{"id":15145,"date":"2019-12-18T20:55:50","date_gmt":"2019-12-19T02:55:50","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=15145"},"modified":"2019-12-18T21:21:56","modified_gmt":"2019-12-19T03:21:56","slug":"un-hombre-muerto-a-puntapies","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/un-hombre-muerto-a-puntapies\/","title":{"rendered":"Un hombre muerto a puntapi\u00e9s"},"content":{"rendered":"<p>Este cuento empieza con un homicidio pero no es un relato de violencia criminal o \u00abrealismo sucio\u00bb; contin\u00faa con una investigaci\u00f3n, pero no es un relato policiaco; tiene todo que ver con una imaginaci\u00f3n que inventa acontecimientos, pero no es un cuento fant\u00e1stico ni, del todo, un cuento acerca de la perversidad de la locura. Es una narraci\u00f3n \u00fanica: de los textos m\u00e1s conocidos de <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Pablo_Palacio\">Pablo Palacio<\/a> (1906-1947), narrador ecuatoriano \u00abde culto\u00bb que es, de hecho, uno de los escritores hispanoamericanos m\u00e1s extraordinarios de la primera mitad del siglo XX. La biograf\u00eda \u00abpopular\u00bb que se le atribuye est\u00e1 llena de episodios inveros\u00edmiles que, mezclados con los reales, contribuyen a su leyenda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abUn hombre muerto a puntapi\u00e9s\u00bb da t\u00edtulo del libro al que pertenece, y que fue el primero de los tres que public\u00f3 Palacio, en 1927. Copio y reviso el texto con ayuda de la edici\u00f3n de que dispongo, publicada por la editorial ecuatoriana El Conejo.<\/p>\n<figure id=\"attachment_15153\" aria-describedby=\"caption-attachment-15153\" style=\"width: 1024px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/PabloPalacio.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"15153\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/un-hombre-muerto-a-puntapies\/pablopalacio\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/PabloPalacio.jpg\" data-orig-size=\"1237,804\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}\" data-image-title=\"Pablo Palacio\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"&lt;p&gt;Pablo Palacio (fuente)&lt;\/p&gt;\n\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/PabloPalacio-1024x666.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/PabloPalacio-1024x666.jpg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"666\" class=\"size-large wp-image-15153\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/PabloPalacio-1024x666.jpg 1024w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/PabloPalacio-300x195.jpg 300w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/PabloPalacio.jpg 1237w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-15153\" class=\"wp-caption-text\">Pablo Palacio (<a href=\"https:\/\/rosanaobaco0492.blogspot.com\/2014\/07\/pablo-palacio-los-20-anos-de-edad-en.html\">fuente<\/a>)<\/figcaption><\/figure>\n<p><strong>UN HOMBRE MUERTO A PUNTAPI\u00c9S<br \/>\nPablo Palacio<\/strong><\/p>\n<blockquote><p>\u00bf\u201dC\u00f3mo echar al canasto los<br \/>\npalpitantes acontecimientos callejeros?\u201d<br \/>\n\u201cEsclarecer la verdad es acci\u00f3n moralizadora.\u201d<br \/>\n<em>EL COMERCIO<\/em> de Quito<\/p><\/blockquote>\n<p>\u201cAnoche, a las doce y media pr\u00f3ximamente, el Celador de Polic\u00eda No.451, que hac\u00eda el servicio de esa zona, encontr\u00f3, entre las calles Escobedo y Garc\u00eda, a un individuo de apellido Ram\u00edrez casi en completo estado de postraci\u00f3n. El desgraciado sangraba abundantemente por la nariz, e interrogado que fue por el se\u00f1or Celador dijo haber sido v\u00edctima de una agresi\u00f3n de parte de unos individuos a quienes no conoc\u00eda, s\u00f3lo por haberles pedido un cigarrillo. El Celador invit\u00f3 al agredido a que le acompa\u00f1ara a la Comisar\u00eda de turno con el objeto de que prestara las declaraciones necesarias para el esclarecimiento del hecho, a lo que Ram\u00edrez se neg\u00f3 