{"id":15087,"date":"2019-11-17T16:59:37","date_gmt":"2019-11-17T22:59:37","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=15087"},"modified":"2019-11-17T16:59:37","modified_gmt":"2019-11-17T22:59:37","slug":"la-vida-no-es-un-abismo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/la-vida-no-es-un-abismo\/","title":{"rendered":"La vida no es un abismo"},"content":{"rendered":"<p>Este es un cuento de la escritora estadounidense <a href=\"https:\/\/en.wikipedia.org\/wiki\/Jean_Stafford\">Jean Stafford<\/a> (1915-1979). Las biograf\u00edas disponibles en l\u00ednea se concentran mucho en sus matrimonios, un accidente grave que sufri\u00f3 y los problemas de alcoholismo y depresi\u00f3n que marcaron buena parte de su vida activa, al tiempo que se ganaba una reputaci\u00f3n de gran cuentista, vinculada \u2013igual que J. D. Salinger y otros grandes narradores de su tiempo\u2013 a revistas como <em>The New Yorker<\/em>. Lo que esos textos suelen omitir es las <em>causas<\/em> de su reputaci\u00f3n: Stafford era una narradora con una enorme capacidad de observaci\u00f3n y la facultad de sintetizar numerosas impresiones e implicaciones en pocas frases, y sus argumentos \u2013aunque pertenecientes a la tradici\u00f3n estadounidense de las historias contemplativas en las que apenas pasa nada\u2013 se las arreglan siempre para introducir sorpresas y poner en problemas las expectativas de quienes la leen.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<a href=\"https:\/\/www.jstor.org\/stable\/27538154?seq=1\/subjects\">\u201cLife is no Abyss\u201d<\/a> se public\u00f3 en <em>The Sewanee Review<\/em> en 1952. La traducci\u00f3n que se reproduce aqu\u00ed fue hecha por Ana Crespo para <a href=\"http:\/\/www.sajalineditores.com\/?p=autor&#038;a=32\">una antolog\u00eda<\/a> en espa\u00f1ol de los cuentos de Stafford. Una sola nota: Mary Baker Eddy (1821-1910), a quien se menciona en el texto en relaci\u00f3n con fraudes y esoterismo, fue la fundadora de un culto religioso conocido (pese a ser <em>anti<\/em>cient\u00edfico) como Ciencia Cristiana. <\/p>\n<figure id=\"attachment_15088\" aria-describedby=\"caption-attachment-15088\" style=\"width: 1024px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/jean_stafford.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"15088\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/la-vida-no-es-un-abismo\/author-jean-stafford-portrait\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/jean_stafford.jpg\" data-orig-size=\"1440,907\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;AP1945&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;Author Jean Stafford  Portrait&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}\" data-image-title=\"Jean Stafford\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"&lt;p&gt;Jean Stafford&lt;\/p&gt;\n\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/jean_stafford-1024x645.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/jean_stafford-1024x645.jpg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"645\" class=\"size-large wp-image-15088\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/jean_stafford-1024x645.jpg 1024w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/jean_stafford-300x189.jpg 300w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/jean_stafford.jpg 1440w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-15088\" class=\"wp-caption-text\">Jean Stafford<\/figcaption><\/figure>\n<p><strong>LA VIDA NO ES UN ABISMO<br \/>\nJean Stafford<\/strong><\/p>\n<p>Lily ten\u00eda veinte a\u00f1os y aquel luminoso s\u00e1bado de invierno se encontraba en una habitaci\u00f3n calurosa y sin ning\u00fan tipo de lujo cumpliendo la penitencia del pobre primo Will, puesto que el pobre primo Will, viejo, fr\u00e1gil y con los nervios destrozados, se hab\u00eda visto obligado a guardar cama a causa de una bronquitis. Su ama de llaves, resoplando con la misma fuerza con que lo hac\u00eda la tetera el\u00e9ctrica que utilizaba \u00e9l para hacer vahos, hab\u00eda afirmado con rotundidad que no le dejar\u00eda desobedecer las \u00f3rdenes del m\u00e9dico. Lily estaba bajo la tutela del primo Will y le hac\u00eda de secretaria; y como la joven le ten\u00eda mucho afecto y se sent\u00eda agradecida, hab\u00eda decidido, aunque a rega\u00f1adientes, hacerle el favor, a pesar de que ello significara tener que renunciar a la cita para patinar con Tucky Havemeyer, un exigente pretendiente que se hab\u00eda negado en redondo a aceptar sus explicaciones.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lily hab\u00eda ido al asilo a visitar a la anciana prima Isobel Carpenter, m\u00e1rtir por voluntad propia, a quien el primo Will, el peor y m\u00e1s zalamero agente de bolsa de la historia, hab\u00eda dejado en la ruina. Movida por alg\u00fan capricho extraordinario \u2013todo  lo que hac\u00edan los Carpenter ten\u00eda que ser extraordinario\u2013, la prima Isobel le entreg\u00f3 toda su fortuna al primo Will y este, seg\u00fan contaba ella mal\u00e9volamente, hab\u00eda invertido hasta el \u00faltimo centavo en una fabulosa quimera. La prima Isobel era tan orgullosa que a pesar de la absoluta miseria a la que se vio arrastrada, se neg\u00f3 a aceptar las ofertas de alojamiento que le hicieron el primo Will y los dem\u00e1s primos, y, muy decidida, se dirigi\u00f3 al asilo en su anticuada silla de ruedas de mimbre. Y all\u00ed permanec\u00eda, como un furioso y constante reproche a toda la familia, regode\u00e1ndose en todas y cada una de sus privaciones; hiri\u00e9ndolos m\u00e1s a ellos que a s\u00ed misma. Los primos (los \u00fanicos parientes que ten\u00eda Lily eran primos, primos y primos cada vez m\u00e1s lejanos que iban formando un laber\u00edntico entramado; de hecho, el lazo de parentesco entre el primo Will y la prima Isobel solo podr\u00eda establecerse con una regla de c\u00e1lculo) acud\u00edan en tropel los d\u00edas de visita para suplicarle que se trasladase en sus confortables coches a sus confortables y enormes casas, pero ella era inflexible. Y tambi\u00e9n extraordinariamente inteligente con las autoridades porque, en vista de todos los lujos que podr\u00eda obtener con solo pedirlos, no ten\u00eda ning\u00fan derecho a estar all\u00ed. \u00abWill me ha llevado a la ruina\u00bb, dec\u00eda con un tono de complacencia suicida. Y sabiendo que era una persona con muy poca tendencia a usar la imaginaci\u00f3n, era evidente que no utilizaba la expresi\u00f3n en sentido figurado. La prima Isobel llevaba dieciocho meses en el asilo y, en palabras de la prima Augusta Shephard, estaba como unas pascuas. \u00a1Pobre primo Will! Cuando volvi\u00f3 a casa el s\u00e1bado tras una de aquellas visitas, no tuvo \u00e1nimos para cenar y se fue directo a la cama con una botella de whisky, una triple dosis de bromuro y un libro de Wilkie Collins, el \u00fanico escritor capaz de hacerle olvidar a la prima Isobel. En aquella primera visita (el primo Will hab\u00eda jurado que nunca la expondr\u00eda, tan joven e inocente, a lo que \u00e9l siempre denominaba \u00abmi problema\u00bb), Lily ya hab\u00eda empezado a notar el malestar que aturullaba y le vidriaba los ojos al primo Will, y dese\u00f3 que los dem\u00e1s primos no tardaran en aparecer.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La prima Isobel, despu\u00e9s de desenredar aquella madeja de primos \u2013la familia se extend\u00eda como una tela de ara\u00f1a\u2013 y de establecer con satisfacci\u00f3n que la joven que ven\u00eda en nombre de Will Hamilton era el fruto de un hombre tan alejado de su rama familiar que el t\u00e9rmino \u00abprima\u00bb no era m\u00e1s que un t\u00edtulo de cortes\u00eda, empez\u00f3 a hablar con una sintaxis tan cuidada y un ritmo tan preciso que a Lily no le habr\u00eda sorprendido descubrirla consultando una tarjeta con notas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Este lugar es un completo esc\u00e1ndalo. Una verg\u00fcenza p\u00fablica. Si me dieran una pluma y un papel (y no me preguntes por qu\u00e9 no lo hacen puesto que sus normas son del todo incomprensibles para mi limitado cerebro), escribir\u00eda a personas de las altas esferas para quienes es muy probable que el nombre del juez James Carpenter no haya ca\u00eddo en el olvido. Yo nunca he asistido a sesiones de espiritismo, nunca me he dejado enga\u00f1ar por lo sobrenatural; si Mary Baker Eddy me telefonease personalmente, no creer\u00eda que lo hace desde su tumba del cementerio Mount Auburn. Pero te juro, y lo digo muy en serio, que s\u00e9 que ese buen hombre, ese venerable juez, se retuerce en la tumba cada vez que su alma inmortal piensa en el lugar donde me encuentro. Nunca le gust\u00f3 Will Hamilton. Los hombres peque\u00f1os no son de fiar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Antes de que la artritis la encorvara, la prima Isobel med\u00eda m\u00e1s de metro ochenta con unos zapatos sin apenas tac\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Aquella voz de ochenta a\u00f1os le fallaba, pero ella no se rend\u00eda y, resuelta, consegu\u00eda levantarla por encima de las idas y venidas del boogie-woogie que les llegaba desde la radio que hab\u00eda al otro lado de aquel dormitorio de tres camas; junto a la radio, hundida en una butaca reclinable, una mujer menuda se daba golpecitos en las sienes al comp\u00e1s de la m\u00fasica con los dedos \u00edndice, unos dedos tan delgados y torcidos como las ramitas que ara\u00f1aban las ventanas cuando el viento agitaba los \u00e1rboles.