{"id":15136,"date":"2019-12-17T13:49:36","date_gmt":"2019-12-17T19:49:36","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=15136"},"modified":"2025-09-07T21:59:35","modified_gmt":"2025-09-08T03:59:35","slug":"tres-cuentos-del-heptameron","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/tres-cuentos-del-heptameron\/","title":{"rendered":"Tres cuentos del <em>Heptamer\u00f3n<\/em>"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Margarita_de_Angulema\">Margarita de Angulema<\/a>, reina de Navarra (1492-1549), fue una noble francesa pero tambi\u00e9n una escritora adelantada a su tiempo. Su <em>Heptamer\u00f3n<\/em> (1558-59), cuyo t\u00edtulo hace homenaje al <em>Decamer\u00f3n<\/em> de Giovanni Bocaccio, tambi\u00e9n imita su estructura, en la que varias \u00abjornadas\u00bb (secciones en una historia mayor) contienen varios cuentos cada una. Sin embargo, la propuesta argumental de Margarita es distinta de la de su precursor en el sentido de que las mujeres, y no los hombres, son las protagonistas en los relatos. Tambi\u00e9n conviene observar los finales: en todos hay la sugerencia de una profundidad mayor que la aparente en lo contado. Aqu\u00ed hay una muestra de tres cuentos del <em>Heptamer\u00f3n<\/em>.<\/p>\n<figure id=\"attachment_15137\" aria-describedby=\"caption-attachment-15137\" style=\"width: 1015px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/MargaritadeAngulema.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"15137\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/tres-cuentos-del-heptameron\/margaritadeangulema\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/MargaritadeAngulema.jpg\" data-orig-size=\"1015,691\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}\" data-image-title=\"MargaritadeAngulema\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"&lt;p&gt;Margarita de Angulema, retratada por Jean Clouet&lt;\/p&gt;\n\" data-medium-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/MargaritadeAngulema-300x204.jpg\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/MargaritadeAngulema.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/MargaritadeAngulema.jpg\" alt=\"\" width=\"1015\" height=\"691\" class=\"size-full wp-image-15137\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/MargaritadeAngulema.jpg 1015w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/MargaritadeAngulema-300x204.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 1015px) 100vw, 1015px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-15137\" class=\"wp-caption-text\">Margarita de Angulema, retratada por Jean Clouet<\/figcaption><\/figure>\n<p><strong>TRES CUENTOS DEL <em>HEPTAMER\u00d3N<\/em><br \/>\nMargarita de Angulema<\/strong><\/p>\n<h4>V. De c\u00f3mo una batelera se libr\u00f3 de dos franciscanos que quer\u00edan violarla y logr\u00f3 que todo el mundo se enterara<\/h4>\n<p>Hab\u00eda una vez en el puerto de Coulon, cerca de Niort, una batelera [piloto de un <em>batel<\/em>, un tipo barco peque\u00f1o] que pasaba d\u00eda y noche transbordando a la gente. Ocurri\u00f3 un d\u00eda que dos franciscanos de Niort cruzaban el r\u00edo, los dos solos con ella, y como la traves\u00eda es una de las m\u00e1s largas de Francia, para matar el aburrimiento comenzaron ambos a enamorarla, aunque ella respondi\u00f3 como deb\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero ellos, como no estaban ni fatigados del camino ni helados de fr\u00edo con el agua, no quisieron admitir la verg\u00fcenza del rechazo de la mujer y decidieron tomarla por la fuerza o, si se negaba, la tirar\u00edan al r\u00edo. Pero como ella ten\u00eda m\u00e1s sagacidad y astucia que ellos malicia, les propuso:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No soy tan arisca como cre\u00e9is, pero os ruego me conced\u00e1is dos cosas y luego ver\u00e9is que tengo tantos deseos de obedeceros como vos de rogarme.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los dos frailes le juraron por san Francisco que le conceder\u00edan todo lo que pidiese con tal de conseguir lo que deseaban.