{"id":13944,"date":"2017-07-29T13:23:02","date_gmt":"2017-07-29T18:23:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=13944"},"modified":"2017-07-29T16:17:22","modified_gmt":"2017-07-29T21:17:22","slug":"maternidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/maternidad\/","title":{"rendered":"Maternidad\u00a0"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/es.m.wikipedia.org\/wiki\/Andr%C3%A9s_Caicedo\">Andr\u00e9s Caicedo<\/a>&nbsp;(Cali, 1951-1977) fue un narrador colombiano. A pesar, o a causa, de su corta vida (se suicid\u00f3, seg\u00fan se cuenta, tras recibir ejemplares de su novela<i> \u00a1Que viva la m\u00fasica!<\/i>, por considerar que seguir viviendo ser\u00eda \u00abuna insensatez\u00bb), es un autor&nbsp;<a href=\"http:\/\/www.yaconic.com\/andres-caicedo-vida-obra-y-suicidio\/\">legendario<\/a>,&nbsp;<a href=\"http:\/\/www.banrepcultural.org\/blaavirtual\/biografias\/caicandr.htm\">representante<\/a>&nbsp;de una narrativa visceral, urbana&#8230; y opuesta al realismo m\u00e1gico que parec\u00eda entonces&nbsp;<i>la<\/i> literatura dominante en su pa\u00eds. \u00abMaternidad\u00bb, el favorito de Caicedo entre sus propios cuentos, es una prueba de todo esto. La mayor parte de su obra se public\u00f3 de manera p\u00f3stuma; yo he tomado esta versi\u00f3n del texto de&nbsp;<a href=\"https:\/\/narrativabreve.com\/2017\/01\/cuento-andres-caicedo-maternidad.html\">este sitio<\/a>.&nbsp;<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/images-3.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"13958\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/maternidad\/images-jpg-3\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/images-3.jpg\" data-orig-size=\"560,500\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"images.jpg\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/images-3.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/images-3.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-13958 alignnone size-full\" width=\"560\" height=\"500\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/images-3.jpg 560w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/images-3-300x268.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 560px) 100vw, 560px\" \/><\/a><\/p>\n<p><b>MATERNIDAD<br \/>\nAndr\u00e9s Caicedo<\/b><\/p>\n<p>A las vacaciones de quinto de bachillerato salimos con un saldo de muertos. \u201cEs una verdadera tragedia terminar un a\u00f1o marcado por triunfo \u2013la construcci\u00f3n de un nuevo pabell\u00f3n deportivo, por ejemplo\u2013 con la desaparici\u00f3n de seis j\u00f3venes que apenas despuntaban la que ser\u00eda una brillante carrera\u201d, se lament\u00f3 el padre rector, en el discurso de clausura.<br \/>\n&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pepito Torres hizo un viaje repentino a Bogot\u00e1 (falt\u00f3 a un examen final) y dicen que vino a pie, devorando cuanto hongo m\u00e1gico encontr\u00f3 a la vera del camino, y al llegar a Cali comenz\u00f3 a dar esc\u00e1ndalo p\u00fablico por la Sexta, lo agarraron dos polic\u00edas sin avisar a sus pap\u00e1s, lo metieron en la radio patrulla en donde muri\u00f3 como un perro, d\u00e1ndose contra las rejas, exhalando por boca y narices un polvito negro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Manol\u00edn Camacho y Alfredo Campos, los inseparables, se volaron del colegio y fueron a pasar un viernes de tarde deportiva en el r\u00edo Pance, hubo crecida, y a los dos d\u00edas encontraron sus cuerpos \u201centrelazados\u201d, pero el peri\u00f3dico no explicaba c\u00f3mo. Tiempo despu\u00e9s un campesino encontrar\u00eda, entre las ra\u00edces de un carbonero a la orilla del r\u00edo, una botella con un manuscrito de Alfredo, redactado compasivamente: \u201cVemos c\u00f3mo crece el r\u00edo. Es incre\u00edble. Es como si viniera a cobrar venganza por el pasado esplendoroso que le quitaron las modernas urbanizaciones. Pero ruge, recobra su poder. La idea se nos ha ocurrido a ambos. No seremos v\u00edctimas en vano. Mejorar\u00e1n los tiempos. Cogidos de la mano caminamos hacia el r\u00edo\u201d.