{"id":14981,"date":"2009-02-12T11:11:18","date_gmt":"2009-02-12T17:11:18","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=14981"},"modified":"2019-08-05T11:39:18","modified_gmt":"2019-08-05T16:39:18","slug":"lo-secreto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/lo-secreto\/","title":{"rendered":"Lo secreto"},"content":{"rendered":"<p>Un cuento de la escritora chilena <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Mar%C3%ADa_Luisa_Bombal\">Mar\u00eda Luisa Bombal<\/a> (1910-1980), conocida por su novela <em>La amortajada<\/em> y su cuento \u00abEl \u00e1rbol\u00bb pero autora de una obra m\u00e1s abundante. Como otras escritoras latinoamericanas del siglo XX, Bombal tuvo que abrirse paso en un medio literario hostil a las mujeres, y en varios casos sus narraciones pueden entenderse como textos que expresan en clave las frustraciones y dificultades que tuvo que pasar. Tambi\u00e9n hay, sin embargo, cuentos suyos como el que sigue, en atm\u00f3sferas de sue\u00f1o m\u00e1s misteriosas y dif\u00edciles de descifrar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La pel\u00edcula <em><a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Bombal_(pel%C3%ADcula)\">Bombal<\/a><\/em> (Marcelo Ferrari, 2011) cuenta su vida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abLo secreto\u00bb se public\u00f3 por primera vez en el libro <em>La \u00faltima niebla<\/em> (1934).<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/08\/MariaLuisaBombal.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"14982\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/lo-secreto\/marialuisabombal\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/08\/MariaLuisaBombal.jpg\" data-orig-size=\"530,355\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1403091091&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}\" data-image-title=\"Mar\u00eda Luisa Bombal\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/08\/MariaLuisaBombal.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/08\/MariaLuisaBombal.jpg\" alt=\"\" width=\"530\" height=\"355\" class=\"alignnone size-full wp-image-14982\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/08\/MariaLuisaBombal.jpg 530w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/08\/MariaLuisaBombal-300x201.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 530px) 100vw, 530px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>LO SECRETO<br \/>\nMar\u00eda Luisa Bombal<\/strong><\/p>\n<p>S\u00e9 muchas cosas que nadie sabe.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Conozco del mar, de la tierra y del cielo infinidad de secretos peque\u00f1os y m\u00e1gicos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Esta vez, sin embargo, no contar\u00e9 sino del mar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Aguas abajo, m\u00e1s abajo de la honda y densa zona de tinieblas, el oc\u00e9ano vuelve a iluminarse. Una luz dorada brota de gigantescas esponjas, refulgentes y amarillas como soles.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Toda clase de plantas y de seres helados viven all\u00ed sumidos en esa luz de est\u00edo glacial, eterno\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Actinias verdes y rojas se aprietan en anchos prados a los que se entrelazan las transparentes medusas que no rompieran a\u00fan sus amarras para emprender por los mares su destino errabundo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Duros corrales blancos se enmara\u00f1an en matorrales est\u00e1ticos por donde se escurren peces de un terciopelo sombr\u00edo que se abren y cierran blandamente, como flores.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Veo hipocampos. Es decir, diminutos corceles de mar, cuyas crines de algas se esparcen en lenta aureola alrededor de ellos cuando galopan silenciosos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y s\u00e9 que si se llegaran a levantar ciertas caracolas grises de forma anodina puede encontrarse debajo a una sirenita llorando.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y ahora recuerdo, recuerdo cuando de ni\u00f1os, saltando de roca en roca, refren\u00e1bamos nuestro impulso al borde imprevisto de un estrecho desfiladero. Desfiladero dentro del cual las olas al retirarse dejaran atr\u00e1s un largo manto real hecho de espuma, de una espuma irisada, recalcitrante en morir y que susurraba, susurraba\u2026 algo as\u00ed como un mensaje.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfEntendieron ustedes entonces el sentido de aquel mensaje?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No lo s\u00e9.