{"id":14443,"date":"2018-02-22T12:53:58","date_gmt":"2018-02-22T18:53:58","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=14443"},"modified":"2020-09-18T19:16:23","modified_gmt":"2020-09-19T00:16:23","slug":"el-mortal-inmortal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/el-mortal-inmortal\/","title":{"rendered":"El mortal inmortal"},"content":{"rendered":"<p>Este a\u00f1o se cumplen 200 de la aparici\u00f3n de la novela Frankenstein (1818), una de las novelas m\u00e1s influyentes de la cultura occidental, obra de la escritora inglesa <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Mary_Shelley\">Mary Shelley<\/a> (1797-1851). \u00c9sta  fue editora, articulista y pensadora pol\u00edtica adem\u00e1s de narradora. <a href=\"https:\/\/en.wikipedia.org\/wiki\/The_Mortal_Immortal\">\u00abThe Mortal Immortal\u00bb<\/a> \u2013publicado en 1833 en el anuario literario <em>The Keepsake<\/em>\u2013 es una muestra de un tema importante de su obra: los cambios de perspectiva que implican las situaciones extraordinarias, y que pueden llevar a quienes los experimentan a comprender de otra manera a s\u00ed mismos y a quienes los rodean. Winzy, el protagonista, gana por accidente la inmortalidad, y descubre que lo que le parec\u00eda una bendici\u00f3n se convierte en una tortura, al obligarlo a la soledad y el alejamiento del resto de los seres humanos. Esta versi\u00f3n anda circulando por la red sin cr\u00e9dito de traductor y la revisar\u00e9 un poco en las semanas por venir.<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/02\/Shelley.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"14444\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/el-mortal-inmortal\/shelley\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/02\/Shelley.jpg\" data-orig-size=\"1319,720\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Mary Shelley\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/02\/Shelley-1024x559.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/02\/Shelley-1024x559.jpg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"559\" class=\"aligncenter size-large wp-image-14444\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/02\/Shelley-1024x559.jpg 1024w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/02\/Shelley-300x164.jpg 300w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/02\/Shelley.jpg 1319w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>EL MORTAL INMORTAL<br \/>\nMary Shelley<\/strong><\/p>\n<p>D\u00eda 16 de julio de 1833. \u00c9ste es un aniversario memorable para m\u00ed; \u00a1hoy cumplo trescientos veintitr\u00e9s a\u00f1os!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfEl Jud\u00edo Errante?&#8230; Seguro que no. M\u00e1s de dieciocho siglos han pasado por encima de su cabeza. En comparaci\u00f3n con \u00e9l, soy un Inmortal muy joven.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfSoy, entonces, inmortal? \u00c9sa es una pregunta que me he formulado a m\u00ed mismo, d\u00eda y noche, desde hace trescientos tres a\u00f1os, y a\u00fan no conozco la respuesta. He detectado una cana entre mi pelo casta\u00f1o, hoy precisamente. Eso significa, con toda seguridad, deterioro. Pero puede haber permanecido escondida ah\u00ed durante trescientos a\u00f1os; a algunas personas se les vuelve completamente blanco el cabello antes de los veinte a\u00f1os de edad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Contar\u00e9 mi historia, y que el lector juzgue por m\u00ed. Al menos, as\u00ed conseguir\u00e9 pasar algunas horas de una larga eternidad que se me hace tan tediosa. \u00a1Eternamente! \u00bfEs eso posible? \u00a1Vivir eternamente! He o\u00eddo de encantamientos en los cuales las v\u00edctimas son sumidas en un profundo sue\u00f1o, para despertar, tras un centenar de a\u00f1os, tan frescas como siempre; he o\u00eddo hablar de los Siete Durmientes&#8230; De modo que ser inmortal no deber\u00eda ser tan opresivo para m\u00ed; pero, \u00a1ay!, el peso del interminable tiempo&#8230;, \u00a1el tedioso pasar de la procesi\u00f3n de las horas! \u00a1Qu\u00e9 feliz fue el legendario Nourjahad! Mas en cuanto a m\u00ed&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Todo el mundo ha o\u00eddo hablar de Cornelius Agrippa. Su recuerdo es tan inmortal como su arte me ha hecho a m\u00ed. Todo el mundo ha o\u00eddo hablar tambi\u00e9n de su disc\u00edpulo, que, descuidadamente, dej\u00f3 en libertad al esp\u00edritu maligno durante la ausencia de su maestro y fue destruido por \u00e9l. La noticia de este accidente, verdadera o falsa, le ocasion\u00f3 muchos problemas al renombrado fil\u00f3sofo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Todos sus disc\u00edpulos le abandonaron, sus sirvientes desaparecieron&#8230; Se encontr\u00f3 sin nadie que fuera a\u00f1adiendo carb\u00f3n a sus permanentes fuegos mientras \u00e9l dorm\u00eda, o vigilara los cambios de color de sus medicinas mientras \u00e9l estudiaba. Experimento tras experimento fracasaron, porque un par de manos eran insuficientes para completarlos; los esp\u00edritus tenebrosos se rieron de \u00e9l por no ser capaz de retener a un solo mortal a su servicio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yo era muy joven por aquel entonces \u2014y muy pobre\u2014, y estaba muy enamorado. Hab\u00eda sido durante casi un a\u00f1o pupilo de Cornelius, aunque estaba ausente cuando aquel accidente tuvo lugar. A mi regreso, mis amigos me imploraron que no regresara a la morada del alquimista. Tembl\u00e9 al escuchar el terrible relato que me hicieron; no necesit\u00e9 una segunda advertencia. Y cuando Cornelius vino y me ofreci\u00f3 una bolsa de oro si me quedaba bajo su techo, sent\u00ed como si el propio Sat\u00e1n me estuviera tentando. Mis dientes casta\u00f1etearon, todo mi pelo se eriz\u00f3, y ech\u00e9 a correr tan r\u00e1pido como mis temblorosas rodillas me lo permitieron.