{"id":14294,"date":"2017-12-19T14:36:53","date_gmt":"2017-12-19T20:36:53","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=14294"},"modified":"2017-12-19T14:36:53","modified_gmt":"2017-12-19T20:36:53","slug":"a-la-sombra-del-sabino","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/a-la-sombra-del-sabino\/","title":{"rendered":"A la sombra del sabino"},"content":{"rendered":"<p>Este mes aparecer\u00e1n tres cuentos. El primero es de <a href=\"https:\/\/descargacultura.unam.mx\/app1?sharedItem=27810\">Josefina Estrada<\/a> (M\u00e9xico, 1957). Periodista, profesora, editora y narradora mexicana, en la \u00faltima especialidad es <a href=\"http:\/\/www.sinembargo.mx\/26-09-2014\/1126789\">autora<\/a> de los libros de cuentos <em>Malagato<\/em> y <em>Piel bandida<\/em>, as\u00ed como de las novelas <em>Desde que Dios amanece<\/em> y <em>Te seguir\u00e9 buscando<\/em>. Ha publicado adem\u00e1s libros de cr\u00f3nica, reportaje y otros g\u00e9neros. \u00abA la sombra del sabino\u00bb, cuento sutil y violento a la vez, apareci\u00f3 en el n\u00famero de diciembre de 1990 de la <em>Revista de la Universidad<\/em> y de all\u00ed lo he tomado.<\/p>\n<figure id=\"attachment_14296\" aria-describedby=\"caption-attachment-14296\" style=\"width: 570px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/josefinaestrada-4.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"14296\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/a-la-sombra-del-sabino\/josefinaestrada-4\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/josefinaestrada-4.jpg\" data-orig-size=\"570,380\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Josefina Estrada\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"&lt;p&gt;Josefina Estrada (fuente)&lt;\/p&gt;\n\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/josefinaestrada-4.jpg\" class=\"size-full wp-image-14296\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/josefinaestrada-4.jpg\" alt=\"\" width=\"570\" height=\"380\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/josefinaestrada-4.jpg 570w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/josefinaestrada-4-300x200.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 570px) 100vw, 570px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-14296\" class=\"wp-caption-text\">Josefina Estrada (<a href=\"http:\/\/www.sinembargo.mx\/26-09-2014\/1126789\">fuente<\/a>)<\/figcaption><\/figure>\n<p><strong>A LA SOMBRA DEL SABINO<\/strong><\/p>\n<p><strong>Josefina Estrada<\/strong><\/p>\n<p>Ahora que est\u00e1s muerto, puedo decir tranquilamente que te odio. Esta noche, la \u00faltima, te dir\u00e9 lo que nunca te import\u00f3 escuchar, y recordar\u00e1s lo que alcanc\u00e9 a decirte a lo largo de ocho a\u00f1os. Sab\u00edas, por ejemplo, de los horrores que me invad\u00edan cada vez que el sue\u00f1o me devolv\u00eda a mi madre muerta. La misma que cada noche ven\u00eda a darme un beso. Si tan s\u00f3lo sus labios hubieran tenido la frialdad del silencio. Eran templados, como los tuyos, pero los de ella ten\u00edan la calidad del perd\u00f3n. Ahora lo s\u00e9. Ella vino la misma noche de su muerte. Aun no sab\u00edas de su ausencia, y ella ya estaba conmigo. Y fueron tantas las veces que le ped\u00ed respuestas, pero nunca habl\u00f3. S\u00f3lo me acompa\u00f1aba su silencio y su sonrisa triste, la misma que ten\u00eda cuando me contemplaba mientras me ense\u00f1aba a leer y hac\u00eda a un lado el pelo. Pero nunca sonri\u00f3 tan desolada como esa ma\u00f1ana cuando pidi\u00f3 verme, cuando me despert\u00f3 la sirvienta para llevarme a su cama. Y otra vez nadie me dijo nada. Nadie me confi\u00f3 que mam\u00e1 estaba muri\u00e9ndose y era la \u00faltima ocasi\u00f3n que me abrazar\u00eda. Y volv\u00ed a quedarme dormida, creyendo que era una de esas ma\u00f1anas en que me met\u00eda en su cama y ella se dejaba acariciar. Cuando muri\u00f3, ten\u00eda treinta a\u00f1os; yo, doce.