{"id":13824,"date":"2017-06-28T18:00:26","date_gmt":"2017-06-28T23:00:26","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=13824"},"modified":"2017-06-28T14:32:00","modified_gmt":"2017-06-28T19:32:00","slug":"una-experiencia-privada","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/una-experiencia-privada\/","title":{"rendered":"Una experiencia privada"},"content":{"rendered":"<p>Este es un cuento de <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Chimamanda_Ngozi_Adichie\">Chimamanda Ngozi Adichie<\/a> (1977), escritora nigeriana y autora muy celebrada en la actualidad tanto por su obra como por su promoci\u00f3n del feminismo. Las dos se tocan en un ensayo breve, <a href=\"http:\/\/www.accionenredmadrid.org\/wp-content\/uploads\/2016\/09\/TODOS-DEBER%C3%8DAMOS-SER-FEMINISTAS.pdf\">\u00abTodos deber\u00edamos ser feministas\u00bb<\/a>, basado en una charla TED que ella imparti\u00f3 en 2012. Entre sus libros \u2013editados todos en los Estados Unidos, donde ella hizo estudios universitarios y reside con frecuencia\u2013 est\u00e1n las novelas <em>La flor p\u00farpura<\/em> (2003), <em>Medio sol amarillo <\/em>(2006) y <em>Americanah<\/em> (2013).<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abA Private Experience\u00bb, un relato sobre violencia racial en \u00c1frica (y, sobre todo, en c\u00f3mo la viven dos mujeres, de or\u00edgenes y formas de pensar muy distintas, que son pr\u00e1cticamente los \u00fanicos personajes de la narraci\u00f3n) apareci\u00f3 en su libro <em>Algo alrededor de tu cuello<\/em> (2009). Tom\u00e9 la traducci\u00f3n de <a href=\"http:\/\/yovivoenella.blogspot.mx\/2013\/01\/chimamanda-ngozi-adichie-una.html\">este sitio<\/a>.<\/p>\n<figure id=\"attachment_13827\" aria-describedby=\"caption-attachment-13827\" style=\"width: 1024px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"13827\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/una-experiencia-privada\/chimamanda\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/06\/Chimamanda.jpg\" data-orig-size=\"1920,1080\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Chimamanda\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"&lt;p&gt;Chimamanda Ngozi Adichie. 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(<a href=\"https:\/\/blavity.com\/chimamanda-ngozi-adichie-says-she-wont-apologize-for-comments-about-trans-women\">fuente<\/a>)<\/figcaption><\/figure>\n<p><strong>UNA EXPERIENCIA PRIVADA<br \/>\nChimamanda Ngozi Adichie<\/strong><\/p>\n<p>Chika entra primero por la ventana de la tienda de comestibles y sostiene el postigo para que la mujer la siga. La tienda parece haber sido abandonada mucho antes de que empezaran los disturbios; las estanter\u00edas de madera est\u00e1n cubiertas de polvo amarillo, al igual que los contenedores met\u00e1licos amontonados en una esquina. Es una tienda peque\u00f1a, m\u00e1s peque\u00f1a que el vestidor que tiene Chika en su pa\u00eds. La mujer entra y el postigo chirr\u00eda cuando Chika lo suelta. Le tiemblan las manos y le arden las pantorrillas despu\u00e9s de correr desde el mercado tambale\u00e1ndose sobre sus sandalias de tac\u00f3n. Quiere dar las gracias a la mujer por haberse detenido al pasar por su lado para decirle \u00ab\u00a1No corras hacia all\u00ed!\u00bb, y haberla conducido hasta esta tienda vac\u00eda en la que esconderse. Pero antes de que pueda darle las gracias, la mujer se lleva una mano al cuello.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014He perdido collar mientras corro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Yo he soltado todo \u2014dice Chika\u2014. Acababa de comprar unas naranjas y las he soltado junto con el bolso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No a\u00f1ade que el bolso era un Burberry original que le compr\u00f3 su madre en un viaje reciente a Londres.