{"id":15093,"date":"2016-03-17T15:05:14","date_gmt":"2016-03-17T21:05:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=15093"},"modified":"2023-05-30T19:29:01","modified_gmt":"2023-05-31T01:29:01","slug":"la-casa-del-estero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/la-casa-del-estero\/","title":{"rendered":"La casa del Estero"},"content":{"rendered":"<p>Este no es exactamente un cuento: es una cr\u00f3nica de la escritora mexicana <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Fernanda_Melchor\">Fernanda Melchor<\/a> (1982), publicada inicialmente en el libro <em>Aqu\u00ed no es Miami<\/em> (2013). Pero ella no s\u00f3lo es una narradora extraordinaria, cuya novela <em>Temporada de huracanes<\/em> (2017) es una de las m\u00e1s celebradas de los \u00faltimos a\u00f1os en espa\u00f1ol, traducida a varios idiomas y ganadora de premios internacionales; adem\u00e1s, esta narraci\u00f3n es considerada por muchas personas uno de <a href=\"https:\/\/jiribilla-mezcal.com\/2019\/09\/14\/top-5-cuentos-mexicanos-de-terror-sputnik\/\">los mejores cuentos de terror<\/a> escritos en M\u00e9xico en los \u00faltimos a\u00f1os. Fernanda Melchor ser\u00e1, creo, de los muy pocos autores de este tiempo que ser\u00e1n efectivamente recordados despu\u00e9s; la cultura mexicana siempre ha tenido poco aprecio por la literatura como arte, y s\u00f3lo la justifica cuando \u00abinforma\u00bb acerca de la realidad (o lo que algunos consideran importante de la realidad), pero lo cierto es que narradoras como ella logran el <a href=\"https:\/\/culto.latercera.com\/2018\/12\/14\/fernanda-melchor-entrevista\/\">objetivo triple<\/a> de escapar de los prejuicios, efectivamente escribir de experiencias vividas, o cercanas a la vida y los titulares, y hacerlo con enorme habilidad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El texto est\u00e1 tomado del <a href=\"https:\/\/fermelchor.wordpress.com\/2014\/11\/01\/la-casa-del-estero\/\">blog<\/a> de la autora.<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/melchor.png\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"15094\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/la-casa-del-estero\/melchor\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/melchor.png\" data-orig-size=\"900,600\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Fernanda Melchor\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/melchor.png\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/melchor.png\" alt=\"\" width=\"900\" height=\"600\" class=\"aligncenter size-full wp-image-15094\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/melchor.png 900w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/melchor-300x200.png 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 900px) 100vw, 900px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>LA CASA DEL ESTERO<br \/>\nFernanda Melchor<\/strong><\/p>\n<p><em>Felix, qui potuit rerum cognoscere causas<\/em><br \/>\nVirgilio, <em>Ge\u00f3rgicas<\/em>, lib. II v. 490.<\/p>\n<p>1<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9 es lo m\u00e1s cabr\u00f3n que te ha pasado en la vida? \u2014me pregunt\u00f3 Jorge.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Est\u00e1bamos en la fiesta de cumplea\u00f1os de Aar\u00f3n, en el balc\u00f3n de su sala. Acababan de dar las cuatro de la ma\u00f1ana. Un norte ligero alborotaba las palmeras de la costera, visibles \u2013al igual que los fierros de las gradas del carnaval, ya instaladas desde enero\u2013 por encima de los tejados de la colonia Flores Mag\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfLo m\u00e1s cabr\u00f3n que me haya pasado? \u2014repet\u00ed, para ganar tiempo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yo ten\u00eda 24 a\u00f1os. En aquel entonces, lo m\u00e1s cabr\u00f3n que me hab\u00eda pasado era la pelea que tuvimos mi padre y yo antes de que me largara para siempre de su casa. Era el 2005 y s\u00f3lo qued\u00e1bamos \u00e9l y yo en Veracruz: Julio estudiaba en Ensenada y mam\u00e1\u2026 bueno, digamos que mam\u00e1 estaba de vacaciones indefinidas en el norte del pa\u00eds, desde donde telefoneaba de vez en cuando para platicar de cosas que cada vez ten\u00edan menos sentido. Pap\u00e1 ya se hab\u00eda deshecho de las cosas de mam\u00e1: su ropa, sus papeles, sus perfumes; meti\u00f3 todo en bolsas de basura y las sac\u00f3 a la calle. No dej\u00f3 de echar fiesta desde entonces; yo era la que trabajaba para comer y pagarme la carrera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfPero qu\u00e9 caso ten\u00eda contarle eso a un muchacho al que apenas conoc\u00eda? Una cosa era que me dejara dar sorbos a su cerveza y que me mirara con ojos negros bellamente entornados, y otra, contarle c\u00f3mo aquella \u00faltima pelea yo hab\u00eda amenazado a mi padre con su propia arma \u2013una .45 autom\u00e1tica que \u00e9l mismo hab\u00eda escondido en mi tapanco\u2013 porque su tronadera de m\u00fasica electr\u00f3nica llevaba d\u00edas sin dejarme dormir.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No s\u00e9. La verdad es que no s\u00e9 \u2014respond\u00ed al final, presionada por aquellos ojos a la vez penetrantes y somnolientos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Intu\u00ed que su respuesta ser\u00eda mejor que la m\u00eda, pero algo pas\u00f3, algo interrumpi\u00f3 nuestro di\u00e1logo en el balc\u00f3n, y Jorge no me cont\u00f3 la cosa m\u00e1s cabrona que le hab\u00eda pasado sino tres meses despu\u00e9s, cuando tuvimos nuestra primera cita.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00c9l llevaba dos caguamas encima cuando yo llegu\u00e9 al bar, tarde y un poco mojada por la lluvia. Me sent\u00e9 en la mesa que eligi\u00f3 sobre la acera. Corr\u00eda un viento tibio que me sec\u00f3 r\u00e1pidamente. Lo dej\u00e9 guiar la conversaci\u00f3n porque, la verdad, a tres meses de la fiesta de Aar\u00f3n no lograba recordar su nombre de pila; s\u00f3lo su apellido, su apodo de barrio \u2013El Met\u00e1lica\u2013 y su mirada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Esa noche, despu\u00e9s de dos litros m\u00e1s de cerveza, me cont\u00f3 por primera vez la historia de lo que le hab\u00eda pasado a \u00e9l y a un grupo de amigos en la Casa del Diablo. Tard\u00f3 algunas horas en hacerlo, en parte porque narr\u00f3, minuto a minuto, sucesos que hab\u00edan ocurrido hac\u00eda m\u00e1s de una d\u00e9cada, y tambi\u00e9n porque abundaba en extensas digresiones destinadas a explicarme los detalles que yo ignoraba. El estilo de contar de Jorge me intrigaba: entretej\u00eda de forma natural el relato directo de lo sucedido con fragmentos de di\u00e1logos, con ademanes aferrados a su cuerpo, con sus propios pensamientos, los presentes y los pasados. Un jarocho de pura cepa, pensaba yo, fascinada; entrenado para la conservaci\u00f3n de las haza\u00f1as viriles en una cultura que desde\u00f1a lo escrito, que desconoce el archivo y favorece el testimonio, el relato verbal y dram\u00e1tico, el gozoso acto del habla.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tres horas despu\u00e9s yo segu\u00eda muda y \u00e9l llegaba a la desoladora conclusi\u00f3n de su historia. Para entonces, yo ya estaba enamor\u00e1ndome de \u00e9l. Tard\u00e9 varios a\u00f1os en darme cuenta de que, en realidad, me hab\u00eda enamorado de sus relatos.<\/p>\n<p>2<br \/>\nEl horror, como Jorge lo llamaba, comenz\u00f3 un d\u00eda de junio de 1990, con la llamada de su amiga Betty.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Oye, Jorge, vamos al Estero\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por el auricular, Jorge pod\u00eda escuchar las risitas de Evelia y de Jacqueline.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cEl Estero. Quieren ir a esa pinche casa de nuevo\u201d, pens\u00f3 Jorge y la modorra de las cuatro de la tarde lo abandon\u00f3 por completo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No puedo ir, no tengo dinero \u2014les dijo, seco, para desanimarlas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Anda, Jorge! Nosotras ponemos la botella\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Jorge mir\u00f3 el rostro dormido de su abuela, su boca ligeramente abierta, las cobijas hasta la barbilla. El tel\u00e9fono estaba en el cuarto de la anciana pero ella nunca escuchaba el timbre. Dorm\u00eda hasta tarde porque se pasaba las noches en vela. Dec\u00eda que la t\u00eda de Jorge, su hija fallecida a\u00f1os atr\u00e1s, se le aparec\u00eda al pie de la cama y le mov\u00eda las piernas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No tengo nada, ni para el autob\u00fas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1No importa, nosotras te invitamos!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Jorge tuvo ganas de hablarles de lo que viv\u00eda en la casa del estero, pero no se atrevi\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Anda, no seas mam\u00f3n. Te esperamos en Plaza Acuario\u2014 dijo Betty, y luego colg\u00f3 el tel\u00e9fono.