{"id":14375,"date":"2018-01-19T09:30:47","date_gmt":"2018-01-19T15:30:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=14375"},"modified":"2018-01-16T13:49:34","modified_gmt":"2018-01-16T19:49:34","slug":"manual-para-las-mujeres-de-la-limpieza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/manual-para-las-mujeres-de-la-limpieza\/","title":{"rendered":"Manual para las mujeres de la limpieza"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Lucia_Berlin\">Lucia Berlin<\/a> (1936-2004) es hoy una cuentista estadounidense celebrad\u00edsima, pero hasta hace unos pocos a\u00f1os era una escritora de culto, conocida por s\u00f3lo unos pocos colegas y especialistas. La edici\u00f3n de una antolog\u00eda de su obra, titulada justamente como el cuento que aqu\u00ed se presenta, le dio reconocimiento mundial.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al menos para muchas personas, la parte m\u00e1s llamativa de la obra de Berlin es la m\u00e1s superficial: el hecho de que mucho de sus narraciones proviene directamente de su vida real y sus experiencias, a veces muy duras, con el alcoholismo, la necesidad de mantener sola a sus cuatro hijos y la vida precaria que, pese a la prosperidad de los Estados Unidos en su conjunto, padecen millones de sus habitantes. Sin embargo, estos mismos temas podr\u00edan tratarse de manera rutinaria, meramente sensacionalista; por el contrario, lo que vuelve memorables las narraciones de Berlin es su uso del lenguaje, y sobre todo la velocidad, eficacia y originalidad de sus descripciones, que muestran una capacidad de observaci\u00f3n extraordinaria.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Todo esto se puede ver en \u00abManual para las mujeres de la limpieza\u00bb: una narraci\u00f3n en varias etapas (marcadas por diferentes trayectos en autob\u00fas) de una protagonista que limpia casas ajenas y revela una vida rica y compleja a la vez que dif\u00edcil. Esta traducci\u00f3n de \u201cA Manual For Cleaning Women\u201d es de Eugenia V\u00e1zquez Nacarino y apareci\u00f3 en la edici\u00f3n del libro publicada por Alfaguara. La transcripci\u00f3n proviene de <a href=\"https:\/\/barbarieilustrada.wordpress.com\/2017\/09\/16\/cuento-manual-para-mujeres-de-la-limpieza-por-lucia-berlin\/\">aqu\u00ed<\/a>.<\/p>\n<figure id=\"attachment_14379\" aria-describedby=\"caption-attachment-14379\" style=\"width: 1024px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/LuciaBerlin.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"14379\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/manual-para-las-mujeres-de-la-limpieza\/luciaberlin\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/LuciaBerlin.jpg\" data-orig-size=\"1960,1400\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Lucia Berlin\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"&lt;p&gt;Lucia Berlin (fuente)&lt;\/p&gt;\n\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/LuciaBerlin-1024x731.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/LuciaBerlin-1024x731.jpg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"731\" class=\"size-large wp-image-14379\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/LuciaBerlin-1024x731.jpg 1024w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/LuciaBerlin-300x214.jpg 300w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/LuciaBerlin.jpg 1960w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-14379\" class=\"wp-caption-text\">Lucia Berlin (<a href=\"https:\/\/elpais.com\/cultura\/2016\/04\/26\/babelia\/1461686913_788507.html\">fuente<\/a>)<\/figcaption><\/figure>\n<p><strong>MANUAL PARA MUJERES DE LA LIMPIEZA<br \/>\nLucia Berlin<\/strong><\/p>\n<p>42\u2013PIEDMONT. Autob\u00fas lento hasta Jack London Square. Sirvientas y ancianas. Me sent\u00e9 al lado de una viejecita ciega que estaba leyendo en Braille; su dedo se deslizaba por la p\u00e1gina, lento y silencioso, l\u00ednea tras l\u00ednea. Era relajante mirarla, leer por encima de su hombro. La mujer se baj\u00f3 en la calle 29, donde se han ca\u00eddo todas las letras del cartel PRODUCTOS NACIONALES ELABORADOS POR CIEGOS, excepto CIEGOS.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La calle 29 tambi\u00e9n es mi parada, pero tengo que ir hasta el centro a cobrar el cheque de la se\u00f1ora Jessel. Si vuelve a pagarme con un cheque, lo dejo. Adem\u00e1s, nunca tiene suelto para el desplazamiento. La semana pasada hice todo el trayecto hasta el banco pag\u00e1ndolo de mi bolsillo, y se hab\u00eda olvidado de firmar el cheque.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se olvida de todo, incluso de sus achaques. Mientras limpio el polvo los voy recogiendo y los dejo en el escritorio. 