{"id":14564,"date":"2018-08-03T09:45:42","date_gmt":"2018-08-03T14:45:42","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=14564"},"modified":"2025-01-09T12:04:04","modified_gmt":"2025-01-09T18:04:04","slug":"el-hombre-de-hielo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/el-hombre-de-hielo\/","title":{"rendered":"El hombre de hielo"},"content":{"rendered":"<p>Este sitio estuvo en reparaci\u00f3n por varios meses; este cuento es el segundo de una tanda de varios para compensar el tiempo de inactividad. Es una narraci\u00f3n del japon\u00e9s <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Haruki_Murakami\">Haruki Murakami<\/a> (1949), eterno candidato del premio Nobel, con tantos detractores como admiradores pero (pienso) maestro indiscutible de una imaginaci\u00f3n muy especial.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Esta traducci\u00f3n de \u00abEl hombre de hielo\u00bb \u2013relato sobre la sumisi\u00f3n, y la complejidad de la vida en pareja\u2013 proviene de <a href=\"http:\/\/blocs.xtec.cat\/literaunivers\/2013\/10\/06\/8-el-hombre-de-hielo-haruki-murakami\/\">esta p\u00e1gina<\/a>, que a su vez la toma del libro <em>Sauce ciego, mujer dormida<\/em> (2006).<\/p>\n<figure id=\"attachment_14565\" aria-describedby=\"caption-attachment-14565\" style=\"width: 737px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/Murakami.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"14565\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/el-hombre-de-hielo\/haruki-murakami-writer-novelist-and-essayist-tokyo-japan\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/Murakami.jpg\" data-orig-size=\"737,491\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;Alamy Stock Photo&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;BWT1HY Haruki Murakami, writer, novelist and essayist. 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(fuente)&lt;\/p&gt;\n\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/Murakami.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/Murakami.jpg\" alt=\"\" width=\"737\" height=\"491\" class=\"size-full wp-image-14565\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/Murakami.jpg 737w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/07\/Murakami-300x200.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 737px) 100vw, 737px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-14565\" class=\"wp-caption-text\">Murakami. (<a href=\"https:\/\/quillette.com\/2017\/10\/13\/haruki-murakami-poet-loneliness\/\">fuente<\/a>)<\/figcaption><\/figure>\n<p><strong>EL HOMBRE DE HIELO<br \/>\nHaruki Murakami<\/strong><\/p>\n<p>Me cas\u00e9 con un hombre de hielo. Lo vi por primera vez en un hotel para esquiadores, que es quiz\u00e1 el sitio indicado para conocer a alguien as\u00ed. El lobby estaba lleno de j\u00f3venes bulliciosos pero el hombre de hielo permanec\u00eda sentado a solas en una butaca en la esquina m\u00e1s alejada de la chimenea, absorto en un libro. Pese a que era cerca de mediod\u00eda, la luz di\u00e1fana y fr\u00eda de esa ma\u00f1ana de principios de invierno parec\u00eda demorarse a su alrededor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Mira, un hombre de hielo \u2014susurr\u00f3 mi amiga.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En ese momento, sin embargo, yo no ten\u00eda la menor idea de lo que era un hombre de hielo. A mi amiga le suced\u00eda lo mismo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Debe estar hecho de hielo. Por eso lo llaman as\u00ed \u2014dijo esto con una expresi\u00f3n grave, como si hablara de un fantasma o de alguien que padeciera una enfermedad contagiosa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El hombre de hielo era alto y aparentemente joven pero en su cabello grueso, similar al alambre, hab\u00eda zonas de blancura que hac\u00edan pensar en parches de nieve sin derretir. Sus p\u00f3mulos eran angulosos, como piedra congelada, y sus dedos estaban rodeados por una escarcha que daba la impresi\u00f3n de que nunca se fundir\u00eda. Por lo dem\u00e1s, no obstante, parec\u00eda un hombre com\u00fan y corriente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No era lo que se dice guapo, aunque uno notaba que pod\u00eda ser muy atractivo, dependiendo del modo en que se le observara. En cualquier caso, algo en \u00e9l me conmovi\u00f3 hasta lo m\u00e1s profundo, algo que sent\u00ed se localizaba en sus ojos m\u00e1s que en ninguna otra parte. Silenciosa y transparente, su mirada evocaba las astillas de luz que atraviesan los car\u00e1mbanos en una ma\u00f1ana invernal. Era como el \u00fanico destello de vida en un cuerpo artificial.