{"id":13391,"date":"2016-12-16T09:34:48","date_gmt":"2016-12-16T15:34:48","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=13391"},"modified":"2016-12-16T11:30:52","modified_gmt":"2016-12-16T17:30:52","slug":"la-culpa-es-de-los-tlaxcaltecas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/la-culpa-es-de-los-tlaxcaltecas\/","title":{"rendered":"La culpa es de los tlaxcaltecas"},"content":{"rendered":"<p>En este a\u00f1o terrible de 2016, hubo siempre demasiado trabajo y la publicaci\u00f3n en este sitio se volvi\u00f3 m\u00e1s err\u00e1tica que nunca. Sobre todo sufrieron el concurso mensual y la <a href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/el-cuento-del-mes\/\">antolog\u00eda virtual<\/a> de cuento. Para compensar, habr\u00e1 una entrega especial de <em>cinco<\/em> cuentos en los d\u00edas por venir, y el primero es \u00e9ste.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La semana pasada, el 11 de diciembre, se cumpli\u00f3 el centenario de <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Elena_Garro\">Elena Garro<\/a> (1916-1998), escritora mexicana. Gran autora &#8211;como m\u00ednimo, una de las mejores narradoras y dramaturgas nacidas en el pa\u00eds en los \u00faltimos cien a\u00f1os&#8211;, su obra <a href=\"http:\/\/www.letraslibres.com\/mexico\/literatura\/elena-garro-poderes-la-palabra\">vuelve<\/a> a <a href=\"http:\/\/confabulario.eluniversal.com.mx\/una-mirada-feminista\/\">ser comentada<\/a>, <a href=\"http:\/\/confabulario.eluniversal.com.mx\/ningun-favor-a-elena-garro\/\">apreciada<\/a>, <a href=\"http:\/\/www.excelsior.com.mx\/expresiones\/2016\/08\/24\/1112972\">examinada<\/a> en busca de nuevas perspectivas, y reeditada, tras un par de d\u00e9cadas de oscurecimiento.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abLa culpa es de los tlaxcaltecas\u00bb, su narraci\u00f3n breve m\u00e1s famosa, combina dos tiempos, dos visiones de la realidad y una sola situaci\u00f3n angustiosa para su protagonista. Se public\u00f3 en 1964 en la <em>Revista Mexicana de Literatura<\/em> y ha sido reproducida en muchas ocasiones, pero alguien se la encontrar\u00e1 aqu\u00ed por primera vez.<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/Garro-3.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"13394\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/la-culpa-es-de-los-tlaxcaltecas\/garro-3\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/Garro-3.jpg\" data-orig-size=\"720,700\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Elena Garro\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/Garro-3.jpg\" class=\"aligncenter size-full wp-image-13394\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/Garro-3.jpg\" alt=\"\" width=\"720\" height=\"700\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/Garro-3.jpg 720w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/Garro-3-300x292.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 720px) 100vw, 720px\" \/><\/a><br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>LA CULPA ES DE LOS TLAXCALTECAS<br \/>\nElena Garro<\/strong><\/p>\n<p>Nacha oy\u00f3 que llamaban en la puerta a la puerta de la cocina y se qued\u00f3 quieta. Cuando volvieron a insistir abri\u00f3 con sigilo y mir\u00f3 la noche. La se\u00f1ora Laura apareci\u00f3 con un dedo en los labios en se\u00f1al de silencio. Todav\u00eda llevaba el traje blanco quemado y sucio de tierra y sangre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Se\u00f1ora!&#8230; \u2014suspir\u00f3 Nacha.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La se\u00f1ora Laura entr\u00f3 de puntillas y mir\u00f3 con ojos interrogantes a la cocinera. Luego, confiada, se sent\u00f3 junto a la estufa y mir\u00f3 su cocina como si no la hubiera visto nunca.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Nachita, dame un cafecito&#8230; Tengo fr\u00edo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Se\u00f1ora, el se\u00f1or&#8230; el se\u00f1or la va a matar. Nosotros ya la d\u00e1bamos por muerta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfPor muerta?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Laura mir\u00f3 con asombro los mosaicos blancos de la cocina, subi\u00f3 las piernas sobre la silla, se abraz\u00f3 las rodillas y se qued\u00f3 pensativa. Nacha puso a hervir el agua para hacer el caf\u00e9 y mir\u00f3 de reojo a su patrona; no se le ocurri\u00f3 ni una palabra m\u00e1s. La se\u00f1ora recarg\u00f3 la cabeza sobre las rodillas, parec\u00eda muy triste.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfSabes, Nacha? La culpa es de los tlaxcaltecas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nacha no contest\u00f3, prefiri\u00f3 mirar el agua que no herv\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Afuera la noche desdibujaba a las rosas del jard\u00edn y ensombrec\u00eda a las higueras. Muy atr\u00e1s de las ramas brillaban las ventanas iluminadas de las casas vecinas. La cocina estaba separada del mundo por un muro invisible de tristeza, por un comp\u00e1s de espera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfNo est\u00e1s de acuerdo, Nacha?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed, se\u00f1ora&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Yo soy como ellos: traidora&#8230; \u2014dijo Laura con melancol\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La cocinera se cruz\u00f3 de brazos en espera de que el agua soltara los hervores.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfY t\u00fa, Nachita, eres traidora?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La mir\u00f3 con esperanzas. Si Nacha compart\u00eda su calidad traidora, la entender\u00eda, y Laura necesitaba que alguien la entendiera esa noche.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nacha reflexion\u00f3 unos instantes, se volvi\u00f3 a mirar el agua que empezaba a hervir con estr\u00e9pito, la sirvi\u00f3 sobre el caf\u00e9 y el aroma caliente la hizo sentirse a gusto cerca de su patrona.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed, yo tambi\u00e9n soy traicionera, se\u00f1ora Laurita.