10 A. M. N\u00c1USEAS en un trozo de papel en la repisa de la chimenea. DIARREA en el escurridero. LAGUNAS DE MEMORIA Y MAREO encima de la cocina. Sobre todo se olvida de si tom\u00f3 el fenobarbital, o de que ya me ha llamado dos veces a casa para preguntarme si lo ha hecho, d\u00f3nde est\u00e1 su anillo de rub\u00ed, etc\u00e9tera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Me sigue de habitaci\u00f3n en habitaci\u00f3n, repitiendo las mismas cosas una y otra vez. Voy a acabar tan chiflada como ella. Siempre digo que no voy a volver, pero me da l\u00e1stima. Soy la \u00fanica persona con quien puede hablar. Su marido es abogado, juega al golf y tiene una amante. No creo que la se\u00f1ora Jessel lo sepa, o que se acuerde. Las mujeres de la limpieza lo saben todo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y las mujeres de la limpieza roban. No las cosas por las que tanto sufre la gente para la que trabajamos. Al final es lo superfluo lo que te tienta. No queremos la calderilla de los ceniceros.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A saber d\u00f3nde, una se\u00f1ora en una partida de bridge hizo correr el rumor de que para poner a prueba la honestidad de una mujer de la limpieza hay que dejar un poco de calderilla, aqu\u00ed y all\u00e1, en ceniceros de porcelana con rosas pintadas a mano. Mi soluci\u00f3n es a\u00f1adir siempre algunos peniques, incluso una moneda de diez centavos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En cuanto me pongo a trabajar, antes de nada compruebo d\u00f3nde est\u00e1n los relojes, los anillos, los bolsos de fiesta de lam\u00e9 dorado. Luego, cuando vienen con las prisas, jadeando sofocadas, contesto tranquilamente: \u00abDebajo de su almohada, detr\u00e1s del inodoro verde sauce\u00bb. Creo que lo \u00fanico que robo, de hecho, son somn\u00edferos. Los guardo para un d\u00eda de lluvia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hoy he robado un frasco de semillas de s\u00e9samo Spice Islands. La se\u00f1ora Jessel apenas cocina. Cuando lo hace, prepara pollo al s\u00e9samo. La receta est\u00e1 pegada en la puerta del armario de las especias, por dentro. Guarda una copia en el caj\u00f3n de los sellos y los cordeles, y otra en su agenda. Siempre que encarga pollo, salsa de soja y jerez, pide tambi\u00e9n un frasco de semillas de s\u00e9samo. Tiene quince frascos de semillas de s\u00e9samo. Catorce, ahora.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Me sent\u00e9 en el bordillo a esperar el autob\u00fas. Otras tres sirvientas, negras con uniforme blanco, se quedaron de pie a mi lado. Son viejas amigas, hace a\u00f1os que trabajan en Country Club Road. Al principio todas est\u00e1bamos indignadas\u2026 el autob\u00fas se adelant\u00f3 dos minutos y lo perdimos. Maldita sea. El conductor sabe que las sirvientas siempre est\u00e1n ah\u00ed, que el 42 a Piedmont pasa solo una vez cada hora.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Fum\u00e9 mientras ellas comparaban el bot\u00edn. Cosas que se hab\u00edan llevado\u2026 laca de u\u00f1as, perfume, papel higi\u00e9nico. Cosas que les hab\u00edan dado\u2026 pendientes desparejados, veinte perchas, sujetadores rotos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;(Consejo para mujeres de la limpieza: aceptad todo lo que la se\u00f1ora os d\u00e9, y decid gracias. Luego lo pod\u00e9is dejar en el autob\u00fas, en el hueco del asiento).<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Para meterme en la conversaci\u00f3n les ense\u00f1\u00e9 mi frasco de semillas de s\u00e9samo. Se rieron a carcajadas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Ay, chica! \u00bfSemillas de s\u00e9samo?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Me preguntaron c\u00f3mo aguantaba tanto con la se\u00f1ora Jessel. La mayor\u00eda no repiten m\u00e1s de tres veces. Me preguntaron si es verdad que tiene ciento cuarenta pares de zapatos. S\u00ed, pero lo malo es que la mayor\u00eda son id\u00e9nticos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La hora pas\u00f3 volando. Hablamos de las se\u00f1oras para las que trabajamos. Nos re\u00edmos, no sin un poso de amargura.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las mujeres de la limpieza de toda la vida no me aceptan de buenas a primeras. Y adem\u00e1s, me cuesta conseguir trabajo en esto, porque soy \u00abinstruida\u00bb. S\u00e9 que ahora mismo no puedo buscarme otra cosa. He aprendido a contarles a las se\u00f1oras desde el principio que mi marido alcoh\u00f3lico acaba de morir y me he quedado sola con mis cuatro hijos. Hasta ahora nunca hab\u00eda trabajado, criando a los ni\u00f1os y dem\u00e1s.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n43\u2013SHATTUCK\u2013BERKELEY. Los bancos con carteles de SATURACI\u00d3N PUBLICITARIA est\u00e1n empapados todas las ma\u00f1anas. Le ped\u00ed fuego a un hombre y me dio la caja de cerillas. EVITEMOS EL SUICIDIO. Era de esas que, absurdamente, llevan la banda de f\u00f3sforo detr\u00e1s. M\u00e1s vale prevenir.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al otro lado de la calle, la mujer de la tintorer\u00eda estaba barriendo la acera. A ambos lados de su puerta revoloteaban hojas y basura. Ahora es oto\u00f1o, en Oakland.