{"id":14310,"date":"2017-12-21T10:44:21","date_gmt":"2017-12-21T16:44:21","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=14310"},"modified":"2017-12-21T10:44:21","modified_gmt":"2017-12-21T16:44:21","slug":"noche-de-difuntos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/noche-de-difuntos\/","title":{"rendered":"Noche de difuntos"},"content":{"rendered":"<p>Para cerrar el a\u00f1o, el tercer cuento de este mes, con el que la antolog\u00eda virtual de Las Historias llega a los 150 textos. Adem\u00e1s, es una primicia: \u00abNoche de difuntos\u00bb de <a href=\"http:\/\/www.omni-bus.com\/n43\/sites.google.com\/site\/omnibusrevistainterculturaln43\/narrativa-ecuatoriana\/solange-rodriguez-pappe.html\">Solange Rodr\u00edguez Pappe<\/a> (Guayaquil, 1976), narradora y docente ecuatoriana, especialista en la literatura de imaginaci\u00f3n, que ha <a href=\"http:\/\/suburbano.net\/solange-rodriguez-pappe-en-ecuador-no-hay-una-cultura-anti-ebook-porque-para-eso-debe-haber-antes-una-cultura-lectora-el-formato-para-leer-seria-entonces-lo-de-menos\/\">aparecido<\/a> en numerosas antolog\u00edas y publicado libros como <em>Tinta sangre<\/em>, <em>Dracofilia<\/em>, <em>El lugar de las apariciones<\/em>, <em>Balas perdidas<\/em> o <em>Caja de magia<\/em>.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abNoche de difuntos\u00bb \u2013cuento en el que la familia se convierte en asiento del horror\u2013 es in\u00e9dito en este momento, se publica con permiso de la autora y aparecer\u00e1 pr\u00f3ximamente en una nueva colecci\u00f3n, que publicar\u00e1 la editorial Candaya.<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/Solange.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"14312\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/noche-de-difuntos\/solange\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/Solange.jpg\" data-orig-size=\"1200,566\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Solange Rodr\u00edguez Pappe\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/Solange-1024x483.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/Solange-1024x483.jpg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"483\" class=\"aligncenter size-large wp-image-14312\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/Solange-1024x483.jpg 1024w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/Solange-300x142.jpg 300w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/Solange.jpg 1200w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>NOCHE DE DIFUNTOS<br \/>\nSolange Rodr\u00edguez Pappe<\/strong><\/p>\n<p><em>\u201cHe aqu\u00ed, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados\u201d.<br \/>\n\u20141 Cor 15:50-53<\/em><\/p>\n<p>Mi esposa se ha ido pero ha dejado todo listo para el d\u00eda de difuntos. Una olla con v\u00edsceras reci\u00e9n condimentadas, agua recogida en galones, muchas fundas para los desechos; \u2014de esas negras y enormes donde cabr\u00eda muy bien una persona doblada o en partes\u2014, y una pala de punta cuadrada, nuestra nueva adquisici\u00f3n del mes, que espera flamante tras la puerta. Ella se ha encargado muy bien de los preparativos porque desde que nos casamos ha estado muy pendiente de las cosas de la casa. &#8216;T\u00fa podr\u00edas vivir muy tranquilo metido en una caja de cart\u00f3n si te dieran un televisor y una cerveza&#8217;, me dice bromeando, mientras ella ordena el mundo con bastante eficiencia. Para incluirme en sus planes, de vez en cuando me da tareas espec\u00edficas, como la de la pala. Pero siempre me pasa lo mismo: cuando voy a la tienda de abarrotes para estas v\u00edsperas, ya la gente ha tomado lo mejor y me siento un absoluto in\u00fatil; as\u00ed que he comprado la \u00fanica pala que he encontrado, una que sirve para trasplantar plantas pero no para excavar la tierra.