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Jorge marc\u00f3 entonces el n\u00famero de Tacho.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfBueno? respondi\u00f3 este.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Oye, carnal. F\u00edjate que\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed, ya me hablaron.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfT\u00fa qu\u00e9 dices? \u00bfVamos?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tacho permaneci\u00f3 en silencio. Jorge retorc\u00eda el cord\u00f3n del tel\u00e9fono, impaciente. Dejarle a Tacho la decisi\u00f3n de ir o no a la casa abandonada era como lanzar una moneda al aire.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cTacho tambi\u00e9n estuvo ah\u00ed, \u00e9l vio las caras de los cadetes\u201d, pens\u00f3. Deseaba con toda el alma que su amigo se negara a ir.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014 Pus vamos a ver qu\u00e9 pasa\u2014 dijo Tacho, despu\u00e9s de un largo silencio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Resignado, Jorge colg\u00f3 el aparato y fue a darse una ducha. No ten\u00eda prisa; si las chicas realmente quer\u00edan ir bien pod\u00edan esperarlo. Por la ventana del ba\u00f1o observ\u00f3 que el cielo se cubr\u00eda de nubes negras y se alegr\u00f3. Se visti\u00f3 y sali\u00f3 de la casa sin despertar a la abuela.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No hab\u00eda avanzado ni diez metros sobre la avenida cuando el aguacero comenz\u00f3 a caer. Gotas gruesas tupieron el pavimento pero Jorge no se molest\u00f3 en cubrirse. \u201cAhora ya no querr\u00e1n ir, es la excusa perfecta\u201d. \u00a1C\u00f3mo amaba Jorge las tormentas instant\u00e1neas de finales de primavera!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Para cuando lleg\u00f3 a casa de Tacho, la lluvia hab\u00eda cesado. Su amigo lo esperaba fumando bajo un \u00e1rbol; estaba listo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfNos vamos? \u2014pregunt\u00f3, \u00e9l tambi\u00e9n inseguro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El sol brillaba de nuevo en el cielo e iluminaba las fachadas de las casas. Los ni\u00f1os regresaban en tropel a las calles. Algunos llevaban barcos de papel en las manos; los hac\u00edan navegar sobre un arrollo bajo la cuneta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cEn menos de una hora, toda esta agua ser\u00e1 aire caliente de nuevo\u201d, pens\u00f3 Jorge, derrotado. La ropa mojada se le sacaba ya bajo el sol.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014 Pues vamos \u2014suspir\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sent\u00eda el coraz\u00f3n como exprimido por un pu\u00f1o invisible mientras caminaban al sitio en el que las chicas ya los esperaban.<\/p>\n<p>3<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las leyendas sobre la Casa del Diablo son muchas y nada originales. Combinan relatos decimon\u00f3nicos del puerto con argumentos de pel\u00edculas de terror los a\u00f1os ochenta: entre sus muros en obra negra, supuestamente, tuvieron lugar asesinatos rituales y penaban esp\u00edritus chocarreros. Se dec\u00eda, por ejemplo, que la construcci\u00f3n estuvo destinada a ser un hotel con restaurante en la \u00faltima planta, pero que este nunca pudo terminarse debido a que el vigilante mat\u00f3 a su familia entera y luego se suicido; sus almas \u2013seg\u00fan la m\u00edtica porte\u00f1a que relaciona las muertes violentas con la aparici\u00f3n de esp\u00edritus \u201cintranquilos\u201d\u2013 penaban en el sitio. Otra leyenda insist\u00eda en que la casa era la sede de una secta sat\u00e1nica que realizaba oscuros ceremoniales en sus s\u00f3tanos, relato alimentado por la cercan\u00eda de la Casa del Diablo con el llamado \u201ccastillo\u201d de la Condesa de Malibr\u00e1n, un personaje a medias hist\u00f3rico a medias m\u00edtico considerado por los locales como una especie de Erzsebeh Bathory tropical. Asimismo, exist\u00eda una tercer leyenda: la casa ten\u00eda siete s\u00f3tanos a los que se acced\u00eda por una escalera en el interior, y en el \u00faltimo, en el m\u00e1s profundo, moraba el mism\u00edsimo Satan\u00e1s.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo cierto era que la casa y el terreno \u2013ubicados a orillas del r\u00edo Jamapa, en una de las zonas de mayor plusval\u00eda de Boca del R\u00edo\u2013 pertenec\u00edan a un empresario local que no estaba interesado en venderlo ni en rentarlo. Una verja de acero imped\u00eda el acceso a los curiosos, la mayor parte adolescentes del puerto que buscaban un sitio para beber, drogarse y estimular con un poco de sugesti\u00f3n sus gl\u00e1ndulas suprarrenales. La costumbre indicaba que uno deb\u00eda entrar a la casa a trav\u00e9s de la verja de hierro, sobornar al vigilante en turno y despu\u00e9s recorrer uno a uno los tres pisos a\u00fan en obra negra. El tiempo y el clima no ayudaban a la conservaci\u00f3n de la casa, que en los a\u00f1os noventa carec\u00eda ya de ventanas y cuyos pisos estaban siempre tapizados de una espesa capa de hojas secas. Una ceiba parasitaba una de las esquinas del edificio, sus ramas invad\u00edan partes de la segunda planta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Jorge, por supuesto, escuch\u00f3 de ni\u00f1o todos esos rumores pero jam\u00e1s hab\u00eda entrado; solamente hab\u00eda atisbado la casa por entre la maleza del Estero, a bordo del autob\u00fas rumbo a Ant\u00f3n Lizardo. La oportunidad de visitar la casa lleg\u00f3 cuando ten\u00eda 15 a\u00f1os; la idea fue suya y con ella convenci\u00f3 a la pandilla de scouts a la que pertenec\u00eda para que lo acompa\u00f1aran: har\u00edan una expedici\u00f3n a la Casa del Diablo y escudri\u00f1ar\u00edan sus misterios. Entraron por un portal al primer piso, recorrieron los cuartos oscuros y malolientes que parec\u00edan haber sido construidos bajo un dise\u00f1o laber\u00edntico. Entre risas nerviosas llegaron al segundo piso, el \u00fanico lugar que realmente ten\u00eda apariencia de restaurante, con separaciones que distingu\u00edan una barra, una cocina y cuartos de ba\u00f1o. Todo estaba cubierto de hojas secas, excrementos de roedores y cad\u00e1veres de lagartijas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo \u00fanico extra\u00f1o que encontraron fue, en las habitaciones detr\u00e1s de la barra, un portal con marco de piedra que conduc\u00eda a una escalera. Esta descend\u00eda, formando una espiral, hacia una oscuridad absoluta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ese d\u00eda se marcharon porque no llevaban cuerdas. Regresaron el domingo siguiente con piolas, linternas, tiras de hal\u00f3geno, provisiones de comida y agua, y una estrategia contra el p\u00e1nico que el mismo Jorge hab\u00eda considerado necesario dise\u00f1ar. Todos hab\u00edan escuchado los rumores sobre la casa; era necesario que, en caso de que ocurriera algo fuera de lo com\u00fan, permanecieran tranquilos, en calma; que el p\u00e1nico no los invadiera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Decidieron incluso el orden en el que descender\u00edan: primero El Puma, que a sus 19 a\u00f1os era considerado por todos como un verdadero adulto y por ello portaba el bast\u00f3n del mando del clan. Luego bajar\u00edan Jorge, Ad\u00e1n y Lil\u00ed. A Roxana le toc\u00f3 quedarse afuera y vigilar el extremo de la cuerda con la que todos se unieron, como exploradores alpinos, antes de descender.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La escaleras apestaba a humedad y podredumbre. Los pelda\u00f1os se desmoronaban bajo sus pies. Pronto necesitaron luz; Puma orden\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014 Enciendan sus linternas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero ninguna de las cuatro funcionaba.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cPero si probamos las bater\u00edas all\u00e1 arriba\u201d, pens\u00f3 Jorge, aunque se cuid\u00f3 de decirlo en voz alta para no generar inquietud extra.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los chicos sacaron entonces las tiras de hal\u00f3geno de sus bolsillos, y fueron quebr\u00e1ndolas para obtener una luz verde, fluorescente, que apenas iluminaba el camino. As\u00ed descendieron unos diez metros m\u00e1s. Hac\u00eda demasiado calor y el sudor traspasaba el tosco tejido de sus uniformes. Delante de Jorge, Puma tanteaba el terreno con el bast\u00f3n de mando; por detr\u00e1s, Ad\u00e1n respiraba contra su nuca y a Liliana le casta\u00f1eaban los dientes. Jorge tambi\u00e9n sent\u00eda miedo pero la flaqueza era algo que deb\u00eda aprender a dominar, a controlar, si es que quer\u00eda ingresar al Colegio Militar cuando cumpliera 18 a\u00f1os. Su sue\u00f1o, en aquel entonces, era ingresar a la Brigada de Fusileros Paracaidistas y hacer la carrera de las armas. Despu\u00e9s, cuando ya fuera un soldado de \u00e9lite, desertar\u00eda del ej\u00e9rcito y se unir\u00eda a la Legi\u00f3n Extranjera. A los quince a\u00f1os esa era, b\u00e1sicamente, su plan para escapar de Veracruz, de la abuela.