{"id":14075,"date":"2017-09-23T17:55:23","date_gmt":"2017-09-23T22:55:23","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=14075"},"modified":"2019-08-07T16:57:35","modified_gmt":"2019-08-07T21:57:35","slug":"el-desentierro-de-la-angelita","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/el-desentierro-de-la-angelita\/","title":{"rendered":"El desentierro de la angelita"},"content":{"rendered":"<p>Este mes, un cuento de horror sobrenatural de <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Mariana_Enr%C3%ADquez\">Mariana Enr\u00edquez<\/a> (1973), escritora argentina muy elogiada como una de las <a href=\"http:\/\/almagrorevista.com.ar\/los-peores-momentos-la-vida-sigue-siendo-torpe-ridicula\/\">m\u00e1s interesantes<\/a> entre quienes cultivan la narrativa de imaginaci\u00f3n fant\u00e1stica en la actualidad (como se evidencia en <em>Las cosas que perdimos en el fuego<\/em>, uno de sus libros m\u00e1s conocidos). El texto, que apareci\u00f3 en el libro <em>Los peligros de fumar en la cama<\/em>, fue tomado de <a href=\"https:\/\/www.pagina12.com.ar\/diario\/verano12\/23-186790-2012-02-03.html\">esta p\u00e1gina<\/a>, donde la propia Enr\u00edquez escribe de su cuento:<\/p>\n<blockquote><p>No me gusta leer prosa en voz alta \u2013ni escuchar leer, para el caso\u2013, pero cuando alguien me pide que lo haga y yo accedo por buena educaci\u00f3n, suelo elegir este cuento, porque hace re\u00edr a la gente. Me dicen que tiene humor negro, pero yo creo que se r\u00eden de nerviosos. Tambi\u00e9n es el favorito de los adolescentes, por eso conf\u00edo en \u00e9l. Cuando lo escrib\u00ed no me sent\u00ed ensa\u00f1ada, pero ahora me doy cuenta de que el relato guarda una sonrisa cruel. Es uno de los pocos cuentos de fantasmas que haya escrito (&#8230;)<\/p><\/blockquote>\n<figure id=\"attachment_14076\" aria-describedby=\"caption-attachment-14076\" style=\"width: 1024px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/Enriquez.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"14076\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/el-desentierro-de-la-angelita\/enriquez\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/Enriquez.jpg\" data-orig-size=\"2000,1335\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;2.8&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;Guillermo Llamos&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;NIKON D750&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1484305914&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;29&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;1600&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0.0125&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}\" data-image-title=\"Mariana Enriquez\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"&lt;p&gt;Mariana Enr\u00edquez (fuente)&lt;\/p&gt;\n\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/Enriquez-1024x684.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/Enriquez-1024x684.jpg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"684\" class=\"size-large wp-image-14076\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/Enriquez-1024x684.jpg 1024w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/Enriquez-300x200.jpg 300w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/Enriquez.jpg 2000w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-14076\" class=\"wp-caption-text\">Mariana Enr\u00edquez (<a href=\"http:\/\/almagrorevista.com.ar\/los-peores-momentos-la-vida-sigue-siendo-torpe-ridicula\/\">fuente<\/a>)<\/figcaption><\/figure>\n<p><strong>EL DESENTIERRO DE LA ANGELITA<br \/>\nMariana Enr\u00edquez<\/strong><\/p>\n<p>A mi abuela no le gustaba la lluvia y antes de que cayeran las primeras gotas, cuando el cielo se oscurec\u00eda, sal\u00eda al patio del fondo con botellas y las enterraba hasta la mitad, todo el pico bajo tierra. Yo la segu\u00eda y le preguntaba abuela por qu\u00e9 no te gusta la lluvia por qu\u00e9 no te gusta. Pero ella, nada, evasiva, con la palita en la mano, frunciendo la nariz para oler la humedad en el aire. Si finalmente llov\u00eda, fuera gar\u00faa o tormenta, cerraba puertas y ventanas y sub\u00eda el volumen del televisor hasta tapar el ruido de las gotas y el viento \u2013el techo de su casa era de chapa\u2013, y si el aguacero coincid\u00eda con su serie favorita, <em>Combate<\/em>, no hab\u00eda quien pudiera sacarle una palabra porque estaba perdidamente enamorada de Vic Morrow.