{"id":15172,"date":"2019-12-24T12:03:40","date_gmt":"2019-12-24T18:03:40","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=15172"},"modified":"2019-12-24T12:03:40","modified_gmt":"2019-12-24T18:03:40","slug":"el-anio-del-cerdo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/el-anio-del-cerdo\/","title":{"rendered":"El a\u00f1o del cerdo"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/literatura.inba.gob.mx\/ciudad-de-mexico\/5875-paniagua,-ulises.html\">Ulises Paniagua<\/a> (1976) es un narrador mexicano que debe estar entre los secretos mejor guardados de su generaci\u00f3n. Autor de novelas y libros de cuento y poes\u00eda, colaborador en obras sonoras y experimentales, <a href=\"https:\/\/www.24-horas.mx\/2019\/11\/21\/mexicano-gana-concurso-internacional-de-cuento\/\">gan\u00f3 en 2019<\/a> el Concurso Internacional de Cuento Ciudad de Pupiales con \u00abEl a\u00f1o del cerdo\u00bb, una estampa grotesca sobre la soledad.<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/UlisesPaniagua.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"15173\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/el-anio-del-cerdo\/ulisespaniagua\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/UlisesPaniagua.jpg\" data-orig-size=\"813,576\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;Salvador Castaneda H&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}\" data-image-title=\"Ulises Paniagua\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/UlisesPaniagua.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/UlisesPaniagua.jpg\" alt=\"\" width=\"813\" height=\"576\" class=\"aligncenter size-full wp-image-15173\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/UlisesPaniagua.jpg 813w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/UlisesPaniagua-300x213.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 813px) 100vw, 813px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>EL A\u00d1O DEL CERDO<br \/>\nUlises Paniagua<\/strong><\/p>\n<p>Fue en la celebraci\u00f3n, en China, del a\u00f1o del cerdo. Aqu\u00ed, en mi ciudad, en mi pa\u00eds, fue un d\u00eda como cualquier otro. O casi como cualquier otro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Llegu\u00e9 a la oficina. Afuera llov\u00eda. Despu\u00e9s de encender la luz, de acomodarme las medias y revisar mi email, me percat\u00e9, con sorpresa, de la presencia del muerto. Estaba all\u00ed, tieso y p\u00e1lido, tendido sobre la alfombra. Me asust\u00e9, por supuesto, lanc\u00e9 un alarido medio esc\u00e9nico que debi\u00f3 retumbar en el piso del corporativo. Era la hora de la merienda, as\u00ed que al parecer no hubo quien escuchara.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfQu\u00e9 se debe hacer con un muerto? Pens\u00e9 en llamar a la polic\u00eda. Me contuve, reflexiva, porque s\u00e9 bien que en este pa\u00eds eres culpable hasta que se demuestre lo contrario, as\u00ed que no quise pasar por el calvario del hostigamiento policiaco y la tortura psicol\u00f3gica. El muerto, por su parte, no desprend\u00eda peste alguna ni causaba horror, no mostraba rastros de violencia, manchas de sangre o exhib\u00eda una mueca de espanto. Bien mirado, incluso era guapo. Con estas ventajas, imaginaran que no me interesaba saber qui\u00e9n lo mat\u00f3, si falleci\u00f3 a causa de un accidente, c\u00f3mo lleg\u00f3 hasta m\u00ed. Soy t\u00edmida en extremo, me cuesta trabajo acercarme a los compa\u00f1eros de trabajo, me considero aquella perfecta \u201cgod\u00ednez\u201d, silenciosa y hura\u00f1a que se hunde en sus labores, que checa entrada a las 9 am y salida a las 6 pm, en punto, de forma invariable. Por obligaci\u00f3n, respondo lo necesario: \u201cIfigenia, \u00bfd\u00f3nde qued\u00f3 la n\u00f3mina del licenciado Rodr\u00edguez?\u201d, \u201cIfigenia, notifica a la gerente c\u00f3mo marcha el asunto del pr\u00f3ximo despido\u201d, \u201cIfigenia, no seas cruel, alc\u00e1nzame ese l\u00e1piz\u201d. Por cierto, mi jefa, la gerente, tambi\u00e9n es herm\u00e9tica, no habla con nadie, es una tipa rara, un poco tensa. Es buen\u00edsima, eso s\u00ed para gritar y endilgar insultos y responsabilidades cuando se siente bajo presi\u00f3n. A veces la odio, a veces la compadezco.