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Esa misma tarde, al volver de limpiar en casa de Horwitz, la acera de la tintorer\u00eda volv\u00eda a estar cubierta de hojas y porquer\u00eda. Tir\u00e9 mi billete de transbordo. Siempre compro billete de transbordo. A veces los regalo, pero normalmente me los quedo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ter sol\u00eda burlarse de esa man\u00eda m\u00eda de guardarlo siempre todo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Vamos, Maggie May, en este mundo no te puedes aferrar a nada. Excepto a m\u00ed, quiz\u00e1.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una noche en Telegraph Avenue me despert\u00e9 al notar que me pon\u00eda la anilla de una lata de Coors en la palma de la mano y me cerraba el pu\u00f1o. Abr\u00ed los ojos y lo vi sonriendo. Terry era un vaquero joven, de Nebraska. No le gustaba ver pel\u00edculas extranjeras. Ahora s\u00e9 que era porque no le daba tiempo a leer los subt\u00edtulos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las raras veces que Ter le\u00eda un libro, arrancaba las p\u00e1ginas a medida que las pasaba y las iba tirando. Al volver a casa, donde las ventanas siempre estaban abiertas o rotas, me encontraba un remolino de hojas en la habitaci\u00f3n, como palomas en un aparcamiento del Safeway.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n33\u2013BERKELEY EXPRESS. \u00a1El autob\u00fas se perdi\u00f3! El conductor se pas\u00f3 de largo en el desv\u00edo de SEARS para tomar la autopista. Todo el mundo empez\u00f3 a tocar el timbre mientras el hombre, avergonzado, giraba a la izquierda en la calle 27. Acabamos atascados en un callej\u00f3n sin salida. La gente se asomaba a las ventanas a ver el autob\u00fas. Cuatro hombres se bajaron para ayudarle a retroceder entre los coches que hab\u00eda aparcados en la calle estrecha. Una vez en la autopista, empez\u00f3 a acelerar como un loco. Daba miedo. Habl\u00e1bamos unos con otros, emocionados por el suceso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hoy toca la casa de Linda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;(Mujeres de la limpieza: como norma general, no trabaj\u00e9is para las amigas. Tarde o temprano se molestan contigo porque sabes demasiado de su vida. O dejan de caerte bien, por lo mismo).<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero Linda y Bob son buenos amigos, de hace tiempo. Siento su calidez aunque no est\u00e9n ah\u00ed. Esperma y confitura de ar\u00e1ndanos en las s\u00e1banas. Quinielas del hip\u00f3dromo y colillas en el cuarto de ba\u00f1o. Notas de Bob a Linda: \u00abCompra tabaco y lleva el coche a\u2026 du-du\u00e1, du-du\u00e1\u00bb. Dibujos de Andrea con amor para mam\u00e1. Cortezas de pizza. Limpio los restos de coca del jespejo con Windex.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Es el \u00fanico sitio donde trabajo que no est\u00e1 impecable, para empezar. M\u00e1s bien est\u00e1 hecho un asco. Cada mi\u00e9rcoles subo como S\u00edsifo las escaleras que llevan al sal\u00f3n de su casa, donde siempre parece que est\u00e9n en mitad de una mudanza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No gano mucho dinero con ellos porque no les cobro por horas, ni el transporte. No me dan la comida, por supuesto. Trabajo duro de verdad. Pero tambi\u00e9n paso muchos ratos sentada, me quedo hasta muy tarde. Fumo y leo el <em>New York Times<\/em>, libros porno, <em>C\u00f3mo construir una p\u00e9rgola<\/em>. Sobre todo miro por la ventana la casa de al lado, donde viv\u00ed un tiempo. El 2129 \u00bd de Russell Street. Miro el \u00e1rbol que da peras de madera, con las que Ter hac\u00eda tiro al blanco. En la cerca brillan los perdigones incrustados. El r\u00f3tulo de BEKINS que iluminaba nuestra cama por la noche. Echo de menos a Ter y fumo. Los trenes no se oyen de d\u00eda.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n40\u2013TELEGRAPH AVENUE\u2013ASILO DE MILLHAVEN. Cuatro ancianas en sillas de ruedas contemplan la calle con mirada vidriosa. Detr\u00e1s, en el puesto de enfermeras, una chica negra preciosa baila al son de \u00abI Shot the Sheriff\u00bb. La m\u00fasica est\u00e1 alta, incluso para m\u00ed, pero las ancianas ni siquiera la oyen. M\u00e1s abajo, tirado en la acera, hay un cartel burdo: INSTITUTO DEL C\u00c1NCER 13:30.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El autob\u00fas se retrasa. Los coches pasan de largo. La gente rica que va en coche nunca mira a la gente de la calle, para nada. Los pobres siempre lo hacen\u2026 De hecho, a veces parece que simplemente vayan en el coche dando vueltas, mirando a la gente de la calle. Yo lo he hecho. La gente pobre est\u00e1 acostumbrada a esperar. La Seguridad Social, la cola del paro, lavander\u00edas, cabinas telef\u00f3nicas, salas de urgencias, c\u00e1rceles, etc\u00e9tera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mientras esper\u00e1bamos el 40, nos pusimos a mirar el escaparate de la LAVANDER\u00cdA DE MILL Y ADDIE. Mill hab\u00eda nacido en un molino, en Georgia. Estaba tumbado sobre una hilera de cinco lavadoras, instalando un televisor enorme en la pared. Addie hac\u00eda pantomimas para nosotros, simulando que el televisor se iba a caer en cualquier momento. Los transe\u00fantes se paraban tambi\u00e9n a mirar a Mill. Nos ve\u00edamos reflejados en la pantalla, como en un programa de c\u00e1mara oculta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Calle abajo hay un gran funeral negro en FOUCH\u00c9. Antes pensaba que el cartel de ne\u00f3n dec\u00eda \u00abtouch\u00e9\u00bb, y siempre imaginaba a la muerte enmascarada, apunt\u00e1ndome al coraz\u00f3n con un florete.