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed, desde luego, de acuerdo; reconozco, concedo y acepto el hecho de que esta es una instituci\u00f3n p\u00fablica que depende de la beneficencia \u2014actuando como abogado de la acusaci\u00f3n, articulaba las s\u00edlabas m\u00e1s fuertes por encima del profundo gru\u00f1ido de los contrabajos, y se inclinaba hacia delante en la silla de ruedas como para confirmar lo que estaba diciendo\u2014. Pero \u00bfmerecemos los ciudadanos ser tratados como deshechos? \u00bfEs que soy una indigente? \u00bfAcaso tengo la lepra o voy por el mundo vagabundeando? Me gustar\u00eda saber\u2026 y esta es una pregunta que le planteo con frecuencia a ese supuesto m\u00e9dico que se digna a visitarme una vez al mes\u2026 le pregunto: \u00ab\u00bfCu\u00e1les son exactamente los agravios y fechor\u00edas que se me atribuyen en ese informe y por los cuales estoy siendo condenada a cenar papillas a las cuatro de la tarde y a permanecer recluida en este edificio desde el D\u00eda de Acci\u00f3n de Gracias hasta el D\u00eda del Patriota?\u00bb. Y el tal doctor Merrill no sabe qu\u00e9 responder. Se parece extraordinariamente al chapuzas que ten\u00eda cuando viv\u00eda en la calle Newberry.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Durante unos segundos, la prima Isobel cerr\u00f3 los ojos y balance\u00f3 la cabeza lentamente de un lado a otro, pensando, quiz\u00e1s, en la casa de la calle Newberry, aquel tenebroso cuadrado de ladrillo, con rejas decorativas y protuberantes miradores; aquella casa repleta de m\u00e1rmol, de adornos de influencia china y de candelabros estalagm\u00edticos, en la que, antes de que muriese el juez y de que la prima Isobel se sumiese en la Miseria, sol\u00edan reunirse las mentes m\u00e1s preclaras de Harvard y que ahora se hab\u00eda convertido en una residencia para mujeres que trabajaban. Pero, sin duda, a la prima Isobel el presente le resultaba mucho m\u00e1s interesante que el pasado, y continu\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Si solo fuese la comida y la necesidad de aire fresco, lo podr\u00eda aguantar: la capacidad de aguante siempre ha sido uno de los rasgos m\u00e1s destacados de los Carpenter. Pero no es solo la falta de comodidades b\u00e1sicas lo que hace que mi padre se retuerza en la tumba, es sobre todo la compa\u00f1\u00eda que tengo que soportar. Y te pongo un ejemplo, prima Lily Holmes (ahora empiezo a recordarte un poco mejor): es un milagro que desde aquella cama de all\u00ed no nos lleguen gritos. La semana pasada murieron tres mujeres, una detr\u00e1s de la otra, gritando. S\u00ed, se volvieron locas. El empleado de la funeraria coloc\u00f3 a la primera justo ah\u00ed, \u00a1t\u00fa te crees!, delante de m\u00ed, y no se dign\u00f3 a correr las cortinas hasta que le dej\u00e9 bien claro que ten\u00eda que hacerlo. Puede que Will Hamilton haya tirado por el desag\u00fce todo lo que ten\u00eda, pero yo a\u00fan conservo la energ\u00eda, \u00bfno te parece?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mientras la prima Isobel fulminaba con la mirada aquella cama de hospital vac\u00eda donde las malhechoras hab\u00edan muerto entre alaridos, uno de sus ojos, amarillento, con el contorno rosado y apenas pesta\u00f1as, le hizo un gui\u00f1o a Lily y luego pareci\u00f3 atravesar la imagen de aquel b\u00e1rbaro empleado de funeraria. Encima de la cama, en la pared llena de rozaduras, hab\u00eda una fotograf\u00eda de Franklin Roosevelt pegada con tiras de cinta adhesiva. En la fotograf\u00eda, que alguien hab\u00eda arrancado de una revista, Roosevelt apoyaba suavemente la mano sobre el cuello de su perro, Fala. Al pensar en ancianos enfermos que gritaban, a Lily se le revolvi\u00f3 el est\u00f3mago y entonces se imagin\u00f3 a Tucky patinando, dando vueltas y m\u00e1s vueltas en el Jamaica Pond, el estanque natural que en invierno estaba helado: \u00ab\u00a1Socorro, Tucky! \u00a1Me ahogo!\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pero puedes estar segura de que esta paz no durar\u00e1 \u2014afirm\u00f3 la se\u00f1orita Carpenter\u2014. Ya ver\u00e1s. Traer\u00e1n a otra lun\u00e1tica para que se revuelque y chille usando ese tipo de lenguaje que preferir\u00eda no tener que escuchar. A esa que est\u00e1 ah\u00ed le da igual\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Y con un dedo nudoso apunt\u00f3, como si empu\u00f1ase una pistola, a la mujer que estaba junto a la radio\u2014. Est\u00e1 ciega, ciega de nacimiento. Y chiflada. Es como si no oyera el jaleo, como si solo escuchase ese ritmo sincopado. Tum-ti-tum, tum-ti-ta. Te aseguro que lo que pasa aqu\u00ed clama al cielo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Con una mano temblorosa describi\u00f3 un arco irregular que abarcaba aquel dormitorio, la sala m\u00e1s grande que hab\u00eda al otro lado de la pared y el resto de herrumbrosos edificios que rodeaban el patio, visible a trav\u00e9s de las altas ventanas que no ten\u00edan cortinas. La prima Isobel divis\u00f3 a dos ancianos que avanzaban por el camino con mucha dificultad, como si pisaran cristales rotos, e inclin\u00f3 bruscamente la cabeza hacia delante para observarlos con atenci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Mi querida prima Lily, me faltan las palabras para describir el trato discriminatorio que reina en este lugar \u2014dijo\u2014. Que alguien me explique por qu\u00e9 a esos vejetes que apenas se pueden arrastrar se les concede el privilegio de salir ah\u00ed fuera, y a m\u00ed, que puedo correr como el viento en este artefacto, me obligan a permanecer recluida hasta abril.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La prima Isobel avanz\u00f3 y retrocedi\u00f3 con rapidez en su silla de ruedas para demostrar su habilidad y, exultante, le dirigi\u00f3 a Lily una larga mirada de superioridad. Lily respondi\u00f3 con un monos\u00edlabo de aprobaci\u00f3n y, entre murmullos, dijo que lo lamentaba y que no pod\u00eda entender por qu\u00e9 a la prima Isobel no se le conced\u00eda la misma libertad que a aquellos ancianos; ancianos de baja cuna, parec\u00eda querer puntualizar la mirada de la se\u00f1orita Carpenter.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Justo entonces, afortunadamente para Lily, la prima Augusta Shephard entr\u00f3 en la sala como un soplo de aire fresco. Su abrigo de vis\u00f3n siempre desped\u00eda un aroma a Fleurs de Rocaille; era guapa, inteligente y hab\u00eda tenido mucha suerte con su marido (aunque nadie m\u00e1s hubiese ido, la ciudad de Reno podr\u00eda haber prosperado sin problemas alojando exclusivamente a la familia de Lily). Y con diferencia era la m\u00e1s feliz de todos los primos. La prima Augusta bes\u00f3 a Lily y le pregunt\u00f3 por el primo Will, pero antes de que esta pudiera contestar, la prima Isobel se puso a hablar:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Seg\u00fan me han dicho, porque ni siquiera es capaz de enviarme el recado por escrito, est\u00e1 resfriado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014El m\u00e9dico dijo\u2026 \u2014intervino Lily, tratando de ganar protagonismo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1El m\u00e9dico dijo! \u2014se burl\u00f3 la prima Isobel\u2014. Lo que dijo Will Hamilton es que no se atreve a enfrentarse a las consecuencias de sus actos. Los hombres de poca estatura son hombres de poco car\u00e1cter.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Cierra el pico, Izzy \u2014intervino la prima Augusta alegremente mientras le quitaba el envoltorio a un ramo de fresias\u2014. \u00bfLe has estado dando la lata a Lily? \u00bfQuej\u00e1ndote cuando lo \u00fanico que tienes que hacer es abrir la boca para rodearte al instante de lujos y para que te mimemos hasta la saciedad?