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yo adoraba la lluvia porque ablandaba la tierra seca y permit\u00eda que se desatara mi man\u00eda excavatoria. \u00a1Qu\u00e9 de pozos! Usaba la misma pala que la abuela, una muy chica, del tama\u00f1o que usar\u00eda un ni\u00f1o para jugar en la playa, pero de metal y madera, no de pl\u00e1stico. La tierra del fondo albergaba pedacitos de botellas de vidrio color verde, con los bordes tan lisos que ya no cortaban; piedras suaves que parec\u00edan cantos rodados o peque\u00f1as rocas de playa, \u00bfpor qu\u00e9 estar\u00edan en el fondo de mi casa? Alguien deb\u00eda haberlas sepultado. Una vez encontr\u00e9 una piedra ovalada, del tama\u00f1o y color de una cucaracha pero sin patas ni antenas. De un lado era lisa, del otro unas muescas formaban los claros rasgos de una cara sonriente. Se la mostr\u00e9 a mi pap\u00e1, enloquecida porque cre\u00eda encontrarme ante una reliquia, y me dijo que las marcas formaban un rostro de casualidad. Mi pap\u00e1 nunca se entusiasmaba. Tambi\u00e9n encontr\u00e9 dados negros, con los puntos blancos ya casi invisibles. Encontr\u00e9 restos de vidrios esmerilados verde manzana y turquesa. Mi abuela se acord\u00f3 de que hab\u00edan sido parte de una puerta vieja. Tambi\u00e9n jugaba con lombrices y las cortaba en pedacitos bien chiquitos. No me divert\u00eda ver el cuerpo dividido retorci\u00e9ndose un poco para al final seguir adelante. Me parec\u00eda que si picaba bien a la lombriz, como a una cebolla, sin dejar contacto alguno entre los anillos, no iba a poder reconstruirse. Nunca me gustaron los bichos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Encontr\u00e9 los huesos despu\u00e9s de una tormenta que convirti\u00f3 al cuadrado de tierra del fondo en una piscina de barro. Los guard\u00e9 en el balde que usaba para llevar los tesoros hasta la pileta del patio, donde los lavaba. Se los mostr\u00e9 a pap\u00e1. Dijo que eran huesos de pollo, o a lo mejor de bifes de lomo, o de alguna mascota muerta que deb\u00edan haber enterrado hac\u00eda mucho. Perros o gatos. Insist\u00eda con lo de los pollos porque antes, en el fondo, cuando \u00e9l era chico, mi abuela ten\u00eda un gallinero.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Parec\u00eda una explicaci\u00f3n posible hasta que mi abuela se enter\u00f3 de los huesitos y empez\u00f3 a arrancarse los pelos y a gritar; la angelita la angelita. Pero el esc\u00e1ndalo no dur\u00f3 mucho bajo la mirada de pap\u00e1: \u00e9l admit\u00eda las \u201csupersticiones\u201d (as\u00ed las llamaba) de la abuela siempre y cuando no se desbordara. Ella le conoc\u00eda el gesto de desaprobaci\u00f3n y se tranquiliz\u00f3 a la fuerza. Me pidi\u00f3 los huesitos y se los di. Despu\u00e9s me pidi\u00f3 que me fuera a la habitaci\u00f3n a dormir. Yo me enoj\u00e9 un poco porque no entend\u00eda la causa de la penitencia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero m\u00e1s tarde, esa misma noche, me llam\u00f3 y me cont\u00f3 todo. Era la hermana n\u00famero diez u once, mi abuela no estaba demasiado segura, en aquel entonces no se les prestaba tanta atenci\u00f3n a los chicos. Se hab\u00eda muerto a los pocos meses de nacida, entre fiebres y diarrea. Como era angelita, la sentaron sobre una mesa adornada con flores, envuelta en un trapo rosa, apoyada en un almohad\u00f3n. Le hicieron alitas de cart\u00f3n para que subiera al cielo m\u00e1s r\u00e1pido, y no le llenaron la boca de p\u00e9talos de flores rojas porque a la mam\u00e1, mi bisabuela, le impresionaba, le parec\u00eda sangre. Hubo baile y canto toda la noche, y hasta hubo que echar a un t\u00edo borracho y reanimar a mi bisabuela, que se desmay\u00f3 por el llanto y el calor. Una rezadora india cant\u00f3 trisagios, y lo \u00fanico que les cobr\u00f3 fue unas empanadas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfEso fue ac\u00e1, abuela?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No, en Salavina, en Santiago. \u00a1Hac\u00eda un calor!