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La mujer suspira y Chika imagina que est\u00e1 pensando en su collar, probablemente unas cuentas de pl\u00e1stico ensartadas en una cuerda. Aunque no tuviera un fuerte acento hausa, sabr\u00eda que es del norte por el rostro estrecho y la curiosa curva de sus p\u00f3mulos, y que es musulmana por el pa\u00f1uelo. Ahora le cuelga del cuello, pero poco antes deb\u00eda de llevarlo alrededor de la cara, tap\u00e1ndole las orejas. Un pa\u00f1uelo largo y fino de color rosa y negro, con el vistoso atractivo de lo barato. Se pregunta si la mujer tambi\u00e9n la est\u00e1 examinando a ella, si sabe por su tez clara y el anillo rosario de plata que su madre insiste en que lleve que es igbo y cristiana. M\u00e1s tarde se enterar\u00e1 de que, mientras las dos hablan, hay musulmanes hausas matando a cristianos igbos a machetazos y pedradas. Pero en este momento dice:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Gracias por llamarme. Todo ha ocurrido muy deprisa y la gente ha echado a correr, y de pronto me he visto sola, sin saber qu\u00e9 hacer. Gracias.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Este lugar seguro \u2014dice la mujer en voz tan baja que suena como un suspiro\u2014. No van a todas las tiendas peque\u00f1as-peque\u00f1as, solo a las grandes-grandes y al mercado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed \u2014dice Chika.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero no tiene motivos para estar de acuerdo o en desacuerdo, porque no sabe nada de disturbios; lo m\u00e1s cerca que ha estado de uno fue hace unas semanas en una manifestaci\u00f3n de la universidad a favor de la democracia en la que hab\u00eda sostenido una rama verde y se hab\u00eda unido a los cantos de \u00ab\u00a1Fuera el ej\u00e9rcito! \u00a1Fuera Abacha! \u00a1Queremos democracia!\u00bb. Adem\u00e1s, nunca habr\u00eda participado si su hermana Nnedi no hubiera estado entre los organizadores que hab\u00edan ido de residencia en residencia repartiendo panfletos y hablando a los estudiantes de la importancia de \u00abhacernos o\u00edr\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le siguen temblando las manos. Hace justo una hora estaba con Nnedi en el mercado. Se ha parado a comprar naranjas y Nnedi ha seguido andando hasta el puesto de cacahuetes, y de pronto se han o\u00eddo gritos en ingl\u00e9s, en el idioma criollo, en hausa y en igbo: \u00ab\u00a1Disturbios! \u00a1Han matado a un hombre!\u00bb. Y a su alrededor todos se han puesto a correr, empuj\u00e1ndose unos a otros, volcando carretas llenas de \u00f1ames y dejando atr\u00e1s las verduras golpeadas por las que acababan de regatear. Ha olido a sudor y a miedo, y tambi\u00e9n se ha echado a correr por las calles anchas y luego por ese estrecho callej\u00f3n que ha temido, mejor dicho, ha intuido, que era peligroso, hasta que ha visto a la mujer.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La mujer y ella se quedan un rato en silencio, mirando hacia la ventana por la que acaban de entrar, con el postigo chirriante que se balancea en el aire. Al principio la calle est\u00e1 silenciosa, luego se oyen unos pies corriendo. Las dos se apartan instintivamente de la ventana, aunque Chika alcanza a ver pasar a un hombre y una mujer, ella con una t\u00fanica hasta las rodillas y un cr\u00edo a la espalda. El hombre hablaba r\u00e1pidamente en igbo y todo lo que ha entendido Chika ha sido: \u00abPuede que haya corrido a la casa del t\u00edo\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Cierra ventana \u2014dice la mujer.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Chika as\u00ed lo hace, y sin el aire de la calle, el polvo que flota en la habitaci\u00f3n es tan espeso que puede verlo por encima de ella. El ambiente est\u00e1 cargado y no huele como las calles de fuera, que apestan como el humo color cielo que flota alrededor en Navidad cuando la gente arroja las cabras muertas al fuego para quitar el pelo de la piel. Las calles por donde ha corrido ciegamente, sin saber hacia d\u00f3nde ha ido Nnedi, sin saber si el hombre que corr\u00eda a su lado era amigo o enemigo, sin saber si deb\u00eda parar y recoger a alguno de los ni\u00f1os aturdidos que con las prisas se ha separado de su madre, sin saber qui\u00e9n era qui\u00e9n ni qui\u00e9n mataba a qui\u00e9n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;M\u00e1s tarde ver\u00e1 los armazones de los coches incendiados, con huecos irregulares en lugar de ventanillas o parabrisas, e imaginar\u00e1 los coches en llamas desperdigados por toda la ciudad como hogueras, testigos silenciosos de tanta atrocidad. Averiguar\u00e1 que todo empez\u00f3 en el aparcamiento cuando un hombre pis\u00f3 con las ruedas de su furgoneta