{"id":14928,"date":"2009-06-20T09:57:54","date_gmt":"2009-06-20T14:57:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=14928"},"modified":"2019-07-07T10:34:35","modified_gmt":"2019-07-07T15:34:35","slug":"entropia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/entropia\/","title":{"rendered":"Entrop\u00eda"},"content":{"rendered":"<p>Un cuento de lo que a veces se llama ciencia ficci\u00f3n, es decir, una narraci\u00f3n que intenta imaginar posibilidades de la vida humana que no se han realizado todav\u00eda o que incluso est\u00e1n fuera de nuestro alcance. (Y que, en este caso, llega hasta el extremo m\u00e1s remoto de la existencia del universo, tal como se entiende en la actualidad, y de la vida humana.) Su autor es <a href=\"http:\/\/luisbrittogarcia.blogspot.com\/\">Luis Britto Garc\u00eda<\/a> (1940), escritor venezolano, conocido en M\u00e9xico, sobre todo, por su narrativa breve, que incluye libros como <em>Abrapalabra<\/em> (1969) y <em><a href=\"https:\/\/mariainescarvajal.files.wordpress.com\/2011\/03\/rajatabla.pdf\">Rajatabla<\/a><\/em> (1970), ambos ganadores del Premio Casa de las Am\u00e9ricas. Del segundo proviene \u00abEntrop\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>(<em>Nota de 2019:<\/em> este cuento desolador fue comparado, en el momento de su publicaci\u00f3n, con obras de su propio tiempo, pero ahora se le puede volver a leer en relaci\u00f3n con historias de \u00e9ste, m\u00e1s desoladoras y pesimistas. Quien haya visto, por ejemplo, pel\u00edculas recientescomo <em>High Life<\/em> de Claire Denis, o <em>I Am Mother<\/em> de Grant Sputore, se sorprender\u00e1 con m\u00e1s de una imagen de las que Britto invent\u00f3 hace casi cincuenta a\u00f1os.)<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2009\/06\/Britto.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"14936\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/entropia\/britto\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2009\/06\/Britto.jpg\" data-orig-size=\"1134,720\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}\" data-image-title=\"Luis Britto Garc\u00eda\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2009\/06\/Britto-1024x650.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2009\/06\/Britto-1024x650.jpg\" alt=\"Luis Britto Garc\u00eda\" width=\"1024\" height=\"650\" class=\"alignnone size-large wp-image-14936\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2009\/06\/Britto-1024x650.jpg 1024w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2009\/06\/Britto-300x190.jpg 300w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2009\/06\/Britto.jpg 1134w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>ENTROP\u00cdA<br \/>\nLuis Britto Garc\u00eda<\/strong><\/p>\n<p><em>Hu\u00e9rfano<\/em><\/p>\n<p>No supo qu\u00e9 cosa fuera una madre ni que cosa fuera un padre. Su cuerpo \u2014su diminuto cuerpo\u2014 no conoci\u00f3 otro sitio que el negro cubo de acero, sin puertas, sin ventanas, sin escapes. Sus largos lloriqueos de reci\u00e9n nacido no encontraron consuelo sus balbuceos no encontraron respuesta ninguna forma humana surgi\u00f3 de la tiniebla cuando se abrieron sus grandes ojos asombrados. Y nadie le ense\u00f1\u00f3 los primeros pasos antes que a pesar, aprendi\u00f3 el enclaustrado que en aquella prisi\u00f3n absoluta no ten\u00edan sentido los pasos.<\/p>\n<p><em>Madrastra<\/em><\/p>\n<p>Larvas de ideas m\u00e1s que ideas, sombras de la expe-riencia m\u00e1s que experiencia, las primeras nociones de tiempo y de espacio se fueron acumulando en el cerebro del ni\u00f1o abandonado al observar \u00e9ste la regularidad de ciertos fen\u00f3menos \u2014durante tres a\u00f1os varias veces por d\u00eda avanzaba hacia \u00e9l un f\u00e9rreo brazo que llevaba los alimentos l\u00edquidos, una vez por d\u00eda un destello como un rel\u00e1mpago accionaba series de extra\u00f1os zumbidos en aquella isla del silencio en donde no ten\u00edan sentido los d\u00edas ni las noches\u2014 y luego le fueron negados los alimentos, para no morir de hambre tuvo que resolver problemas, y s\u00f3lo despu\u00e9s de vencer aquellos intrincados acertijos sin palabras \u2014laberintos, cerraduras, barreras\u2014 pod\u00eda la torturada criatura arrastrarse hacia su presa \u2014consumir los invariables alimentos, las invariables porciones de entrop\u00eda concentrada, ante las paredes inexpresivas que lo rodeaban, que formaban el recinto de su prisi\u00f3n perpetua.