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;He reunido ya treinta pastillas, entre los Jessel, los Burn, los McIntyre, los Horwitz y los Blum. En cada una de esas casas donde trabajo hay un arsenal de anfetas o sedantes que bastar\u00eda para dejar fuera de circulaci\u00f3n a un \u00c1ngel del Infierno durante veinte a\u00f1os.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n18\u2013PARK BOULEVARD\u2013MONTCLAIR. Centro de Oakland. Hay un indio borracho que ya me conoce, y siempre me dice: \u00abQu\u00e9 vueltas da la vida, cielo\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En Park Boulevard un furg\u00f3n azul de la polic\u00eda del condado, con las ventanas blindadas. Dentro hay una veintena de presos de camino a comparecer ante el juez. Los hombres, encadenados juntos y vestidos con monos naranjas, se mueven casi como un equipo de remo. Con la misma camarader\u00eda, a decir verdad. El interior del furg\u00f3n est\u00e1 oscuro. En la ventanilla se refleja el sem\u00e1foro. \u00c1mbar DESPACIO DESPACIO. Rojo STOP STOP.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una hora larga de modorra hasta las colinas neblinosas de Montclair, un pr\u00f3spero barrio residencial. Solo van sirvientas en el autob\u00fas. Al pie de la Iglesia Luterana de Sion hay un letrero grande en blanco y negro que dice PRECAUCI\u00d3N: TERRENO RESBALADIZO. Cada vez que lo veo, se me escapa la risa. Las otras mujeres y el conductor se vuelven y me miran. A estas alturas ya es un ritual. En otra \u00e9poca me santiguaba autom\u00e1ticamente cuando pasaba delante de una iglesia cat\u00f3lica. Tal vez dej\u00e9 de hacerlo porque en el autob\u00fas la gente siempre se daba la vuelta y miraba. Sigo rezando autom\u00e1ticamente un avemar\u00eda, en silencio, siempre que oigo una sirena. Es un incordio, porque vivo en Pill Hill, un barrio de Oakland lleno de hospitales; tengo tres a un paso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al pie de las colinas de Montclair mujeres en Toyotas esperan a que sus sirvientas bajen del autob\u00fas. Siempre me las arreglo para subir a Snake Road con Mamie y su se\u00f1ora, que dice: \u00ab\u00a1Caramba, Mamie, t\u00fa tan preciosa con esa peluca atigrada, y yo con esta facha!\u00bb. Mamie y yo fumamos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las se\u00f1oras siempre suben la voz un par de octavas cuando les hablan a las mujeres de la limpieza o a los gatos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;(Mujeres de la limpieza: nunca os hag\u00e1is amigas de los gatos, no les dej\u00e9is jugar con la mopa, con los trapos. Las se\u00f1oras se pondr\u00e1n celosas. Aun as\u00ed, nunca los ahuyent\u00e9is de malos modos de una silla. En cambio, haceos siempre amigas de los perros, pasad cinco o diez minutos rascando a Cherokee o Smiley nada m\u00e1s llegar. Acordaos de bajar la tapa de los inodoros. Pelos, goterones de baba).<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los Blum. Este es el sitio m\u00e1s raro en el que trabajo, la \u00fanica casa realmente bonita. Los dos son psiquiatras. Son consejeros matrimoniales, con dos \u00abpreescolares\u00bb adoptados.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;(Nunca trabaj\u00e9is en una casa con \u00abpreescolares\u00bb. Los beb\u00e9s son geniales. Puedes pasar horas mir\u00e1ndolos, acun\u00e1ndolos en brazos. Con los cr\u00edos m\u00e1s mayores\u2026 solo sacar\u00e1s alaridos, Cheerios secos, hacerte inmune a los accidentes y el suelo lleno de huellas del pijama de Snoopy).<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;(Nunca trabaj\u00e9is para psiquiatras, tampoco. Os volver\u00e9is locas. Yo tambi\u00e9n podr\u00eda explicarles a ellos un par de cosas\u2026 \u00bfZapatos con alzas?).<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El doctor Blum est\u00e1 en casa, otra vez enfermo. Tiene asma, por el amor de Dios. Va dando vueltas en albornoz, rasc\u00e1ndose una pierna peluda y p\u00e1lida con la alpargata.La, la, la, la, Mrs. Robinson\u2026 Tiene un equipo est\u00e9reo de m\u00e1s de dos mil d\u00f3lares y cinco discos. Simon &#038; Garfunkel, Joni Mitchell y tres de los Beatles.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se queda en la puerta de la cocina, rasc\u00e1ndose ahora la otra pierna. Me alejo contone\u00e1ndome con la fregona hacia el office, mientras \u00e9l me pregunta por qu\u00e9 eleg\u00ed este tipo de trabajo en particular.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Supongo que por culpabilidad, o por rabia \u2014digo con desgana.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Cuando se seque el suelo, \u00bfpodr\u00e9 prepararme una taza de t\u00e9?