un ejemplar del Santo Cor\u00e1n que hab\u00eda a un lado de la carretera, un hombre que result\u00f3 ser un igbo cristiano. Los hombres de alrededor, que se pasaban el d\u00eda jugando a las damas y que resultaron ser musulmanes, lo hicieron bajar de la furgoneta, le cortaron la cabeza de un machetazo y la llevaron al mercado pidiendo a los dem\u00e1s que los siguieran: ese infiel hab\u00eda profanado el Santo Libro. Chika imaginar\u00e1 la cabeza del hombre, la piel ceniza de la muerte, y tendr\u00e1 arcadas y vomitar\u00e1 hasta que le duela la barriga. Pero ahora pregunta a la mujer:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfTodav\u00eda huele a humo?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed \u2014la mujer se desabrocha la tela que lleva anudada a la cintura y la extiende en el suelo polvoriento. Debajo solo lleva una blusa y una combinaci\u00f3n negra rasgada por las costuras\u2014. Si\u00e9ntate.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Chika mira la tela deshilachada extendida en el suelo; probablemente es una de las dos t\u00fanicas que tiene la mujer. Baja la vista hacia su falda tejana y su camiseta roja estampada con una foto de una Estatua de la Libertad, las dos compradas el verano que Nnedi y ella pasaron dos semanas en Nueva York con unos parientes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Se la ensuciar\u00e9 \u2014dice.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Si\u00e9ntate \u2014repite la mujer\u2014. Tenemos que esperar mucho rato.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfSabe cu\u00e1nto&#8230;?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Hasta esta noche o ma\u00f1ana por la ma\u00f1ana.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Chika se lleva una mano a la frente como para comprobar si tiene fiebre. El roce de su palma fr\u00eda suele calmarla, pero esta vez la nota h\u00fameda y sudada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014He dejado a mi hermana comprando cacahuetes. No s\u00e9 d\u00f3nde est\u00e1.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ir\u00e1 a un lugar seguro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Nnedi.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfEh?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Mi hermana. Se llama Nnedi.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Nnedi \u2014repite la mujer, y su acento hausa envuelve el nombre igbo de una suavidad plumosa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;M\u00e1s tarde Chika recorrer\u00e1 los dep\u00f3sitos de cad\u00e1veres de los hospitales buscando a Nnedi; ir\u00e1 a las oficinas de los peri\u00f3dicos con la foto que les hicieron a las dos en una boda hace una semana, en la que ella sale con una sonrisa boba porque Nnedi le dio un pellizco justo antes de que dispararan, las dos con trajes ba\u00f1era de Ankara. Pegar\u00e1 fotos en las paredes del mercado y en las tiendas cercanas. No encontrar\u00e1 a Nnedi. Nunca la encontrar\u00e1. Pero ahora dice a la mujer:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Nnedi y yo llegamos la semana pasada para ver a nuestra t\u00eda. Estamos de vacaciones.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfD\u00f3nde estudi\u00e1is?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Estamos en la Universidad de Lagos. Yo estudio medicina, y Nnedi ciencias pol\u00edticas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Chika se pregunta si la mujer sabe lo que significa ir a la universidad. Y se pregunta tambi\u00e9n si ha mencionado la universidad solo para alimentarse de la realidad que ahora necesita: que Nnedi no se ha perdido en un disturbio, que est\u00e1 a salvo en alguna parte, probablemente ri\u00e9ndose con la boca abierta a su manera relajada o haciendo una de sus declaraciones pol\u00edticas. Sobre c\u00f3mo el gobierno del general Abacha utiliza la pol\u00edtica exterior para legitimarse a los ojos de los dem\u00e1s pa\u00edses africanos. O que la enorme popularidad de las extensiones de pelo rubio era consecuencia directa del colonialismo brit\u00e1nico.