{"id":15164,"date":"2019-12-24T12:03:57","date_gmt":"2019-12-24T18:03:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=15164"},"modified":"2019-12-24T12:03:57","modified_gmt":"2019-12-24T18:03:57","slug":"la-nueva-era","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/la-nueva-era\/","title":{"rendered":"La nueva era"},"content":{"rendered":"<p>El escritor mexicano <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Luis_Felipe_Lomel%C3%AD\">Luis Felipe Lomel\u00ed<\/a> (1975) tiene ya una larga carrera, con novelas, libros de cuentos y ensayos premiados y la fama de ser el autor de uno de \u00ablos cuentos m\u00e1s breves del mundo\u00bb, con s\u00f3lo <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/El_emigrante\">cuatro palabras<\/a>. Formado como cient\u00edfico, su imaginaci\u00f3n de narrador tiene un rigor poco com\u00fan; al mismo tiempo, su visi\u00f3n de la realidad ofrece siempre perspectivas inusuales.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abLa nueva era\u00bb es un relato que resume, en cierto modo, una parte importante de las inquietudes contempor\u00e1neas: la desigualdad, la angustia ante el futuro y la desinformaci\u00f3n, que desdibuja la conciencia de lo real, se juntan en su trama. es parte de un libro de cuentos que gan\u00f3 el Premio Gilberto Owen en 2017 y que, en versi\u00f3n ampliada, apareci\u00f3 en 2019 con el t\u00edtulo <em>Perorata<\/em>.<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/luisfelipelomeli.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"15165\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/la-nueva-era\/luisfelipelomeli\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/luisfelipelomeli.jpg\" data-orig-size=\"1024,768\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"luisfelipelomeli\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/luisfelipelomeli.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/luisfelipelomeli.jpg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"768\" class=\"aligncenter size-full wp-image-15165\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/luisfelipelomeli.jpg 1024w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/luisfelipelomeli-300x225.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>LA NUEVA ERA<br \/>\nLuis Felipe Lomel\u00ed<\/strong><\/p>\n<p>Ayer so\u00f1\u00e9 que mi hijo me hablaba. Aqu\u00ed mismo, con sus tres meses pero sin el granizo tras el ventanal de la caseta. Ah\u00ed viene otro pendejo. Otro pendejo marro que no ha querido poner el chip en su auto para que se levante autom\u00e1ticamente la pluma cuando vaya a pasar. Porque seamos sinceros, cualquiera que viva en este barrio tiene el dinero de sobra para comprarlo. Y m\u00e1s. Todas las casas tienen su jard\u00edn al frente, su cochera doble. Jardines y cocheras que ahora han de estar cubiertas por el granizo, blancas, hielo sobre pasto que golpea fuerte. Pero este cabr\u00f3n ser\u00e1 marro a huevo porque ni siquiera toca el claxon sino que me avienta las altas para que salga a abrirle. Lo miro de reojo, me escondo bajo la visera mientras sigo sentado frente al escritorio y hago como que reviso unos papeles. Ya traigo las botas encharcadas. Pero la culpa es m\u00eda: si ya s\u00e9 que llueve todas las tardes aqu\u00ed deber\u00eda de haberme tra\u00eddo unas de repuesto desde antes. O por lo menos unas chanclas. Unas pantuflas de esas de peluchito que vi en la tienda de los chinos. Porque \u00e9sas no pesan. Cargar las pinches botas va a ser una hueva y ni modo de dejarlas aqu\u00ed porque los otros guardias se las clavan, seguro. Otra vez las luces y es como si le tomaran una instant\u00e1nea al granizo, como si pararan el tiempo en los pedregones de hielo a medio aire, levitando. \u00bfAs\u00ed se ver\u00e1n las balas? \u00bfAs\u00ed se detendr\u00e1n cuando se acercan?: como luces navide\u00f1as, como las que hay en los centros comerciales que brillan por un instante y luego desaparecen. Que espere