rotundamente. Entonces, el primero, en cumplimiento de su deber, solicit\u00f3 ayuda de uno de los chaufferes de la estaci\u00f3n m\u00e1s cercana de autos y condujo al herido a la Polic\u00eda, donde, a pesar de las atenciones del m\u00e9dico, doctor Ciro Benavides, falleci\u00f3 despu\u00e9s de pocas horas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cEsta ma\u00f1ana, el se\u00f1or Comisario de la 6a. ha practicado las diligencias convenientes; pero no ha logrado descubrirse nada acerca de los asesinos ni de la procedencia de Ram\u00edrez. Lo \u00fanico que pudo saberse, por un dato accidental, es que el difunto era vicioso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cProcuraremos tener a nuestros lectores al corriente de cuanto se sepa a prop\u00f3sito de este misterioso hecho.\u201d<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No dec\u00eda m\u00e1s la cr\u00f3nica roja del <em>Diario de la Tarde<\/em>.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yo no s\u00e9 en qu\u00e9 estado de \u00e1nimo me encontraba entonces. Lo cierto es que re\u00ed a satisfacci\u00f3n.\u00a1Un hombre muerto a puntapi\u00e9s! Era lo m\u00e1s gracioso, lo m\u00e1s hilarante de cuanto para m\u00ed pod\u00eda suceder.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Esper\u00e9 hasta el otro d\u00eda en que hoje\u00e9 anhelosamente el <em>Diario<\/em>, pero acerca de mi hombre no hab\u00eda una l\u00ednea. Al siguiente tampoco. Creo que despu\u00e9s de diez d\u00edas nadie se acordaba de lo ocurrido entre Escobedo y Garc\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero a m\u00ed lleg\u00f3 a obsesionarme. Me persegu\u00eda por todas partes la frase hilarante: \u00a1Un hombre muerto a puntapi\u00e9s! Y todas las letras danzaban ante mis ojos tan alegremente que resolv\u00ed al fin reconstruir la escena callejera o penetrar, por lo menos, en el misterio de <em>por qu\u00e9<\/em> se mataba a un ciudadano de manera tan rid\u00edcula.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Caramba, yo hubiera querido hacer un estudio experimental; pero he visto en los libros que tales estudios tratan s\u00f3lo de investigar el <em>c\u00f3mo<\/em> de las cosas; y entre mi primera idea, que era \u00e9sta, de reconstrucci\u00f3n, y la que averigua las razones que movieron a <em>unos individuos<\/em> a atacar a otro a puntapi\u00e9s, m\u00e1s original y beneficiosa para la especie humana me pareci\u00f3 la segunda. Bueno, el <em>por qu\u00e9<\/em> de las cosas dicen que es algo incumbente a la filosof\u00eda, y en verdad nunca supe qu\u00e9 de filos\u00f3fico iban a tener mis investigaciones, adem\u00e1s de que todo lo que lleva humos de aquella palabra me anonada. Con todo, entre miedoso y desalentado, encend\u00ed mi pipa. \u2014Esto es esencial, muy esencial.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La primera cuesti\u00f3n que surge ante los que se enlodan en estos trabajitos es la del m\u00e9todo. Esto lo saben al dedillo los estudiantes de la Universidad, los de los Normales, los de los Colegios y en general todos los que van para personas de provecho. Hay dos m\u00e9todos: la deducci\u00f3n y la inducci\u00f3n (v\u00e9ase Arist\u00f3teles y Bacon).<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El primero, la deducci\u00f3n me pareci\u00f3 que no me interesar\u00eda. Me han dicho que la deducci\u00f3n es un modo de investigar que parte de lo m\u00e1s conocido a lo menos conocido. Buen m\u00e9todo: lo confieso. Pero yo sab\u00eda muy poco del asunto y hab\u00eda que pasar la hoja.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La inducci\u00f3n es algo maravilloso. Parte de lo menos conocido a lo m\u00e1s conocido\u2026 (\u00bfC\u00f3mo es? No lo recuerdo bien\u2026 En fin, \u00bfqui\u00e9n es el que sabe de estas cosas?) Si he dicho bien, este es el m\u00e9todo por excelencia. Cuando se sabe poco, hay que inducir. Induzca, joven.