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mis vacilantes pies se dirigieron hacia el lugar al que durante dos a\u00f1os se hab\u00edan sentido atra\u00eddos cada atardecer&#8230;, un agradable arroyo espumeante de cristalina agua, junto al cual paseaba una muchacha de pelo oscuro, cuyos radiantes ojos estaban fijos en el camino que yo acostumbraba a recorrer cada noche. No puedo recordar un momento en que no haya estado enamorado de Bertha; hab\u00edamos sido vecinos y compa\u00f1eros de juegos desde la infancia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sus padres, al igual que los m\u00edos, eran humildes pero respetables, y nuestra mutua atracci\u00f3n hab\u00eda sido una fuente de placer para ellos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En una aciaga hora, sin embargo, una fiebre maligna se llev\u00f3 a la vez a su padre y a su madre, y Bertha qued\u00f3 hu\u00e9rfana. Hubiera hallado un hogar bajo el techo de mis padres pero, desgraciadamente, la vieja dama del castillo cercano, rica, sin hijos y solitaria, declar\u00f3 su intenci\u00f3n de adoptarla. A partir de entonces Bertha se vio ataviada con sedas y viviendo en un palacio de m\u00e1rmol, y parec\u00eda como si hubiera sido altamente favorecida por la fortuna. No obstante, pese a su nueva situaci\u00f3n y sus nuevas relaciones, Bertha permaneci\u00f3 fiel al amigo de sus d\u00edas humildes. A menudo visitaba la casa de mi padre, y aun cuando ten\u00eda prohibido ir m\u00e1s all\u00e1, con frecuencia se dirig\u00eda paseando hacia el bosquecillo cercano y se encontraba conmigo junto a aquella umbr\u00eda fuente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sol\u00eda decir que no sent\u00eda ninguna obligaci\u00f3n hacia su nueva protectora que pudiera igualar a la devoci\u00f3n que la un\u00eda a nosotros.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sin embargo, yo segu\u00eda siendo demasiado pobre para poder casarme, y ella empez\u00f3 a sentirse incomodada por el tormento que sent\u00eda en relaci\u00f3n a m\u00ed. Ten\u00eda un esp\u00edritu noble pero impaciente, y cada vez se mostraba m\u00e1s irritada por los obst\u00e1culos que imped\u00edan nuestra uni\u00f3n. Ahora nos reun\u00edamos tras una ausencia por mi parte, y ella se hab\u00eda sentido sumamente acosada mientras yo estaba lejos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se quej\u00f3 amargamente, y casi me reproch\u00f3 el ser pobre. Yo repliqu\u00e9 r\u00e1pidamente:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Soy pobre pero honrado! Si no lo fuera, muy pronto podr\u00eda ser rico.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Esta exclamaci\u00f3n acarre\u00f3 un millar de preguntas. Tem\u00ed impresionarla demasiado revel\u00e1ndole la verdad, pero ella supo sac\u00e1rmela; y luego, lanz\u00e1ndome una mirada de desd\u00e9n, dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Pretendes amarme, y temes enfrentarte al demonio por m\u00ed!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Protest\u00e9 que solamente hab\u00eda temido ofenderla a ella, mientras que ella no hac\u00eda m\u00e1s que hablar de la magnitud de la recompensa que yo iba a recibir. As\u00ed animado \u2014y avergonzado por ella\u2014, y empujado por mi amor y por la esperanza y ri\u00e9ndome de mis anteriores miedos, regres\u00e9 a paso r\u00e1pido y con el coraz\u00f3n ligero a aceptar la oferta del alquimista, e instant\u00e1neamente me vi instalado en mi puesto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Transcurri\u00f3 un a\u00f1o. Ya era poseedor de una suma de dinero para nada insignificante. El h\u00e1bito hab\u00eda hecho desvanecerse mis temores. Pese a toda mi atenta vigilancia, jam\u00e1s hab\u00eda detectado la huella de un pie hendido; ni el estudioso silencio ni nuestra morada fueron perturbados jam\u00e1s por aullidos demon\u00edacos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yo segu\u00ed manteniendo mis entrevistas clandestinas con Bertha, y la esperanza naci\u00f3 en m\u00ed&#8230; La esperanza, pero no la alegr\u00eda perfecta, porque Bertha cre\u00eda que amor y seguridad eran enemigos, y se complac\u00eda en dividirlos en mi pecho. Aunque de buen coraz\u00f3n, era en cierto modo de costumbres coquetas; y yo me sent\u00eda tan celoso como un turco. Me despreciaba de mil maneras, sin querer aceptar nunca que estaba equivocada. Me volv\u00eda loco de irritaci\u00f3n, y luego me obligaba a pedirle perd\u00f3n. A veces me reprochaba que yo no era suficientemente sumiso, y luego me contaba alguna historia de un rival, que gozaba de los favores de su protectora. Estaba rodeada constantemente por j\u00f3venes vestidos de seda, ricos y alegres.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfQu\u00e9 posibilidades ten\u00eda el ayudante de Cornelius, pobremente vestido, comparado con ellos?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En una ocasi\u00f3n, el fil\u00f3sofo exigi\u00f3 tanto de mi tiempo que no pude ir al encuentro de Bertha como era mi costumbre. Estaba dedicado a alg\u00fan trabajo importante, y me vi obligado a quedarme, d\u00eda y noche, alimentando sus hornos y vigilando sus preparaciones qu\u00edmicas. Mi amada me aguard\u00f3 en vano junto a la fuente. Su esp\u00edritu altivo llame\u00f3 ante este abandono; y cuando finalmente pude salir, rob\u00e1ndole unos pocos minutos al tiempo que se me hab\u00eda concedido para dormir, y confi\u00e9 en ser consolado por ella, me recibi\u00f3 con desd\u00e9n, me despidi\u00f3 despectivamente y afirm\u00f3 que ning\u00fan hombre que no pudiera estar por ella en dos lugares a la vez poseer\u00eda jam\u00e1s su mano. \u00a1Se desquitar\u00eda de aquello! Y realmente lo hizo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En mi sucio retiro o\u00ed que hab\u00eda estado cazando, escoltada por Albert Hoffer. Albert Hoffer era uno de los favorecidos por su protectora, y los tres pasaron cabalgando junto a mi ahumada ventana.