otro poco. Que aguante. Si me estiro por una de las revistas se va a dar cuenta de que ya lo vi. All\u00ed dice que los reci\u00e9n nacidos son emisarios, que hace tan poco tiempo que llegaron a esta tierra que todav\u00eda recuerdan, que todav\u00eda nos pueden ilustrar sobre nuestro camino. Lo dicen los cient\u00edficos y ayer so\u00f1\u00e9 que mi hijo me hablaba. \u00bfSer\u00e1 una se\u00f1al doble? Porque fue un sue\u00f1o y los sue\u00f1os son se\u00f1ales. Miro al conductor. Hago como que no distingo que ah\u00ed tiene pegada la calcoman\u00eda del fraccionamiento sobre el parabrisas. Revienta el hielo, se estrella en el vidrio y revienta. Me levanto de la silla. Siento c\u00f3mo el agua sale de mis botas al ponerme de pie. Camino hacia la puerta. La abro pero me detengo y giro para tomar la tabla de visitas, porque s\u00ed, porque si por su puta codez tengo que salir a mojarme, por lo menos hay que hacerle la maldad: que se desespere. Estos cabrones creen que uno nom\u00e1s es su perro. Su criado. Tomo la tabla de registro y vuelvo a mirarlo. El pendejo me sonr\u00ede. Me se\u00f1ala con el dedo la calcoman\u00eda. Muy sonriente. Pero no le voy a dar el gusto. Si por lo menos la administraci\u00f3n nos proporcionara un paraguas para cubrirnos de los aguaceros. Hago como que no lo veo. Y en realidad no quiero verlo: quiero ver el granizo que se ha ido acumulando contra las banquetas, sobre el pasto de las jardineras y en los recovecos, quiero recordar lo que me dijo mi hijo en el sue\u00f1o. Pero otra vez las altas, la sonrisa y doy dos pasos para acercarme, para que el tipo baje la ventanilla y se moje.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A huevo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Buenas noches.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Buenas noches dice el cabr\u00f3n pero est\u00e1 bien pendejo si cree que voy a contestarle. Que se trague su saludo. Todav\u00eda hay luz, todav\u00eda no oscurece del todo. Nunca graniza durante la noche en esta ciudad. Eso lo s\u00e9 porque lo he visto y porque tambi\u00e9n lo dicen los cient\u00edficos de las revistas: que se requiere un gradiente t\u00e9rmico elevado, un diferencial alto. Buenas noches, me dice de vuelta. Pero que ni crea que voy a contestarle, que se compre su chip para que yo no tenga que salir a la lluvia cada que \u00e9l llegue a casa con su cochecito. Y si ya me voy a mojar yo, que \u00e9l tambi\u00e9n se moje, que se moje, que baje la ventanilla y le entre el granizo, que se d\u00e9 cuenta de qui\u00e9n tiene las llaves de este barrio.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPero me habl\u00f3 mi hijo. Volv\u00ed a so\u00f1ar que me hablaba, que me dec\u00eda lo que tengo que hacer para estar a la altura de m\u00ed mismo. Tengo trece d\u00edas de no verlo porque el domingo pasado la lluvia se llev\u00f3 parte de la brecha. Y as\u00ed ni c\u00f3mo. All\u00e1 tambi\u00e9n cay\u00f3 una granizada tremenda, dicen. Y estaban buenas las fotos: el hielo cubriendo la ladera y rellenando los hoyos entre las piedras, los surcos de la milpa. M\u00e1ndame m\u00e1s, le dije. No a mi hijo sino a la mujer, pero nada. Qu\u00e9 le costaba. Si para algo le compr\u00e9 el celular, para que estuvi\u00e9ramos en contacto y para que me mandara fotos. Porque all\u00e1 s\u00ed hace fr\u00edo en serio y uno rememora: las gotitas de agua congelada, pendiendo de las tejas. Y s\u00ed, porque ac\u00e1 se cansa uno de ver siempre lo mismo, se achata la mirada, se mocha: la f\u00e1brica de enfrente cruzando la avenida y atr\u00e1s de ella las azoteas de los condominios, sus antenas y tinacos, la tienda de autoservicio a la derecha con su letrero chill\u00f3n y luminoso, el lote bald\u00edo a la izquierda y, m\u00e1s en corto, el anuncio del fraccionamiento y la cuatrimoto en la que acaba de volver Urbano de hacer el rond\u00edn. A \u00e9l le gusta eso: darse la vuelta. Dice que as\u00ed se orea y estira las piernas. No le gusta