{"id":149,"date":"2006-12-10T00:11:57","date_gmt":"2006-12-10T06:11:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/?p=68"},"modified":"2016-10-26T10:24:45","modified_gmt":"2016-10-26T15:24:45","slug":"los-hombres-pequenos-ubik-de-philip-k-dick","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/los-hombres-pequenos-ubik-de-philip-k-dick\/","title":{"rendered":"Hombres menores: Ubik"},"content":{"rendered":"<div align=center>&nbsp;<br \/>\n<img decoding=\"async\" style=\"float:none;\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/wp-content\/ubikcov.jpg\" alt=\"Ubik\" \/><\/p>\n<p><em>Philip K. Dick, <\/em>Ubik<em>.<br \/>\nNueva York, Doubleday, 1969.<br \/>\n(Hay numerosas ediciones posteriores.)<\/em><\/div>\n<p>NOTA: Luego de mucho tiempo y varias revisiones, este texto aparece aqu\u00ed en su versi\u00f3n definitiva, que fue publicada por vez primera hace dos meses en la revista<em> Luvina<\/em>.<\/p>\n<p>1<br \/>\nUna ma\u00f1ana, mientras se dispone a tomar un caf\u00e9, Joe Chip recibe en su departamento a un compa\u00f1ero de trabajo. El lugar est\u00e1 muy sucio, y Joe, avergonzado, pide a su visitante que espere mientras busca una escoba o una aspiradora con la que limpiar. Pero no hay: es el a\u00f1o 1992, y en el mundo en el que Joe vive (el de la novela <em>Ubik<\/em>, del estadounidense Philip K. Dick, publicada en 1969) todas las labores de limpieza las hacen robots especializados, propiedad de los edificios de departamentos (llamados <em>conapts<\/em>).<br \/>\nAdem\u00e1s, el verdadero problema es que, aun si hubiese una escoba o una aspiradora, los implementos se cobran al igual que los servicios \u2014nada en un conapt es gratuito y la radio, la regadera, el armario, todo tiene una ranura para monedas\u2014, y Joe es incapaz, de modo casi patol\u00f3gico, \u00abde mantener consigo un solo centavo\u00bb: tiene muchas deudas, como puede leerse en su conversaci\u00f3n telef\u00f3nica con la inteligencia artificial que hace las veces de gerente del conapt:<\/p>\n<blockquote><p>\u2014Escuche\u2014dijo, cuando le respondi\u00f3 la entidad homeost\u00e1tica\u2014. Ahora me es posible desviar algo de mis fondos a fin de saldar mi cuenta con los robots de limpieza. Me gustar\u00eda que viniesen de inmediato a mi apt. Les pagar\u00e9 la totalidad de mi cuenta cuando hayan terminado.<br \/>\n\u2014Se\u00f1or, usted debe pagar la totalidad de su cuenta antes de que empiecen.<br \/>\nPara entonces ten\u00eda su cartera en la mano; sac\u00f3 de ella todas sus Tarjetas M\u00e1gicas, la mayor\u00eda de las cuales, para entonces, ya hab\u00edan sido canceladas. Dada la relaci\u00f3n que ten\u00eda con el dinero y el pago de deudas apremiantes, probablemente hab\u00edan sido canceladas a perpetuidad.<br \/>\n\u2014Cargar\u00e9 mi cuenta retrasada a mi Tarjeta Triangular \u2014inform\u00f3 a su nebuloso antagonista\u2014. Eso transferir\u00e1 mi obligaci\u00f3n fuera de su jurisdicci\u00f3n. En sus libros aparecer\u00e1 como restituci\u00f3n total&#8230;<br \/>\n\u2014M\u00e1s multas y recargos.<br \/>\n\u2014Esos los cargar\u00e9 a mi Tarjeta Coraz\u00f3n&#8230;<br \/>\n\u2014Se\u00f1or Chip, la Agencia de Auditores y An\u00e1lisis de Cr\u00e9dito Comercial Ferris y Brickman lo tiene boletinado especialmente. Nuestra ranura de avisos recibi\u00f3 el aviso ayer y lo tenemos muy presente. Desde julio usted ha bajado en su estatus crediticio de triple G a cu\u00e1druple G. Nuestro departamento (y de hecho todo este edificio conapt) est\u00e1 ahora programado contra toda extensi\u00f3n de servicios y\/o cr\u00e9dito a anomal\u00edas tan pat\u00e9ticas como usted. A partir de ahora, cualquier trato con usted se deber\u00e1 manejar en estricto efectivo. En realidad, probablemente tenga que pagar todo en efectivo el resto de su vida. En realidad&#8230; <em>(La traducci\u00f3n es m\u00eda.)