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ya resuelto, encendida la pipa y con la formidable arma de la inducci\u00f3n en la mano, me qued\u00e9 irresoluto, sin saber qu\u00e9 hacer.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Bueno, y \u00bfc\u00f3mo aplico este m\u00e9todo maravilloso? \u2014me pregunt\u00e9.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00a1Lo que tiene no haber estudiado a fondo la l\u00f3gica! Me iba a quedar ignorante en el famoso asunto de las calles Escobedo y Garc\u00eda s\u00f3lo por la maldita ociosidad de los primeros a\u00f1os.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Desalentado, tom\u00e9 el <em>Diario de la Tarde<\/em>, de fecha 13 de enero -no hab\u00eda apartado nunca de mi mesa el aciago <em>Diario<\/em>&#8211; y dando vigorosos chupetones a mi encendida y bien culotada pipa, volv\u00ed a leer la cr\u00f3nica roja arriba copiada. Hube de fruncir el ce\u00f1o como todo hombre de estudio \u2014\u00a1una honda l\u00ednea en el entrecejo es se\u00f1al inequ\u00edvoca de atenci\u00f3n!\u2014<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Leyendo, leyendo, hubo un momento en que me qued\u00e9 casi deslumbrado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Especialmente el pen\u00faltimo p\u00e1rrafo, aquello de \u201cEsta ma\u00f1ana, el se\u00f1or Comisario de la 6a\u2026\u201d fue lo que m\u00e1s me maravill\u00f3. La frase \u00faltima hizo brillar mis ojos: <em>\u201cLo \u00fanico que pudo saberse, por un dato accidental, es que el difunto era vicioso\u201d.<\/em> Y yo, por una fuerza secreta de intuici\u00f3n que Ud. no puede comprender, le\u00ed as\u00ed: ERA VICIOSO, con letras prodigiosamente grandes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Creo que fue una revelaci\u00f3n de Astartea. El \u00fanico punto que me import\u00f3 desde entonces fue comprobar qu\u00e9 clase de vicio ten\u00eda el difunto Ram\u00edrez. Intuitivamente hab\u00eda descubierto que era\u2026 No, no lo digo para no enemistar su memoria con las se\u00f1oras\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y lo que sab\u00eda intuitivamente era preciso lo verificara con razonamientos, y si era posible, con pruebas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Para esto, me dirig\u00ed donde el se\u00f1or Comisario de la 6a. quien pod\u00eda darme los datos reveladores. La autoridad policial no hab\u00eda logrado aclarar nada. Casi no acierta a comprender lo que yo quer\u00eda. Despu\u00e9s de largas explicaciones me dijo, rasc\u00e1ndose la frente:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Ah!, s\u00ed\u2026 El asunto ese de un tal Ram\u00edrez\u2026 Mire que ya nos hab\u00edamos desalentado\u2026 \u00a1Estaba tan oscura la cosa! Pero, tome asiento; por qu\u00e9 no se sienta se\u00f1or\u2026 Como Ud. tal vez sepa ya, lo trajeron a eso de la una y despu\u00e9s de unas dos horas falleci\u00f3\u2026 el pobre. Se le hizo tomar dos fotograf\u00edas, por un caso\u2026 alg\u00fan deudo\u2026 \u00bfEs Ud. pariente del se\u00f1or Ram\u00edrez? Le doy el p\u00e9same\u2026 mi m\u00e1s sincero\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No, se\u00f1or \u2014dije yo indignado\u2014, ni siquiera le he conocido. Soy un hombre que se interesa por la justicia y nada m\u00e1s\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y me sonre\u00ed por lo bajo. \u00a1Qu\u00e9 frase tan intencionada! \u00bfAh? \u201cSoy un hombre que se interesa por la justicia.\u201d \u00a1C\u00f3mo se atormentar\u00eda el se\u00f1or Comisario! Para no cohibirle m\u00e1s, apresur\u00e9me:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ha dicho usted que ten\u00eda dos fotograf\u00edas. Si pudiera verlas\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El digno funcionario tir\u00f3 de un caj\u00f3n de su escritorio y revolvi\u00f3 algunos papeles. Luego abri\u00f3 otro y revolvi\u00f3 otros papeles. En un tercero, ya muy acalorado, encontr\u00f3 al fin.