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Me parece que mencionaron mi nombre; fue seguido por una carcajada de burla, mientras los oscuros ojos de ella miraban desde\u00f1osos hacia mi morada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los celos, con todo su veneno y toda su miseria, penetraron en mi pecho. Derram\u00e9 un torrente de l\u00e1grimas, pensando que nunca podr\u00eda proclamarla m\u00eda; y luego maldec\u00ed un millar de veces su inconstancia. Pero mientras tanto, segu\u00ed avivando los fuegos del alquimista, segu\u00ed vigilando los cambios de sus incomprensibles medicinas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cornelius hab\u00eda estado vigilando tambi\u00e9n durante tres d\u00edas y tres noches, sin cerrar los ojos. Los progresos de sus alambiques eran m\u00e1s lentos de lo que esperaba; pese a su ansiedad, el sue\u00f1o pesaba sobre sus ojos. Una y otra vez arrojaba la somnolencia lejos de s\u00ed, con una energ\u00eda m\u00e1s que humana; una y otra vez obligaba a sus sentidos a permanecer alertas. Contemplaba anhelante sus crisoles.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014A\u00fan no est\u00e1n a punto \u2014murmuraba\u2014. \u00bfDeber\u00e1 pasar otra noche antes de que el trabajo est\u00e9 realizado? Winzy, t\u00fa sabes estar atento, eres constante&#8230; Adem\u00e1s, la noche pasada dormiste. Observa esa redoma de cristal. El l\u00edquido que contiene es de un color rosa suave; en el momento en que empiece a cambiar de aspecto, despi\u00e9rtame&#8230; Hasta entonces podr\u00e9 cerrar un momento los ojos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bbPrimero debe volverse blanco, y luego emitir destellos dorados; pero no aguardes hasta entonces; cuando el color rosa empiece a palidecer, despi\u00e9rtame\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Apenas o\u00ed las \u00faltimas palabras, murmuradas casi en medio del sue\u00f1o. Sin embargo, dijo a\u00fan:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Y Winzy, muchacho, no toques la redoma&#8230; No te la lleves a los labios; es un filtro&#8230;, un filtro para curar el amor. No querr\u00e1s dejar de amar a tu Bertha&#8230; \u00a1Cuidado, no bebas!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y se durmi\u00f3. Su venerable cabeza se hundi\u00f3 en su pecho, y yo apenas o\u00ed su regular respiraci\u00f3n. Durante unos minutos observ\u00e9 las redomas&#8230;; la apariencia rosada del l\u00edquido permanec\u00eda inamovible.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Luego mis pensamientos empezaron a divagar&#8230; Visitaron la fuente, y se recrearon en un millar de agradables escenas que ya nunca volver\u00edan&#8230; \u00a1Nunca! Serpientes y v\u00edboras anidaron en mi cabeza mientras la palabra \u00ab\u00a1Nunca!\u00bb se semiformaba en mis labios. \u00a1Mujer falsa! \u00a1Falsa y cruel! Nunca me sonreir\u00eda a m\u00ed como aquella tarde le hab\u00eda sonre\u00eddo a Albert. \u00a1Mujer despreciable y ruin! No me quedar\u00eda sin vengarme&#8230; Har\u00eda que viera a Albert expirar a sus pies; ella no era digna de morir a mis manos. Hab\u00eda sonre\u00eddo desde\u00f1osa y triunfante&#8230; Conoc\u00eda mi miseria y su poder. Pero \u00bfqu\u00e9 poder ten\u00eda?&#8230; El poder de excitar mi odio, todo mi desprecio, mi&#8230; \u00a1Todo menos mi indiferencia! Si pudiera lograr eso&#8230;, si pudiera mirarla con ojos indiferentes, transferir mi rechazado amor a otro m\u00e1s real y merecido&#8230; \u00a1Eso ser\u00eda una aut\u00e9ntica victoria!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un resplandor llame\u00f3 ante mis ojos. Hab\u00eda olvidado la medicina del adepto. La contempl\u00e9 maravillado: destellos de admirable belleza, m\u00e1s brillantes que los que emite el diamante cuando los rayos del sol penetran en \u00e9l, resplandec\u00edan en la superficie del l\u00edquido; un olor de entre los m\u00e1s fragantes y agradables inund\u00f3 mis sentidos. La redoma parec\u00eda un globo de viviente radiaci\u00f3n, precioso a los ojos, invitando a ser probado. El primer pensamiento, inspirado instintivamente por mis m\u00e1s bajos sentidos, fue: \u00ablo har\u00e9&#8230;, debo beber\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Alc\u00e9 la redoma hacia mis labios. \u00abEso me curar\u00e1 del amor&#8230;, \u00a1de la tortura!\u00bb Llevaba bebida ya la mitad del m\u00e1s delicioso licor que jam\u00e1s hubiera probado, paladar de hombre alguno cuando el fil\u00f3sofo se agit\u00f3. Me sobresalt\u00e9 y dej\u00e9 caer la redoma&#8230; El fluido se extendi\u00f3 llameando por el suelo, mientras sent\u00eda que Cornelius aferraba mi garganta y chillaba:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Infeliz! \u00a1Has destruido la labor de mi vida!