{"id":14571,"date":"2018-07-30T15:10:32","date_gmt":"2018-07-30T20:10:32","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=14571"},"modified":"2018-07-30T15:31:04","modified_gmt":"2018-07-30T20:31:04","slug":"un-poco-fea","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/un-poco-fea\/","title":{"rendered":"Un poco fea"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/literatura.inba.gob.mx\/chihuahua\/6116-garc%C3%ADa-delgado,.html\">Elpidia Garc\u00eda Delgado<\/a> (1959) es una escritora singular. Nacida en Ciudad Ju\u00e1rez, trabaj\u00f3 en las maquiladoras de aquella ciudad y su obra tiene la marca de una conciencia social proveniente de la experiencia vivida. En 2004 inici\u00f3 el blog <em><a href=\"http:\/\/maquilasquematan.blogspot.com\/\">Maquilas que matan<\/a><\/em> y fue acumulando publicaciones y reconocimientos. Con el libro <em>El hombre que mat\u00f3 a Dedos Fr\u00edos y otros relatos<\/em> gan\u00f3 en 2018 el Premio Nacional de Cuento que otorga el Instituto Nacional de Bellas Artes, y que a partir de esta edici\u00f3n lleva el nombre de Amparo D\u00e1vila.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abUn poco fea\u00bb, historia curiosa de ambiente ruso con detalles igual s\u00f3rdidos y m\u00e1gicos, proviene de su libro <em>Polvareda<\/em> (2014). Este es el primer cuento de una serie que aparecer\u00e1 a lo largo de las pr\u00f3ximas semanas, para compensar la pausa de los meses en que este sitio estuvo en reparaciones.<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/Elpidia.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"14572\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/un-poco-fea\/elpidia\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/Elpidia.jpg\" data-orig-size=\"1901,1533\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;8&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;Meterphoto&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;NIKON D810&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1489237336&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;Meterphoto&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;50&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;100&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0.004&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}\" data-image-title=\"Elpidia Garc\u00eda\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/Elpidia-1024x826.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/Elpidia-1024x826.jpg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"826\" class=\"aligncenter size-large wp-image-14572\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/Elpidia-1024x826.jpg 1024w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/Elpidia-300x242.jpg 300w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/Elpidia.jpg 1901w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>UN POCO FEA<br \/>\nElpidia Garc\u00eda<\/strong> <\/p>\n<p>\u2014Eres un poco fea \u2014dijo una noche su amante a Darya Popova, lenguaraz por las muchas copas, frente a sus amigos en un bar. Ella lo sab\u00eda, pero no es lo mismo saberlo a que te lo digan delante de todos. Claro que era fea, no de esas de las que se aleja la vista, sino una mediocre, de cuerpo y facciones faltas de gracia, sin curvas pronunciadas, la cintura sin estrechez. Mand\u00f3 a volar al hombre, al fin que era un pasatiempo, y se busc\u00f3 otro. Despu\u00e9s de hacer el amor la primera vez, \u00e9ste se burl\u00f3 de la blandura de su carne mientras fumaba un cigarro como quien juzga un filete despu\u00e9s de la cena. Tambi\u00e9n era cierto, ni qui\u00e9n lo niegue, la falta de ejercicio y el exceso de vodka surten ese efecto en la masa muscular. Remat\u00f3 con una pregunta que colm\u00f3 el vaso:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfY por qu\u00e9 no te arreglas esos colmillos de vampir\u00edn?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sali\u00f3 de all\u00ed dando un portazo luego de gritarle:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Svin\u2019ya! \u2014aventarle la copa a la cabeza, y por suerte para \u00e9l, errar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;De ni\u00f1a, la peque\u00f1a Dasha ten\u00eda una mu\u00f1eca: Svetlana. La llevaba a todas partes. Los grandes ojos azules y la melena rubia siempre la fascinaron. Ella tambi\u00e9n los ten\u00eda de ese color y su pelo era dorado, as\u00ed que pregunt\u00f3 a su madre:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfSer\u00e9 alg\u00fan d\u00eda tan linda como Svetlana?