{"id":14791,"date":"2019-01-11T16:50:52","date_gmt":"2019-01-11T22:50:52","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=14791"},"modified":"2019-01-11T16:50:52","modified_gmt":"2019-01-11T22:50:52","slug":"necroforia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/necroforia\/","title":{"rendered":"Necroforia"},"content":{"rendered":"<p>He aqu\u00ed una rareza: un cuento de <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Gerardo_Deniz\">Gerardo Deniz<\/a> (Madrid, 1934 &#8211; M\u00e9xico, 2014). Escritor mexicano de origen espa\u00f1ol, principalmente conocido como poeta, es considerado una figura de culto dentro de la literatura nacional. Su <a href=\"http:\/\/oralapluma.blogspot.com\/2016\/06\/quince-razones-para-asomarse-de-marras.html\">obra en prosa<\/a> se conoce poco aunque es muy amplia, y tiene muchos puntos de contacto con el resto de su trabajo y con los intereses e ideas que aparecen en \u00e9ste.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abNecroforia\u00bb es una estampa breve y c\u00f3mica cuyo extra\u00f1o t\u00edtulo (para s\u00f3lo dar una pista) se forma de manera similar a palabras como \u00abf\u00f3sforo\u00bb o \u00absem\u00e1foro\u00bb. Es parte de <em>Alebrijes<\/em>, un libro de cuentos de Deniz publicado en 1992.<\/p>\n<figure id=\"attachment_14792\" aria-describedby=\"caption-attachment-14792\" style=\"width: 958px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/01\/deniz.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"14792\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/necroforia\/deniz\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/01\/deniz.jpg\" data-orig-size=\"958,596\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Gerardo Deniz\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"&lt;p&gt;Gerardo Deniz (fuente)&lt;\/p&gt;\n\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/01\/deniz.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/01\/deniz.jpg\" alt=\"\" width=\"958\" height=\"596\" class=\"size-full wp-image-14792\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/01\/deniz.jpg 958w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/01\/deniz-300x187.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 958px) 100vw, 958px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-14792\" class=\"wp-caption-text\">Gerardo Deniz (<a href=\"http:\/\/www.milenio.com\/cultura\/gerardo-deniz-poeta-culto-central-letras-mexicanas\">fuente<\/a>)<\/figcaption><\/figure>\n<p><strong>NECROFORIA<br \/>\nGerardo Deniz<\/strong><\/p>\n<p>Cuando Fulgencio, a\u00fan joven, muri\u00f3 de asco, Tomasa \u2013la viuda\u2013 y sus pocos amigos, tan pobres como \u00e9l, lo vistieron con su \u00fanico traje y afrontaron la situaci\u00f3n con realismo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las posibilidades tradicionales parec\u00edan escasas; al grado de que bast\u00f3 un rato de conversaci\u00f3n, entrecortada por hondos suspiros, para persuadir a todos de que s\u00f3lo hab\u00eda una: el endeudamiento casi de por vida. Aun aparte de eventuales problemas de cementerio, los simples gastos de ata\u00fad y traslado de Fulgencio ser\u00edan ruinosos. Entonces decidieron preparar caf\u00e9 y pensar m\u00e1s despacio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El proyecto de llevar el cad\u00e1ver por la calle tuvo que ser descartado. Habr\u00eda que atravesar nueve ejes viales y el Perif\u00e9rico. El \u00fanico veh\u00edculo imaginable era la camioneta del vecino repartidor de pi\u00f1atas, pero tendr\u00edan que esperar el domingo, y era martes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Fue entonces cuando el primo Galo, reci\u00e9n llegado al velorio, sac\u00f3 del bolsillo un papel arrugado con el plano de la red del metro, que le hab\u00edan regalado el otro d\u00eda, y propuso un plan que al principio fue recibido con escepticismo. A un par de calles de la vecindad donde se hallaban estaba la discreta estaci\u00f3n de metro Aconcagua, y en el extremo de la l\u00ednea la terminal Mictlan, reino azteca de los muertos. Despu\u00e9s de una noche entera de razonamiento cartesiano, al amanecer hubieron de convenir en que no exist\u00eda otro recurso y decidieron preparar el quinto caf\u00e9, ya casi agua caliente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Eran las nueve de la ma\u00f1ana cuando, pasado el congestionamiento de p\u00fablico, un grupo de personas lleg\u00f3 con decisi\u00f3n a la entrada de la estaci\u00f3n Aconcagua. Modestos, no iban api\u00f1ados; cinco o seis incluso hac\u00edan lo posible por parecer ajenos, mientras repart\u00edan ojeadas inquietas y hac\u00edan a los dem\u00e1s se\u00f1as misteriosas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En