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y se port\u00f3 muy culto:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Usted se interesa por el asunto. Ll\u00e9velas no m\u00e1s caballero\u2026 Eso s\u00ed, con cargo de devoluci\u00f3n \u2014me dijo, moviendo de arriba a abajo la cabeza al pronunciar las \u00faltimas palabras y ense\u00f1\u00e1ndome gozosamente sus dientes amarillos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Agradec\u00ed infinitamente, guard\u00e1ndome las fotograf\u00edas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-Y d\u00edgame usted, se\u00f1or Comisario, \u00bfno podr\u00eda recordar alguna se\u00f1a particular del difunto, alg\u00fan dato que pudiera revelar algo?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Una se\u00f1a particular\u2026 un dato\u2026 No, no. Pues, era un hombre completamente vulgar. As\u00ed m\u00e1s o menos de mi estatura \u2014el Comisario era un poco alto\u2014; grueso y de carnes flojas. Pero una se\u00f1a particular\u2026 no\u2026 al menos que yo recuerde\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Como el se\u00f1or Comisario no sab\u00eda decirme m\u00e1s, sal\u00ed, agradeci\u00e9ndole de nuevo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Me dirig\u00ed presuroso a mi casa; me encerr\u00e9 en el estudio; encend\u00ed mi pipa y saqu\u00e9 las fotograf\u00edas, que con aquel dato del peri\u00f3dico eran preciosos documentos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Estaba seguro de no poder conseguir otros y mi resoluci\u00f3n fue trabajar con lo que la fortuna hab\u00eda puesto a mi alcance.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo primero es estudiar al hombre, me dije. Y puse manos a la obra.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mir\u00e9 y remir\u00e9 las fotograf\u00edas, una por una, haciendo de ellas un estudio completo. Las acercaba a mis ojos; las separaba, alargando la mano; procuraba descubrir sus misterios.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hasta que al fin, tanto tenerlas ante m\u00ed, llegu\u00e9 a aprenderme de memoria el m\u00e1s escondido rasgo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Esa protuberancia fuera de la frente; esa larga y extra\u00f1a nariz \u00a1que se parece tanto a un tap\u00f3n de cristal que cubre la poma de agua de <em>mi<\/em> fonda!, esos bigotes largos y ca\u00eddos; esa barbilla en punta; ese cabello lacio y alborotado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cog\u00ed un papel, trac\u00e9 las l\u00edneas que componen la cara del difunto Ram\u00edrez. Luego, cuando el dibujo estuvo concluido, not\u00e9 que faltaba algo; que lo que ten\u00eda ante mis ojos no era \u00e9l; que se me hab\u00eda ido un detalle complementario e indispensable\u2026 \u00a1Ya! Tom\u00e9 de nuevo la pluma y complet\u00e9 el busto, un magn\u00edfico busto que de ser de yeso figurar\u00eda sin desentono en alguna Academia. Busto cuyo pecho tiene algo de mujer.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Despu\u00e9s\u2026 despu\u00e9s me ensa\u00f1\u00e9 contra \u00e9l. \u00a1Le puse una aureola! Aureola que se pega al cr\u00e1neo con un clavito, as\u00ed como en las iglesias se las pegan a las efigies de los santos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00a1Magn\u00edfica figura hac\u00eda el difunto Ram\u00edrez!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mas, \u00bfa qu\u00e9 viene esto? Yo trataba\u2026 trataba de saber por qu\u00e9 lo mataron; s\u00ed, por qu\u00e9 lo mataron\u2026 Entonces confeccion\u00e9 las siguientes l\u00f3gicas conclusiones:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El difunto Ram\u00edrez se llamaba Octavio Ram\u00edrez (un individuo con la nariz del difunto no puede llamarse de otra manera);<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Octavio Ram\u00edrez ten\u00eda cuarenta y dos a\u00f1os;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Octavio Ram\u00edrez andaba escaso de dinero;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Octavio Ram\u00edrez iba mal vestido; y, por \u00faltimo, nuestro difunto era extranjero.