<\/p>\n<p><em>Supervivencia<\/em><\/p>\n<p>Y aquella batalla fue de todos los d\u00edas, de todas las incontables sucesiones de d\u00edas de los interminables a\u00f1os del prisionero. Cada vez la llave intelectual que abr\u00eda el acceso del alimento era m\u00e1s complicada \u2014a los diez a\u00f1os el hambriento animalito pasaba el tiempo est\u00e1tico, trillando los laberintos de las relaciones de los \u00e1ngulos, las respuestas a los enigmas que la esfinge mec\u00e1nica le propon\u00eda como condici\u00f3n del alimento y de la vida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfMe oyes, Testigo? \u2014preguntaba la M\u00e1quina.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed te oigo \u2014contestaba el descarnado ni\u00f1o, moviendo los dedos de los pies que flotaban suspendidos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfY c\u00f3mo llega el sonido a tus o\u00eddos?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y el prisionero deb\u00eda profundizar en las claves de la ac\u00fastica, antes de comer. A veces la m\u00e1quina jugaba pesadas bromas:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9 sistema de geometr\u00eda describe adecuadamente las propiedades del espacio?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Entonces ven\u00edan las inacabables horas de hambre, flotando en la c\u00e1rcel indestructible hasta acertar con la clave:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ninguno.<\/p>\n<p><em>Due\u00f1o<\/em><\/p>\n<p>Dos veces renunci\u00f3 a vivir \u2014volvi\u00f3 la espalda a la sarc\u00e1stica Esfinge y a sus alimentos\u2014 y las dos veces volvi\u00f3 a la lucha.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un d\u00eda, a los catorce a\u00f1os, el enigma que resolvi\u00f3 fue el de hacerse el due\u00f1o \u2014el orgulloso diablillo fabric\u00f3 una invisible llave, desarm\u00f3 la intrincada maquinaria, se hizo el amo de los racionadores de alimentos\u2014 y desde entonces los enigmas los plante\u00f3 \u00e9l mismo. Veamos al diminuto prisionero guardando en la memoria todos los conocimientos \u00fatiles, desliz\u00e1ndose como una ara\u00f1a por las paredes de su prisi\u00f3n de toda la vida, rumiando pensamientos contra el mecanismo atormentador que le plantea problemas y que con cada soluci\u00f3n se va acercando al abismo. En la oscuridad, el ni\u00f1o se acerca resuelto a la enorme mole de conexiones y la mira de hito en hito, mientras \u00e9sta le asesta sus hilos luminosos, como si adivinara sus intenciones. Nuevamente el diminuto vertebrado se enfrenta a la naturaleza de las cosas dispuesto a vencerla, si bien esta naturaleza de las cosas es deliberada, consciente, inimaginablemente inteligente y compleja. Sus formas, que apenas se vislumbran en el estrecho calabozo, a veces semejan la expresi\u00f3n de un rostro infinitamente ramificado, multiplicado hasta la locura en una siniestra pesadilla sin prop\u00f3sitos. Rostro sin facciones, un universo que rodea al ni\u00f1o desde todo recordable pasado y quiz\u00e1 lo rodear\u00e1 en todo futuro previsible. Funciones del universo, no tener origen, no explicar nada, atormentar. Funciones del hombre, inventarse or\u00edgenes, explicar falsamente, atormentarse. Y he aqu\u00ed que el ni\u00f1o desenvaina palabras fulgurantes y propone una paradoja. Paradoja que la m\u00e1quina resuelve falsamente y devuelve al ni\u00f1o convertida en