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Solo llevamos una semana aqu\u00ed con nuestra t\u00eda, ni siquiera hemos estado en Kano \u2014dice Chika, y se da cuenta de lo que est\u00e1 pensando: su hermana y ella no deber\u00edan verse afectadas por los disturbios. Eso era algo sobre lo que le\u00edas en los peri\u00f3dicos. Algo que suced\u00eda a otras personas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfTu t\u00eda est\u00e1 en mercado? \u2014pregunta la mujer.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No, est\u00e1 trabajando. Es la directora de la Secretar\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Chika vuelve a llevarse una mano a la frente. Se agacha hasta sentarse en el suelo, mucho m\u00e1s cerca de la mujer de lo que se habr\u00eda permitido en circunstancias normales, para apoyar todo el cuerpo en la tela. Le llega el olor de la mujer, algo intenso como la pastilla de jab\u00f3n con que la criada lava las s\u00e1banas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Tu t\u00eda est\u00e1 en lugar seguro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed \u2014dice Chika. La conversaci\u00f3n parece surrealista; tiene la sensaci\u00f3n de estar observ\u00e1ndose a s\u00ed misma\u2014. Sigo sin creer que estoy en medio de un disturbio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La mujer mira al frente. Todo en ella es largo y esbelto, las piernas extendidas ante s\u00ed, los dedos de las manos con las u\u00f1as manchadas de henna, los pies.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Es obra del diablo \u2014dice por fin.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Chika se pregunta si eso es lo que piensan todas las mujeres de los disturbios, si eso es todo lo que ven: el diablo. Le gustar\u00eda que Nnedi estuviera all\u00ed con ella. Imagina el marr\u00f3n chocolate de sus ojos al iluminarse, sus labios movi\u00e9ndose deprisa al explicar que los disturbios no ocurren en un vac\u00edo, que lo religioso y lo \u00e9tnico a menudo son politizados porque el gobernante est\u00e1 seguro si los gobernados hambrientos se matan entre s\u00ed. Luego siente una punzada de remordimientos y se pregunta si la mente de esa mujer es lo bastante grande para entenderlo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfYa est\u00e1s viendo a enfermos en la universidad? \u2014pregunta la mujer.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Chika desv\u00eda r\u00e1pidamente la mirada para que no vea su sorpresa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfEn mis pr\u00e1cticas? S\u00ed, empezamos el a\u00f1o pasado. Vemos a pacientes del hospital cl\u00ednico.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No a\u00f1ade que a menudo le invaden las dudas, que se queda al final del grupo de seis o siete estudiantes, rehuyendo la mirada del profesor y rezando para que no le pida que examine un paciente y d\u00e9 su diagn\u00f3stico diferencial.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Yo soy comerciante \u2014dice la mujer\u2014. Vendo cebollas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Chika busca en vano una nota de sarcasmo o reproche en su tono. La voz suena baja y firme, una mujer que dice a qu\u00e9 se dedica sin m\u00e1s.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Espero que no destruyan los puestos del mercado \u2014responde; no sabe qu\u00e9 m\u00e1s decir.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Cada vez que hay disturbios destrozan el mercado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Chika quiere preguntarle cu\u00e1ntos disturbios ha presenciado, pero se contiene. Ha le\u00eddo sobre los dem\u00e1s en el pasado: fan\u00e1ticos musulmanes hausas que atacan a cristianos igbos, y a veces cristianos igbos que emprenden misiones de venganza asesinas. No quiere que empiecen a dar nombres.