leer. A m\u00ed s\u00ed. Yo prefiero quedarme ac\u00e1 en la caseta aunque tenga que levantar la pluma para que entren los carros de los idiotas que no han querido comprar su chip, aunque tenga que tomar el registro de los visitantes. Todos se enmuinan. Hacen su bilis. Les pido su identificaci\u00f3n y les entra rabia, como si les fuera a quitar algo, como si me fuera a quedar con algo de ellos nom\u00e1s por seguir los procedimientos. Y a veces s\u00ed, a veces se queda algo de ellos: ac\u00e1 tengo la caja de las identificaciones olvidadas. Estaban todas en mont\u00f3n cuando tom\u00e9 el trabajo pero yo las orden\u00e9 alfab\u00e9ticamente. \u201cPara qu\u00e9 lo haces\u201d, me dijo Urbano, \u201cel que va a venir, vendr\u00e1; pero estos son los que se han perdido en el mundo\u201d. Yo ya lo sab\u00eda pero no le hice caso y de todos modos las orden\u00e9. De cuando en cuando me entretengo observ\u00e1ndolas. Los cient\u00edficos dicen que s\u00f3lo nos separan seis personas entre uno y otro. Y c\u00f3mo no, si todos estamos bajo el mismo peso de unos cuantos hijos de la chingada. A todos nos joden los mismos. A todos nos cogen los mismos. Por eso yo creo que los cient\u00edficos tienen raz\u00f3n y en la caja hay pasaportes, licencias, credenciales de elector, tarjetones de taxi y tarjetas de circulaci\u00f3n. Si uno las mira bien, si mira correctamente las fotograf\u00edas, pronto se da cuenta de que muchos se parecen. Poco trabajo costar\u00eda tomar una de \u00e9stas y hacerme pasar por otro. Urbano se estira antes de entrar a la caseta. Le pregunt\u00e9 a Leonora:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfY ya habla?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No, mi amor, tiene tres meses.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero a m\u00ed me habla en los sue\u00f1os.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nAparte de la caja, en la caseta tambi\u00e9n estaba el altero de revistas. Nadie sabe qui\u00e9n las dej\u00f3 ah\u00ed pero ah\u00ed estaban. Y yo las leo. Sobre todo por las noches, como ahora que el cielo se va emborregando otra vez. Por eso s\u00e9 que los \u00e1ngeles del Se\u00f1or no eran \u00e1ngeles como los pintan las Escrituras, que los serafines de seis alas que rodeaban Su Trono son una alegor\u00eda. Urbano no me cree: no sabe de ciencia y prefiere la cuatrimoto. Tampoco Leonora. Pero ella dej\u00f3 que le pusiera el nombre al ni\u00f1o: Isa\u00edas. Estaba bien contenta cuando tom\u00e9 el empleo, cuando me vio llegar con el uniforme y sali\u00f3 a darme un abrazo, toda panzona. Ahora ya no siente tanto gusto. Ahora que fui fueron quejas y puras quejas. \u201cLo que tiene usted es depresi\u00f3n posparto\u201d, le dije, \u201cle voy a traer una revista\u201d. Y aqu\u00ed ando busc\u00e1ndola mientras Urbano le pide sus datos a los se\u00f1ores de una camioneta. Es raro que haya camionetas en la ciudad. O m\u00e1s bien no es raro pero  a m\u00ed se me hace raro. Como para qu\u00e9: ni que fueran a cargar marranos. El misterio de las l\u00edneas de Nazca. Los avistamientos de Michoac\u00e1n. Las bondades de la linaza y las linternas de los muertos. Habr\u00eda que entender los c\u00edrculos de las cosechas,  la Gran Invocaci\u00f3n, el fraude del hombre en la luna. Todo est\u00e1 hecho para enga\u00f1arnos: por eso es importante leer. Arranca el motor y Urbano entra de nuevo a la caseta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Como me cagan esos hijos de su puta madre\u2014dice.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Igual.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Se las dan de muy salsitas pero mira nom\u00e1s la cara de baboso que tiene este buey.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Me muestra la identificaci\u00f3n: el hombre se parece a m\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Chinga a tu madre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Qu\u00e9, buey! \u00bfOra qu\u00e9 mosca te pic\u00f3?