{"id":15042,"date":"2014-11-24T22:47:19","date_gmt":"2014-11-25T04:47:19","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=15042"},"modified":"2019-08-29T20:11:05","modified_gmt":"2019-08-30T01:11:05","slug":"ptosis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/ptosis\/","title":{"rendered":"Ptosis"},"content":{"rendered":"<p>Un cuento de Guadalupe Nettel (1973), una de las narradoras m\u00e1s destacadas del pa\u00eds. <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Ptosis_palpebral\">Ptosis<\/a> es un descenso de uno de los p\u00e1rpados: una asimetr\u00eda que puede tener diversas causas y que, en el cuento de Nettel, marca al personaje que la padece y a su relaci\u00f3n con el mundo. El cuento proviene del libro <em>P\u00e9talos y otras historias inc\u00f3modas<\/em> (2008), publicado por Anagrama. El texto est\u00e1 tomado de <a href=\"https:\/\/triunfo-arciniegas.blogspot.com\/2014\/11\/guadalupe-nettel-ptosis.html\">esta p\u00e1gina<\/a>.<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/08\/GuadalupeNettel.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"15045\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/ptosis\/guadalupenettel\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/08\/GuadalupeNettel.jpg\" data-orig-size=\"1500,1000\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}\" data-image-title=\"Guadalupe Nettel\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/08\/GuadalupeNettel-1024x683.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/08\/GuadalupeNettel.jpg\" alt=\"\" width=\"1500\" height=\"1000\" class=\"alignnone size-full wp-image-15045\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/08\/GuadalupeNettel.jpg 1500w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/08\/GuadalupeNettel-300x200.jpg 300w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/08\/GuadalupeNettel-1024x683.jpg 1024w\" sizes=\"auto, (max-width: 1500px) 100vw, 1500px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>PTOSIS<br \/>\nGuadalupe Nettel<\/strong><\/p>\n<p>El trabajo de mi padre, como muchos en esta ciudad, es un empleo parasitario. Fot\u00f3grafo de profesi\u00f3n, se habr\u00eda muerto de hambre -y con \u00e9l toda la familia- de no haber sido por la propuesta generosa del Dr. Ruellan que, adem\u00e1s de un salario decente, le otorg\u00f3 a su impredecible inspiraci\u00f3n la posibilidad de concentrarse en una tarea mec\u00e1nica, sin mayores complicaciones. El doctor Ruellan es el mejor cirujano de p\u00e1rpados de Par\u00eds, opera en el <em>H\u00f4pital des 15\/20<\/em> y su clientela es inagotable. Algunos pacientes prefieren incluso esperar un a\u00f1o para obtener una cita con \u00e9l en vez de optar por un m\u00e9dico de menor renombre. Antes de intervenir, nuestro benefactor le exige a sus pacientes dos series de fotograf\u00edas: la primera consiste en cinco tomas cercanas -de ojos cerrados y abiertos- para que quede constancia de su estado antes de la operaci\u00f3n. La segunda se lleva a cabo una vez practicada la cirug\u00eda, cuando la herida ya ha cicatrizado. Es decir que, por m\u00e1s satisfactorio que les parezca el trabajo, vemos a nuestros clientes s\u00f3lo dos veces en la vida. Aunque en ocasiones ocurre que el doctor cometa alguna falla -nadie, ni siquiera \u00e9l es perfecto-: un ojo queda m\u00e1s cerrado que el otro o, por el contrario, demasiado abierto. Entonces la persona se vuelve a presentar para que le tomemos una nueva serie por la cual pagar\u00e1 otros trescientos euros, pues mi padre no tiene la culpa de los errores m\u00e9dicos. A pesar de lo que pueda pensarse, las cirug\u00edas de los p\u00e1rpados son muy frecuentes y sus razones innumerables, comenzando por los estragos de la edad, la vanidad de la gente que no soporta las marcas de vejez en el rostro; pero tambi\u00e9n los accidentes de coche que a menudo desfiguran a los pasajeros, las explosiones, los incendios y otra serie de imprevistos: la piel de un p\u00e1rpado es de una delicadeza insospechada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En nuestro negocio, cercano a la Place Gambetta, en el <em>XX\u00e8me