y tener miedo de ti mismo. Intentar volver sobre el tiempo para comprender la situaci\u00f3n y saber qu\u00e9 hacer despu\u00e9s. \u00bfLevantarte y pedir disculpas? \u00bfRomper otra maceta? \u00bfVolver a lanzar un pu\u00f1etazo? Reincorporarte y sentir todo el peso de tus huesos empuj\u00e1ndote hacia el piso. Verla fijamente. Ana no tiene ninguna herida, pero es obvio que la fisura de la maceta tambi\u00e9n qued\u00f3 marcada en el interior de su cuerpo. Te mira con resentimiento. \u00bfDe qu\u00e9 otra forma podr\u00eda hacerlo despu\u00e9s de lo ocurrido?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mirar los detalles de la fisura en el fragmento de la maceta y recordar lo que tu madre dijo antes de morir. No s\u00f3lo recordar, estar ah\u00ed. El vaho del sol se introduce en la habitaci\u00f3n est\u00e9ril a trav\u00e9s de las rendijas de las ventanas. Mam\u00e1 y t\u00fa dormitan. Los ronquidos de la agonizante parecen provenir de su est\u00f3mago y se acompasan con los bips del monitor de su coraz\u00f3n.  Abrir los ojos antes que ella. Caer bajo su mirada inerte cuando sale de su letargo. Levantarte para limpiar la saliva que comienza a escurrir por su boca. Escuchar un balbuceo y guardarlo en tu mente. Armar el rompecabezas de sus palabras hasta el momento en el que el fuego descompone su cuerpo, como si el crepitar de las llamas revelara un secreto: \u201cMario, no hagas la pendejada de ser como tu padre\u201d.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Regresar al presente gracias a un certero pinchazo en la vejiga. Ahora est\u00e1s recostado en el sof\u00e1. En tu mano entrecerrada, el fragmento de la maceta con la fisura. Escuchar el rumor de los pasos nerviosos de Ana en el piso de arriba. Volver a la imagen de la maceta desecha en el patio. Hundirte por el pesado dolor en la vejiga, el adormecimiento de los m\u00fasculos y un profundo escozor entre los dedos. Revolverte entre los cojines por varios minutos hasta que la urgencia de ir al ba\u00f1o hace que te levantes de un salto. Al orinar, sentir como si millones de peque\u00f1os vidrios rasgaran la uretra. Apretar los dientes y doblar el torso. En el excusado, como desde hace una semana, un l\u00edquido oscuro con vetas rojas. Recorrer con tus dedos la fisura en el fragmento rojizo de la maceta. No sentir nada. Ana sali\u00f3 de la casa sin volver a mirarte. Contar las l\u00edneas irregulares de las huellas marcadas sobre la tierra revuelta, los p\u00e9talos marchitos y los tallos quebrados. Eran unas violetas hermosas que Ana cuidaba con esmero porque eran sus favoritas. No saber si regresar\u00e1. Si t\u00fa fueras ella, \u00bfqu\u00e9 har\u00edas?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Presionar con tanta fuerza sobre la fisura del fragmento de la maceta que un peque\u00f1o corte aparece y la sangre comienzan a brotar en el dedo. Sentir una masa negra en el est\u00f3mago, como un bulto que se retuerce y crece. Guardar el fragmento de la maceta en tu bolsillo. \u00bfQu\u00e9 le est\u00e1 sucediendo a tu cuerpo? Para cumplir la promesa que le hiciste a tu madre moribunda borraste cualquier huella de tu padre en tus genes emocionales y f\u00edsicos. Sin embargo, algo <em>intrusivo<\/em> ha comenzado a manifestarse. La brutalidad, la vejiga, la fisura. Preguntarte si todo ha sido en vano. \u00bfEn qui\u00e9n te est\u00e1s convirtiendo?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Entrar al ba\u00f1o para lavarte la sangre seca de las manos y recordar la fisura perfecta en una maceta no muy distinta de las otras pero que odiaste desde el momento en el que ella insisti\u00f3 en comprarla. En el fondo, te alegra haberla roto. Excavar entre tus pensamientos revueltos para entender c\u00f3mo inici\u00f3 la pelea. Quiz\u00e1s fue la acumulaci\u00f3n de varias cosas: su indiferencia ante las dolencias f\u00edsicas de la \u00faltima semana, la insistencia en no tener un hijo, el que siempre est\u00e9 fuera de casa, el que use faldas y que otros hombres la miren. <em>Porque ella es tuya \u00bfno? Por algo se dice \u201cmi mujer\u201d. Se le llama as\u00ed porque al amarla te pertenece \u00bfno?