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Luego de la cola infinita hecha junto con adolescentes euf\u00f3ricos por tener entre las manos sus primeras armas de fuego y de los tremendistas que llevan desde ca\u00f1ones hasta granadas para defender sus casas, me he topado con otros esposos que entran jadeantes y van directo a la parte de las herramientas grandes. Me divirti\u00f3 ver sus caras de decepci\u00f3n. Definitivamente, hay maridos peores que yo. Cuando ella vio la pala demasiado peque\u00f1a, aun con la etiqueta puesta, se ha alzado de hombros y me ha dicho que no importaban mucho esos peque\u00f1os detalles en comparaci\u00f3n con el gran plan que hab\u00edamos convenido. Ten\u00eda raz\u00f3n; ese era nuestro \u00faltimo a\u00f1o en la ciudad para la noche de difuntos. La que ven\u00eda, nos \u00edbamos a ir a vivir al extranjero, lo m\u00e1s lejano posible de la tierra donde hab\u00edamos pasado casi toda la vida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por la tarde, alcanzando el final de la caravana, ella ha salido de la ciudad con la ni\u00f1a hacia las nuevas edificaciones que ha construido el estado, que son cada vez menos una fortaleza y cada vez m\u00e1s un complejo tur\u00edstico. Ahora les han instalado un parque acu\u00e1tico, un centro comercial y una iglesia con capacidad para 500 personas, que siempre est\u00e1 vac\u00eda porque sucede como en Semana Santa, que la gente no tiene ya cabeza para esas reverencias, y solo los m\u00e1s viejos anochecen y amanecen orando por las almas de los difuntos. El resto hace lo de siempre: pone a gozar al cuerpo como si no hubiera ma\u00f1ana.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El a\u00f1o en que la acompa\u00f1\u00e9 me la pas\u00e9 pensando en mam\u00e1. &#8216;Tienes la cabeza en otro lado&#8217;, me dec\u00eda Lucrecia, &#8216;mejor no hubieras venido&#8217; y s\u00ed, era verdad. Aguant\u00e9 las horas muertas viendo reportes de los movimientos en la ciudad, mirando el sue\u00f1o tranquilo de la ni\u00f1a e imaginando las manos flacas que llamaban a la puerta de nuestra casa vac\u00eda. Cuando Lucrecia volvi\u00f3 del cine y por fin se acost\u00f3 a dormir, me escabull\u00ed a la capilla buscando consuelo. Alguien cantaba una melod\u00eda triste acerca de los insondables destinos de Dios. La religi\u00f3n siempre me ha parecido un pretexto para sufrir en grupo. Me jur\u00e9 no regresar jam\u00e1s a perder all\u00ed mi tiempo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Desde la ventana del coche, Lucrecia me pregunt\u00f3 otra vez, con desconfianza, si a\u00fan segu\u00edamos con el plan convenido. Luego de la decepci\u00f3n de la pala y de todas las decepciones anteriores, templ\u00e9 la voz para contestarle que s\u00ed. Me dio un beso leve que promet\u00eda mucho m\u00e1s cari\u00f1o en el futuro y me dijo, &#8216;besa tambi\u00e9n la ni\u00f1a&#8217;. Me la pas\u00f3 por la ventanilla. Un pedacito de carne blanca que se daba poco conmigo y que pataleaba en cuanto la tomaba en brazos. Dormida era otra cosa; dormida pod\u00eda imaginar que era completamente m\u00eda y le dec\u00eda: Hijita, por ti nos iremos de aqu\u00ed, buscaremos una ciudad mejor donde el pasado no pueda alcanzarnos, tendr\u00e9 un trabajo diferente, te daremos un hermanito&#8230; Lucrecia se fue sonriendo satisfecha.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El cachorro que hab\u00edamos conseguido, tambi\u00e9n con las justas ese a\u00f1o, las sigui\u00f3 ambas ladrando y saltando un par de cuadras. Despu\u00e9s volvi\u00f3 corriendo hacia m\u00ed, jadeando, con una confianza completamente limpia y bonachona. Le llen\u00e9 el plato de comida en el patio delantero mientras miraba c\u00f3mo los vecinos de en frente tambi\u00e9n emprend\u00edan su huida. Este a\u00f1o la que deb\u00eda aguardar al d\u00eda de muertos era la esposa, a\u00fan bastante joven, porque su hermano menor acababa de fallecer. La salud\u00e9 con la mano fingiendo una cordialidad que no sent\u00eda, ella no supo que contestar y se meti\u00f3 a la casa r\u00e1pidamente. Desde ese instante, en nuestro barrio se extendi\u00f3 un profundo y desolador silencio.  