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Os pido \u2014les dijo ella\u2014 que me promet\u00e1is que nunca mencionar\u00e9is a nadie nuestra aventura amorosa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ellos lo prometieron de buen grado. Y luego ella les dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Tomar\u00e9is el placer uno tras uno, pues yo me avergonzar\u00eda de ver a los dos juntos. Decidid cu\u00e1l de los dos quiere ser el primero.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Vieron ellos que el requerimiento era muy justo y el m\u00e1s joven acept\u00f3 que el m\u00e1s viejo fuera el primero, y aproxim\u00e1ndose a una peque\u00f1a isla le dijo ella al de menos edad:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Buen padre, qu\u00e9dese aqu\u00ed diciendo sus oraciones para que yo lleve a vuestro compa\u00f1ero a otra isla, y si al volver tiene palabras de alabanza se quedar\u00e1 aqu\u00ed y nosotros dos nos iremos juntos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El joven salt\u00f3 a la isla esperando el regreso del otro que se march\u00f3 con la batelera a otra isla y al llegar hizo \u00e9sta como si atracara su barca y dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Amigo m\u00edo, ved en qu\u00e9 lugar nos colocaremos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El buen padre salt\u00f3 a la isla para buscar el lugar m\u00e1s a prop\u00f3sito, pero tan pronto le vio ella en tierra, dando un puntapi\u00e9 contra un \u00e1rbol, se alej\u00f3 con la barca al interior del r\u00edo dejando a los dos buenos padres en aquel lugar desierto mientras les gritaba todo lo m\u00e1s fuerte que pudo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Esperad, se\u00f1ores, que os consuele el \u00e1ngel del Se\u00f1or, que de m\u00ed no vais a obtener hoy nada que os consuele.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los dos infelices franciscanos, vi\u00e9ndose enga\u00f1ados, se echaron de rodillas junto al borde del agua rog\u00e1ndole que no les avergonzara y prometi\u00e9ndole no hacerle nada si se dignaba conducirles al puerto. Pero ella se alejaba m\u00e1s y m\u00e1s dici\u00e9ndoles:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Estar\u00eda loca si despu\u00e9s de haber escapado de vuestras manos cayera otra vez en ellas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y entrando en la ciudad fue a ver a su marido y a los magistrados para que apresaran a los dos lobos rabiosos de cuyos dientes hab\u00eda escapado por la gracia de Dios, yendo todos en su b\u00fasqueda sin que quedase nadie, ni peque\u00f1o ni grande, que no quisiese ir a cazarlos. Los pobres frailes, viendo llegar tan gran comitiva, se escondieron cada uno en su isla como lo hiciera Ad\u00e1n cuando se vio desnudo delante de Dios. Llenos de verg\u00fcenza por su pecado y ante el temor de ser castigados temblaban como si estuviesen medio muertos. Pero a\u00fan as\u00ed los cogieron prisioneros y los hombres y mujeres se re\u00edan y mofaban de ellos. Unos exclamaban:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Estos buenos padres nos predican la castidad y despu\u00e9s se la arrebatan a nuestras mujeres.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Otros dec\u00edan:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Son sepulcros blanqueados por fuera pero est\u00e1n podridos por dentro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y otra voz grit\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Por sus frutos sabr\u00e9is a qu\u00e9 \u00e1rbol pertenecen.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Todos los pasajes de la escritura contra los fariseos fueron alegados contra los dos pobres prisioneros y su superior vino a socorrerlos y a liberarlos, asegurando a los de la justicia que ser\u00edan castigados con m\u00e1s severidad que lo hicieran los seculares y, para satisfacci\u00f3n de todos, asegur\u00f3 que dir\u00edan tantas misas y oraciones como les exigieran. El juez acept\u00f3 la solicitud del superior y le entreg\u00f3 los prisioneros, quienes fueron amonestados en la asamblea conventual por el prior, que era hombre justo, a no cruzar m\u00e1s el r\u00edo sin santiguarse y encomendarse a Dios.<\/p>\n<h4>VII. Un comerciante de Par\u00eds logra enga\u00f1ar a la madre de su amante para encubrir su falta<\/h4>\n<p>Hab\u00eda un comerciante en la ciudad de Par\u00eds que estaba enamorado de la hija de su vecina o, por mejor decir, \u00e9l era m\u00e1s amigo de ella que ella de \u00e9l, porque \u00e9l pretend\u00eda amarla y protegerla para as\u00ed encubrir otro amor m\u00e1s alto y honorable. Ella lo amaba tanto a pesar de verse enga\u00f1ada que hab\u00eda olvidado lo que todas las mujeres hacen al rechazar a los hombres.