{"id":15039,"date":"2019-08-24T19:07:46","date_gmt":"2019-08-25T00:07:46","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=15039"},"modified":"2019-08-24T19:07:46","modified_gmt":"2019-08-25T00:07:46","slug":"undr","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/undr\/","title":{"rendered":"Undr"},"content":{"rendered":"<p>Para quien escribe esta bit\u00e1cora, la obra de <a href=\"https:\/\/www.borges.pitt.edu\/\">Jorge Luis Borges<\/a> <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Jorge_Luis_Borges\">(1899-1986)<\/a> es una de las m\u00e1s importantes para su trabajo y para su vida de lector (es decir, para su vida, a secas). Pero, por alguna raz\u00f3n, no hab\u00eda aparecido ning\u00fan cuento suyo en esta antolog\u00eda virtual.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hoy, que Borges hubiera cumplido 120 a\u00f1os, aqu\u00ed est\u00e1 un cuento que no es de sus m\u00e1s conocidos, proveniente de <em>El libro de arena<\/em> (1975). Seg\u00fan el propio texto, la palabra <em>undr<\/em> significa <em>maravilla<\/em>; la que se revela no es  la de un suceso fant\u00e1stico, pero de ella, de alguna manera, participan todas las historias, y tambi\u00e9n todas las personas que alguna vez han contado una historia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La copia del texto est\u00e1 tomada del excelente sitio <em><a href=\"https:\/\/borgestodoelanio.blogspot.com\/2015\/09\/jorge-luis-borges-undr.html\">Borges todo el a\u00f1o<\/a><\/em>.<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/08\/borges.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"15040\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/undr\/borges\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/08\/borges.jpg\" data-orig-size=\"1600,1063\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Jorge Luis Borges\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/08\/borges-1024x680.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/08\/borges.jpg\" alt=\"Jorge Luis Borges\" width=\"1600\" height=\"1063\" class=\"alignnone size-full wp-image-15040\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/08\/borges.jpg 1600w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/08\/borges-300x199.jpg 300w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/08\/borges-1024x680.jpg 1024w\" sizes=\"auto, (max-width: 1600px) 100vw, 1600px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>UNDR<br \/>\nJorge Luis Borges<\/strong><\/p>\n<p>Debo prevenir al lector que las p\u00e1ginas que traslado se buscar\u00e1n en vano en el <em>Libellus<\/em> (1615) de Ad\u00e1n de Bremen, que, seg\u00fan se sabe, naci\u00f3 y muri\u00f3 en el siglo once. Lappenberg las hall\u00f3 en un manuscrito de la Bodleiana de Oxford y las juzg\u00f3, dado el acopio de pormenores circunstanciales, una tard\u00eda interpolaci\u00f3n, pero las public\u00f3, a t\u00edtulo de curiosidad, en sus <em>Analecta Germanica<\/em> (Leipzig, 1894). El parecer de un mero aficionado argentino vale muy poco; j\u00fazguelas el lector como quiera. Mi versi\u00f3n espa\u00f1ola no es literal, pero es digna de fe.<\/p>\n<p>Escribe Ad\u00e1n de Bremen:<\/p>\n<p>\u00ab\u2026De las naciones que lindan con el desierto que se dilata en la otra margen del Golfo, m\u00e1s all\u00e1 de las tierras en que procrea el caballo salvaje, la m\u00e1s digna de menci\u00f3n es la de los urnos. La incierta o fabulosa informaci\u00f3n de los mercaderes, lo azaroso del rumbo y las depredaciones de los n\u00f3madas, nunca me permitieron arribar a su territorio. Me consta, sin embargo, que sus precarias y apartadas aldeas quedan en las tierras bajas del V\u00edstula. A diferencia de los suecos, los urnos profesan la genuina fe de Jes\u00fas, no maculada de arrianismo ni del sangriento culto de los demonios, de los que derivan su estirpe las casas reales de Inglaterra y de otras naciones del Norte. Son pastores, barqueros, hechiceros, forjadores de espadas y trenzadores. Debido a la inclemencia de las guerras casi no aran la tierra. La llanura y las tribus que la recorren los han hecho muy diestros en el manejo del caballo y del arco. Siempre uno acaba por asemejarse a sus enemigos. Las lanzas son m\u00e1s largas que las nuestras, ya que son de jinetes y no de peones.