el centro iba Fulgencio, sostenido en vilo por dos amigos vigorosos. Para que pareciese que era ciego, le hab\u00edan puesto unos lentes negros, trabajosamente conseguidos, y llevaba un bast\u00f3n bien sujeto a la mano, vendada. Aparte su inercia, tal vez excesiva, no ten\u00eda tan mal aspecto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Esperaron un momento solitario e hicieron descender a Fulgencio resbalando sobre los talones, con notable soltura. Una vez abajo, lo apoyaron en la pared, para tomar un respiro, y se le cay\u00f3 el sombrero. Tomasa lo recogi\u00f3 y se abanic\u00f3 con \u00e9l. Uno de los dolientes, fingiendo esperar a alguien, emprendi\u00f3 una lenta inspecci\u00f3n circular por la estaci\u00f3n. A la vuelta estaba el polic\u00eda, solo, manifestando una indiferencia que casi se antojaba sospechosa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Acababa de llegar un convoy y se acercaban algunas personas. El esp\u00eda hizo una se\u00f1al y varios rodearon a Fulgencio, sin ostentaci\u00f3n, mientras pasaba la gente. Deliberaron en voz baja mientras tanto. Se decidi\u00f3 no buscarle pl\u00e1tica al polic\u00eda, cuyo aire era poco prometedor, sino recurrir directamente a los dos ni\u00f1os de la vecindad, que esperaban jugando impacientes a mitad de la escalera, debidamente aleccionados.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A un gesto, descendieron r\u00e1pidos. El mayor llevaba debajo del brazo una gallina inmovilizada dentro de una jaula estrecha de palos blancos. Era evidente que el polic\u00eda no los dejar\u00eda pasar con ella, y sab\u00edan bien c\u00f3mo complicar el problema para distraerlo. Sin embargo, llegaron al torno de entrada, se detuvieron, dejaron la gallina en el suelo, simularon buscar y hallar sus boletos y no les qued\u00f3 otro remedio que pasar al fin, sin que el polic\u00eda hiciese caso de ellos. Ya del otro lado de la barrera, el menor tuvo una ocurrencia luminosa. Llam\u00f3 al polic\u00eda con un silbido y, se\u00f1alando a su acompa\u00f1ante:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfVerdad que no puede pasar con el animal?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A pocos metros, el amigo vigilante de Fulgencio se acerc\u00f3 a un individuo vestido de negro que miraba con desaprobaci\u00f3n al difunto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfLo conoc\u00eda usted desde hace mucho?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El individuo f\u00fanebre no se preocup\u00f3 por entender.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ciego y adem\u00e1s borracho \u2014dijo despacio\u2014; es el colmo. Seguro que van a querer que pase, y luego ah\u00ed est\u00e1n los accidentes. No se puede tolerar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El mayor de los ni\u00f1os hac\u00eda valer ante el polic\u00eda el hecho de que hab\u00eda ya pasado el torno con la gallina sin que se le dijera nada. Como el argumento era bueno, pon\u00eda al polic\u00eda de p\u00e9simo humor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El grupo ech\u00f3 a andar con Fulgencio. El amigo vigilante not\u00f3 con angustia que era demasiado visible que el cad\u00e1ver de Fulgencio no mov\u00eda las piernas y que el bast\u00f3n se agitaba demasiado, por mano bienintencionada del amigo de la derecha. Otra vez se acercaba gente en sentido opuesto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Mire nada m\u00e1s, \u00a1ese hombre est\u00e1 inconsciente, lo van a matar! \u2014exclam\u00f3 el tipo t\u00e9trico.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al fiel esp\u00eda s\u00f3lo se le ocurri\u00f3 se\u00f1alar hacia un pasillo vac\u00edo, con mano temblorosa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Pues f\u00edjese en lo que viene por all\u00e1! \u2014balbuce\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando menos, la artima\u00f1a distrajo al critic\u00f3n unos instantes, mientras Fulgencio pasaba el torno dando una extraordinaria vuelta sobre s\u00ed mismo. Cuando el polic\u00eda gir\u00f3, sorprendido por la inesperada fila de gente solemne y apresurada que entraba, vio a Tomasa atascada en el otro torno. Sin soltar al ni\u00f1o, que se debat\u00eda, le advirti\u00f3 en voz muy alta:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No funciona, se\u00f1orita, pase por donde los dem\u00e1s.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los que llevaban al muerto oyeron algo a sus espaldas y aceleraron. Una se\u00f1ora que caminaba a su encuentro dio un ligero grito al ver a los tres precipitarse sobre ella y que al de en medio volv\u00eda a ca\u00e9rsele el sombrero. De atr\u00e1s lleg\u00f3 la voz indignada del individuo de negro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Polic\u00eda! \u00a1Llevan a un borracho, a un drogado, a un &#8230; !