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Contenta, sirvi\u00f3 el caf\u00e9 en una tacita blanca, le puso dos cuadritos de az\u00facar y lo coloc\u00f3 en la mesa, frente a la se\u00f1ora. \u00c9sta, ensimismada, dio unos sorbitos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfSabes, Nachita? Ahora s\u00e9 por qu\u00e9 tuvimos tantos accidentes en el famoso viaje a Guanajuato. En Mil Cumbres se nos acab\u00f3 la gasolina. Margarita se asust\u00f3 porque ya estaba anocheciendo. Un camionero nos regal\u00f3 una poquita para llegar a Morelia. En Cuitzeo, al cruzar el puente blanco, el coche se par\u00f3 de repente. Margarita se disgust\u00f3 conmigo, ya sabes que le dan miedo los caminos vac\u00edos y los ojos de los indios. Cuando pas\u00f3 un coche lleno de turistas, ella se fue al pueblo a buscar un mec\u00e1nico y yo me qued\u00e9 en la mitad del puente blanco, que atraviesa el lago seco con fondo de lajas blancas. La luz era muy blanca y el puente, las lajas y el autom\u00f3vil empezaron a flotar en ella. Luego la luz se parti\u00f3 en varios pedazos hasta convertirse en miles de puntitos y empez\u00f3 a girar hasta que se qued\u00f3 fija como un retrato. El tiempo hab\u00eda dado la vuelta completa, como cuando ves una tarjeta postal y luego la vuelves para ver lo que hay escrito atr\u00e1s. As\u00ed llegu\u00e9 en el lago de Cuitzeo, hasta la otra ni\u00f1a que fui. La luz produce esas cat\u00e1strofes, cuando el sol se vuelve blanco y uno est\u00e1 en el mismo centro de sus rayos. Los pensamientos tambi\u00e9n se vuelven mil puntitos, y uno sufre v\u00e9rtigo. Yo, en ese momento, mir\u00e9 el tejido de mi vestido blanco y en ese instante o\u00ed sus pasos. No me asombr\u00e9. Levant\u00e9 los ojos y lo vi venir. En ese instante, tambi\u00e9n record\u00e9 la magnitud de mi traici\u00f3n, tuve miedo y quise huir. Pero el tiempo se cerr\u00f3 alrededor de m\u00ed, se volvi\u00f3 \u00fanico y perecedero y no pude moverme del asiento del autom\u00f3vil. \u201cAlguna vez te encontrar\u00e1s frente a tus acciones convertidas en piedras irrevocables como \u00e9sa\u201d, me dijeron de ni\u00f1a al ense\u00f1arme la imagen de un dios, que ahora no recuerdo cu\u00e1l era. Todo se olvida, \u00bfverdad Nachita?, pero se olvida s\u00f3lo por un tiempo, En aquel entonces tambi\u00e9n las palabras me parecieron de piedra, s\u00f3lo que de una piedra fluida y cristalina. La piedra se solidificaba al terminar cada palabra, para quedar escrita para siempre en el tiempo. \u00bfNo eran as\u00ed las palabras de tus mayores?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nacha reflexion\u00f3 unos instantes, luego asinti\u00f3 convencida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014As\u00ed eran, se\u00f1ora Laurita.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Lo terrible es, lo descubr\u00ed en ese instante, que todo lo incre\u00edble es verdadero. All\u00ed ven\u00eda \u00e9l, avanzando por la orilla del puente, con la piel ardida por el sol y el peso de la derrota sobre los hombros desnudos. Sus pasos sonaban como hojas secas. Tra\u00eda los ojos brillantes. Desde lejos me llegaron sus chispas negras y vi ondear sus cabellos negros en medio de la luz blanqu\u00edsima del encuentro. Antes de que pudiera evitarlo lo tuve frente a mis ojos. Se detuvo, se cogi\u00f3 de la portezuela del coche y me mir\u00f3. Ten\u00eda una cortada en la mano izquierda, los cabellos llenos de polvo, y por la herida del hombro le escurr\u00eda una sangre tan roja, que parec\u00eda negra. No me dijo nada. Pero yo supe que iba huyendo, vencido. Quiso decirme que yo merec\u00eda la muerte, y al mismo tiempo me dijo que mi muerte ocasionar\u00eda la suya. Andaba malherido, en busca m\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u201c\u2014La culpa es de los tlaxcaltecas\u2014 le dije.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u201c\u00c9l se volvi\u00f3 a mirar al cielo. Despu\u00e9s recogi\u00f3 otra vez sus ojos sobre los m\u00edos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014\u00bfQu\u00e9 te haces? \u2014me pregunt\u00f3 con su voz profunda. No pude decirle que me hab\u00eda casado, porque estoy casada con \u00e9l. Hay cosas que no se pueden decir, t\u00fa lo sabes, Nachita.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014\u00bfY los otros? \u2014le pregunt\u00e9.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014Los que salieron vivos andan en las mismas trazas que yo\u2014. Vi que cada palabra le lastimaba la lengua y me call\u00e9, pensando en la verg\u00fcenza de mi traici\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014Ya sabes que tengo miedo y que por eso traiciono&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014Ya lo s\u00e9 \u2014me contest\u00f3 y agach\u00f3 la cabeza. Me conoce desde chica, Nacha. Su padre y el m\u00edo eran hermanos y nosotros primos. Siempre me quiso, al menos eso dijo y as\u00ed lo cre\u00edmos todos. En el puente yo ten\u00eda verg\u00fcenza. La sangre le segu\u00eda corriendo por el pecho. Saqu\u00e9 un pa\u00f1uelito de mi bolso y sin una palabra, empec\u00e9 a limpi\u00e1rsela. Tambi\u00e9n yo siempre lo quise, Nachita, porque \u00e9l es lo contrario de m\u00ed: no tiene miedo y no es traidor. Me cogi\u00f3 la mano y me la mir\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014Est\u00e1 muy deste\u00f1ida, parece una mano de ellos \u2014me dijo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014Hace ya tiempo que no me pega el sol\u2014. Baj\u00f3 los ojos y me dej\u00f3 caer la mano: Estuvimos as\u00ed, en silencio, oyendo correr la sangre sobre su pecho. No me reprochaba nada, bien sabe de lo que soy capaz. Pero los hilitos de su sangre escrib\u00edan sobre su pecho que su coraz\u00f3n segu\u00eda guardando mis palabras y mi cuerpo. All\u00ed supe, Na\u00acchita, que el tiempo y el amor son uno solo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014\u00bfY mi casa? \u2014le pregunt\u00e9.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014Vamos a verla\u2014. Me agarr\u00f3 con su mano caliente, como agarraba a su escudo y me di cuenta de que no lo llevaba. \u201cLo perdi\u00f3 en la huida\u201d, me dije, y me dej\u00e9 llevar. Sus pasos sonaron en la luz de Cuitzeo iguales que en la otra luz: sordos y apacibles. Caminamos por la ciudad que ard\u00eda en las orillas del agua. Cerr\u00e9 los ojos. Ya te dije, Nacha, que soy cobarde. O tal vez el humo y el polvo me sacaron l\u00e1grimas. Me sent\u00e9 en una piedra y me tap\u00e9 la cara con las manos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014Ya no camino&#8230; \u2014le dije.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014Ya llegamos \u2014me contest\u00f3. Se puso en cuclillas junto a m\u00ed y con la punta de los dedos acarici\u00f3 mi vestido blanco.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014Si no quieres ver c\u00f3mo qued\u00f3, no lo veas \u2014me dijo quedito.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Su pelo negro me hac\u00eda sombra. No estaba enojado, nada m\u00e1s estaba triste. Antes nunca me hubiera atrevido a besarlo, pero ahora he aprendido a no tenerle respeto al hombre, y me abrac\u00e9 a su cuello y lo bes\u00e9 en la boca.