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Me qued\u00e9 inm\u00f3vil por un tiempo, espiando al hombre de hielo a la distancia. No alz\u00f3 la vista. Continu\u00f3 sentado sin inmutarse, enfrascado en su libro como si no hubiera nadie en torno suyo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A la ma\u00f1ana siguiente el hombre de hielo se hallaba otra vez en el mismo lugar, leyendo un libro de la misma manera. Cuando fui al comedor para el almuerzo, y cuando regres\u00e9 de esquiar con mis amigos al atardecer, a\u00fan estaba ah\u00ed, fijando la misma mirada en las p\u00e1ginas del mismo libro. Al d\u00eda siguiente no hubo cambios. Incluso al caer el sol, y mientras la oscuridad ganaba terreno, permaneci\u00f3 en su butaca con la quietud de la escena invernal al otro lado de la ventana.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La tarde del cuarto d\u00eda invent\u00e9 alguna excusa para no salir a esquiar. Me qued\u00e9 sola en el hotel y vagu\u00e9 un rato por el lobby, desierto como un pueblo fantasma. El aire era c\u00e1lido y h\u00famedo y la estancia ten\u00eda un olor curiosamente abatido: el olor de la nieve adherida a la suela de los zapatos que ahora se derret\u00eda frente a la chimenea. Mir\u00e9 por los ventanales, hoje\u00e9 uno o dos peri\u00f3dicos y luego, arm\u00e1ndome de valor, me dirig\u00ed al hombre de hielo y le habl\u00e9.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tiendo a ser t\u00edmida con extra\u00f1os, y salvo que haya una buena raz\u00f3n no acostumbro platicar con gente que no conozco. Pero pese a todo me sent\u00ed impelida a hablar con el hombre de hielo. Era mi \u00faltima noche en el hotel, y tem\u00eda que si dejaba pasar la oportunidad nunca volver\u00eda a conversar con alguien as\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfNo esqu\u00edas? \u2014le pregunt\u00e9 del modo m\u00e1s casual que pude.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Alz\u00f3 el rostro con lentitud, como si hubiera o\u00eddo un ruido lejano, y me mir\u00f3 con esos ojos. Despu\u00e9s neg\u00f3 con la cabeza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No esqu\u00edo \u2014dijo\u2014. Me gusta sentarme aqu\u00ed a leer y observar la nieve.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Encima de \u00e9l las palabras formaron nubes blancas semejantes a los globos de un c\u00f3mic. De hecho pude ver las palabras en la atm\u00f3sfera, hasta que las borr\u00f3 con un dedo escarchado. No supe qu\u00e9 decir a continuaci\u00f3n. Me sonroj\u00e9 y me qued\u00e9 inm\u00f3vil. El hombre de hielo me vio a los ojos y pareci\u00f3 esbozar una sonrisa tenue.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQuieres sentarte? \u2014pregunt\u00f3\u2014. Te intereso, \u00bfverdad? Quieres saber qu\u00e9 es un hombre de hielo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ri\u00f3\u2014. Tranquila, no hay por qu\u00e9 preocuparse. No vas a resfriarte s\u00f3lo por hablar conmigo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nos sentamos juntos en un sof\u00e1 en un rinc\u00f3n del lobby y vimos danzar los copos de nieve a trav\u00e9s de la ventana. Ped\u00ed un chocolate caliente y lo beb\u00ed, pero \u00e9l no orden\u00f3 nada. Al parecer era tan torpe como yo a la hora de entablar una conversaci\u00f3n. No s\u00f3lo eso, sino que daba la impresi\u00f3n de que no ten\u00edamos ning\u00fan tema en com\u00fan. Al principio hablamos del clima. Luego, del hotel.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfEst\u00e1s solo? \u2014le pregunt\u00e9.