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pues no pienso abrirla \u2014dijo la prima Isobel con malicia, aunque se le escap\u00f3 una media sonrisa porque admiraba la franqueza con que la prima Augusta la incordiaba.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Lily, preciosa! Lily deber\u00eda estar pasando la tarde con su mejor pretendiente. \u00a1Hay que ver c\u00f3mo nos pones a prueba! Roger me pidi\u00f3 que te dijera: \u00abPor el amor de Dios, querida,  ya est\u00e1 bien. Ya va siendo hora de que acabemos con esta farsa\u00bb. Hemos vuelto a pintar el segundo piso entero de un maravilloso p\u00farpura y verde musgo por ti.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Siempre has sabido elegir, Augusta \u2014dijo la prima Isobel con satisfacci\u00f3n\u2014. Will contrat\u00f3 a un decorador que pint\u00f3 el segundo piso de su casa, s\u00ed, de su propia casa, de color blanco hueso y rosa; colores que, desde luego, no tienen nada que ver con mi estilo. De todos modos, te lo agradezco mucho, querida, pero no voy a ir. Quien me ha llevado a la ruina es Will Hamilton.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Provoc\u00e1ndola afectuosamente, la prima Augusta intent\u00f3 engatusar a la prima Isobel. Le explic\u00f3 que hab\u00edan instalado una cocina para que pudiese comer a solas si prefer\u00eda llevar una vida conventual; le asegur\u00f3 que con solo marcar un n\u00famero tendr\u00eda a sus \u00f3rdenes a una se\u00f1ora de compa\u00f1\u00eda sueca, culta y experta tanto en cocinar como en dar masajes. Las vacaciones de Pascua se acercaban\u2026 \u00bfno podr\u00eda, por el amor de Dios, abandonar las trincheras antes de las fiestas?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mientras la prima Augusta trataba de convencerla in\u00fatilmente (era evidente que la prima Isobel estaba dispuesta a prolongar la rabieta durante m\u00e1s tiempo: sacaba la lengua cada vez que le mencionaban una comodidad, dijo que no se fiaba de los suecos y afirm\u00f3 que celebrar la Pascua no ten\u00eda sentido desde hac\u00eda muchos a\u00f1os), una enfermera entr\u00f3 en el dormitorio para darle a la anciana una pastilla y, aprovechando la interrupci\u00f3n, la prima Augusta se inclin\u00f3 hacia Lily y le susurr\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Querida, t\u00fa no deber\u00edas estar aqu\u00ed! Prom\u00e9teme que esto no te va a traumatizar, cielo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lily no conoc\u00eda el significado de aquella palabra, pero asinti\u00f3 para tranquilizar a su prima, cuyos ojos, de un azul cristalino, expresaban gravedad. De pronto se sinti\u00f3 mucho m\u00e1s joven de lo que era y al responder, el susurro se convirti\u00f3 en gemido:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfPuedo irme cuando t\u00fa te vayas?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La prima Augusta movi\u00f3 la cabeza en se\u00f1al de afirmaci\u00f3n y acto seguido se gir\u00f3 hacia la prima Isobel para decirle:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfPor qu\u00e9 tienes que ser tan anticuada?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Quiero que sepas, Agusta\u2026 \u2014al tiempo que empezaba a pronunciar un mon\u00f3logo en voz baja y sibilante, la prima Isobel inclin\u00f3 su cuerpo retorcido hacia un lado de la silla y con una mano se tap\u00f3 casi por completo la boca para que Lily no pudiese escuchar nada de lo que estaba diciendo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ahora que aquel rostro tosco, bigotudo y cubierto de manchas se dirig\u00eda hacia otro lado y que, afortunadamente, la hab\u00edan excluido de la conversaci\u00f3n, Lily mir\u00f3 a trav\u00e9s de la ventana y trat\u00f3 de pensar en s\u00ed misma y en c\u00f3mo compensar\u00eda a Tucky Havemeyer, de quien estaba perdidamente enamorada. \u00a1Lo que le hab\u00eda llegado a decir por tel\u00e9fono! Al principio le hab\u00eda suplicado, pero luego el joven le hab\u00eda hablado con crueldad: \u00abO eres demasiado blanda o me est\u00e1s mintiendo. Una anciana prima enferma es la excusa m\u00e1s poco original que podr\u00edas haber utilizado. Adem\u00e1s, conozco a todos tus primos y est\u00e1n m\u00e1s sanos que el gato de mi t\u00eda\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La habilidad con que la prima Isobel hab\u00eda conseguido mantener en secreto su estancia en el asilo era asombrosa; la gente cre\u00eda que estaba en el extranjero, tomando el sol en una residencia de ancianos en Suiza. Su pasi\u00f3n por el masoquismo y la intriga hab\u00eda llegado a tal punto que hizo que el primo Will pagara a alguien para que enviase cartas y postales en su nombre desde Vevey. A Lily no le conven\u00eda desvelar aquel secreto familiar; si lograba convencer a Tucky de que hab\u00eda cancelado la cita por necesidad y no por capricho, y le contaba la verdad, lo m\u00e1s probable era que el chico acabara despreciando a toda su familia, puesto que Tucky era una persona noble, de ideas bastante izquierdistas y de extracci\u00f3n bastante humilde, a quien, sin duda alguna, decepcionar\u00eda enormemente la actitud de aquella vieja maliciosa que solo quer\u00eda aparentar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En su imaginaci\u00f3n, Lily discut\u00eda con Tucky, pero no consegu\u00eda hacerle cambiar de opini\u00f3n. Y as\u00ed, sin mucho convencimiento, la joven intent\u00f3 distraerse con el bullicio de unos cuantos gorriones a los que uno de los ancianos hab\u00eda lanzado lo que parec\u00eda un pedazo de galleta. No obstante, no consigui\u00f3 prestarles atenci\u00f3n. Se sent\u00eda tremendamente avergonzada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se avergonz\u00f3 al recordar a la prima Isobel antes de que viniera al asilo; al recordar la casa de verano de North Shore y las extensiones de c\u00e9sped que descend\u00edan en pendiente hasta el impetuoso mar, y al recordar la figura de su padre, el juez, el primo Jamie, que hab\u00eda muerto a los ciento tres a\u00f1os: un hombre erudito, de lengua viperina, que med\u00eda casi dos metros y vest\u00eda trajes de color crudo, y que deleitaba \u2013al tiempo que despreciaba\u2013 a las personas que lo visitaban para rendirle homenaje y a las que recib\u00eda en audiencia las tardes de agosto bajo una enorme sombrilla. Aquella casa era extraordinariamente elegante, y respecto al juez y a la prima Isobel, la prima Augusta hab\u00eda dicho: \u00abSeguramente, estas son las personas m\u00e1s refinadas que conocer\u00e1s, Lily; as\u00ed que obs\u00e9rvalas con atenci\u00f3n\u00bb. Y, de hecho, su refinamiento, su riqueza y su autoridad hab\u00edan sido tan superiores a los de los dem\u00e1s que les hab\u00eda resultado imposible hacer concesiones: no eran personas de t\u00e9rminos medios, sino de extremos. Tras la muerte del juez, la prima Isobel, crey\u00e9ndose muy lista, invit\u00f3 al primo Will \u00aba jugar a las finanzas\u00bb. En aquel momento todos le dijeron que hab\u00eda perdido el juicio; todos sab\u00edan lo imprudente que era el primo Will en los negocios y, aunque lo adoraban, ning\u00fan miembro de la familia se habr\u00eda atrevido a poner un pie en su oficina de agente de bolsa. Y en efecto, en muy poco tiempo y de la forma m\u00e1s tonta, toda la fortuna de la prima Isobel se desvaneci\u00f3 en el aire. El juez, que al cumplir cien a\u00f1os empez\u00f3 a chochear, no le hab\u00eda dejado ninguna cantidad en fideicomiso. Y as\u00ed, la prima Isobel, sin blanca y poco acostumbrada a que le faltase dinero, se vio incapaz de alterar sus costumbres: no pod\u00eda ni quer\u00eda cambiar nada; solo pod\u00eda perder, y eso era lo \u00fanico que estaba dispuesta a hacer. Su ca\u00edda en la miseria m\u00e1s absoluta fue fulminante, tan veloz que incluso goz\u00f3 de cierto esplendor teatral. Cuando se enter\u00f3 de que la prima Isobel se hab\u00eda quedado completamente arruinada, aunque preocupado, el primo Roger Shephard no pudo reprimir una sonrisa mientras comentaba: \u00abDesde luego, con ellos siempre ha sido o todo o nada\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Durante dieciocho meses, durante un a\u00f1o y medio, la prima Isobel hab\u00eda estado viviendo en el asilo, cada vez m\u00e1s indefensa ante la artritis y cada vez m\u00e1s astuta a la hora de planear torturas para el pobre t\u00edo Will. Se negaba a probar los alimentos que este le enviaba, afirmando con sarcasmo que si bien la hab\u00eda arruinado, no conseguir\u00eda envenenarla; escrib\u00eda respuestas diab\u00f3licas a sus cartas; tiraba las flores y los regalos \u2013libros, revistas y uvas sin semillas\u2013 con que la agasajaba. Alguien lleg\u00f3 a decir: \u00abSolo reaccionar\u00e1 si le sirven la cabeza de Will Hamilton en una bandeja de plata\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La prima Augusta, todav\u00eda atrapada en aquella diatriba susurrada, hab\u00eda cerrado los ojos. Lily sab\u00eda que estaba sufriendo la misma mezcla de rabia y l\u00e1stima que la prima Isobel inspiraba en todos los que se le acercaban. Pero tras la visita, la prima Augusta volver\u00eda a ser libre para regresar a su fascinante y alegre vida, ya fuese en un elegante c\u00f3ctel o tom\u00e1ndose una copa en el bar del Ritz con alguno de los innumerables hombres a los que aseguraba amar y con quien estaba decidida a casarse en cuanto enterrase a Roger. Sin embargo, a Lily solo le esperaba una tarde vac\u00eda, el olor a benju\u00ed de la casa \u00a1y el recuerdo de todo aquello!