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Todo es posible, hija \u2014le respondi\u00f3, condescendiente. Aunque otros juguetes desbancaron a la mu\u00f1eca de moda, sigui\u00f3 coleccion\u00e1ndolas hasta completar m\u00e1s de trescientas en muchas de sus variedades. Las que m\u00e1s le gustaban eran Mila, Diosa de la Galaxia y \u00danica en su clase, a \u00e9sta, la consideraba el molde de rostro m\u00e1s acertado, por su sensualidad. No solamente Darya no era tan linda, hab\u00eda llegado a  su juventud sosa, ordinaria, eso la amargaba.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando el \u00faltimo de sus amor\u00edos la aconsej\u00f3 implantarse silicona en senos y gl\u00fateos, se hart\u00f3, renunci\u00f3 a sus amantes, no sin antes sacarle una jugosa cantidad a Dimitrov, un beodo viejo y rico a quien, en su embriaguez, no importaban la flacidez ni la ausencia de curvatura en pechos y nalgas, mucho menos los dientes caninos encimados.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Viaj\u00f3 a Mosc\u00fa y San Petersburgo para visitar todas las librer\u00edas de libros antiguos sobre magia, brujas y hechicer\u00eda. Un mes despu\u00e9s volvi\u00f3 a su departamento en la helada Syktyvkar con un cargamento de vol\u00famenes, manuales y tomos raros que llenaron la rec\u00e1mara de hu\u00e9spedes. Compr\u00f3 provisiones para un a\u00f1o, cort\u00f3 el tel\u00e9fono y ech\u00f3 la llave para dedicarse al ocultismo. La \u00fanica compa\u00f1\u00eda que tuvo en ese tiempo fueron sus cientos de mu\u00f1ecas que la miraban todas sonrisas, est\u00e1ticas, en sugerentes posiciones, desde un anaquel de madera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al principio s\u00f3lo quer\u00eda vengarse de los hombres que se hab\u00edan burlado de ella, encontrar alguna forma de afearles la cara, o los pies, quiz\u00e1 causarles impotencia, herpes genital, o como m\u00ednimo, una seborrea. Por largos meses ley\u00f3 libros, recit\u00f3 ensalmos, aprendi\u00f3 a preparar p\u00f3cimas y brebajes, hasta que una noche dio con un libro, del que hab\u00eda olvidado c\u00f3mo lo consigui\u00f3, facs\u00edmil de un raro original sobre magia negra, el cual conten\u00eda instrucciones de un rito que pod\u00eda lograr las transformaciones m\u00e1s asombrosas. Se lo hab\u00eda intercambiado a un septuagenario, due\u00f1o de una librer\u00eda en la que fuera la aldea Chernaya Griaz, por bailar desnuda mientras \u00e9l tocaba balalaica y declamaba chastushkas  al calor de varias copas de medovuja casera. Despu\u00e9s le hizo un cunnilingus desdentado, baboso, tras convencerla de que el incalculable valor del libro requer\u00eda pagar un precio m\u00e1s alto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Entonces trastoc\u00f3 su intenci\u00f3n completamente. Mejor transformarse ella, que desperdiciar su saber en hombrecillos infames. Estudi\u00f3 con ah\u00ednco el tratado que le dio el anciano, titulado Les Basses Entr\u00e9es Trevisanes, un desconocido grimorio de ocultismo cuyo contenido, si se interpretaba y discern\u00eda con acierto, podr\u00eda desatar fuerzas oscuras.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nueve meses despu\u00e9s, estaba lista. De su colecci\u00f3n de mu\u00f1ecas seleccion\u00f3 una Svetlana Invierno platinada. El lunar arriba del labio superior izquierdo le daba una expresi\u00f3n lasciva, vest\u00eda abrigo y ushanka negros. Con ella en su maleta march\u00f3 a los Bosques V\u00edrgenes de Komi, tal como un mapa del libro m\u00e1gico lo indicaba.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En busca de las rosas azules, a\u00fan m\u00e1s extraordinarias que las rosas de Paestum, florecientes dos veces al a\u00f1o, se intern\u00f3 en los bosques de picea. Muerta de fr\u00edo, entre los  alerces, se extravi\u00f3 dos semanas. Con grandes dificultades, pues el dinero de Dimitrov se hab\u00eda agotado y los gu\u00edas cobraban una fortuna, lleg\u00f3 hasta los pilares de piedra de Lena, y ah\u00ed, escondida entre en la espesura de abetos perfumados a b\u00e1lsamo resinoso, estaba el sui g\u00e9neris rosal que comprar\u00eda su anhelo. El \u00edndigo de los p\u00e9talos brillaba de forma extra\u00f1a bajo la luz de la luna.