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Con estos preciosos datos, quedaba reconstruida totalmente su personalidad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;S\u00f3lo faltaba, pues, aquello del motivo que para m\u00ed iba teniendo cada vez m\u00e1s caracteres de evidencia. La intuici\u00f3n me lo revelaba todo. Lo \u00fanico que tenia que hacer era, por un puntillo de honradez, descartar todas las dem\u00e1s <em>posibilidades<\/em>. Lo primero, lo declarado por \u00e9l, la cuesti\u00f3n del cigarrillo, no se deb\u00eda siquiera meditar. Es absolutamente absurdo que se victime de manera tan infame a un individuo por una futileza tal. Hab\u00eda mentido, hab\u00eda disfrazado la verdad; m\u00e1s a\u00fan, asesinado la verdad, y lo hab\u00eda dicho porque <em>lo otro<\/em> no quer\u00eda, no pod\u00eda decirlo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfEstar\u00eda beodo el difunto Ram\u00edrez? No, esto no puede ser, porque lo habr\u00edan advertido enseguida en la Polic\u00eda y el dato del peri\u00f3dico habr\u00eda sido terminante, como para no tener dudas, o, si no const\u00f3 por descuido del rep\u00f3rter, el se\u00f1or Comisario me lo habr\u00eda revelado, sin vacilaci\u00f3n alguna.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfQu\u00e9 otro vicio pod\u00eda tener el infeliz victimado? Porque de ser vicioso, lo fue; esto nadie podr\u00e1 neg\u00e1rmelo. Lo prueba su empecinamiento en no querer declarar las razones de la agresi\u00f3n. Cualquier otra causal pod\u00eda ser expuesta sin sonrojo. Por ejemplo, \u00bfqu\u00e9 de vergonzoso tendr\u00edan estas confesiones?:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cUn individuo enga\u00f1\u00f3 a mi hija; lo encontr\u00e9 esta noche en la calle; me cegu\u00e9 de ira; le trat\u00e9 de canalla, me le lanc\u00e9 al cuello, y \u00e9l, ayudado por sus amigos, me ha puesto en este estado\u201d o<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cMi mujer me traicion\u00f3 con un hombre a quien trat\u00e9 de matar; pero \u00e9l, m\u00e1s fuerte que yo, la emprendi\u00f3 a furiosos puntapi\u00e9s contra m\u00ed\u201d o<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cTuve unos l\u00edos con una comadre y su marido, por vengarse, me atac\u00f3 cobardemente con <em>sus amigos<\/em>\u201d?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Si algo de esto hubiera dicho a nadie extra\u00f1ar\u00eda el suceso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tambi\u00e9n era muy f\u00e1cil declarar:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cTuvimos una reyerta.\u201d<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero estoy perdiendo el tiempo, que estas hip\u00f3tesis las tengo por insostenibles: en los dos primeros casos, hubieran dicho algo ya los deudos del desgraciado; en el tercero su confesi\u00f3n habr\u00eda sido inevitable, porque aquello resultaba demasiado honroso; en el cuarto, tambi\u00e9n lo habr\u00edamos sabido ya, pues animado por la venganza habr\u00eda delatado hasta los nombres de los agresores.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nada, que a lo que a m\u00ed se me hab\u00eda metido por la honda l\u00ednea del entrecejo era lo evidente. Ya no caben m\u00e1s razonamientos. En consecuencia, reuniendo todas las conclusiones hechas, he reconstruido, en resumen, la aventura tr\u00e1gica ocurrida entre Escobedo y Garc\u00eda, en estos t\u00e9rminos:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Octavio Ram\u00edrez, un individuo de nacionalidad desconocida, de cuarenta y dos a\u00f1os de edad y apariencia mediocre, habitaba en un modesto hotel de arrabal hasta el d\u00eda 12 de enero de este a\u00f1o.