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014Siempre has estado en la alcoba m\u00e1s preciosa de mi pecho \u2014me dijo. Agach\u00f3 la cabeza y mir\u00f3 la tierra llena de piedras secas. Con una de ellas dibuj\u00f3 dos rayitas paralelas, que prolong\u00f3 hasta que se juntaron y se hicieron una sola.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014Somos t\u00fa y yo \u2014me dijo sin levantar la vista. Yo, Nachita, me qued\u00e9 sin palabras.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014Ya falta poco para que se acabe el tiempo y seamos uno solo&#8230; por eso te andaba buscando\u2014. Se me hab\u00eda olvidado, Nacha, que cuando se gaste el tiempo, los dos hemos de quedarnos el uno en el otro, para entrar en el tiempo verdadero convertidos en uno solo. Cuando me dijo eso lo mir\u00e9 a los ojos. Antes s\u00f3lo me atrev\u00eda a mir\u00e1rselos cuando me tomaba, pero ahora, como ya te dije, he aprendido a no respetar los ojos del hombre. Tambi\u00e9n es cierto que no quer\u00eda ver lo que suced\u00eda a mi alrededor&#8230; soy muy cobarde. Record\u00e9 los alaridos y volv\u00ed a o\u00edrlos: estridentes, llameantes en mitad de la ma\u00f1ana. Tambi\u00e9n o\u00ed los golpes de las piedras y las vi pasar zumbando sobre mi cabeza. \u00c9l se puso de rodillas frente a m\u00ed y cruz\u00f3 los brazos sobre mi cabeza para hacerme un tejadito.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014\u00c9ste es el final del hombre \u2014dije.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014As\u00ed es \u2014contest\u00f3 con su voz encima de la m\u00eda. Y me vi en sus ojos y en su cuerpo. \u00bfSer\u00eda un venado el que me llevaba hasta su ladera? \u00bfO una estrella que me lanzaba a escribir se\u00f1ales en el cielo? Su voz escribi\u00f3 signos de sangre en mi pecho y mi vestido blanco qued\u00f3 rayado como un tigre rojo y blanco.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014A la noche vuelvo, esp\u00e9rame&#8230; \u2014suspir\u00f3. Agarr\u00f3 su escudo y me mir\u00f3 desde muy arriba.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014Nos falta poco para ser uno \u2014agreg\u00f3 con su misma cortes\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando se fue, volv\u00ed a o\u00edr los gritos del combate y sal\u00ed corriendo en medio de la lluvia de piedras y me perd\u00ed hasta el coche parado en el puente del Lago de Cuitzeo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014\u00bfQu\u00e9 pasa? \u00bfEst\u00e1s herida? \u2014me grit\u00f3 Margarita cuando lleg\u00f3. Asustada, tocaba la sangre de mi vestido blanco y se\u00f1alaba la sangre que ten\u00eda en los labios y la tierra que se hab\u00eda metido en mis cabellos. Desde otro coche, el mec\u00e1nico de Cuitzeo me miraba con sus ojos muertos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014\u00a1Estos indios salvajes!&#8230; \u00a1No se puede dejar sola a una se\u00f1ora! \u2014dijo al saltar de su autom\u00f3vil, dizque para venir a auxiliarme. Al anochecer llegamos a la ciudad de M\u00e9xico. \u00a1C\u00f3mo hab\u00eda cambiado, Nachita, casi no puede creerlo! A las doce del d\u00eda todav\u00eda estaban los guerreros y ahora ya ni huella de su paso. Tampoco quedaban escombros. Pasamos por el Z\u00f3calo silencioso y triste; de la otra plaza, no quedaba \u00a1nada! Margarita me miraba de reojo. Al llegar a la casa nos abriste t\u00fa. \u00bfTe acuerdas?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nacha asinti\u00f3 con la cabeza. Era muy cierto que hac\u00eda apenas dos meses escasos que la se\u00f1ora Laurita y su suegra hab\u00edan ido a pasear a Guanajuato. La noche en que volvieron, Josefina la recamarera y ella, Nacha, notaron la sangre en el vestido y los ojos ausentes de la se\u00f1ora, pero Margarita, la se\u00f1ora grande, les hizo se\u00f1as de que se callaran. Parec\u00eda muy preocupada. M\u00e1s tarde Josefina le cont\u00f3 que en la mesa el se\u00f1or se le qued\u00f3 mirando malhumorado a su mujer y le dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfPor qu\u00e9 no te cambiaste? \u00bfTe gusta recordar lo malo?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La se\u00f1ora Margarita, su mam\u00e1, ya le hab\u00eda contado lo sucedido y le hizo una se\u00f1a como dici\u00e9ndole: \u201c\u00a1C\u00e1llate, tenle l\u00e1stima!\u201d. La se\u00f1ora Laurita no contest\u00f3; se acarici\u00f3 los labios y sonri\u00f3 ladina. Entonces el se\u00f1or, volvi\u00f3 a hablar del presidente L\u00f3pez Mateos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014Ya sabes que ese nombre no se le cae de la boca \u2014hab\u00eda comentado Josefina, desde\u00f1osamente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En sus adentros ellas pensaban que la se\u00f1ora Laurita se aburr\u00eda oyendo hablar siempre del se\u00f1or presidente y de las visitas oficiales.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Lo que son las cosas, Nachita, yo nunca hab\u00eda notado lo que me aburr\u00eda con Pablo hasta esa noche! \u2014coment\u00f3 la se\u00f1ora abraz\u00e1ndose con Pablo hasta esa noche d\u00e1ndoles s\u00fabitamente la raz\u00f3n a Josefina y Nachita.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La cocinera se cruz\u00f3 de brazos y asinti\u00f3 con la cabeza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Desde que entr\u00e9 a la casa, los muebles, los jarrones y los espejos se me vinieron encima y me dejaron m\u00e1s triste de lo que ven\u00eda. \u00bfCu\u00e1ntos d\u00edas, cu\u00e1ntos a\u00f1os tendr\u00e9 que esperar todav\u00eda para que mi primo venga a buscarme? As\u00ed me dije y me arrepent\u00ed de mi traici\u00f3n. Cuando est\u00e1bamos cenando me fij\u00e9 en que Pablo no hablaba con palabras sino con letras. Y me puse a contarlas mientras le miraba la boca gruesa y el ojo muerto. De pronto se call\u00f3. Ya sabes que se le olvida todo. Se qued\u00f3 con los brazos ca\u00eddos. \u201cEste marido nuevo, no tiene memoria y no sabe m\u00e1s que las cosas de cada d\u00eda.\u201d<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014Tienes un marido turbio y confuso \u2014me dijo \u00e9l volviendo a mirar las manchas de mi vestido. La pobre de mi suegra se turb\u00f3 y como est\u00e1bamos tomando el caf\u00e9 se levant\u00f3 a poner un twist.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014Para que se animen \u2014nos dijo, dizque sonriendo, porque ve\u00eda venir el pleito.