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbDesconocen, como es de suponer, el uso de la pluma, del cuerno de tinta y del pergamino. Graban sus caracteres como nuestros mayores las runas que Od\u00edn les revel\u00f3, despu\u00e9s de haber pendido del fresno, Od\u00edn sacrificado a Od\u00edn, durante nueve noches.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbA estas noticias generales agregar\u00e9 la historia de mi di\u00e1logo con el island\u00e9s Ulf Sigurdarson, hombre de graves y medidas palabras. Nos encontramos en Uppsala, cerca del templo. El fuego de le\u00f1a hab\u00eda muerto; por las desparejas hendijas de la pared fueron entrando el fr\u00edo y el alba. Afuera dejar\u00edan su cautelosa marca en la nieve los lobos grises que devoran la carne de los paganos destinados a los tres dioses. Nuestro coloquio hab\u00eda comenzado en lat\u00edn, como es de uso entre cl\u00e9rigos, pero no tardamos en pasar a la lengua del norte que se dilata desde la \u00daltima Thule hasta los mercados del Asia. El hombre dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014Soy de estirpe de Skalds; me bast\u00f3 saber que la poes\u00eda de los urnos consta de una sola palabra para emprender su busca y el derrotero que me conducir\u00eda a su tierra. No sin fatigas y trabajos llegu\u00e9 al cabo de un a\u00f1o. Era de noche; advert\u00ed que los hombres que se cruzaban en mi camino me miraban curiosamente y una que otra pedrada me alcanz\u00f3. Vi el resplandor de una herrer\u00eda y entr\u00e9.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEl herrero me ofreci\u00f3 albergue para la noche. Se llamaba Orm. Su lengua era m\u00e1s o menos la nuestra. Cambiamos unas pocas palabras. De sus labios o\u00ed por primera vez el nombre del rey, que era Gunnlaug. Supe que libraba la \u00faltima guerra, miraba con recelo a los forasteros y que su h\u00e1bito era crucificarlos. Para eludir ese destino, menos adecuado a un hombre que a un Dios, emprend\u00ed la escritura de una <em>dr\u00e1pa<\/em>, o composici\u00f3n laudatoria, que celebraba las victorias, la fama y la misericordia del rey. Apenas la aprend\u00ed de memoria vinieron a buscarme dos hombres. No quise entregarles mi espada, pero me dej\u00e9 conducir.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbA\u00fan hab\u00eda estrellas en el alba. Atravesamos un espacio de tierra con chozas a los lados. Me hab\u00edan hablado de pir\u00e1mides; lo que vi en la primera de las plazas fue un poste de madera amarilla. Distingu\u00ed en una punta la figura negra de un pez. Orm, que nos hab\u00eda acompa\u00f1ado, me dijo que ese pez era la Palabra. En la siguiente plaza vi un poste rojo con un disco. Orm repiti\u00f3 que era la Palabra. Le ped\u00ed que me la dijera. Me dijo que era un simple artesano y que no la sab\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEn la tercera plaza, que fue la \u00faltima, vi un poste pintado de negro, con un dibujo que he olvidado. En el fondo hab\u00eda una larga pared derecha, cuyos extremos no divis\u00e9. Comprob\u00e9 despu\u00e9s que era circular, techada de barro, sin puertas interiores, y que daba toda la vuelta de la ciudad. Los caballos atados al palenque eran de poca alzada y crinudos. Al herrero no lo dejaron entrar. Adentro hab\u00eda gente de armas, toda de pie. Gunnlaug, el rey, que estaba doliente, yac\u00eda con los ojos semicerrados en una suerte de tarima, sobre unos cueros de camello. Era un hombre gastado y amarillento, una cosa sagrada y casi olvidada; viejas y largas cicatrices le cruzaban el pecho. Uno de los soldados me abri\u00f3 camino. Alguien hab\u00eda tra\u00eddo un arpa. Hincado, enton\u00e9 