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Parece que el tal Ram\u00edrez viv\u00eda de sus rentas, muy escasas por cierto, no permiti\u00e9ndose gastos excesivos, ni aun extraordinarios, especialmente con mujeres. Hab\u00eda tenido desde peque\u00f1o una desviaci\u00f3n de sus instintos, que lo depravaron en lo sucesivo, hasta que, por un impulso fatal, hubo de terminar con el tr\u00e1gico fin que lamentamos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Para mayor claridad se hace constar que este individuo hab\u00eda llegado s\u00f3lo unos d\u00edas antes a la ciudad teatro del suceso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La noche del 12 de enero, mientras com\u00eda en una oscura fonducha, sinti\u00f3 una ya conocida desaz\u00f3n que fue molest\u00e1ndole m\u00e1s y m\u00e1s. A las ocho, cuando sal\u00eda, le agitaban todos los tormentos del deseo. En una ciudad extra\u00f1a para \u00e9l, la dificultad de satisfacerlo, por el desconocimiento que de ella ten\u00eda, le azuzaba poderosamente. Anduvo casi desesperado, durante dos horas, por las calles c\u00e9ntricas, fijando anhelosamente sus ojos brillantes sobre las espaldas de los hombres que encontraba; los segu\u00eda de cerca, procurando aprovechar cualquiera oportunidad, aunque receloso de sufrir un desaire.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hacia las once sinti\u00f3 una inmensa tortura. Le temblaba el cuerpo y sent\u00eda en los ojos un vac\u00edo doloroso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Considerando in\u00fatil el trotar por las calles concurridas, se desvi\u00f3 lentamente hacia los arrabales, siempre regresando a ver a los transe\u00fantes, saludando con voz temblorosa, deteni\u00e9ndose a trechos sin saber qu\u00e9 hacer, como los mendigos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al llegar a la calle Escobedo ya no pod\u00eda m\u00e1s. Le daban deseos de arrojarse sobre el primer hombre que pasara. Lloriquear, quejarse lastimeramente, hablarle de sus torturas\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Oy\u00f3, a lo lejos, pasos acompasados; el coraz\u00f3n le palpit\u00f3 con violencia; arrim\u00f3se al muro de una casa y esper\u00f3. A los pocos instantes el recio cuerpo de un obrero llenaba casi la acera. Ram\u00edrez se hab\u00eda puesto p\u00e1lido; con todo, cuando aquel estuvo cerca, extendi\u00f3 el brazo y le toc\u00f3 el codo. El obrero se regres\u00f3 bruscamente y lo mir\u00f3. Ram\u00edrez intent\u00f3 una sonrisa melosa, de proxeneta hambrienta abandonada en el arroyo. El otro solt\u00f3 una carcajada y una palabra sucia; despu\u00e9s sigui\u00f3 andando lentamente, haciendo sonar fuerte sobre las piedras los tacos anchos de sus zapatos. Despu\u00e9s de una media hora apareci\u00f3 otro hombre. El desgraciado, todo tembloroso, se atrevi\u00f3 a dirigirle una galanter\u00eda que contest\u00f3 el transe\u00fante con un vigoroso empell\u00f3n. Ram\u00edrez tuvo miedo y se alej\u00f3 r\u00e1pidamente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Entonces, despu\u00e9s de andar dos cuadras, se encontr\u00f3 en la calle Garc\u00eda. Desfalleciente, con la boca seca, mir\u00f3 a uno y otro lado. A poca distancia y con paso apresurado iba un muchacho de catorce a\u00f1os. Lo sigui\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Pst! \u00a1Pst!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El muchacho se detuvo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Hola rico\u2026 \u00bfQu\u00e9 haces por aqu\u00ed a estas horas?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Me voy a mi casa\u2026 \u00bfQu\u00e9 quiere?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Nada, nada\u2026 Pero no te vayas tan pronto, hermoso\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y lo cogi\u00f3 del brazo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El muchacho hizo un esfuerzo para separarse.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1D\u00e9jeme! Ya le digo que me voy a mi casa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y quiso correr. Pero Ram\u00edrez dio un salto y lo abraz\u00f3. Entonces el galop\u00edn, asustado, llam\u00f3 gritando:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00a1Pap\u00e1! \u00a1Pap\u00e1!