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed \u2014contest\u00f3. Despu\u00e9s pregunt\u00f3 si me gustaba esquiar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No mucho \u2014dije\u2014. Vine \u00fanicamente porque mis amigos insistieron. De hecho, casi no esqu\u00edo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hab\u00eda tantas cosas que quer\u00eda saber. \u00bfRealmente su cuerpo era de hielo? \u00bfQu\u00e9 com\u00eda? \u00bfD\u00f3nde pasaba los veranos? \u00bfTen\u00eda familia? Cosas por el estilo. Pero el hombre de hielo no habl\u00f3 de s\u00ed mismo, y yo me abstuve de hacerle preguntas personales.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En lugar de eso, habl\u00f3 de m\u00ed. S\u00e9 que es dif\u00edcil creerlo, pero de alguna manera sab\u00eda todo sobre m\u00ed. Sab\u00eda qui\u00e9nes eran los miembros de mi familia; sab\u00eda mi edad, mis preferencias y aversiones, mi estado de salud, a qu\u00e9 escuela iba, qu\u00e9 amigos frecuentaba. Sab\u00eda incluso cosas que me hab\u00edan ocurrido hac\u00eda tanto tiempo que hasta las hab\u00eda olvidado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No entiendo \u2014dije, confundida. Me sent\u00eda como si estuviera desnuda ante un extra\u00f1o\u2014. \u00bfC\u00f3mo sabes tanto de m\u00ed? \u00bfPuedes leer la mente?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No, no puedo leer la mente ni nada parecido. S\u00f3lo s\u00e9 \u2014respondi\u00f3\u2014. S\u00f3lo s\u00e9. Es como si mirara con fuerza dentro del hielo: cuando te miro as\u00ed, de pronto veo perfectamente cosas acerca de ti.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfPuedes ver mi futuro? \u2014le pregunt\u00e9.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No puedo ver el futuro \u2014dijo con calma\u2014. El futuro no me puede interesar para nada; para ser m\u00e1s preciso, no s\u00e9 qu\u00e9 significa. Eso es porque el hielo no tiene futuro; todo lo que posee es el pasado que encierra. El hielo es capaz de preservar las cosas de esa forma: limpia y clara y tan v\u00edvidamente como si a\u00fan existieran. \u00c9sa es la esencia del hielo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Qu\u00e9 bonito \u2014dije, y sonre\u00ed\u2014. Me alegra escucharlo. A fin de cuentas, lo cierto es que no me importa averiguar mi futuro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nos volvimos a encontrar en varias ocasiones, una vez que regresamos a la ciudad. A la larga comenzamos a salir. No \u00edbamos al cine, sin embargo, ni a tomar caf\u00e9. Ni siquiera \u00edbamos a restaurantes. Era raro que el hombre de hielo comiera algo. En lugar de eso, sol\u00edamos sentarnos en una banca en el parque a hablar de distintas cosas: de todo salvo de \u00e9l.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfPor qu\u00e9? \u2014le pregunt\u00e9 un d\u00eda\u2014. \u00bfPor qu\u00e9 no hablas de ti? Quiero conocerte mejor. \u00bfD\u00f3nde naciste? \u00bfC\u00f3mo son tus padres? \u00bfC\u00f3mo te convertiste en un hombre de hielo?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Me observ\u00f3 un rato y luego sacudi\u00f3 la cabeza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No lo s\u00e9 \u2014dijo n\u00edtida, serenamente, exhalando una bocanada de palabras blancas\u2014. Conozco la historia de todo lo dem\u00e1s, pero yo carezco de pasado. No s\u00e9 d\u00f3nde nac\u00ed ni c\u00f3mo eran mis padres; ni siquiera s\u00e9 si los tuve. Ignoro qu\u00e9 tan viejo soy; ignoro, aun m\u00e1s, si tengo edad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El hombre de hielo era tan solitario como un iceberg en la noche oscura.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Me enamor\u00e9 perdidamente del hombre de hielo. \u00c9l me amaba tal como era: en el presente, sin ning\u00fan futuro. Yo, por mi parte, lo amaba tal como era: en el presente, sin ning\u00fan pasado. Incluso empezamos a hablar de matrimonio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yo acababa de cumplir veinte a\u00f1os y \u00e9l era mi primer amor real. En aquella \u00e9poca ni siquiera pod\u00eda imaginar qu\u00e9 significaba amar a un hombre de hielo. Pero dudo que haberme enamorado de un hombre com\u00fan hubiera aclarado mi noci\u00f3n del amor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mi madre y mi hermana mayor se opon\u00edan con firmeza a que me casara con \u00e9l.