pregunta que a su vez plantea una contradicci\u00f3n. Contradicci\u00f3n que el ni\u00f1o emplea v\u00e1lidamente para dar una ilusoria respuesta que a su vez plantea otra paradoja. Paradoja que la m\u00e1quina transforma en otra que a su vez plantea como problema. De un extremo de este duelo, el hambre: al ni\u00f1o le son negados los alimentos durante las cien horas que tarde en dar aparente respuesta a un contrasentido, respuesta que a su vez la m\u00e1quina deber\u00e1 emplear como punto de partida para una nueva estocada del duelo. Del otro lado de este \u00faltimo, una vislumbre, una esperanza; para herir a un ser, debes saber en qu\u00e9 consiste. Para estrangular una entidad que es s\u00f3lo raz\u00f3n, debes confundir esta raz\u00f3n, torcer sus espinas hasta que se enconen contra la misma planta y gangrenosamente la perforen y envenenen. As\u00ed, paradoja-desconcierto, apor\u00eda-hambre, hambre-petici\u00f3n de principio, petici\u00f3n de principio-desconcierto. Las respuestas de la Esfinge se hacen balbucientes. A medida que se tiende la red, cada premisa de su mente es negada por otra premisa y aun la premisa que la lleva a usar su arma invulnerabilidad-ayuno es combatida por mara\u00f1as de premisas de modo que inacci\u00f3n-acci\u00f3n es una disyuntiva insoslayable y a la vez imposible, obligatoria y a la vez insoluble, y as\u00ed al acero l\u00f3gica se opone el acero sinraz\u00f3n y por heridas el\u00e9ctricas cuela el vac\u00edo en la mente artificial que agoniza. \u00a1Cu\u00e1n pesadas son ahora la quietud y la oscuridad mientras el ni\u00f1o desnudo aperado de enigmas lanza palabras-cuchillos y apenas su rostro destaca como una manchita azul en la negrura en que transcurre el descerrajamiento! Pues la Esfinge, en realidad, es una complicada cerradura que obstruye el acceso hacia los alimentos. \u00bfY hacia algo m\u00e1s? La siniestra c\u00e1psula ha modelado los pensamientos del ni\u00f1o de la misma manera que una bota de hierro aprisiona, deforma y reprime el pie encerrado en ella. El espacio cuyas propiedades le ha propuesto la m\u00e1quina como enigmas se reduce al estrecho cubo del cual es prisionero; la qu\u00edmica de los organismos que conoce se reduce a la de su propio cuerpo; para el ni\u00f1o enclaustrado hay dos reinos: su mis\u00e9rrima agitaci\u00f3n, y la calma de las paredes de acero que lo encierran. Y he aqu\u00ed que da un grito cuando una centella azul desintegra los nudos el\u00e9ctricos que constituyen el coraz\u00f3n de la Esfinge y millares de circuitos revientan arrojando chispas. Pobre mente de n\u00fameros, despedazada por la mente de sangre donde las contradicciones proliferan y viven temibles y eternas aliment\u00e1ndose las unas de las otras como monstruos abismales en una penumbra cruzada por claridades ilusorias. Las paredes met\u00e1licas caen, los paneles se corren, y aparecen los almacenes de alimento, los regene-radores del aire, y m\u00e1s all\u00e1 nada, puesto que la prisi\u00f3n cuyas puertas han sido abiertas s\u00f3lo conduce a otra prisi\u00f3n, y el peque\u00f1o ser llora su primera victoria mientras se va elevando hacia el centro de la celda, suspendido en el aire, eje del universo que ahora le obedece, y sus l\u00e1grimas flotan gravitando como mundos transitorios.<\/p>\n<p><em>Soledad<\/em><\/p>\n<p>Pero toda victoria es hueca en tanto que con nuestros enemigos desaparecemos en cierto grado nosotros y nuestras facultades. He aqu\u00ed que el desgarbado ni\u00f1o ha despedazado a su acompa\u00f1ante \u2014y \u00fanicamente ahora se abate sobre \u00e9l el pavor de la verdadera soledad, \u00fanicamente ahora recibe en pleno rostro la oleada paralizante de la nada. Ha pasado revista a los alimentos; el aire se vicia y se regenera en un c\u00edrculo vicioso de transformaciones qu\u00edmicas que s\u00f3lo consumen energ\u00eda, y las encuentra suficientes para sustentarlo por un tiempo finito. Ha triunfado, y contempla