<br \/>\n&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yo nunca pens\u00e9 que las cosas mejorar\u00edan as\u00ed no m\u00e1s. Un mes antes de ex\u00e1menes finales Diego A. Castro (Castrico) sali\u00f3 con su hermano mayor, Juli\u00e1n, a la bocana del Oc\u00e9ano Pacifico. Le encantaba ese mar de agua, arena, cielo, selva y gentes negras. Ambos hab\u00edan ganado medallas en intercolegiados, departamentales y nacionales de nataci\u00f3n. No fueron a ninguna competencia internacional por el uso de las pepas. As\u00ed, pod\u00edan nadar hasta la l\u00ednea del horizonte, de all\u00ed alcanzar la l\u00ednea que uno podr\u00eda divisar si llegara al horizonte, y a\u00fan la otra. Pero no esa vez. A las pocas brazadas, Juli\u00e1n le resopl\u00f3 que se sent\u00eda muy mal, que se devolv\u00eda. Castrico, abstra\u00eddo en sus movimientos parejos sobre las cresticas de cada ola, le dijo que bueno, y sigui\u00f3 nadando. Al regresar, feliz de su inmensa traves\u00eda, lo encontr\u00f3 en la playa, muerto, con el pescuezo inflado. Nadie sabe c\u00f3mo regres\u00f3 Castrico a Cali, pero ya se le hab\u00eda atravesado la existencia. Comenz\u00f3 a buscarle pelea a todo el mundo, en especial a los m\u00e1s amigos de su hermano. Carg\u00f3 pu\u00f1al. Viajaba al campo y all\u00e1 peleaba con machete y ruana envuelta. Lo encerraron en el manicomio y se vol\u00f3 del manicomio reclamando la presencia de su madre. No era m\u00e1s que ella le tuviera al lado su frasco de pepas y Castrico se quedaba calmado, acariciando las flores, jugando con los gatos. Sal\u00eda a la Sexta una vez cada dos meses, y yo lo ve\u00eda parado solo, hablando incoherencias sobre todas las mujeres, sonriendo. En la \u00faltima pepera sali\u00f3 despavorido a buscar pelea, pero muri\u00f3 antes de que se la dieran: qued\u00f3 como clavado en el suelo, grit\u00f3 que se le abr\u00eda el suelo y cay\u00f3 muerto. Y van cinco.<br \/>\n&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El sexto, Manol\u00edn Camacho, es el que m\u00e1s me duele. Mi compa\u00f1ero de pupitre. Sol\u00edamos caminar distra\u00eddos en los recreos, hablando de paisajes que nos imagin\u00e1bamos en tres dimensiones de s\u00f3lo mirar mapas. Nunca hab\u00eda probado ninguna droga, ni en las fiestas beb\u00eda. S\u00f3lo un s\u00e1bado. Vaya a saber uno con qui\u00e9n se meti\u00f3, qui\u00e9n lo invit\u00f3, por qu\u00e9\u201a lo vieron recorriendo calles a la velocidad que iba, con la velocidad que iba, con la mirada desencajada, buscando qu\u00e9, con la piel llena de huecos, insultando ancianas, pateando carros. Muri\u00f3 solo, en un ba\u00f1o cualquiera, esforz\u00e1ndose por vomitar lo que seguro se hab\u00eda tragado inocentemente y ahora le cercenaba el coccis, la pr\u00f3stata, el cerebelo. Le dieron una mezcla de analg\u00e9sico para caballos y l\u00edquido de freno para aviones: \u201ces una l\u00e1stima, una serie as\u00ed de muertes sin ning\u00fan, sin ning\u00fan sentido\u201d, dec\u00eda el padre rector. Y yo, agarrado a mi asiento, con una rabia inmensa, sab\u00eda qu\u00e9 sentido hab\u00eda. Nos hab\u00edan escogido como primeras v\u00edctimas de la decadencia de todo, pero yo no iba a llevar del bulto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cHar\u00e9 mi afirmaci\u00f3n de vida\u201d, pensaba, y no sonre\u00ed ni una sola de las seis veces que me llamaron para recibir diplomas de matem\u00e1ticas, historia, religi\u00f3n, ingl\u00e9s, geograf\u00eda y excelencia. Miraba a ese p\u00fablico compuesto por curas, alumnos y padres de familia, y recib\u00eda los aplausos con apret\u00f3n de dientes. \u201cHar\u00e9 mi afirmaci\u00f3n de vida\u201d.<br \/>\n&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u00bfQu\u00e9 te pasaba?