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Est\u00e1s muy joven para casarte \u2014dec\u00edan\u2014. Adem\u00e1s, no sabes nada de su vida. Vaya, no sabes d\u00f3nde ni cu\u00e1ndo naci\u00f3. \u00bfC\u00f3mo decirles a nuestros parientes que te casar\u00e1s con alguien as\u00ed? Por si fuera poco, hablamos de un hombre de hielo: \u00bfqu\u00e9 vas a hacer si de pronto se derrite? Parece que ignoras que el matrimonio implica un compromiso aut\u00e9ntico.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sus preocupaciones, no obstante, eran infundadas. Al fin y al cabo, un hombre de hielo no est\u00e1 hecho verdaderamente de hielo. Por m\u00e1s calor que haga no se va a fundir. Se le llama as\u00ed porque su cuerpo es fr\u00edo como el hielo pero su constituci\u00f3n es distinta, y no es la clase de frialdad que roba la calidez de la gente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;De modo que nos casamos. Nadie bendijo la uni\u00f3n, ning\u00fan amigo o pariente comparti\u00f3 nuestra alegr\u00eda. No hubo ceremonia, y a la hora de anotar mi nombre en su registro familiar, bueno, result\u00f3 que el hombre de hielo no ten\u00eda. As\u00ed que simplemente decidimos que est\u00e1bamos casados. Compramos un peque\u00f1o pastel y lo comimos juntos: \u00e9sa fue nuestra modesta boda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Rentamos un departamento diminuto, y el hombre de hielo comenz\u00f3 a ganarse la vida en un dep\u00f3sito de carne congelada. Pod\u00eda soportar las m\u00e1s bajas temperaturas, y por mucho que trabajara nunca se sent\u00eda exhausto. Le ca\u00eda muy bien al patr\u00f3n, que le pagaba mejor que al resto de los empleados. Llev\u00e1bamos una rutina feliz, sin molestar y sin que nos molestaran.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando \u00e9l me hac\u00eda el amor, en mi mente aparec\u00eda un trozo de hielo que estaba segura exist\u00eda en alg\u00fan sitio en medio de una soledad imperturbable. Pensaba que quiz\u00e1 \u00e9l sab\u00eda d\u00f3nde se hallaba. Era un pedazo de hielo duro, tanto que yo imaginaba que nada pod\u00eda igualar su dureza. Era el trozo de hielo m\u00e1s grande del orbe. Se encontraba en un lugar muy lejano, y el hombre de hielo transmit\u00eda la memoria de esa gelidez tanto a m\u00ed como al mundo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al principio me sent\u00eda turbada cuando \u00e9l me hac\u00eda el amor, aunque al cabo de un tiempo me acostumbr\u00e9. Incluso me empez\u00f3 a agradar el sexo con el hombre de hielo. De noche compart\u00edamos en silencio esa enorme mole congelada en la que cientos de millones de a\u00f1os \u2014todos los pasados del mundo\u2014 se almacenaban.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En nuestro matrimonio no hab\u00eda problemas de consideraci\u00f3n. Nos am\u00e1bamos profundamente, nada se interpon\u00eda entre nosotros. Quer\u00edamos tener un hijo, algo que se antojaba imposible tal vez porque los genes humanos no se mezclan f\u00e1cilmente con los de un hombre de hielo. En cualquier caso, fue en parte debido a la ausencia de hijos que de golpe me vi con tiempo de sobra. Terminaba con todas las labores hogare\u00f1as por la ma\u00f1ana y despu\u00e9s no ten\u00eda nada qu\u00e9 hacer. No hab\u00eda amigos con los que pudiera platicar o salir y tampoco congeniaba con los vecinos del barrio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mi madre y mi hermana a\u00fan estaban furiosas conmigo por haberme casado con el hombre de hielo y no daban se\u00f1ales de querer verme de nuevo. Y pese a que, con el paso de los meses, la gente a nuestro alrededor empez\u00f3 a platicar con \u00e9l de vez en cuando, en lo m\u00e1s hondo de sus corazones todav\u00eda no aceptaban al hombre de hielo ni a m\u00ed, que lo hab\u00eda desposado. \u00c9ramos distintos a ellos, y ni todo el tiempo del mundo podr\u00eda salvar el abismo que nos separaba.