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cornelius no se hab\u00eda dado cuenta de que yo hab\u00eda bebido una parte de su droga. Ten\u00eda la impresi\u00f3n, y yo me apresur\u00e9 a confirmarla, de que yo hab\u00eda alzado la redoma por curiosidad y que, asustado por su brillo y el llamear de su intensa luz, la hab\u00eda dejado caer. Nunca le dej\u00e9 entrever lo contrario. El fuego de la medicina se apag\u00f3, la fragancia muri\u00f3&#8230; y \u00e9l se calm\u00f3, como debe hacer un fil\u00f3sofo ante las m\u00e1s duras pruebas, y me envi\u00f3 a descansar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No intentar\u00e9 describir los sue\u00f1os de gloria y felicidad que ba\u00f1aron mi alma en el para\u00edso durante las restantes horas de aquella memorable noche. Las palabras ser\u00edan p\u00e1lidas y triviales para describir mi alegr\u00eda, o la exaltaci\u00f3n que me pose\u00eda cuando me despert\u00e9.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Flotaba en el aire, mis pensamientos estaban en los cielos. La tierra parec\u00eda ser el mismo cielo, y mi herencia era una completa felicidad. \u00abEso representa el sentirme curado del amor \u2014pens\u00e9\u2014. Ver\u00e9 a Bertha hoy, y ella descubrir\u00e1 a su amante fr\u00edo y despreocupado; demasiado feliz para mostrarse desde\u00f1oso, \u00a1pero cuan absolutamente indiferente hacia ella!\u00bb<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pasaron las horas. El fil\u00f3sofo, seguro de haber triunfado una vez, y creyendo que lo conseguir\u00eda de nuevo, empez\u00f3 a preparar una vez m\u00e1s la misma medicina. Se encerr\u00f3 con sus libros y potingues, y yo tuve el d\u00eda libre. Me vest\u00ed con todo cuidado; me mir\u00e9 en un escudo viejo pero pulido, que me sirvi\u00f3 de espejo; me pareci\u00f3 que mi buen aspecto hab\u00eda mejorado extraordinariamente. Me precipit\u00e9 m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites de la ciudad, la alegr\u00eda en el alma, las bellezas del cielo y de la tierra rode\u00e1ndome. Dirig\u00ed mis pasos hacia el castillo. Pod\u00eda mirar sus altivas torres con el coraz\u00f3n ligero, porque estaba curado del amor. Mi Bertha me vio desde lejos, mientras sub\u00eda por la avenida. No s\u00e9 qu\u00e9 s\u00fabito impulso anim\u00f3 su pecho, pero al verme salt\u00f3 como un corzo bajando las escalinatas de m\u00e1rmol y ech\u00f3 a correr hacia m\u00ed. Pero yo hab\u00eda sido visto tambi\u00e9n por otra persona. La bruja de alta cuna, que se llamaba a s\u00ed misma su protectora y que en realidad era su tirana, tambi\u00e9n me hab\u00eda divisado. Renque\u00f3, jadeante, hacia la terraza. Un paje, tan feo como ella, ech\u00f3 a correr tras su ama, abanic\u00e1ndola mientras la arp\u00eda se apresuraba y deten\u00eda a mi hermosa muchacha con un:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfD\u00f3nde va mi imprudente se\u00f1orita? \u00bfD\u00f3nde tan aprisa? \u00a1Vuelve a tu jaula&#8230;, ah\u00ed delante hay halcones!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Bertha se apret\u00f3 las manos, los ojos clavados a\u00fan en mi figura que se aproximaba. Vi su lucha consigo misma. C\u00f3mo odi\u00e9 a la vieja bruja que refrenaba los gentiles impulsos del blando coraz\u00f3n de mi Bertha. Hasta entonces, el respeto a su rango social hab\u00eda hecho que evitara a la dama del castillo; ahora desde\u00f1\u00e9 una tan trivial consideraci\u00f3n. Estaba curado del amor, y elevado m\u00e1s all\u00e1 de todos los temores humanos; me apresur\u00e9 hacia delante, y pronto alcanc\u00e9 la terraza. \u00a1Qu\u00e9 encantadora estaba Bertha! Sus ojos llameaban; sus mejillas resplandec\u00edan con impaciencia y rabia; estaba un millar de veces m\u00e1s graciosa y atractiva que nunca. Ya no la amaba&#8230;, \u00a1oh, no! La adoraba, la reverenciaba, \u00a1la idolatraba!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Aquella ma\u00f1ana hab\u00eda sido perseguida, con m\u00e1s vehemencia de lo habitual, para que consintiera en un matrimonio inmediato con mi rival. Se le reprocharon los \u00e1nimos y las esperanzas que hab\u00eda dado, se la amenaz\u00f3 con ser arrojada de casa vergonzosamente y en desgracia. Su orgulloso esp\u00edritu se alz\u00f3 en armas ante la amenaza; pero cuando record\u00f3 el desprecio que hab\u00eda exhibido ante m\u00ed, y c\u00f3mo, quiz\u00e1s, hab\u00eda perdido con ello al que consideraba como a su \u00fanico amigo, llor\u00f3 de remordimiento y rabia. Y en aquel momento aparec\u00ed yo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Oh, Winzy! \u2014exclam\u00f3\u2014. Ll\u00e9vame a casa de tu madre; hazme abandonar r\u00e1pidamente los detestables lujos y la ruindad de esta noble morada&#8230;; devu\u00e9lveme a la pobreza y a la felicidad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La abrac\u00e9 fuertemente, sinti\u00e9ndome transportado. La vieja dama estaba sin habla por la furia, y s\u00f3lo prorrumpi\u00f3 en invectivas cuando ya nos hall\u00e1bamos lejos en nuestra calle, camino de mi casa natal. Mi madre recibi\u00f3 a la hermosa fugitiva, escapada de una jaula dorada a la naturaleza y a la libertad, con ternura y alegr\u00eda; mi padre, que la amaba, la recibi\u00f3 de todo coraz\u00f3n. Fue un d\u00eda de regocijo, que no necesit\u00f3 de la adici\u00f3n de la poci\u00f3n celestial del alquimista para llenarme de dicha.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Poco despu\u00e9s de aquel d\u00eda memorable me convert\u00ed en el esposo de Bertha. Dej\u00e9 de ser el ayudante de Cornelius, pero continu\u00e9 siendo su amigo. Siempre me sent\u00ed agradecido hacia \u00e9l por haberme procurado, inconscientemente, aquel delicioso trago de un elixir divino que, en vez de curarme del amor (\u00a1triste cura!, solitario remedio carente de alegr\u00eda para maldiciones que parecen bendiciones al recuerdo), me hab\u00eda inspirado valor y resoluci\u00f3n, tray\u00e9ndome el premio de un tesoro inestimable en la persona de mi Bertha.