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El comerciante, despu\u00e9s de frecuentar los lugares donde sol\u00eda verla, la hizo ir adonde quer\u00eda y su madre, que era honrada, se dio cuenta y le prohibi\u00f3 hablar m\u00e1s con \u00e9l so pena de enviarla a un convento. Pero la joven amaba m\u00e1s y m\u00e1s al comerciante sin temer a su madre y quer\u00eda estar siempre con \u00e9l.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero estando ella sola un d\u00eda en el guardarropas, entr\u00f3 el comerciante; viendo el lugar propicio, se puso a hablar con ella de cosas \u00edntimas, pero vi\u00e9ndole entrar una doncella de c\u00e1mara, corri\u00f3 a dec\u00edrselo a la madre, quien se apresur\u00f3 a venir muy enfadada. Al o\u00edrla venir, la joven le dijo al comerciante:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Ay de m\u00ed, amigo m\u00edo!; s\u00ed que me va a costar caro el amor que os tengo, pues ahora sabr\u00e1 mi madre lo que siempre ha temido y sospechado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El comerciante no pareci\u00f3 extra\u00f1arse y, separ\u00e1ndose de ella, se ech\u00f3 en brazos de la madre, la estrech\u00f3 entre sus brazos con todo el ardor que pudo, como si se tratara de la hija. La bes\u00f3 y la derrib\u00f3 sobre una cama. La pobre vieja, como encontr\u00f3 tan extra\u00f1o todo que ocurr\u00eda, no hac\u00eda m\u00e1s que repetir:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9 es lo que pretend\u00e9is? \u00bfEst\u00e1is so\u00f1ando? \u2014sin que \u00e9l cesara de acosarla como si se tratara de la joven m\u00e1s bella del mundo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y si no hubiera sido por sus gritos que hicieron venir a los criados y doncellas, le habr\u00eda ocurrido lo que ella tem\u00eda de su hija. Rescataron por la fuerza a la pobre vieja de los brazos del comerciante sin que nunca se haya sabido por qu\u00e9 la hab\u00eda atormentado as\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Entretanto la hija pudo escaparse a la casa de al lado donde se celebraba una boda, y a partir de entonces el comerciante y la hija se rieron a cuenta de la pobre vieja sin que \u00e9sta cayera en la cuenta.<\/p>\n<h4>IX. La muerte piadosa de un caballero enamorado a quien lleg\u00f3 tard\u00edamente el consuelo de aquella a quien amaba<\/h4>\n<p>\u00c9rase una vez un hidalgo de buen parecer que viv\u00eda entre el Delfinado y la Provenza, y era m\u00e1s rico en virtudes y honestidad que en otros bienes, el cual amaba much\u00edsimo a una doncella, cuyo nombre no revelo por consideraci\u00f3n a sus padres que vienen de importantes familias bien conocidas y os aseguro que mi historia es ver\u00eddica, pero como su familia no era del mismo rango que la de ella, \u00e9l no se atrev\u00eda a expresar su amor que era tan grande y perfecto que hubiera preferido morir antes de tildar en lo m\u00e1s m\u00ednimo su honor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por lo que vi\u00e9ndose muy por debajo de ella y sin esperanza de casarse con ella, s\u00f3lo pretend\u00eda amarla con toda su alma lo m\u00e1s perfectamente posible, lo que hizo durante mucho tiempo hasta que ella se percat\u00f3; \u00e9sta, viendo la virtud y honestidad del caballero, se sinti\u00f3 afortunada de verse amada por tan virtuosa persona por lo que \u00e9l se sinti\u00f3 contento sin esperar nada m\u00e1s. Pero la envidia, enemiga de toda tranquilidad, no pudo tolerar esta honesta felicidad, y no faltaron quienes fueron a decir a la madre de la joven que les extra\u00f1aba ver al hidalgo pasar tantas horas en su casa hablando con ella, sospechando que el motivo no era otro que le atra\u00eda la belleza de su hija.