{"id":14625,"date":"2018-09-11T18:08:33","date_gmt":"2018-09-11T23:08:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=14625"},"modified":"2019-07-31T00:55:11","modified_gmt":"2019-07-31T05:55:11","slug":"cuatro-cuentos-de-juan-jose-arreola","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/cuatro-cuentos-de-juan-jose-arreola\/","title":{"rendered":"Cuatro cuentos de Juan Jos\u00e9 Arreola"},"content":{"rendered":"<p>Este a\u00f1o se cumple el centenario de <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Juan_Jos%C3%A9_Arreola\">Juan Jos\u00e9 Arreola<\/a> (1918-2001), gran narrador mexicano del siglo XX, muy influyente y querido por muchos lectores hasta el d\u00eda de hoy. Sus cuentos son relativamente f\u00e1ciles de encontrar en versiones impresas y digitales; sin embargo, los cuatro que siguen a continuaci\u00f3n son menos conocidos que sus relatos cl\u00e1sicos (como \u00abEl guardagujas\u00bb o \u00abEn verdad os digo\u00bb) y me pareci\u00f3 que val\u00eda la pena ofrecerlos juntos. Todos son muy breves y enigm\u00e1ticos; todos le dieron al menos a un lector (a m\u00ed) un vistazo de lo inquietante y lo estremecedor que puede ser el cuento brev\u00edsimo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los le\u00ed, hace muchos a\u00f1os, en <em>Mi confabulario<\/em> (1979), que es una de las <a href=\"http:\/\/www.elem.mx\/obra\/datos\/146\">muchas versiones del <em>Confabulario<\/em><\/a>: el libro de relatos central en la obra de Arreola.<\/p>\n<figure id=\"attachment_14627\" aria-describedby=\"caption-attachment-14627\" style=\"width: 1024px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/arreola.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"14627\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/cuatro-cuentos-de-juan-jose-arreola\/arreola\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/arreola.jpg\" data-orig-size=\"1957,1387\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1350557292&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}\" data-image-title=\"Juan Jos\u00e9 Arreola\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"&lt;p&gt;Arreola (fuente)&lt;\/p&gt;\n\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/arreola-1024x726.jpg\" class=\"size-large wp-image-14627\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/arreola-1024x726.jpg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"726\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/arreola-1024x726.jpg 1024w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/arreola-300x213.jpg 300w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/arreola.jpg 1957w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-14627\" class=\"wp-caption-text\">Arreola (<a href=\"https:\/\/www.mexicoescultura.com\/actividad\/197547\/centenario-de-juan-jose-arreola.html\">fuente<\/a>)<\/figcaption><\/figure>\n<h2>Achtung! Lebende Tiere!<\/h2>\n<p>Hab\u00eda una vez una ni\u00f1a chiquita, chiquita, que daba mucha lata en el zool\u00f3gico. Se met\u00eda en la jaula de las bestias dormidas y les tiraba la cola. El brusco despertar de los feroces era precisamente la salvaci\u00f3n de la criatura que se escapaba corriendo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero un d\u00eda la ni\u00f1a fue a dar con un le\u00f3n flaco, desprestigiado y solitario que no se dio por aludido. La ni\u00f1a abandon\u00f3 los tirones de cola y pas\u00f3 a mayores. Se puso a hacerle cosquillas al dormido y le revolvi\u00f3 una por una todas las ideas de la melena. Ante aquella total ausencia de reflejos, se proclam\u00f3 en voz alta domadora de leones. La fiera volvi\u00f3 entonces dulcemente la cabeza y se trag\u00f3 a la ni\u00f1a de un solo bocado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las autoridades del zool\u00f3gico pasaron un mal rato porque la noticia sali\u00f3 en todos los peri\u00f3dicos. Los comentaristas pusieron el grito en el cielo y criticaron las leyes del universo, que consienten la existencia de leones hambrientos junto a incompatibles ni\u00f1as maleducadas.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<h2>Interview<\/h2>\n<p>\u2014Finalmente, a los lectores les gustar\u00eda saber en qu\u00e9 trabaja usted por ahora. \u00bfPodr\u00eda decirlo?