su triunfo como si fuera un pu\u00f1ado de ceniza. En ese estado, no puede hace otra cosa que albergar sentimientos religiosos. Pues ha dado con la idea temida por toda viviente raza, que es la idea que re\u00fane como predicados ser y finitud; pues no quiere aceptar esa idea que confusamente intuye \u2014la muerte\u2014 ni siquiera para aquella m\u00e1quina que era su enemigo: su espejo: su propio ser. As\u00ed, imagina que la entidad que lo mortificaba y se opon\u00eda subsiste: que aun fuera de su prisi\u00f3n hay otra prisi\u00f3n en la cual la m\u00e1quina sobrevive y lo vigila. No se resigna a su poder\u00edo como los hombres nunca se han re-signado al suyo, y necesita fantasmas que lo atormenten o Grandes Cosas que se ocupen de \u00e9l. Sus per\u00edodos de letargo son interrumpidos por pesadillas en las cuales las paredes de su prisi\u00f3n se abren y desde afuera irrumpe la m\u00e1quina reconstruida \u2014y no sabe, el pobre, que desde afuera ya no puede irrumpir nada, que la gloria de su soledad est\u00e1 por encima de todos los castigos y de todas las revanchas.<\/p>\n<p><em>Alrededor<\/em><\/p>\n<p>Y a causa de una de esas pesadillas el ni\u00f1o ha despertado, gritando, pues ya conoce lo que su cerebro le plantea insinu\u00e1ndole esa oscura existencia fuera de los l\u00edmites de su prisi\u00f3n. Pues para aquel ciudadano de un min\u00fasculo mundo la existencia de un gran mundo exterior ha sido hasta ahora tan inimaginable como lo fue para los hombres de las edades oscuras de la dimensi\u00f3n enloquecedora del universo real. Veamos al ni\u00f1o abalanzarse sobre sus instrumentos con la cabeza cargada de ideas como un pu\u00f1o repleto de pedradas. Ha comenzado a combatir con otra cerradura, pero \u00e9sta es intangible, y s\u00f3lo su mente siente hambre de los secretos cuyo camino le cierra.<\/p>\n<p><em>Camino<\/em><\/p>\n<p>El adolescente, que ha aprendido el lenguaje de los cuadrantes de las maquinarias que lo rodean, va leyendo incesantemente en aquel libro que s\u00f3lo abre sus p\u00e1ginas cuando se le dirigen preguntas definidas. La ruta es dificultosa pero inevitable: en todos los fen\u00f3menos de la naturaleza hay relaciones constantes: esas relaciones cons-tantes dependen del tama\u00f1o constante de las part\u00edculas elementales: el tama\u00f1o constante de las part\u00edculas elementales \u2014prot\u00f3n, quanta\u2014 depende que el universo consta de una determinada masa y de que a esa masa corresponde un cierto finito espacio: esa masa y ese espacio pueden ser estimados: la estimaci\u00f3n requiere nuevas matem\u00e1ticas, nuevas formas intelectuales, proyecciones y perspectivas de v\u00e9rtigo que a la vez anonadan y enorgullecen: la prisi\u00f3n parece desvanecerse ante el ni\u00f1o, que en el fondo de ella ha recreado la enorme mole temblorosa que desborda el infinito, la titilaci\u00f3n y el chisporroteo de las esferas incontables en magnitudes sin t\u00e9rmino, apenas mensurables. Sus brazos se abren \u2014quiere aceptar en ellos la vertiginosa extensi\u00f3n, c\u00famulo y diversidad de maravillas a los cuales ha permanecido extra\u00f1o: como toda creaci\u00f3n, \u00e9sta es agotadora: como todo goce, \u00e9ste es doloroso.<\/p>\n<p><em>Exploraciones<\/em><\/p>\n<p>Pero no quiere aceptar esta dicha sin gan\u00e1rsela \u2014poco a poco dentro de su cerebro se van abriendo los caminos hacia el exterior, donde ha de salir alg\u00fan d\u00eda. Sabe que en el mundo de afuera la energ\u00eda se concentra en zonas fulgentes de las cuales huye a todos los confines en mons-truosos fuegos de artificio\u2014 y esto lo sabe porque se comprende a s\u00ed mismo como un trozo de energ\u00eda concentrada, a la cual esa infinita disipaci\u00f3n confiere movimientos, calor, vida. S\u00f3lo en un estado de concentraci\u00f3n se comprende la disciplina, organizaci\u00f3n y rigidez de las maquinarias y paredes que constituyen su calabozo, la complicaci\u00f3n