Me sent\u00ed en paz.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cerca de las once de la noche, mientras ve\u00eda noticias sobre los preparativos en toda la ciudad, escuch\u00e9 sonidos raros en el patio delantero y ladridos. Encend\u00ed inmediatamente las luces y los aspersores y tom\u00e9 la pala, lleno de nervios. No pod\u00eda ser posible que se hubiera adelantado la noche de difuntos, pero con eso de los inescrutables designios de Dios, pues qui\u00e9n podr\u00eda saberlo. Encontr\u00e9 a la vecina arrodillada en el suelo, empapada, intentado atrapar a nuestro perro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9 hace? \u2014 Le dije mir\u00e1ndola desconcertado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El agua le humedec\u00eda el pelo, le marcaba los pechos y las caderas. A\u00fan era una mujer agradable de ver. Y en aquella pose\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014El in\u00fatil de mi marido no pudo conseguir este a\u00f1o una mascota y no tengo nada que ofrecer el d\u00eda de muertos. Siempre llega tan r\u00e1pido. Tenemos un conejo, pero los ni\u00f1os no quisieron dejarlo y se lo llevaron.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Pero este es el perro de mi hija!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Por favor, d\u00e9melo, estoy desesperada. Su hija es muy peque\u00f1a, ni siquiera sabe que existe ese perro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y el cachorro daba brincos en su torno mientras ella quer\u00eda apresarlo con los brazos, era un espect\u00e1culo rid\u00edculo. Luego se dio cuenta de que el agua la hac\u00eda lucir desnuda y que yo, ciertamente, lo hab\u00eda notado. Se le ocurri\u00f3 una idea bastante l\u00f3gica.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014H\u00e1game pasar, si usted quiere, pero por favor, deme al perro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo medit\u00e9 un momento sopesando las consecuencias.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Venga\u2014 le dije.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pasamos directamente a la cocina. Ella alab\u00f3 el decorado sobrio de nuestro hogar. Tambi\u00e9n el orden y la limpieza que Lucrecia manten\u00eda en la casa. Agarr\u00e9 de la estanter\u00eda un recipiente de pl\u00e1stico y puse en \u00e9l parte de la comida que hab\u00eda preparado mi esposa. Las v\u00edsceras de cerdo fr\u00edas se pegaban las unas a las otras en una mezcla gelatinosa que ol\u00eda a sangre. Ella arrug\u00f3 su nariz. Dijo que se sent\u00eda incapaz de hacer esto, que le parec\u00eda una pesadilla, lo que uno dice siempre hasta que ya lo est\u00e1 haciendo. Todos hemos enterrado a nuestros muertos, es lo que hacemos desde el principio de la historia, \u2014 le contest\u00e9\u2014 nunca ha sido diferente, lo que pasa es que ahora lo hacemos una vez m\u00e1s todos los a\u00f1os. Me mir\u00f3 sin parecer muy convencida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Puede que no haya quedado suficiente para usted.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Me las ingeniar\u00e9. Ser\u00e1 nuestro secreto, ya sabemos que la comida del d\u00eda de muertos es sagrada, no vamos a decirle a nadie.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Es usted un buen esposo \u2014, me dijo antes de cruzar la calle y dedicarme una mirada un poco m\u00e1s detenida, cargada de sincera simpat\u00eda. Sonre\u00ed. Le iba a comentar bromeando que, si la sorprend\u00eda otra vez acosando al perro, iba a usar la pala con ella. Pero seguro iba a da\u00f1ar el buen clima. Ya ambos ten\u00edamos suficiente con los \u00e1nimos crispados.