{"id":15030,"date":"2014-03-25T22:19:03","date_gmt":"2014-03-26T04:19:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=15030"},"modified":"2025-03-20T22:53:13","modified_gmt":"2025-03-21T04:53:13","slug":"la-tia-carlota","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/la-tia-carlota\/","title":{"rendered":"La t\u00eda Carlota"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Guadalupe_Due%C3%B1as\">Guadalupe Due\u00f1as<\/a> (1920?-2002) es una de las escritoras centrales de la literatura de imaginaci\u00f3n en M\u00e9xico. Aunque sus libros no circulan tanto como deber\u00edan, quien llega a su obra narrativa encuentra en ella \u2013adem\u00e1s muchas historias de im\u00e1genes bellas y perturbadoras\u2013 una extraordinaria capacidad para observar los detalles de la vida (y la vida interior) de las mujeres. \u00abLa t\u00eda Carlota\u00bb proviene del libro m\u00e1s famoso de Due\u00f1as: <em>Tiene la noche un \u00e1rbol<\/em> (1958), y es grande por su creaci\u00f3n de un ambiente opresivo, angustioso, lleno de secretos y sobreentendidos y en el que las mujeres no tienen otra opci\u00f3n que participar de su propia opresi\u00f3n. Due\u00f1as es tambi\u00e9n de las precursoras del feminismo en la literatura mexicana. Una edici\u00f3n de sus <a href=\"https:\/\/www.proceso.com.mx\/513448\/la-obra-completa-guadalupe-duenas-se-presenta-este-domingo-en-palacio-bellas-artes\"><em>Obras Completas<\/em><\/a> se public\u00f3 en M\u00e9xico en 2017.<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/08\/GuadalupeDuenas.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"15031\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/la-tia-carlota\/guadalupeduenas\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/08\/GuadalupeDuenas.jpg\" data-orig-size=\"917,628\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;Archivo Proceso&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}\" data-image-title=\"Guadalupe Due\u00f1as\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/08\/GuadalupeDuenas.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/08\/GuadalupeDuenas.jpg\" alt=\"\" width=\"917\" height=\"628\" class=\"alignnone size-full wp-image-15031\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/08\/GuadalupeDuenas.jpg 917w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/08\/GuadalupeDuenas-300x205.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 917px) 100vw, 917px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>LA T\u00cdA CARLOTA<br \/>\nGuadalupe Due\u00f1as<\/strong><\/p>\n<p>Siempre estoy sola como el viejo naranjo que sucumbe en el patio. Vago por los corredores, por la huerta, por el gallinero durante toda la ma\u00f1ana.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando me canso y voy a ver a mi t\u00eda, la vieja hermana de mi padre, que trasega en la cocina, invariablemente regreso con una tristeza nueva. Porque conmigo su lengua se hincha de palabras duras y su voz me descubre un odio incomprensible.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No me quiere. Dice que traigo desgracia y me nota en los ojos sombras de mal ag\u00fcero.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Alta, cetrina, con ojos entrecerrados esculpidos en madera. Su boca es una l\u00ednea sin sangre, insensible a la ternura. Mi t\u00edo afirma que ella no es mala.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Monologa implacable como el ruido que en la noria producen los chorros de agua, siempre contra m\u00ed:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u2026Irse a ciudad extra\u00f1a donde el mar es la perdici\u00f3n de todos, no tiene sentido. Cosas as\u00ed no suceden en esta tierra. Y mira las consecuencias: anda dividido, con el alma partida en cuatro. Hay que verlo, frente al Cristo que est\u00e1 en tu pieza, llorar como lo hac\u00eda entre mis brazos cuando era peque\u00f1o. \u00a1Y es que no se consuela de haberle dado la espalda! Todo por culpa de ella, por esa que llamas madre. Tu padre estudiaba para cura cuando por su desdicha hizo aquel viaje funesto, \u00fanico motivo para que abandonara el seminario. De haber deseado una esposa, debi\u00f3 elegir a Rosario M\u00e9ndez, de abolengo y prima de tu padre. En tu casa ya llevan cinco criaturas y la \u201cse\u00f1ora\u201d no sabe atenderlas. Las ha repartido como a mostrencas de hospicio. A ti que no eres bonita te dejaron con nosotros. A tu t\u00eda Consolaci\u00f3n le enviaron los dos muchachos. \u00a1A ver si con las gemelas tu madre se avispa un poco! De que era muy jovencita ya pasaron siete a\u00f1os. No me vengan con remilgos de que le falta experiencia. Si enred\u00f3 a tu padre es que le sobra malicia\u2026 Yo no llegar\u00e9 a santa, pero no he de perdonarle que habiendo bordado un alba para que la usara mi hermano en su primera misa, diga la deslenguada que se lo vuelvan rop\u00f3n y pinten el tul de negro para que ella luzca un refajo\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por un momento calla. Desquita su furia en las almendras que remuele en el molcajete.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lentamente salgo, huyo a la huerta y lloro por una pena que todav\u00eda no s\u00e9 c\u00f3mo es de grande.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Me distraen las hormigas. Un hilo ensangrentado que va m\u00e1s all\u00e1 de la puerta. Llevan hojas sobre sus cabellos y se me figuran se\u00f1oritas con sombrilla; ninguna se detiene en la frescura de una rama, ni olvida su consigna y sue\u00f1a sobre una piedra. Incansables, trabajan son\u00e1mbulas cuando arrecia la noche.