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Anoche se me ocurri\u00f3 algo, pero no s\u00e9, no s\u00e9&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014D\u00edgalo usted de todas maneras.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Se trata de algo as\u00ed como una ballena. Es la esposa de un joven poeta, digamos, de un hombre com\u00fan y corriente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Ah, ya! La ballena que se comi\u00f3 a Jon\u00e1s.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed, s\u00ed, pero no s\u00f3lo a Jon\u00e1s. Es una especie de ballena total que lleva dentro de s\u00ed a todos los peces que se han ido comiendo uno a otro, claro, siempre el m\u00e1s grande al m\u00e1s chico, y comenzando por el microsc\u00f3pico infusorio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Muy bien, muy bien! Yo tambi\u00e9n pensaba de ni\u00f1o en un animal as\u00ed, pero creo que era m\u00e1s bien un canguro cuya bolsa&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Bueno, en realidad no tendr\u00eda yo inconveniente en cambiar la imagen de la ballena por la del canguro. Me simpatizan los canguros, con esa gran bolsa en que bien puede caber el mundo. S\u00f3lo que, sabe usted, trat\u00e1ndose de la esposa de un joven poeta, es mucho m\u00e1s sugerente la imagen de la ballena. Una ballena azul, si usted prefiere, para no dejar a un lado la galanter\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfY c\u00f3mo naci\u00f3 en usted tal idea?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Es d\u00e1diva del mismo poeta, esposo de la ballena.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfC\u00f3mo es eso?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014En uno de sus poemas m\u00e1s bellos se concibe a s\u00ed mismo como una r\u00e9mora peque\u00f1ita adherida al cuerpo de la gran ballena nocturna, la esposa dormida que lo conduce en su sue\u00f1o. Esa enorme ballena femenina es m\u00e1s o menos el mundo, del cual el poeta s\u00f3lo puede cantar un fragmento, un trozo de la dulce piel que lo sustenta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Me temo que sus palabras desconcierten a nuestros lectores. Y el se\u00f1or director, usted sabe&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014En tal caso, d\u00e9 usted un giro tranquilizador a mis ideas. Diga sencillamente que a todos, a usted y a m\u00ed, a los lectores del peri\u00f3dico y al se\u00f1or director, nos ha tragado la ballena. Que vivimos en sus entra\u00f1as, que nos digiere lentamente y que poco a poco nos va arrojando hacia la nada&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Bravo! No diga usted m\u00e1s; es perfecto, y muy dentro del estilo de nuestro peri\u00f3dico. Por \u00faltimo \u00bfpodr\u00eda cedernos una fotograf\u00eda suya?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No. Prefiero dar a usted una vista panor\u00e1mica de la ballena. All\u00ed estamos todos. Con un poco de cuidado se me puede distinguir muy bien -no recuerdo exactamente d\u00f3nde- envuelto en un peque\u00f1o resplandor.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<h2>Autrui<\/h2>\n<p><em>Lunes.<\/em> Sigue la persecuci\u00f3n sistem\u00e1tica de ese desconocido. Creo que se llama Autrui. No s\u00e9 cu\u00e1ndo empez\u00f3 a encarcelarme. Desde el principio de mi vida tal vez, sin que yo me diera cuenta. Tanto peor.<\/p>\n<p><em>Martes.<\/em> Caminaba hoy tranquilamente por calles y plazas. Not\u00e9 de pronto que mis pasos se dirig\u00edan a lugares desacostumbrados. Las calles parec\u00edan organizarse en laberinto, bajo los designios de Autrui. Al final, me hall\u00e9 en un callej\u00f3n sin salida.<\/p>\n<p><em>Mi\u00e9rcoles.<\/em> Mi vida est\u00e1 limitada en estrecha zona, dentro de un barrio mezquino. In\u00fatil aventurarse m\u00e1s lejos. Autrui me aguarda en todas las esquinas, dispuesto a bloquearme las grandes avenidas.<\/p>\n<p><em>Jueves.<\/em> De un momento a otro temo hallarme frente a frente y a solas con el enemigo. Encerrado en mi cuarto, ya para echarme en la cama, siento que me desnudo bajo la mirada de Autrui.<\/p>\n<p><em>Viernes.<\/em> Pas\u00e9 todo el d\u00eda en casa, incapaz de la menor actividad. Por la noche surgi\u00f3 a mi alrededor una tenue circunvalaci\u00f3n. Cierta especie de anillo, apenas m\u00e1s peligroso que un aro de barril.<\/p>\n<p><em>S\u00e1bado.