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La madre, que no dudaba de la honestidad del caballero en quien confiaba m\u00e1s que en cualquiera de sus hijos, se sinti\u00f3 molesta al ver que le pon\u00edan en tal aprieto, aunque finalmente, temiendo que se produjera un esc\u00e1ndalo a causa de las habladur\u00edas, le rog\u00f3 que dejara de frecuentar la casa durante alg\u00fan tiempo, lo cual le pareci\u00f3 duro de soportar sabiendo que sus honestas intenciones respecto a su hija no merec\u00eda tal alejamiento. Sin embargo, para acallar las malas lenguas se mantuvo alejado de la casa hasta que ces\u00f3 el rumor, volviendo entonces como de costumbre sin que hubiera mermado su buena voluntad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero un d\u00eda, estando en la casa, oy\u00f3 que hablaban de casar a la doncella con un hidalgo que no le pareci\u00f3 ser tan rico que tuviera m\u00e1s m\u00e9ritos que \u00e9l para aspirar al amor de la doncella. Pronto tom\u00f3 \u00e1nimo e hizo que sus amigos hablaran a su favor pensando que si dejaban a la muchacha elegir ella lo preferir\u00eda a \u00e9l. Sin embargo, la madre y los parientes de la muchacha escogieron al otro porque era mucho m\u00e1s rico, por lo que el hidalgo se disgust\u00f3 de tal forma, sabiendo que su amiga lo sent\u00eda tanto como \u00e9l, que poco a poco y sin otra enfermedad comenz\u00f3 a desmejorar, cambiando de tal manera que parec\u00eda que la m\u00e1scara de la muerte hab\u00eda cubierto la hermosura de su rostro, acerc\u00e1ndose de hora en hora con alegr\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Es verdad que alguna vez no pudo contenerse y fue a hablar con la que tanto amaba, pero finalmente, al faltarle las fuerzas, se vio obligado a guardar cama, aunque trat\u00f3 de evitar que se enterara su amiga para no causarle pesar. Y dej\u00e1ndose por la desesperanza y la tristeza, perdi\u00f3 las ganas de beber y comer, de dormir y de reposar, de modo que era casi imposible reconocerlo, dada su delgadez y el demacrado color de su rostro. Alguien se lo comunic\u00f3 a la madre de su amiga, que era muy caritativa y apreciaba al hidalgo, pues si hubiera sido por ella y por su hijo hubieran preferido la honestidad del caballero a todas las riquezas del otro, aunque los parientes del padre nunca lo aceptaran.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;As\u00ed que, en compa\u00f1\u00eda de su hija, fue a visitar al hidalgo a quien encontraron m\u00e1s muerto que vivo, pues al aproximarse el fin de sus d\u00edas se hab\u00eda confesado y recibido los santos sacramentos pensando morir sin ver a nadie. Pero aun estando a dos dedos de la muerte, al ver entrar a quien era su vida y resurrecci\u00f3n se sinti\u00f3 tan fortalecido. Se incorpor\u00f3 de un salto en la cama y dijo a la dama:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfPor qu\u00e9 motivo ven\u00eds a visitar a quien ya tiene un pie en la fosa y de cuya muerte sois vos la causa?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1C\u00f3mo es posible \u2014dijo la dama\u2014 que aqu\u00e9l a quien amamos acepte la muerte por nuestra culpa! Decidme, por favor, qu\u00e9 razones ten\u00e9is para expresaros as\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Se\u00f1ora \u2014contest\u00f3 \u00e9l\u2014, he disimulado todo lo posible mi amor por vuestra hija y mis padres, al hablar de nuestro matrimonio, lo hicieron contra mi voluntad dada la desgracia que me ha sobrevenido al perder toda la esperanza de no poder conseguirlo. Pero estoy seguro de que nadie la amar\u00eda m\u00e1s que yo. El bien que ahora pierde del mejor amante que ha tenido en el mundo me produce m\u00e1s dolor que la p\u00e9rdida de mi propia vida, que la conservar\u00eda tan s\u00f3lo por ella, pero como no servir\u00eda de nada no temo perderla.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando madre e hija le oyeron hablar as\u00ed trataron de consolarle y aqu\u00e9lla dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Animaos, amigo, pues os prometo que si Dios os da salud, vos ser\u00e9is el marido de mi hija y no otro, y delante de ella aqu\u00ed presente, le ordeno que as\u00ed os lo prometa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La hija, llorando, se esforz\u00f3 en confirmar lo que dec\u00eda su madre, pero \u00e9l, sabiendo que si recobraba la salud no tendr\u00eda ya su cari\u00f1o, y que las buenas palabras no ten\u00edan otro fin que hacerle recobrar la vida, les contest\u00f3 que si hubiera o\u00eddo esto hac\u00eda tres meses, habr\u00eda sido el caballero m\u00e1s