{"id":144,"date":"2006-11-24T01:05:09","date_gmt":"2006-11-24T07:05:09","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/?p=157"},"modified":"2016-10-26T10:24:46","modified_gmt":"2016-10-26T15:24:46","slug":"casi-nada-jakob-von-gunten","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/casi-nada-jakob-von-gunten\/","title":{"rendered":"Casi nada: Jakob von Gunten"},"content":{"rendered":"<div align=\"center\">&nbsp;<br \/><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/wp-content\/jakob.jpg\" alt=\"Jakob von Gunten\" style=\"float:none;\" \/><br \/>\n<br \/><em>Robert Walser, <\/em>Jakob von Gunten<em>.<br \/> Madrid, Siruela, 1998. Traducci\u00f3n de Juan Jos\u00e9 del Solar.<\/em><\/div>\n<p>Una o dos personas recordar\u00e1n que hab\u00eda prometido esta rese\u00f1a hace un a\u00f1o, cuando esta bit\u00e1cora comenz\u00f3 su andadura. Retraso m\u00e1s retraso, pero aqu\u00ed est\u00e1.<\/p>\n<div align=\"center\">* * *<\/div>\n<p><!--more-->En una ciudad de Europa, a comienzos del siglo XX, el joven Jakob von Gunten se ha inscrito en la Escuela de Muchachos Benjamenta, un instituto cuyo fin es formar buenos sirvientes: mayordomos sumisos y eficientes, mozos de celos apropiados. Al parecer Jakob es un adolescente; al parecer lleva un diario o por lo menos un cuaderno de notas; al parecer tiene relaciones desiguales (si no equ\u00edvocas o hasta sexuales \u00abentre l\u00edneas\u00bb) con sus compa\u00f1eros y hasta con sus (\u00fanicos) maestros, Herr Benjamenta y su hermana Lisa. Al parecer su vida es tediosa, mediocre como se espera de un alumno de su escuela, aunque Jakob no s\u00f3lo se entregue a la disciplina y el vasallaje sino tambi\u00e9n a incontables reflexiones y fantaseos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Salvo unos pocos hechos m\u00e1s (que no revelar\u00e9 porque alguno es un poco m\u00e1s tremendo, y as\u00ed espero dar un incentivo a quienes creen en los finales de los libros), esto es todo lo que se encuentra en las p\u00e1ginas de la novela <em>Jakob von Gunten<\/em>, publicada originalmente en 1909 y considerada, como el resto de la obra de su autor, un libro <em>de culto<\/em>. Probablemente lo es incluso ahora. Durante muchas d\u00e9cadas luego de su muerte en 1956, Robert Walser fue considerado un escritor \u00abpara escritores\u00bb (elogiado por Kafka y Canetti y Vila-Matas, entre otros, pero no le\u00eddo por casi nadie m\u00e1s) y s\u00f3lo hasta hace pocos a\u00f1os su fama se ha <a href=\"http:\/\/www.letraslibres.com\/index.php?art=11492\" target=\"_blank\">incrementado<\/a>, al pasar de tres generaciones de admiradores secretos; sin embargo, sus nuevos lectores deben plantearse la misma pregunta que los de hace medio siglo: c\u00f3mo entender el poder irresistible de una escritura que no desea la grandeza, que se concentra en nimiedades y frusler\u00edas y que siempre elude las \u00abverdades\u00bb, los \u00abhechos\u00bb, las \u00ablecciones\u00bb que nutren a tantos libros gordos y c\u00e9lebres.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>Jakob von Gunten<\/em> es un ejemplo de ese poder aparentamente inexplicable, que proviene, creo, de dos facultades de la escritura que rara vez van juntas: Walser es al mismo tiempo leve, lev\u00edsimo, y reticente. No se concentra sino en lo peque\u00f1o, y ni siquiera all\u00ed lo dice todo: su escritura linda con el silencio (el silencio doble al que se relega cuanto se calla, pero tambi\u00e9n cuanto se considera indigno), y tal vez est\u00e1 m\u00e1s cerca de \u00e9l &#8211;de la nada que para Samuel Beckett era manchada por cualquier intento de enunciaci\u00f3n&#8211; que cualquier otro escritor en la literatura de Occidente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un ejemplo: todo el tiempo Jakob nos enga\u00f1a (o se enga\u00f1a \u00e9l solo) contando an\u00e9cdotas que no son del todo ciertas, pero las verdades que va revelando tras cada mentira no son tan importantes: no apuntan a ninguna parte oculta de la trama, e incluso varios \u00absecretos\u00bb que se anuncian resultan no existir en absoluto. Por el contrario, lo que m\u00e1s se destaca en sus relaciones de la vida en el Instituto Benjamenta (el nombre de \u00abEscuela de Muchachos\u00bb acaso es provisional, o inventado) es lo poco que cuentan las \u00abconquistas interiores\u00bb, los atisbos m\u00e1s all\u00e1 de las superficies. \u00abDios est\u00e1 con los que no piensan\u00bb, escribe Jakob, y el texto parece rebelarse en contra de las pr\u00e1cticas habituales de la interpretaci\u00f3n incluso cuando finge proponer