de los tejidos que forman su organismo \u2014y s\u00f3lo por un constante proceso de disipaci\u00f3n puede haber movimientos. Las calor\u00edas de cada uno de los granos de alimento que ha consumido, han sido encerradas en \u00e9stos por oleadas de una inimaginable radiaci\u00f3n energ\u00e9tica, de formidables bombardeos qu\u00e1nticos que tuvieron lugar en las primeras etapas del mundo. En vez de consumir ciertos az\u00facares los ha quemado: la energ\u00eda ha saltado en amarillentos resplandores, p\u00e1lido reflejo de la erupci\u00f3n solar que los ha acumulado en el alimento. Ha cargado esta energ\u00eda en acumuladores; ha bombardeado con ella di\u00f3xido de carbono y agua; las mol\u00e9culas apabulladas han liberado ox\u00edgeno y han cons-tituido, nuevamente, compuestos org\u00e1nicos, alimentos, az\u00facares. El prisionero ha cogido por la cola esta cadena de los hechos, y su cerebro avanza por etapas aceleradas hasta el principio, hasta el Sol, el ojo radiante que con sus bombardeos de energ\u00eda puso a marchar la vida en alg\u00fan sitio m\u00e1s condensado, en el cual los arc\u00e1ngeles del Orden y del Desorden, del Calor y del Fr\u00edo, pudieron luchar y crear los torbellinos vitales de los fen\u00f3menos. Aqu\u00ed, las geometr\u00edas de asombro, las dobles h\u00e9lices que tejen la vida, las cadenas de pol\u00edmeros que proponen el infinito. Aqu\u00ed, el c\u00e1lculo sobre la distancia que debi\u00f3 existir entre las llamaradas de la corona solar y el guijarro donde comenz\u00f3 a alentar la vida, ese casi fantasma de tan rigu-rosas fronteras, para el cual casi todo el universo significa muerte. De all\u00ed dedujo el sistema solar, la armon\u00eda de las esferas, y la entrop\u00eda. Todos los objetos que ha estu-diado constan de enjambres de mol\u00e9culas sometidos a agitaci\u00f3n t\u00e9rmica. La caracter\u00edstica m\u00e1s destacada del movimiento t\u00e9rmico es el desorden, y en tanto que aumenta la temperatura, \u00e9ste crece. Al movimiento m\u00e1s probable, enteramente desordenado, corresponde el m\u00e1ximo valor de entrop\u00eda, en tanto que la aparici\u00f3n de cierto orden en el movimiento molecular implica va-lores de entrop\u00eda menores. Las paredes de la prisi\u00f3n, el cuerpo del prisionero mismo, son r\u00edgidos campos de orden, estructuras en las cuales la entrop\u00eda alcanza valores m\u00ednimos. El alimento almacenado es tambi\u00e9n deficiente en entrop\u00eda \u2014y gracias a \u00e9l conserva el prisionero el milagroso orden de su cuerpo, que con cada movimiento irradia ondas de calor que agitan en tormentas las mol\u00e9culas que lo rodean. Y esta entrop\u00eda se dispersar\u00e1 finalmente cuando muera y se descomponga \u2014los gases ser\u00e1n liberados en el estado supremo de la agitaci\u00f3n t\u00e9rmica\u2014 la temperatura almacenada se disipar\u00e1 en ondas por la atm\u00f3sfera confinada \u2014en realidad su cuerpo ser\u00e1 un diminuto sol apagado, dispersando la energ\u00eda que concentrara en los alimentos el otro sol, hacia el cual vuela su mente asombrada. Todas las formas de su mundo, pues, van derivando hacia un lento crep\u00fasculo \u2014dentro de aquella c\u00e1rcel, los generadores tienen energ\u00eda concentrada que se va disipando a medida que se usa la calefacci\u00f3n, en la difusa iluminaci\u00f3n que le permite distinguir formas a sus ojos que nunca vieron el d\u00eda. Los alimentos tambi\u00e9n son energ\u00eda concentrada, que pasa a un grado de menor concentraci\u00f3n en su organismo, y que de su organismo emigra en agitaci\u00f3n t\u00e9rmica y en movimientos hacia el ambiente. Ha vuelto a calcular enteramente el proceso \u2014sabe aproximadamente el tiempo que transcurrir\u00e1 antes de que dentro de su prisi\u00f3n todo vuelva a aquel estado uniforme\u2014 as\u00ed quedar\u00e1 repartido el calor cuando su cuerpo, inerte, flote en el centro de su ata\u00fad de acero, quieto para toda la eternidad \u2014como en un lago sin corrientes el cad\u00e1ver de un ahogado.