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Entonces no son los huesos de la nena, si se muri\u00f3 all\u00e1.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed que son. Yo me los traje cuando vinimos para ac\u00e1. No la quise dejar porque lloraba todas las noches, pobrecita. Si lloraba con nosotros cerquita, en la casa, \u00a1lo que iba a llorar sola, abandonada! As\u00ed que me la traje. Ya era huesitos nom\u00e1s, la puse en una bolsa y la enterr\u00e9 ac\u00e1 en los fondos. Ni tu abuelo sab\u00eda. Ni tu bisabuela, nadie. Es que nom\u00e1s yo la escuchaba llorar. Tu bisabuelo tambi\u00e9n, pero se hac\u00eda el tonto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfY ac\u00e1 llora la nena?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Cuando llueve, nom\u00e1s.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Despu\u00e9s le pregunt\u00e9 a mi pap\u00e1 si la historia de la nena angelita era cierta, y \u00e9l dijo que la abuela ya estaba muy grande y desvariaba. Muy convencido no parec\u00eda, o a lo mejor le resultaba inc\u00f3moda la conversaci\u00f3n. Despu\u00e9s la abuela se muri\u00f3, la casa se vendi\u00f3, yo me fui a vivir sola sin marido ni hijos; mi pap\u00e1 se qued\u00f3 con un departamento de Balvanera, y me olvid\u00e9 de la angelita.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hasta que apareci\u00f3 al lado de la cama, en mi departamento, diez a\u00f1os despu\u00e9s, llorando, una noche de torm.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La angelita no parece un fantasma. Ni flota ni est\u00e1 p\u00e1lida ni lleva vestido blanco. Est\u00e1 a medio pudrir y no habla. La primera vez que apareci\u00f3 cre\u00ed que so\u00f1aba y trat\u00e9 de despertarme de la pesadilla; cuando no pude y empec\u00e9 a entender que era real grit\u00e9 y llor\u00e9 y me tap\u00e9 con las s\u00e1banas, los ojos cerrados fuerte y las manos tapando los o\u00eddos para no escucharla \u2013porque en ese momento no sab\u00eda que era muda\u2013. Pero cuando sal\u00ed de ah\u00ed abajo, unas cuantas horas despu\u00e9s, la angelita segu\u00eda ah\u00ed con los restos de una manta vieja puesta sobre los hombros como un poncho. Se\u00f1alaba con el dedo hacia afuera, hacia la ventana y la calle, y as\u00ed me di cuenta de que era de d\u00eda. Es raro ver un muerto de d\u00eda. Le pregunt\u00e9 qu\u00e9 quer\u00eda, pero como respuesta sigui\u00f3 se\u00f1alando como en una pel\u00edcula de terror.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Me levant\u00e9 y sal\u00ed corriendo hacia la cocina, a buscar los guantes que usaba para lavar los platos. La angelita me sigui\u00f3. Apenas una primera muestra de su personalidad demandante. No me amedrent\u00f3. Con los guantes puestos la agarr\u00e9 del cogotito y apret\u00e9. No es muy coherente intentar ahorcar a un muerto, pero no se puede estar desesperado y ser razonable al mismo tiempo. No le provoqu\u00e9 ni una tos, nada m\u00e1s yo qued\u00e9 con restos de carne en descomposici\u00f3n entre los dedos enguantados y a ella le qued\u00f3 la tr\u00e1quea a la vista.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hasta ese momento no sab\u00eda que se trataba de Angelita, la hermana de mi abuela. Segu\u00eda cerrando los ojos bien fuerte a ver si ella desaparec\u00eda o yo me despertaba. Como no funcionaba le camin\u00e9 alrededor y vi, en la espalda, colgando de los restos amarillentos de lo que ahora s\u00e9 era la mortaja rosa, dos rudimentarias alitas de cart\u00f3n con plumas de gallina pegoteadas. En tantos a\u00f1os tendr\u00edan que haber desaparecido, pens\u00e9 y despu\u00e9s me re\u00ed un poco hist\u00e9rica y me dije que ten\u00eda un beb\u00e9 muerto en la cocina, que era mi t\u00eda abuela y que caminaba, aunque por el tama\u00f1o deb\u00eda haber vivido apenas unos tres meses. Ten\u00eda que dejar definitivamente de pensar en t\u00e9rminos de qu\u00e9 era posible y qu\u00e9 no.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le pregunt\u00e9 si era mi t\u00eda abuela Angelita \u2013como no hab\u00edan hecho tiempo de anotarla con un nombre legal, eran otros tiempos, la llamaron siempre por ese nombre gen\u00e9rico\u2013; as\u00ed descubr\u00ed que no hablaba pero contestaba moviendo la cabeza. Entonces mi abuela dec\u00eda la verdad, pens\u00e9, no eran del gallinero, eran los huesitos de su hermana los que desenterr\u00e9 cuando era chica.