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Esperen\u2026 \u2014balbuce\u00f3 Puma de pronto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Jorge choc\u00f3 contra su espalda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9 pasa?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Me acaban de quitar el bast\u00f3n de las manos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Jorge respir\u00f3 profundo. Casi no hab\u00eda aire ah\u00ed dentro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfC\u00f3mo?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9 pas\u00f3? \u2014llorique\u00f3 Lil\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A Puma se le quebr\u00f3 la voz y ya no quiso decir nada m\u00e1s.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cYa, esto es, esto es el p\u00e1nico\u201d, pens\u00f3 Jorge \u201cEl momento en que todo se lo lleva la chingada\u201d. Su pecho era un fuelle. Carraspe\u00f3 hasta recobrar la voz y dio la orden de retroceder, ante la mudez estupefacta de Puma.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Subieron como los cangrejos. Nadie quer\u00eda darle la espalda al foso, de donde proven\u00eda el ruido del bast\u00f3n al golpear brutalmente las paredes. Jorge respiraba con la boca abierta; trataba de encontrar un ritmo en su respiraci\u00f3n, de controlar los latidos de su coraz\u00f3n. \u201cQuiz\u00e1s s\u00f3lo es un drogadicto, un loquito de esos que se meten a las casas abandonadas\u201d pens\u00f3. \u201c\u00bfPero qu\u00e9 clase de loco vivir\u00eda en aquel agujero, qu\u00e9 clase de cosa esperar\u00eda ah\u00ed, en la oscuridad hedionda, a que llegara alguien \u2026\u201d.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tuvo que concentrarse en no pensar, en tantear con los pies la rampa ascendente de las escaleras.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando lograron salir de ah\u00ed, se encontraron a Roxana llorando con la cabeza metida entre las rodillas. Durante varios minutos la chica no pudo hablar, s\u00f3lo les se\u00f1alaba la cuerda con la que se hab\u00edan amarrado a una columna cercana. La piola oficial de los scouts, garantizada para soportar una tonelada de peso, estaba rota, reventada a pocos cent\u00edmetros del nudo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Vi que se tens\u00f3, como si la jalaran desde abajo\u2014 dir\u00eda la chica. \u2013 Pens\u00e9 que se hab\u00edan ca\u00eddo, que algo les pasaba, y comenc\u00e9 jalarla hasta que revent\u00f3\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La piel de sus manos estaba quemada por la fibra.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Roxana hab\u00eda gritado sus nombres, una y otra vez, al pie de la escalera. Como no le respond\u00edan, se hizo un ovillo y cedi\u00f3 al llanto. Lo raro era que, en la oscuridad de las escaleras, ellos no oyeron ni uno de sus gritos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los scouts huyeron de la casa antes de que llegara el ocaso. El Puma iba hasta adelante; cuando atravesaron la reja, a\u00fan llevaba la navaja abierta en la mano.<\/p>\n<p>4<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ese fue el primer antecedente del horror. Hubo un segundo: el asunto de los cadetes, ocurrido una semana antes de la llamada de Betty. Jorge no pudo evitar recordar este \u00faltimo incidente mientras esperaba con Tacho a fuera de un tendaj\u00f3n en Boca del R\u00edo. Betty, Evelia y Jacqueline estaban adentro, comprando ron, soda y cigarrillos para la nueva excursi\u00f3n a la casa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Aguardaban de pie sobre la calle que conduce al puente que se alza sobre el r\u00edo Jamapa, justo donde termina la ciudad de Boca del R\u00edo. Jorge miraba el puente; ah\u00ed, del otro lado, la carretera se divid\u00eda en una encrucijada: hacia la derecha se iba hacia Paso del Toro y la carretera antigua a C\u00f3rdoba; hacia la izquierda, se iba hacia Ant\u00f3n Lizardo. Para llegar a la casa del Diablo hab\u00eda que tomar al autob\u00fas a Ant\u00f3n Lizardo y pedir la parada nada m\u00e1s bajando el puente de El Estero. Hab\u00eda que tomar una brecha que rodeaba al r\u00edo y caminar unos 500 metros para llegar a la verja.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Jorge ten\u00eda asco. Ni siquiera tenia deseos de fumar, mucho menos de beber. Pensaba que era un error regresar a la casa, despu\u00e9s de lo que les hab\u00eda pasado el domingo anterior, cuando \u00e9l, Tacho y Jacqueline visitaron la casa por invitaci\u00f3n de Karla, una amiga en com\u00fan. Aquella vez llegaron mucho m\u00e1s tarde; eran casi las siete de la noche y debieron caminar por la brecha guiados por la lamparita de bolsillo que llevaba Tacho. Karla y sus amigos ya estaban adentro; pod\u00edan escuchar sus gritos y risas cuando cruzaron la verja. Entraron a la casa y comenzaron el recorrido para llegar al \u00faltimo piso. Los amigos de Karla se correteaban en la oscuridad; eran todos cadetes de la academia de Ant\u00f3n Lizardo; iban rapados y de civil pues era su d\u00eda de permiso. Jorge trataba de distinguir la barra en la oscuridad cuando sinti\u00f3 que alguien lo tomaba del cuello. Era uno de los cadetes; llevaba una m\u00e1scara de simio en el rostro y una pistola con la que apunt\u00f3 a Jorge.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los cadetes aullaron.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Qu\u00edtame esa cosa de la cara! \u2014grit\u00f3 Jorge. Le propin\u00f3 al cadete un derechazo que le desacomod\u00f3 la m\u00e1scara.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014 \u00a1Estamos jugando, pendejo, no tiene balas!\u2014 llorique\u00f3 este desde el suelo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Jorge hubiera querido matar al tipo e incluso pens\u00f3 en sacar la navaja que siempre llevaba consigo pues ya no era un boy scout sino un hombre de 22 a\u00f1os, desertor del bachillerato y veterano de las peleas callejeras. No le importaba que los cadetes fueran nueve y que tuvieran armas; eran unos maricas. \u00c9l y Tacho pod\u00edan con todos juntos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero antes de que pudiera hacerle alguna se\u00f1a a su amigo, Jacqueline ya estaba en medio de ellos, rogando que no se pelearan. Los cadetes bajaron al primer nivel y Jorge y su gente subieron a la azotea para mirar las luces de Boca del R\u00edo. Estuvieron un buen rato ah\u00ed, charlando, calm\u00e1ndose, y cuando al fin bajaron para irse de la casa, se encontraron con que los amigos de Karla a\u00fan no se hab\u00eda marchado. Estaban todos de pie junto al r\u00edo, como formados para pasar revista. Tacho les apunt\u00f3 con la linterna; estaban desencajados del susto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Karla sali\u00f3 de la oscuridad para reclamarle a Jorge:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014 \u00a1Co\u00f1o, Jorge, si tienes alg\u00fan pinche problema con mis amigos d\u00edselo en sus caras, pero no est\u00e9n con sus mamadas de aventarnos piedras desde ah\u00ed arriba!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El rostro peque\u00f1ito y agraciado de Karla se contra\u00eda en llanto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfDe qu\u00e9 hablas? \u00bfCu\u00e1les piedras?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1No te hagas pendejo, nos aventaron piedras desde esa ventana! \u00a1Fueron ustedes!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Con la mano se tapaba la oreja ensangrentada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;De nada sirvi\u00f3 que Jacqueline jurara por Dios que ellos no hab\u00edan sido; nadie quiso creerles. Y Jorge parti\u00f3 de la Casa del Diablo jurando que jam\u00e1s en su vida regresar\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero una semana despu\u00e9s ah\u00ed estaba. Y era como si la casa pareciera saberlo, como si el pueblo entero de Boca del R\u00edo supiera a d\u00f3nde se dirig\u00edan: del otro lado de la avenida, plantada en medio de la acera, una indigente los se\u00f1alaba al \u00e9l y a Tacho y chillaba:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014 \u00a1M\u00edrenlos, all\u00e1 van!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los cabellos le ca\u00edan en hilachas grasientas sobre el rostro. Re\u00eda mostrando una boca llena de agujeros negros.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2013Vete a la verga \u2014maldijo Tacho, visiblemente angustiado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero no dijo nada m\u00e1s.