<\/em> Ahora despert\u00e9 dentro de un cartucho exagonal, no mayor que mi cuerpo. Sin atreverme a tocar los muros, present\u00ed que detr\u00e1s de ellos nuevos hex\u00e1gonos me aguardan.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Indudablemente, mi confinaci\u00f3n es obra de Autrui.<\/p>\n<p><em>Domingo.<\/em> Empotrado en mi celda, entro lentamente en descomposici\u00f3n. Segrego un l\u00edquido espeso, amarillento, de enga\u00f1osos reflejos. A nadie aconsejo que me tome por miel\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A nadie naturalmente, salvo al propio Autrui.<\/p>\n<p>*<\/p>\n<h2>Informe de Liberia<\/h2>\n<p>Como ocurre siempre entre mujeres, el rumor se ha propalado de boca en boca, y una legi\u00f3n de embarazadas nerviosas consulta en vano a los m\u00e9dicos circunspectos. El n\u00famero de bodas decrece sensiblemente en tanto que prospera de modo alarmante el comercio de los anticonceptivos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ante el mutismo de las organizaciones cient\u00edficas, los periodistas recurrieron en mala hora a la Asociaci\u00f3n de Parteras Autodidactas. Gracias a la presidenta, una matrona gruesa, est\u00e9ril y charlatana, el chismorreo ha tomado un giro definitivamente siniestro: en todas partes los ni\u00f1os se niegan a nacer por las buenas y los cirujanos no se dan abasto practicando operaciones ces\u00e1reas y maniobras de Guillaumin. Por si fuera poco, la APA acaba de incluir en su cat\u00e1logo de publicaciones clandestinas el relato pormenorizado de dos comadronas que que lucharon a brazo partido con un infante rebelde, un verdadero demonio que por m\u00e1s de veinticuatro horas se debati\u00f3 entre la vida y la muerte sin tomar para nada en cuenta los sufrimientos de su madre. Ancl\u00e1ndose como un pocero sobre los huesos iliacos y agarr\u00e1ndose de las costillas, dio tales muestras de resistencia que las se\u00f1oras se cruzaron finalmente de brazos dej\u00e1ndolo hacer su voluntad&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Como era de esperarse, los psicoanalistas son los \u00fanicos hombres de ciencia que han abierto la boca: atribuyen el fen\u00f3meno a una especie de histeria colectiva y piensan que son las mujeres y no los ni\u00f1os quienes se conducen en el parto de una manera anormal. Con ello expresan una clara censura al hombre de nuestros d\u00edas. Tomando en cuenta el car\u00e1cter explosivo del alumbramiento, un psiquiatra afirma encantado de la vida que la rebeli\u00f3n de los nonatos, aparentemente sin causa, es una verdadera Cruzada de los Ni\u00f1os contra las pruebas at\u00f3micas. Ante la sonrisa burlona de los ginec\u00f3logos, concluye su alegato con ingenuidad flagrante, insinuando la idea de que tal vez no sea este en que vivimos el mejor de los mundos posibles.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el centenario del gran escritor mexicano Juan Jos\u00e9 Arreola (1918-2001), cuatro de sus relatos breves m\u00e1s enigm\u00e1ticos y menos conocidos.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":14627,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"Cuatro cuentos de Juan Jos\u00e9 Arreola.","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[3256,2947,22,2343,198,3255,3257,325,2855,2291,360,397],"class_list":["post-14625","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-achtung-lebende-tiere","tag-autrui","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritores-mexicanos","tag-informe-de-liberia","tag-interview","tag-juan-jose-arreola","tag-literatura","tag-literatura-de-imaginacion","tag-literatura-fantastica","tag-minificcion"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/09\/arreola.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-3NT","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14625","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=14625"}],"version-history":[{"count":9,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14625\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":14974,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14625\/revisions\/14974"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/14627"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=14625"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=14625"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=14625"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}