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Vestida solo con t\u00fanica negra a pesar de estar el suelo congelado, en el centro de un pentagrama wiccanno, circunscrito en un c\u00edrculo de fuego entre la hojarasca, Darya sostiene el libro negro. Un manojo de rosas azuladas descansa a sus pies junto a su mu\u00f1eca preferida. Recita en un idioma extinto el conjuro para invocar a un ser sobrenatural. Al pronunciar el nombre de la abominaci\u00f3n, los sonidos del bosque enmudecieron, las liebres y las comadrejas hu\u00edan en busca de un escondite lejos de all\u00ed. Los renos y todas las aves de Komi escaparon del espanto que la mujer conjuraba. Se escucharon truenos. A pesar de la oscuridad del cielo, los fogonazos de los rel\u00e1mpagos dejaron ver nubarrones negros que se acercaban a gran velocidad al punto de la cita. Darya tiene miedo pero contin\u00faa su letan\u00eda alzando la voz tr\u00e9mula.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Montada en la concavidad de un almirez, Baba Yaga sale de la nube color m\u00e1s all\u00e1, rema en el aire con una escoba plateada. Detr\u00e1s de ella, la sombra del caballero negro de la noche la acompa\u00f1a. Cuando desciende, el hedor es el de todos los muertos despu\u00e9s de un d\u00eda en un campo de batalla en verano, a las cuatro de la tarde. La joven est\u00e1 a punto de correr o del desmayo por la impresi\u00f3n y el mareo. Su obstinaci\u00f3n de lograr su prop\u00f3sito la mantiene en pie y dentro del c\u00edrculo protector. Fuera de ah\u00ed, la bruja la descarnar\u00eda viva con sus dientes de acero para luego llevarla al mundo de los muertos. Se apea de su extra\u00f1o transporte. Una de sus piernas es de hueso, as\u00ed entra y sale del averno. Su aguda carcajada sobrehumana, a modo de anuncio, se escucha hasta los confines de Zirian\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Ser\u00e1 mejor que hayas tra\u00eddo mi regalo, peque\u00f1a!, te atreviste a sacarme de mi choza y estoy muy hambrienta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se podr\u00eda decir que Baba Yaga es una encorvada anciana que tiene mil a\u00f1os, con la barbilla prominente, llena de verrugas y pelos blancos como los de la melena; de grandes, puntiagudas orejas, adem\u00e1s de una ganchuda prob\u00f3scide azul cuya extensi\u00f3n excede un ch\u00e9tvert. Su atav\u00edo es tan miserable como grande su poder y crueldad; que su mirada es la de Madame Blavatsky, la de la Madre Shipton y la de todas las brujas de la historia juntas. Sin embargo, baste decir que su fealdad es cien veces mayor que la de toda bruja conocida. Su perversidad, la del Diablo. Darya y todas las mujeres un poco y muy feas, ser\u00edan beldades junto a ella.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Tengo rosas para ti \u2014llena de terror, le entrega el ramo azul nocturno.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Ahhh! \u2014exclama con los ojos muy abiertos\u2014 Eso s\u00ed que me causa alegr\u00eda, ni\u00f1a. Ya hab\u00eda perdido la cuenta de la \u00faltima vez que beb\u00ed el t\u00e9 de estas flores. Mira que me hace falta rejuvenecer un poco. \u00a1Ja ja ja ja! \u2014retumb\u00f3 la risa chillante. Su repentina felicidad no la hac\u00eda menos terror\u00edfica. Darya temblaba y se arrepinti\u00f3 un poco, de estar frente a un ser de ultratumba solo para ser bonita.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Y bien, \u00bfqu\u00e9 deseas como recompensa, chiquilla? Sabes que no puedo negar nada a quien me haya tra\u00eddo obsequio tan caro \u2014la mir\u00f3 fijamente con ojos inyectados en sangre, demon\u00edacos, al tiempo que aspiraba con placer el aroma de las rosas. La infusi\u00f3n preparada con sus p\u00e9talos le quitar\u00eda cientos de a\u00f1os.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Quiero que me transformes en una mujer hermosa \u2014contest\u00f3 firme, deseando acabar con la pesadilla.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfY para qu\u00e9 quieres hermosura?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ver\u00e1s, hasta ahora los hombres me desprecian, se r\u00eden de m\u00ed. Quiero ser amada, que me admiren todos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfY crees que ser preciosa cambiar\u00e1 las cosas? Ten cuidado con lo que me pides, \u00a1no hay vuelta atr\u00e1s, ni manera de deshacer mis embrujos!