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00a1De aquel lugar espantoso! La joven mir\u00f3 a su alrededor con resentimiento y consternaci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Resultar\u00eda dif\u00edcil encontrar un lugar m\u00e1s desolado que aquel dormitorio de tres camas o un lugar cuyo olor a sopa barata, a fregona mojada, a desinfectante y a paredes con humedades fuese m\u00e1s deprimente. Los f\u00e9rreos rayos del sol invernal aumentaban la temperatura de aquella habitaci\u00f3n, ya de por s\u00ed caliente, y escudri\u00f1aban su desalentador mobiliario: tres camas delgadas, cubiertas con almohadas planas y cobertores que empezaban a adquirir un tono gris, y tres mesillas de metal con la pintura desconchada. Las puertas de las mesillas hab\u00edan dejado de cumplir su funci\u00f3n y colgaban abiertas mostrando, en el caso de la mujer ciega, el interior vac\u00edo, y en el de la prima Isobel, una caja de caramelos roja con forma de coraz\u00f3n y una pila de pa\u00f1uelos de algod\u00f3n. Encima de la mesilla, la prima Isobel acumulaba una colecci\u00f3n de cosas diversas: una caja de Kleenex y un ejemplar de la revista femenina <em>McCall\u2019s<\/em> (\u00a1menuda impostora!, \u00a1pero si solo le\u00eda a Plinio y a Gibbon!), un paquete de postales de Navidad atadas con un cordel, un descolorido pa\u00f1uelo de batik y, coron\u00e1ndolo todo, una cesta que parec\u00eda hecha con un armadillo de verdad y que conten\u00eda un frasco de crema para las manos comprado en un baratillo, una caja de pastillas para la tos y una fotograf\u00eda amarillenta y deteriorada, enmarcada en paspart\u00fa, del juez y la se\u00f1orita Carpenter. En la fotograf\u00eda, que se hab\u00eda tomado sesenta a\u00f1os antes, los dos aparec\u00edan sentados en una berlina imponente estacionada delante de una casa cubierta de glicinias hasta las chimeneas. A aquella colecci\u00f3n de objetos, que parec\u00edan haber sido rescatados de la papelera o prestados por un jubilado de baja alcurnia, se sumaban las fresias que hab\u00eda tra\u00eddo la prima Augusta, ahora embutidas en un vaso de agua y cuya fragancia trataba de luchar inocentemente contra aquellos olores vulgares. Enfrente de Lily, en la repisa de la ventana, hab\u00eda una violeta africana cuyas hojas, marchitas, languidec\u00edan en una maceta de color blanco; aunque no del todo muerta, pero s\u00ed en coma profundo, parec\u00eda que una r\u00e1pida y virulenta enfermedad la estuviese torturando. Sin embargo, la calidad de la tierra donde la hab\u00edan plantado era tal que algunos robustos hierbajos estaban brotando entre aquellos tallos purulentos que se desmoronaban.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Con cautela, Lily trat\u00f3 de encontrar alg\u00fan signo de vitalidad o alegr\u00eda en aquella melanc\u00f3lica escena. No lo encontr\u00f3 ni en los rostros ni en las pertenencias de las dos internas; pero el aspecto de las enfermeras era tan saludable y jovial que rozaba la insolencia. Y la insolencia, en aquel lugar, resultaba macabra; era como tener en una c\u00e1rcel a un p\u00e1jaro cantando en una jaula. La enfermera jefe, en su mesa de trabajo junto a la puerta, mascaba chicle mientras le\u00eda un libro que la hac\u00eda re\u00edr; y en un largo mostrador apoyado contra la pared al otro extremo de la habitaci\u00f3n, por detr\u00e1s de la mujer ciega, varias chicas, vestidas con uniformes sucios de un azul vivo, doblaban camisones y s\u00e1banas arrugadas mientras discut\u00edan amistosamente sobre a qu\u00e9 hac\u00eda referencia el t\u00e9rmino \u00abpastel\u00bb, alimento del que parec\u00eda que todas se absten\u00edan durante la Cuaresma. Las m\u00e1s liberales sosten\u00edan que las tartas de capas, los <em>\u00e9clair<\/em> y otros dulces similares era todo a lo que ten\u00edan que renunciar; pero dos puristas, mayores que las dem\u00e1s y tambi\u00e9n m\u00e1s delgadas, afirmaban que ellas tambi\u00e9n estaban dispuestas a privarse de las madalenas y del pan de pasas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;M\u00e1s all\u00e1 de aquel grupo alborotado y de la enfermera jefe, que segu\u00eda riendo, Lily pod\u00eda divisar la sala contigua, m\u00e1s grande, en la que todas las camas \u2013y hab\u00eda cuatro largas filas de camas\u2013 estaban ocupadas por alguna anciana contrahecha. Bajo los ligeros cobertores, los bultos de sus cuerpos atrofiados suger\u00edan roturas o deformidades que hac\u00edan pensar en miembros amputados o amasijos de huesos rotos. Los rostros glaciales que miraban fijamente desde aquellas m\u00edseras almohadas hab\u00edan perdido todo rastro de individualidad: habr\u00eda resultado imposible determinar cu\u00e1l de ellos, en su origen, hab\u00eda sido triste, mezquino, valiente o est\u00fapido, puesto que la edad y la humillaci\u00f3n hab\u00edan desdibujado los rasgos m\u00e1s predominantes de su car\u00e1cter y casi hab\u00edan borrado las facciones de su cara. Unas cuantas ancianas ten\u00edan visita y encima de sus mesillas se apilaban bolsos de mano, sombreros y guantes; entre tanto, las que estaban solas miraban con avaricia a sus afortunadas vecinas y, como las brujas de las tiras c\u00f3micas, se llevaban las manos a las orejas para escuchar mejor las conversaciones de las otras. Desde aquella sala llegaba un murmullo constante de voces femeninas y, a pesar de su inmovilidad, se dir\u00eda que la agitaci\u00f3n llenaba de vida a aquellas ancianas postradas en cama; daban la impresi\u00f3n de ser amas de casa poniendo orden apresuradas al ver que una visita inesperada se acercaba a la puerta de entrada. Esta impresi\u00f3n la creaban \u00fanicamente sus voces, voces sin ning\u00fan tipo de resonancia ni modulaci\u00f3n; voces que, como el canto de los grillos, m\u00e1s bien chirriaban, secas y estridentes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfPor qu\u00e9 no me permiten tener mi propia ropa? \u2014se quejaba la prima Isobel que, al cambiar de posici\u00f3n, apart\u00f3 la mano de la boca unos instantes. La prima Augusta abri\u00f3 los ojos, atenta, y la otra volvi\u00f3 a ponerse la mano en la boca como si fuese un bozal.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La prima Isobel, ahora la mitad de alta de como Lily la recordaba (seg\u00fan contaba la leyenda, una joven prima Isobel,  alta, fornida y ocurrente, hab\u00eda fundado la Hermandad de las Amazonas de Langdon Shore, cuyas adeptas eran expertas en el manejo de las mazas de gimnasia), llevaba una especie de camis\u00f3n estampado de algod\u00f3n, atado con cintas por la espalda a la altura del cuello y de las mangas, que eran japonesas. Unas medias de algod\u00f3n color piel envolv\u00edan, como polainas, sus piernas consumidas, pero le ven\u00edan demasiado grandes y formaban pliegues que ca\u00edan por encima de las botas de hombre que calzaba. Alrededor del escamoso cuello luc\u00eda un collar de perlas artificiales y, prendido de lado junto al hombro, un broche con \u00f3palos de fuego. Sin duda alguna, aquel broche no deb\u00eda de haber costado m\u00e1s de cuatro centavos en una de las tiendas de curiosidades de Revere Beach, y, sin duda alguna, la se\u00f1orita Carpenter no lo hab\u00eda comprado. Una redecilla le aprisionaba el pelo canoso cortado a lo chico, el mismo pelo que, cuando era abundante, sol\u00eda peinarse en un reluciente mo\u00f1o. \u00a1Menudo espect\u00e1culo!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00a1Qu\u00e9 cruel era su miseria! Llevaba las u\u00f1as sucias y, Lily estaba convencida de ello, el pelo le ol\u00eda a rancio. \u00abEst\u00e1 loca \u2013pens\u00f3 Lily\u2013, \u00bfc\u00f3mo es que nadie se da cuenta y la internan en un manicomio?