<\/p>\n<p><em>Liberaci\u00f3n<\/em><\/p>\n<p>Necesita, pues, comunicar con el exterior. Ha de perforar las paredes de la celda y dirigir acumuladores hacia las fuentes t\u00e9rmicas exteriores \u2014hacia las estrellas que ya ha adivinado. Esta perforaci\u00f3n ha de ser cautelosa \u2014despu\u00e9s de todo, ignora la situaci\u00f3n de su c\u00e1rcel, no sabe si se encuentra en el coraz\u00f3n de una estrella o en los senos ignotos del vac\u00edo, en donde la temperatura y el aire huir\u00e1n dejando entrar el fr\u00edo eterno de la noche c\u00f3smica. Ha examinado los circuitos de su antigua madrastra ya desmontada, e historias confusas y gloriosas lo marean. Sabe ahora de la epopeya del hombre, que comenz\u00f3 en un cascote que giraba en el vac\u00edo y que entabl\u00f3 combate con la naturaleza hasta liberarse del cascote, as\u00ed como \u00e9l, el prisionero, aspiraba a liberarse de su c\u00e1rcel. Pues aquellos sistemas de baja entrop\u00eda \u2014aquellos aguerridos animales de maravilloso ingenio y acerada voluntad, hab\u00edan entrado a paso de carga sobre la naturaleza y hab\u00edan torcido, combado y reducido cuanto material, potencia o energ\u00eda les hab\u00eda salido adelante.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;De esto le hablaba al prisionero la maravillosa ingenier\u00eda de su c\u00e1rcel, la infinita complicaci\u00f3n de los generadores, la elaboraci\u00f3n de los alimentos \u2014su cabeza bailaba imagin\u00e1ndose f\u00e1bricas y galer\u00edas en donde el tumbo de martillazos y el llamar de fundidoras iniciaba el camino que terminaba en aquella c\u00e1psula, en aquel huevo. Al pensar en esta palabra, su coraz\u00f3n pareci\u00f3 detenerse. Un tambor lo sacudi\u00f3, mientras sus dientes casta\u00f1eaban. Su cerebro trabaj\u00f3 a pasos acelerados. S\u00f3lo pod\u00eda imaginar que las criaturas de aquella nueva raza ya no sal\u00edan de entra\u00f1as de carne \u2014deb\u00edan picotear dentro de un huevo de acero, deb\u00edan luchar solitarios y desvalidos contra aquella c\u00e1rcel antes de presentarse como due\u00f1os ante el universo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La estupefacci\u00f3n que le produjo esta idea estall\u00f3 en una embriaguez de triunfo. Esquel\u00e9tico, menguado, el adolescente se imaginaba guardar en su pu\u00f1o una tempestad de rayos que reventaban la c\u00e1psula, se imaginaba el mundo exterior cribado de estrellas, extendiendo sus lancetadas de luz y sus explosiones de calor para acunarlo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y cuando concluy\u00f3 la lucha por abrirse paso, cuando abri\u00f3 la primera grieta, cuando fabric\u00f3 el primer t\u00fanel, vino la gran desilusi\u00f3n.<\/p>\n<p><em>Cad\u00e1ver<\/em><\/p>\n<p>La c\u00e1mara televisora permaneci\u00f3 gris. La antena del telescopio electr\u00f3nico permaneci\u00f3 callada. Los term\u00f3metros descendieron a un punto uniforme y permanecieron all\u00ed. Los ecos de radar se perdieron en el vac\u00edo, sin regresar. Las estrellas no aparecieron. Y fue como si se hubiera aplicado el estetoscopio a un cuerpo en el cual la gran corriente de la sangre dorm\u00eda \u2014como si se hubiera auscultado a un cad\u00e1ver.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Alelado, permaneci\u00f3 ante los instrumentos, demasiado aniquilado para las l\u00e1grimas, demasiado endurecido para el terror \u2014tal como el viajero que en el desierto ve desaparecer frente a \u00e9l un amable espejismo. Pero con aquel espejismo desaparec\u00eda su muerte, volaban todos sus conocimientos, reventaba su cr\u00e1neo en una locura cuyo amargor superaba todo otro sufrimiento imaginable. Con la garganta temblando en un alarido retrocedi\u00f3 hacia la primera c\u00e1mara de su prisi\u00f3n, llev\u00e1ndose por delante objetos que flotaban, instrumentos que rebotaban de un sitio a otro, conexiones que colgaban como lianas\u2014 en su furia arranc\u00f3 de cuajo todo lo susceptible de ser arrancado, destruy\u00f3 todo lo susceptible de ser destruido, mientras segu\u00eda desahogando su dolor en aquel alarido de bestezuela que ha perdido a su madre.