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Jorge lo mir\u00f3 con insistencia. Quer\u00eda que Tacho lo viera a los ojos y aceptara que aquello era una mala idea. \u00c9l hab\u00eda estado tambi\u00e9n la semana anterior, el sab\u00eda lo de los cadetes. Pero Tacho no dijo nada; hasta pareci\u00f3 ofendido cuando Jorge le sostuvo la mirada. El rostro flaco y ce\u00f1udo de Tacho era un reproche; parec\u00eda decirle en silencio: \u201cno digas nada o ser\u00e1 peor, de esas cosas nunca se habla\u201d.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1All\u00e1 van! \u2014aullaba la limosnera\u2014 \u00a1Pendejos!<\/p>\n<p>5<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No le dijeron nada a las chicas. No se opusieron a subir al autob\u00fas, a bajarse en la brecha de arena y conchas trituradas. Del lado derecho flu\u00eda el r\u00edo. Del lado izquierdo, se alzaba la mansi\u00f3n blanca. De la terrazas de la casa asomaban las cabezas de siete perros doberman que les ladraban y mostraban los colmillos. La verja de hierro estaba frente a ellos, abierta. El sol a\u00fan quemaba; eran pasadas las cinco de la tarde.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;(Jorge no par\u00f3 de beber mientras contaba su historia. Hablaba sin parar durante algunos minutos y se deten\u00eda s\u00f3lo el tiempo suficiente para vaciar la mitad del vaso; hac\u00eda gestos para no eructar frente a m\u00ed y luego reanudaba su relato. Yo a\u00fan no sab\u00eda qu\u00e9 pensar. No cre\u00eda \u2013como no creo ahora\u2013 en fantasmas, ni en aparecidos ni en \u201cmalas vibras\u201d, como la mayor parte de mis paisanos. Las \u00fanicas experiencia inexplicables que hab\u00eda tenido pertenec\u00edan todas a un periodo de mi vida en el que chup\u00e9 cartoncitos con \u00e1cido como si fueran mentas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El que Jorge llevara una playera roja con un ichtus cristiano en la espalda, me dijo muchas cosas sobre la naturaleza de su relato. Cre\u00eda, en aquel momento, saber hacia d\u00f3nde se dirig\u00eda. Todav\u00eda pasar\u00edan muchos meses antes de que me enterara de que Jorge era pr\u00f3fugo no s\u00f3lo de los scouts y del ej\u00e9rcito, sino de una iglesia evang\u00e9lica local y hasta de los mormones: ah\u00ed aprendi\u00f3 a leer la Biblia y a orar; o como \u00e9l dec\u00eda a \u201ca trabajar energ\u00eda contra energ\u00eda\u201d).<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A un lado de la reja crec\u00eda una mara\u00f1a apretada de monte. De aquel zacate cerrado, justo cuando se dispon\u00edan a cruzar el umbral, surgi\u00f3 un hombre joven que les cerr\u00f3 la reja en la cara.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No, aqu\u00ed no pueden pasar, esta es propiedad privada \u2014les dijo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Era un hombrecillo bajo, insignificante.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;(A\u00f1os despu\u00e9s, cada vez que hac\u00eda que Jorge repitiera la historia de la Casa del Diablo le ped\u00eda que abundara en la descripci\u00f3n de aquel misterioso vigilante. Jorge siempre dec\u00eda: \u201cT\u00fa puedes poner a diez hombres formados; si dices \u2018me voy a acordar de todos\u2019, te acuerdas de todos menos de \u00e9l. Un vato absolutamente com\u00fan\u201d).<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Oye, pero aqu\u00ed estuvimos la semana pasada, danos chance de pasar a ver \u2014rezong\u00f3 Jacqueline.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pero la semana pasada yo no estaba y ahora s\u00ed. Y aqu\u00ed yo digo que no pueden pasar \u2014respondi\u00f3 el vigilante.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las chicas le rogaron. Le ofrecieron 50 pesos de propina. El tipo meneaba la cabeza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No, al rato qui\u00e9n va a escuchar sus pinches gritos\u2026 \u2014dec\u00eda con una sonrisa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las chicas no parec\u00edan escuchar estas razones. Despu\u00e9s de veinte minutos de discusi\u00f3n, Jorge, a\u00fan mareado, apart\u00f3 a las chicas y se encar\u00f3 con el vigilante.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Mira, ni t\u00fa ni yo. Dej\u00e9moslo a la suerte \u2014le dijo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al tipo le brillaron los ojos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9 propones?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Vamos a echarnos un volado. Si cae \u00e1guila, pasamos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfY si cae sol?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Si cae sol t\u00fa decides si quieres que pasemos o no.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Jorge lanz\u00f3 la moneda. Cay\u00f3 sol.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pues t\u00fa dices \u2014le dijo Jorge al tipo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El vigilante solt\u00f3 una risita. Abri\u00f3 la reja y se apart\u00f3 del camino.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pues pasen. Total, yo aqu\u00ed no soy nadie\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y as\u00ed riendo quedito desapareci\u00f3 entre el monte. No volvieron a verlo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Jorge condujo al grupo a una terraza del \u00faltimo piso a la que consideraba segura, en parte porque colgaba fuera de la casa, junto a la ceiba par\u00e1sita. No quiso beber m\u00e1s que soda; sent\u00eda que deb\u00eda permanecer alerta, con la espalda apuntando a la ceiba y al r\u00edo y la mirada clavada en el portal que daba a la casa. Las chicas, en cambio, se bebieron el litro de brandy que hab\u00edan comprado, y para las nueve de la noche ya estaban ebrias y con ganas de jugar a la botella.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Jorge no lograba relajarse; sus amigas se lo reprochaban.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Jorge, quita esa cara, te toca a ti \u2014lo animaron.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Jorge hizo girar la botella. Le toc\u00f3 mandar a Betty. Le orden\u00f3 que bailara como stripper, aunque ni siquiera sent\u00eda deseos de verla mover las carnes. La chica subi\u00f3 a una de las bancas de la terraza y bail\u00f3 entre risas. Se dio la vuelta para alzarse la playera; lanz\u00f3 un grito y baj\u00f3 del banco de un salto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014 \u00a1Viene alguien, viene alguien!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Jorge se levant\u00f3 como resorte. Mir\u00f3 hacia la casa: una sombra atraves\u00f3 la ventana. Una sombra que no se sub\u00eda y bajaba como dando pasos sino que se deslizaba hacia el otro extremo del tercer piso. Una sombra lo bastante oscura como para sobresalir en la oscuridad de la casa vac\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cHacia la barra\u201d, pens\u00f3 Jorge en aquel momento. \u201cHacia la escalera escondida detr\u00e1s\u201d. Les orden\u00f3 a las chicas que se recostaran en el piso y a Tacho que aguardara junto al marco de la ventana. As\u00ed, con los pu\u00f1os apretados y el est\u00f3mago hecho un nudo, esper\u00f3 a que intruso hiciera su aparici\u00f3n en la terraza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pasaron unos diez minutos de tensi\u00f3n insoportable en los que s\u00f3lo se escucharon los susurros angustiados de las chicas y el rumor de los grillos y de las salamandras, ning\u00fan paso, ning\u00fan reclamo, nada. Evelia comenz\u00f3 a gemir, y eso los hizo salir del trance. Jorge orden\u00f3 la retirada. Todos se pusieron en pie, menos Evelia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Jorge, algo le pasa \u2014dijo Betty.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Evelia, acostada bocabajo sobre el piso de la terraza, jadeaba y se sacud\u00eda, como si riera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Evelia, d\u00e9jate de pendejadas y p\u00e1rate \u2014ladr\u00f3 Jorge.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La chica no obedeci\u00f3. Jorge la tom\u00f3 de los hombros y la sacudi\u00f3 con rudeza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Ey, p\u00e1rate ya!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tir\u00f3 del cuerpecillo de Evelia y le dio la vuelta. La chica abri\u00f3 los p\u00e1rpados.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Me estaban buscando? \u2014pregunt\u00f3. con voz \u00e1spera, cavernosa\u2014 Me estaban buscando, \u00bfverdad? \u00a1Pues aqu\u00ed estoy!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cYa no es ella\u201d, pens\u00f3 Jorge. \u201cEs otra madre\u201d.