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Eso es lo que deseo. Te traje las rosas, ahora quiero mi recompensa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Bien, no puedo neg\u00e1rtela por muy tonta que sea tu petici\u00f3n. \u00bfY c\u00f3mo de hermosa?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Tengo una idea muy clara.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Sea, pues, sube al mortero!, debemos hacer esto antes de que mi fiel caballero blanco del d\u00eda reemplace a mi caballero negro. Nos quedan pocas horas. No s\u00e9 si te arrepentir\u00e1s, pero Baba Yaga cumplir\u00e1 tu capricho, \u00a1ja ja ja ja!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Darya subi\u00f3 a la extra\u00f1a nave, apretaba a Svetlana como a la cruz sagrada lo hace quien va a entrar al infierno. <\/p>\n<p>* * *<\/p>\n<p>Cuando sali\u00f3 de la choza de la bruja, peculiarmente montada en altos palos que asemejaban patas de gallina, Darya no era lo que fue. Nuevos conceptos de belleza tendr\u00edan que haberse inventado para describirla, pues su nueva belleza no encajaba en la filosof\u00eda de Tom\u00e1s de Aquino, Arist\u00f3teles o Plat\u00f3n. El \u00f3valo de su cara enmarcado en una cabellera clara y brillante era perfecto. El tama\u00f1o de sus ojos azules, cristalinos, coronados por espesas pesta\u00f1as, abarcaba la cuarta parte del rostro. Mirarla a los ojos era reflejarse en la superficie inmaculada de una laguna sin vida, todo su rostro carec\u00eda de expresi\u00f3n. La boca sonrosada parec\u00eda irreal, \u00bfcu\u00e1ndo se vio que una boca pudiera tener la forma de un peque\u00f1o coraz\u00f3n? Las piernas se hab\u00edan alargado tanto que caminaba como una garza. Su cintura se redujo de modo que al rodearla con las manos, la punta de los dedos casi pod\u00edan tocarse, el tronco se avispaba en ese punto por la falta de varias costillas. Los senos, demasiado grandes y redondos, desequilibraban el cuerpo como si fuera a caer de frente. La tersura de su piel le daba una p\u00e1tina plastificada, aunque de apariencia juvenil, sin edad descifrable.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Como reci\u00e9n venida al mundo, dio los primeros pasos para salir del bosque. Baba Yaga contemplaba su obra satisfecha.  El caballero rojo del atardecer flotaba incorp\u00f3reo a su alrededor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Adi\u00f3s, Dasha, disfruta tus encantos! \u00a1Ja ja ja ja! \u2014 Su risa atron\u00f3 en la boscosidad.<\/p>\n<p>* * *<\/p>\n<p>En Kiev, Mosc\u00fa, San Petersburgo y por toda Europa Oriental se extendi\u00f3 la fama de Darya Popova, la mu\u00f1eca Svetlana humana. Entrevistas, fotograf\u00edas, reportajes, documentales,  enriquec\u00edan a Darya a raudales. Los hombres m\u00e1s prominentes y ricos de todo el mundo se rend\u00edan ante ella. El misterio del origen de su transformaci\u00f3n se convirti\u00f3 en un mito, pues jam\u00e1s revel\u00f3 que la magia negra de la bruja Baba Yaga estaba detr\u00e1s de su singular, hechizante beldad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento de la narradora mexicana Elpidia Garc\u00eda (1959), ganadora del Premio Nacional de Cuento en 2018.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":14572,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"El #cuento del mes en Las Historias es de Elpidia Garc\u00eda (@maquiladonna), ganadora del Premio Nacional de Cuento.","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[4],"tags":[22,2343,3253,185,198,2855,3254],"class_list":["post-14571","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-elpidia-garcia","tag-escritoras","tag-escritores-mexicanos","tag-literatura","tag-un-poco-fea"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/Elpidia.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-3N1","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14571","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=14571"}],"version-history":[{"count":9,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14571\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":14585,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14571\/revisions\/14585"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/14572"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=14571"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=14571"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=14571"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}