{"id":15118,"date":"2019-12-16T11:42:44","date_gmt":"2019-12-16T17:42:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=15118"},"modified":"2019-12-16T11:42:44","modified_gmt":"2019-12-16T17:42:44","slug":"por-la-noche","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/por-la-noche\/","title":{"rendered":"Por la noche"},"content":{"rendered":"<p>La inglesa Anna Kavan (1901-1968) es una m\u00e1s de las escritoras de culto del siglo pasado que est\u00e1n siendo rescatadas en a\u00f1os recientes. Y lo merecer\u00eda \u00fanicamente por sus textos, en los que la experiencia vivida (lo \u00abautobiogr\u00e1fico\u00bb) se transforma en ficci\u00f3n de maneras \u00fanicas, pero tambi\u00e9n est\u00e1 su <a href=\"https:\/\/en.wikipedia.org\/wiki\/Anna_Kavan\">biograf\u00eda<\/a>, llena de sucesos traum\u00e1ticos y marcada por un episodio misterioso y crucial: la escritora se llamaba Helen Emily Woods, y Anna Kavan era el nombre de un personaje de sus libros tempranos, pero en 1940 adopt\u00f3 el nombre no s\u00f3lo como seud\u00f3nimo, sino como identidad legal, y su escritura cambi\u00f3 radicalmente. Sus obras m\u00e1s admiradas son todas de ese segundo periodo, e incluyen la novela <em>Hielo<\/em> (1967), una obra maestra que evoca el ambiente apocal\u00edptico de nuestro presente en una narraci\u00f3n de pesadilla acerca de la obsesi\u00f3n y el deseo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abAt Night\u00bb apareci\u00f3 en 1940 en el libro de cuentos <em><a href=\"http:\/\/www.redmood.com\/kavan\/asylumpiece.html\">Asylum Piece<\/a><\/em>, el primero que <a href=\"https:\/\/www.peterowen.com\/kavan-peebles\/\">Kavan<\/a> public\u00f3 con su nombre nuevo, y que en espa\u00f1ol puede encontrarse con el t\u00edtulo <em><a href=\"https:\/\/www.revistaotraparte.com\/otras-literaturas\/el-descenso\/\">El descenso<\/a><\/em>. La traducci\u00f3n es de Ainize Salaberri y est\u00e1 tomada de <a href=\"https:\/\/www.zendalibros.com\/por-la-noche-un-cuento-de-anna-kavan\/\">esta p\u00e1gina<\/a>. Es un relato donde se juntan la experiencia del trastorno (mental en este caso), el sufrimiento por la opresi\u00f3n y la desesperanza, como en mucho de la obra de su autora.<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/Anna-Kavan.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"15119\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/por-la-noche\/anna-kavan\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/Anna-Kavan.jpg\" data-orig-size=\"1222,919\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}\" data-image-title=\"Anna Kavan\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/Anna-Kavan-1024x770.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/Anna-Kavan.jpg\" alt=\"\" width=\"1222\" height=\"919\" class=\"aligncenter size-full wp-image-15119\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/Anna-Kavan.jpg 1222w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/Anna-Kavan-300x226.jpg 300w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/Anna-Kavan-1024x770.jpg 1024w\" sizes=\"auto, (max-width: 1222px) 100vw, 1222px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>POR LA NOCHE<br \/>\nAnna Kavan<\/strong><\/p>\n<p>Qu\u00e9 lentos pasan los minutos durante las noches de invierno: y aun as\u00ed las horas no parecen tan largas. La campana de la iglesia est\u00e1 dando la hora de nuevo en ese tono aburrido del campo, que suena medio aturdido por el fr\u00edo. Estoy tumbada en la cama, y como una prisionera bien instruida, sabia, renuncio al patr\u00f3n familiar del insomnio. Es una rutina que conozco demasiado bien.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mi carcelero est\u00e1 en la habitaci\u00f3n conmigo pero no puede acusarme de ser rebelde o problem\u00e1tica. Como no quiero llamar su atenci\u00f3n, estoy tumbada tan quieta como si mi cama fuese mi f\u00e9retro. Si no me muevo en toda una hora quiz\u00e1 me deje dormir.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Naturalmente, no puedo encender la luz. La habitaci\u00f3n est\u00e1 oscura, como una caja forrada con terciopelo negro que alguien ha dejado caer en un pozo helado. Todo es silencio excepto cuando crujen los huesos de la casa en la escarcha o cuando una masa de nieve se desliza desde el tejado creando un sonido similar a un suspiro furtivo. Abro los ojos en la oscuridad. Mis p\u00e1rpados est\u00e1n doloridos, como si las l\u00e1grimas se hubiesen solidificado en escarcha. No ser\u00eda tan malo si por lo menos pudiese ver a mi carcelero. Ser\u00eda un alivio saber desde d\u00f3nde hace guardia. Al principio supuse que estaba de pie, como una cortina negra, al lado de la puerta. El techo de la habitaci\u00f3n se desliza hacia arriba, como si fuese la tapa de una caja y \u00e9l se eleva, mucho m\u00e1s alto que un olmo, hacia las heladas monta\u00f1as de la luna. Pero entonces me doy cuenta de que quiz\u00e1 haya cometido un error y est\u00e9 agachado en el suelo, bastante cerca de m\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mi cabeza est\u00e1 sujeta con una banda de hierro y justo en ese momento el carcelero golpea el fr\u00edo metal, una tormenta que resuena, y que me provoca dolor en las cuencas de los ojos. Est\u00e1 mostrando su desaprobaci\u00f3n hacia mis pensamientos interrogantes; o quiz\u00e1 simplemente desee reafirmar su autoridad sobre m\u00ed. Sea como fuere, vuelvo a cerrar r\u00e1pidamente los ojos y me quedo quieta, casi sin atreverme a respirar, bajo la ropa de cama.