<\/em> Sumergirte en la confusi\u00f3n de no reconocerte en estos pensamientos. Sentir n\u00e1useas mientras el bulto va abri\u00e9ndose paso en tu est\u00f3mago. Tener la sensaci\u00f3n de que este odio y este cerebro embrutecido no es completamente el tuyo. Salir del ba\u00f1o y triturar con tus pisadas los restos de la maceta. Escuchar el tel\u00e9fono y correr para ver si te ofrece alguna salida r\u00e1pida al remolino que est\u00e1 form\u00e1ndose en tu interior. Tal vez, sea ella. Antes que el interlocutor diga nada, puedes escuchar perfectamente su respiraci\u00f3n. O \u00bfes la tuya? \u201c\u00a1Hola! soy tu pap\u00e1, \u00bfc\u00f3mo\u2026\u201d Lanzar el auricular violentamente contra la pared al reconocer <em>esa voz<\/em>. Recordar la c\u00f3lera que sentiste antes de golpear la maceta y que hizo palpitar todo tu cuerpo. \u00bfY si la fisura ya estaba ah\u00ed desde antes? \u00bfPor qu\u00e9, despu\u00e9s de tantos a\u00f1os, tu padre te habla por tel\u00e9fono? \u00bfPor qu\u00e9 insiste en contaminarte? \u00bfY la pelea con Ana? \u00bfPor qu\u00e9 fue? S\u00ed, ya hab\u00eda muchas cosas ferment\u00e1ndose dentro de tu cabeza, pero\u2026 \u00bfrealmente eres t\u00fa? Intentar desmenuzar los acontecimientos para entender las cosas. Adentro de tu cabeza, los balbuceos de tu madre, la respiraci\u00f3n de tu padre y el recuerdo del reclamo ahogado de Ana. Ya no puedes escuchar tu voz. El bulto negro se contrae nuevamente y parece estar llegando a la garganta. El dolor de la vejiga va y viene, record\u00e1ndote la podredumbre de tu interior.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Intentar recordar. \u00bfD\u00f3nde hab\u00eda pasado esto antes? Verla nuevamente, en el patio, frente a las macetas. Pero ya no es Ana, es otra mujer que conoces. \u00bfD\u00f3nde est\u00e1s t\u00fa?  Increparla sobre su jefe. Seguro \u00e9l la mira y ella lo provoca. Ver esas est\u00fapidas macetas que cuida con tanto esmero, incluso, m\u00e1s que a ti. Un impulso violento brota de tu cuerpo y se materializa sobre ella. O\u00edr un alarido de extremo dolor y enojo. Se rompi\u00f3 el brazo con el que bloque\u00f3 la patada que lanzaste directo a su est\u00f3mago. Pero\u2026 \u00bfc\u00f3mo pas\u00f3? Tener miedo e ir corriendo al ba\u00f1o. Echarte agua en la cara para calmarte lo suficiente y llevarla a un m\u00e9dico. \u00bfPero si dice que le pegaste? No es tu culpa, ella lo provoc\u00f3. Fue su culpa. <em>Las macetas quedaron hechas mierda,<\/em> piensas, <em>me va a chingar con esto toda la semana.<\/em> Levantar los ojos y ver algo que no esperabas. El rostro de tu padre. Los ojos hundidos en ojeras, las canas desperdigadas por todo el cabello y una barba oscura desordenada. Reconocer los gritos y el llanto: son los de tu madre. Abrir los ojos para darte cuenta que era otro sue\u00f1o.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No escuchar ning\u00fan ruido. Las luces est\u00e1n apagadas y el fragmento de la maceta con la fisura sigue en tu bolsillo. Sin pensarlo, tomar las llaves del coche. Tienes que detener esto. Esta ira no es normal. \u00bfDe cu\u00e1ndo ac\u00e1 le reclamas a Ana cosas tan est\u00fapidas? Ni siquiera es que te molesten realmente. Es como si el bulto que ahora se manifiesta, hubiera extra\u00eddo esos pensamientos de alg\u00fan lugar profundo de tu cabeza. S\u00f3lo hay un lugar y una persona que puede ponerle un alto a todo esto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ver a la distancia una puerta a la cual no te acercabas desde los 19 a\u00f1os. Sentir c\u00f3mo los pulmones se inflaman debido a la presi\u00f3n de los nervios. Aunque el d\u00eda es c\u00e1lido, todo est\u00e1 muy tranquilo. S\u00f3lo escuchar el silencio y los pasos que te van llevando hasta esa casa, la que alguna vez habitaste. Reconocer en la entrada unas macetas que alguna vez abrigaron las violetas de tu madre. Tocar la puerta y ver la figura deformada de tu padre acercarse a trav\u00e9s del cristal verdoso. Sumergirte en sus ojos cuando abre la puerta. Reconocerte en esos rasgos avejentados. Sentir suavemente una oleada de dolor en la vejiga mientras la voz de tu padre llega a tu cabeza como la interferencia est\u00e1tica en una televisi\u00f3n. Medio entender que pregunta por tu vida. Notar su incomodidad y sorpresa al verte caminar por su casa. Ignorar sus palabras. Hay demasiado ruido en tu cabeza. Ver el pasillo y tratar de calmar tu cuerpo. No entender lo que dice, pero reconocer su cansancio y confusi\u00f3n por tu presencia. El papel tapiz ha palidecido por completo. Recordar perfectamente el fin de semana en el que, junto a tu padre, colocaste el ornamento sobre las paredes. Ahora, por el paso del tiempo y