<\/p>\n<p><em>Muerte<\/em><\/p>\n<p>Pues no hab\u00eda podido leer el \u00faltimo mensaje que pereci\u00f3 con la destruida madrastra \u2014con la m\u00e1quina de aprendizaje que martiriz\u00f3 sus primeros a\u00f1os. Constaba de un informe matem\u00e1tico y de una nota personal. Esta \u00faltima dec\u00eda:<\/p>\n<p>Al viajero del Proyecto \u00daltimo Hombre, salud.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Como ya habr\u00e1 comprendido, las circunstancias inherentes a su nacimiento y su confinamiento forman parte de la t\u00e9cnica antigua de los viajes interestelares. Antes de la conquista de la \u2014relativa\u2014 inmortalidad, las distancias intergal\u00e1cticas, a\u00fan a velocidades pr\u00f3ximas a la de la luz, superaban con mucho las posibilidades de duraci\u00f3n de una vida humana. Una nave que sal\u00eda de Tierra a siete millas por segundo estaba a cuatro d\u00edas de Luna. Marte estaba a treinta y siete semanas. Saturno, a unos terribles seis a\u00f1os. Plut\u00f3n, a un imposible medio siglo. Las estrellas m\u00e1s pr\u00f3ximas, a siglos enteros. Las galaxias, fuera de todo alcance posible.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se descart\u00f3 prontamente la idea de enviar seres vivos en su estado normal y de crear centenares de generaciones sucesivas dentro de una nave, de tal modo que los tatarabuelos iniciaran el viaje y los tataranietos lo concluyeran. La soluci\u00f3n provisoria que se adopt\u00f3 para la inimaginable duraci\u00f3n del viaje estelar consisti\u00f3 en suspender la vida de los pasajeros, o bien en hacer el viaje antes de que \u00e9sta hubiera comenzado. Para la mayor\u00eda de los casos, bastaba con helar a los tripulantes y mantenerlos en ese estado hasta el fin del viaje \u2014de un punto a otro de nuestra galaxia, que mide un cuarto de mill\u00f3n de a\u00f1os luz, por ejemplo, bastaba con hacerlos dormir medio mill\u00f3n de a\u00f1os y deshelarlos al llegar a destino. Para ciertos trabajos especiales, la nave comenzaba el viaje antes de que el pasajero hubiera nacido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En su caso, el tiempo que deb\u00eda transcurrir determin\u00f3 que hel\u00e1ramos s\u00f3lo un espermatozoide y un \u00f3vulo \u2014al aproximarse al destino el \u00fatero artificial elevar\u00eda la temperatura y recibir\u00eda el feto, y la m\u00e1quina educadora se encargar\u00eda del resto, como en efecto lo ha hecho.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ahora con respecto a su misi\u00f3n. Su m\u00e1quina le ha hecho deducir la segunda Ley de Termodin\u00e1mica. En un sistema t\u00e9rmico cerrado, las fuentes calientes vierten energ\u00eda hacia los sitios fr\u00edos, de modo que el sistema tiende hacia un estado de temperatura uniforme. Tarde o temprano, el \u00faltimo erg de energ\u00eda habr\u00eda alcanzado el \u00faltimo escal\u00f3n de disponibilidad y en ese momento el universo habr\u00e1 perdido toda actividad: la energ\u00eda estar\u00e1 siempre presente, pero no tendr\u00e1 ninguna posibilidad adicional de transformaci\u00f3n: ser\u00e1 tan incapaz de hacer marchar el universo como el agua de una laguna de hacer girar la rueda de un molino.