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Con el tiempo en contra, puse la mesa y saqu\u00e9 de debajo de la cama la vajilla cara que le hab\u00edan regalado a Lucrecia para el matrimonio, la que ten\u00eda ribetes dorados. Despu\u00e9s arrim\u00e9 el sill\u00f3n lo m\u00e1s cerca que pude de la ventana, saqu\u00e9 las fundas de basura de su envoltorio, forr\u00e9 los muebles y esper\u00e9 y esper\u00e9, durmiendo por momentos cortos. Todav\u00eda me quedaban unos pendientes por resolver.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cerca de las dos de la ma\u00f1ana, la emisora local hab\u00eda dejado de transmitir. Abr\u00ed con precauci\u00f3n la puerta y mir\u00e9 unos segundos la calle desierta, iluminada por la mortecina luz de las farolas. Me pareci\u00f3 ver a la distancia un bulto peque\u00f1o que se mov\u00eda con lentitud, tal vez un ni\u00f1o. R\u00e1pidamente, le quit\u00e9 la cadena al perro que se alegr\u00f3 al verme, tan nuevo que ni siquiera ten\u00eda nombre; un cocker spaniel que era la vitalidad en estado puro. Lo alc\u00e9 en el aire mientras su cuerpo, que era todo espasmos, se sacud\u00eda fren\u00e9tico contra mi pecho intentando lamerme la cara. Lo encerr\u00e9 en el dormitorio. No hagas ruido, le dije, pero en cuanto le ech\u00e9 llave a la puerta arranc\u00f3 dando ladridos y los aullidos largos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ni bien pas\u00e9 a la sala se escucharon los primeros toquidos, secos e insistentes, como si los hicieran con un madero peque\u00f1o. Dej\u00e9 que siguieran un rato m\u00e1s para no equivocarme mientras repasaba en mi cabeza el estado de la situaci\u00f3n. Me hab\u00eda olvidado de entibiar la cena, por ejemplo. \u00a1Ay!, Es cierto que yo casi siempre era un desastre encarg\u00e1ndome de la casa. Lucrecia lo habr\u00eda hecho mil veces mejor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Hola mam\u00e1\u2014, le dije de forma autom\u00e1tica en cuanto abr\u00ed la puerta \u2014, se te ve muy bien conservada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y era verdad, ya iba para el tercer a\u00f1o como cad\u00e1ver y todav\u00eda manten\u00eda varias partes en su sitio. Las piezas dentales, por ejemplo, se notaban casi todas en buen estado cuando gru\u00f1\u00eda una sonrisa. El ojo blanquecino que a\u00fan le quedaba, sosten\u00eda la mirada tierna que yo recordaba de la infancia y el ralo pelo enmara\u00f1ado, del que se desprend\u00edan terrones de suciedad, me daba la impresi\u00f3n de que incluso hab\u00eda crecido en comparaci\u00f3n con las visitas anteriores.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Aunque Lucrecia no hab\u00eda querido \u2014luego de la muerte de mam\u00e1, eleg\u00ed para ella la tierra m\u00e1s nutritiva, la que ten\u00eda grandes dosis de arcilla. Fue una pelea dif\u00edcil que termin\u00e9 ganando\u2014, le dije que ella era la \u00fanica pariente que ten\u00eda para que me visitara el d\u00eda de muertos porque pap\u00e1 se hab\u00eda perdido en el mar, y tambi\u00e9n le promet\u00ed que solo la recibir\u00eda hasta el tercer a\u00f1o, que despu\u00e9s de eso la golpear\u00eda con una pala, la dividir\u00eda en trozos, \u2014 total, ya estaba muerta \u2014, y luego enterrar\u00eda su cuerpo en el jard\u00edn. Hab\u00eda sonado sencillo entonces, pero ahora deb\u00eda cumplirlo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La abrac\u00e9 como bienvenida. Su cuerpo peque\u00f1o era como el de un p\u00e1jaro o un reptil, hecho de cart\u00edlago. No deb\u00eda apretar demasiado; sin embargo, la emoci\u00f3n de volver a ver a mam\u00e1 me captur\u00f3\u2026 hasta que escuch\u00e9 el primer crujido. Ella solt\u00f3 una exhalaci\u00f3n gutural para expresar tambi\u00e9n su cari\u00f1o, era el lenguaje ahogado de un cuerpo sin lengua ni pulmones donde yo deb\u00eda completar las palabras. Me cost\u00f3, pero con el tiempo yo hab\u00eda aprendido a entenderla.