en voz baja la <em>dr\u00e1pa<\/em>. No faltaban las figuras ret\u00f3ricas, las aliteraciones y los acentos que el g\u00e9nero requiere. No s\u00e9 si el rey la comprendi\u00f3 pero me dio un anillo de plata que guardo a\u00fan. Bajo la almohada pude entrever el filo de un pu\u00f1al. A su derecha hab\u00eda un tablero de ajedrez, con un centenar de casillas y unas pocas piezas desordenadas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbLa guardia me empuj\u00f3 hacia el fondo. Un hombre tom\u00f3 mi lugar, y lo hizo de pie. Puls\u00f3 las cuerdas como templ\u00e1ndolas y repiti\u00f3 en voz baja la palabra que yo hubiera querido penetrar y no penetr\u00e9. Alguien dijo con reverencia: &#8216;Ahora no quiere decir nada&#8217;.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbVi alguna l\u00e1grima. El hombre alzaba o alejaba la voz y los acordes casi iguales eran mon\u00f3tonos o, mejor a\u00fan, infinitos. Yo hubiera querido que el canto siguiera para siempre y fuera mi vida. Bruscamente ces\u00f3. O\u00ed el ruido del arpa cuando el cantor, sin duda exhausto, la arroj\u00f3 al suelo. Salimos en desorden. Fui de los \u00faltimos. Vi con asombro que la luz estaba declinando.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbCamin\u00e9 unos pasos. Una mano en el hombro me detuvo. Me dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014La sortija del rey fue tu talism\u00e1n, pero no tardar\u00e1s en morir porque has o\u00eddo la Palabra. Yo, Bjarni Thorkelsson, te salvar\u00e9. Soy de estirpe de Skalds. En tu ditirambo apodaste agua de la espada a la sangre y batalla de hombres a la batalla. Recuerdo haber o\u00eddo esas figuras al padre de mi padre. T\u00fa y yo somos poetas; te salvar\u00e9. Ahora no definimos cada hecho que enciende nuestro canto; lo ciframos en una sola palabra que es la Palabra.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbLe respond\u00ed:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014No pude o\u00edrla. Te pido que me digas cu\u00e1l es.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbVacil\u00f3 unos instantes y contest\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014He jurado no revelarla. Adem\u00e1s, nadie puede ense\u00f1ar nada. Debes buscarla solo. Apresur\u00e9monos, que tu vida corre peligro. Te esconder\u00e9 en mi casa, donde no se atrever\u00e1n a buscarte. Si el viento es favorable, navegar\u00e1s ma\u00f1ana hacia el Sur.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbAs\u00ed tuvo principio la aventura que durar\u00eda tantos inviernos. No referir\u00e9 sus azares ni tratar\u00e9 de recordar el orden cabal de sus inconstancias. Fui remero, mercader de esclavos, esclavo, le\u00f1ador, salteador de caravanas, cantor, catador de aguas hondas y de metales. Padec\u00ed cautiverio durante un a\u00f1o en las minas de azogue, que aflojan los dientes. Milit\u00e9 con hombres de Suecia en la guardia de Mikligarthr (Constantinopla). A orillas del Azov me quiso una mujer que no olvidar\u00e9; la dej\u00e9 o ella me dej\u00f3, lo cual es lo mismo. Fui traicionado y traicion\u00e9. M\u00e1s de una vez el destino me hizo matar. Un soldado griego me desafi\u00f3 y me dio la elecci\u00f3n de dos espadas. Una le llevaba un palmo a la otra. Comprend\u00ed que trataba de intimidarme y eleg\u00ed la m\u00e1s corta. Me pregunt\u00f3 por qu\u00e9. Le respond\u00ed que de mi pu\u00f1o a su coraz\u00f3n la distancia era igual. En una margen del Mar Negro est\u00e1 el epitafio r\u00fanico que grab\u00e9 para mi compa\u00f1ero Leif Arnarson. He combatido con los Hombres Azules de Serkland, los sarracenos. En el curso del tiempo he sido muchos, pero ese torbellino fue un largo sue\u00f1o. Lo esencial era la Palabra. Alguna vez descre\u00ed de ella. Me repet\u00ed que renunciar al hermoso juego de combinar palabras hermosas era insensato y que no hay por qu\u00e9 indagar una sola, acaso ilusoria. Ese razonamiento fue vano. Un misionero me propuso