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo que quer\u00eda Angelita era un misterio, porque m\u00e1s que mover la cabeza afirmativa o negativamente no hac\u00eda. Pero algo quer\u00eda con suma urgencia, porque no s\u00f3lo segu\u00eda se\u00f1alando, sino que no me dejaba en paz. Me segu\u00eda por toda la casa. Me esperaba atr\u00e1s de la cortina del ba\u00f1o cuando tomaba una ducha; se sentaba en el bidet cuando yo hac\u00eda pis o caca; se paraba al lado de la heladera cuando lavaba los platos y se sentaba al lado de la silla cuando yo trabajaba con la computadora.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Segu\u00ed haciendo mi vida normal durante la primera semana. Cre\u00eda que a lo mejor se trataba de un pico de estr\u00e9s con alucinaci\u00f3n, y que se ir\u00eda. Me ped\u00ed unos d\u00edas en el trabajo, tom\u00e9 pastillas para dormir. La angelita segu\u00eda ah\u00ed, esperando al lado de la cama a que me despertara. Algunos amigos me visitaron. Al principio no quise atender los mensajes ni abrirles la puerta pero, para no preocuparlos m\u00e1s, acced\u00ed a verlos aduciendo agotamiento mental. Ellos comprendieron, estuviste trabajando como una negra, me dec\u00edan. Ninguno vio a la angelita. La primera vez que me visit\u00f3 mi amiga Marina met\u00ed a la angelita en el placard, pero para mi terror y disgusto, se escap\u00f3 y se sent\u00f3 en el brazo del sill\u00f3n, con esa fea cara podrida verdegr\u00eds. Marina ni se dio cuenta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Poco despu\u00e9s saqu\u00e9 a la angelita a la calle. Nada. Salvo ese se\u00f1or que la mir\u00f3 de pasada y despu\u00e9s se dio vuelta y la volvi\u00f3 a mirar y se le descompuso la cara, le debe haber bajado la presi\u00f3n; o la se\u00f1ora que directamente sali\u00f3 corriendo y casi la atropella el 45 en la calle Chacabuco. Alguna gente ten\u00eda que verla, eso me lo imaginaba, seguramente no mucha. Para evitarles el mal momento, cuando sal\u00edamos juntas \u2013mejor dicho, cuando ella me segu\u00eda y a m\u00ed no me quedaba otra que dejarme acompa\u00f1ar\u2013 lo hac\u00eda con una especie de mochila para cargarla (es feo verla caminar, es tan chiquita, es antinatural). Tambi\u00e9n le compr\u00e9 una venda tipo m\u00e1scara para la cara, de las que se usan para tapar cicatrices de quemaduras. La gente ahora cuando la ve siente asco, pero tambi\u00e9n conmoci\u00f3n y pena. Ven a un beb\u00e9 muy enfermo o muy lastimado, ya no a un beb\u00e9 muerto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Si me viera mi pap\u00e1, pensaba, \u00e9l que siempre se quej\u00f3 de que iba a morirse sin nietos (y se muri\u00f3 sin nietos, yo lo decepcion\u00e9 en esa y muchas otras cosas). Le compr\u00e9 juguetes para que se entretuviera, mu\u00f1ecas y dados de pl\u00e1stico y chupetes para que mordiera, pero nada parec\u00eda gustarle demasiado, y segu\u00eda con el dichoso dedo apuntando para el Sur \u2013de eso me di cuenta, era siempre para el Sur\u2013 ma\u00f1ana, tarde y noche. Yo le hablaba y le preguntaba, pero ella no se pod\u00eda comunicar bien.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hasta que una ma\u00f1ana se apareci\u00f3 con una foto de mi casa de la infancia, la casa donde yo hab\u00eda encontrado sus huesitos en el patio del fondo. La sac\u00f3 de la caja donde guardo las fotograf\u00edas: un asco, dej\u00f3 todas las otras manchadas de su piel podrida que se desprend\u00eda, h\u00famedas y pringosas. Ahora se\u00f1alaba la casa con el dedo, bien insistente. Quer\u00e9s ir ah\u00ed, le pregunt\u00e9, y me dijo que s\u00ed. Le expliqu\u00e9 que la casa ya no era nuestra, que la hab\u00edamos vendido, y me dijo que s\u00ed otra vez.