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se le erizaron los cabellos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014 D\u00e9jate de pendejadas, Evelia \u2014le orden\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La voz le sali\u00f3 m\u00e1s floja de lo que quer\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Evelia se deshizo de su abrazo. No permit\u00eda que nadie la tocara: lanzaba golpeas, patadas, escupitajos. A Betty, que se inclin\u00f3 para calmarla, le propin\u00f3 un taconazo en la cara, con tanta fuerza que la chica sali\u00f3 despedida contra el barandal de la terraza. Jorge, con ayuda de Tacho, volvi\u00f3 a cogerla.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No, su\u00e9ltenme, ya estoy bien \u2014dec\u00eda, entre sollozos\u2014. Vamos a seguir jugando.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero aquella mirada no enga\u00f1aba a Jorge.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No, ni madres. T\u00fa no est\u00e1s bien, t\u00fa no eres t\u00fa\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La cargaron entre los dos y entraron a la casa. Sin m\u00e1s ayuda que la de sus pupilas inflamadas hallaron la salida. Betty y Jacqueline gimoteaban, prendidas de la camisa de Jorge.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfPensaron que pod\u00edan quedarse? \u2014re\u00eda Evelia, entre sollozos\u2014 Pues aqu\u00ed se van a quedar todos. Y a ella me la voy a llevar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Llegaron a la verja. Evelia, que en ning\u00fan momento dej\u00f3 de removerse como una culebra, se escurri\u00f3 entre sus brazos y cay\u00f3 al suelo. Con las puras manos comenz\u00f3 a arrastrarse por la tierra, como paralizada de la cintura para abajo, hacia el umbral de la casa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cSi se mete, yo no la voy a sacar\u201d, pens\u00f3 Jorge con espanto. \u201cY si yo no la saco, nadie lo har\u00e1\u201d. Se arroj\u00f3 sobre ella y la mont\u00f3, a pocos metros de la entrada de la planta baja. Le dio la vuelta y la golpe\u00f3 en el rostro con la mano abierta, como hubiera hecho con un var\u00f3n m\u00e1s joven que \u00e9l, para despreciarlo. Evelia ri\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfT\u00fa crees que me pegas a m\u00ed? \u00bfT\u00fa crees que me est\u00e1s lastimando?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1C\u00e1llate! \u2014grit\u00f3 Jorge.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La cara de Evelia estaba roja por los pu\u00f1etazos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Jorge, no me pegues, soy yo! \u2014gritaba, segundos despu\u00e9s\u2014 Soy yo, ya regres\u00e9.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Jorge la abraz\u00f3 muy fuerte. Pens\u00f3 que el peligro hab\u00eda pasado.<\/p>\n<p>6<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A\u00f1os despu\u00e9s Jorge me cont\u00f3 c\u00f3mo le hab\u00edan hecho para regresar a Boca del R\u00edo, c\u00f3mo terminaron aporreando las puertas de la iglesia de Santa Ana, con una Evelia que pasaba del llanto a la risa en ciclos de medio minuto. Aquella noche, la primera vez que escuch\u00e9 la historia, la primera vez que salimos, Jorge s\u00f3lo dijo que hab\u00edan conseguido un avent\u00f3n que por casualidad termin\u00f3 justo en el atrio de la parroquia de Boca del R\u00edo. No dijo nada del tiempo que permanecieron, \u00e9l y Tacho y las chicas, inm\u00f3viles bajo una de las farolas de la brecha, incapaces de hallar en la oscuridad las luces de la carretera, temerosos de estar regresando a la casa maldita en vez de escapar de ella. Tampoco habl\u00f3 de los versos que empez\u00f3 a recitar, partes de salmos aprendidos de memoria que hicieron que Evelia redoblara sus bramidos y sus esfuerzos por liberarse: \u201cGu\u00e1rdame, oh Dios, porque en ti he confiado; oh, alma m\u00eda, dijiste a Jehov\u00e1, t\u00fa eres mi Se\u00f1or\u201d. La chica vomitaba de furia mientras Jorge oraba. La decisi\u00f3n de presentar a Evelia ante el cura de Santa Ana hab\u00eda sido suya; Jorge no lo confesar\u00eda sino muchos a\u00f1os despu\u00e9s, bajo la presi\u00f3n de mis preguntas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Regresaron al centro de Boca del R\u00edo a bordo de una Caribe. Tuvieron que sentarse sobre Evelia para mantenerla dentro del auto; se revolv\u00eda como un felino. El conductor de la Caribe los dej\u00f3 frente al atrio de Santa Ana. Jorge corri\u00f3 hasta la sacrist\u00eda y aporreo la puerta. Una mujer gorda la abri\u00f3 y les pregunt\u00f3 que deseaban. Jorge le se\u00f1al\u00f3 a Evelia, que yac\u00eda sollozante sobre el regazo de Betty, las dos sentadas en la acera. La mujer desapareci\u00f3. El cura sali\u00f3 en su lugar; iba de bermudas y chanclas. Tacho y Jorge se le explicaron lo que hab\u00eda sucedido en el interior de la casa. El sacerdote sali\u00f3 al atrio y mir\u00f3 de cerca de Evelia. Le apart\u00f3 los cabellos mojados de la cara; la chica gru\u00f1\u00f3 y se sacudi\u00f3 bajo su contacto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014 No, muchachos, esta ni\u00f1a se pas\u00f3 de pastillas \u2014concluy\u00f3 el cura\u2014. Y adem\u00e1s apesta mucho a alcohol. O se meti\u00f3 alg\u00fan estupefaciente o tiene un brote de esquizofrenia. Mejor ll\u00e9venla a la Cruz Roja.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se volvi\u00f3 a la sacrist\u00eda y les cerr\u00f3 la puerta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;(\u2014Eso, un caso de histeria, de sugesti\u00f3n\u2026 \u2014lo interrump\u00ed, aquella primera vez, incapaz de contenerme.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Jorge acept\u00f3 que tambi\u00e9n \u00e9l lo pens\u00f3. Lo que no entend\u00eda era que el sacerdote se lavara las manos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfSabes? Por primera vez entend\u00ed ese tipo de pel\u00edculas en donde hacen el efecto \u00e9se de que todo se te viene encima. Me sent\u00eda en un mundo diferente; la gente que pasaba se nos quedaba mirando, como si fu\u00e9ramos un espect\u00e1culo.)<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No eran ni las once de la noche.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un hombre se les acerc\u00f3. Era un taxista.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Oigan, yo los estoy viendo desde hace rato, \u00bfqu\u00e9 le pasa a la muchacha?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los chicos le contaron.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Yo conozco un curandero, y es bueno. S\u00ed quieren vamos, es aqu\u00ed en El Morro \u2014propuso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Como era a menos de 10 minutos de ah\u00ed, decidieron subirse al auto. Treparon por una colina hasta llegar a un terreno bardeado. En medio yac\u00eda una casa levantada con torpeza pero bien pintada. Bajaron a tocar, pero no hab\u00eda nadie.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Qu\u00e9 raro, este vato siempre est\u00e1 a esta hora\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El taxista detuvo a un colega y entabl\u00f3 pl\u00e1tica con \u00e9l. Los dos miraban en direcci\u00f3n a Evelia, que se revolcaba sobre la arena de la cuneta. El segundo taxista se baj\u00f3 de su auto y se acerc\u00f3 a ellos. Era un hombre barrig\u00f3n, lleno de canas, con cara de poca paciencia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014 Oye, chamaca \u2014la llam\u00f3. Se inclin\u00f3 sobre ella y comenz\u00f3 a abofetearla\u2014 \u00bfTe gustan los chochos, verdad? \u00bfTe gusta meterte tu <em>thinner<\/em>, ponerte hasta la madre? \u2014apret\u00f3 la barbilla de Evelia hasta hacerla ense\u00f1ar los dientes?. Ya d\u00e9jate de pendejadas y p\u00e1rate\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Evelia abri\u00f3 los ojos y comenz\u00f3 a re\u00edr.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Adivina qui\u00e9n est\u00e1 aqu\u00ed conmigo! \u2014le dijo al taxista \u2014\u00a1La puta de Mar\u00eda Esperanza!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El rostro cobrizo del taxista se torn\u00f3 verde. Dio tres pasos para atr\u00e1s, confundido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1T\u00fa sabes de qui\u00e9n estoy hablando, t\u00fa sabes que est\u00e1 aqu\u00ed conmigo, YO ME LA ESTOY CHINGANDO!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Jorge estaba a dos metros de la escena. Vio c\u00f3mo el hombre corri\u00f3 hasta su taxi, desenvolvi\u00f3 algo del espejo retrovisor y le hizo se\u00f1as a Jorge.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u00bfPor qu\u00e9 a m\u00ed?\u201d pens\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Algo dentro de \u00e9l le respond\u00eda: \u201cT\u00fa sab\u00edas y no dijiste nada. Si algo le pasa a esta chamaca ser\u00e1 tu culpa\u201d.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Esa ni\u00f1a est\u00e1 muy mal. Ll\u00e9venla a un lugar porque se te va a ir \u2014le entreg\u00f3 a Jorge un rosario\u2014. Qu\u00e9 Dios los bendiga. Yo no los puedo seguir.