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las sirvientas bajaron al d\u00eda siguiente al pueblo para pedirte que asistieras al sepelio. Les dijiste que no buscaran hombres, que t\u00fa solo la sepultar\u00edas al pie del sabino. Te recuerdo llegando con el cura, quien ya ven\u00eda rezando por el descanso de mi madre. Y sigui\u00f3 murmurando plegaria durante horas, hasta que colocaste la cruz sobre la tierra. Desde la buhardilla, los miraba. Me pediste que me fuera a dormir, pero te desobedec\u00ed: desde esa noche, se inici\u00f3 la fascinaci\u00f3n de mirarte en la oscuridad. El cura se march\u00f3 cerca de la medianoche. A\u00fan conservo su imagen, bajando la loma, levant\u00e1ndose el fald\u00f3n de la sotana negra, revuelta por el viento; iba encorvado, iluminado por la luna. Y lo recuerdo porque fue la \u00faltima persona que vi. Con tu llegada se fue la servidumbre. Cada domingo, el d\u00eda que bajabas al pueblo por v\u00edveres, te ped\u00eda que regresaras con cualquiera de las mujeres que ayudaban a mi madre, a sabiendas que volver\u00edas a regresar solo &#8230; \u00bfEst\u00e1s escuchando? S\u00e9 que est\u00e1s oyendo, tienes que o\u00edrme. Mam\u00e1 me o\u00eda. Los dos me est\u00e1n escuchando. Esta tarde, cuando fui a buscan al sabino, a pesar de que tu gesto indicaba lo contrario, albergu\u00e9 la esperanza de que en cuanto cerrara la noche, subir\u00edas la escalera y te detendr\u00edas en el rellano. En cada uno de los doce escalones crujientes que faltaban por subir, ir\u00eda sintiendo tu cercan\u00eda. Mi piel era como la tierra cuando empieza cubrirse de lluvia: poco a poco humedeci\u00e9ndose, abri\u00e9ndose morosamente. Despu\u00e9s, la perilla giraba suave, como si temieses que alg\u00fan d\u00eda cumpliera mi amenaza de asegurar por dentro la puerta. Nunca entend\u00ed tu costumbre de abrir y quedarte de pie en el umbral: permitiendo que tu silueta me cubriera. Tu oscuridad me inundaba y me remit\u00eda al principio de los tiempos. Pausado, ibas acerc\u00e1ndote para separar la luz de las tinieblas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;As\u00ed lo recuerdo, as\u00ed me lo hiciste creer en los primeros d\u00edas, aqu\u00e9llos en que me le\u00edas la Biblia. Entre sue\u00f1os te escuchaba, y sonre\u00eda porque sab\u00eda que en ese momento mi madre estar\u00eda mir\u00e1ndonos con su sonrisa afligida mientras hablabas de la miel y Jos frutos, de las mujeres y los varones hermosos. U na de esas noches tomaste mis pechos; tan parecidos, dec\u00edas, a los frutos del huerto del Ed\u00e9n. Mis senos ir\u00edan amold\u00e1ndose al hueco de tus manos, madurando y engrandeciendo su aureola a trav\u00e9s de tus caricias. Recuerdo que no quer\u00eda que me dejaras sola, te suplicaba que te tendieras junto a m\u00ed. Intu\u00eda que a tu lado se ir\u00edan los dolores que me mord\u00edan las entra\u00f1as. \u00c9sos que tambi\u00e9n me acosaban durante el d\u00eda y que eran mayores si deten\u00edas tu mirada sobre mi cuerpo, porque era como imaginar, de un golpe, tu lengua en mis o\u00eddos y en mis ojos y en mi propia lengua. Pero no hac\u00edas m\u00e1s. Lleg\u00f3 el momento en que te supliqu\u00e9 que ya no te detuvieras, que terminaras. Es cierto, yo lo ped\u00ed. A los trece a\u00f1os fui tu mujer. Para entonces, mi pensamiento s\u00f3lo giraba en torno a nuestros cuerpos; todos los objetos de la casa y la realizaci\u00f3n de cualquier labor o descanso eran motivo de mi exaltaci\u00f3n. Pero s\u00f3lo acced\u00edas a mis exigencias en las sombras. Y no todas las noches. Eso jam\u00e1s acab\u00e9 por entenderlo. S\u00f3lo entrabas si t\u00fa lo quer\u00edas. Sub\u00eda a la rec\u00e1mara y, desde el lecho, ten\u00eda que esperar a que terminaras de cenar, de leer; escuchaba todos tus movimientos. \u00bfCu\u00e1ntas veces toqu\u00e9 a tu puerta, si no te deten\u00edas en la m\u00eda? Pero nunca abriste. T\u00fa pod\u00edas pedirme,<br \/>\nyo ten\u00eda que esperar. Ocho a\u00f1os aguardando tu mirada, tu voz. Si tan s\u00f3lo hubiese hablado a cualquier hora, durante el d\u00eda. No me bastaba con que me permitieras hacerlo mientras com\u00edas. Tu silencio me call\u00f3 para siempre, hasta esta noche. Las lecturas y los libros de mi madre me salvaron de la locura. Los libros me empezaron a dar respuestas cuando ya hab\u00eda dejado de