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Mire, vaya a sentarse. Ya se lo preparo yo. \u00bfAz\u00facar o miel?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Miel. Si no es mucha molestia. Y lim\u00f3n, si no es\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Vaya a sentarse \u2014le llevo el t\u00e9.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una vez le traje una blusa negra de lentejuelas a Natasha, que tiene cuatro a\u00f1os, para que se engalanara. La doctora Blum puso el grito en el cielo y dijo que era sexista. Por un momento pens\u00e9 que me estaba acusando de intentar seducir a Natasha. Tir\u00f3 la blusa a la basura. Consegu\u00ed rescatarla y ahora me la pongo de vez en cuando, para engalanarme.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;(Mujeres de la limpieza: aprender\u00e9is mucho de las mujeres liberadas. La primera fase es un grupo de toma de conciencia feminista; la segunda fase es una mujer de la limpieza; la tercera, el divorcio).<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los Blum tienen un mont\u00f3n de pastillas, una pl\u00e9tora de pastillas. Ella tiene estimulantes, \u00e9l tiene tranquilizantes. El se\u00f1or doctor Blum tiene pastillas de belladona. No s\u00e9 qu\u00e9 efecto hacen, pero me encantar\u00eda llamarme as\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una ma\u00f1ana los o\u00ed hablando en el office de la cocina y \u00e9l dijo: \u00ab\u00a1Hagamos algo espont\u00e1neo hoy, llevemos a los ni\u00f1os a volar una cometa!\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Me rob\u00f3 el coraz\u00f3n. Una parte de m\u00ed quiso irrumpir en la escena como la sirvienta de la tira c\u00f3mica del <em>Saturday Evening Post<\/em>. Se me da muy bien hacer cometas, conozco varios sitios con buen viento en Tilden. En Montclair no hay viento. La otra parte de m\u00ed encendi\u00f3 la aspiradora para no o\u00edr lo que ella le contestaba. Fuera llov\u00eda a c\u00e1ntaros.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El cuarto de los juguetes era una leonera. Le pregunt\u00e9 a Natasha si Todd y ella realmente jugaban con todos aquellos juguetes. Me dijo que los lunes al levantarse los tiraban por el suelo, porque era el d\u00eda que iba yo a limpiar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ve a buscar a tu hermano \u2014le dije.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los hab\u00eda puesto a recoger cuando entr\u00f3 la se\u00f1ora Blum. Me sermone\u00f3 sobre las interferencias y me dijo que se negaba a \u00abimponer culpabilidad o deberes\u00bb a sus hijos. La escuch\u00e9, malhumorada. Luego, como si se le ocurriera de pronto, me pidi\u00f3 que desenchufara el frigor\u00edfico y lo limpiara con amoniaco y vainilla.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfAmoniaco y vainilla? A partir de ah\u00ed dej\u00e9 de odiarla. Una cosa tan simple. Me di cuenta de que realmente quer\u00eda vivir en un hogar acogedor, que no quer\u00eda imponer culpabilidad o deberes a sus hijos. M\u00e1s tarde me tom\u00e9 un vaso de leche, y sab\u00eda a amoniaco y vainilla.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n40\u2013TELEGRAPH AVENUE\u2013BERKELEY. Lavander\u00eda de Mill y Addie. Addie est\u00e1 sola dentro, limpiando los cristales del escaparate. Detr\u00e1s de ella, encima de una lavadora, hay una enorme cabeza de pescado en una bolsa de pl\u00e1stico. Ojos ciegos y perezosos. Un amigo, el se\u00f1or Walker, les lleva cabezas de pescado para hacer caldo. Addie traza c\u00edrculos inmensos de espuma blanca en el vidrio. Al otro lado de la calle, en la guarder\u00eda St. Luke, un ni\u00f1o cree que lo est\u00e1 saludando. La saluda, haciendo los mismos gestos con los brazos. Addie para, sonr\u00ede y lo saluda de verdad. Llega mi autob\u00fas. Toma Telegraph Avenue hacia Berkeley. En el escaparate del SAL\u00d3N DE BELLEZA VARITA M\u00c1GICA hay una estrella de papel de plata pegada a un matamoscas. Al lado, tienda de ortopedia con dos manos suplicantes y una pierna.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ter se negaba a ir en autob\u00fas. Ver a la gente ah\u00ed sentada lo deprim\u00eda. Le gustaban las estaciones de autobuses, en cambio. \u00cdbamos a menudo a las de San Francisco y Oakland. Sobre todo a la de Oakland, en San Pablo Avenue. Una vez me dijo que me amaba porque yo era como San Pablo Avenue.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00c9l era como el vertedero de Berkeley. Ojal\u00e1 hubiera un autob\u00fas al vertedero. \u00cdbamos all\u00ed cuando a\u00f1or\u00e1bamos Nuevo M\u00e9xico. Es un lugar inh\u00f3spito y ventoso, y las gaviotas planean como los chotacabras del desierto al anochecer. All\u00e1 donde mires, se ve el cielo. Los camiones de basura retumban por las carreteras entre vaharadas de polvo. Dinosaurios grises.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No s\u00e9 c\u00f3mo salir adelante ahora que est\u00e1s muerto, Ter. Aunque eso ya lo sabes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Es como aquella vez en el aeropuerto, cuando estabas a punto de embarcar para Albuquerque.