\u00bb<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ajena al examen de Lily, la prima Isobel continuaba susurrando su obstinada fil\u00edpica. Y cuando la joven se dispon\u00eda a apartar de nuevo la mirada, repar\u00f3 en el dibujo del estampado del vestido de su prima: una cenefa, en la que aparec\u00edan unos ni\u00f1os haciendo rodar aros, se repet\u00eda interminablemente alrededor del fr\u00e1gil y delgado torso de la anciana. A Lily le horroriz\u00f3 aquel detalle macabro y r\u00e1pidamente desvi\u00f3 la mirada, pero se hab\u00eda puesto de mal humor y en lugar de observar el alboroto y los saltitos de los gorriones \u2014que provocaban los gritos de alegr\u00eda de aquellos viejos tan f\u00e1ciles de contentar\u2014, se gir\u00f3 para comprobar c\u00f3mo iba vestida la mujer ciega.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En su vestido tambi\u00e9n se repet\u00edan las escenas festivas \u2013ni\u00f1os de cinco a\u00f1os en un campo de margaritas con el fondo azul\u2013; y, alrededor de los hombros, alguien le hab\u00eda echado una funda de almohada arrugada que se ajustaba a su espalda como una especie de chal. De aquel agujero sin elegancia que era el cuello del vestido, surg\u00eda el cuello de la mujer, largo, elegante y de un blanco azulado; un cuello de dimensiones prerrafaelitas que oscilaba suavemente con una gracia noble y sencilla, y cuyo ritmo perfecto se inspiraba \u2013aunque en modo alguno acompa\u00f1aba\u2013 en el sonido gutural de un piano que, en una lejana emisora de radio, interpretaba \u201cHold \u2018em Hootie\u201d. Lily advirti\u00f3 que aquella mujer no era muy mayor. Ten\u00eda el pelo corto y canoso, pero el corte era juvenil y un gracioso flequillo le cubr\u00eda la frente. La piel, aunque salpicada de marcas provocadas seguramente por alg\u00fan atropello alimenticio, era suave y de un delicado tono rosado. Ten\u00eda la nariz peque\u00f1a y recta, y la barbilla, firme; y aunque solo pod\u00eda distinguir su perfil, Lily estaba segura de que la sonrisa que se dibujaba en sus labios era una sonrisa amplia y aut\u00e9ntica. Sin embargo, las manos que ininterrumpidamente golpeteaban las sienes \u2013sin seguir el ritmo del piano ni del movimiento de la cabeza\u2013 eran manos de vieja; surcadas de venas, repletas de manchas provocadas por la edad y con los dedos afilados, daban la impresi\u00f3n de estar heladas y a punto de descomponerse.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El disco de boogie-woogie termin\u00f3 y una voz que trataba de imitar un marcado acento sure\u00f1o empez\u00f3 a bromear con su invisible audiencia: \u00ab\u00bfQu\u00e9 est\u00e1is haciendo ah\u00ed sentadas escuchando la radio cuando deber\u00edais estar lavando los platos? Bueno, bueno, bueno, puesto que est\u00e1is decididas a seguir holgazaneando, vamos a echar un vistazo a la saca de correos a ver qu\u00e9 podemos hacer para complacer a alguien\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Unos simp\u00e1ticos irlandeses rompieron a re\u00edr y una regordeta pelirroja exclam\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Qu\u00e9 informales que son los <em>disc-jockeys<\/em>, \u00bfno os parece? No deja de tener encanto el modo como se comportan, cont\u00e1ndonos que est\u00e1n resacosos o cualquier otra cosa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00ab\u00a1Madre m\u00eda del amor hermoso! \u00bfQu\u00e9 es esto? \u2014dijo la voz, y Lily se imagin\u00f3 a un joven mofletudo rasc\u00e1ndose la cabeza, aburrido, y ahogando un bostezo mientras improvisaba trabajosamente su discurso\u2014. Aqu\u00ed tenemos a alguien que nos ha escrito desde Braintree, alguien que est\u00e1 muy, muy lejos. La se\u00f1orita Edna Murphy, del n\u00famero 109 de la calle Van Buren, me pide que pinche la versi\u00f3n boogie de \u201cBluebird of Hapiness\u201d. \u00a1Pero si el p\u00e1jaro de la felicidad no existe, cielo! Vamos a hacer una cosa, vamos a escuchar la versi\u00f3n original, \u00a1por los viejos tiempos!\u00bb<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En aquel breve silencio que se produjo en el estudio radiof\u00f3nico mientras preparaban el disco, una animaci\u00f3n sorprendente, pero irrelevante, se apoder\u00f3 de la mujer ciega: apart\u00f3 las manos de la frente, aplaudi\u00f3 silenciosa y espasm\u00f3dicamente, y a continuaci\u00f3n junt\u00f3 las palmas por debajo de la barbilla, como si fuese una ni\u00f1a que reza antes de irse a la cama. No obstante, ni siquiera en aquella actitud sus manos permanec\u00edan quietas; se mov\u00edan con brusquedad, se doblaban y se retorc\u00edan, v\u00edctimas de una agitaci\u00f3n espantosa. Lily se dio cuenta de que, al mismo tiempo, la mujer golpeaba el suelo con los pies. Aunque la joven no los pod\u00eda ver porque la cama se lo imped\u00eda, s\u00ed que pod\u00eda o\u00edrlos, marcando el ritmo lenta, pesada e irregularmente en el suelo de lin\u00f3leo. El movimiento del cuello tambi\u00e9n se hizo m\u00e1s pronunciado y, de repente, la peque\u00f1a cabeza de pelo corto empez\u00f3 a girar muy r\u00e1pido de un lado a otro sobre aquel cuello hermoso. Todos los movimientos se produc\u00edan a diferentes velocidades: era como estar mirando un aut\u00f3mata averiado, y el efecto aturd\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Justo en el momento en que la m\u00fasica volvi\u00f3 a empezar, la mujer ciega complet\u00f3 una semicircunferencia con la cabeza y su rostro se qued\u00f3 apuntando directamente al de Lily. Aquellos ojos sin vida, completamente abiertos, descansaban en dos profundos cr\u00e1teres morados; los huesos de la cara se adivinaban bajo la piel nacarada; y, para completar aquella imitaci\u00f3n de una calavera, la boca, de labios finos y sin un solo diente, permanec\u00eda abierta formando una sonrisa imperturbable y permanente. La mujer se mantuvo inm\u00f3vil durante quiz\u00e1s medio minuto, en apariencia con la mirada fija en Lily. Pero enseguida el incongruente optimismo de la canci\u00f3n la volvi\u00f3 a sacar moment\u00e1neamente de la abstracci\u00f3n:<\/p>\n<blockquote><p><em>Just remember this,<br \/>\nLife is no abyss,<br \/>\nSomewhere you\u2019ll find the bluebird of happiness.<\/em><\/p>\n[Solo recuerda esto: \/ La vida no es un abismo, \/ En alg\u00fan lugar encontrar\u00e1s el p\u00e1jaro de la felicidad.]<\/blockquote>\n<p>En un arrebato de alegr\u00eda, la mujer apret\u00f3 las manos contra su poco abultado pecho y suspir\u00f3, dejando escapar un suave gemido al coger aire. Entonces, la cabeza recuper\u00f3 su posici\u00f3n anterior, los dedos \u00edndice volvieron a situarse al borde del estiloso flequillo, y Lily Holmes, afectada, asqueada y mareada, cerr\u00f3 los ojos. Se dir\u00eda que aquel rostro gen\u00e9rico no era m\u00e1s que un inteligente armaz\u00f3n para sostener los promontorios, los orificios y los adornos de la cara, puesto que no reflejaba ning\u00fan tipo de conocimiento ni de experiencia; el \u00fanico rasgo que lo caracterizaba era el de una absoluta y monstruosa pobreza. Aquel andamiaje de huesos de incierta edad era una parodia; y era tambi\u00e9n una ilustraci\u00f3n, un paradigma de las privaciones de toda una vida. Como en aquella vida no hab\u00eda habido ning\u00fan tipo de progreso (a menos que los veloces movimientos del <em>d\u00e9j\u00e0 vu<\/em> pudiesen considerarse progreso), tampoco pod\u00eda haber retroceso. Y as\u00ed, a diferencia de la prima Isobel, aquella mujer no pod\u00eda decir \u2014en el caso de que fuese capaz de articular alguna palabra\u2014: \u00abAntes era una cosa y ahora soy otra. Antes viv\u00eda entre paredes de m\u00e1rmol y ahora en una habitaci\u00f3n que el m\u00e1s humilde de mis criados habr\u00eda despreciado\u00bb. Y tampoco pod\u00eda obtener, a partir de aquella comparaci\u00f3n, cierta satisfacci\u00f3n por muy irritante que fuera. El hecho de perderlo todo, aunque innoble, significaba, al fin y al cabo, que hab\u00edas tenido algo. Para hablar de las tribulaciones de la prima Isobel se pod\u00edan utilizar verbos: hab\u00eda perdido dinero, se hab\u00eda arruinado, hab\u00eda ca\u00eddo desde las m\u00e1s altas cumbres hasta las m\u00e1s insondables profundidades. Pero a la mujer que hab\u00eda nacido privada del sentido m\u00e1s importante y que, tal como hab\u00eda dado a entender la prima Isobel, tambi\u00e9n hab\u00eda nacido sin inteligencia, solo se le pod\u00edan aplicar adjetivos: ciega, aislada, primitiva. Con aquella espantosa sonrisa, aquel baile convulso y aquel gemido de felicidad, la mujer ciega hab\u00eda demostrado la existencia de algo puro, inhumano y desconocido; y debido precisamente a lo limitado de su naturaleza, la alegr\u00eda que le transmit\u00eda aquella quejumbrosa canci\u00f3n era ext\u00e1tica y excepcional. No hab\u00eda duda al respecto: la expresi\u00f3n de aquella calavera apenas cubierta de piel y carne hab\u00eda sido de completo