arrondissement<\/em>, mi padre tiene enmarcadas algunas fotograf\u00edas que tom\u00f3 durante su juventud: un puente medieval, una gitana tendiendo ropa junto a su remolque o una escultura expuesta en el jard\u00edn de Luxemburgo, con la que gan\u00f3 un premio juvenil en la ciudad de Rennes. Basta verlas para saber que, en una \u00e9poca muy lejana, el viejo ten\u00eda talento. Mi padre tambi\u00e9n conserva en sus paredes obras de factura m\u00e1s reciente: el rostro de un ni\u00f1o muy bello que muri\u00f3 en el quir\u00f3fano de Ruellan (un problema de anestesia) su cuerpo resplandece en la mesa de operaciones, ba\u00f1ado por una luz muy clara, casi celestial que entra de manera oblicua por una de las ventanas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Comenc\u00e9 a trabajar en el estudio a la edad de quince a\u00f1os, cuando decid\u00ed dejar la escuela. Mi padre necesitaba un ayudante y me incorpor\u00f3 a su equipo. Aprend\u00ed entonces el oficio de fot\u00f3grafo m\u00e9dico especializado en oftalmolog\u00eda. Aunque despu\u00e9s, con el paso del tiempo, me fui encargando de las labores de oficina, entre ellas la contabilidad del negocio. Pocas veces he salido a la ciudad o al campo en busca de una escena que inspire a mi veleidoso lente. Cuando paseo, generalmente lo hago sin la c\u00e1mara, ya sea porque se me olvida o por miedo a perderla. Confieso sin embargo que a menudo, mientras camino por la calle o los pasillos de alg\u00fan edificio, siento deseos repentinos de tomar una foto, no de paisajes o puentes como hizo alguna vez mi viejo, sino de p\u00e1rpados ins\u00f3litos que de cuando en cuando detecto entre la multitud. Esa parte del cuerpo que he visto desde la infancia, y por la que jam\u00e1s he sentido ni un atisbo de hartazgo, me resulta fascinante. Exhibida y oculta de manera intermitente, obliga a permanecer alerta para descubrir algo que de verdad valga la pena. El fot\u00f3grafo debe evitar parpadear al mismo tiempo que el sujeto de estudio y capturar el momento en que el ojo se cierra como una ostra juguetona. He llegado a creer que para eso se necesita una intuici\u00f3n especial, como la de un cazador de insectos, no creo que haya mucha diferencia entre un aleteo y un batir de pesta\u00f1as.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Me cuento entre el escaso porcentaje de la gente a la que le apasiona su trabajo y, en ese sentido, me considero afortunado. Pero esto no debe causar confusiones: nuestro oficio tiene algunos inconvenientes. Por el estudio pasa toda clase de individuos, la mayor\u00eda de las veces en situaciones desesperadas. Los p\u00e1rpados que llegan hasta aqu\u00ed son casi todos horribles, cuando no causan malestar, dan l\u00e1stima. No es gratuito que sus due\u00f1os prefieran operarse. Al transcurrir los dos meses de convalecencia, cuando los pacientes, ya transformados, regresan por la segunda serie de fotograf\u00edas, respiramos con alivio. Esa mejor\u00eda pocas veces alcanza el cien por ciento pero cambia por completo un rostro, su expresi\u00f3n, su gesto permanente. En apariencia los ojos quedan m\u00e1s equilibrados, sin embargo, cuando uno mira bien -y sobre todo cuando ha visto ya miles de rostros modificados por la misma mano-, descubre algo abominable: de alg\u00fan modo, todos ellos se parecen. Es como si el Doctor Ruellan imprimiera una marca distintiva en sus pacientes, un sello tenue, pero inconfundible.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A pesar de los placeres que otorga, esta profesi\u00f3n, como cualquier otra, termina causando indiferencia. Recuerdo haber visto pocos casos verdaderamente memorables en nuestro establecimiento. Cuando esto ocurre, me acerco a mi padre que prepara la pel\u00edcula en la trastienda y le pido al o\u00eddo que me deje disparar el obturador. \u00c9l siempre accede, aunque sin entender la raz\u00f3n de mi s\u00fabito inter\u00e9s. Uno de esos hallazgos ocurri\u00f3 hace menos de un a\u00f1o, en el mes de noviembre. Durante el invierno, el estudio, situado en la planta baja de una antigua f\u00e1brica, se vuelve insoportablemente h\u00famedo y es preferible