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Debes de estar cansada y con hambre, el trecho desde el cementerio es largo\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y le suger\u00ed que fu\u00e9semos directamente al comedor. Se escucharon entonces los primeros alaridos. Aunque pareciera mentira, a\u00fan hab\u00eda familias que se quedaban en la ciudad, que abr\u00edan la puerta a los muertos y que se atrev\u00edan a no tener cena para ofrecerles. Tambi\u00e9n hab\u00eda personas a quienes la noche de difuntos sorprend\u00eda en la calle, por lo general extranjeros que no entend\u00edan de qu\u00e9 iba el asunto y, bueno, enloquec\u00edan. Hab\u00eda de todo. Nosotros ya nos cansamos de los cient\u00edficos, los religiosos, los espiritistas, los sat\u00e1nicos y los dem\u00e1s curiosos que se instalaban en el pueblo a hacernos preguntas e investigaciones. La verdad nosotros no sab\u00edamos c\u00f3mo funcionaban las cosas, solamente sab\u00edamos que as\u00ed eran desde que ten\u00edamos memoria.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Amanec\u00eda y anochec\u00eda como siempre ha sido, y nuestros difuntos se levantaban en noche de muertos y nosotros les d\u00e1bamos de cenar. Mi madre nos hizo recibir a mis abuelos y todos nosotros, los siete, permanec\u00edamos tiesos y con los pelos de punta observ\u00e1ndolos masticar lentamente tripas y puz\u00f3n sazonado con especias, mientras mi madre les pon\u00eda un elegante babero bordado para recoger la sanguaza y manejaba una conversaci\u00f3n ligera y animada con los logros del a\u00f1o como si los abuelos oyeran, como si no estuvieran preocupados de otra cosa adem\u00e1s e masticar la carne. Como si pudieran vernos con sus cuencas vac\u00edas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El a\u00f1o en que ya no pudieron levantarse, ella se qued\u00f3 toda la madrugada llorando en la ventana, mirando el camino, viendo pasar anhelantes otros muertitos rengos por si alguno era el suyo. Esa vez s\u00ed que hab\u00eda hecho una gran cena, hab\u00eda matado una cabra joven\u2014 tarea tit\u00e1nica y penosa para todos los que participamos, porque no hab\u00eda como tenerles cari\u00f1o a los animales, los abuelos se los terminaban comiendo, tarde o temprano \u2014. Se la ve\u00eda desesperada, parec\u00eda a punto de querer meter a la casa a cualquiera resucitado, y as\u00ed tampoco, vamos\u2026 En ese entonces yo no entend\u00eda c\u00f3mo ella pod\u00eda amar tanto a ese amasijo descompuesto de pellejos y huesos, que, de haber podido, se hubieran comido a uno de sus hijos; pero era as\u00ed. Iba a verlos al cementerio cada fin de semana.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Justino, abraza a mam\u00e1, prom\u00e9teme que podr\u00e9 venir a visitarte, que no vas a irte de aqu\u00ed como otros se van.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Te lo prometo mam\u00e1 \u2014 y yo me hund\u00edan en la carne blanda entre sus pechos y su est\u00f3mago, apenas rode\u00e1ndola con mis brazos. Enterraba ah\u00ed mis ocho a\u00f1os ignorantes y fr\u00e1giles. \u2014Yo te quiero, mam\u00e1. No voy a irme.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Si algo me ense\u00f1\u00f3 mi madre, fue a no temer a los muertos y lo hizo de la peor manera. Y aqu\u00ed estaba yo cumpliendo mi palabra con una mezcla de repulsi\u00f3n y amor furioso, sirviendo en un plato fino, v\u00edsceras heladas como ella jam\u00e1s lo habr\u00eda hecho y contempl\u00e1ndola ausente para todo menos para la comida, vi\u00e9ndome obligado a llenar el silencio con frases id\u00e9nticas a las que ella dec\u00eda en el pasado: Que la ni\u00f1a iba creciendo, que este hab\u00eda sido un muy buen semestre en el trabajo, que Lucrecia le enviaba saludos, que este a\u00f1o ten\u00edamos cobertura satelital para el d\u00eda de muertos y el estado nos hab\u00eda instalado c\u00e1mara hasta en las narices. Y cuando a ella se le zafaba la mand\u00edbula, o se le sal\u00eda un diente que iba a parar al plato sanguinolento, yo se la acomodaba, o lo recog\u00eda con toda naturalidad y lo colocaba a un sobre una servilleta, como si fuera lo m\u00e1s normal de la tierra.