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Fue el primer taxista el que le explic\u00f3 a Jorge que Mar\u00eda Esperanza era el nombre de la madre del segundo taxista, viejo conocido suyo. Hac\u00eda pocas semanas que la se\u00f1ora hab\u00eda muerto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;(\u2014Eso est\u00e1 muy cabr\u00f3n \u2014le dije a Jorge.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Son de las cosas que a\u00fan no me explico.)<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El taxista tambi\u00e9n les dijo que conoc\u00eda a otra curandera, pero que hab\u00eda que atravesar todo Veracruz pues esta viv\u00eda detr\u00e1s de la Iglesia de la Guadalupana, all\u00e1 por Revillagigedo, m\u00e1s all\u00e1 de las v\u00edas del tren. Se ofreci\u00f3 a llevarlos sin cobrarles ni un peso. Aceptaron.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En el camino perdieron a Betty: cuando pasaban junto a la unidad habitacional de El Morro, ella le pidi\u00f3 al chofer que se detuviera. Cruz\u00f3 el boulevard, se meti\u00f3 a una casa \u2013Jorge supuso que era la de su familia; se dio cuenta de que no sab\u00eda d\u00f3nde viv\u00eda su amiga\u2013 y sali\u00f3 con un libro en la mano.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Mi mam\u00e1 no me dej\u00f3 ir \u2014dijo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le dio el libro a Jorge. Era una Biblia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Dice que te d\u00e9 esto. No s\u00e9 para qu\u00e9 te sirva, pero te lo doy.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tardaron una hora en atravesar la ciudad hasta aquel barrio de casitas de un nivel y enormes baches en las calles. El taxi se detuvo frente a la modesta entrada de una vecindad. Una mujer esperaba afuera. Cuando el auto se detuvo, les abri\u00f3 la puerta. Ten\u00eda un rostro amable, regordete; llevaba el cabello muy corto y te\u00f1ido de rubio y no aparentaba tener m\u00e1s de 30 a\u00f1os.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Bienvenidos, muchachos. Los est\u00e1bamos esperando\u2014 fue lo primero que dijo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Condujo al grupo hacia el interior de una vecindad. El suelo del patio era de tierra; en el centro se levantaba una casucha de madera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Es la casa de la curandera. Yo soy la clarividente \u2014explic\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hizo pasar al taxista con Evelia en brazos al interior de la caba\u00f1a. Al resto los form\u00f3 en el umbral.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014T\u00fa pasas\u2014le dijo a Jorge. Se volvi\u00f3 luego hacia Tacho y Jacqueline\u2014. Ustedes no. T\u00fa lo traes en la espalda, y la ni\u00f1a en la pierna. Se quedan afuera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Jorge record\u00f3 que Tacho ten\u00eda una g\u00e1rgola tatuada en el hombro, y Jacqueline, una serpiente enroscada en el tobillo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;(\u2014Pero, \u00bfc\u00f3mo supo? \u2014volv\u00ed a interrumpirlo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Jorge no me hizo caso y sigui\u00f3 con el relato).<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El interior de la casa de madera estaba lleno de velas. Sobre una de las paredes colgaban tres retratos: al centro, el de Cristo vestido de t\u00fanica blanca, sin corona de espinas, sonriente y relajado como si posara para una foto. Lo rodeaban las im\u00e1genes de una mujer hermosa, que Jorge crey\u00f3 era la Virgen, y de un catr\u00edn de mirada enigm\u00e1tica y piel clara que llevaba patillas y bigotito.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La curandera era una mujer madura, de piel muy oscura y cabello gris suelto hasta las caderas. Tan pronto entr\u00f3 al lugar, orden\u00f3 que sentaran a Evelia en un sill\u00f3n colocado en medio de la estancia y que fueran Jorge y el taxista quienes la sujetaran de los brazos. La mujer tom\u00f3 un ramos de yerbas de una mesa y comenz\u00f3 a azotar con ellos el cuerpo de Evelia, mientras invocaba una retah\u00edla de santos cat\u00f3licos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Evelia, mientras tanto, hac\u00eda lo suyo: aullaba y bramaba y maldec\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La curandera tom\u00f3 un huevo y se lo pas\u00f3 a la chica por las sienes; se revent\u00f3 cuando toc\u00f3 la piel sudorosa. Un segundo huevo corri\u00f3 la misma suerte. La curandera tom\u00f3 un lim\u00f3n y unas tijeras; ray\u00f3 una cruz sobre el lim\u00f3n y se lo unt\u00f3 a Evelia por el cuerpo. El fruto qued\u00f3 amarillo, con manchas marrones, como si se hubiera podrido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Para entonces, Evelia se sacud\u00eda tan fuerte que Jorge tuvo que hacer un esfuerzo para impedir que el cuerpecillo de su amiga se levantara del asiento. Ya no re\u00eda ni lloraba; mostraba los dientes y las enc\u00edas negras e intentaba morder a Jorge y al taxista, a la propia curandera. Las venas y tendones de su cuello parec\u00edan cables a punto de reventar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Me estaban buscando! \u00a1Ella me andaba buscando y aqu\u00ed estoy! \u2014repet\u00eda, enfurecida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La curandera ba\u00f1\u00f3 a Evelia con agua bendita. La chica chill\u00f3 como si la estuviesen acuchillando.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Sal, esp\u00edritu impuro, en nombre del se\u00f1or Jesucristo, en nombre de Su Bautizo, en nombre de Su Crucifixi\u00f3n, en nombre de Su Resurecci\u00f3n!\u2014 dec\u00eda la curandera. Eran las \u00fanicas palabras, en la retah\u00edla de aullidos que se escuchaban, que Jorge comprend\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Ella me llam\u00f3, ello me fue a buscar! \u00a1ESTA PERRA ES M\u00cdA!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las llamas de las veladoras, cientos de ellas sobre la paredes, chisporrotearon a cada palabra. Cada vez que Evelia gritaba las mechas de las velas tronaban y desped\u00edan chispas, como si las hubieran espolvoreado con p\u00f3lvora.<\/p>\n<p>7<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;(A\u00f1os despu\u00e9s, cuando Jorge y yo ya viv\u00edamos juntos, le ped\u00ed que me contara de nuevo \u2013para entonces yo ya hab\u00eda la hab\u00eda escuchado por lo menos 6 veces\u2013 la historia de la Casa del Diablo. Compramos cervezas y nos tendimos en los diminutos sof\u00e1s que pose\u00edamos. Dos de las cuatro paredes de la sala ten\u00edan grandes ventanales; con las luces encendidas s\u00f3lo pod\u00edamos ver el reflejo de nuestros propios rostros y no la oscuridad de la noche, lo que resultaba algo inquietante.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfY nunca pensaste que todo pod\u00eda ser un truco? Las velas pueden tener basura, pusieron haberles echado algo\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Y el lim\u00f3n a lo mejor yo me lo imagin\u00e9 verde, o ella lo cambi\u00f3, lo s\u00e9\u2026 Pero hubo m\u00e1s cosas\u2026 \u00bfC\u00f3mo supo Evelia lo del taxista? \u00bfC\u00f3mo entre todos apenas pod\u00edamos sostenerla, si la chamaca no pensaba m\u00e1s de cuarenta kilos\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014La fuerza de los dementes\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfY la luz que se iba y regresaba?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Alguien pudo haberla controlado desde afuera\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Jorge sacudi\u00f3 la cabeza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfSabes qu\u00e9 sent\u00eda durante el ritual? Se me figuraba que la curandera era como un ingeniero en sistemas, como el cuate al que llamas todo hist\u00e9rico porque tu m\u00e1quina tron\u00f3 y \u00e9l te dice: \u201cOk, \u00bfya se fij\u00f3 que la m\u00e1quina est\u00e1 conectada?\u201d. O sea, empez\u00f3 desde cero: la albahaca, los huevos y de ah\u00ed fue subiendo. Hasta sus rezos iban volvi\u00e9ndose m\u00e1s intensos; despu\u00e9s de un rato hablaba en lenguas que yo no pod\u00eda entender\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Glosolalia \u2014dije, apelando a mi \u00f1o\u00f1ez\u00a0y los libros de psiquiatr\u00eda y antropolog\u00eda que tuve que leer para tratar de entender aquella historia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Como sea. \u00bfY la lluvia del principio? \u00bfY la loca? \u00bfY la cosa de las escaleras? \u00bfY el tipejo de la reja? \u00bfC\u00f3mo explicas eso?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Me di cuenta que se hab\u00eda molestado, por lo que guard\u00e9 silencio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Cuando estaba ah\u00ed adentro, agarrando a Evelia, de lo \u00faltimo que me acuerdo es del fuego: la curandera se puso a dar vueltas alrededor de nosotros, como si bailara, y de pronto avent\u00f3 algo al suelo y quedamos encerrados en un c\u00edrculo de fuego, un c\u00edrculo con llamas que me llegaban a la cadera. La curandera salt\u00f3 sobre las flamas y se fue derechito hacia Evelia, la agarr\u00f3 de los pelos y se puso a gritarle en la cara. Parec\u00eda que quer\u00eda com\u00e9rsela\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pero, \u00bfqu\u00e9 pensabas?