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Mierda, no puedo irme. Nunca vas a encontrar el coche.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;O aquella otra vez, cuando te ibas a Londres.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9 vas a hacer cuando me vaya, Maggie? \u2014repet\u00edas sin parar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Har\u00e9 macram\u00e9, chaval.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9 vas a hacer cuando me vaya, Maggie?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfDe verdad crees que te necesito tanto?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed \u2014contestaste. Sin m\u00e1s, una afirmaci\u00f3n rotunda de Nebraska.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mis amigos dicen que me recreo en la autocompasi\u00f3n y el remordimiento. Que ya no veo a nadie. Cuando sonr\u00edo, sin querer me tapo la boca con la mano.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Voy juntando somn\u00edferos. Una vez hicimos un pacto: si para 1976 las cosas no se arreglaban, nos matar\u00edamos a tiros al final del muelle. T\u00fa no te fiabas de m\u00ed, dec\u00edas que te disparar\u00eda y echar\u00eda a correr, o me matar\u00eda yo primero, cualquier cosa. Estoy harta de bregar, Ter.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n58\u2013UNIVERSIDAD\u2013ALAMEDA. Las viejecitas de Oakland van todas al centro comercial Hink, en Berkeley. Las viejecitas de Berkeley van al centro comercial Capwell, en Oakland. En este autob\u00fas todos son j\u00f3venes y negros, o viejos y blancos, incluidos los conductores. Los conductores viejos blancos son cascarrabias y nerviosos, especialmente en la zona del Polit\u00e9cnico de Oakland. Siempre paran con un frenazo, gritan a los que fuman o van escuchando la radio. Dan bandazos y se detienen en seco, haciendo que las viejecitas se choquen contra las barras. A las viejecitas les salen cardenales en los brazos, instant\u00e1neamente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los conductores j\u00f3venes negros van r\u00e1pido, surcan Pleasant Valley Road pas\u00e1ndose todos los sem\u00e1foros en \u00e1mbar. Sus autobuses son ruidosos y echan humo, pero no dan bandazos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hoy me toca la casa de la se\u00f1ora Burke. Tambi\u00e9n tengo que dejarla. Ah\u00ed nunca cambia nada. Nunca hay nada sucio. Ni siquiera entiendo para qu\u00e9 voy. Hoy me sent\u00ed mejor. Al menos he entendido lo de las treinta botellas de Lancers Ros\u00e9. Antes hab\u00eda treinta y una. Por lo visto ayer fue su aniversario de bodas. Encontr\u00e9 dos colillas de cigarrillo en el cenicero del marido (en lugar de la que hay siempre), una copa de vino (ella no bebe) y la botella en cuesti\u00f3n. Los trofeos de petanca estaban ligeramente desplazados. Nuestra vida juntos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ella me ense\u00f1\u00f3 mucho sobre el gobierno de la casa. Coloca el rollo de papel de v\u00e1ter de manera que salga por abajo. Abre la leng\u00fceta del detergente solo hasta la mitad. Quien guarda halla. Una vez, en un ataque de rebeld\u00eda, rasgu\u00e9 la leng\u00fceta de un tir\u00f3n con tan mala suerte que el detergente se verti\u00f3 y cay\u00f3 en los quemadores de la cocina. Un desastre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;(Mujeres de la limpieza: que sepan que trabaj\u00e1is a conciencia. El primer d\u00eda dejad todos los muebles mal colocados, que sobresalgan un palmo o queden un poco torcidos. Cuando limpi\u00e9is el polvo, poned los gatos siameses mirando hacia otro lado, la jarrita de la leche a la izquierda del azucarero. Cambiad el orden de los cepillos de dientes).<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mi obra maestra en este sentido fue cuando limpi\u00e9 encima del frigor\u00edfico de la se\u00f1ora Burke. A ella no se le escapa nada, pero si yo no hubiera dejado la linterna encendida no se habr\u00eda dado cuenta de que me hab\u00eda entretenido en rascar y engrasar la plancha, en reparar la figurita de la geisha, y de paso en limpiar la linterna.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hacer mal las cosas no solo les demuestra que trabajas a conciencia, sino que adem\u00e1s les permite ser estrictas y mandonas. A la mayor\u00eda de las mujeres estadounidenses les incomoda mucho tener sirvientas. No saben qu\u00e9 hacer mientras est\u00e1s en su casa. A la se\u00f1ora Burke le da por repasar la lista de felicitaciones de Navidad y planchar el papel de regalo del a\u00f1o anterior. En agosto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Procurad trabajar para jud\u00edos o negros. Te dan de comer. Pero sobre todo porque las mujeres jud\u00edas y negras respetan el trabajo, el trabajo que haces, y adem\u00e1s no se averg\u00fcenzan en absoluto de pasarse el d\u00eda entero sin hacer nada de nada. Para eso te pagan, \u00bfno?