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;As\u00ed que mientras el hombre de hielo trabajaba yo me quedaba en el departamento, leyendo libros o escuchando m\u00fasica. Sea como sea prefiero por lo general estar en casa, y no me importa la soledad. Pero a\u00fan era joven, y hacer lo mismo d\u00eda tras d\u00eda comenz\u00f3 a incomodarme a la larga. Lo que dol\u00eda no era el tedio sino la repetici\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por eso un d\u00eda le dije a mi marido:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9 tal si para variar viajamos a alg\u00fan lado?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfUn viaje? \u2014contest\u00f3. Entrecerr\u00f3 los ojos y me mir\u00f3\u2014. \u00bfPor qu\u00e9 se te ocurre que debemos viajar? \u00bfNo est\u00e1s contenta aqu\u00ed conmigo?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No es eso \u2014dije\u2014. Soy feliz. Pero estoy aburrida. Tengo ganas de viajar a un sitio lejano para ver cosas que jam\u00e1s he visto. Quiero saber qu\u00e9 se siente respirar aire nuevo. \u00bfComprendes? Adem\u00e1s, a\u00fan no hemos tenido nuestra luna de miel. Contamos con ahorros y tus d\u00edas de vacaciones se acercan. \u00bfNo es hora de que huyamos de aqu\u00ed para descansar un poco?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El hombre de hielo lanz\u00f3 un suspiro glacial y profundo que se cristaliz\u00f3 en la atm\u00f3sfera con un sonido tintineante. Entrelaz\u00f3 sus largos dedos sobre las rodillas y dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Bueno, si en serio te mueres por viajar no tengo nada en contra. Ir\u00e9 a donde sea si eso te hace feliz. Pero \u00bfsabes a d\u00f3nde quieres ir?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9 tal si vamos al Polo Sur? \u2014dije. Eleg\u00ed el Polo Sur porque estaba segura de que al hombre de hielo le interesar\u00eda visitar un lugar fr\u00edo. Y, para ser sincera, siempre hab\u00eda querido viajar ah\u00ed. Quer\u00eda vestir un abrigo de pieles con capucha, ver la aurora austral y una bandada de ping\u00fcinos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al o\u00edr esto mi esposo me vio directamente a los ojos, sin parpadear, y yo sent\u00ed como si una afilada estalactita me taladrara hasta la parte trasera del cr\u00e1neo. Permaneci\u00f3 un rato en silencio y al fin dijo, con voz fulgurante: \u2014De acuerdo, si eso es lo que quieres, vamos al Polo Sur. \u00bfEst\u00e1s absolutamente convencida de que es lo que deseas? Fui incapaz de responder de inmediato. El hombre de hielo me hab\u00eda clavado su mirada durante tanto tiempo que sent\u00eda adormecido el interior de mi cabeza. Luego asent\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Con el tiempo, sin embargo, fui arrepinti\u00e9ndome de haber propuesto la idea de viajar al Polo Sur. Ignoro por qu\u00e9, pero me dio la impresi\u00f3n de que en cuanto mencion\u00e9 las palabras \u201cPolo Sur\u201d algo cambi\u00f3 dentro de mi marido. Sus ojos se aguzaron, su aliento comenz\u00f3 a salir m\u00e1s blanco, la escarcha de sus dedos aument\u00f3. Ya casi no hablaba conmigo, y dej\u00f3 de comer por completo. Todo ello me hizo sentir muy insegura.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cinco d\u00edas antes de nuestra partida, me arm\u00e9 de valor y dije:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Olvid\u00e9monos de visitar el Polo Sur. Ahora que lo pienso me doy cuenta de que va a hacer mucho fr\u00edo, lo que quiz\u00e1 no es bueno para la salud. Empiezo a creer que tal vez sea mejor ir a un lugar m\u00e1s ordinario. \u00bfQu\u00e9 tal Europa? V\u00e1monos de vacaciones a Espa\u00f1a. Podemos beber vino, comer paella y ver una corrida de toros o algo as\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero mi esposo no me prest\u00f3 atenci\u00f3n. Durante unos minutos se qued\u00f3 con la mirada perdida en el espacio. Despu\u00e9s dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No, Espa\u00f1a no me atrae particularmente: demasiado calurosa para m\u00ed. Demasiado polvo, comida muy condimentada. Adem\u00e1s, ya compr\u00e9 los boletos para el Polo Sur y hay un abrigo de pieles y botas especiales para ti. No podemos tirar todo a la basura. Ahora que llegamos tan lejos no se puede dar marcha atr\u00e1s.