salir a la intemperie que permanecer en esa cueva g\u00e9lida y oscura por las necesidades del oficio. Mi padre no estaba esa tarde y yo, muerto de fr\u00edo junto a la puerta, me entreten\u00eda con las indecisiones de la lluvia mientras maldec\u00eda a una cliente que ten\u00eda m\u00e1s de un cuarto de hora de retraso. Cuando su silueta apareci\u00f3 por fin detr\u00e1s de la reja, me sorprendi\u00f3 que fuera tan joven, deb\u00eda haber cumplido cuando mucho veinte a\u00f1os. Un gorro negro, impermeable, le cubr\u00eda la cabeza y dejaba resbalar las gotas por su cabello largo. Su p\u00e1rpado izquierdo estaba unos tres mil\u00edmetros m\u00e1s cerrado que el derecho. Ambos ten\u00edan una mirada so\u00f1adora, pero el izquierdo mostraba una sensualidad anormal, parec\u00eda pesarle. Al mirarla me embarg\u00f3 una sensaci\u00f3n curiosa, una suerte de inferioridad placentera que suelo experimentar frente a las mujeres excesivamente bellas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Con una parsimonia exasperante, como si el retraso la tuviera sin cuidado, se acerc\u00f3 a preguntarme en qu\u00e9 piso se encontraba el fot\u00f3grafo. Seguramente me confundi\u00f3 con el conserje.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Es aqu\u00ed \u2014le dije\u2014. Est\u00e1 usted frente a la puerta \u2014abr\u00ed el cerrojo y, en un gesto exaltado que ella no pudo adivinar, encend\u00ed todos los reflectores, como cuando en un sal\u00f3n de baile hace su aparici\u00f3n un miembro de la realeza. En cuanto estuvo adentro se quit\u00f3 el sombrero, su pelo negro y largo parec\u00eda una extensi\u00f3n de la lluvia. Como todos lo clientes, me explic\u00f3 que hab\u00eda conseguido una cita con el Doctor Ruellan para que resolviera su problema.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00ab\u00bfCu\u00e1l problema?\u00bb, estuve a punto de preguntar. \u00abUsted no tiene ninguno\u00bb. Pero me abstuve. Era tan joven. no quer\u00eda turbarla y prefer\u00ed hacer un comentario banal:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No parece usted de Par\u00eds, \u00bfde d\u00f3nde viene?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014De Picard\u00eda \u2014contest\u00f3 ella con timidez, evitando el contacto con mi vista, como suelen hacer los pacientes. S\u00f3lo que ahora, en vez de agradecerlo, esa actitud esquiva me desesper\u00f3. Hubiera dado cualquier cosa por seguir mirando durante la tarde entera ese p\u00e1rpado pesado y al mismo tiempo fr\u00e1gil y habr\u00eda dado el doble porque esos ojos se fijaran en m\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfLe gusta Par\u00eds? \u2014pregunt\u00e9 yo, empleando un tono falsamente distra\u00eddo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed, pero no podr\u00e9 quedarme mucho tiempo. En realidad he venido \u00fanicamente para la operaci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Par\u00eds la atrapar\u00e1, puede estar segura. Cuando menos lo imagine se vendr\u00e1 a vivir aqu\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La muchacha sonri\u00f3 bajando la cabeza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No lo creo. Quisiera volver cuanto antes a Pontoise, no me gustar\u00eda perder el a\u00f1o por esto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La idea de que esa mujer viviera en otra ciudad bast\u00f3 para deprimirme. Empec\u00e9 a sentirme malhumorado. De manera repentina, quiz\u00e1s un poco brusca, interrump\u00ed la charla para ir a buscar la pel\u00edcula.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Si\u00e9ntese aqu\u00ed \u2014la apur\u00e9 al regresar. Nunca en mi vida profesional hab\u00eda sido tan poco amable. La muchacha ocup\u00f3 el banquillo y se ech\u00f3 el cabello hacia atr\u00e1s poniendo sus rostro en evidencia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No s\u00e9 si usted est\u00e1 enterada \u2014le dije simulando compasi\u00f3n\u2014. Los resultados nunca son perfectos. Su ojo no ser\u00e1 jam\u00e1s igual al otro. \u00bfSe lo ha explicado el doctor?