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los instrumentos de la nave iniciar\u00e1n su proceso vital tan pronto como el espacio exterior haya llegado a ese estado de estancamiento. Su c\u00e1psula es, en realidad, un gigantesco termo en donde est\u00e1 guardada la \u00faltima reserva \u2014el \u00faltimo resto de energ\u00eda en forma concentrada del universo. Esta reserva ser\u00e1 agotada por usted a medida que vaya viviendo \u2014pasar\u00e1 de los alimentos y de la calefacci\u00f3n a su cuerpo, y de su cuerpo pasar\u00e1 al aire, el cual lo transmitir\u00e1 a las paredes de la nave, \u00e9stas al vac\u00edo de la doble pared, y finalmente la doble pared al exterior\u2014 hasta que todo el sistema tenga las misma temperatura del resto del universo y toda posibilidad de movimiento haya cesado. Por lo tanto, todo ha concluido. Todo ha cesado a su alrededor. En todo el universo hay un grado uniforme de entrop\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Salvo dentro del recinto en el que usted actualmente sobrevive. El grado sucesivo m\u00e1s bajo es el de su cuerpo, y m\u00e1s bajo a\u00fan el del alimento. Hubi\u00e9ramos querido dejarle equipos para la inmortalidad, pero la inmortalidad biol\u00f3gica es absurda en un universo que ya ha muerto. Todos nosotros, los hombres que logramos la inmortalidad, los universos que nos alojaron y los que siguieron a \u00e9stos, hemos muerto.<br \/>\nAhora con respecto a los objetivos de su misi\u00f3n. Concretamente, \u00e9sta consiste en presenciar el \u00faltimo estado de la agon\u00eda del cosmos. Esa actividad pudiera ser desprovista de objeto, y en efecto, no tiene objeto, s\u00f3lo posibilidades. Primera: aunque todas las leyes de tendencia hasta el presente conocidas corroboran la derivaci\u00f3n del universo hacia un estado uniforme, es conveniente enviar un equipo de supervivencia y algunos g\u00e9rmenes de vida para el caso de que estas leyes se equivoquen, para el caso de que en un futuro m\u00e1s all\u00e1 de nuestras nociones de apreciaci\u00f3n del tiempo, estas leyes var\u00eden, la m\u00e1quina del universo se reactive. Segunda: es posible que, en el instante de comprensi\u00f3n de que el universo ha sido clausurado, el \u00faltimo hombre pueda obtener algo negado a los primeros. \u00c9stos, en efecto, siempre han estado rodeados de objetivos: ideas, valores, emociones, metas, y siempre a trav\u00e9s de ellos han eludido el problema de su es dado a la condici\u00f3n de hombre bastarse a s\u00ed y ser para s\u00ed, sin otras cosas. Si para la \u00e9poca de su despertar la primera posibilidad no se ha cumplido, resta la segunda. Si para la \u00e9poca de su fallecimiento la segunda no se ha cumplido, nuestro destino como especie ha sido negado.<\/p>\n<p>Suerte y adi\u00f3s.<\/p>\n<p><em>Los ingenieros de la Operaci\u00f3n \u00daltimo Hombre y<\/p>\n<p>tu padre<br \/>\nComodoro Olaf Rilke<\/p>\n<p>tu madre<br \/>\nIngeniero P\u00eda Ortega<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento pesimista, precursor de muchas ficciones actuales, del venezolano Luis Britto Garc\u00eda (1940).<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":14936,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"Entrop\u00eda","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[4],"tags":[99,22,2343,3295,190,2762,2291,3296,3297],"class_list":["post-14928","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-ciencia-ficcion","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-entropia","tag-escritores-en-espanol","tag-escritores-venezolanos","tag-literatura-de-imaginacion","tag-luis-britto-garcia","tag-rajatabla"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2009\/06\/Britto.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/sjEhq-entropia","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14928","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=14928"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14928\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":14939,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14928\/revisions\/14939"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/14936"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=14928"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=14928"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=14928"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}