sano y feliz de Francia, pero que ya no pod\u00eda ni creerlo ni esperarlo. Pero viendo su insistencia en hac\u00e9rselo creer les dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pues bien, como veo que me promet\u00e9is la felicidad que nunca pudo llegar, por mucho que vos lo dese\u00e9is, dada la debilidad que tengo, s\u00ed en cambio os ruego un peque\u00f1o favor que no me hubiera atrevido antes a hacerlo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al instante le prometieron ambas que har\u00edan lo que tanto demandaba:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Os suplico \u2014dijo \u00e9l\u2014 que me entregu\u00e9is a la que me prometisteis por mujer y le mand\u00e9is que me abrace y me bese.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La hija, que no estaba acostumbrada a tales intimidades, se opon\u00eda, pero su madre se lo orden\u00f3 seriamente, viendo que se trataba de un hombre sin las fuerzas de un hombre sano. La hija entonces, obedeciendo, se acerc\u00f3 al lecho del pobre enfermo y le dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Amigo m\u00edo, os lo ruego, alegraos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El pobre desgraciado, con la poca fuerza que le quedaba y extendiendo los brazos descarnados y descoloridos, abraz\u00f3 a la que era la causa de su muerte y la besaba con su boca p\u00e1lida y fr\u00eda, y reteni\u00e9ndola todo el tiempo que le fue posible le dec\u00eda:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014El amor que os tengo es tan grande y honesto que no hubiera deseado otra cosa fuera del matrimonio que lo que ahora tengo, y ahora que lo poseo dar\u00eda gustoso mi alma a Dios, que es el amor y la caridad perfectos y que conoce la magnitud de mi amor y la pureza de mis deseos, suplic\u00e1ndole reciba mi esp\u00edritu entre los suyos teniendo a mi amor entre los brazos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y diciendo esto la volvi\u00f3 a abrazar con tal vehemencia que su coraz\u00f3n debilitado no pudo soportar el esfuerzo y desfalleci\u00f3; la alegr\u00eda le regocij\u00f3 de tal forma que su esp\u00edritu abandon\u00f3 su cuerpo y vol\u00f3 a su creador. Y aunque su cuerpo estuviese ya sin vida y sin poder retener m\u00e1s a su presa, el amor que la joven hab\u00eda mantenido oculto se revel\u00f3 tan fuertemente que ni la madre ni los servidores del difunto pod\u00edan separarlos y tuvieron que recurrir a la viva fuerza para liberar a la viva, peor que muerta, de los brazos del fallecido a quien hicieron enterrar con todo honor. Durante las exequias las l\u00e1grimas de la pobre joven eran tan grandes, con lloros y gemidos, tanto mayores cuanto m\u00e1s los hab\u00eda disimulado durante la vida como queriendo corregir el error que hab\u00eda cometido. Y de all\u00ed en adelante -seg\u00fan he o\u00eddo decir- ning\u00fan marido que se haya ofrecido a consolarla ha logrado encontrar eco en su coraz\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tres historias del libro m\u00e1s famoso de Margarita de Angulema, reina de Navarra (1492-1549).<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":15137,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"Tres cuentos del Heptamer\u00f3n","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[22,2343,185,195,2069,3329,2855,3327,3328],"class_list":["post-15136","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritoras","tag-escritores-franceses","tag-feminismo","tag-heptameron","tag-literatura","tag-margarita-de-angulema","tag-margarita-de-navarra"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/MargaritadeAngulema.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-3W8","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15136","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15136"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15136\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17040,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15136\/revisions\/17040"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/15137"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15136"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15136"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15136"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}