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ella asinti\u00f3 en silencio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pero tambi\u00e9n me dijo que los dos p\u00e1rpados quedar\u00e1n a la misma altura. Para m\u00ed es suficiente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Me dispon\u00eda a ense\u00f1arle una serie de fotograf\u00edas de operaciones sin \u00e9xito con el fin de desanimarla. Pens\u00e9 en decirle que, de cualquier manera, quedar\u00eda con el sello inconfundible de los pacientes operados por el doctor Ruellan, esa tribu de mutantes. Sin embargo, no tuve el valor necesario. Sin decir una palabra, coloqu\u00e9 el tel\u00f3n de fondo blanco detr\u00e1s de su cabeza, apuntando el reflector hacia sus ojos. En lugar de las tres tomas habituales dispar\u00e9 el obturador quince veces y habr\u00eda seguido as\u00ed hasta el anochecer si mi padre no hubiera llegado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al escuchar el cerrojo de la puerta, apagu\u00e9 los proyectores de luz. La joven se puso de pie y se acerc\u00f3 al mostrador para firmar un cheque donde le\u00ed su nombre en letra de colegiala.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Des\u00e9eme suerte \u2014dijo\u2014. Nos veremos dentro de dos meses.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No puedo describir el abatimiento en el que ca\u00ed esa tarde. Revel\u00e9 las fotos de inmediato; met\u00ed las m\u00e1s convencionales en un sobre con el sello del hospital y conserv\u00e9 la que me pareci\u00f3 mejor lograda en el caj\u00f3n de mi escritorio: una toma de frente, so\u00f1adora y obscena.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mis esfuerzos por olvidarla resultaron in\u00fatiles. Durante tres meses esper\u00e9 con aut\u00e9ntico terror a que viniera por la segunda serie, de ninguna manera quer\u00eda estar presente. Cada lunes echaba un vistazo a la agenda de mi padre para saber en qu\u00e9 momento ausentarme. Pero ella nunca vino.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una tarde, a principios del verano, mientras caminaba por los muelles en busca de alg\u00fan p\u00e1rpado interesante, volv\u00ed a verla. El cause del Sena estaba sereno en esos d\u00edas; las piedras reflejaban su color verde oscuro y su vaiv\u00e9n oscilante. Ella tambi\u00e9n iba mirando el r\u00edo de modo que por poco chocamos de frente. Para mi gran sorpresa, sus ojos segu\u00edan siendo los mismos. La salud\u00e9 cort\u00e9smente, haciendo lo imposible por ocultar mi j\u00fabilo, pero al cabo de unos minutos no aguant\u00e9 m\u00e1s:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfCambi\u00f3 de opini\u00f3n? \u2014pregunt\u00e9\u2014 \u00bfdecidi\u00f3 no operarse?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014El Doctor tuvo un impedimento y fue necesario aplazar la fecha hasta el fin del a\u00f1o escolar. Ma\u00f1ana ingreso en el hospital, como no tengo familia en la ciudad permanecer\u00e9 dos d\u00edas interna.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfC\u00f3mo van sus estudios?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014La semana pasada present\u00e9 mi examen en la Sorbona \u2014respondi\u00f3 sonriendo\u2014. Quisiera mudarme a Par\u00eds.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Parec\u00eda contenta. En su mirada advert\u00ed esa expresi\u00f3n de esperanza que suelen tener los pacientes en v\u00edsperas de cirug\u00eda y que otorga a los rostros m\u00e1s deformes un aire de candor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La invit\u00e9 a tomar un helado en la isla Saint Louis. Una orquesta de jazz tocaba cerca y, aunque desde donde est\u00e1bamos no era posible ver a los m\u00fasicos, las notas se o\u00edan en el muelle como si emergieran del r\u00edo. La luz del sol le te\u00f1\u00eda los p\u00e1rpados de naranja. Caminamos varias horas, a veces en silencio otras hablando de lo que suced\u00eda durante el paseo; de la ciudad o del futuro que le esperaba en ella. De haber llevado la c\u00e1mara tendr\u00eda ahora alguna prueba, no s\u00f3lo la mujer ideal sino tambi\u00e9n del d\u00eda m\u00e1s alegre de mi vida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al