el descuido se ha llenado de fisuras. Fisuras, como la fisura de la maceta o la de Ana. Fisuras, como las arrugas en la mirada de tu padre. Fisuras, como el ara\u00f1azo que traes en el dedo. No dudar. Es la \u00fanica salida. Si \u00e9l sigue existiendo el bulto negro alcanzar\u00e1 tu cerebro y despu\u00e9s te expulsar\u00e1 para siempre de tu cuerpo. El dolor en la vejiga reaparece con m\u00e1s fuerza e intentas mantener la compostura. No te puedes echar para atr\u00e1s. M\u00e1s all\u00e1 de ti, de ella, o del hombre que camina frente a ti y te ofrece un vaso de agua, cumplir la promesa que le hiciste a tu madre. Ver c\u00f3mo tus brazos se extienden y lo empujan contra la pared. Mirar en sus ojos un gesto confundido, el reproche exudando en sus poros. Igual que Ana. Aunque \u00e9l es m\u00e1s bien c\u00ednico. \u00bfEn realidad le sorprende? Lanzar varios pu\u00f1etazos hacia su rostro. \u00c9l intenta defenderse. Gru\u00f1e. De pronto te sientes como el ni\u00f1o que mir\u00f3 a su madre cubierta de tierra en el patio y con un brazo fracturado. Pero ya no m\u00e1s. Recordar que ahora tienes 28 a\u00f1os. Caer al piso junto con \u00e9l. Abofetearle. Escupirle. Degradarlo f\u00edsicamente lo m\u00e1s que puedas. Recordar la fisura en la maceta. Los nudillos comienzan a dolerte. La sangre brota de las arrugas de su rostro. Ya casi no se mueve. Recordar el fragmento de la maceta en tu bolsillo. Fracturar el tabique de su nariz. Recordar a tu madre. Pensar que ahora s\u00ed hubieras podido defenderla. Hundir el pu\u00f1o en sus ojos. El bulto negro ha llegado a tu boca y sientes un sabor amargo que te provoca n\u00e1useas. El pinchazo en la vejiga se hace presente haciendo que sueltes la cabeza hinchada de tu padre. Retroceder. Recordar la fisura. Recibir un golpe hosco en la cabeza y de inmediato cerrar los ojos. Recordar a Ana. Sentir la sangre que corre entre la piel y el cr\u00e1neo. La fisura ahora tambi\u00e9n estar\u00e1 en tu cuerpo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No sentir nada. \u00bfAs\u00ed se siente el final? Distinguir apenas algunas vetas de luz. Ver c\u00f3mo el tiempo pierde su forma. Escuchar un murmullo de personas hablando de ti, a lo lejos, en un lugar en el que no est\u00e1s ahora. En la oscuridad, tu rostro. El de tu padre. Tratar de abrir los ojos. S\u00f3lo tienes que encontrarlo lo m\u00e1s pronto posible y terminar con el asunto de una vez por todas. Abrir los ojos lentamente. El murmullo se hace m\u00e1s tangible pero no entiendes lo que dicen. Sentirte cegado por la luz que poco a poco va entrando a tu cuerpo. Intentar reincorporarte. Los m\u00fasculos no responden. Reconocer la l\u00e1mpara anticuada del comedor que tanto ama tu padre. Ver la piel superficial de tus manos rasgada. Sentir como si clavaran peque\u00f1os vidrios en todo tu cuerpo. La vejiga te arde.  El dolor en los huesos es insoportable y ahora eres t\u00fa quien ahoga un grito de auxilio. Recordar la fisura. Recordar las fisuras. No sentir miedo. Sentirte aliviado porque, al menos, detuviste la transformaci\u00f3n. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento de una narradora emergente: la mexicana Yeni Rueda L\u00f3pez (1990).<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":15195,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"La maceta rota","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[4],"tags":[22,2343,185,3338,198,3340,2855,467,3339],"class_list":["post-15190","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritoras","tag-escritores-emergentes","tag-escritores-mexicanos","tag-la-maceta-rota","tag-literatura","tag-realismo","tag-yeni-rueda-lopez"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2020\/01\/YeniRueda.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-3X0","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15190","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15190"}],"version-history":[{"count":7,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15190\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16041,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15190\/revisions\/16041"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/15195"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15190"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15190"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15190"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}