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A menudo he recordado con maravilla ese per\u00edodo de trance parecido a la embriaguez. La p\u00f3cima de Cornelius no hab\u00eda cumplido con la tarea para la cual afirmaba \u00e9l que hab\u00eda sido preparada, pero sus efectos hab\u00edan sido m\u00e1s poderosos y felices de lo que las palabras pueden expresar. Se fueron desvaneciendo gradualmente, pero permanecieron largo tiempo&#8230; y colorearon mi vida con matices de esplendor. A menudo Bertha se maravillaba de mi radiante coraz\u00f3n y de mi constante alegr\u00eda porque, antes, yo hab\u00eda sido de car\u00e1cter m\u00e1s bien serio, incluso triste. Me amaba a\u00fan m\u00e1s por mi temperamento jovial, y nuestros d\u00edas estaban te\u00f1idos de alegr\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cinco a\u00f1os m\u00e1s tarde fui llamado inesperadamente a la cabecera del agonizante Cornelius. Hab\u00eda enviado a por m\u00ed apresuradamente, conjur\u00e1ndome a que acudiera al instante a su presencia. Lo encontr\u00e9 tendido en su jerg\u00f3n, mortalmente d\u00e9bil. Toda la vida que le quedaba animaba sus penetrantes ojos, que estaban fijos en una redoma de cristal, llena de un l\u00edquido rosado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1He aqu\u00ed la vanidad de los anhelos humanos! \u2014dijo, con una voz rota que parec\u00eda surgir de sus entra\u00f1as\u2014. Mis esperanzas estaban a punto de verse coronadas por segunda vez, y por segunda vez se ven destruidas. Mira esa p\u00f3cima&#8230; Recuerda que hace cinco a\u00f1os la prepar\u00e9 tambi\u00e9n, con id\u00e9ntico \u00e9xito. Entonces, como ahora, mis sedientos labios esperaban saborear el elixir inmortal&#8230; \u00a1T\u00fa me lo arrebataste! Y ahora ya es demasiado tarde.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hablaba con dificultad, y se dej\u00f3 caer sobre la almohada. No pude evitar el decir:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfC\u00f3mo, reverenciado maestro, puede una cura para el amor restaurar vuestra vida?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una d\u00e9bil sonrisa revolote\u00f3 en su rostro, mientras yo escuchaba intensamente su apenas inteligible respuesta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Una cura para el amor y para todas las cosas&#8230; El elixir de la inmortalidad. \u00a1Ah! \u00a1Si ahora pudiera beberlo, vivir\u00eda eternamente!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mientras hablaba, un relampagueo dorado brot\u00f3 del fluido y una fragancia que yo recordaba muy bien se extendi\u00f3 por los aires.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cornelius se alz\u00f3, d\u00e9bil como estaba; las fuerzas parecieron volver a \u00e9l milagrosamente. Tendi\u00f3 su mano hacia delante&#8230; Entonces, una fuerte explosi\u00f3n me sobresalt\u00f3, un rayo de fuego brot\u00f3 del elixir&#8230; \u00a1y la redoma de cristal que lo conten\u00eda qued\u00f3 reducida a \u00e1tomos! Volv\u00ed mis ojos hacia el fil\u00f3sofo. Se hab\u00eda derrumbado hacia atr\u00e1s. Sus ojos eran vidriosos, sus rasgos estaban r\u00edgidos&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00a1Hab\u00eda muerto!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00a1Pero yo viv\u00eda, e iba a vivir eternamente! As\u00ed hab\u00eda dicho el infortunado alquimista, y durante unos d\u00edas cre\u00ed en sus palabras.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Record\u00e9 la gloriosa intoxicaci\u00f3n que hab\u00eda seguido a mi subrepticio beber. Reflexion\u00e9 sobre el cambio que hab\u00eda sentido en mi cuerpo, en mi alma. La ligera elasticidad del primero, el luminoso vigor de la segunda. Me observ\u00e9 en un espejo, y no pude percibir ning\u00fan cambio en mis rasgos tras los cinco a\u00f1os transcurridos. Record\u00e9 el radiante color y el agradable aroma de aquel delicioso brebaje, el valioso don que era capaz de conferir&#8230; Entonces, \u00a1era inmortal!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pocos d\u00edas m\u00e1s tarde me re\u00eda de mi credulidad. El viejo proverbio de que \u00abnadie es profeta en su tierra\u00bb era cierto con respecto a m\u00ed y a mi difunto maestro. Lo apreciaba como hombre, lo respetaba como sabio, pero me burlaba de la idea de que pudiera mandar sobre los poderes de las tinieblas, y me re\u00eda de los supersticiosos temores con los que era mirado por el vulgo. Era un fil\u00f3sofo juicioso, pero no ten\u00eda tratos con ning\u00fan esp\u00edritu excepto aquellos revestidos de carne y huesos. Su ciencia era simplemente humana; y la ciencia humana, me persuad\u00ed muy pronto, nunca podr\u00e1 conquistar las leyes de la naturaleza hasta tal punto que logre aprisionar eternamente el alma dentro de un habit\u00e1culo carnal. Cornelius hab\u00eda obtenido una bebida que refrescaba y aligeraba el alma; algo m\u00e1s embriagador que el vino, mucho m\u00e1s dulce y fragante que cualquier fruta. Probablemente pose\u00eda fuertes poderes medicinales, impartiendo ligereza al coraz\u00f3n y vigor a los miembros; pero sus efectos terminaban desapareciendo; ya no deb\u00edan de existir siquiera en mi organismo. Era un hombre afortunado que hab\u00eda bebido un sorbo de salud y de alegr\u00eda de esp\u00edritu, y quiz\u00e1 tambi\u00e9n de larga vida, de manos de mi maestro; pero mi buena suerte terminaba ah\u00ed: la longevidad era algo muy distinto de la inmortalidad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Continu\u00e9 con esta creencia durante varios a\u00f1os. A veces un pensamiento cruzaba furtivamente por mi cabeza&#8230; \u00bfEstaba realmente equivocado el alquimista? Sin embargo, mi creencia habitual era que seguir\u00eda la suerte de todos los hijos de Ad\u00e1n a su debido tiempo. Un poco m\u00e1s tarde quiz\u00e1, pero siempre a una edad natural.