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por mi parte debo confesar que lo entend\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Entend\u00ed que era el secreto de su noble origen que aquella clase de moribundas espumas trataban de suspirarnos al o\u00eddo\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Lejos, lejos y profundo \u2014nos confiaban\u2014 existe un volc\u00e1n submarino en constante erupci\u00f3n. Noche y d\u00eda su cr\u00e1ter hierve incansable y soplando espesas burbujas de lava plateada hacia la superficie de las aguas\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero el principal objetivo de estas breves l\u00edneas es contarles de un extra\u00f1o, ignorado suceso, acaecido igualmente all\u00e1 en lo bajo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Es la historia de un barco pirata que siglos atr\u00e1s rodara absorbido por la escalera de un remolino, y que siguiera viajando mar abajo entre ignotas corrientes y arrecifes sumergidos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Furiosos pulpos abraz\u00e1banse mansamente a sus m\u00e1stiles, como para guiarlo, mientras las esquivas estrellas de mar animaban palpitantes y confiadas en sus bodegas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Volviendo al fin de su largo desmayo, el Capit\u00e1n Pirata, de un solo rugido, despert\u00f3 a su gente. Orden\u00f3 levar ancla.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y en tanto, saliendo de su estupor, todos corrieron afanados, el Capit\u00e1n en su torre, no bien paseara una segunda mirada sobre el paisaje, empez\u00f3 a maldecir.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El barco hab\u00eda encallado en las arenas de una playa interminable, que un tranquilo claro de luna, color verde-umbr\u00edo, ba\u00f1aba por parejo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sin embargo hab\u00eda a\u00fan peor:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por doquiera revolviese el largavista alrededor del buque no encontraba mar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Condenado Mar \u2014vocifer\u00f3\u2014. Malditas mareas que maneja el mismo Diablo. Mal rayo las parta. Dejarnos tirados costa adentro\u2026 para volver a recogernos qui\u00e9n sabe a qu\u00e9 siniestra malvenida hora\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Airado, volc\u00f3 frente y televista hacia arriba, buscando cielo, estrellas y el cuartel de servicio en que velara esa luna de nefando resplandor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero no encontr\u00f3 cielo, ni estrellas, ni visible cuartel.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por Satan\u00e1s. Si aquello arriba parec\u00eda algo ciego, sordo y mudo\u2026 Si era exactamente el reflejo invertido de aquel demon\u00edaco, arenoso desierto en que hab\u00edan encallado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y ahora, para colmo, esta \u00faltima extravagancia. Inm\u00f3viles, silenciosas, las frondosas velas negras, orgullo de su barco, henchidas all\u00e1 en los m\u00e1stiles cuan ancho eran\u2026 y eso que no corr\u00eda el menor soplo de viento.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014A tierra. A tierra la gente \u2014se le oye tronar por el barco entero\u2014. Cargar pu\u00f1ales, salvavidas. Y a reconocer la costa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La plancha prestamente echada, una tripulaci\u00f3n medio son\u00e1mbula desembarca d\u00f3cilmente; su Capit\u00e1n \u00faltimo en fila, arma de fuego en mano.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La arena que hollaran, hundi\u00e9ndose casi al tobillo, era fina, sedosa, y muy fr\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dos bandos. Uno marcha al Este. El otro, al Oeste. Ambos en busca del Mar. Ha ordenado el Capit\u00e1n. Pero. . .<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Alto \u2014vocifera deteniendo el trote desparramado de su gente\u2014. El Chico ac\u00e1 de guardarrelevo. Y los otros proseguir. Adelante.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y El Chico, un muchachito hijo de honestos pescadores, que fren\u00e9tico de aventuras y fechor\u00edas se hab\u00eda escapado para embarcarse en \u201cEl Terrible\u201d (que era el nombre del barco pirata, as\u00ed como el nombre de su capit\u00e1n), acatando \u00f3rdenes, vuelve sobre sus pasos, la frente baja y como observando y contando cada uno de ellos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Vaya el lerdo\u2026 el patizambo\u2026 el tortuga \u2014reta el Pirata una vez al muchacho frente a \u00e9l; tan peque\u00f1o a pesar de sus quince a\u00f1os, que apenas si llega a las hebillas de oro macizo de su cintur\u00f3n salpicado de sangre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cNi\u00f1os a bordo\u201d \u2014piensa de pronto, acometido por un desagradable, indefinible malestar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Mi Capit\u00e1n \u2014dice en aquel momento El Chico, la voz muy queda\u2014, \u00bfno se ha fijado usted que en esta arena los pies no dejan huella?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfNi que las velas de mi barco echan sombra? \u2014replica este, seco y brutal.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Luego su c\u00f3lera parece apaciguarse de a poco ante la mirada ingenua, interrogante con que El Chico se obstina en buscar la suya.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Vamos, hijo \u2014masculla, apoyando su ruda mano sobre el hombro del muchacho\u2014. El mar no ha de tardar. . .<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed, se\u00f1or \u2014murmura el ni\u00f1o, como quien dice: Gracias.