\u201d, me dec\u00edan los compa\u00f1eros, luego. \u201cComo si no te gustara el \u00e9xito\u201d, y yo, a todos, silencio, y me negu\u00e9 a ir a la fiesta de curso que organizaba Mauricio Gamboa. A mi casa llegu\u00e9 en el carro de mis padres, entre sus cuerpos blandos. Ya me hab\u00edan felicitado por tanto triunfo, y no se habl\u00f3 de m\u00e1s en el camino. Yo no me aburr\u00ed, pues llovi\u00f3 y me distraje imaginando que las gotas en el parabrisas eran gente, personitas con hombros y cabezas bien formadas, y ven\u00edan las plumillas y chas, las barr\u00edan dejando min\u00fasculas porciones de la primera gota, irrecuperable para siempre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Esa noche so\u00f1\u00e9 con un viaje en tren por entre campos de mangos y trigo, y una muchacha rubia se me acercaba y nos volv\u00edamos uno solo en la alborozada contemplaci\u00f3n de esa feliz naturaleza. Luego el tren se meti\u00f3 a un t\u00fanel muy negro y despert\u00e9, demor\u00e1ndome en identificar como miedo o gozo el sentimiento con que empezaba ese nuevo d\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Antes de almuerzo me llam\u00f3 el mismo Mauricio a comunicarme que en la fiesta de anoche, una pelada, Patricia Sim\u00f3n, se hab\u00eda pegado la gran desilusionada ante mi ausencia, que era la mejor alumna de quinto del Sagrado Coraz\u00f3n y que quer\u00eda, que se mor\u00eda por conocerme. Yo le pregunt\u00e9 que entonces c\u00f3mo. \u00c9l me indic\u00f3 que en otra fiesta, esa misma noche. Yo acced\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al llegar, no vi m\u00e1s que caras p\u00e1lidas, poca amistosidad, puertas cerradas, prevenci\u00f3n, horrible humo. Muy poca gente bailaba la m\u00fasica Rock que yo jam\u00e1s aprend\u00ed y que hace medio a\u00f1o pon\u00eda fren\u00e9tico a todo el mundo. Me alegr\u00f3 ver que los invitados se recostaban en las paredes y nada m\u00e1s o\u00edan, con el \u00e1nimo ido. Yo me par\u00e9 en toda la mitad de la pista para no dar aires de vencido, hasta que del fondo, de bien al fondo de esa casa vino a m\u00ed una muchacha vestida de rosado y rubia, y haciendo m\u00e1gico todo el trayecto hacia m\u00ed mientras sonre\u00eda. Se present\u00f3: \u201cPatricia Sim\u00f3n\u201d, muy t\u00edmida me dio la mano, yo se la apret\u00e9 exageradamente para intimidarla a\u00fan m\u00e1s. \u201cEres muy inteligente\u201d, fue lo primero que me dijo cuando la conduje al patio, puesto que con el volumen de la m\u00fasica no pod\u00eda o\u00edr sus l\u00e1nguidas palabras de alabanza y devoci\u00f3n por mis conocimientos del Imperio Romano, de la Cordillera Occidental Colombiana, del Misterio de la Transubstanciaci\u00f3n. Se respiraba mejor en ese patio acosado por el color azul de la noche que perd\u00eda a cuantos j\u00f3venes m\u00e1s all\u00e1 de nosotros, acorralando \u2013lo supe\u2013 a los que buscaban refugio en esa casa. Yo me sent\u00ed libre de la noche, de su muerte, superior a su extrav\u00edo. Con mucha cautela le coment\u00e9 a Patricia mis temores sobre la feroz \u00e9poca, y ella como si fuera su forma peculiar de explicarme que los compart\u00eda, me relat\u00f3 un sue\u00f1o. So\u00f1\u00f3 que alguien muy amado le regalaba un pastel de fresas \u2013su bocado predilecto\u2013 y al irlo a morder no hab\u00eda fresas sino gillettes, alfileres, etc\u00e9tera, que se le incrustaron en las enc\u00edas y le reemplazon los dientes, de tal manera que qued\u00f3 con alfileres en lugar de dientes. \u201cExtra\u00f1o\u201d, pens\u00e9, mir\u00e1ndola, pues sus dientes eran grandes, muy sanos, de enc\u00edas duras. Ella alzaba la cabeza para mirar a m\u00ed o al cielo. Era peque\u00f1a, pero fuerte, de buenas espaldas y caderas, ojos azules y largas cejas. \u201cBuena raza\u201d, pens\u00e9, y luego \u201cEdelrasse\u201d, observando que tendr\u00eda m\u00ednimo cuatro dedos de frente, rosada la piel. Resolv\u00ed: \u201cLe har\u00e9 un hijo a esta mujer\u201d.