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las mujeres de la Orden de la Estrella de Oriente son otra historia. Para que no se sientan culpables, intentad siempre hacer algo que ellas no har\u00edan nunca. Encaramaos a los fogones para restregar del techo las salpicaduras de una Coca-Cola reventada. Encerraos dentro de la mampara de la ducha. Retirad todos los muebles, incluido el piano, y ponedlos contra la puerta. Ellas nunca har\u00edan esas cosas, y adem\u00e1s as\u00ed no pueden entrar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Menos mal que siempre est\u00e1n enganchadas como m\u00ednimo a un programa de televisi\u00f3n. Dejo la aspiradora encendida media hora (un sonido relajante) y me tumbo debajo del piano con un trapo de limpiar el polvo en la mano, por si acaso. Simplemente me quedo ah\u00ed tumbada, tarareando y pensando. No quise identificar tu cad\u00e1ver, Ter, aunque eso trajo muchas complicaciones. Tem\u00eda empezar a pegarte por lo que hab\u00edas hecho. Morir.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El piano de los Burke lo dejo para el final. Lo malo es que la \u00fanica partitura que hay en el atril es el himno de la Marina. Siempre acabo marchando a la parada del autob\u00fas al ritmo de \u00abFrom the Halls of Montezuma\u2026\u00bb.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n58\u2013UNIVERSIDAD\u2013BERKELEY. Un conductor viejo blanco cascarrabias. Lluvia, retrasos, gente apretujada, fr\u00edo. Navidad es una mala \u00e9poca para los autobuses. Una hippy joven colocada empez\u00f3 a gritar \u00ab\u00a1Quiero bajarme de este puto autob\u00fas!\u00bb. \u00ab\u00a1Espera a la pr\u00f3xima parada!\u00bb, le grit\u00f3 el conductor. Una mujer de la limpieza gorda que iba sentada delante de m\u00ed vomit\u00f3 y ensuci\u00f3 las galochas de la gente y una de mis botas. El olor era asqueroso y varias personas se bajaron en la siguiente parada, como ella. El conductor par\u00f3 en la gasolinera Arco de Alcatraz y trajo una manguera para limpiarlo, pero lo \u00fanico que hizo fue echarlo hacia atr\u00e1s y encharcar a\u00fan m\u00e1s el suelo. Estaba colorado y rabioso, y se salt\u00f3 un sem\u00e1foro; nos puso a todos en peligro, dijo el hombre que hab\u00eda a mi lado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En el Polit\u00e9cnico de Oakland una veintena de estudiantes con radios esperaban detr\u00e1s de un hombre pr\u00e1cticamente impedido. La Seguridad Social est\u00e1 justo al lado del Polit\u00e9cnico. Mientras el hombre sub\u00eda al autob\u00fas, con muchas dificultades, el conductor grit\u00f3 \u00ab\u00a1Ah, por el amor de Dios!\u00bb, y el hombre pareci\u00f3 sorprendido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Otra vez la casa de los Burke. Ning\u00fan cambio. Tienen diez relojes digitales y los diez est\u00e1n en hora, sincronizados. El d\u00eda que me vaya, los desenchufar\u00e9 todos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Finalmente dej\u00e9 a la se\u00f1ora Jessel. Segu\u00eda pag\u00e1ndome con un cheque, y en una ocasi\u00f3n me llam\u00f3 cuatro veces en una sola noche. Llam\u00e9 a su marido y le dije que tengo mononucleosis. Ella no se acuerda de que me he ido, anoche me llam\u00f3 para preguntarme si la hab\u00eda visto un poco p\u00e1lida. La echo de menos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una se\u00f1ora nueva, hoy. Una se\u00f1ora de verdad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;(Nunca me veo como \u00abse\u00f1ora de la limpieza\u00bb, aunque as\u00ed es como te llaman: su se\u00f1ora o su chica).<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La se\u00f1ora Johansen. Es sueca y habla ingl\u00e9s con mucha jerga, como los filipinos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando abri\u00f3 la puerta, lo primero que me dijo fue: \u00ab\u00a1Santo cielo!\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Uy. \u00bfLlego demasiado pronto?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014En absoluto, querida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Invadi\u00f3 el escenario. Una Glenda Jackson de ochenta a\u00f1os. Qued\u00e9 hechizada. (Mirad, ya estoy hablando como ella). Hechizada en el recibidor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En el recibidor, antes incluso de quitarme el abrigo, el abrigo de Ter, me puso al d\u00eda sobre su ida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Su marido, John, hab\u00eda muerto hac\u00eda seis meses. A ella lo que m\u00e1s le costaba era dormir. Se aficion\u00f3 a hacer puzles. (Se\u00f1al\u00f3 la mesita de la sala de estar, donde el Monticello de Jefferson estaba casi terminado, salvo por un agujero protozoario, arriba a la derecha).<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una noche se enfrasc\u00f3 tanto en el puzle que ni siquiera durmi\u00f3. Se olvid\u00f3, \u00a1se olvid\u00f3 de dormir! Y hasta de comer, para colmo. Cen\u00f3 a las ocho de la ma\u00f1ana. Luego se ech\u00f3 una siesta, se despert\u00f3 a las dos, desayun\u00f3 a las dos de la tarde y sali\u00f3 y se compr\u00f3 otro puzle.