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No obstante, era innegable que manten\u00eda un sorprendente aspecto juvenil. Me re\u00eda de mi propia vanidad consultando muy a menudo el espejo. Pero lo consultaba en vano; mi frente estaba libre de arrugas, mis mejillas, mis ojos&#8230;, toda mi persona continuaba tan lozana como en mi vig\u00e9simo cumplea\u00f1os.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Me sent\u00eda turbado. Miraba la marchita belleza de Bertha&#8230; Yo parec\u00eda m\u00e1s bien su hijo. Poco a poco, nuestros vecinos comenzaron a hacer similares observaciones, y al final descubr\u00ed que empezaban a llamarme \u00abel disc\u00edpulo embrujado\u00bb. La propia Berta empez\u00f3 a mostrarse inquieta. Se volvi\u00f3 celosa e irritable, y al poco tiempo empez\u00f3 a hacerme preguntas. No ten\u00edamos hijos; \u00e9ramos totalmente el uno para el otro. Y pese a que, al ir haci\u00e9ndose m\u00e1s vieja, su esp\u00edritu vivaz se volvi\u00f3 un poco propenso al mal genio y su belleza disminuy\u00f3 un tanto, yo la segu\u00eda amando con todo mi coraz\u00f3n como a la muchachita a la que hab\u00eda idolatrado, la esposa que siempre hab\u00eda anhelado y que hab\u00eda conseguido con un tan perfecto amor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Finalmente, nuestra situaci\u00f3n se hizo intolerable: Bertha ten\u00eda cincuenta a\u00f1os&#8230;, yo veinte. Yo hab\u00eda adoptado en cierta medida, y no sin algo de verg\u00fcenza, las costumbres de una edad m\u00e1s avanzada. Ya no me mezclaba en el baile entre los j\u00f3venes, pero mi coraz\u00f3n saltaba con ellos mientras conten\u00eda mis pies. Y empec\u00e9 a tener una cierta mala fama entre los viejos de nuestro pueblo. Las cosas fueron deterior\u00e1ndose. \u00c9ramos evitados por todos. Se dijo de nosotros \u2014de m\u00ed al menos\u2014 que hab\u00edamos hecho un trato inicuo con alguno de los supuestos amigos de mi anterior maestro. La pobre Bertha era objeto de piedad, pero evitada. Yo era mirado con horror y aborrecimiento.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfQu\u00e9 pod\u00edamos hacer? Permanecer sentados junto a nuestro fuego&#8230; La pobreza se hab\u00eda instalado con nosotros, ya que nadie quer\u00eda los productos de mi granja; y a menudo me ve\u00eda obligado a viajar veinte millas, hasta alg\u00fan lugar donde no fuera conocido, para vender mis cosechas. S\u00ed, es cierto, hab\u00edamos ahorrado algo para los malos d\u00edas&#8230;, y esos d\u00edas hab\u00edan llegado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Permanec\u00edamos sentados solos junto al fuego, el joven de viejo coraz\u00f3n y su envejecida esposa. De nuevo Bertha insisti\u00f3 en conocer la verdad; recapitul\u00f3 todo lo que hab\u00eda o\u00eddo decir de m\u00ed, y a\u00f1adi\u00f3 sus propias observaciones. Me conjur\u00f3 a que le revelara el hechizo; describi\u00f3 c\u00f3mo me quedar\u00edan mejor unas sienes plateadas que el color casta\u00f1o de mi pelo; disert\u00f3 acerca de la reverencia y el respeto que proporcionaba la edad&#8230; y lo preferible que eran a las distra\u00eddas miradas que se les dirig\u00eda a los ni\u00f1os. \u00bfAcaso imaginaba que los despreciables dones de la juventud y buena apariencia superaban la desgracia, el odio y el desprecio? No, al final ser\u00eda quemado como traficante en artes negras, mientras que ella, a quien ni siquiera me hab\u00eda dignado comunicarle la menor porci\u00f3n de mi buena fortuna, ser\u00eda lapidada como mi c\u00f3mplice. Finalmente, insinu\u00f3 que deb\u00eda compartir mi secreto con ella y concederle los beneficios de los que yo gozaba, o se ver\u00eda obligada a denunciarme&#8230;, y entonces estall\u00f3 en llanto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;As\u00ed acorralado, me pareci\u00f3 que lo mejor era decirle la verdad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se la revel\u00e9 tan tiernamente como me fue posible, y habl\u00e9 tan s\u00f3lo de una muy larga vida, no de inmortalidad&#8230;, concepto que, de hecho, coincid\u00eda mejor con mis propias ideas. Cuando termin\u00e9, me levant\u00e9 y dije:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Y ahora, mi querida Bertha, \u00bfdenunciar\u00e1s al amante de tu juventud? No lo har\u00e1s, lo s\u00e9. Pero es demasiado duro, mi pobre esposa, que tengas que sufrir a causa de mi aciaga suerte y de las detestables artes de Cornelius. Me marchar\u00e9. Tienes buena salud, y amigos con los que ir en mi ausencia. S\u00ed, me ir\u00e9: joven como parezco, y fuerte como soy, puedo trabajar y ganarme el pan entre desconocidos, sin que nadie sepa ni sospeche nada de m\u00ed. Te am\u00e9 en tu juventud. Dios es testigo de que no te abandonar\u00e9 en tu vejez, pero tu seguridad y tu felicidad requieren que ahora haga esto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tom\u00e9 mi gorra y me dirig\u00ed hacia la puerta; en un momento los brazos de Bertha rodeaban mi cuello, y sus labios se apretaban contra los m\u00edos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No, esposo m\u00edo, mi Winzy \u2014dijo\u2014. No te ir\u00e1s solo&#8230; Ll\u00e9vame contigo; nos marcharemos de este lugar y, como t\u00fa dices, entre desconocidos estaremos seguros sin que nadie sospeche de nosotros. No soy tan vieja todav\u00eda como para avergonzarte, mi Winzy; y me atrever\u00eda a decir que el encantamiento desaparecer\u00e1 pronto y, con la bendici\u00f3n de Dios, empezar\u00e1s a parecer m\u00e1s viejo, como corresponde. No debes abandonarme.