par\u00e1bolas:<\/p>\n<blockquote><p>Para seres tan bajos y humildes como nosotros, los alumnos, no existe nada divertido. La criatura degradada se lo toma todo en serio, pero tambi\u00e9n a la ligera, casi fr\u00edvolamente. La lecci\u00f3n de baile, urbanidad y gimnasia es para m\u00ed como la vida misma, esa vida p\u00fablica, grande, importante, y el aula se transforma ante mis ojos en una alcoba se\u00f1orial, en una calle concurrid\u00edsima, en un castillo de antiguos y largos corredores, en una oficina p\u00fablica, en el despacho de un sabio, en los salones de una dama, en cualquier cosa, seg\u00fan las posibilidades. Tenemos que entrar, saludar, inclinarnos, hablar, despachar asuntos o encargos imaginarios, atender pedidos; y de repente nos sentamos a una mesa y comemos a la usanza capitalina, atendidos por criados. Schacht, o incluso Kraus, representan el papel de una gran dama de la aristocracia a la que yo me encargo de entretener. Luego somos todos grandes se\u00f1ores, sin exceptuar a Peter el Larguirucho, que siempre se ha sentido un caballero. Despu\u00e9s bailamos, dando saltitos de un lado a otro, seguidos por la sonriente mirada de la maestra, hasta que nos precipitamos a socorrer a un herido, v\u00edctima de un atropello callejero. Regalamos cualquier peque\u00f1ez a supuestos mendigos, escribimos cartas, gritamos a nuestros subalternos, asistimos a la asamblea, buscamos lugares donde se hable franc\u00e9s, practicamos el deporte de quitarse el sombrero, hablamos de caza, finanzas y arte, besamos, con humildad, los cinco preciosos dedos que graciosamente nos tiende alguna que otra dama &#8211;queremos creer que bien dispuesta hacia nosotros&#8211;, vagabundeamos como vagabundos, bebemos el caf\u00e9 a sorbitos, comemos jam\u00f3n al borgo\u00f1a, dormimos en camas imaginarias y, tambi\u00e9n aparentemente, nos levantamos con las primeras luces diciendo: \u00abBuenos d\u00edas, se\u00f1or juez de primera instancia\u00bb, nos pegamos, porque esto tambi\u00e9n es muy frecuente en nuestro mundo, y hacemos todo lo que acontece en la vida. Si nos cansamos de todas estas necedades la se\u00f1orita golpea el borde de la mesa con su varita y dice: \u00ab\u00a1<em>Allons<\/em>, muchachos! \u00a1A trabajar!\u00bb Y se reanuda el trabajo.<\/p><\/blockquote>\n<p>As\u00ed, el texto se deja leer como la historia de un narrador indigno de confianza pero que <em>no exige<\/em> el desciframiento de lo que \u00abverdaderamente est\u00e1 pasando\u00bb: al contrario de lo que ocurre, por ejemplo, en <em>Los papeles de Aspern<\/em> de Henry James, nada hay que averiguar o que vislumbrar en las diabluras nimias de Jakob salvo su voluntad de empeque\u00f1ecerse, de no ser muy interesante ni memorable, y en cambio meramente distraerse, pasar el tiempo en el perfeccionamiento de su propia existencia, entendido literalmente: no ser \u00abmejor\u00bb, no ser \u00abm\u00e1s grande\u00bb, sino <em>dejarse ser<\/em>. Esta voluntad de despojamiento deja la impresi\u00f3n de un enigma distinto de los habituales, m\u00e1s all\u00e1 de lo que las propias palabras pueden decir. <em>Jakob von Gunten<\/em> es, por lo tanto, una b\u00fasqueda &#8211;distinta&#8211; de los l\u00edmites del lenguaje.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nacido en Biel, Suiza, en 1878, Walser es famoso por haberse recluido voluntariamente en un par de manicomios, en los que pas\u00f3 las \u00faltimas d\u00e9cadas de su vida paseando, neg\u00e1ndose a todo reconocimiento y escribiendo numerosos textos que jam\u00e1s se molest\u00f3 en publicar (y que s\u00f3lo recientemente han podido <a href=\"http:\/\/www.adamar.org\/ivepoca\/node\/535\" target=\"_blank\">recobrarse<\/a>); muri\u00f3 en los alrededores del sanatorio de Herisau en la Navidad de 1956, congelado en la nieve a la que hab\u00eda salido a dar un paseo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;He aqu\u00ed otra paradoja de su vida p\u00f3stuma: <em>Jakob von Gunten<\/em> ha sido llevada al cine ya en dos ocasiones. La versi\u00f3n m\u00e1s reciente es <em>Instituto Benjamenta, o Ese sue\u00f1o que la gente llama vida humana<\/em> (1995) de Stephen y Timothy Quay, que es un filme extraordinario: una relectura literal, y a la vez on\u00edrica, de la novela.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Robert Walser, Jakob von Gunten. Madrid, Siruela, 1998. Traducci\u00f3n de Juan Jos\u00e9 del Solar. Una o dos personas recordar\u00e1n que hab\u00eda prometido esta rese\u00f1a hace un a\u00f1o, cuando esta bit\u00e1cora comenz\u00f3 su andadura. 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