anochecer la acompa\u00f1\u00e9 al hotel donde se hospedaba, una pocilga cerca de Bonne Nouvelle. Pasamos la noche juntos en una cama decr\u00e9pita, en peligro constante de irse al suelo. Una vez desnudos, los veinte a\u00f1os de diferencia que hab\u00eda entre nosotros se hicieron m\u00e1s evidentes. Le bes\u00e9 los p\u00e1rpados una y otra vez y, cuando me cans\u00e9 de hacerlo, le ped\u00ed que no cerrara los ojos para seguir disfrutando de esos tres mil\u00edmetros suplementarios de p\u00e1rpado, esos tres mil\u00edmetros de voluptuosidad desquiciante. Desde el primer abrazo hasta el momento en que, agotado, apagu\u00e9 la lamparita de noche, sent\u00ed la necesidad de convencerla. Entonces, sin ning\u00fan tipo de pudor o inhibiciones, le rogu\u00e9 que no se operara, que se quedara conmigo, as\u00ed, como era en ese momento. Pero ella pens\u00f3 que se trataba de una cursiler\u00eda, una de esas mentiras exaltadas que se dicen en circunstancias como esa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pr\u00e1cticamente no dormimos esa noche. \u00a1Si el doctor Ruellan lo hubiera sabido! \u00c9l que siempre exige a sus pacientes el m\u00e1s absoluto reposo en v\u00edsperas de una cirug\u00eda. Ella lleg\u00f3 al pabell\u00f3n pre-operatorio con unas ojeras que la hac\u00edan verse mayor y tambi\u00e9n m\u00e1s hermosa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le promet\u00ed acompa\u00f1arla hasta el \u00faltimo momento y despu\u00e9s, cuando se recuperara de la anestesia, venir a verla de inmediato. Pero no me fue posible: en cuanto la enfermera entr\u00f3 al cuarto para llev\u00e1rsela al quir\u00f3fano me escap\u00e9 reptando hasta el elevador.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sal\u00ed del hospital hecho a\u00f1icos, como quien acaba de encarar una derrota. Pens\u00e9 tanto en ella al d\u00eda siguiente. La imagin\u00e9 despertando sola, en ese cuarto hostil con olor a desinfectante. Hubiera deseado poder estar ah\u00ed acompa\u00f1\u00e1ndola y lo habr\u00eda hecho de no haber habido tanto en juego: mis recuerdos, mis im\u00e1genes de esos ojos que, de haber visto despu\u00e9s, id\u00e9nticos a los de todos los pacientes del Dr. Ruellan, habr\u00edan desaparecido de mi memoria.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Algunas tardes, sobre todo en los periodos austeros en que la clientela no ofrece ninguna satisfacci\u00f3n, pongo su fotograf\u00eda sobre mi escritorio y la miro unos minutos. Al hacerlo me invade una suerte de asfixia y un odio infinito hacia nuestro benefactor, como si de alguna forma su escalpelo me hubiera mutilado. No he vuelto a salir con la c\u00e1mara desde entonces, los muelles del Sena no me prometen ya ning\u00fan misterio.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento sobre las relaciones entre seres humanos (y de \u00e9stos con sus cuerpos) de la mexicana Guadalupe Nettel (1973)<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":15045,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"Pt\u00f3sis","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[22,2343,3318,185,198,681,2855,3317],"class_list":["post-15042","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-el-matrimonio-de-los-peces-rojos","tag-escritoras","tag-escritores-mexicanos","tag-guadalupe-nettel","tag-literatura","tag-ptosis"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/08\/GuadalupeNettel.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/sjEhq-ptosis","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15042","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15042"}],"version-history":[{"count":6,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15042\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":15053,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15042\/revisions\/15053"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/15045"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15042"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15042"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15042"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}