<br \/>\n&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El tiempo pas\u00f3 en el sentido que quiso nuestro amor. De esa fiesta salimos cogidos de la mano, y empezamos a vernos todos los d\u00edas, y yo le fui llenando la cabeza de cucarachas como Nietzsche y Rousseau, y por miles de argumentos la fui llevando a una conclusi\u00f3n sencilla: que la \u00fanica manera de salvarnos ser\u00eda trascendiendo en algo. Un d\u00eda me sali\u00f3 con que le provocar\u00eda escribir versos, pero yo le espant\u00e9 la idea como si fuese un enjambre de moscas: \u201cLa poes\u00eda es una profesi\u00f3n decadente\u201d, y ella me crey\u00f3. Y le pon\u00eda cara de moribundo siempre que la miraba a los ojos, y ella apuesto que pensaba: \u201cLo que har\u00eda para hacerte feliz\u201d, y en los cines me le pegaba mucho o suspiraba cada vez que hab\u00eda un pasaje de maternidad, y ella sal\u00eda conmovida toda, a\u00fan sin decirme nada pero ya pensando en la idea de que la \u00fanica manera de trascender ser\u00eda quedando pre\u00f1ada y pariendo un hijo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo que la decidi\u00f3 fue precisamente la muerte de Ignacio Moreira, que tuvo una discusi\u00f3n con sus pap\u00e1s, subi\u00f3 corriendo las escaleras y se dio un tiro en la cabeza. Ella viv\u00eda al frente, conoc\u00eda a Ignacio desde chiquito, oy\u00f3 el disparo, el chapoteo: estuve, pues, de buenas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Consegu\u00ed que me prestaran la finca de la Carretera al Mar, lugar que yo hab\u00eda escogido para que se diera la concepci\u00f3n. Con nosotros subieron varios amigos, pero casi nunca nos mezcl\u00e1bamos. Los d\u00edas amanec\u00edan oscuros y la niebla bajaba temprano, y ella se llenaba de a\u00f1oranzas y de melancol\u00edas, lo que, curiosamente, no le produc\u00eda impavidez sino movimiento. Camin\u00e1bamos horas, acerc\u00e1ndonos cada vez m\u00e1s al filo de las monta\u00f1as. Ella resist\u00eda el empinad\u00edsimo camino sin una queja.<br \/>\n&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Mi d\u00eda vino claro, de visibilidad profunda. Nos levantamos con el sol y empezamos a subir, dispuestos a llegar esta vez hasta la cumbre. Los guayabos y los lecheros viraban en m\u00faltiples tonos verdes a cada paso que gan\u00e1bamos, y los p\u00e1jaros cantaban \u201cpichaju\u00e9-pichaju\u00e9\u201d, y todo eso me llegaba como puro presagio y signo de fertilidad. Hacia las dos de la tarde salvamos la \u00faltima pendiente de piedras blancas y tuvimos, repentin\u00edsimamente, una enloquecedora visi\u00f3n del mar, a miles y miles de kilometros. El fr\u00edo de la monta\u00f1a y el ardor que se contemplaba all\u00e1 en el mar la llev\u00f3 a abrazarme, y yo le respond\u00ed mejor que nunca. Descubr\u00ed sus senos con valent\u00eda, chup\u00e9 su pelo, rasgu\u00e9 con su sangre el pasto yaragu\u00e1, pude sentir c\u00f3mo sus complicadas entra\u00f1as se abr\u00edan para darle paso, cabina y fermento a mi espermatozoide sano y cabez\u00f3n que dar\u00eda con los a\u00f1os, testimonio de mi existencia. No creo que ella goz\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Nos casamos al escondido, toque muy aristocr\u00e1tico para familias como la suya y la m\u00eda. Fuimos el matrimonio m\u00e1s joven de la sociedad cale\u00f1a y salimos mucho en el peri\u00f3dico y la gente nos miraba y nos hicieron muchas fiestas y nosotros respond\u00edamos a todas con actitud calladita y mayor, reflexionando siempre. Con alegr\u00eda entramos a sexto de bachillerato, comparando y acariciando nuestros libros de texto. A los pocos meses engord\u00f3 much\u00edsimo y le vinieron los v\u00f3mitos, as\u00ed que no pudo volver al colegio y perdi\u00f3 sexto. Yo solamente falt\u00e9 a clase un d\u00eda: el d\u00eda en que despu\u00e9s de cuatro horas de terquedad y mucho sufrimiento, dej\u00f3 salir a mi hijo. Naci\u00f3 en un d\u00eda lluvioso. No nos pusimos de acuerdo con el nombre, pero prevaleci\u00f3 mi opini\u00f3n: lo llam\u00e9 Augusto, que hace pensar en porte distinguido y en conciencia de victoria, siempre. Fui toda una celebridad en el colegio, padre a los 16 a\u00f1os. Ella no quiso hacer gimnasia y le qued\u00f3 una barriga arrugada muy fea, y los senos se le hincharon como brevas y despu\u00e9s se le cayeron.