<\/em><\/p><\/blockquote>\n<p>Nadie, por supuesto, va a limpiar el departamento. Peor a\u00fan, como Joe se ha gastado su \u00faltima moneda en hacer funcionar su cafetera, el visitante tiene que pagar de su bolsillo a la cerradura de la puerta, y ya en el departamento se siente con derecho de criticar a Joe y reprocharle cu\u00e1n despreciable es. (Por lo dem\u00e1s, Joe quiso desarmar la cerradura con un destornillador, y s\u00f3lo se detuvo cuando el mecanismo amenaz\u00f3 con demandarlo.)<\/p>\n<p>2<br \/>\nLa escena anterior, desde luego, apenas puede llamarse de ciencia ficci\u00f3n, que es la categor\u00eda que se asigna habitualmente a los trabajos de Dick. No se sabe c\u00f3mo funciona el cerebro electr\u00f3nico del conapt, ni si est\u00e1 conectado a internet; Joe tampoco recibe la misi\u00f3n de abrirse paso a tiros en una base militar infestada de zombis; peor a\u00fan, los intercambios entre los personajes suenan m\u00e1s a Thomas Pynchon que a Asimov, Clarke y dem\u00e1s cultivadores de mediocridades cient\u00edficas. Esto dice mucho acerca del sentido de la novela y de la obra entera de su autor. Dick (1928-1982) describi\u00f3 futuros supuestos llenos de prodigios \u2014m\u00e1s bien horrores\u2014 tecnol\u00f3gicos en muchos cuentos y novelas, pero nunca se dedic\u00f3 a los divertimentos elementales de su gueto literario. M\u00e1s todav\u00eda \u2014y para la perplejidad de incontables lectores\u2014, Dick cometi\u00f3 el pecado terrible (al menos para la mayor\u00eda de los editores de su pa\u00eds) de escribir literatura que se vender\u00eda como \u00abde estricto consumo\u00bb pero con las aspiraciones que habitualmente son exclusivas de los autores can\u00f3nicos. Sus narraciones tratan mucho menos del futuro que de su propio presente, y mucho menos del presente (de las modas o las coyunturas) que de la condici\u00f3n humana.<br \/>\nA\u00fan es dif\u00edcil ver esto porque la ficci\u00f3n especulativa no ha dejado de ser una vertiente perif\u00e9rica de la literatura y en estos d\u00edas se encuentra, creo, totalmente agotada, vac\u00eda de ideas tras d\u00e9cadas de explotaci\u00f3n y convertida en una mera etiqueta para el comercio de libros. Pero la marginalidad de Dick es diferente.<br \/>\nGilles Deleuze y F\u00e9lix Guattari definieron la literatura <em>menor<\/em> como aquella \u00abque una minor\u00eda hace en una lengua mayor\u00bb. Habitualmente, se piensa en esta idea en relaci\u00f3n con el caso preciso de Franz Kafka \u2014un jud\u00edo checo, pero acostumbrado como buena parte de sus compatriotas al uso habitual de la lengua alemana\u2014, y se tiende a pensar que s\u00f3lo es \u00fatil para explicar el caso de pueblos y culturas en situaci\u00f3n semejante. Pero tambi\u00e9n se puede pensar en otros tipos de minor\u00eda. Por ejemplo, ciertos autores (y lectores) de literatura \u00abpoco seria\u00bb, a la vez desde\u00f1ados por las academias y poco frecuentados en la industria del entretenimiento. O bien, de modo a\u00fan m\u00e1s interesante, una poblaci\u00f3n que rara vez est\u00e1 bien representada en la ficci\u00f3n, sea general o no: los perdedores, los mediocres, los que est\u00e1n lejos de las celebridades y los grandes hechos; los hombres y mujeres que simplemente sobreviven. \u00c9stos son los aut\u00e9nticos pobladores de <em>Ubik<\/em>, novela sobre la muerte, la resistencia humana y los objetos de consumo.<\/p>\n<p>3<br \/>\nJoe Chip de la impresi\u00f3n de existir para la impotencia y el rid\u00edculo. Es un tipo insignificante en su mundo tremendo: un t\u00e9cnico empleado por la Runciter Associates, una compa\u00f1\u00eda que se dedica a combatir la acci\u00f3n de criminales ps\u00edquicos (!) dedicados al espionaje industrial. Debido a las dificultades de Joe con el dinero, todos lo miran con desprecio; Al Hammond, un personaje secundario, declara que el problema de Joe es \u00abuna voluntad de fracasar\u00bb tal que ninguna combinaci\u00f3n de circunstancias podr\u00e1 sacarlo de la miseria. Cuando