<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El esp\u00eda fiel, desesperado, se le colgaba del cuello, le hac\u00eda cosquillas, lo besaba. El polic\u00eda, en su desconcierto, solt\u00f3 al ni\u00f1o, que huy\u00f3 con su compa\u00f1ero y la gallina; viraron hacia el and\u00e9n. El polic\u00eda dud\u00f3 y ech\u00f3 a correr tras ellos, mientras el furioso, detenido por la barrera de entrada, segu\u00eda clamando.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Pero m\u00edrenlo! \u00a1Lo van a matar!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El amigo fiel se esfum\u00f3. Los ni\u00f1os trotaron por el and\u00e9n buscando un camino. Aterrados, los portadores de Fulgencio no tuvieron m\u00e1s remedio que bajar a toda prisa la escalera interior que llevaba al lado opuesto de la estaci\u00f3n. El cortejo callaba. Tomasa los alcanz\u00f3, sin saber tampoco qu\u00e9 decir.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Corran, corran!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los talones de Fulgencio volv\u00edan a deslizarse por muchos pelda\u00f1os. Nadie se detuvo ya; continuaron de frente, ahora en subida, arrastr\u00e1ndolo sin miramientos. Todos iban atemorizados. La poca gente que encontraban quedaba muda. El ascenso de la otra escalera fue terrible, pero lo lograron y por fin desembocaron, exhaustos, en el and\u00e9n contrario. Fulgencio conservaba los lentes oscuros puestos. Por el and\u00e9n de enfrente, el polic\u00eda fren\u00e9tico persegu\u00eda a los dos ni\u00f1os y a la gallina, que asomaban y desaparec\u00edan por lugares inesperados. A Fulgencio no parec\u00eda importarle nada. Lleg\u00f3 el metro, casi vac\u00edo. Quienes llevaban al muerto se abalanzaron a la puerta m\u00e1s cercana, agotados. Los dem\u00e1s los imitaron, denotando intensa inquietud. Aquel tren iba en la direcci\u00f3n que no era.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En el asiento, Fulgencio se mantuvo erguido, con cierta rigidez digna y una pierna muy estirada. A su lado, un amigo del alma, jadeante, se le aferraba al brazo, sin mirarlo. En el vag\u00f3n era f\u00e1cil diferenciar a los dolientes, por sus caras de espanto, y a los pasajeros previos, por las expresiones intrigadas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tomasa, de pie, se acerc\u00f3 oscilando a su difunto compa\u00f1ero y, en un alarde de aplomo, le encasquet\u00f3 el sombrero, que tra\u00eda en la mano por segunda vez. Se dio cuenta de que la observaban con curiosidad y redonde\u00f3 su papel. Le dio unas cari\u00f1osas palmadas al cad\u00e1ver en la mejilla, no sin melancol\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00c1ndale, \u00e1ndale. Ya te vas a sentir mejor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El tren se detuvo. Subieron dos. Uno se acomod\u00f3 frente a Fulgencio y en seguida not\u00f3 algo raro. El tren arranc\u00f3. Tomasa se sinti\u00f3 obligada a recalcar. Sac\u00f3 el pa\u00f1uelo y se lo pas\u00f3 cuidadosamente a Fulgencio por la cara, inclin\u00e1ndose.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El tren aceleraba.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfAd\u00f3nde vamos? \u2014pregunt\u00f3 de pronto Fulgencio, con los ojos cerrados detr\u00e1s de los lentes. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una rareza: un cuento del poeta mexicano Gerardo Deniz (1934-2014).<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":14792,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"Necroforia","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[4],"tags":[3270,22,2343,3268,2855,362,3269,521],"class_list":["post-14791","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-alebrijes","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-gerardo-deniz","tag-literatura","tag-literatura-mexicana","tag-necroforia","tag-textos-que-no-estaban-en-la-red"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2019\/01\/deniz.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-3Qz","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14791","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=14791"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14791\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":14796,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14791\/revisions\/14796"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/14792"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=14791"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=14791"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=14791"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}