arrobamiento, pero \u00bfqu\u00e9 emociones la hab\u00edan provocado? \u00bfEsperanza? \u00bfGratitud por la alentadora certeza de que la vida, como dec\u00eda la canci\u00f3n, no era un abismo? \u00bfEl anhelo de amor? En aquel torturado amasijo de carne azulada y huesos retorcidos, \u00bfera posible que existiese alg\u00fan deseo, como el deseo de Lily de estar con Tucky? Si exist\u00eda, era demasiado espantoso para ser contemplado. Lily sinti\u00f3 una angustiosa tristeza en lo m\u00e1s profundo de su ser; una tristeza que le invadi\u00f3 los pulmones e hizo que los ojos se le llenasen de l\u00e1grimas. \u00a1Ay\u00fadame, Tucky! Pero Lily sab\u00eda que nada de lo que \u00e9l pudiera hacer conseguir\u00eda borrar el recuerdo de aquel \u00e9xtasis vac\u00edo. La prima Isobel cambi\u00f3 de posici\u00f3n y, mientras lo hac\u00eda, volvi\u00f3 a apartar la mano de la boca. En tono concluyente estaba diciendo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Nunca aprendi\u00f3 a leer en Braille porque, por lo que tengo entendido, sufre graves deficiencias de sustancia gris. Quer\u00eda preguntarle a aquel trabajador social tan informado de d\u00f3nde ha salido la radio, puesto que no ha venido a verla ni un alma en los dieciocho meses que llevamos compartiendo este cuchitril. Simplemente apareci\u00f3 un d\u00eda del oto\u00f1o pasado. En cierto modo fue una bendici\u00f3n, porque hasta entonces la \u00fanica ocupaci\u00f3n que ten\u00eda era pasarse el d\u00eda sentada haciendo ruidos extra\u00f1os. Con las muelas era capaz de producir un sonido similar al de un avisp\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed \u2014dijo la prima Augusta al tiempo que suspiraba\u2014.Da l\u00e1stima.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed, l\u00e1stima \u2014repiti\u00f3 la prima Isobel\u2014. Reconozco que da l\u00e1stima, pero tambi\u00e9n hay que reconocer que es injusto que me hayan encerrado con una cretina incontinente y su radio, y que tenga que escuchar esa condenada basura durante todo el santo d\u00eda, maldita sea.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A continuaci\u00f3n mir\u00f3 al frente y solt\u00f3 un serm\u00f3n sobre la comida que, en su opini\u00f3n, era sin lugar a dudas la peor de toda la cristiandad. La prima Isobel estaba convencida de que una cocinera de Alemania del Este estaba a cargo de la cocina.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Will Hamilton me ha llevado a la ruina \u2014continu\u00f3 diciendo aquella voz beligerante\u2014. A este edificio se lo conoce con el nombre de \u00abcasa de la muerte\u00bb, pero yo ya le he dejado bien claro a Will que he renunciado a todo menos a mi alma y que todav\u00eda no estoy dispuesta a renunciar a ella, \u00a1maldita sea!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La prima Isobel se qued\u00f3 callada tramando una nueva maldad y, mientras jugueteaba con el fino anillo de plata que llevaba en el dedo, contempl\u00f3 a trav\u00e9s de la ventana, con una sonrisa de desd\u00e9n, a los consentidos ancianos, a quienes se les hab\u00eda unido una mujer gorda y coja que se\u00f1alaba los gorriones con el bast\u00f3n y se re\u00eda a carcajadas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Por \u00faltima vez, Isobel \u2014dijo la prima Augusta\u2014. Por \u00faltima vez al menos durante esta tarde. \u00bfEst\u00e1s segura de que no quieres venir a vivir con Roger y conmigo?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pero Gusta \u2014respondi\u00f3 la prima Isobel con un aborrecible tono de burla\u2014, \u00bfqu\u00e9 dir\u00eda Will despu\u00e9s de todas las molestias que se ha tomado con el blanco hueso y el rosa? Pero si lleg\u00f3 a ofrecerme a una se\u00f1ora de compa\u00f1\u00eda finesa para que pudiese atizarme con una vara.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Pobre Will! \u2014exclam\u00f3 la prima Augusta levantando los ojos al cielo\u2014. \u00a1Pobre primo Will! Haciendo caso omiso a las exclamaciones, la prima Isobel gir\u00f3 lentamente su patricia cabeza para dirigir a Lily una penetrante mirada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Espero que tu padre te dejara el dinero en fideicomiso, porque si no lo hizo, Will Hamilton te arruinar\u00e1. Tu padre me ca\u00eda bien \u2014afirm\u00f3, y como ateni\u00e9ndose a los hechos, a\u00f1adi\u00f3\u2014: Se llamaba Matthew Holmes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lily no supo qu\u00e9 contestar, pero tampoco hizo falta porque la prima Isobel continu\u00f3 implacable:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Matt Holmes me ca\u00eda bien. Era un patr\u00f3n de barco excelente, y as\u00ed lo se\u00f1al\u00f3 el juez Carpenter en numerosas ocasiones. Lamento que muriese. Todav\u00eda ser\u00eda joven, que es m\u00e1s de lo que se puede decir de la mayor\u00eda de la gente. La mayor\u00eda de la gente ya ha muerto. El funeral de Eva Tuckerman se celebr\u00f3 el jueves. \u00bfOfici\u00f3 la misa un Kingsolving?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed \u2014contest\u00f3 la prima Augusta\u2014. Fue un funeral precioso. Todos admiraron tus flores y la nota que lleg\u00f3 por cable desde Vevey.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pues a m\u00ed me enterrar\u00e1n en una fosa com\u00fan \u2014sentenci\u00f3 la prima Isobel con regocijo\u2014. No has contestado a mi pregunta, prima Lily. \u00bfTe dej\u00f3 tu padre el dinero en fideicomiso?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Mi padre no dej\u00f3 nada \u2014repuso Lily. Y su respuesta, en esencia, era cierta. El a\u00f1o siguiente recibir\u00eda una suma insignificante de dinero para cubrir las compras de Navidad y los gastos de peluquer\u00eda. Pero de momento depend\u00eda por completo del primo Will, que adem\u00e1s de cederle varias habitaciones, todas acogedoras, y de proporcionarle tres satisfactorias comidas al d\u00eda, le hab\u00eda asignado un peque\u00f1o salario por mecanografiarle las cartas con las que siempre estaba tratando de mantenerse al margen de alg\u00fan embrollo financiero.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1\u00bfNada?! \u2014aull\u00f3 la prima Isobel\u2014. \u00bfQu\u00e9 quieres decir con \u00abnada\u00bb?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Que no me dej\u00f3 dinero \u2014puntualiz\u00f3 Lily, que sinti\u00f3 una inexplicable y c\u00e1lida r\u00e1faga de orgullo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Deja de bromear \u2014insisti\u00f3 la prima Isobel con brusquedad\u2014. Nunca hab\u00eda o\u00eddo nada parecido. \u00bfEst\u00e1 diciendo la verdad, Agusta?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La prima Augusta, inc\u00f3moda, asinti\u00f3 con la cabeza y explic\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Como recordar\u00e1s, Matt y Laura lo invirtieron todo en aquella escuela de aviaci\u00f3n que montaron en Arizona y que se fue al traste cuando\u2026 ya sabes, querida, cuando tuvieron el accidente. A Lily no le qued\u00f3 mucho, pero \u00a1qu\u00e9 caray, Izzy!, Lily sabe arregl\u00e1rselas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La prima Isobel mir\u00f3 a una y a la otra; parec\u00eda una rata calculadora.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No estar\u00e1s pensando en soltarme un serm\u00f3n sobre lo imprevisible de las cosas, \u00bfverdad? \u2014pregunt\u00f3\u2014. Las antiguallas como yo gozamos de la prerrogativa de decir lo que pensamos y os quiero advertir que en este lugar las internas no hablamos precisamente en t\u00e9rminos de \u00abriqueza espiritual\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y diciendo esto, alarg\u00f3 la mano para pellizcar la manga de pa\u00f1o fino de la prima Augusta y a\u00f1adi\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Es un tejido excelente. Seguro que te ha costado un dineral traerlo desde Inglaterra. Roger Shephard es extraordinariamente rico.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Es rico \u2014reconoci\u00f3 la prima Agusta\u2014, y tiene un coraz\u00f3n de oro. \u00c9l quiere y yo tambi\u00e9n quiero\u2026 todos queremos que vengas a vivir con nosotros. Roger me pidi\u00f3 que te trajera algo para tentarte y que regreses al mundo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Y de su bolso de mano, la prima Augusta sac\u00f3 una fotograf\u00eda de dos chicas con vestido de fiesta y dos chicos con frac.