no pelea con los electrodom\u00e9sticos de su propio departamento, Joe se desvive intentando estafar a las cafeter\u00edas, pide prestado a todo el mundo, es humillado hasta por las puertas de edificios que no lo conocen. Tambi\u00e9n es manipulado por Pat Conley, una ps\u00edquica de extra\u00f1os poderes, y por Glen Runciter, el presidente de la compa\u00f1\u00eda, un hombre de acci\u00f3n tan exitoso que puede permitirse \u00abtener confianza\u00bb en Joe o bromear diciendo que le heredar\u00e1 su cargo. Nada altera a este \u00abganador\u00bb, el reverso de Joe, quien parece sobreponerse aun a su propia tragedia: el lento deterioro de su esposa Ella, fallecida a\u00f1os antes pero colocada en un estado de \u00abmedia vida\u00bb (en el que su cuerpo se protege de la putrefacci\u00f3n en un tanque especial y su cerebro se mantiene, tambi\u00e9n artificialmente, en un estado de actividad m\u00ednima; as\u00ed, la se\u00f1ora Runciter puede comunicarse con el mundo de tanto en tanto, mientras espera la muerte definitiva).<br \/>\nLa torsi\u00f3n previsible de las circunstancias parece llegar cuando Runciter, Joe y otros empleados son v\u00edctimas de un atentado con bomba organizado por una empresa rival. Tras la explosi\u00f3n, Joe y otros, que sobreviven con lesiones menores, deben afanarse por llevar a Runciter, quien agoniza, a un tanque congelador, para mantenerlo en \u00abmedia vida\u00bb. No llegan a tiempo, y ya no es posible comunicarse con \u00e9l. Peor a\u00fan, Joe se entera de que su jefe jam\u00e1s tuvo intenciones de hacerlo presidente de la compa\u00f1\u00eda, y entiende que ahora debe serlo, por las circunstancias, pero (desde luego) no podr\u00e1 mantener la empresa a flote&#8230;<\/p>\n<p>4<br \/>\n(Es interesante observar que la violencia de estos episodios tampoco surge ni desemboca en guerras aut\u00e9nticas, conquistas de territorio, grandes discursos para afirmar el poder\u00edo de una naci\u00f3n o una cultura: no hay aqu\u00ed ninguna de las \u00abideas de grandeza\u00bb \u2014derivadas de las que llenaban la narrativa de aventuras que era XX popular en el occidente colonialista a principios del siglo \u2014por las que la science fiction, entendida como se entend\u00eda entonces, era una sucursal de las historias de vaqueros, con alien\u00edgenas en lugar de indios, o de las de guerra, con enemigos pol\u00edticos de m\u00e1s all\u00e1 de esta tierra. A la vez, el texto no deja de ser de ficci\u00f3n especulativa, ni dej\u00f3 de ser publicado y le\u00eddo, primero, en ese \u00e1mbito. Pero Dick es problem\u00e1tico justamente por estas razones. No importa el punto de vista desde el que se examine su obra, siempre se podr\u00e1 decir que se vale de una lengua \u2014de un g\u00e9nero, de varios temas o im\u00e1genes o s\u00edmbolos\u2014a cuyo \u00abcanon\u00bb no es admitido: en sus novelas tard\u00edas como <em>Valis<\/em> o <em>La invasi\u00f3n divina<\/em>, el canon que lo rechaza es filos\u00f3fico y religioso.<br \/>\nPor otra parte, si bien Dick propone historias individuales, del modo en que lo har\u00eda cualquier novelista convencional, tambi\u00e9n logra que las vidas de sus personajes se entrelacen de modo tal que la situaci\u00f3n del mundo que los rodea sea claramente visible y no quede s\u00f3lo en su trasfondo. Su visi\u00f3n, por lo tanto, es menos individualista que colectiva, y este solo hecho cuestiona la forma en la que la cultura \u2014asistida por el avance tecnol\u00f3gico que, se supone, un escritor como \u00e9ste deber\u00eda celebrar\u2014se aparta cada vez m\u00e1s de la acci\u00f3n sobre el mundo y la reflexi\u00f3n sobre la propia conciencia: el modo en el que se vuelca en la imagen, la representaci\u00f3n, el \u00abviaje interior\u00bb como una forma no de descubrimiento \u2014a la manera de las culturas \u00abalternativas\u00bb de los a\u00f1os sesenta\u2014, sino de simple fuga: escape de un futuro real y desesperado en el que s\u00f3lo caben la resignaci\u00f3n y la derrota como negaci\u00f3n de cualesquiera otras cualidades humanas).