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No le contesto. Sigo buscando la revista que habla de la depresi\u00f3n posparto. \u00bfVivimos dentro de una simulaci\u00f3n de computadora? \u00bfTenemos que cuidarnos de los virus  alien\u00edgenas?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfQu\u00e9 hacer ante la nueva era del hielo que se avecina? Por la tarde volvi\u00f3 a granizar. Los esquimales distinguen cinco tipos de hielo para hacer sus casas. Pero ahora ya se ha derretido todo: se hizo mo\u00f1o de agua y se fue por la alcantarilla, se hizo planta en el zacate del bald\u00edo. \u00bfPor qu\u00e9 me parezco al hombre de la camioneta?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfPor qu\u00e9 mi hijo me recuerda al ni\u00f1o que fui de ni\u00f1o?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Se lo quebraron por un ajuste de cuentas\u2014dice Urbano.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ayer por la tarde, ah\u00ed sobre el camell\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y dice que por suerte estaba la pluma levantada cuando sali\u00f3 el cabr\u00f3n rechinando en su carro. Un Mercedes plata. Porque de lo contrario se la hubiera llevado con el cofre. Cuenta y yo sigo buscando: que dio el volantazo para librar a los que estaban esperando el cambio de luz en el sem\u00e1foro, que se subi\u00f3 al estacionamiento de la tienda de autoservicio pero no contaba con que ah\u00ed lo estaban esperando otros dos ojetes, junto a la se\u00f1ora que vende los tamales, igualitos de vestidos como los que lo ven\u00edan persiguiendo en un Audi. El espiral en Chalk Pit estaba en c\u00f3digo binario, dicen los cient\u00edficos. Que de un plomazo le tronaron el parabrisas y por volantear de nuevo se estrell\u00f3 contra el cipr\u00e9s del camell\u00f3n. Aquellos que se aproximaban demasiado al Arca mor\u00edan de una extra\u00f1a dolencia. Que todav\u00eda tuvo fuerzas para salir del carro. Pero ya no alcanz\u00f3 a correr y ah\u00ed mismo lo remataron.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Si yo por eso digo que esta pinche pe-erre-vienticuatro sirve para dos kilos de verga, nos deber\u00edan de dar pistolas. O mejor un par de a-erre-quinces.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La Santa Inquisici\u00f3n en la Nueva Espa\u00f1a. Las promesas de la energ\u00eda Nuclear. Aunque Leonora no quiere que le lleve la revista, se la voy a llevar para que se ilustre: hay que saber nombrar nuestros males para hacerles frente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u00bfA qui\u00e9n enviar\u00e9 y qui\u00e9n ir\u00e1 por vosotros?\u201d, me dijo. Eso me pregunt\u00f3 en sue\u00f1os. El granizo cae para azotar nuestras culpas y lavar nuestra soberbia. La de ellos. La de estos pendejos engre\u00eddos que quieren que uno salga corriendo a recibirlos como perrito faldero meneando la cola, que salga bajo la lluvia y encima les sonr\u00eda, les diga buenas tardes, buenas noches, y se queden ah\u00ed con el saludo a guarda, porque la mayor\u00eda ni eso. Ni nada. Como si me hicieran el favor de dirigirme la vista, los ojos. Ni una palabra. Nom\u00e1s el agua y el granizo. Nom\u00e1s su asco. El claxon de su boca porque a pitidos hablan, a pitidos recalcan: t\u00fa est\u00e1s ah\u00ed bajo la lluvia, t\u00fa, sobre tus hombros y tu visera cae el granizo y yo estoy bajo el techo de mi auto. Porque ese es tu trabajo, \u00e9sa es tu condena, \u00e9se es tu lugar y \u00e9ste es el m\u00edo. \u201c\u00d3yeme bien y no entiendas\u201d, me dijo mi hijo. Y tambi\u00e9n est\u00e1n los que s\u00ed sonr\u00eden, los que dicen buenas tardes. Pero c\u00f3mo no van a sonre\u00edr si viven donde viven, c\u00f3mo no van a re\u00edrse de nosotros si son los due\u00f1os de todo, si salen a caminar con sus perros a media tarde, a trotar por las ma\u00f1anas junto al parque, a andar en bicicleta con sus hijos. \u201cVelo de cierto pero no comprendas\u201d, me dijo. O se creen due\u00f1os de todo porque esa risa es la risa de los que se creen elegidos. Pero no son ellos. Yo lo s\u00e9 porque he le\u00eddo. Porque he lavado mis penas bajo el granizo, porque he expiado las culpas con mi condena.