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Yo estaba en el shock de la realidad. Eso es lo peor, cuando tus ideas empiezan a claudicar y esa madre, esa cosa que no entiendes, te empieza a invadir. Porque si t\u00fa claudicas, esa madre te invade, no queda un vac\u00edo. Esa madre viene y tu la aceptas como real.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No entiendo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Era una lucha constante entre la raz\u00f3n y lo que estaba viendo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le pregunt\u00e9 por Evelia, sobre c\u00f3mo luc\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Si yo pudiera llevar toda esta madre a una pel\u00edcula \u2014me dijo\u2014, se acercar\u00eda mucho m\u00e1s a \u201cEl exorcismo de Emily Rose\u201d que a \u201cEl exorcista\u201d: los gritos, las caras, las voces, los ojos as\u00ed como si se hubiera metido diez tachas\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfC\u00f3mo se llamaba el demonio? \u2014le pregunt\u00e9.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Para realizar un exorcismo, es necesario conocer el nombre de la entidad que domina a la v\u00edctima. Es un dato clave que manejan la literatura del tema, tanto el Ritual Romano cat\u00f3lico como los grimorios medievales que instru\u00edan en la invocaci\u00f3n del demonio. Sin nombre no hay contrato.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ahora no \u2014me dijo, con el rostro serio\u2014. Te lo digo despu\u00e9s, cuando no estemos chupando).<\/p>\n<p>8<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Despu\u00e9s del espect\u00e1culo del fuego, Jorge aprovech\u00f3 que la curandera sal\u00eda del cuarto para escapar de la caba\u00f1a. Vomit\u00f3 en el patio, pura bilis. Los focos de la vecindad se prend\u00edan y apagaban como si la instalaci\u00f3n el\u00e9ctrica sufriera altibajos de corriente. Tacho y Jacqueline segu\u00edan ah\u00ed. Betty hab\u00eda llegado con su madre. Era la una de la ma\u00f1ana.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014La clarividente ha estado llame y llame a otras gu\u00edas de Catemaco y de San Andr\u00e9s, para que ayuden desde all\u00e1\u2014 le explic\u00f3 Tacho.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tacho sab\u00eda qu\u00e9 era una \u201cgu\u00eda\u201d. Su madre, do\u00f1a Ana, era asidua de los rituales de sanaci\u00f3n que se llevaban a cabo en varias partes del puerto; en ellos se liberaba al \u201cpaciente\u201d de las \u201cmalas vibras\u201d que circulaban en la atm\u00f3sfera del puerto, o de los \u201ctrabajos\u201d que brujos sin escr\u00fapulos aceptaban hacer, pagados por los enemigos de la v\u00edctima. Estos rituales eran \u2013y son a\u00fan\u2013 tan populares entre los veracruzanos que incluso el catolicismo\u00a0debe ofertar regularmente \u201cmisas de sanaci\u00f3n y liberaci\u00f3n\u201d (apoyadas por la corriente Renovaci\u00f3n Carism\u00e1tica del Esp\u00edritu Santo) para no perder feligreses.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfYa le hablaron a los pap\u00e1s de Evelia? \u2014pregunt\u00f3 Jorge, cuando al fin logr\u00f3 respirar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ya vienen en camino.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A pocos metros, la curandera, la clarividente y un peque\u00f1o grupo de mujeres discut\u00edan el \u201ctratamiento\u201d.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfYa la limpiaste?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ya, y nada \u2014dijo la curandera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfEl c\u00edrculo de fuego?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ya.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfYa dijo su nombre?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Es muy fuerte, no se quiere ir. Ya amenaz\u00f3 que a las cuatro con dos se la lleva.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Entonces no queda de otra m\u00e1s que mandarlo a llamar \u2014dijo la clarividente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Yo lo hago \u2014respondi\u00f3 la curandera\u2014. Me debe favores.<\/p>\n<p>9<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Jorge ya no quiso entrar a la caba\u00f1a cuando la curandera regres\u00f3. Lo mir\u00f3 todo desde el umbral: c\u00f3mo las se\u00f1oras desnudaron a Evelia y le pusieron una bata alba; c\u00f3mo azotaron el cuerpo de la curandera con manojos de yerba. Mientras todas rezaban, la curandera comenz\u00f3 a mecerse sobre los pies; eruct\u00f3 ruidosamente y luego cay\u00f3 desmayada. Las mujeres se aprestaron a socorrerla. Antes de que terminaran de tomarla de los brazos, la curandera ya estaba de pie, movi\u00e9ndose por todo el cuarto. La energ\u00eda que la animaba era claramente distinta, masculina.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Muy buenas noches tengan todos ustedes! \u2014salud\u00f3, con voz profunda, los ojos en blanco\u2014. Mi nombre es Yan Gardec y estoy aqu\u00ed para ayudar a esta hermanita.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se volvi\u00f3 para contemplar\u00a0a Evelia sobre el sof\u00e1, para se\u00f1alarla con el \u00edndice<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Yo a ti te conozco.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Evelia ladr\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014T\u00fa y yo nos hemos batido muchas veces \u2014continu\u00f3 la curandera\u2014. Es hora de que dejes a esta muchacha.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Ella me estaba buscando! \u2014chill\u00f3 Evelia\u2014 \u00a1Hace mucho que ella me estaba llamando! \u00a1Me la voy a llevar!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1No, ella no te pertenece! \u00a1Ella es de Dios! \u00a1M\u00e1rchate y no regreses!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1No me ir\u00e9 sin las manos vac\u00edas!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yan Gardec se cruz\u00f3 de brazos. Se retorci\u00f3 los invisibles bigotes entre los dedos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Algo haz de querer a cambio. Pide\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Evelia mord\u00eda el aire.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9 tal un cabro?\u00a0\u2014suger\u00eda la curandera, condescendiente-.\u00a0\u00bfQu\u00e9 tal un cabro todo bien negrito\u2026?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Fue entonces cuando Evelia, o lo que moraba en Evelia, comenz\u00f3 a dar las instrucciones de lo que quer\u00eda. Jorge ya no quiso quedarse a escuchar. Sali\u00f3 de la vecindad, a la calle. Mor\u00eda por un cigarrillo, por sentir el est\u00f3mago lleno de otra cosa que no fuera pavor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un taxi se detuvo junto a \u00e9l. De \u00e9l baj\u00f3 do\u00f1a Ana, la madre de Tacho.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Jorge suspir\u00f3 aliviado. Era bueno ver un rostro conocido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero do\u00f1a Ana no lo salud\u00f3; lo hizo retroceder hasta la pared s\u00f3lo con su mirada rabiosa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ya ven, por andar de pendejos, se lo toparon de frente.<\/p>\n<p>10<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;(Otro d\u00eda, en el a\u00f1o 2010, fuimos a buscar la dichosa vecindad donde hab\u00eda tendio lugar el exorcismo. Enfilamos rumbo a la Iglesia de La Guadalupana, y tras mucho preguntar, dimos con la vecindad. Ni la choza ni la curandera estaban. Tampoco la clarividente. Los vecinos nos dieron indicaciones vagas del nuevo domicilio de lo que ellos llamaron \u201cel templo\u201d.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yo hab\u00eda le\u00eddo bastante sobre espiritistas, espiritualistas y trinitarios marianos en Veracruz. Era un tema que me interesaba por la cantidad de gente en Veracruz que daba por cierto en el poder de los esp\u00edritus, y no tanto porque yo misma participara de esas creencias. Hasta cierto punto, las consideraba parte de la idiosincrasia del jarocho .<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Jorge, ese tal \u201cYan Gardec\u201d, \u00bfno ser\u00eda Allan Kardec?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le cont\u00e9, de regreso a casa, que Kardec fue un franc\u00e9s fundador de la doctrina espiritista en el siglo XIX. Que en el Archivo Hist\u00f3rico en donde hice mi servicio social ten\u00edan sus dos primeras obras: <em>El libro de los esp\u00edritus<\/em> y <em>El libro de los medios<\/em>.