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Me arden los pezones como si fueran pimienta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Antes de que Chika pueda tragar la burbuja de sorpresa que tiene en la garganta y responder algo, la mujer se levanta la blusa y se desabrocha el cierre delantero de un gastado sujetador negro. Saca los billetes de diez y veinte nairas que lleva doblados en el sujetador antes de liberar los pechos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Me arden como pimienta \u2014repite, cogi\u00e9ndoselos con las manos ahuecadas e inclin\u00e1ndose hacia Chika como si se los ofreciera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Chika se aparta. Recuerda la ronda en la sala de pediatr\u00eda de hace una semana: su profesor, el doctor Olunloyo, quer\u00eda que todos los alumnos oyeran el soplo al coraz\u00f3n en cuarta fase de un ni\u00f1o que los observaba con curiosidad. El m\u00e9dico le pidi\u00f3 a Chika que empezara y ella se puso a sudar con la mente en blanco, sin saber muy bien d\u00f3nde estaba el coraz\u00f3n. Al final puso una mano temblorosa en el lado izquierdo de la tetilla del ni\u00f1o, y al notar bajo los dedos el vibrante zumbido de la sangre yendo en la otra direcci\u00f3n, se disculp\u00f3 tartamudeando ante el ni\u00f1o, aunque \u00e9l le sonre\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los pezones de la mujer no son como los de ese ni\u00f1o. Son marr\u00f3n oscuro, y est\u00e1n cuarteados y tirantes, con la areola de color m\u00e1s claro. Chika los examina con atenci\u00f3n, los toca.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfTiene un beb\u00e9? \u2014pregunta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed. De un a\u00f1o.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Tiene los pezones secos, pero no parecen infectados. Despu\u00e9s de dar de mamar debe aplicarse una crema. Y cuando d\u00e9 de mamar, aseg\u00farese de que el pez\u00f3n y tambi\u00e9n lo otro, la areola, encajan en la boca del ni\u00f1o.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La mujer mira a Chika largo rato.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014La primera vez de esto. Tengo cinco hijos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014A mi madre le pas\u00f3 lo mismo. Se le agrietaron los pezones con el sexto hijo y no sab\u00eda cu\u00e1l era la causa, hasta que una amiga le dijo que ten\u00eda que hidratarlos \u2014explica Chika.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Casi nunca miente, y las pocas veces que lo hace siempre es por alguna raz\u00f3n. Se pregunta qu\u00e9 sentido tiene mentir, la necesidad de recurrir a un pasado ficticio parecido al de la mujer; Nnedi y ella son las \u00fanicas hijas de su madre. Adem\u00e1s, su madre siempre tuvo a su disposici\u00f3n al doctor Iggokwe, con su formaci\u00f3n y su afectaci\u00f3n brit\u00e1nicas, con solo levantar el tel\u00e9fono.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfCon qu\u00e9 se frota su madre el pez\u00f3n? \u2014pregunta la mujer.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Manteca de coco. Las grietas se le cerraron enseguida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfEh? \u2014La mujer observa a Chika m\u00e1s rato, como si esa revelaci\u00f3n hubiera creado un v\u00ednculo\u2014. Est\u00e1 bien, lo har\u00e9 \u2014Juega un rato con su pa\u00f1uelo antes de a\u00f1adir: \u2014Estoy buscando a mi hija. Vamos al mercado juntas esta ma\u00f1ana. Ella est\u00e1 vendiendo cacahuetes cerca de la parada de autob\u00fas, porque hay mucha gente. Luego empieza el disturbio y yo voy arriba y abajo busc\u00e1ndola.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfEl beb\u00e9? \u2014pregunta Chika, sabiendo lo est\u00fapida que parece incluso mientras lo pregunta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La mujer sacude la cabeza y en su mirada hay un destello de impaciencia, hasta de c\u00f3lera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfTienes problema de o\u00eddo? \u00bfNo oyes lo que estoy diciendo?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Lo siento.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Beb\u00e9 est\u00e1 en casa! Esta es mi hija mayor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La mujer se echa a llorar. Llora en silencio, sacudiendo los hombros, no con la clase de sollozos fuertes de las mujeres que conoce, que parecen decir a gritos: \u00abSuj\u00e9tame y consu\u00e9lame porque no puedo soportar esto yo sola\u00bb. El llanto de esta mujer es privado, como si llevara a cabo un ritual necesario que no involucra a nadie m\u00e1s.