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La verdad es que estaba asustada. Ten\u00eda la sospecha de que si \u00edbamos al Polo Sur nos suceder\u00eda algo que ser\u00edamos incapaces de remediar. Sufr\u00eda una pesadilla recurrente, siempre la misma: daba un paseo y ca\u00eda en una grieta insondable que se hab\u00eda abierto a mis pies. Nadie me encontrar\u00eda y yo me congelar\u00eda. Encerrada en el hielo, escrutar\u00eda la b\u00f3veda celeste. Estar\u00eda consciente pero no podr\u00eda mover ni un dedo. Descubrir\u00eda que poco a poco me transformaba en el pasado. Las personas que me observaban, que ve\u00edan en lo que me hab\u00eda convertido, miraban el pasado. Yo era una escena que retroced\u00eda, alej\u00e1ndose de ellas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y entonces despertaba para toparme con el hombre de hielo durmiendo junto a m\u00ed. Acostumbraba dormir sin respirar, como un difunto. Aunque lo amaba. Yo empezaba a llorar y mis l\u00e1grimas goteaban en su mejilla y \u00e9l se incorporaba para abrazarme.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Tuve una pesadilla \u2014le dec\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Es s\u00f3lo un sue\u00f1o \u2014me contestaba\u2014. Los sue\u00f1os vienen del pasado y no del futuro. No est\u00e1s atada a ellos, t\u00fa eres quien los atas. \u00bfLo entiendes?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed \u2014dec\u00eda yo pese a no estar convencida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No hall\u00e9 una buena raz\u00f3n para cancelar el viaje, de modo que al final mi marido y yo abordamos un avi\u00f3n rumbo al Polo Sur. Todas las aeromozas se ve\u00edan taciturnas. Yo quer\u00eda admirar el paisaje por la ventanilla, pero las nubes eran tan espesas que obstaculizaban la visibilidad. Al cabo de un rato la ventanilla se cubri\u00f3 con una capa de hielo. Mi esposo iba sentado en silencio, absorto en un libro. Yo no sent\u00eda ni un gramo de la excitaci\u00f3n que implica salir de vacaciones. Actuaba como aut\u00f3mata, haciendo cosas que ya estaban decididas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al bajar por la escalerilla y tocar el suelo del Polo Sur, not\u00e9 que el cuerpo de mi marido se cimbraba. Dur\u00f3 menos que un parpadeo, apenas medio segundo, y su expresi\u00f3n no vari\u00f3, pero lo advert\u00ed con claridad. Algo dentro del hombre de hielo se hab\u00eda agitado secreta, violentamente. Se detuvo y estudi\u00f3 el cielo, despu\u00e9s sus manos. Solt\u00f3 un enorme suspiro. Entonces me mir\u00f3 y sonri\u00f3. Dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfEs \u00e9ste el sitio que quer\u00edas conocer?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed \u2014respond\u00ed\u2014. As\u00ed es.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El desamparo del Polo Sur rebas\u00f3 todas mis expectativas. Casi nadie viv\u00eda ah\u00ed. Hab\u00eda \u00fanicamente un pueblo peque\u00f1o, anodino, con un hotel que era tambi\u00e9n, por supuesto, peque\u00f1o y anodino. El Polo Sur no era un destino tur\u00edstico. No hab\u00eda ping\u00fcinos. No se pod\u00eda ver la aurora austral. No hab\u00eda \u00e1rboles, flores, r\u00edos ni estanques. A dondequiera que iba s\u00f3lo hab\u00eda hielo. El erial congelado se extend\u00eda por doquier, hasta donde alcanzaba la vista.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mi esposo, no obstante, caminaba con entusiasmo de un lado a otro como si no tuviera suficiente. Aprendi\u00f3 pronto el idioma local, y platicaba con los lugare\u00f1os con una voz en la que se detectaba el sordo rugido de una avalancha. Charlaba con ellos durante horas con una expresi\u00f3n seria en el rostro, pero yo no ten\u00eda manera de saber de qu\u00e9 hablaban. Sent\u00eda como si mi marido me hubiera traicionado y dejado a que me cuidara yo sola. Ah\u00ed, en ese orbe sin palabras rodeado de hielo s\u00f3lido, perd\u00ed a la larga toda mi energ\u00eda. Poco a poco, poco a poco.