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cNosotros nos quedamos callados. La casa se llen\u00f3 de ruidos. Yo mir\u00e9 a Pablo. \u201cSe parece a&#8230;\u201d y no me atrev\u00ed a decir su nombre, por miedo a que me leyeran el pensamiento. Es verdad que se le parece, Nacha. A los dos les gusta el agua y las casas frescas. Los dos miran al cielo por las tardes y tienen el pelo negro y los dientes blancos. Pero Pablo habla a saltitos, se enfurece por nada y pregunta a cada instante: \u201c\u00bfEn qu\u00e9 piensas?\u201d Mi primo marido no hace ni dice nada de eso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Muy cierto! \u00a1Muy cierto que el se\u00f1or es freg\u00f3n! \u2014dijo Nacha con disgusto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Laura suspir\u00f3 y mir\u00f3 a su cocinera con alivio. Menos mal que la ten\u00eda de confidente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Por la noche, mientras Pablo me besaba, yo me repet\u00eda: \u201c\u00bfA qu\u00e9 horas vendr\u00e1 a buscarme?\u201d. Y casi lloraba al recordar la sangre de la herida que ten\u00eda en el hombro. Tampoco pod\u00eda olvidar sus brazos cruzados sobre mi cabeza para hacerme un tejadito. Al mismo tiempo ten\u00eda miedo de que Pablo notara que mi primo me hab\u00eda besado en la ma\u00f1ana. Pero no not\u00f3 nada y si no hubiera sido por Josefina que me asust\u00f3 en la ma\u00f1ana, Pablo nunca lo hubiera sabido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nachita estuvo de acuerdo. Esa Josefina con su gusto por el esc\u00e1ndalo ten\u00eda la culpa de todo. Ella, Nacha, bien se lo dijo: \u201c\u00a1C\u00e1llate! \u00a1C\u00e1llate por el amor de Dios, si no oyeron nuestros gritos por algo ser\u00eda!\u201d. Pero, qu\u00e9 esperanzas, Josefina apenas entr\u00f3 a la pieza de los patrones con la bandeja del desayuno, solt\u00f3 lo que deber\u00eda haber callado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014\u00a1Se\u00f1ora, anoche un hombre estuvo espiando por la ventana de su cuarto! \u00a1Nacha y yo gritamos y gritamos!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014No o\u00edmos nada&#8230; \u2014dijo el se\u00f1or asombrado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014\u00a1Es \u00e9l&#8230;! \u2014grit\u00f3 la tonta de la se\u00f1ora.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014\u00bfQui\u00e9n es \u00e9l? \u2014pregunt\u00f3 el se\u00f1or mirando a la se\u00f1ora como si la fuera a matar. Al menos eso dijo Josefina despu\u00e9s.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La se\u00f1ora asustad\u00edsima se tap\u00f3 la boca con la mano y cuando el se\u00f1or le volvi\u00f3 a hacer la misma pregunta, cada vez con m\u00e1s enojo, ella contest\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014El indio&#8230; el indio que me sigui\u00f3 desde Cuitzeo hasta la ciudad de M\u00e9xico&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;As\u00ed supo Josefina lo del indio y as\u00ed se lo cont\u00f3 a Nachita.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014 \u00a1Hay que avisarle inmediatamente a la polic\u00eda! \u2014grit\u00f3 el se\u00f1or.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Josefina le ense\u00f1\u00f3 la ventana por la que el desconocido hab\u00eda estado fisgando y Pablo la examin\u00f3 con atenci\u00f3n: en el alf\u00e9izar hab\u00eda huellas de sangre casi frescas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014Est\u00e1 herido&#8230; \u2014dijo el se\u00f1or Pablo preocupado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dio unos pasos por la rec\u00e1mara y se detuvo frente a su mujer.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014Era un indio, se\u00f1or \u2014dijo Josefina corroborando las palabras de Laura.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pablo vio el traje blanco tirado sobre una silla y lo cogi\u00f3 con violencia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014\u00bfPuedes explicarme el origen de estas manchas?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La se\u00f1ora se qued\u00f3 sin habla, mirando las manchas de sangre sobre el pecho de su traje y el se\u00f1or golpe\u00f3 la c\u00f3moda con el pu\u00f1o cerrado. Luego se acerc\u00f3 a la se\u00f1ora y le dio una santa bofetada. Eso lo vio y lo oy\u00f3 Josefina.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Sus gestos son feroces y su conducta es tan incoherente como sus palabras. Yo no tengo la culpa de que aceptara la derrota \u2014dijo Laura con desd\u00e9n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Muy cierto \u2014afirm\u00f3 Nachita.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se produjo un largo silencio en la cocina. Laura meti\u00f3 la punta del dedo hasta el fondo de la taza, para sacar el pozo negro del caf\u00e9 que se hab\u00eda quedado asentado, y Nacha al ver esto volvi\u00f3 a servirle un caf\u00e9 calientito.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014B\u00e9base su caf\u00e9, se\u00f1ora \u2014dijo compadecida de la tristeza de su patrona. \u00bfDespu\u00e9s de todo de qu\u00e9 se quejaba el se\u00f1or? A leguas se ve\u00eda que la se\u00f1ora Laurita no era para \u00e9l.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Yo me enamor\u00e9 de Pablo en una carretera, durante un minuto en el cual me record\u00f3 a alguien conocido, a quien y o no recordaba. Despu\u00e9s, a veces, recuperaba aquel instante en el que parec\u00eda que iba a convertirse en ese otro al cual se parec\u00eda. Pero no era verdad. Inmediatamente volv\u00eda a ser absurdo, sin memoria, y s\u00f3lo repet\u00eda los gestos de todos los hombres de la ciudad de M\u00e9xico. \u00bfC\u00f3mo quer\u00edas que no me diera cuenta del enga\u00f1o? Cuando se enoja me proh\u00edbe salir. \u00a1A ti te consta! \u00bfCu\u00e1ntas veces arma pleitos en los cines y en los restaurantes? T\u00fa lo sabes, Nachita. En cambio mi primo marido, nunca, pero nunca, se enoja con la mujer.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nacha sab\u00eda que era cierto lo que ahora le dec\u00eda la se\u00f1ora, por eso aquella ma\u00f1ana en que Josefina entr\u00f3 a la cocina espantada y gritando: \u201c\u00a1Despierta a la se\u00f1ora Margarita, que el se\u00f1or est\u00e1 golpeando a la se\u00f1ora!\u201d, ella, Nacha, corri\u00f3 al cuarto de la se\u00f1ora grande.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La presencia de su madre calm\u00f3 al se\u00f1or Pablo. Margarita se qued\u00f3 muy asombrada al o\u00edr lo del indio, porque ella no lo hab\u00eda visto en el Lago de Cuitzeo, s\u00f3lo hab\u00eda visto la sangre como la que pod\u00edamos ver todos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014Tal vez en el Lago tuviste una insolaci\u00f3n, Laura, y te sali\u00f3 sangre por las narices. F\u00edjate, hijo, que llev\u00e1bamos el coche descubierto. Dijo casi sin saber qu\u00e9 decir.