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ya en casa, emocionada por esa posible re-elaboraci\u00f3n simb\u00f3lica, le mostr\u00e9 en la computadora un supuesto retrato de Kardec. Le pregunt\u00e9 sino era el mismo que colgaba de la pared de la curandera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Jorge la mir\u00f3 un rato.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Puede ser \u2014dijo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le pregunt\u00e9 de nuevo por el nombre del demonio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;De nuevo se hizo el tonto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yo hab\u00eda transcrito en una hoja de mi cuaderno de notas los nombres de los demonios que aparecen en el <em>Grand grimoire<\/em>, un libro de encantamientos del siglo XVIII, conocido tambi\u00e9n como el Gran Grimorio. Este texto, al igual que los supuestos op\u00fasculos de San Cipriano, San Honorio, el propio Salom\u00f3n y Merl\u00edn el Mago, presentan claves y f\u00f3rmulas m\u00e1gicas para, entre otras cosas, invocar demonios, hablar con los muertos, ganar la loter\u00eda, hacer que alguien baile desnudo ante uno, fabricar pegamento para porcelana, etc.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le mostr\u00e9 la p\u00e1gina con los nombres demon\u00edacos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ese \u2014dijo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No quiso pronunciar el nombre: Satanachia, el gran general de los infiernos, mano derecha de Lucifer, jefe de Pruslas, Aam\u00f3n y Barbatos. Su poder, seg\u00fan el documento, es el de volver joven o viejo a quien sea, pero tambi\u00e9n el de subyugar a toda ni\u00f1a o mujer para hacer lo que \u00e9l quiere.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;D\u00edas despu\u00e9s, el mismo a\u00f1o, fuimos a buscar a Tacho y do\u00f1a Ana. Ninguno de los dos quiso hablar. Nos contaron que Evelia se hab\u00eda casado con un muchacho del barrio al que apodaban El Sapo, famoso porque so\u00f1aba a los que iban a morir.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No me extra\u00f1a que no quiera hablar \u2014dijo Jorge, para excusar el trato tosco que Tacho nos dio durante la visita?. Est\u00e1 cabr\u00f3n ver al diablo. Todos lo vimos).<\/p>\n<p>11<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Durante los meses que siguieron al horror de la casa del Estero, Jorge evit\u00f3 a sus amigos. No fue algo deliberado; simplemente comenz\u00f3 a frecuentar otros c\u00edrculos, a pasar m\u00e1s tiempo en casa de la abuela.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Despu\u00e9s supo, por Jacqueline, que los padres de Evelia llegaron despu\u00e9s de que todos se hubieran marchado, y que se negaron a creer lo que la curandera les cont\u00f3 sobre su hija. Pensaron que quer\u00eda sacarles dinero a la fuerza: 5 mil pesos que la curandera pidi\u00f3 para poder completar el ritual de liberaci\u00f3n, que inclu\u00eda el sacrificio de un chivo. Seg\u00fan Jacqueline, Evelia estuvo bien unos meses y luego, un d\u00eda de repente, se encerr\u00f3 en su cuarto y se neg\u00f3 a salir. Atacaba a sus padres, se defecaba encima, se hac\u00eda da\u00f1o con las paredes y las cosas que romp\u00eda. Los padres la llevaron con m\u00e9dicos y psiquiatras. Uno de ellos incluso les sugiri\u00f3 que internaran a su hija en una cl\u00ednica mental.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tiempo m\u00e1s tarde, esta vez por boca de Betty, Jorge se enter\u00f3 de que al final, desesperados por no poder curar a Evelia, los padres de la chica cedieron a la presi\u00f3n de familiares y vecinos que insist\u00edan en que deb\u00edan llevarla a las misas de liberaci\u00f3n de Puentejula, un poblado ubicado a pocos kil\u00f3metros del puerto de Veracruz. El pueblo, de no m\u00e1s de 3 mil habitantes, era famoso por los exorcismos realizados por el padre Casto Sim\u00f3n. Estos ten\u00edan \u2013y a\u00fan tienen\u2013 lugar todos los viernes a las tres de la tarde; se oficia en lat\u00edn y arameo y su colof\u00f3n consiste en un ritual de expulsi\u00f3n demoniaca que dura varias horas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Seg\u00fan Betty, Evelia era siempre la primera de todos los endemoniados en caer al suelo de la parroquia de Puentejula. Pronto fue obvio para los oficiantes que la chica requer\u00eda un exorcismo especial, al que finalmente accedieron los angustiados padres.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;? Dicen que amarraron a Evelia junto con un puerco al borde de una barranca, all\u00e1 por Rinconada, y empezaron el exorcismo, confes\u00f3 Betty, aquella \u00faltima vez en que se vieron. En alg\u00fan momento el demonio se sali\u00f3 de ella, se meti\u00f3 al marrano y entre todos los que estaban ah\u00ed lo aventaron al vac\u00edo.<\/p>\n<p>12<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Aquella primera cita nos marchamos del bar cuando Jorge termin\u00f3 su extra\u00f1a historia. Caminamos juntos hasta mi casa; yo, pegada a la pared, \u00e9l junto a la acera; no hab\u00eda conocido antes a un chico que insistiera tanto en que camin\u00e1ramos de aquella manera. Yo estaba intrigada y algo ebria. Jorge segu\u00eda hablando.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfCu\u00e1l es tu filosof\u00eda de vida? \u2014me pregunt\u00f3, a espetaperros.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Si hubiera tenido la edad que tengo ahora (30 a\u00f1os al momento de escribir esto; justo la edad que \u00e9l ten\u00eda entonces) me hubiera partido de risa. Pero s\u00f3lo ten\u00eda 24. Fui sincera cuando dije, con culpa:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No tengo ni puta idea.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Quise entonces preguntarle algo que hab\u00eda estado pensando toda lo noche.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfNeta realmente crees en el diablo?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No te puedo decir que no exista? \u2014me dijo. Comenzaba a llover de nuevo\u2014. Ser\u00eda muy ego\u00edsta decirte que no: vivimos en un universo vast\u00edsimo, manejado por energ\u00edas incomprensibles, inconmensurables. Nosotros los humanos somos unas micromierdas en medio de este universo, no somos nada. Lo que sabemos no se compara a todo lo que nos falta por conocer, todo lo que no podemos controlar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En aquel momento no entend\u00ed que Jorge habitaba un mundo distinto del m\u00edo; estaba, supongo, m\u00e1s ocupada en enviarle las se\u00f1ales correctas para que me besara. Lo comprend\u00ed despu\u00e9s, cuando ya era tarde, cuando las diferencias entre nosotros fueron demasiado grandes y dolorosas como para negarlas; cuando \u00e9l se fue y yo me qued\u00e9 sola, con la mitad de las cosas que hab\u00edamos comprado juntos, y el perro y el gato, y una novela que entonces no era una decena de cuartillas emborronadas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero aquella noche de mayo yo ignoraba todo eso. Aquella noche de mayo nos llovi\u00f3 encima y Jorge termin\u00f3 por llevarme en taxi a casa. Antes de abrir la puerta nos abrazamos, sin besos, s\u00f3lo con las ganas, y nos dijimos buenas noches.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Fue as\u00ed como conoc\u00ed a mi primer marido. Fue as\u00ed como me enamor\u00e9 de las historias que contaba.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento sin ficci\u00f3n (o una cr\u00f3nica de terror) de la mexicana Fernanda Melchor (1982).<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":15094,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"La casa del Estero","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[3323,1324,22,2343,185,198,3227,3322,1026,359,3299],"class_list":["post-15093","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-aqui-no-es-miami","tag-cronica","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritoras","tag-escritores-mexicanos","tag-fernanda-melchor","tag-la-casa-del-estero","tag-literatura-de-horror","tag-literatura-de-terror","tag-no-ficcion"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/melchor.png","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-3Vr","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15093","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15093"}],"version-history":[{"count":10,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15093\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16035,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15093\/revisions\/16035"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/15094"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15093"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15093"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15093"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}