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le devolv\u00ed de todo coraz\u00f3n su generoso abrazo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No lo har\u00e9, Bertha m\u00eda; pero por tu bien no deber\u00eda pensar as\u00ed. Ser\u00e9 tu fiel y dedicado esposo mientras est\u00e9s conmigo, y cumplir\u00e9 con mi deber contigo hasta el final.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al d\u00eda siguiente nos preparamos en secreto para nuestra emigraci\u00f3n. Nos vimos obligados a hacer grandes sacrificios pecuniarios, era inevitable. De todos modos, conseguimos al fin reunir una suma suficiente como para al menos mantenernos mientras Bertha viviera. Y sin decirle adi\u00f3s a nadie, abandonamos nuestra regi\u00f3n natal para buscar refugio en un remoto lugar del oeste de Francia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Result\u00f3 cruel arrancar a la pobre Bertha de su pueblo natal, de todos los amigos de su juventud, para llevarla a un nuevo pa\u00eds, un nuevo lenguaje, unas nuevas costumbres. El extra\u00f1o secreto de mi destino hizo que yo ni siquiera me diera cuenta de ese cambio; pero la compadec\u00ed profundamente, y me alegr\u00f3 el darme cuenta de que ella hallaba alguna compensaci\u00f3n a su infortunio en una serie de peque\u00f1as y rid\u00edculas circunstancias. Lejos de toda murmuraci\u00f3n, busc\u00f3 disminuir la aparente disparidad de nuestras edades a trav\u00e9s de un millar de artes femeninas: rojo de labios, trajes juveniles y la adopci\u00f3n de una serie de actitudes desacordes con su edad. No pod\u00eda irritarme por eso. \u00bfNo llevaba yo mismo una m\u00e1scara? \u00bfPara qu\u00e9 pelearme con ella, s\u00f3lo porque ten\u00eda menos \u00e9xito que yo? Me apen\u00e9 profundamente cuando record\u00e9 que esa remilgada y celosa vieja de sonrisa tonta era mi Bertha, aquella muchachita de pelo y ojos oscuros, con una sonrisa de encantadora picard\u00eda y un andar de corzo, a la que tan tiernamente hab\u00eda amado y a la que hab\u00eda conseguido con un tal arrebato. Hubiera debido reverenciar sus grises cabellos y sus arrugadas mejillas. Hubiera debido hacerlo; pero no lo hice, y ahora deploro esa debilidad humana.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sus celos estaban siempre presentes. Su principal ocupaci\u00f3n era intentar descubrir que, pese a las apariencias externas, yo tambi\u00e9n estaba envejeciendo. Creo verdaderamente que aquella pobre alma me amaba de coraz\u00f3n, pero nunca hubo mujer tan atormentada sobre c\u00f3mo desplegar en m\u00ed toda su atenci\u00f3n. Hubiera querido discernir arrugas en mi rostro y decrepitud en mi andar, mientras que yo desplegaba un vigor cada vez mayor, con una juventud por debajo de los veinte a\u00f1os. Nunca me atrev\u00ed a dirigirme a otra mujer. En una ocasi\u00f3n, creyendo que la belleza del pueblo me miraba con buenos ojos, me compr\u00f3 una peluca gris. Su constante conversaci\u00f3n entre sus amistades era que yo, aunque parec\u00eda tan joven, estaba hecho una ruina; y afirmaba que el peor s\u00edntoma era mi aparente salud. Mi juventud era una enfermedad, dec\u00eda, y yo deb\u00eda estar preparado en cualquier momento, si no para una repentina y horrible muerte, s\u00ed al menos para despertarme cualquier ma\u00f1ana con la cabeza completamente blanca y encorvado, con todas las se\u00f1ales de la senectud. Yo la dejaba hablar&#8230; y a menudo incluso me un\u00eda a ella en sus conjeturas. Sus advertencias hac\u00edan coro con mis interminables especulaciones relativas a mi estado, y me tomaba un enorme y doloroso inter\u00e9s en escuchar todo aquello que su r\u00e1pido ingenio y excitada imaginaci\u00f3n pod\u00edan decir al respecto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfPara qu\u00e9 extenderse en todos estos peque\u00f1os detalles? Vivimos as\u00ed durante largos a\u00f1os. Bertha se qued\u00f3 postrada en cama y paral\u00edtica; la cuid\u00e9 como una madre cuidar\u00eda a un hijo. Se volvi\u00f3 cada vez m\u00e1s irritable, y a\u00fan segu\u00eda insistiendo en lo mismo, en cu\u00e1nto tiempo la sobrevivir\u00eda. Segu\u00ed cumpliendo escrupulosamente, pese a todo, con mis deberes hacia ella, lo cual fue una fuente de consuelo para m\u00ed. Hab\u00eda sido m\u00eda en su juventud, era m\u00eda en su vejez; y al final, cuando arroj\u00e9 la primera paletada de tierra sobre su cad\u00e1ver, me ech\u00e9 a llorar, sintiendo que hab\u00eda perdido todo lo que realmente me ataba a la humanidad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Desde entonces, \u00a1cu\u00e1ntas han sido mis preocupaciones y pesares, cuan pocas y vac\u00edas mis alegr\u00edas! Detengo aqu\u00ed mi historia, no la proseguir\u00e9 m\u00e1s. Un marinero sin tim\u00f3n ni comp\u00e1s, lanzado a un mar tormentoso, un viajero perdido en un p\u00e1ramo interminable, sin indicador ni moj\u00f3n que lo gu\u00ede a ninguna parte&#8230;, eso he sido yo; m\u00e1s perdido, m\u00e1s desesperanzado que nadie. Una nave acerc\u00e1ndose, un destello de un faro lejano, podr\u00edan salvarme; pero no tengo m\u00e1s gu\u00eda que la esperanza de la muerte.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00a1La muerte! \u00a1Misteriosa, hosca amiga de la fr\u00e1gil humanidad!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfPor qu\u00e9, \u00fanico entre todos los mortales, me has arrojado a m\u00ed fuera de tu acogedor manto? \u00a1Oh, la paz de la tumba! \u00a1El profundo silencio del sepulcro revestido de hierro! \u00a1Los pensamientos dejar\u00edan por fin de martillear en mi cerebro, y mi coraz\u00f3n ya no latir\u00eda m\u00e1s con emociones que s\u00f3lo saben adoptar nuevas formas de tristeza!