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Para ocupar mi mente con algo, empec\u00e9 a repasar las f\u00f3rmulas que un m\u00e9dico extranjero me hab\u00eda ense\u00f1ado la primera vez que estuve bajo sospecha. No dejo de repetirme que no existe ninguna persona v\u00edctima del insomnio, que sigo despierta porque prefiero continuar con mis pensamientos. Intento ponerme en la piel de un reci\u00e9n nacido que no tiene futuro ni pasado. Si el carcelero mirase ahora en mi mente, creo que no podr\u00eda poner ninguna objeci\u00f3n a lo que est\u00e1 ocurriendo en su interior. La cara del m\u00e9dico holand\u00e9s, fina y aguda y dura como la cara de un marinero, pasa frente a m\u00ed. De repente, en un mundo a\u00fan encerrado en la oscuridad y en la escarcha, un gallo cacarea en las inmediaciones de un modo fant\u00e1stico y sobrenatural. El cacareo del gallo se convierte r\u00e1pidamente en tres puntos llameantes, una flor de lis floreciendo moment\u00e1neamente en el campo negro de la noche.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Estoy a punto de quedarme dormida. Noto mi cuerpo flojo y mis pensamientos comienzan a precipitarse todos juntos. Mis pensamientos se han convertido en hebras de hierba, de ning\u00fan color en concreto, que se ondulan lentamente en aguas incoloras.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mi mano izquierda se contrae y vuelvo a estar totalmente despierta. Es el repiqueteo de la iglesia el que me ha devuelto a la presencia de mi carcelero. \u00bfHe contado cinco repiques o cuatro? Estoy demasiado cansada como para estar segura. En cualquier caso, la noche pronto habr\u00e1 llegado a su fin. La banda de hierro sobre mi cabeza est\u00e1 m\u00e1s prieta y se ha deslizado hacia abajo, por lo que me oprime los globos oculares. Aun as\u00ed no parece que el dolor provenga de esta presi\u00f3n cruel sino que emane de alg\u00fan lugar dentro de mi calavera, del c\u00f3rtex cerebral: lo que me duele es el cerebro en s\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Estoy desesperada; me siento, de golpe, encolerizada. \u00bfPor qu\u00e9 estoy sola, condenada a pasar noches de tormento con un carcelero invisible, cuando el resto del mundo duerme pl\u00e1cidamente? \u00bfEn base a qu\u00e9 leyes he sido juzgada y sentenciada, sin mi conocimiento, a una condena tan opresiva cuando ni siquiera s\u00e9 por qu\u00e9 o por qui\u00e9n he sido acusada? Me invade un salvaje impulso de quejarme, de exigir una vista, de negarme a someterme a esta injusticia por m\u00e1s tiempo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero \u00bfa qui\u00e9n apelas cuando ni siquiera sabes d\u00f3nde encontrar al juez? \u00bfC\u00f3mo esperas poder demostrar tu inocencia cuando no hay forma de saber de lo que has sido acusada? No, en este mundo no hay justicia para la gente como nosotros; todo lo que podemos hacer es sufrirla tan valerosamente como nos sea posible y as\u00ed avergonzar a nuestros opresores.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento de la escritora inglesa \u2013y de culto\u2013 Anna Kavan (1901-1968).<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":15119,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"Por la noche","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[3325,22,2343,185,196,2855,3326],"class_list":["post-15118","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-anna-kavan","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritoras","tag-escritores-ingleses","tag-literatura","tag-por-la-noche"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/12\/Anna-Kavan.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-3VQ","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15118","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15118"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15118\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":15124,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15118\/revisions\/15124"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/15119"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15118"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15118"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15118"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}