<\/p>\n<p>5<br \/>\nTras la muerte de Runciter, y mientras sus empleados preparan el entierro, tiene lugar el planteamiento del conflicto verdadero de la novela: el mundo entero alrededor de los personajes comienza a decaer de manera veloc\u00edsima y muy curiosa. Como si pertenecieran a un universo plat\u00f3nico, y la realidad tuviese un sustrato inmaterial, de ideas universales de las cosas, los objetos a su alrededor empiezan no a deteriorarse, sino a transformarse en versiones antiguas, arruinadas, de s\u00ed mismos. Los peri\u00f3dicos del d\u00eda se vuelven atrasados; los aparatos pasan de ser modelos avanzados a reliquias; las latas de comida se vuelven frascos de marcas antiguas, y su contenido est\u00e1 descompuesto; la historia se despoja de hechos y las fechas retroceden a\u00f1os y d\u00e9cadas; los cuerpos de los empleados de Runciter empiezan a morir, v\u00edctimas de una fuerza que los hace envejecer en minutos y los deja transformados en gui\u00f1apos&#8230;<br \/>\nLuego de varias de esas muertes, y muchos episodios desconcertantes, Joe encuentra la primera pista clara para entender estos hechos: es un graffiti, misteriosamente escrito en una pared, con la letra de Runciter:<\/p>\n<blockquote><p>Yo soy quien est\u00e1 vivo, todos ustedes est\u00e1n muertos<\/p><\/blockquote>\n<p>Una escena posterior muestra a Runciter, vivo, mirando a sus empleados, muertos en sus tanques; entonces parece claro que el universo que ellos creen percibir \u2014y para el lector fue el \u00fanico durante muchas p\u00e1ginas\u2014es s\u00f3lo producto de su imaginaci\u00f3n: los \u00faltimos signos de actividad de su cerebro, o los \u00faltimos reflejos (dir\u00eda Borges) de un proceso irrecuperable, ya concluido; la materia ilusoria, creaci\u00f3n exclusiva de la mente, involuciona y se pudre como anuncio de la muerte de la conciencia.<br \/>\nEsta desintegraci\u00f3n no reduce a sus v\u00edctimas a la pasividad. La \u00fanica manera de detener o al menos de ralentizar esa muerte es \u2014seg\u00fan se revela\u2014rociar en los cuerpos y los entornos imaginados algo llamado Ubik en aerosol: un reconstituyente espiritual \u00abdisponible en cualquier tienda\u00bb, capaz de lograr que cualquier cosa renuncie, por un tiempo, a extinguirse. Joe Chip decide ir en busca del producto, abri\u00e9ndose paso por escenarios que se caen a su alrededor o se metamorfosean en decorados de una pel\u00edcula de \u00e9poca, poblados por autom\u00f3viles antiguos y \u00abhombres creados a la ligera\u00bb como los de Daniel Paul Schreber: seres de sue\u00f1o que ignoran serlo y se creen personas decentes y temerosas de Dios.<\/p>\n<p>6<br \/>\nLas dificultades de Joe para encontrar el Ubik forman el \u00faltimo tercio del libro, y la naturaleza lastimera del personaje se ve enfrentada, como la de los antih\u00e9roes de Kafka, a un viaje siempre cuesta arriba, enfrentado a fuerzas que lo superan infinitamente y, m\u00e1s que odiarlo, lo desprecian. Cuando trata de salir de su departamento, que ha \u00abretrocedido\u00bb hasta ser uno de los a\u00f1os cuarenta, la puerta sigue equipada con el mecanismo que le ten\u00eda encono al comenzar la novela; s\u00f3lo ella, en su \u00abinnata terquedad\u00bb, se opone al proceso de reversi\u00f3n. M\u00e1s tarde, el primer envase de Ubik que Joe encuentra ya ha sido revertido a otra forma, m\u00e1s antigua e in\u00fatil, con s\u00f3lo un mensaje de Runciter en la etiqueta, inst\u00e1ndolo a que no desista. Finalmente, en un episodio que oculta la \u00faltima vuelta de la trama, el personaje de Pat Conley (que hab\u00eda desaparecido de la trama al igual que de estas notas) reaparece y se proclama causante de la muerte del universo ilusorio, a la manera de tantas deidades ausentes, por mero tedio: por una perversidad amoral que la acerca a los \u00e1ngeles de Mark Twain o a otros personajes del propio Dick.