{"id":136,"date":"2006-10-31T10:00:13","date_gmt":"2006-10-31T14:00:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/?p=150"},"modified":"2016-10-26T10:24:46","modified_gmt":"2016-10-26T15:24:46","slug":"que-hacen-esas-personas-hablando","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/que-hacen-esas-personas-hablando\/","title":{"rendered":"\u00bfQu\u00e9 hacen esas personas hablando?"},"content":{"rendered":"<p><em>Este ensayo brev\u00edsimo apareci\u00f3 el domingo pasado en <\/em>El \u00c1ngel<em>, suplemento del diario <\/em>Reforma<em>:<\/em><\/p>\n<p>Llamamos \u00abcuenteros\u00bb, \u00abnarradores orales\u00bb, \u00abcuentacuentos\u00bb o \u00abhablistas\u00bb a quienes se dedican a referir en voz alta, y ante los otros, toda suerte de historias, de ahora y de entonces, sobre todos los temas y preocupaciones. Son una minor\u00eda, a\u00fan m\u00e1s reducida que la de quienes escriben o leen, y a veces los miramos con curiosidad: en plazas y patios, en casas y auditorios, parecen emisarios de un pa\u00eds remoto, el de la princesa Scheherezada y los <em>raconteurs<\/em> medievales. A veces nos preguntamos por qu\u00e9 siguen aqu\u00ed, habiendo tantos otros medios de informarnos y entretenernos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero \u00bfpor qu\u00e9 se habr\u00edan de marchar?<!--more--> No es s\u00f3lo que su arte de la voz &#8211;diferente del teatro, y m\u00e1s poderoso en tanto motor de la imaginaci\u00f3n&#8211; siga siendo capaz de arrebatar y fascinar. Adem\u00e1s, su presencia nos es indispensable por inc\u00f3moda, por inquietante, por imposible de asimilar el ruido de fondo de nuestras m\u00fasicas e im\u00e1genes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfQu\u00e9 hacen esas personas hablando? Nos recuerdan el principio de las palabras. Vuelven a tender los viejos puentes. Cuando estamos all\u00ed para escuchar, hacen contacto, siquiera brevemente, con nosotros.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y es que antes de la escritura ya exist\u00edan las historias. Tal vez provienen del mismo instante, ya olvidado, en que surgi\u00f3 el lenguaje. Son hijas de las palabras dichas, escuchadas, puestas en el espacio que separa de los otros a cada ser humano.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Durante miles de a\u00f1os, no hubo sino la memoria humana para conservar esas palabras: para recordar los hechos y los sue\u00f1os que la especie iba acumulando. (En ese tiempo largu\u00edsimo nacieron nuestros mitos perdurables, nuestros h\u00e9roes y tragedias, nuestros dioses y or\u00edgenes).<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Todo cambi\u00f3 cuando empezamos a colocar palabras fuera de nuestra mente, en barro y en piedra, en pergamino y en papel, en almacenes electr\u00f3nicos. M\u00e1s sutiles y m\u00e1s perfectos que la memoria, estos objetos &#8211;dep\u00f3sitos de signos&#8211; han modificado para siempre la relaci\u00f3n de nuestro pensamiento consigo mismo y con el universo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero las historias siguen con nosotros, por igual vueltas palabra escrita y pronunciadas, echadas al aire como si fuera su primer d\u00eda.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Este ensayo brev\u00edsimo apareci\u00f3 el domingo pasado en El \u00c1ngel, suplemento del diario Reforma: Llamamos \u00abcuenteros\u00bb, \u00abnarradores orales\u00bb, \u00abcuentacuentos\u00bb o \u00abhablistas\u00bb a quienes se dedican a referir en voz alta, y ante los otros, toda suerte de historias, de ahora y de entonces, sobre todos los temas y preocupaciones. 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