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Con tanta soledad a cuestas es de imaginar que no me molest\u00f3 la idea de que un cad\u00e1ver me hiciera compa\u00f1\u00eda. Adem\u00e1s, el difunto era discreto y respetuoso, cualidades de las que muchos vivos carecen en estos tiempos. Lo escond\u00ed en el closet de la oficina. Lo sent\u00e9 en la alfombra, lo cubr\u00ed con cajas y legajos. De manera peri\u00f3dica roci\u00e9 aromatizante para disimular cualquier mal olor. Fue un difunto bien portado, apenas si mostr\u00f3 descomposici\u00f3n mientras estuvo conmigo. Cuando la empresa entera sal\u00eda a comer, sol\u00eda sentarlo en un reposet. Convers\u00e1bamos sobre el clima, sobre asuntos laborales o sue\u00f1os futuros. Una vez, bebiendo una copa de vino, nos pusimos profundos y hablamos del estrecho umbral entre la vida y la muerte.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dos veces se dej\u00f3 maquillar. Se ve\u00eda hermoso con un r\u00edmel discreto y los labios rojos, parec\u00eda un actor de cine. Una ocasi\u00f3n, para comprobar que yo no era relevante en la oficina, lo disfrac\u00e9 con uno de mis vestidos floreados, le puse medias y uno de  los sombreros anchos y redondos que tanto me gusta usar. Lo coloqu\u00e9 frente a mi lap top, y sal\u00ed por un caf\u00e9 capuchino. Mis compa\u00f1eros no notaron la diferencia, as\u00ed de intrascendente soy. Por la tarde, antes de retirarme, volv\u00ed a guardarlo en el closet.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pudo resultar bien, pero un d\u00eda una empleada de limpieza casi lo encuentra. Tuve que distraerla con una sarta de banalidades para que no se acercara al sitio donde lo ten\u00eda oculto. Comenc\u00e9 a alarmarme, a pensar en las consecuencias, en las explicaciones que me ver\u00eda obligada a dar si lo descubrieran. Adem\u00e1s, lo nuestro no pudo ser. Cada d\u00eda \u00e9ramos m\u00e1s cercanos, comenzamos a enamorarnos. Habl\u00e9 con \u00e9l. \u201cLas cosas se complicaron\u201d, le dije\u201d. \u00c9l permaneci\u00f3 estoico, como era costumbre. \u201cNo tengo mascotas, lo sabes, porque no quiero encari\u00f1arme con ning\u00fan ser, no soportar\u00eda las rupturas, la distancia de lo querido, no estoy hecha para transitar ese dolor\u201d, coment\u00e9 en un murmullo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Estuvo de acuerdo. De all\u00ed en adelante podr\u00edamos ser s\u00f3lo amigos. Planeamos su futuro en completa complicidad. As\u00ed, una noche trabaj\u00e9 hasta tarde. A algunos les pareci\u00f3 extra\u00f1o, pero no emitieron comentario alguno. Con audacia y gran precisi\u00f3n cubr\u00ed la c\u00e1mara de seguridad con un trapo, conduje al muerto a la oficina de la gerente, apagu\u00e9 la luz y sal\u00ed corriendo a casa. No supe el nombre de mi acompa\u00f1ante de los \u00faltimos meses. No quise preguntarlo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Esper\u00e9 al d\u00eda siguiente escuchar gritos, alg\u00fan esc\u00e1ndalo, el inicio de las averiguaciones periciales. La oficina permaneci\u00f3 en calma, la rutina transcurri\u00f3, boba y confortable, como cada jornada. Esa y cada ma\u00f1ana siguiente. Mi jefa lo encontr\u00f3, estoy segura, pero guard\u00f3 silencio, es la explicaci\u00f3n m\u00e1s l\u00f3gica a este enigma. C\u00f3mo podr\u00eda no notarlo. Ella miente, la delata su cutis lozano, las carcajadas que se desprenden desde su oficina despu\u00e9s de un largo rato de hablar en voz baja, los vestidos provocativos que usa recientemente, la discreta sonrisa con la que aborda los elevadores del corporativo. Apenas puede disimular, se ha apropiado de mi muerto.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento grotesco del narrador mexicano Ulises Paniagua (1976).<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":15173,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"El a\u00f1o del cerdo","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[4],"tags":[22,3336,2343,198,3337,2855,467,1261],"class_list":["post-15172","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-el-ano-del-cerdo","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritores-mexicanos","tag-grotesco","tag-literatura","tag-realismo","tag-ulises-paniagua"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/UlisesPaniagua.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-3WI","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15172","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15172"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15172\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":15175,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15172\/revisions\/15175"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/15173"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15172"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15172"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15172"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}