preguntar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Todav\u00eda no s\u00e9 de d\u00f3nde me nace tanta rabia s\u00fabita; ignoro en d\u00f3nde aprend\u00ed el reclamo y la exigencia. Mi madre, lo veo, tambi\u00e9n me hered\u00f3 su silencio y los sonidos de esta casona. Los ruidos que ahora me acompa\u00f1an, los mismos que con tu sola presencia lograbas enmudecer cuando mis o\u00eddos se aprestaban para escuchar tu respiraci\u00f3n, esa que por la voluntad de mi deseo perd\u00eda el control y el ritmo. Pero ya no. Est\u00e1s muerto. Te moriste viendo la puesta del sol. Tus manos est\u00e1n m\u00e1s fr\u00edas que todo lo fr\u00edo que jam\u00e1s hayas tocado. Pero, \u00bfqu\u00e9 les hice a mi madre y a ti para que se hayan ido sin despedirse? \u00bfTe interesa saber cu\u00e1ndo naci\u00f3 mi odio? \u00bfQuieres saberlo? No quieres, nunca querr\u00e1s o\u00edr nada de la Elisa, de la ni\u00f1a que se hizo mujer a tu lado, que fue tu mujer. No, nunca podr\u00e1s hablar conmigo. Porque si lo hubi\u00e9ramos hecho, un d\u00eda tendr\u00edamos que haber mencionado lo que tuviste mucho cuidado en callar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Era mejor el silencio absoluto, como el que imper\u00f3 en esta casa, desde que la soledad posey\u00f3 a mi madre abandonada. De lo que s\u00ed me hablaste fue del amor, pero despu\u00e9s entend\u00ed que eran palabras robadas; pertenec\u00edan al libro. Quisiera, en pago, marcharme y dejarte con los ojos abiertos. No s\u00f3lo eso, tambi\u00e9n quisiera irme y abandonarte all\u00e1 afuera, desde donde ahora est\u00e1s, anublado y sereno. Otra noche con un cad\u00e1ver, y yo desde la ventana de la buhardilla contemplando el sabino. Pens\u00e9 que ser\u00eda admirable dejarte con los ojos abiertos por el resto de la eternidad. Pero sentir\u00eda tu mirada cenicienta, cubierta de hormigas, como si fuera una marca en mi frente. No voy a hacerlo, pero lo pens\u00e9, porque as\u00ed te obligar\u00eda a mirar mi figura alej\u00e1ndose y constatar\u00edas que ahora s\u00ed tengo la fuerza para alejarme, que no estoy amenazando en balde. Pero dejarte insepulto, lo s\u00e9, significar\u00eda seguir viviendo entre las paredes de esta antigua casa, en donde alguna vez, apenas hace diez a\u00f1os viv\u00eda la familia Guadarrama. Tengo que irme lejos; deseo enterrarte. Ma\u00f1ana ir\u00e9 al pueblo, todos sabr\u00e1n que la se\u00f1orita Elisa Guadarrama anda buscando sepultureros. Pagar\u00e9 para que caven tu fosa debajo del sabino, junto a tu esposa, la \u00fanica y verdadera. No traer\u00e9 al cura. Yo rezar\u00e9 sola. Ahora mismo, y por lo que resta de mis d\u00edas. Elisa, su hija, rezar\u00e1 por el descanso eterno de sus almas. Madre, padre, \u00bfpor qu\u00e9 nunca me hablaron del pecado?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento sutil, violento, de la escritora mexicana Josefina Estrada (1957).<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":14296,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"A la sombra del sabino","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[4],"tags":[3221,22,2343,185,198,3220,2855,467],"class_list":["post-14294","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-a-la-sombra-del-sabino","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritoras","tag-escritores-mexicanos","tag-josefina-estrada","tag-literatura","tag-realismo"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/12\/josefinaestrada-4.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-3Iy","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14294","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=14294"}],"version-history":[{"count":6,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14294\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":14301,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14294\/revisions\/14301"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/14296"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=14294"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=14294"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=14294"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}