{"id":13375,"date":"2016-12-21T09:26:02","date_gmt":"2016-12-21T15:26:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=13375"},"modified":"2024-04-06T17:16:09","modified_gmt":"2024-04-06T23:16:09","slug":"dulce-pesadilla-abnel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/dulce-pesadilla-abnel\/","title":{"rendered":"Dulce pesadilla, Abnel"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Mayra_Santos-Febres\">Mayra Santos Febres<\/a> (Carolina, 1966) es una escritora puertorrique\u00f1a. Poeta, novelista y cuentista, es tambi\u00e9n profesora universitaria, antologista y tallerista literaria en la Universidad de Puerto Rico. Entre sus novelas se cuentan <em>Sirena Selena vestida de pena<\/em> (2000, finalista del Premio R\u00f3mulo Gallegos), <em>Cualquier mi\u00e9rcoles soy tuya <\/em>(2002) y <em>Nuestra se\u00f1ora de la noche<\/em> (2006, finalista del Premio Primavera). Ha ganado diversos reconocimientos, incluyendo un premio dentro del Concurso de Cuentos Juan Rulfo de Radio Francia Internacional, en 1996, por el cuento \u00abOso Blanco\u00bb, y el Premio Letras de Oro 1994 por su primer libro de cuentos, <em>Pez de vidrio<\/em>, del que proviene \u00abDulce pesadilla, Abnel\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Este es el tercer cuento de la entrega especial de este diciembre, para compensar la falta de textos durante otros meses de este a\u00f1o terrible de 2016. Y es una narraci\u00f3n que, como se podr\u00e1 ver, plantea de manera muy contundente y profunda la vida interior de un personaje, sus deseos y frustraciones y las sorpresas que tarde o temprano ocurren alrededor del deseo.<\/p>\n<p><strong>DULCE PESADILLA, ABNEL<br \/>\nMayra Santos Febres<\/strong><\/p>\n<p>\u00ab\u00a1Al fin, carajo! \u00a1Ya era hora!\u00bb pens\u00f3 tan alto que segundos despu\u00e9s juraba que el se\u00f1or de al lado la hab\u00eda o\u00eddo. Llevaba casi 45 minutos esperando la guagua. Al verla, autom\u00e1ticamente sac\u00f3 una peseta de la cartera y se prepar\u00f3 para el simulacro de guerra venidero: meterse en la guagua a como diera lugar para luego pelearse hasta la muerte por el \u00faltimo de los asientos disponibles. Ella era una experta en eso. A\u00f1os de pr\u00e1ctica hab\u00edan fortalecido sus codos y rodillas, agilizado su torso y cintura. Conoc\u00eda todas las contorsiones eficaces para llegar al asiento. Dos veces al d\u00eda las hab\u00eda practicado. As\u00ed hab\u00eda llegado a la perfecci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Como de costumbre, result\u00f3 la feliz poseedora de un descascarado asiento al lado de la ventanilla trasera de la guagua. Se hab\u00eda librado del chinazo abrumador, del toqueteo y el roce en cada parada, Jes\u00fas, Mar\u00eda y Jos\u00e9, y de las axilas en d\u00e9ficit de desodorante de aquellos que, como ella, practicaban el ritual guag\u00fcero todas las tardes a las 5:00. Se acomod\u00f3 bien en su parcelita de pl\u00e1stico y coloc\u00f3 su cartera en la falda, aguant\u00e1ndola con ambas manos, por si acaso. La rutina la llev\u00f3 a un breve examen de sus compa\u00f1eros de traves\u00eda: parejita de estudiantes toc\u00e1ndose los muslos de soslayo, muchachita como de veinte a\u00f1os con dos nenes chiquitos, don que pregunta por la calle Vinyater en alguna urbanizaci\u00f3n con nombre de leyenda espa\u00f1ola. \u00abJes\u00fas, Mar\u00eda y Jos\u00e9\u00bb, pens\u00f3 aturdida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Calcul\u00f3 el tiempo. Ya estaba retrasada por la espera, pero si la guagua se com\u00eda la luz, si doblaba por la Lo\u00edza vertiginosamente y si el conductor no hac\u00eda todas las paradas, ella llegar\u00eda a tiempo, correr\u00eda escaleras arriba, abrir\u00eda la puerta y abandonar\u00eda su cuerpo al \u00e9xtasis de verlo. \u00c9l, hasta el delirio, su pelo negr\u00edsimo, su paso nervioso, verlo salir mojado y en toalla de ba\u00f1o. Abnel Nieves, su caja de correo lo dice, lo dice la placa del intercom, la curvatura de su espalda lo dice, el aire que raja de perfil y las gotitas de agua, resbalando por la entrepierna. Abnel Nieves. \u00ab\u00a1Avanza conductor!\u00bb<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una curva la sac\u00f3 de la alta abstracci\u00f3n que la calentaba. Se asust\u00f3 del delicado sudor que perlaba su pecho. Pase\u00f3 su vista por las paredes intestinales de la guagua: Cristo te ama, C\u00f3gele el culo al pr\u00f3jimo, Libertad para los presos pol\u00edticos, Carmen y Caco forever. Carmen y Caco, Romeo y Julieta, ella y Abnel forever: para siempre. Y pens\u00f3 en c\u00f3mo todos los d\u00edas de la semana a las 6:15 en punto ella se acercaba a la ventana de su apartamento de solterona y detr\u00e1s de la cortina liviana se pon\u00eda a mirar hacia el edificio de enfrente para verlo salir del ba\u00f1o, h\u00famedo, buscar sus pantalones y camisas en el closet, vestirse lentamente y salir a quiensabequ\u00e9. A veces, daba el frente a la ventana y le regalaba con su pubis enmara\u00f1ada, hasta con su culebra tierna para que tuviera pesadillas aquella noche. Siempre so\u00f1aba lo mismo: ella, la bibliotecaria fea, chumba, flaca, era rescatada por Abnel en toalla, que se la llevaba de los anaqueles hasta su cuarto. All\u00ed le besaba los pezones suavemente; le pasaba la lengua por el vientre hasta el ombligo, suave, suave. La besaba y de repente se convert\u00eda en bestia que la quer\u00eda fajar a toda costa, desmadejarle la vulva a mordiscos y dejarla rota, adolorida por atreverse a so\u00f1ar con su ternura, una mujer tan fea como ella, tan tonta y desabrida. Verlo desnudo, sec\u00e1ndose el cuerpo y luego vestirse sin premura era su consuelo. No pod\u00eda perderse a Abnel aquella tarde. \u00c9l la sacaba, aunque fuera de mentira, de su aburrimiento.