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La se\u00f1ora Laura se tendi\u00f3 boca abajo en la cama y se encerr\u00f3 en sus pensamientos, mientras su marido y su suegra discut\u00edan.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfSabes, Nachita, lo que yo estaba pensando esa ma\u00f1ana? \u00bfY si me vio anoche cuando Pablo me besaba? Y ten\u00eda ganas de llorar. En ese momento me acord\u00e9 de que cuando un hombre y una mujer se aman y no tienen hijos est\u00e1n condenados a convertirse en uno solo. As\u00ed me lo dec\u00eda mi otro padre, cuando yo le llevaba el agua y \u00e9l miraba la puerta detr\u00e1s de la que dorm\u00edamos mi primo marido y yo. Todo lo que mi otro padre me hab\u00eda dicho ahora se estaba haciendo verdad. Desde la almohada o\u00ed las palabras de Pablo y de Margarita y no eran sino tonter\u00edas. \u201cLo voy a ir a buscar\u201d, me dije. \u201cPero \u00bfad\u00f3nde?\u201d. M\u00e1s tarde cuando t\u00fa volviste a mi cuarto a preguntarme qu\u00e9 hac\u00edamos de comida, me vino un pensamiento a la cabeza: \u201c\u00a1Al Caf\u00e9 de Tacuba!\u201d. Y ni siquiera conoc\u00eda ese caf\u00e9, Nachita, s\u00f3lo lo hab\u00eda o\u00eddo mentar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nacha record\u00f3 a la se\u00f1ora como si la viera ahora, poni\u00e9ndose su vestido blanco manchado de sangre, el mismo que tra\u00eda en este momento en la cocina.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Por Dios, Laura, no te pongas ese vestido! \u2014le dijo su suegra. Pero ella no hizo caso. Para esconder las manchas, se puso un sweater blanco encima, se lo aboton\u00f3 hasta el cuello y se fue a la calle sin decir adi\u00f3s. Despu\u00e9s vino lo peor. No, lo peor no. Lo peor iba a venir ahora en la cocina, si la se\u00f1ora Margarita se llegaba a despertar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014En el Caf\u00e9 de Tacuba no hab\u00eda nadie. Es muy triste ese lugar, Nachita. Se me acerc\u00f3 un camarero, \u201c\u00bfQu\u00e9 le sirvo?\u201d. Yo no quer\u00eda nada, pero tuve que pedir algo. \u201cUna cocada\u201d. Mi primo y yo com\u00edamos cocos .de chiquitos&#8230; En el caf\u00e9 un reloj marcaba el tiempo. \u201cEn todas las ciudades hay relojes que marcan el tiempo, se debe estar gastando a pasitos. Cuando ya no quede sino una capa transparente, llegar\u00e1 \u00e9l y las dos rayas dibujadas se volver\u00e1n una sola y yo habitar\u00e9 la alcoba m\u00e1s preciosa de su pecho\u201d. As\u00ed me dec\u00eda mientras com\u00eda la cocada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014\u00bfQu\u00e9 horas son? \u2014le pregunt\u00e9 al camarero.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014Las doce, se\u00f1orita.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cA la una llega Pablo\u201d, me dije, \u201csi le digo a un taxi que me lleve por el Perif\u00e9rico, puedo esperar todav\u00eda un rato\u201d. Pero no esper\u00e9 y me sal\u00ed a la calle. El sol estaba plateado, el pensamiento se me hizo un polvo brillante y no hubo presente, pasado ni futuro. En la acera estaba mi primo, se me puso delante, ten\u00eda los ojos tristes, me mir\u00f3 largo rato.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014\u00bfQu\u00e9 haces? \u2014me pregunt\u00f3 con su voz profunda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014Te estaba esperando.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se qued\u00f3 quieto como las panteras. Le vi el pelo negro y la herida roja en el hombro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014\u00bfNo ten\u00edas miedo de estar aqu\u00ed s\u00f3lita?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cLas piedras y los gritos volvieron a zumbar alrededor nuestro y yo sent\u00ed que algo ard\u00eda a mis espaldas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014No mires \u2014me dijo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cPuso una rodilla en tierra y con los dedos apag\u00f3 mi vestido que empezaba a arder. Le vi los ojos muy afligidos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014\u00a1S\u00e1came de aqu\u00ed! \u2014le grit\u00e9 con todas mis fuerzas, porque me acord\u00e9 de que estaba frente a la casa de mi pap\u00e1, que la casa estaba ardiendo y que atr\u00e1s de m\u00ed estaban mis padres y mis hermanitos muertos. Todo lo ve\u00eda retratado en sus ojos, mientras \u00e9l estaba con la rodilla hincada en tierra apagando mi vestido. Me dej\u00e9 caer sobre \u00e9l, que me recibi\u00f3 en sus brazos. Con su mano caliente me tap\u00f3 los ojos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014\u00c9ste es el final del hombre \u2014le dije con los ojos bajo su mano.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014 \u00a1No lo veas!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cMe guard\u00f3 contra su coraz\u00f3n. Yo lo o\u00ed sonar como rueda el trueno sobre las monta\u00f1as. \u00bfCu\u00e1nto faltar\u00eda para que el tiempo se acabara y yo pudiera o\u00edrlo siempre? Mis l\u00e1grimas refrescaron su mano que ard\u00eda en el incendio de la ciudad. Los alaridos y las piedras nos cercaban, pero yo estaba a salvo bajo su pecho.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014Duerme conmigo&#8230; \u2014me dijo en voz muy baja.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014\u00bfMe viste anoche? \u2014le pregunt\u00e9.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014Te vi&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cNos dormimos en la luz de la ma\u00f1ana, en el calor del incendio. Cuando recordamos, se levant\u00f3 y agarr\u00f3 su escudo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014Esc\u00f3ndete hasta el amanecer. Yo vendr\u00e9 por ti.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cSe fue corriendo ligero sobre sus piernas desnudas&#8230; Y yo me escap\u00e9 otra vez, Nachita, porque sola tuve miedo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014Se\u00f1orita, \u00bfse siente mal?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una voz igual a la de Pablo se me acerc\u00f3 a media calle.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014\u00a1Insolente! \u00a1D\u00e9jeme tranquila!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cTom\u00e9 un taxi que me trajo a la casa por el Perif\u00e9rico y llegu\u00e9&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nacha record\u00f3 su llegada: ella misma le hab\u00eda abierto la puerta. Y ella fue la que le dio la noticia. Josefina baj\u00f3 despu\u00e9s, desbarranc\u00e1ndose por las escaleras.