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando John viv\u00eda era Desayuno a las 6, Almuerzo a las 12, Cena a las 6. Los tiempos han cambiado, \u00a1a m\u00ed me lo van a decir!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014As\u00ed que no, querida, no llegas demasiado pronto \u2014concluy\u00f3\u2014. Solo que quiz\u00e1 me vaya de cabeza a la cama en cualquier momento.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yo segu\u00eda de pie en el recibidor, acalorada, sin apartar la mirada de los ojos radiantes y somnolientos de mi nueva se\u00f1ora, como si los cuervos fueran a hablar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo \u00fanico que ten\u00eda que hacer era limpiar las ventanas y aspirar la moqueta; pero antes de aspirar la moqueta, encontrar la pieza que faltaba del puzle. Cielo con unas hojas de arce. S\u00e9 que se ha perdido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Disfrut\u00e9 en el balc\u00f3n, limpiando las ventanas. Aunque hac\u00eda fr\u00edo, el sol me calentaba la espalda. Dentro, ella sigui\u00f3 con su puzle. Absorta, pero sin dejar de posar en ning\u00fan momento. Se notaba que hab\u00eda sido muy hermosa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Despu\u00e9s de las ventanas vino la tarea de buscar la pieza del puzle. Repasar cent\u00edmetro a cent\u00edmetro la alfombra verde, encontrar entre las largas hebras migas de biscotes, gomas el\u00e1sticas del <em>Chronicle<\/em>. Estaba encantada, era el mejor trabajo que hab\u00eda tenido nunca. A ella le \u00abimportaba un r\u00e1bano\u00bb si fumaba o no, as\u00ed que segu\u00ed gateando por el suelo mientras fumaba, deslizando el cenicero a mi lado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Encontr\u00e9 la pieza lejos de la mesita donde estaba el puzle, al otro lado del sal\u00f3n. Era cielo, con unas hojas de arce.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1La encontr\u00e9! \u2014grit\u00f3\u2014. \u00a1Sab\u00eda que se hab\u00eda perdido!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Yo la he encontrado! \u2014exclam\u00e9.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Entonces pude pasar la aspiradora, y entretanto ella termin\u00f3 el puzle con un suspiro. Al irme le pregunt\u00e9 cu\u00e1ndo cre\u00eda que me necesitar\u00eda otra vez.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ah\u2026 \u00bfqu\u00e9 ser\u00e1, ser\u00e1? \u2014dijo ella.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Lo que tenga que ser\u2026 ser\u00e1 \u2014dije, y las dos nos re\u00edmos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ter, en realidad no tengo ningunas ganas de morir.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n40\u2013TELEGRAPH AVENUE. Parada del autob\u00fas delante de la LAVANDER\u00cdA DE MILL Y ADDIE, que est\u00e1 abarrotada de gente haciendo turno para las lavadoras, pero en un clima festivo, como si esperaran una mesa. Charlan de pie al otro lado de la vidriera, tomando latas verdes de Sprite. Mill y Addie alternan como estupendos anfitriones, dando cambio a los clientes. En la televisi\u00f3n, la Orquesta Estatal de Ohio toca el himno nacional. Arrecia la nieve en Michigan.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Es un d\u00eda fr\u00edo, claro de enero. Cuatro motoristas con patillas aparecen por la esquina de la calle 29 como la cola de una cometa. Una Harley pasa muy despacio por delante de la parada del autob\u00fas y varios cr\u00edos saludan al motorista gre\u00f1udo desde la caja de una ranchera, una Dodge de los a\u00f1os cincuenta. Lloro, al fin.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento de Lucia Berlin (1936-2004), cuentista estadounidense de culto hoy recobrada.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":14379,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"El cuento del mes en Las Historias es de Lucia Berlin: \"Manual para las mujeres de la limpieza\".","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[4],"tags":[22,2343,185,2365,194,2855,3237,3238],"class_list":["post-14375","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritoras","tag-escritores-en-ingles","tag-escritores-estadounidenses","tag-literatura","tag-lucia-berlin","tag-manual-para-las-mujeres-de-la-limpieza"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2018\/01\/LuciaBerlin.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-3JR","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14375","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=14375"}],"version-history":[{"count":6,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14375\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":14382,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14375\/revisions\/14382"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/14379"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=14375"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=14375"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=14375"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}