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las 5:50. La guagua vira vertiginosa la Lo\u00edza; todo parece ir bien. Pero de repente el veh\u00edculo se encuentra de frente con tremendo tap\u00f3n. Pasan tres minutos &#8230; cuatro. La guagua no se mueve. Permanece encajada como un quiste putrefacto. \u00abDios m\u00edo, \u00bfpor qu\u00e9 me has abandonado?\u00bb piensa, suspirando. Las 6:05. \u00bfQu\u00e9 ser\u00eda de ella si la guagua no llega a tiempo? \u00bfC\u00f3mo llenar\u00eda su tarde, su noche? \u00bfCon qu\u00e9 so\u00f1ar\u00eda? Y para colmo, Abnel se enojar\u00eda con ella y cerrar\u00eda la ventana para siempre. Le cortar\u00eda de cuajo sus pesadillas para dejarla m\u00e1s sola a\u00fan. \u00ab\u00a1Las 6:10! \u00a1La vida me maltrata!\u00bb. La vida la maltrata por vieja, por fea, por plana; ella lo sabe bien. La vida le quiere quitar lo \u00faltimo que le queda. Ella est\u00e1 a punto de llorar. Jes\u00fas, Mar\u00eda y Jos\u00e9. El conductor es el Anticristo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y de s\u00fabito, un milagro. A las 6:15 en punto el tr\u00e1nsito comienza a moverse, poco a poco al principio. Se limpia la Lo\u00edza, d\u00e1ndole esperanzas a la desesperada. Va a llegar, unos cuantos minutos tarde, pero llega. Quiz\u00e1s alcance tan s\u00f3lo el celaje de las nalgas h\u00famedas de Abnel hacia el cuarto, quiz\u00e1s un rabito raudo de toalla abandonada al paso, pero no importa. Dos sem\u00e1foros m\u00e1s y estar\u00eda en la esquina de su casa. \u00abAvanza, ch\u00f3fer. C\u00f3mete la luz. \u00a1Avanza!\u00bb La s\u00faplica en los labios, los ojos salidos de sus \u00f3rbitas, esperando permiso para salir disparados hacia la ventana. \u00ab\u00a1Avanza, ch\u00f3fer, otro sem\u00e1foro m\u00e1s, la pr\u00f3xima parada!\u00bb Y el ch\u00f3fer se deja dirigir por esa mano que no ve, la de la voluntad de ella, m\u00e1s fuerte que el acero, m\u00e1s fuerte que un tap\u00f3n citadino, m\u00e1s fuerte que el tiempo medido por alarmas y reloj. Las 6:25. La puerta de la guagua se abre en la parada. Ella se arroja de aquella inmensa lombriz rodante y corre, corre desaforada escaleras arriba. Tira los paquetes al piso; el bulto y la cartera se desparraman de alivio por todas partes. Ella se lanza, desfigurada, a su ventana. Est\u00e1 tarde, tarde, diez minutos tarde. Se olvida de mantenerse oculta detr\u00e1s de la cortina. Casi la arranca de un manoplazo. Se lanza bocafuera a su ventana para tratar de recuperar aunque sea un celaje de Abnel. Jadeante, llorosa, para en seco.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A otro lado del vac\u00edo, en el apartamento de enfrente, Abnel Nieves est\u00e1 desnudo, mirando el reloj, de pie en medio de la ventana corrediza. Lentamente levanta los ojos del reloj hacia el hueco donde aparece la vecina. Abnel la mira y sonr\u00ede malicioso se\u00f1alando el reloj, haciendo muecas de \u00ab\u00a1Est\u00e1s tarde!\u00bb Luego, siempre sonriente, procede en su ritual, caminando despacio hacia el cuarto a vestirse deliberadamente para ella. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La narradora puertorrique\u00f1a Mayra Santos Febres escribe de la ternura y las sorpresas del deseo.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":13386,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"\"Dulce pesadilla, Abnel\": un #cuento de frustraci\u00f3n (o de erotismo) de Mayra Santos Febres en Las Historias.","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[4],"tags":[22,3073,2343,3074,826,185,190,3075,2855,3072],"class_list":["post-13375","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-dulce-pesadilla-abnel","tag-el-cuento-del-mes","tag-el-pez-de-vidrio","tag-erotismo","tag-escritoras","tag-escritores-en-espanol","tag-escritores-puertorriquenos","tag-literatura","tag-mayra-santos-febres"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/Mayra-Santos-Febres-2.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-3tJ","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13375","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=13375"}],"version-history":[{"count":11,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13375\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16288,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13375\/revisions\/16288"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/13386"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=13375"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=13375"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=13375"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}