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014\u00a1Se\u00f1ora, el se\u00f1or y la se\u00f1ora Margarita est\u00e1n en la polic\u00eda!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Laura se le qued\u00f3 mirando asombrada, muda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014 \u00bfD\u00f3nde anduvo, se\u00f1ora?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014Fui al Caf\u00e9 de Tacuba.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014Pero eso fue hace dos d\u00edas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Josefina tra\u00eda el \u00daltimas Noticias. Ley\u00f3 en voz alta: \u201cLa se\u00f1ora Aldama contin\u00faa desaparecida. Se cree que el siniestro individuo de aspecto ind\u00edgena que la sigui\u00f3 desde Cuitzeo, sea un s\u00e1dico. La polic\u00eda investiga en los estados de Michoac\u00e1n y Guanajuato\u201d.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La se\u00f1ora Laurita arrebat\u00f3 el peri\u00f3dico de las manos de Josefina y lo desgarr\u00f3 con ira. Luego se fue a su cuarto. Nacha y Josefina la siguieron, era mejor no dejarla sola. La vieron echarse en su cama y so\u00f1ar con los ojos muy abiertos. Las dos tuvieron el mismo pensamiento y as\u00ed se lo dijeron despu\u00e9s en la cocina: \u201cPara m\u00ed, la se\u00f1ora Laurita anda enamorada\u201d. Cuando el se\u00f1or lleg\u00f3 ellas estaban todav\u00eda en el cuarto de su patrona.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Laura! \u2014grit\u00f3. Se precipit\u00f3 a la cama y tom\u00f3 a su mujer en su brazos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Alma de mi alma! \u2014solloz\u00f3 el se\u00f1or.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La se\u00f1ora Laurita pareci\u00f3 enternecida unos segundos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Se\u00f1or! \u2014grit\u00f3 Josefina\u2014. El vestido de la se\u00f1ora est\u00e1 bien chamuscado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nacha la mir\u00f3 desaprob\u00e1ndola. El se\u00f1or revis\u00f3 el vestido y las piernas de la se\u00f1ora.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Es verdad&#8230; tambi\u00e9n las suelas de sus zapatos est\u00e1n ardidas&#8230; Mi amor, \u00bfqu\u00e9 pas\u00f3?, \u00bfd\u00f3nde estuviste?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014En el Caf\u00e9 de Tacuba \u2014contest\u00f3 la se\u00f1ora muy tranquila.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La se\u00f1ora Margarita se torci\u00f3 las manos y se acerc\u00f3 a su nuera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ya sabemos que anteayer estuviste all\u00ed y comiste una cocada. \u00bfY luego?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Luego tom\u00e9 un taxi y me vine ac\u00e1 por el Perif\u00e9rico.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nacha baj\u00f3 los ojos, Josefina abri\u00f3 la boca como para decir algo y la se\u00f1ora Margarita se mordi\u00f3 los labios. Pablo, en cambio, agarr\u00f3 a su mujer por los hombros y la sacudi\u00f3 con fuerza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1D\u00e9jate de hacer la idiota! \u00bfEn d\u00f3nde estuviste dos d\u00edas?&#8230; \u00bfPor qu\u00e9 traes el vestido quemado?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQuemado? Si \u00e9l lo apag\u00f3&#8230; \u2014dej\u00f3 escapar la se\u00f1ora Laura.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bf\u00c9l?&#8230; \u00bfel indio asqueroso? \u2014Pablo la volvi\u00f3 a zarandear con ira.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Me lo encontr\u00e9 a la salida del Caf\u00e9 de Tacuba&#8230; \u2014solloz\u00f3 la se\u00f1ora muerta de miedo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Nunca pens\u00e9 que fueras tan baja! \u2014dijo el se\u00f1or y la avent\u00f3 sobre la cama.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Dinos qui\u00e9n es \u2014pregunt\u00f3 la suegra suavizando la voz.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfVerdad Nachita, que no pod\u00eda decirles que era mi marido? \u2014pregunt\u00f3 Laura pidiendo la aprobaci\u00f3n de la cocinera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nacha aplaudi\u00f3 la discreci\u00f3n de su patrona y record\u00f3 que aquel mediod\u00eda, ella, apenada por la situaci\u00f3n de su ama, hab\u00eda opinado:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Tal vez el indio de Cuitzeo es un brujo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero la se\u00f1ora Margarita se hab\u00eda vuelto a ella con ojos fulgurantes para contestarle casi a gritos:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfUn brujo? \u00a1Dir\u00e1s un asesino!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Despu\u00e9s, en muchos d\u00edas no dejaron salir a la se\u00f1ora Laurita. El se\u00f1or orden\u00f3 que se vigilaran las puertas y ventanas de la casa. Ellas, las sirvientas, entraban continuamente al cuarto de la se\u00f1ora para echarle un vistazo. Nacha se neg\u00f3 siempre a exteriorizar su opini\u00f3n sobre el caso o a decir las anomal\u00edas que sorprend\u00eda. Pero, \u00bfqui\u00e9n pod\u00eda callar a Josefina?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Se\u00f1or, al amanecer, el indio estaba otra vez junto a la ventana \u2014anunci\u00f3 al llevar la bandeja con el desayuno.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El se\u00f1or se precipit\u00f3 a la ventana y encontr\u00f3 otra vez la huella de sangre fresca. La se\u00f1ora se puso a llorar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Pobrecito!&#8230; \u00a1pobrecito!&#8230; \u2014dijo entre sollozos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Fue esa tarde cuando el se\u00f1or lleg\u00f3 con un m\u00e9dico. Despu\u00e9s el doctor volvi\u00f3 todos los atardeceres.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Me preguntaba por mi infancia, por mi padre y por mi madre. Pero, yo, Nachita, no sab\u00eda de cu\u00e1l infancia, ni de cu\u00e1l padre, ni de cu\u00e1l madre quer\u00eda saber. Por eso le platicaba de la Conquista de M\u00e9xico. \u00bfT\u00fa me entiendes, verdad? \u2014pregunt\u00f3 Laura con los ojos puestos sobre las cacerolas amarillas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed, se\u00f1ora&#8230; \u2014Y Nachita, nerviosa, escrut\u00f3 el jard\u00edn a trav\u00e9s de los vidrios de la ventana. La noche apenas si dejaba ver entre sus sombras. Record\u00f3 la cara desganada del se\u00f1or frente a su cena y la mirada acongojada de su madre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Mam\u00e1, Laura le pidi\u00f3 al doctor la Historia de Bernal D\u00edaz del Castillo. Dice que eso es lo \u00fanico que le interesa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La se\u00f1ora Margarita hab\u00eda dejado caer el tenedor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Pobre hijo m\u00edo, tu mujer est\u00e1 loca!