la palabra Dios, que rechac\u00e9. Cierta aurora a orillas de un r\u00edo que se dilataba en un mar cre\u00ed haber dado con la revelaci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbVolv\u00ed a la tierra de los urnos y me dio trabajo encontrar la casa del cantor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbEntr\u00e9 y dije mi nombre. Ya era de noche. Thorkelsson, desde el suelo me dijo que encendiera un vel\u00f3n en el candelero de bronce. Tanto hab\u00eda envejecido su cara que no pude dejar de pensar que yo mismo era viejo. Como es de uso le pregunt\u00e9 por su rey. Me replic\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014Ya no se llama Gunnlaug. Ahora es otro su nombre. Cu\u00e9ntame bien tus viajes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbLo hice con mejor orden y con prolijos pormenores que omito. Antes del fin me interrog\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014\u00bfCantaste muchas veces por esas tierras?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbLa pregunta me tom\u00f3 de sorpresa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014Al principio \u2014le dije\u2014 cant\u00e9 para ganarme la vida. Luego, un temor que no comprendo me alej\u00f3 del canto y del arpa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014Est\u00e1 bien \u2014asinti\u00f3\u2014. Ya puedes proseguir con tu historia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbAcat\u00e9 la orden. Sobrevino despu\u00e9s un largo silencio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014\u00bfQu\u00e9 te dio la primera mujer que tuviste? \u2014me pregunt\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014Todo \u2014le contest\u00e9.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014A m\u00ed tambi\u00e9n la vida me dio todo. A todos la vida les da todo, pero los m\u00e1s lo ignoran. Mi voz est\u00e1 cansada y mis dedos d\u00e9biles, pero esc\u00fachame.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbDijo la palabra <em>Undr<\/em>, que quiere decir maravilla.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbMe sent\u00ed arrebatado por el canto del hombre que mor\u00eda, pero en su canto y en su acorde vi mis propios trabajos, la esclava que me dio el primer amor, los hombres que mat\u00e9, las albas de fr\u00edo, la aurora sobre el agua, los remos. Tom\u00e9 el arpa y cant\u00e9 con una palabra distinta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bb\u2014Est\u00e1 bien \u2014dijo el otro y tuve que acercarme para o\u00edrlo\u2014. Me has entendido.\u00bb<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento misterioso, y conmovedor, del escritor argentino Jorge Luis Borges (1899-1986)<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":15040,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"En el 120\u00ba aniversario de Jorge Luis #Borges, uno de sus #cuentos m\u00e1s misterioso y conmovedores: \"Undr\".","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[22,2343,3316,187,190,319,2855,3315],"class_list":["post-15039","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-el-libro-de-arena","tag-escritores-argentinos","tag-escritores-en-espanol","tag-jorge-luis-borges","tag-literatura","tag-undr"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/08\/borges.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/sjEhq-undr","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15039","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15039"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15039\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":15041,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15039\/revisions\/15041"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/15040"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15039"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15039"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15039"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}