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al final ya no ten\u00eda ni la fuerza necesaria para enojarme. Era como si en alg\u00fan punto hubiera extraviado la br\u00fajula de mis emociones. Hab\u00eda perdido la noci\u00f3n de a d\u00f3nde me dirig\u00eda, la noci\u00f3n del tiempo, la noci\u00f3n de m\u00ed misma. Ignoro en qu\u00e9 momento esto comenz\u00f3 o cu\u00e1ndo concluy\u00f3, pero al recobrar la conciencia me encontraba en un mundo de hielo, un invierno eterno drenado de color, cercada por mi soledad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Aun al cabo de que me abandonaran casi todas mis sensaciones, no se me escapaba lo siguiente: en el Polo Sur mi esposo no era el mismo hombre de antes. Me atend\u00eda igual que siempre, me hablaba con cari\u00f1o. Sab\u00eda que en verdad profesaba las cosas que me dec\u00eda. Pero tambi\u00e9n sab\u00eda que ya no era el hombre de hielo que yo hab\u00eda conocido en el hotel para esquiadores. Sin embargo, no hab\u00eda forma de comunicarle esto a nadie. Toda la gente del Polo Sur lo quer\u00eda, y sea como sea no pod\u00edan comprender ni media palabra de lo que yo expresaba. Exhalando su aliento blanco, intercambiaban bromas y discut\u00edan y cantaban canciones en su idioma mientras yo permanec\u00eda sentada en nuestra habitaci\u00f3n, mirando un cielo gris que no daba se\u00f1ales de despejarse en los meses venideros. El avi\u00f3n que nos trajo hab\u00eda desaparecido mucho tiempo atr\u00e1s y la pista de aterrizaje no tard\u00f3 en ser cubierta por una firme capa de hielo, al igual que mi coraz\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ha llegado el invierno \u2014dijo mi marido\u2014. Ser\u00e1 muy largo y no habr\u00e1 m\u00e1s aviones ni barcos. Todo se ha congelado. Parece que tendremos que quedarnos aqu\u00ed hasta la primavera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Unos tres meses despu\u00e9s de arribar al Polo Sur, ca\u00ed en la cuenta de que estaba embarazada. El beb\u00e9, lo asum\u00ed desde el inicio, ser\u00eda un peque\u00f1o hombre de hielo. Mi \u00fatero se hab\u00eda congelado, mi l\u00edquido amni\u00f3tico era aguanieve. Sent\u00eda su frialdad dentro de m\u00ed. Mi hijo ser\u00eda id\u00e9ntico a su padre, con ojos como car\u00e1mbanos y dedos escarchados. Y nuestra nueva familia jam\u00e1s se mudar\u00eda del Polo Sur. El pasado perpetuo, denso m\u00e1s all\u00e1 de todo juicio, nos ten\u00eda en su poder. Nunca nos librar\u00edamos de \u00e9l.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ahora ya casi no me queda coraz\u00f3n. Mi calor se ha ido muy lejos; en ocasiones olvido que existi\u00f3 alguna vez. En este sitio soy la persona m\u00e1s solitaria del mundo. Cuando lloro, el hombre de hielo besa mi mejilla y mi llanto se endurece. Toma las l\u00e1grimas congeladas y se las lleva a la lengua.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfVes cu\u00e1nto te amo? \u2014murmura. Dice la verdad. Pero un viento que sopla desde ninguna parte arrastra sus palabras blancas hacia atr\u00e1s, rumbo al pasado.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un relato fant\u00e1stico de Haruki Murakami (1949), escritor pol\u00e9mico y talentoso.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":16566,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"\"El hombre de hielo\", un #cuento de Haruki Murakami en Las Historias.","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[4],"tags":[22,2343,2467,197,2354,2855,2291,360],"class_list":["post-14564","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-el-hombre-de-hielo","tag-escritores-japoneses","tag-haruki-murakami","tag-literatura","tag-literatura-de-imaginacion","tag-literatura-fantastica"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/08\/Murakami-c.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-3MU","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14564","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=14564"}],"version-history":[{"count":7,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14564\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16567,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14564\/revisions\/16567"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/16566"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=14564"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=14564"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=14564"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}