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No habla sino de la ca\u00edda de la Gran Tenochtitl\u00e1n \u2014agreg\u00f3 el se\u00f1or Pablo con aire sombr\u00edo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dos d\u00edas despu\u00e9s, el m\u00e9dico, la se\u00f1ora Margarita y el se\u00f1or Pablo decidieron que la depresi\u00f3n de Laura aumentaba con el encierro. Deb\u00eda tomar contacto con el mundo y enfrentarse con sus responsabilidades. Desde ese d\u00eda, el se\u00f1or mandaba el autom\u00f3vil para que su mujer saliera a dar pase\u00edtos por el Bosque de Chapultepec. La se\u00f1ora sal\u00eda acompa\u00f1ada de su suegra y el chofer ten\u00eda \u00f3rdenes de vigilarlas estrechamente. S\u00f3lo que el aire de los eucaliptos no la mejoraba, pues apenas volv\u00eda a su casa, la se\u00f1ora Laurita se encerraba en su cuarto para leer la Conquista de M\u00e9xico de Bernal D\u00edaz.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una ma\u00f1ana la se\u00f1ora Margarita regres\u00f3 del Bosque de Chapultepec sola y desamparada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Se escap\u00f3 la loca! \u2014grit\u00f3 con voz estent\u00f3rea al entrar a la casa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014F\u00edjate, Nacha, me sent\u00e9 en la misma banquita de siempre y me dije: \u201cNo me lo perdona. Un hombre puede perdonar una, dos, tres, cuatro traiciones, pero la traici\u00f3n permanente, no.\u201d Este pensamiento me dej\u00f3 muy triste. Hac\u00eda calor y Margarita se compr\u00f3 un helado de vainilla; yo no quise, entonces ella se meti\u00f3 al autom\u00f3vil a comerlo. Me fij\u00e9 que estaba tan aburrida de m\u00ed, como yo de ella. A m\u00ed no me gusta que me vigilen y trat\u00e9 de ver otras cosas para no verla comiendo su barquillo y mir\u00e1ndome. Vi el heno gris que colgaba de los ahuehuetes y no s\u00e9 por qu\u00e9, la ma\u00f1ana se volvi\u00f3 tan triste como esos \u00e1rboles. \u201cEllos y yo hemos visto las mismas cat\u00e1strofes\u201d, me dije. Por la calzada vac\u00eda, se paseaban las horas solas. Como las horas estaba yo: sola en una calzada vac\u00eda. Mi marido hab\u00eda contemplado por la ventana mi traici\u00f3n permanente y me hab\u00eda abandonado en esa calzada hecha de cosas que no exist\u00edan. Record\u00e9 el olor de las hojas de ma\u00edz y el rumor sosegado de sus pasos. \u201cAs\u00ed caminaba, con el ritmo de las hojas secas cuando el viento de febrero las lleva sobre las piedras. Antes no necesitaba volver la cabeza para saber que \u00e9l estaba ah\u00ed mir\u00e1ndome las espaldas\u201d&#8230; Andaba en esos tristes pensamientos, cuando o\u00ed correr al sol y las hojas secas empezaron a cambiar de sitio. Su respiraci\u00f3n se acerc\u00f3 a mis espaldas, luego se puso frente a m\u00ed, vi sus pies desnudos delante de los m\u00edos. Ten\u00eda un ara\u00f1azo en la rodilla. Levant\u00e9 los ojos y me hall\u00e9 bajo los suyos. Nos quedamos mucho rato sin hablar. Por respeto yo esperaba sus palabras.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014\u00bfQu\u00e9 te haces? \u2014me dijo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cVi que no se mov\u00eda y que parec\u00eda m\u00e1s triste que antes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014Te estaba esperando \u2014contest\u00e9.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014Ya va a llegar el \u00faltimo d\u00eda&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Me pareci\u00f3 que su voz sal\u00eda del fondo de los tiempos. Del hombro le segu\u00eda brotando sangre. Me llen\u00e9 de verg\u00fcenza, baj\u00e9 los ojos, abr\u00ed mi bolso y saqu\u00e9 un pa\u00f1uelito para limpiarle el pecho. Luego lo volv\u00ed a guardar. El sigui\u00f3 quieto, observ\u00e1ndome.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014Vamos a la salida de Tacuba&#8230; Hay muchas traiciones&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u201cMe agarr\u00f3 de la mano y nos fuimos caminando entre la gente, que gritaba y se quejaba. Hab\u00eda muchos muertos que flotaban en el agua de los canales. Hab\u00eda mujeres sentadas en la hierba mir\u00e1ndolos flotar. De todas partes surg\u00eda la pestilencia y los ni\u00f1os lloraban corriendo de un lado para otro, perdidos de sus padres. Yo miraba todo sin querer verlo. Las canoas despedazadas no llevaban a nadie, s\u00f3lo daban tristeza. El marido me sent\u00f3 debajo de un \u00e1rbol roto. Puso una rodilla en tierra y mir\u00f3 alerta lo que suced\u00eda a nuestro alrededor. El no ten\u00eda miedo. Despu\u00e9s me mir\u00f3 a m\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014Ya s\u00e9 que eres traidora y que me tienes buena voluntad. Lo bueno crece junto con lo malo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u201cLos gritos de los ni\u00f1os apenas me dejaban o\u00edrlo. Ven\u00edan de lejos, pero eran tan fuertes que romp\u00edan la luz del d\u00eda. Parec\u00eda que era la \u00faltima vez que iban a llorar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014Son las criaturas&#8230; \u2014Me dijo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014\u00c9ste es el final del hombre \u2014repet\u00ed, porque no se me ocurr\u00eda otro pensamiento.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u201c\u00c9l me puso las manos sobre los o\u00eddos y luego me guard\u00f3 contra su pecho.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014Traidora te conoc\u00eda y as\u00ed te quise.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014Naciste sin suerte \u2014le dije. Me abrac\u00e9 a \u00e9l. Mi primo marido cerr\u00f3 los ojos para no dejar correr las l\u00e1grimas. Nos acostamos sobre las ramas rotas del pir\u00fa. Hasta all\u00ed nos llegaron los gritos de los guerreros, las piedras y los llantos de los ni\u00f1os.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014El tiempo se est\u00e1 acabando&#8230; \u2014suspir\u00f3 mi marido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u201cPor una grieta se escapaban las mujeres que no quer\u00edan morir junto con la fecha. Las filas de hombres ca\u00edan una despu\u00e9s de la otra, en cadena como si estuvieran cogidos de la mano y el mismo golpe los derribara a todos. Algunos daban un alarido tan fuerte, que quedaba resonando mucho rato despu\u00e9s de su muerte.