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Esta soy yo \u2014se\u00f1al\u00f3 la prima Isobel sonriendo\u2014, y esa es Susie Holmes. El que est\u00e1 detr\u00e1s de m\u00ed es Don Tucker y el otro, por supuesto, es Stevie Holmes. \u00bfOs hab\u00e9is fijado en las colas de los vestidos y en los peinados estilo pompadour? \u00bfQu\u00e9 nos hac\u00eda pensar que necesit\u00e1bamos abanicos de pluma de avestruz de m\u00e1s de medio metro de ancho? \u00a1Y nada menos que tiaras! La m\u00eda, si no recuerdo mal, era de esmeraldas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La prima Isobel contempl\u00f3 fascinada la fotograf\u00eda, acerc\u00e1ndosela a la nariz y luego retir\u00e1ndola, mientras lanzaba, m\u00e1s feliz que una perdiz, exclamaciones burlonas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las enfermeras terminaron de doblar las \u00faltimas s\u00e1banas y camisones, y salieron de la sala, excepto una que era guapa, peque\u00f1a y un poco bizca. Esta enfermera avanz\u00f3 hacia la ventana para bajar la persiana, puesto que el sol, que empezaba a ponerse, las estaba deslumbrando, y les dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Se\u00f1oras, la visita ha terminado. Es hora de cenar, se\u00f1orita Carpenter.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1\u00bfHora de cenar?! Pero si apenas es la hora de la merienda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfLe traigo a la se\u00f1ora el servicio de plata? \u2014le pregunt\u00f3 la chica con descaro\u2014. \u00bfO acaso prefiere la vajilla de porcelana? \u2014la enfermera estaba bromeando, porque le dio a la prima Isobel una palmadita afectuosa en el hombro y a\u00f1adi\u00f3: \u2014\u00bfQu\u00e9 tiene ah\u00ed, cielo? \u00bfUna postal?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Bernice, en esta fotograf\u00eda salgo yo vestida para asistir a un baile de beneficencia. Mira qu\u00e9 estilo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Un baile de beneficencia! \u00a1Oh, se\u00f1orita Carpenter, es usted divertid\u00edsima! A veces me desternillo con sus comentarios sarc\u00e1sticos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La enfermera busc\u00f3 afablemente la aprobaci\u00f3n de la prima Augusta y de Lily, y acto seguido observ\u00f3, maravillada, la fotograf\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Me hablar\u00e1 de todos ellos, \u00bfverdad, se\u00f1orita Carpenter?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfO es que me est\u00e1 tomando el pelo y usted no es esa de ah\u00ed ni fue a ning\u00fan baile de beneficencia?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Te lo aseguro, Bernice. Esa soy yo, y nadie m\u00e1s que yo, en mi momento de mayor esplendor. Mis invitadas te lo pueden confirmar. \u00bfSe han fijado, se\u00f1oras, en el traje que llevo para mi baile de beneficencia diario? \u00bfQu\u00e9 les parecen estos ni\u00f1os revoltosos jugando en el patio? A Will le disgustan estos estampados. Parece que ha perdido el sentido del humor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014En el patio hay demasiada humedad para que los pacientes de artritis salgan a pasear.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pronunciadas como un eslogan, aquellas palabras se quedaron suspendidas por encima de las voces y el sonido de la radio. Era la mujer ciega la que hab\u00eda hablado, en voz alta y decidida. Lily se gir\u00f3 y observ\u00f3 su perfil que, plano como un bajorrelieve, se manten\u00eda levantado con una malvada expresi\u00f3n de desprecio. Una enfermera, sentada en el brazo de la butaca, intentaba darle cereales con una cuchara de madera, pero la mujer sacud\u00eda las manos sin parar y frustraba los intentos de la chica, que murmuraba y suspiraba, y al final grit\u00f3 con impaciencia:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Venga, va! Que no es veneno para cucarachas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No se preocupen por Viola \u2014les dijo Bernice a las invitadas\u2014. Viola detesta comer.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfY qui\u00e9n no? \u2014pregunt\u00f3 la se\u00f1orita Carpenter, que hizo una mueca al ver llegar su bandeja.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Aquella tarde le sirvieron un cuenco con una especie de papilla de s\u00e9mola y una ensalada de zanahoria rallada y pasas. De postre ten\u00eda un pedazo de bizcocho relleno con apenas unas gotas de una mermelada oscura y pegajosa. Lily se pregunt\u00f3 qu\u00e9 har\u00eda la prima Isobel una vez se llevasen la bandeja a la cocina y cayese la noche, aquella noche de invierno. Y se puso a buscar con la mirada una l\u00e1mpara apropiada para leer el ejemplar de <em>McCall\u2019s<\/em>. Pero en aquel dormitorio no hab\u00eda ni una sola l\u00e1mpara, excepto una peque\u00f1a bombilla que colgaba desnuda en medio del techo. Y mientras Lily, consternada, miraba a su alrededor, la prima Isobel adivin\u00f3 lo que estaba pensando y coment\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Aqu\u00ed las noches son much\u00edsimo m\u00e1s largas que los d\u00edas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfSe te ocurre alguna tortura china peor que la m\u00eda? Esa radio est\u00e1 en marcha hasta las diez de la noche. Y lo \u00fanico que puedo hacer es quedarme sentada en la silla o tumbarme en la cama\u2026 y disfrutar de la vida. \u00a1Disfrutar de la vida! Con este cuerpo totalmente in\u00fatil y deformado por una artritis para la que no se conoce cura. \u00a1No me hag\u00e1is re\u00edr!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Podr\u00edan administrarte cortisona \u2014sugiri\u00f3 la prima Augusta, cansada\u2014. Si t\u00fa quisieras.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Bernice trataba de animar a la prima Isobel para que comiese:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Comp\u00f3rtese como una ni\u00f1a buena y c\u00f3mase esto, cielo<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014le dijo con amabilidad\u2014. Aqu\u00ed tiene una deliciosa crema de ostras. \u00bfQu\u00e9 importa el nombre que le demos? Solo tiene que usar la imaginaci\u00f3n y creerse que se trata de una crema de ostras.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Riqu\u00edsimo! \u2014exclam\u00f3 la prima Isobel con acritud.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No hab\u00eda duda de que, para ella, la comida era mucho m\u00e1s que un sustento. A medida que se llevaba a la boca la s\u00e9mola, los ojos le empezaron a brillar de rabia y Lily pens\u00f3 que seguramente la prima Isobel no cambiar\u00eda aquella papilla blanca ni por todas las ostras del mundo, por muy suculentas que fueran. La ira le daba fuerzas y la rejuvenec\u00eda; com\u00eda con avidez.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Se\u00f1orita Carpenter, si esa de la foto era realmente usted, por qu\u00e9 no se cas\u00f3 nunca? \u2014le pregunt\u00f3 Bernice\u2014. Una chica tan joven y guapa como usted&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Era demasiado buena para casarme \u2014respondi\u00f3 la anciana, gui\u00f1ando el ojo con malicia\u2014. Demasiado buena y demasiado rica.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Demasiado buena para ser verdad \u2014intervino la mujer ciega.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfEso es todo lo que sabes decir, Viola? \u2014replic\u00f3 la se\u00f1orita Carpenter y, mir\u00e1ndola de frente, empez\u00f3 a sermonearla\u2014: No tienes ni idea de lo que significan la mitad de las cosas que dices. Eres incapaz de pensar. Solo sabes imitar a los dem\u00e1s como si fueras un mono. Resultar\u00edas un interesante caso de estudio si se diese la circunstancia de que a alguien le interesase lo que te pasa. A m\u00ed no.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Solo recuerda esto: La vida no es un abismo \u2014grit\u00f3 Viola, repitiendo la letra de la canci\u00f3n por encima del tintineo de una cascada de ukeleles hawaianos. Y acto seguido, con un gesto de apasionada desesperaci\u00f3n, pos\u00f3 sus fr\u00e1giles manos encima de sus peque\u00f1os pechos adolescentes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Marchaos, queridas \u2014les dijo la prima Isobel\u2014. La pobre Lily volver\u00e1 a este sitio a su debido tiempo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Ya est\u00e1 bien! \u2014grit\u00f3 la prima Augusta. Se hab\u00eda enfadado de verdad y ten\u00eda las mejillas encendidas. Con rapidez, se dio la vuelta para ponerse el abrigo e hizo que Lily se levantara\u2014 \u00a1Deja en paz a la ni\u00f1a! \u00a1El dinero no lo es todo!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pero la falta de dinero s\u00ed \u2014repuso la prima Isobel, indomable, con una sonrisa de oreja a oreja\u2014. La falta de dinero es el castigo eterno.