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Gracias. La palabra prohibida. Antes quemarse los labios. Ley de Pirata.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u00bfDije Gracias?\u201d \u2014se pregunta El Chico, sobresaltado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u00a1Lo llam\u00e9: hijo!\u201d \u2014piensa estupefacto el Capit\u00e1n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Mi Capit\u00e1n \u2014habla de nuevo El Chico\u2014, en el momento del naufragio\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Aqu\u00ed el Pirata parpadea y se endereza brusco.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u2026del accidente, quise decir, yo me hallaba en las bodegas. Cuando me recobro, \u00bfqu\u00e9 cree usted? Me las encuentro repletas de los bichos m\u00e1s asquerosos que he visto\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9 clase de bichos?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Bueno, de estrellas de mar\u2026 pero vivas. Dan un asco. Si laten como v\u00edsceras de humano reci\u00e9n destripado\u2026 Y se mov\u00edan de un lado para otro busc\u00e1ndose, amonton\u00e1ndose y hasta tratando de atrac\u00e1rseme\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ja. Y t\u00fa asustado, \u00bfeh?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Yo, m\u00e1s r\u00e1pido que anguila, me lanc\u00e9 a abrir puertas, escotillas y todo; y a patadas y escobazos empec\u00e9 a barrerlas fuera. \u00a1C\u00f3mo corr\u00edan torcido escurri\u00e9ndose por la arena! Sin embargo, mi Capit\u00e1n, tengo que decirle algo\u2026 y es que not\u00e9\u2026 que ellas s\u00ed dejaban huellas. . .<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El terrible no contesta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y lado a lado ambos permanecen erguidos bajo esa mortecina verde luz que no sabe titilar, ante un silencio tan sin eco, tan completo, que de repente empiezan a o\u00edr.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A o\u00edr y sentir dentro de ellos mismos el surgir y ascender de una marea desconocida. La marea de un sentimiento del que no atinan a encontrar el nombre. Un sentimiento cien veces m\u00e1s destructivo que la ira, el odio o el pavor. Un sentimiento ordenado, nocturno, roedor. Y el coraz\u00f3n a \u00e9l entregado, paciente y resignado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Tristeza \u2014murmura al fin El Chico, sin saberlo. Palabra soplada a su o\u00eddo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y entonces, en\u00e9rgico, tratando de sacudirse aquella pesadilla, el Capit\u00e1n vuelve a aferrarse del grito y del mal humor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Chico, basta. Y hablemos claro, T\u00fa, con nosotros, aprendiste a asaltar, apu\u00f1alar, robar e incendiar\u2026 sin embargo, nunca te o\u00ed blasfemar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pausa breve; luego bajando la voz, el Pirata pregunta con sencillez.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Chico, dime, t\u00fa has de saber\u2026 \u00bfEn d\u00f3nde crees t\u00fa que estamos?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ah\u00ed donde usted piensa, mi Capit\u00e1n\u2014contesta respetuosamente el muchacho\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pues a mil millones de pies bajo el mar, caray \u2014estalla el viejo Pirata en una de esas sus famosas, estrepitosas carcajadas, que corta s\u00fabito, casi de ra\u00edz.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Porque aquello que quiso ser carcajada reson\u00f3 tremendo gemido, clamor de aflicci\u00f3n de alguien que, dentro de su propio pecho, estuviera usurpando su risa y su sentir; de alguien desesperado y ardiendo en deseo de algo que sabe irremisiblemente perdido.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento on\u00edrico, misterioso de la escritora chilena Mar\u00eda Luisa Bombal (1910-1980)<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":14982,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"Lo secreto","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[22,2343,185,1830,190,2855,3305,3304],"class_list":["post-14981","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritoras","tag-escritores-chilenos","tag-escritores-en-espanol","tag-literatura","tag-lo-secreto","tag-maria-luisa-bombal"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/08\/MariaLuisaBombal.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-3TD","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14981","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=14981"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14981\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":14986,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14981\/revisions\/14986"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/14982"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=14981"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=14981"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=14981"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}