<br \/>\nEn una escena larga y dolorosa, de las mejores del escritor, Joe se ve de pronto, gracias a Conley, en la fase final de su segunda muerte. Mientras experimenta una dolorosa agon\u00eda, y su adversaria da vueltas a su alrededor y se complace en su sufrimiento, \u00e9l advierte en s\u00ed mismo la necesidad de esconderse:<\/p>\n<blockquote><p>(&#8230;) estar solo. Encerrado en un cuarto vac\u00edo, sin ning\u00fan testigo, silencioso y supino. Estirado, sin necesidad de hablar ni de moverse. (&#8230;) Y nadie sabr\u00e1 siquiera d\u00f3nde estoy, se dijo. Eso, de pronto, parec\u00eda muy importante; quer\u00eda estar solo, ser invisible, vivir sin ser visto. (&#8230;)<br \/>\n\u2014Aqu\u00ed estamos \u2014dijo Pat. Lo gui\u00f3, haci\u00e9ndolo girar levemente a la izquierda\u2014. Justo frente a ti. S\u00f3lo sostente de la barandilla y sube las escaleras, pum-te-pum hasta la cama. \u00bfVes? \u2014ella ascendi\u00f3 h\u00e1bilmente, bailando, inclin\u00e1ndose, saltando como si careciera de peso hacia el siguiente escal\u00f3n. <em>(La traducci\u00f3n es m\u00eda.)<\/em><\/p><\/blockquote>\n<p>Mientras Joe sube la escalera, dolorosamente, presa de ese impulso que lo obliga a desear la soledad y reconciliarse con el destino incluso a pesar suyo, Pat contin\u00faa subiendo y bajando a su alrededor, sonriente, cruel de una forma monstruosa. No deja de burlarse de lo pat\u00e9tico que es Joe, de su puntillosidad, de su estupidez. Al final, ella declara que la de Joe es la m\u00e1s grande escalada hecha por el hombre, y tiene raz\u00f3n. Los personajes de la obra mayor de Dick \u2014la obra mayor de un escritor \u00abmenor\u00bb, partidario de ideas impopulares para la gran mayor\u00eda de sus colegas\u2014son hombres como Joe, inadaptados, muchas veces de minor\u00edas perseguidas, y se arrastran en un sentido u otro mientras un poder enorme, distante, camina con ligereza junto a ellos. Pero all\u00ed est\u00e1 su fuerza y la medida de su humanidad.<br \/>\nEl mundo virtual de <em>Ubik <\/em>es, en cierto sentido, este mundo, que los seres humanos habitamos en este punto de la historia para no tener que soportar la certeza de la muerte \u2014la \u00abplanicie a la que el sol ha abandonado\u00bb\u2014 ni la posibilidad de que nuestra propia existencia cotidiana sea ya una \u00abmedia vida\u00bb, un sue\u00f1o de muertos. La cultura de ahora, que nosotros mismos hemos construido, insiste en imponernos esa forma de olvido, pero en el \u00faltimo instante seguimos solos. Joe no tiene m\u00e1s remedio que aceptarlo, pero lo hace en sus propios t\u00e9rminos: mediocres, risibles (cada tanto se pregunta c\u00f3mo podr\u00e1 ganarse la vida en el mundo so\u00f1ado, cu\u00e1nto costar\u00e1 un autom\u00f3vil), pero suyos. Est\u00e1 condenado, pero lo ha estado desde el principio, y de todos modos no hay otra salida, ning\u00fan \u00abotro lugar\u00bb.<br \/>\n(Adem\u00e1s, en otro extra\u00f1o fragmento, Ubik \u2014algo que se llama a s\u00ed mismo Ubik\u2014 toma la palabra y declara su naturaleza divina, omnipotente, ajena a cualquier voluntad inferior. La esperanza, como tambi\u00e9n dec\u00eda Kafka, existe pero no nos pertenece.)<br \/>\nDick habla de una uni\u00f3n en el dolor, o en la paciencia: el dolor constante y aplazado a la vez, que no tiene ninguna relaci\u00f3n con la inanidad de casi toda la ficci\u00f3n especulativa. Esa sola idea sirve para percibir su valor, y el de una comunidad de otros escritores y lectores, testigos del derrumbe de numerosas utop\u00edas pero empe\u00f1ados en sobrevivir a la mera ca\u00edda interminable, al di\u00e1logo de sordos \u2014o con el mal puro y mudo\u2014 que es buena parte de la literatura del tiempo de Dick y del nuestro.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sobre \u00abUbik\u00bb, gran novela de Philip K. 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