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando fui a dejar el plato en el lavadero escuch\u00e9 un gimoteo aterrado, que en un inicio me pareci\u00f3 que ven\u00eda de otra parte, un grito herido de una bestia que sufr\u00eda. Yo me hab\u00eda acostumbrado a crecer con estas cosas, pero Lucrecia ten\u00eda raz\u00f3n cuando insist\u00eda en que no era el ambiente m\u00e1s adecuado para una ni\u00f1a. Cuando le cont\u00e9 las escenas de mesa de mi infancia me mir\u00f3 desconcertada. &#8216;Qu\u00e9 cruel&#8217;, me dijo, &#8216;tu madre era una b\u00e1rbara&#8217;, pero yo le dec\u00eda que no, que salvo por esos episodios hab\u00eda sido una buena mam\u00e1, pero lo cierto es que nunca se llevaron bien entre las dos. Solo se toleraban. Mi madre hubiera deseado para m\u00ed una mujer con menos personalidad. La ambici\u00f3n de Lucrecia la intimidaba. Yo hab\u00eda sido por a\u00f1os, el terreno de batalla para ambas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando entr\u00e9 corriendo al dormitorio, ya fue tarde. Aunque yo intent\u00e9 separarlos; hab\u00eda empezado a devorar al perro de mi hija por la barriga, as\u00ed que ya no hab\u00eda nada que hacer. Mi madre me gru\u00f1\u00f3 sumergida en un frenes\u00ed feroz y lanz\u00f3 un par de dentelladas al aire, sin reconocerme, y el perro tambi\u00e9n me mordi\u00f3 a m\u00ed, en su desesperaci\u00f3n. As\u00ed que aterrado, di un paso atr\u00e1s sin encontrar ninguna soluci\u00f3n. La vi comer con una voracidad inaudita, como en el pasado lo hab\u00eda visto hacer a mis abuelos con los conejos, cerdos, p\u00e1jaros, gatos y cuantos animales hab\u00edamos tenido en la infancia. Yo me hab\u00eda prometido ser diferente, entonces, me promet\u00ed que mi hija enterrar\u00eda una mascota solo cuando esta hubiera muerto de vieja, pero la determinaci\u00f3n no me hab\u00eda durado ni una semana.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando le arranc\u00f3 el coraz\u00f3n con los dientes, el animal dej\u00f3 de aullar y de moverse, por lo que su tarea ya fue mucho m\u00e1s f\u00e1cil. No hab\u00edan quedado del cachorro m\u00e1s que patas, una cabeza desgonzada con la p\u00e1lida lengua guindando, el pelo dorado, manchado de sangre jugosa. Un amasijo de carne jironada, en resumidas cuentas. Y mi madre masticaba y masticaba con insistencia, con sus escasos dientes y sus enc\u00edas romas, mientras cantaba el canto gutural de los muertos saciados, en un \u00e9xtasis m\u00edstico, sublime y escalofriante.<br \/>\n &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yo la contemplaba espeluznado, pensando c\u00f3mo iba a hacer para arreglar el estropicio de la alfombra, y sacar las manchas vivas de las s\u00e1banas, el olor salvaje y ferroso del cuerpo reci\u00e9n muerto y el otro aroma m\u00e1s potente, la putridez del cad\u00e1ver que empezaba a sentirse con intensidad en el dormitorio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Justo cuando se hab\u00eda cansado de roer el esqueleto del cachorro y se aplicaba en el reguero de \u00f3rganos que hab\u00edan quedaba en el piso, fue cuando me acord\u00e9 de mi promesa de ese a\u00f1o. Fui por la pala que esperaba tras la puerta de entrada y la empu\u00f1\u00e9 como una espada, conteniendo la respiraci\u00f3n. Ella, desentendida me ofrec\u00eda sin saberlo su cabeza para que el diera un buen golpe, as\u00ed que junt\u00e9 ambos brazos por encima de mi coronilla y alc\u00e9 el instrumento apretando las mand\u00edbulas calculando el estropicio que har\u00eda en ella un palazo dado con fuerza. Lo pens\u00e9 demasiado, creo, me detuve a contemplarla encogida y min\u00fascula como la artritis la hab\u00eda dejado, pens\u00e9 en las noches acompa\u00f1\u00e1ndola, durmiendo en la emergencia del hospital, junto a otros cuerpos extra\u00f1os, apretujados como ganado; en los dolores que hab\u00eda tenido