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Casi en el mismo instante, y a pocos metros de distancia, se abri\u00f3 bruscamente una claridad sobre la calle. Apareci\u00f3 un hombre de alta estatura. Era el obrero que hab\u00eda pasado antes por Escobedo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al ver a Ram\u00edrez se arroj\u00f3 sobre \u00e9l. Nuestro pobre hombre se qued\u00f3 mir\u00e1ndolo, con ojos tan grandes y fijos como platos, tembloroso y mudo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQue quiere usted, so sucio?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y le asest\u00f3 un furioso puntapi\u00e9 en el est\u00f3mago. Octavio Ram\u00edrez se desplom\u00f3, con un largo hipo doloroso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Epaminondas, as\u00ed debi\u00f3 llamarse el obrero, al ver en tierra a aquel p\u00edcaro, consider\u00f3 que era muy poco castigo un puntapi\u00e9, y le propin\u00f3 dos m\u00e1s, espl\u00e9ndidos y maravillosos en el g\u00e9nero, sobre la larga nariz que le provocaba como una salchicha.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00a1C\u00f3mo debieron sonar esos maravillosos puntapi\u00e9s!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Como el aplastarse de una naranja, arrojada vigorosamente sobre un muro; como el caer de un paraguas cuyas varillas chocan estremeci\u00e9ndose; como el romperse de una nuez entre los dedos; \u00a1o mejor como el encuentro de otra recia suela de zapato contra otra nariz!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;As\u00ed:<\/p>\n<p>\u00a1Chaj!<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;con un gran espacio sabroso.<\/p>\n<p>\u00a1Chaj!<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y despu\u00e9s: \u00a1c\u00f3mo se encarnizar\u00eda Epaminondas, agitado por el instinto de perversidad que hace que los asesinos acribillen sus v\u00edctimas a pu\u00f1aladas! \u00a1Ese instinto que presiona algunos dedos inocentes cada vez m\u00e1s, por puro juego, sobre los cuellos de los amigos hasta que queden amoratados y con los ojos encendidos!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00a1C\u00f3mo batir\u00eda la suela del zapato de Epaminondas sobre la nariz de Octavio Ram\u00edrez!<\/p>\n<p>\u00a1Chaj!<\/p>\n<p>\u00a1Chaj!&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;vertiginosamente,<\/p>\n<p>\u00a1Chaj!<\/p>\n<p>en tanto que mil lucecitas, como agujas, cos\u00edan las tinieblas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento inquietante, experimental, del narrador ecuatoriano Pablo Palacio (1906-1947). <\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":15153,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"Ma\u00f1ana estar\u00e9 en el Encuentro Internacional de Cuentistas \"Pablo Palacio\" de la @FILQuito, y este es un cuento extraordinario de Palacio: \"Un hombre muerto a puntapi\u00e9s\".","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[22,2343,3224,190,2855,3330,3331],"class_list":["post-15145","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritores-ecuatorianos","tag-escritores-en-espanol","tag-literatura","tag-pablo-palacio","tag-un-hombre-muerto-a-puntapies"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/PabloPalacio.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-3Wh","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15145","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15145"}],"version-history":[{"count":11,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15145\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":15163,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15145\/revisions\/15163"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/15153"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15145"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15145"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15145"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}