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Atravieso el patio, aburrida me detengo junto al pozo y en el fondo la pupila de agua abre un pedazo de firmamento. Por el lomo de un ladrillo salta un renacuajo, quiebra la retina y las pesta\u00f1as de musgo se ba\u00f1an de azul.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;De rodillas, con mi cara hundida en el brocal, deletreo mi nombre y las letras se humedecen con el vaho de la tierra. Luego escupo al fondo hasta que ya no tengo saliva. Me subo al pretil y desde all\u00ed, cuando la cortina de lona que libra del calor al patio se asusta con el aire, distingo la sotana de mi t\u00edo que va de la sala a la reja. Una mole gigante que suda todo el d\u00eda, mientras estornudos formidables hacen tambalear su corpulencia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sobre sus canas, que la luz pinta de aluminio, veo claramente su enorme verruga semejante a una bola de chicle. Distingo su cara de ni\u00f1o monstruoso y sus fauces que devoran platos de cuajada y semas rellenas de nata frente a mi hambre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hace mucho que espera su nombramiento de can\u00f3nigo. Ahora es capell\u00e1n de Cumato, la hacienda de los M\u00e9ndez, distante cinco leguas de donde mis t\u00edos radican.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Llevo dos horas sola. De nuevo busco a mi t\u00eda. No importa lo que diga. Ha seguido hablando:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u2026Podr\u00eda haber sido tu madre mi prima Rosario. Entonces vivir\u00edas con el lujo de su hacienda, usar\u00edas corpi\u00f1os de tira bordada y no tendr\u00edas ese color.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbRosario fue muy bella aunque hoy la mires clavada en un sill\u00f3n\u2026 Pero todo vuelve a lo mismo. El d\u00eda que llegaste al mundo se quebr\u00f3 como una higuera tierna. T\u00fa apagaste su esperanza. En fin, ya nada tiene remedio\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Silenciosamente me refugio en la sala. El Cristo triplica su agon\u00eda en los espejos. Es casi del alto de mi t\u00edo, pero llagado y negro, y no termina de cerrar los ojos. Respira, oigo su aliento en las paredes; no soy capaz de mirarlo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Busco la sombra del naranjo y sin querer regreso a la cocina. No encuentro a t\u00eda Carlota. La espero pensando en \u201csu prima Rosario\u201d: la conoc\u00ed un domingo en la misa de la hacienda. Entr\u00f3 al oratorio, en su sill\u00f3n de ruedas forrado de terciopelo, cuando principiaba la Ep\u00edstola. La mantilla ensombrec\u00eda su chongo donde se apretaban los rizos igual que un racimo de uvas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No s\u00e9 por qu\u00e9 de su cara no me acuerdo: la olvid\u00e9 con las golosinas servidas en el desayuno; tampoco puse cuidado a la insistencia de sus ojos, pero algo me hace pensar que los tuvo fijos en m\u00ed. S\u00f3lo me qued\u00f3 presente la mu\u00f1equita china, regalo de mi padre, que ten\u00eda guardada bajo un capelo como si fuera momia. Le espi\u00e9 las piernas y llevaba calzones con encajitos lila.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mi t\u00eda vuelve y principia la tarde.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La comida es en el corredor. Est\u00e1 lista la mesa; pero a m\u00ed nadie me llama.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando mi t\u00edo pronuncia la oraci\u00f3n de gracias cambia de voz y el lat\u00edn lo vuelve tartamudo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Do do d\u00f3mine\u2026 do do d\u00f3mine \u2014oigo desde la cocina. Rechino los dientes. Estoy vi\u00e9ndolo desde la ventana. Se adereza siete huevos en medio metro de virote, escoge el mejor filete y del plat\u00f3n de duraznos no deja nada. \u00a1Qui\u00e9n fuera \u00e9l!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Siempre dicen que estoy sin hambre porque no quiero el arroz que me da la t\u00eda con un caldo rebotado como el agua del pozo. Me consuelo cuando robo teleras y las relleno con p\u00edldoras de \u00e1rnica de las que tiene mi t\u00edo en su botiqu\u00edn.  A las siete comienza el rezo en la parroquia. Mi t\u00eda me lleva al ofrecimiento, pero no me admiten las de la Vela Perpetua. Dicen que me faltan zapatos blancos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Me siento en la banca donde las Hijas de Mar\u00eda se acurrucan como las golondrinas en los alambres.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los ac\u00f3litos cantan. Llueve y por las claraboyas se mete a rezar la lluvia. Pienso que en el patio se ahogan las hormigas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Me arrulla el susurro de las Avemar\u00edas y casi sin sentirlo pregonan el \u00faltimo misterio. \u00c9se s\u00ed me gusta. Las ni\u00f1as riegan agua florida. La esparcen con un clavel que hace de hisopo y despu\u00e9s, en la letan\u00eda, ofrecen chisporroteantes pebeteros.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La iglesia se llena de copal y el manto de la Virgen se oscurece. La custodia incendia su estrella de p\u00faas y se desbocan las campanillas. Un olor de pino crece en la nave arrobada. Flotan rehiletes de humo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Arrastro los zapatos detr\u00e1s de mi t\u00eda. Como sigue la llovizna, los derrito en el agua y dejo mi rencor en el cieno de los charcos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando regresamos, mi t\u00edo anuncia que ha llegado un telegrama. Al fin van a nombrarlo can\u00f3nigo y me ir\u00e9 con ellos a M\u00e9xico.