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La cargu\u00e9 en la mochila con su m\u00e1scara puesta y nos tomamos el 15 hasta Avellaneda. Ella no mira por la ventana en los viajes, tampoco mira a la gente ni se entretiene con nada, le da a lo exterior la misma importancia que a los juguetes. La llev\u00e9 sentada a upa para que estuviera c\u00f3moda, aunque no s\u00e9 si es posible que est\u00e9 inc\u00f3moda o si eso significa algo para ella; ni siquiera s\u00e9 qu\u00e9 siente. Solamente s\u00e9 que no es mala, y que le tuve miedo al principio, pero hace rato que no.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Llegamos a la que fue mi casa a eso de las cuatro de la tarde. Como siempre en verano, hab\u00eda un olor pesado a Riachuelo y nafta sobre la avenida Mitre, mezclado con tufos de basura; en las esquinas, helados ca\u00eddos de cucuruchos que dejaban el suelo pegoteado. Hay muchas helader\u00edas sobre la avenida y mucha gente torpe. Cruzamos la plaza caminando, despu\u00e9s pasamos por el Sanatorio Itoiz, donde se muri\u00f3 mi abuela, y finalmente rodeamos la cancha de Racing. Atr\u00e1s estaba mi casa vieja, a dos cuadras de distancia del estadio. Pero ahora que estaba en la puerta, \u00bfqu\u00e9 hacer? \u00bfPedirles a los due\u00f1os nuevos que me dejaran pasar? \u00bfCon qu\u00e9 pretexto? Ni lo hab\u00eda pensado. Claramente me estaba afectando la mente andar para todos lados con una ni\u00f1a muerta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Angelita fue la que se encarg\u00f3 de la situaci\u00f3n. No hac\u00eda falta entrar. Era posible asomarse al fondo por la medianera, eso era lo \u00fanico que ella quer\u00eda, ver el fondo. Espiamos las dos, ella en mis brazos \u2013la medianera era m\u00e1s bien baja, deb\u00eda estar mal hecha\u2013. Ah\u00ed, donde sol\u00eda estar el cuadrado de tierra, hab\u00eda una pileta de nataci\u00f3n de pl\u00e1stico azul, empotrada en un hueco del suelo. Evidentemente hab\u00edan levantado toda la tierra para hacer el hoyo, y con esa acci\u00f3n hab\u00edan tirado los huesos de la angelita vaya a saber d\u00f3nde, los hab\u00edan revoleado, se hab\u00edan perdido. Me dio l\u00e1stima, pobrecita, y le dije que lo sent\u00eda mucho, que no pod\u00eda solucion\u00e1rselo; hasta le dije que lamentaba no haberlos desenterrado otra vez cuando la casa se vendi\u00f3, para sepultarlos en alg\u00fan lugar pac\u00edfico, o cerca de la familia si a ella le gustaba as\u00ed. \u00a1Pero si tranquilamente podr\u00eda haberlos puesto adentro de una caja o un florero, y llevarlos a casa! Estuve mal con ella y le ped\u00ed disculpas. Angelita dijo que s\u00ed. Entend\u00ed que las aceptaba. Le pregunt\u00e9 si ahora estaba tranquila y se iba a ir, si me iba a dejar sola. Me dijo que no. Bueno, contest\u00e9, y como la respuesta no me cay\u00f3 muy bien, sal\u00ed caminando r\u00e1pido hasta la parada del 15 y la obligu\u00e9 a corretear atr\u00e1s m\u00edo con sus pies descalzos que, de tan podridos, estaban dejando asomar los huesitos blancos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento de horror sobrenatural de Mariana Enr\u00edquez (1973), escritora argentina.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":14076,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"\"El desentierro de la angelita\", un #cuento de Mariana Enr\u00edquez.","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[22,2343,3199,185,187,2855,1026,2291,360,2021],"class_list":["post-14075","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-el-desentierro-de-la-angelita","tag-escritoras","tag-escritores-argentinos","tag-literatura","tag-literatura-de-horror","tag-literatura-de-imaginacion","tag-literatura-fantastica","tag-mariana-enriquez"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/09\/Enriquez.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-3F1","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14075","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=14075"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14075\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":15004,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/14075\/revisions\/15004"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/14076"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=14075"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=14075"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=14075"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}