que soportar antes de morir, en que se hab\u00eda ido feliz porque se sosten\u00eda en la promesa de que sab\u00eda que regresar\u00eda para la noche de difuntos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando su embeleso hubo terminado, mi madre satisfecha, finalmente, se irgui\u00f3 y se fue lentamente para la sala, dejando un camino l\u00edquido rojizo, mientras arrastraba sus plantas desnudas. Yo a penas si tuve tiempo de esconder la pala tras la espalda. Se dej\u00f3 caer en el sill\u00f3n que previamente hab\u00eda forrado de pl\u00e1stico y luego me llam\u00f3 con su mano descarnada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ven con mam\u00e1, hijito \u2014me pareci\u00f3 que dec\u00eda\u2014. Abr\u00e1zala.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y yo fui, caminando lento, como un futuro muerto, con los ojos llenos de l\u00e1grimas y de fatiga. Me sent\u00e9 a su lado y me dej\u00e9 caer en su regazo ensangrentado, aferr\u00e1ndome a sus f\u00e9mures, alguna vez tan queridos, mientras ella me pasaba las yemas sucias por el pelo, y lo peinaba en un arrullo delicado. Y yo la volv\u00eda a sentir tibia como cuando era ni\u00f1o y ol\u00eda a comida reci\u00e9n preparada. As\u00ed estuvimos hasta el amanecer y hasta los gritos lejanos de los devorados se volvieron cada vez m\u00e1s espor\u00e1dicos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Con la primera luz de la ma\u00f1ana empec\u00e9 a hacer agujeros en el patio para enterrar los restos del perro, la ropa de cama y cuanta cosa m\u00e1s estaba ya arruinada para siempre. La vecina joven, visiblemente perturbada por el estrago que el d\u00eda de muertos hace en el esp\u00edritu de cualquiera, cruz\u00f3 desde la acera del frente para ayudarme a cargar las bolsas, solidariamente y en silencio. Ese era su agradecimiento por mi convite. Cuando terminamos, me sugiri\u00f3 ir a ver a otro perro en la tienda de adopciones.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Estoy segura que no es el primero ni el \u00faltimo al que le pasa una desgracia as\u00ed en esta \u00e9poca. Apuesto que encuentra otro exactamente igual y va a ver c\u00f3mo nadie se da cuenta, ni tiene que dar explicaciones.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le dije que ya no importaba, que esa no era la \u00fanica explicaci\u00f3n que iba a tener que dar. Le pregunt\u00e9 tambi\u00e9n si le parec\u00eda una buena idea la desaparici\u00f3n del perro, como inicio de una conversaci\u00f3n, para pedirle a mi hija que no se mude y me deje visitar su casa en la noche de difuntos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento in\u00e9dito de la narradora ecuatoriana Solange Rodr\u00edguez Pappe (1976).<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":14312,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[22,2343,185,3224,2855,1026,2291,360,3225,3226,2943],"class_list":["post-14310","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritoras","tag-escritores-ecuatorianos","tag-literatura","tag-literatura-de-horror","tag-literatura-de-imaginacion","tag-literatura-fantastica","tag-noche-de-difuntos","tag-primicias","tag-solange-rodriguez-pappe"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/Solange.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-3IO","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14310","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=14310"}],"version-history":[{"count":6,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14310\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":14317,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14310\/revisions\/14317"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/14312"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=14310"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=14310"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=14310"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}