<br \/>\n&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Recuerdo madrugadas en las que yo abr\u00eda el ojo s\u00f3lo para hallarme en la f\u00edsica gloria, despertado por el llanto de Augusto, y volteaba a mirarla a ella, despierta desde hace muchas horas con la mirada perdida en el cielo raso, neg\u00e1ndose siempre a contestarme en qu\u00e9 era que pensaba. Yo no insist\u00ed. Yo hab\u00eda previsto eso. No cuid\u00f3 bien a nuestro hijo. No quiso tampoco volver al colegio. Le perdi\u00f3 inter\u00e9s a todo, se pasaba los d\u00edas sin asearse ni asear la casa, mal sentada en una silla, presa de un vac\u00edo que supongo debe ser normal despu\u00e9s de que uno ha estado lleno y redondo como una naranja ombligona.  Yo no la toqu\u00e9 m\u00e1s. Ella tampoco se hubiera dejado. Al fin, un d\u00eda sali\u00f3 de la casa, y se demor\u00f3 en regresar. Hizo amistades nuevas, j\u00f3venes m\u00e1s viejos que ella, y segu\u00eda saliendo. Pero falta no me hac\u00eda. Yo cumpl\u00eda puntualmente con mis deberes escolares. Me levantaba temprano, le daba el tetero al ni\u00f1o, cambiaba pa\u00f1ales, barr\u00eda, trapeaba. Al volver del colegio me la pasaba horas dejando que Augusto me apretara el dedo \u00edndice y contempl\u00e1ndole su pip\u00ed, lo \u00fanico que sac\u00f3 igualito a m\u00ed, porque todo lo dem\u00e1s, ojos, pelo y frente eran de ella.<br \/>\n&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando regresaba, nunca convers\u00e1bamos. Se tiraba por ah\u00ed, sin dormir, o a o\u00edr m\u00fasica. Supe que estaba metiendo droga. Me import\u00f3 un comino. Consegu\u00ed una hipod\u00e9rmica desechable, con mi amigo G\u00f3mez un gramo de la mejor coca\u00edna y una noche la esper\u00e9. Lleg\u00f3 muy tarde, cay\u00e9ndose de la borrachera, bajando de todas las trabas. Yo la recib\u00ed, le sob\u00e9 su cabecita hasta que se qued\u00f3 dormida en mi pecho. Prepar\u00e9 la coca\u00edna, tom\u00e9 uno de sus brazos, cuando lo estir\u00e9 y palp\u00e9 sus buenas venas, abri\u00f3 los ojos y me mir\u00f3, perpleja. Yo le sonre\u00ed. Creo que le inyect\u00e9 medio gramo, en empujaditas leves. Ella hizo caras y risitas y yo sent\u00ed celos: nunca se port\u00f3 as\u00ed con mis orgasmos. Luego se levant\u00f3 y comenz\u00f3 a saltar por toda la casa, puso el est\u00e9reo a todo volumen y a m\u00ed no me import\u00f3 que despertara a Augusto. Yo re\u00ed con ella.<br \/>\n&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hace d\u00edas que no la veo. Se fue a paseo creo que a San Agust\u00edn, con una manada de gringos. Espero que no vuelva, que se muera o que reciba all\u00e1 su merecido. Yo he terminado sexto con todos los honores, leo c\u00f3mics y espero con mi hijo una mejor \u00e9poca.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento del colombiano Andr\u00e9s Caicedo (1951-1977), autor \u00abmaldito\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":13951,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[4],"tags":[3178,22,2343,3180,1887,3179,467,468],"class_list":["post-13944","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-andres-caicedo","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritores-malditos","tag-escritores-colombianos","tag-maternidad","tag-realismo","tag-realismo-sucio"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/07\/images-2.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-3CU","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13944","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=13944"}],"version-history":[{"count":11,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13944\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":13960,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13944\/revisions\/13960"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/13951"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=13944"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=13944"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=13944"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}