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfSoy inmortal? Vuelvo a mi primera pregunta. En primer lugar, \u00bfno es m\u00e1s probable que el brebaje del alquimista estuviera cargado con longevidad m\u00e1s que con vida eterna? Tal es mi esperanza. Y adem\u00e1s, debo recordar que s\u00f3lo beb\u00ed la mitad de la poci\u00f3n preparada para \u00e9l. \u00bfAcaso no era necesaria la totalidad para completar el encantamiento? Haber bebido la mitad del elixir de la inmortalidad es convertirse en semiinmortal&#8230;; mi eternidad est\u00e1 pues truncada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero, de nuevo, \u00bfcu\u00e1l es el n\u00famero de a\u00f1os de media eternidad? A menudo intento imaginar si lo que rige el infinito puede ser dividido. A veces creo descubrir la vejez avanzar sobre m\u00ed. He descubierto una cana. \u00a1Est\u00fapido! \u00bfDebo lamentarme? S\u00ed, el miedo a la vejez y a la muerte repta a menudo fr\u00edamente hasta mi coraz\u00f3n, y cuanto m\u00e1s vivo m\u00e1s temo a la muerte, aunque aborrezca la vida. \u00c9se es el enigma del hombre, nacido para perecer, cuando lucha, como hago yo, contra las leyes establecidas de su naturaleza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero seguramente morir\u00e9 a causa de esta anomal\u00eda de los sentimientos; la medicina del alquimista no debe de proteger contra el fuego, la espada y las asfixiantes aguas. He contemplado las azules profundidades de muchos lagos apacibles, y el tumultuoso discurrir de numerosos r\u00edos caudalosos, y me he dicho: la paz habita en estas aguas. Sin embargo, he guiado mis pasos lejos de ellos, para vivir otro d\u00eda m\u00e1s. Me he preguntado a m\u00ed mismo si el suicidio es un crimen en alguien para quien constituye la \u00fanica posibilidad de abrir la puerta al otro mundo. Lo he hecho todo, excepto presentarme voluntario como soldado o duelista, pues no deseo destruir a mis semejantes. Pero no, ellos no son mis semejantes. El inextinguible poder de la vida en mi cuerpo y su ef\u00edmera existencia nos alejan tanto como lo est\u00e1n los dos polos de la Tierra. No podr\u00eda alzar una mano contra el m\u00e1s d\u00e9bil ni el m\u00e1s poderoso de entre ellos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;As\u00ed he seguido viviendo a\u00f1o tras a\u00f1o&#8230; Solo, y cansado de m\u00ed mismo. Deseoso de morir, pero no muriendo nunca. Un mortal inmortal. Ni la ambici\u00f3n ni la avaricia pueden entrar en mi mente, y el ardiente amor que roe mi coraz\u00f3n jam\u00e1s me ser\u00e1 devuelto; nunca encontrar\u00e9 a un igual con quien compartirlo. La vida s\u00f3lo est\u00e1 aqu\u00ed para atormentarme.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hoy he concebido una forma por la que quiz\u00e1 todo pueda terminar sin matarme a m\u00ed mismo, sin convertir a otro hombre en un Ca\u00edn&#8230; Una expedici\u00f3n en la que ning\u00fan ser mortal pueda nunca sobrevivir, aun revestido con la juventud y la fortaleza que anidan en m\u00ed. As\u00ed podr\u00e9 poner mi inmortalidad a prueba y descansar para siempre&#8230; o regresar, como la maravilla y el benefactor de la especie humana.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Antes de marchar, una miserable vanidad ha hecho que escriba estas p\u00e1ginas. No quiero morir sin dejar ning\u00fan nombre detr\u00e1s. Han pasado tres siglos desde que beb\u00ed el brebaje fatal; no transcurrir\u00e1 otro a\u00f1o antes de que, enfrent\u00e1ndome a gigantescos peligros, luchando con los poderes del hielo en su propio campo, acosado por el hambre, la fatiga y las tormentas, rinda este cuerpo, una prisi\u00f3n demasiado tenaz para un alma que suspira por la libertad, a los elementos destructivos del aire y el agua. O, si sobrevivo, mi nombre ser\u00e1 recordado como uno de los m\u00e1s famosos entre los hijos de los hombres. Y una vez terminada mi tarea, deber\u00e9 adoptar medios m\u00e1s dr\u00e1sticos. Esparciendo y aniquilando los \u00e1tomos que componen mi ser, dejar\u00e9 en libertad la vida que hay aprisionada en \u00e9l, tan cruelmente impedida de remontarse por encima de esta sombr\u00eda tierra, a una esfera m\u00e1s compatible con su esencia inmortal.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento de la narradora brit\u00e1nica Mary Shelley (1797-1851), cl\u00e1sica de la narrativa de imaginaci\u00f3n fant\u00e1stica.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":14444,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"\"El mortal inmortal\" de Mary Shelley.","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[22,2343,3243,185,196,1597,2855,2291,360,2453],"class_list":["post-14443","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-el-mortal-inmortal","tag-escritoras","tag-escritores-ingleses","tag-frankenstein","tag-literatura","tag-literatura-de-imaginacion","tag-literatura-fantastica","tag-mary-shelley"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/02\/Shelley.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-3KX","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14443","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=14443"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14443\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":15315,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14443\/revisions\/15315"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/14444"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=14443"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=14443"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=14443"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}