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;M\u00e1s tarde Chika lamentar\u00e1 la decisi\u00f3n de haber dejado el barrio de su t\u00eda y haber ido al mercado con Nnedi en un taxi para ver un poco del casco antiguo de Kano; tambi\u00e9n lamentar\u00e1 que la hija de la mujer, Halima, no se haya quedado en casa esta ma\u00f1ana por pereza, cansancio o indisposici\u00f3n, en lugar de salir a vender cacahuetes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La mujer se seca los ojos con un extremo de la blusa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Que Al\u00e1 proteja a tu hermana y a Halima en un lugar seguro \u2014dice.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y como Chika no est\u00e1 segura de lo que contestan los musulmanes y no puede decir \u00abAm\u00e9n\u00bb, se limita a asentir. La mujer ha descubierto un grifo oxidado en una esquina de la tienda, cerca de los contenedores met\u00e1licos. Tal vez donde el due\u00f1o se lavaba las manos, dice, y explica a Chika que las tiendas de esa calle fueron abandonadas hace meses, despu\u00e9s de que el gobierno ordenara su demolici\u00f3n por tratarse de estructuras ilegales. Abre el grifo y las dos observan sorprendidas c\u00f3mo sale un peque\u00f1o chorro de agua. Marronosa y tan met\u00e1lica que a Chika le llega el olor. Aun as\u00ed, corre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Lavo y rezo \u2014dice la mujer en voz m\u00e1s alta, y sonr\u00ede por primera vez, dejando ver unos dientes uniformes con los incisivos manchados.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En las mejillas le salen unos hoyuelos lo bastante profundos para tragarse la mitad de un dedo, algo ins\u00f3lito en una cara tan delgada. Se lava torpemente las manos y la cara en el grifo, luego se quita el pa\u00f1uelo del cuello y lo pone en el suelo. Chika aparta la mirada. Sabe que la mujer est\u00e1 de rodillas en direcci\u00f3n a La Meca, pero no mira. Como las l\u00e1grimas, es una experiencia privada y le gustar\u00eda salir de la tienda. O poder rezar tambi\u00e9n y creer en un dios, una presencia omnisciente en el aire viciado de la tienda. No recuerda cu\u00e1ndo su idea de Dios no ha sido borrosa como el reflejo de un espejo empa\u00f1ado por el vaho, y no se recuerda intentando limpiar el espejo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Toca el anillo rosario que todav\u00eda lleva en el dedo, a veces en el me\u00f1ique y otras en el \u00edndice, para complacer a su madre. Nnedi se lo quit\u00f3, diciendo con su risa gangosa: \u00abLos rosarios son como pociones m\u00e1gicas. No las necesito, gracias\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;M\u00e1s tarde la familia ofrecer\u00e1 una misa tras otra para que Nnedia aparezca sana y salva, nunca por el reposo de su alma. Y Chika pensar\u00e1 en esa mujer, rezando con la cabeza vuelta hacia el suelo polvoriento, y cambiar\u00e1 de parecer antes de decir a su madre que est\u00e1 malgastando el dinero con esas misas que solo sirven para engrosar las arcas de la iglesia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando la mujer se levanta, Chika se siente extra\u00f1amente vigorizada. Han pasado m\u00e1s de tres horas e imagina que el disturbio se ha calmado, que los responsables ya est\u00e1n lejos. Tiene que irse, tiene que volver a casa y asegurarse de que Nnedi y su t\u00eda est\u00e1n bien.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Debo irme.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;De nuevo la cara de impaciencia de la mujer.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Todav\u00eda es peligroso salir.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Creo que se han marchado. Ya no huelo el humo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La mujer se sienta de nuevo sobre la tela sin decir nada. Chika la observa un rato, sinti\u00e9ndose decepcionada sin saber por qu\u00e9. Tal vez esperaba de ella una bendici\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfEst\u00e1 muy lejos tu casa? \u2014pregunta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Lejos. Cojo dos autobuses.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Entonces volver\u00e9 con el ch\u00f3fer de mi t\u00eda para acompa\u00f1arte \u2014dice Chika.