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfSigue encabronada tu vieja?\u2014Pregunta Urbano.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y no importa que no me haya dejado ver a Isa\u00edas: \u00e9l me habla en sue\u00f1os.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nUrbano se orin\u00f3 en el uniforme. Pero sigue sin chistar, sin moverse del rinc\u00f3n de la caseta. S\u00f3lo tiembla. A esta hora s\u00f3lo se escuchan los tr\u00e1ilers que suben y bajan mercanc\u00edas en f\u00e1bricas y bodegas a lo largo de la avenida y las nubes del cielo est\u00e1n casi todas coloradas de tanto naranja. Bi\u00f3xido de azufre. Eso dicen algunos cient\u00edficos pero son m\u00e1s los que anuncian que eso es en verdad una se\u00f1al de Los Cielos. \u00d3xido nitroso. Todo est\u00e1 hecho para enga\u00f1arnos. Las identificaciones de la caja son gente que no existe y yo me parezco a todos. Yo soy todos los hombres. Por eso no me amenazaron los emisarios. No me amagaron como a Urbano ni me golpearon sino que el mayor de ellos se acerc\u00f3 a m\u00ed y puso suavemente el ca\u00f1\u00f3n de la pistola sobre mis labios: \u201che aqu\u00ed que con la boca de fuego toco tu boca, y limpio tus pecados\u201d. Habr\u00e1 remolinos en el cielo, dicen. Urbano quiso sacar el gas lacrim\u00f3geno pero lo contuve: \u201ccegar\u00e9 mis ojos para no percibir con la mirada\u201d. Y ellos entendieron.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfY t\u00fa qu\u00e9, cabr\u00f3n? \u00bfT\u00fa s\u00ed quieres jugar a ser el perro guardi\u00e1n de estos putos?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Fue cuando se orin\u00f3. Se hizo chiquito porque es un hombre chiquito. Vendr\u00e1 la Nueva Era. \u201cNosotros venimos por un cabr\u00f3n que la debe y va a tener que pagar, como el otro, con ustedes no hay pedo\u201d. Pagar\u00e1n los morosos, la simiente corrupta. Por eso las nubes del cielo est\u00e1n casi coloradas de tanto naranja. Y Urbano tiembla aunque aqu\u00ed no se queden las hebras de agua pendiendo de los techos, congeladas. Tiembla porque no lee, porque lo ha ba\u00f1ado la verdad de golpe y tirita ante su resplandor. A m\u00ed me lo hab\u00eda anunciado mi hijo Isa\u00edas. Y s\u00e9 que no quedar\u00e1 morador en casa alguna, que las ciudades ser\u00e1n asoladas y se multiplicar\u00e1n los abandonados en medio de la tierra. Yo soy todos los hombres.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento sobre las angustias contempor\u00e1neas del narrador mexicano Luis Felipe Lomel\u00ed (1975).<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":15165,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"La nueva era","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[4],"tags":[22,2343,198,3334,2855,2853,3335,467],"class_list":["post-15164","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritores-mexicanos","tag-la-nueva-era","tag-literatura","tag-luis-felipe-lomeli","tag-perorata","tag-realismo"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/luisfelipelomeli.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-3WA","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15164","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15164"}],"version-history":[{"count":6,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15164\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":15171,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15164\/revisions\/15171"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/15165"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15164"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15164"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15164"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}