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1No mientas! \u00a1Te encanta estar aqu\u00ed! Este no es tu castigo, es el castigo del pobre Will Hamilton.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfY eso qu\u00e9 tiene de malo, si se puede saber?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La maldad no pod\u00eda haberse manifestado de un modo m\u00e1s sereno. Lily, cuya expresi\u00f3n corporal se limitaba a los movimientos pautados que hac\u00eda al bailar, al patinar y al dar o recibir un beso, sinti\u00f3 deseos de darle una bofetada a la prima Isobel, de tirarle de aquel pelo corto y de pellizcarle los retorcidos dedos. El odio, un odio que no hab\u00eda conocido hasta entonces y que superaba el dolor que sinti\u00f3 cuando sus padres murieron en un violento accidente de avi\u00f3n, fue creciendo en su interior como si se tratase de otra persona y, as\u00ed caracterizada, su presencia se impuso a la de la prima Augusta para acusar a la anciana:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Es usted un buitre! \u00a1En su interior no le queda ni una pizca de amor! \u00a1Pero a Viola s\u00ed!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y sin poder hacer nada para evitarlo, Lily rompi\u00f3 a llorar. Por unos instantes, el desconcierto se apoder\u00f3 de la prima Isobel, pero solo por unos instantes porque enseguida dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Viola no tiene nada. Viola es la personificaci\u00f3n de lo que Will Hamilton me ha hecho.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A la prima Isobel se le extravi\u00f3 la mirada y, con el gesto propio de una noble viuda turbada, indic\u00f3 a sus primas que se marcharan.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La prima Augusta condujo a Lily, que segu\u00eda llorando, fuera de la habitaci\u00f3n y mientras atravesaban la gran sala de al lado, Lily, a pesar de las l\u00e1grimas, les devolvi\u00f3 la sonrisa a las pacientes seniles que guardaban cama y que le sonre\u00edan con superioridad. Una de ellas le dijo con voz temblorosa:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Me alegro de no tener que salir en un d\u00eda tan desagradable como este.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y se arrebuj\u00f3 entre aquellas \u00e1speras mantas grises.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El abismo del crep\u00fasculo invernal se abri\u00f3 ante ellas como una boca inmensa y un viento despiadado les ara\u00f1\u00f3 las mejillas. La prima Augusta, caminando apresuradamente, rega\u00f1aba a Lily como una madre a su reto\u00f1o:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Will no tendr\u00eda que haberte dejado venir. El pobre debe de encontrarse muy mal para hab\u00e9rtelo permitido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pero es que yo quer\u00eda venir \u2014repuso Lily entre l\u00e1grimas\u2014. Bueno, en realidad quer\u00eda venir por el primo Will.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Eres una buena chica, Lily. Una chica muy leal. Estoy segura, segur\u00edsima, de que has tenido que renunciar a algo para venir hoy aqu\u00ed. \u00bfA que s\u00ed? \u00bfA que tengo raz\u00f3n, cielo?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ya en el interior de las suaves y dulces profundidades del Cadillac de la prima Augusta, Lily apoy\u00f3 la cabeza en el hombro de su prima y dej\u00f3 que las l\u00e1grimas se le fuesen secando antes de volver a hablar. Entonces dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Solo hab\u00eda quedado para ir a patinar al Jamaica Pond. Pero hemos discutido. Es decir, Tucky Havemeyer y yo hemos discutido. No se ha cre\u00eddo que tuviese que ir a visitar a una prima enferma.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La prima Augusta le cogi\u00f3 la mano y con la mirada fija en el cuello del ch\u00f3fer, dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Lily, cielo. Me siento fatal. No s\u00e9 si irme a beber champ\u00e1n con polvo de oro o a vender l\u00e1pices al parque Common. Lo mire como lo mire, solo veo un abismo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Como era joven y optimista, y en el fondo sab\u00eda que lo suyo con Tucky Havemeyer no estaba del todo acabado, Lily empez\u00f3 a sentirse mejor al tiempo que la prima Augusta se desmoronaba. Y, sin motivo aparente, se alegr\u00f3 al contemplar las destartaladas afueras de la ciudad, que empezaban a reemplazar el vasto paisaje campestre, y las feas e intermitentes luces de ne\u00f3n que hac\u00edan publicidad de cervezas, medicamentos, s\u00e1ndwiches y de todos los dem\u00e1s paliativos y excesos disponibles en aquella vida sin abismos. Con un tono adulto \u2013aunque todav\u00eda vacilante\u2013, con el que pretend\u00eda consolar a su prima, Lily le dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfSabes lo que har\u00eda en tu lugar o si fuese el primo Roger o el primo Will? La enviar\u00eda a un manicomio. Esa mujer est\u00e1 completamente loca.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Pero Lily! \u2014La prima Agusta se gir\u00f3 y la mir\u00f3 con los ojos como platos\u2014. Pero Lily, \u00bfno comprendes que todos queremos a la prima Isobel?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hasta que el coche se detuvo en casa del primo Will para que Lily bajara, ninguna volvi\u00f3 a pronunciar palabra. La prima Augusta estaba demasiado horrorizada para hablar y Lily, demasiado perpleja. \u00a1Querer a la prima Isobel! \u00bfC\u00f3mo se pod\u00eda querer a alguien que era completamente incapaz de expresar ning\u00fan tipo de afecto? Lily se sinti\u00f3 excluida de la familia y traicionada por su propia traici\u00f3n a una convenci\u00f3n de la que, por descuido, nunca hab\u00eda sido consciente. \u00bfSignificaba aquello que el pobre primo Will tambi\u00e9n quer\u00eda a la prima Isobel? \u00bfA aquella mujer que lo estaba matando, que lo estaba asesinando igual que si le apretara la garganta con las manos? Desde luego, ellos pod\u00edan quererla; pero entonces, Lily no los querr\u00eda a ellos. Con profunda repugnancia, se apart\u00f3 de la mujer que ten\u00eda al lado e, indignada, vio c\u00f3mo se iba reduciendo la distancia que la separaba de su tutor, aquel hombre enamorado de su propia destrucci\u00f3n. Entonces dirigi\u00f3 sus pensamientos hacia Tucky Havemeyer, pero no obtuvo consuelo ni recompensa. \u00abSolo hay una persona capaz de amar \u2014pens\u00f3\u2014, y esa persona es Viola. Alguien que no puede dar ni recibir nada. Todos los dem\u00e1s son unos hip\u00f3critas.\u00bb Lily forceje\u00f3 contra aquella paradoja, asfixiante como el abrazo de las serpientes de Laocoonte, y se sinti\u00f3 muy vieja. Pero cuando el coche entr\u00f3 en la calle Brimmer y distingui\u00f3 a su pretendiente \u2014rubio, ce\u00f1udo, con una gorra de caza y botas\u2014 llamando al timbre de la casa de los Hamilton, la joven trat\u00f3 de reprimir su alegr\u00eda, repudi\u00f3 la hip\u00f3crita sangre de su familia, dedic\u00f3 un \u00faltimo pensamiento a Viola en su estado de gracia, y sali\u00f3 disparada del coche para gritar:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Oh, Tucky! \u00a1Qu\u00e9 coincidencia m\u00e1s afortunada!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento de la estadounidense Jean Stafford (1915-1979) acerca de la vejez y las familias t\u00f3xicas.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":15088,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"S\u00f3lo porque s\u00ed, otro cuento m\u00e1s para este domingo: \"La vida no es un abismo\" de Jean Stafford en Las Historias.","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[22,2343,185,2365,194,3321,3320,2855,467],"class_list":["post-15087","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritoras","tag-escritores-en-ingles","tag-escritores-estadounidenses","tag-jean-stafford","tag-la-vida-no-es-un-abismo","tag-literatura","tag-realismo"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/11\/jean_stafford.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-3Vl","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15087","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15087"}],"version-history":[{"count":7,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15087\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":15103,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15087\/revisions\/15103"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/15088"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15087"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15087"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15087"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}