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La mujer desv\u00eda la mirada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Chika se acerca despacio a la ventana y la abre. Espera o\u00edr gritar a la mujer que se detenga, que vuelva, que no hay prisa. Pero la mujer no dice nada y Chika nota su mirada clavada en la espalda mientras sale. Las calles est\u00e1n silenciosas. Se ha puesto el sol y en la media luz crepuscular Chika mira alrededor, sin saber qu\u00e9 direcci\u00f3n tomar. Reza para que aparezca un taxi, ya sea por arte de magia, suerte o la mano de Dios. Luego reza para que Nnedi est\u00e9 en ese taxi, pregunt\u00e1ndole d\u00f3nde demonios se ha metido y lo preocupados que han estado por ella. No ha llegado al final de la segunda calle en direcci\u00f3n al mercado cuando ve el cad\u00e1ver. Apenas lo ve pero pasa tan cerca que le llega el calor. Acaban de quemarlo. El olor que desprende es repulsivo, a carne asada, no se parece a nada que haya olido antes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;M\u00e1s tarde, cuando Chika y su t\u00eda recorran todo Kano con un polic\u00eda en el asiento delantero del coche con aire acondicionado de su t\u00eda, ver\u00e1 otros cad\u00e1veres, muchos carbonizados, tendidos a lo largo de las calles como si alguien los hubiera arrastrado y colocado cuidadosamente all\u00ed. Mirar\u00e1 solo uno de los cad\u00e1veres, desnudo, r\u00edgido, boca abajo, y se dar\u00e1 cuenta de que solo viendo esa carne chamuscada no puede saber si el hombre parcialmente quemado es igbo o hausa, cristiano o musulm\u00e1n. Escuchar\u00e1 por la radio la BBC y oir\u00e1 las descripciones de las muertes y del disturbio (\u00abreligioso con un trasfondo de tensiones \u00e9tnicas\u00bb, dir\u00e1 la voz). Y la arrojar\u00e1 contra la pared y una feroz c\u00f3lera la inundar\u00e1 ante c\u00f3mo han empaquetado, saneado y comprimido todos esos cad\u00e1veres en unas pocas palabras. Pero ahora, el calor que desprende el cad\u00e1ver carbonizado est\u00e1 tan cerca, tan presente, que se vuelve y regresa corriendo a la tienda. Siente un dolor agudo en la parte inferior de la pierna mientras corre. Llega a la tienda y golpea la ventana, y no para de golpearla hasta que la mujer abre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se sienta en el suelo y, a la luz cada vez m\u00e1s tenue, observa el hilo de sangre que le baja por la pierna. Los ojos le bailan inquietos en la cabeza. Esa sangre parece ajena a ella, como si alguien le hubiera embadurnado la pierna con pur\u00e9 de tomate.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Tu pierna. Tienes sangre \u2014dice la mujer con cierta cautela.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Moja un extremo de su pa\u00f1uelo en el grifo y le lava el corte de la pierna, luego se lo enrolla alrededor y hace un nudo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Gracias \u2014dice Chika.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfNecesitas ir al ba\u00f1o?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfAl ba\u00f1o? No.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Los contenedores de all\u00ed los estamos utilizando como ba\u00f1os \u2014explica la mujer.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La lleva al fondo de la tienda y en cuanto llega a la nariz de Chika el olor, mezclado con el del polvo y el agua met\u00e1lica, siente n\u00e1useas. Cierra los ojos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Lo siento. Tengo el est\u00f3mago revuelto. Por todo lo que est\u00e1 pasando hoy \u2014se disculpa la mujer a sus espaldas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Luego abre la ventana, deja el contenedor fuera y se lava las manos en el grifo. Cuando vuelve, Chika y ella se quedan sentadas una al lado de la otra en silencio; al cabo de un rato oyen el canto ronco a lo lejos, palabras que Chika no entiende. La tienda est\u00e1 casi totalmente oscura cuando la mujer se tiende en el suelo, con solo la parte superior del cuerpo sobre la tela.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;M\u00e1s tarde Chika leer\u00e1 en <em>The Guardian<\/em> que \u00abhay antecedentes de violencia por parte de los musulmanes reaccionarios hausaparlantes del norte contra los no musulmanes\u00bb, y en medio de su dolor recordar\u00e1 que examin\u00f3 los pezones y conoci\u00f3 la amabilidad de una musulmana hausa. Chika apenas duerme en toda la noche. La ventana est\u00e1 cerrada, el ambiente cargado, y el polvo, grueso y granulado, se le mete por las fosas nasales. No logra dejar de ver el cad\u00e1ver ennegrecido flotando en un halo junto a la ventana, se\u00f1al\u00e1ndola acusador. Al final oye a la mujer levantarse y abrir la ventana, dejando entrar el azul apagado del amanecer. Se queda un rato all\u00ed de pie antes de salir. Chika oye las pisadas de la gente que pasa por la acera. Oye a la mujer llamar a alguien, y una voz que se alza al reconocerla seguida de una parrafada en hausa r\u00e1pido que no entiende.