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No oigo m\u00e1s. Me escondo tras el naranjo. Por primera vez pienso en mis padres. Los reconstruyo mientras barnizo de lodo mis rodillas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Vinieron en Navidad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mi padre es hermoso. M\u00e1s bien esto me lo dijo la t\u00eda. Mejor que su figura recuerdo lo que habl\u00f3 con ella:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Esta pobrecita ni\u00f1a ni siquiera sac\u00f3 los ojos de la madre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y su hermana repuso:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Es caprichosa y extra\u00f1a. No pide ni dulces; pero yo la he visto chupar la mesa en donde extiendo el cuero de membrillo. No vive m\u00e1s que en la huerta con la lengua escaldada de granos de tanto comer los d\u00e1tiles que no se maduran.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los ojos de mi madre son como un tr\u00e9bol largo donde hubiera ca\u00eddo sol. La sorprendo por los vidrios de la envejecida puerta. Baila frente al espejo y no le tiene miedo al Cristo. Los volantes de su falda rozan los pies ensangrentados. La contemplo con espanto temiendo que caiga lumbre de la cruz. No sucede nada. Su alegr\u00eda me asusta y sin embargo yo deseo quererla, dormirme en su regazo, preguntarle por qu\u00e9 es mi madre. Pero ella est\u00e1 de prisa. Cuando cesa de bailar s\u00f3lo tiene ojos para mi padre. Lo besa con estruendo que me da\u00f1a y yo quiero que muera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ante ella mi padre se transforma. Ya no se asemeja al San Lorenzo que gime atormentado en su parrilla. Ahora se parece al arc\u00e1ngel de la sala y hasta puedo imaginarme que haya sido tambi\u00e9n un ni\u00f1o, porque su frente se aclara y en su boca lleva amor y una sonrisa que la t\u00eda Carlota no le conoce.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ninguno de los dos se acuerda del Cristo que me persigue con sus ojos que nunca se cierran. Los cristales agrandan sus brazos. Me alejo herida. Al irme escucho la voz de mi madre hablando entre murmullos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9 haremos con esta criatura? Hered\u00f3 todo el ajenjo de tu familia\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las frases se pierden.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ya nada de ellos me importa. Paso la tarde cabalgando en el tezontle de la tapia por un camino de tejados, de nubes y tendederos, de gorriones muertos y de hojas amarillas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En la ma\u00f1ana mis padres se fueron sin despedirse.Mi t\u00eda me llama para la cena. Le digo que tengo fr\u00edo y me voy derecho a la cama.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando empiezo a dormirme siento que ella pone bajo mi almohada un objeto peque\u00f1o. Lo palpo, y me sorprende la mu\u00f1equita china.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No puedo contenerme, descargo mis sollozos y grito:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1A m\u00ed nadie me quiere, nunca me ha querido nadie!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El can\u00f3nigo se turba y mi t\u00eda llora enloquecida. Empieza a decirme palabras sin sentido. Hasta perdona que Rosario no sea mi madre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Me derrumbo sin advertir lo duro de las tablas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ella me bendice; luego, de rodillas junto a mi cabecera, empieza habla que habla:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Que tengo los ojos limpios de aquellos malos presagios. Que siempre he sido una ni\u00f1a muy buena, que mi color es de trigo y que hasta los propios \u00e1ngeles quisieran tener mis manos. Pero por lo que m\u00e1s me quiere es por esa tristeza que me hace igual a mi padre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Finjo que duermo mientras sus l\u00e1grimas caen como alfileres sobre mi cara.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento angustioso, contemplativo, de la escritora mexicana Guadalupe Due\u00f1as (1920-2002)<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":15031,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"La t\u00eda Carlota","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[22,2343,185,190,198,2069,1734,3314,2855],"class_list":["post-15030","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritoras","tag-escritores-en-espanol","tag-escritores-mexicanos","tag-feminismo","tag-guadalupe-duenas","tag-la-tia-carlota","tag-literatura"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/08\/GuadalupeDuenas.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-3Uq","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15030","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=15030"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15030\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16805,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/15030\/revisions\/16805"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/15031"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=15030"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=15030"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=15030"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}