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u201cFalta poco para que nos fu\u00e9ramos para siempre en uno solo cuando mi primo se levant\u00f3, me junt\u00f3 ramas y me hizo una cuevita.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2014Aqu\u00ed me esperas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u201cMe mir\u00f3 y se fue a combatir con la esperanza de evitar la derrota. Yo me qued\u00e9 acurrucada. No quise ver a las gentes que hu\u00edan, para no tener la tentaci\u00f3n, ni tampoco quise ver a los muertos que flotaban en el agua para no llorar. Me puse a contar los frutitos que colgaban de las ramas cortadas: estaban secos y cuando los tocaba con los dedos, la c\u00e1scara roja se les ca\u00eda. No s\u00e9 por qu\u00e9 me parecieron de mal ag\u00fcero y prefer\u00ed mirar el cielo, que empez\u00f3 a oscurecerse. Primero se puso pardo, luego empez\u00f3 a coger el color de los ahogados de los canales. Me qued\u00e9 recordando los colores de otras tardes. Pero la tarde sigui\u00f3 amorat\u00e1ndose, hinch\u00e1ndose, como si de pronto fuera a reventar y supe que se hab\u00eda acabado el tiempo. Si mi primo no volv\u00eda, \u00bfqu\u00e9 ser\u00eda de m\u00ed? Tal vez ya estaba muerto en el combate. No me import\u00f3 su suerte y me sal\u00ed de all\u00ed a toda carrera perseguida por el miedo. \u201cCuando llegue y me busque&#8230;\u201d No tuve tiempo de acabar mi pensamiento porque me hall\u00e9 en el anochecer de la ciudad de M\u00e9xico. \u201cMargarita ya se debe haber acabado su helado de vainilla y Pablo debe de estar muy enojado\u201d&#8230; Un taxi me trajo por el Perif\u00e9rico. \u00bfY sabes, Nachita?, los Perif\u00e9ricos eran los canales infestados de cad\u00e1veres&#8230; por eso llegu\u00e9 tan triste&#8230; Ahora, Nachita, no le cuentes al se\u00f1or que me pas\u00e9 la tarde con mi marido\u201d.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nachita se acomod\u00f3 los brazos sobre la falda lila.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014El se\u00f1or Pablo hace ya diez d\u00edas que se fue a Acapulco. Se qued\u00f3 muy flaco con las semanas que dur\u00f3 la investigaci\u00f3n \u2014explic\u00f3 Nachita satisfecha.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Laura la mir\u00f3 sin sorpresa y suspir\u00f3 con alivio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014La que est\u00e1 arriba es la se\u00f1ora Margarita \u2014agreg\u00f3 Nacha volviendo los ojos hacia el techo de la cocina.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Laura se abraz\u00f3 las rodillas y mir\u00f3 por los cristales de la ventana a las rosas borradas por las sombras nocturnas y a las ventanas vecinas que empezaban a apagarse.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nachita se sirvi\u00f3 sal sobre el dorso de la mano y la comi\u00f3 golosa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Cu\u00e1nto coyote! \u00a1Anda muy alborotada la coyotada! \u2014dijo con la voz llena de sal.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Laura se qued\u00f3 escuchando unos instantes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Malditos animales, los hubieras visto hoy en la tarde \u2014dijo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Con tal de que no estorben el paso del se\u00f1or, o que le equivoquen el camino \u2014coment\u00f3 Nacha con miedo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Si nunca los temi\u00f3 \u00bfpor qu\u00e9 hab\u00eda de temerlos esta noche? \u2014pregunt\u00f3 Laura molesta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nacha se aproxim\u00f3 a su patrona para estrechar la intimidad s\u00fabita que se hab\u00eda establecido entre ellas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Son m\u00e1s canijos que los tlaxcaltecas \u2014le dijo en voz muy baja.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las dos mujeres se quedaron quietas. Nacha devorando poco a poco otro pu\u00f1ito de sal. Laura escuchando preocupada los aullidos de los coyotes que llenaban la noche. Fue Nacha la que lo vio llegar y le abri\u00f3 la ventana.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Se\u00f1ora!&#8230; Ya lleg\u00f3 por usted&#8230; \u2014le susurr\u00f3 en una voz tan baja que s\u00f3lo Laura pudo o\u00edrla.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Despu\u00e9s, cuando ya Laura se hab\u00eda ido para siempre con \u00e9l, Nachita limpi\u00f3 la sangre de la ventana y espant\u00f3 a los coyotes, que entraron en su siglo que acababa de gastarse en ese instante. Nacha mir\u00f3 con sus ojos viej\u00edsimos, para ver si todo estaba en orden: lav\u00f3 la taza de caf\u00e9, tir\u00f3 al bote de la basura las colillas manchadas de rojo de labios, guard\u00f3 la cafetera en la alacena y apag\u00f3 la luz.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Yo digo que la se\u00f1ora Laurita, no era de este tiempo, ni era para el se\u00f1or \u2014dijo en la ma\u00f1ana cuando le llev\u00f3 el desayuno a la se\u00f1ora Margarita.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ya no me hallo en casa de los Aldama. Voy a buscarme otro destino, le confi\u00f3 a Josefina\u2014. Y en un descuido de la recamarera, Nacha se fue hasta sin cobrar su sueldo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para celebrar su centenario, un cuento imaginativo y demoledor de Elena Garro (1916-1998).<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":13394,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"Para celebrar su centenario, el #cuento m\u00e1s famoso de Elena Garro en Las Historias.","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[4],"tags":[22,2343,1736,185,198,3076,2855,2291,360],"class_list":["post-13391","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-elena-garro","tag-escritoras","tag-escritores-mexicanos","tag-la-culpa-es-de-los-tlaxcaltecas","tag-literatura","tag-literatura-de-imaginacion","tag-literatura-fantastica"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/Garro-3.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-3tZ","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13391","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=13391"}],"version-history":[{"count":10,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13391\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":13411,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13391\/revisions\/13411"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/13394"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=13391"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=13391"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=13391"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}