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La mujer entra de nuevo en la tienda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ha terminado el peligro. Es Abu. Est\u00e1 vendiendo provisiones. Va a ver su tienda. Por todas partes hay polic\u00eda con gas lacrim\u00f3geno. El soldado viene para aqu\u00ed. Me voy antes de que el soldado empiece a acosar a todo el mundo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Chika se levanta despacio y se estira; le duelen las articulaciones. Caminar\u00e1 hasta la casa con verja de su t\u00eda porque no hay taxis por las calles, solo jeeps militares y coches patrulla destartalados. Encontrar\u00e1 a su t\u00eda yendo de una habitaci\u00f3n a otra con un vaso de agua en la mano, murmurando en igbo una y otra vez: \u00bfPor qu\u00e9 os ped\u00ed a Nnedi y a ti que vinierais a verme? \u00bfPor qu\u00e9 me enga\u00f1\u00f3 de este modo mi chi? Y Chika agarrar\u00e1 a su t\u00eda con fuerza por los hombros y la llevar\u00e1 a un sof\u00e1.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;De momento se desata el pa\u00f1uelo de la pierna, lo sacude como para quitar las manchas de sangre y se lo devuelve a la mujer.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Gracias.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014L\u00e1vate bien \u2014bien la pierna. Saluda a tu hermana, saluda a los tuyos \u2014dice la mujer, enroll\u00e1ndose la tela a la cintura.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Saluda t\u00fa tambi\u00e9n a los tuyos. Saluda a tu beb\u00e9 y a Halima.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;M\u00e1s tarde, cuando vuelva andando a la casa de su t\u00eda, coger\u00e1 una piedra manchada de sangre seca y la sostendr\u00e1 contra el pecho como un macabro souvenir. Y ya entonces, con una extra\u00f1a intuici\u00f3n, sabr\u00e1 que nunca encontrar\u00e1 a Nnedi, que su hermana ha desaparecido. Pero en ese momento se vuelve hacia la mujer y a\u00f1ade:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfPuedo quedarme con su pa\u00f1uelo? Est\u00e1 sangrando otra vez.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La mujer la mira un momento sin comprender; luego asiente. Tal vez se percibe en su rostro el principio del futuro dolor, pero esboza una sonrisa distra\u00edda antes de devolverle el pa\u00f1uelo y darse la vuelta para salir por la ventana.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento sobre mujeres que viven (y enfrentan) la violencia, por Chimamanda Ngozi Adichie (1977).<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":13827,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"El cuento del mes en Las Historias es de Chimamanda Ngozi Adichie.","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[4],"tags":[3146,22,2343,185,3148,3147,2069,2855,3149],"class_list":["post-13824","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-chimamanda-ngozi-adichie","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritoras","tag-escritores-africanos","tag-escritores-nigerianos","tag-feminismo","tag-literatura","tag-una-experiencia-privada"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/06\/Chimamanda.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-3AY","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13824","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=13824"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13824\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":13829,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13824\/revisions\/13829"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/13827"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=13824"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=13824"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=13824"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}