{"id":13370,"date":"2017-03-22T10:29:57","date_gmt":"2017-03-22T16:29:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=13370"},"modified":"2017-03-22T09:24:03","modified_gmt":"2017-03-22T15:24:03","slug":"retrato-de-familia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/retrato-de-familia\/","title":{"rendered":"Retrato de familia"},"content":{"rendered":"<p>En este cuento, la escritora boliviana Liliana Colanzi parte de una situaci\u00f3n trivial que va dejando ver, poco a poco, los conflictos profundos y las caracter\u00edsticas m\u00e1s desagradables de un peque\u00f1o grupo de personajes. Se ha <a href=\"http:\/\/www.paginasiete.bo\/letrasiete\/2016\/9\/11\/nuestro-mundo-muerto-109049.html\">escrito<\/a> que \u00aben la literatura de Colanzi todos parecen ser signos premonitorios de alg\u00fan cruel pero cotidiano augurio\u00bb: se puede agregar que las revelaciones nos permiten saber m\u00e1s de los personajes de lo que ellos mismos saben, y tal vez, en alg\u00fan momento terrible, reconocer algunas de nuestras acciones o nuestros pensamientos en los de ellos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Colanzi (Santa Cruz, 1981) gan\u00f3 en 2015 el Premio Aura Estrada. Se doctor\u00f3 en literatura comparada en la Universidad de Cornell en los Estados Unidos y ha publicado los libros <em>Vacaciones permanentes<\/em> (2010), <em>La ola<\/em> (2014) y <em>Nuestro mundo muerto<\/em> (2016), entre otros.<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/03\/Lilianacolanzi.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"13648\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/retrato-de-familia\/lilianacolanzi\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/03\/Lilianacolanzi.jpg\" data-orig-size=\"2362,1565\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;1425146486&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Lilianacolanzi\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/03\/Lilianacolanzi-1024x678.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/03\/Lilianacolanzi-1024x678.jpg\" alt=\"\" width=\"1024\" height=\"678\" class=\"aligncenter size-large wp-image-13648\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/03\/Lilianacolanzi-1024x678.jpg 1024w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/03\/Lilianacolanzi-300x199.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>RETRATO DE FAMILIA<br \/>\nLiliana Colanzi<\/strong><\/p>\n<p>El ayudante espera, desganado, a que los miembros de la familia se acomoden en torno a la anciana. La vieja est\u00e1 sentada en la silla de ruedas, los brazos descansando sobre la falda negra que le cubre parte de las pantorrillas maltratadas por las v\u00e1rices. Lleva el pelo corto y completamente blanco. Al ayudante siempre le ha intrigado la raz\u00f3n por la que las mujeres renuncian al cabello largo a partir de cierta edad. Las hijas de la anciana intentan peinarla y pintarle los labios, pero ella se defiende con un pu\u00f1o arrugado, la boca fruncida como la de una ni\u00f1a testaruda. La anciana parece molesta y a la vez ajena al revuelo que provoca, como si no acabara de entender lo que hacen todas esas personas en su sala, vestidos de fiesta en plena tarde. No pasa de este a\u00f1o, le dice el fot\u00f3grafo al ayudante mientras limpia el lente de la c\u00e1mara, se\u00f1alando a la vieja con la barbilla. Est\u00e1 por estirar la pata. \u00bfC\u00f3mo sabe?, pregunta el ayudante, apoyado en la esquina de un viejo mueble colonial. El hijo mayor me lo cont\u00f3 cuando llam\u00f3 para averiguar los precios, dice el fot\u00f3grafo, y en su voz no hay compasi\u00f3n sino m\u00e1s bien hast\u00edo. El ayudante asiente por cortes\u00eda, aunque est\u00e1 distra\u00eddo pensando en la partida de cacho que le espera cuando termine la sesi\u00f3n. Lleva tres semanas trabajando y ya est\u00e1 arrepentido. El fot\u00f3grafo tiene un genio terrible y le paga una miseria por hacerse cargo de las luces y supervisar el revelado. El ayudante se la pasa cargando el tr\u00edpode en las fiestas de quincea\u00f1eras, las bodas y las promociones, mirando c\u00f3mo se divierten los dem\u00e1s. Le resulta sorprendente descubrir lo f\u00e1cil que es pasar desapercibido. A veces, en medio de un evento, se roba un celular abandonado en una mesa o una botella de vino. Peque\u00f1os trofeos que despu\u00e9s olvida en cualquier parte, porque no se considera un ladr\u00f3n. Quiz\u00e1s esa sea su revancha frente a la alegr\u00eda de los otros. O quiz\u00e1s lo hace por aburrimiento: a \u00e9l no le interesa la fotograf\u00eda. No como el fot\u00f3grafo, que cuando se emborracha \u2014y el ayudante ha descubierto que el fot\u00f3grafo bebe bastante en horas de trabajo\u2014 se lamenta de que lo que hacen no es arte, sino basura. Somos las putas del oficio, dice el fot\u00f3grafo cuando se le suben los tragos, y en esas ocasiones r\u00ede y el ayudante tiene miedo de su risa. El ayudante escucha y no lo contradice aunque no est\u00e9 de acuerdo: retratar a novios y abuelitas le parece un empleo como cualquier otro. Mejor que cargar muebles o repartir volantes o vender enciclopedias, cosas que el fot\u00f3grafo probablemente no ha tenido que hacer en toda su vida. Trabajar siempre es aburrido, piensa el ayudante, a menos que se\u00e1s futbolista o boxeador y las chicas se mueran por coger con vos. Pero esto no se lo va a decir al fot\u00f3grafo, que es un hombre de ideas fijas, y que observa a la anciana como si ella, desde su silla de ruedas, fuera responsable de su infelicidad. Prefiero pegarme un tiro a acabar as\u00ed, dice el fot\u00f3grafo, y el ayudante no se inmuta porque ya est\u00e1 acostumbrado a escucharle cosas parecidas. No debe ser tan malo si tiene a su familia, comenta el ayudante, y el fot\u00f3grafo sonr\u00ede con desprecio y le dice c\u00f3mo se nota que sos joven, no sab\u00e9s nada de nada. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Una mierda, dice Nico, avergonzado, ense\u00f1ando la corbata a rayas que se ha puesto para las fotos. Hace calor y la camisa de mangas largas se le pega al cuerpo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Te ves bien, le dice Diana, seguramente con las mejores intenciones, pero las palabras de la prima no sirven de consuelo: Diana lleva una bufanda de gasa alrededor del cuello y el cabello recogido en una cascada de rizos r\u00edgidos logrados a punta de Aqua Net. No se puede tomar en serio la opini\u00f3n de una chica que se arregla as\u00ed, piensa \u00e9l.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Parec\u00e9s un testigo de Jehov\u00e1, dice Ceci, sentada en la mesa de la cocina, donde balancea sus piernas largas y bronceadas. A sus doce a\u00f1os, Ceci aparenta m\u00e1s edad que sus primos, con el espeso maquillaje rosa sobre los p\u00e1rpados y su tendencia a llamar \u201ccari\u00f1o\u201d a todo el mundo, incluso a los adultos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ya s\u00e9 que me veo rid\u00edculo, dice Nico, mirando pesaroso las puntas de sus mocasines negros. Ninguna de sus primas lo desmiente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfTe obligaron?, dice Ceci.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mi pap\u00e1, responde Nico.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se ha tomado mal lo de la abuela, \u00bfno?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Anda de un humor de perros.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Qu\u00e9 mala pata, dice Diana, bebiendo de su vaso de limonada. Justo le tuvo que pasar a t\u00edo Ram\u00f3n, que es el favorito de la abuela.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Fue un accidente, dice Nico, inquieto. Se da cuenta al instante de que la suya es una aclaraci\u00f3n innecesaria; sus primas deben estar al tanto de todos los detalles de la ca\u00edda de la abuela. As\u00ed que se apresura a cambiar de tema: igual, no s\u00e9 por qu\u00e9 me hace vestir como un viejo para esto de las fotos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por un momento los chicos permanecen en silencio bajo la luz de la cocina. Ceci estira sus pies peque\u00f1os y morenos, de  u\u00f1as pintadas color sand\u00eda, y suspira.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfNo has probado con Clearasil?, dice, apuntando al rostro de Nico, donde el acn\u00e9 ha comenzado a hacer estragos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pap\u00e1 dice que las cremas son para maricones.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mejor a que te digan cara de pizza, dice Ceci, y suelta una risita.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No se\u00e1s mala, dice Diana, pero ella tambi\u00e9n parece divertida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfA qui\u00e9n le dicen cara de pizza?, dice Nico.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A nadie, dice Ceci. Era un chiste.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nico se palpa las mejillas, donde la piel se le ha convertido en una llaga. Hasta hace poco, reventarse los granos le hab\u00eda parecido una forma m\u00e1s de pasar el tiempo; ahora se da cuenta, con p\u00e1nico, de que Ceci tiene raz\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No quiero salir as\u00ed en las fotos, dice.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No le hag\u00e1s caso a Ceci, dice Diana, a modo de consuelo. Ella qu\u00e9 sabe. Pens\u00e1 que lo est\u00e1s haciendo por la abuela.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No se\u00e1s est\u00fapida, dice Ceci, revis\u00e1ndose las u\u00f1as. La abuela ni se entera. No reconoce a nadie. El otro d\u00eda le pas\u00e9 la mano por la cara y ni siquiera pesta\u00f1e\u00f3. Es una momia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Diana se sonroja y envuelve su mu\u00f1eca con la punta de la bufanda de gasa. Desde la cocina, los primos ven a los adultos dar instrucciones al fot\u00f3grafo y a su ayudante. A pocos pasos de la silla de ruedas, el padre de Nico se detiene, pensativo, frente al retrato en blanco y negro de la anciana que cuelga de la pared, una foto que la exhibe en su uniforme de maestra a una edad dif\u00edcil de determinar. Mecha, la madre de Ceci, se pasea por el cuarto con la bandeja entre las manos, ofreciendo vasos de gelatina a los parientes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No quiero que me saquen fotos, repite Nico, cada vez m\u00e1s angustiado, toc\u00e1ndose la cara y la corbata.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las fotos van a quedar de recuerdo para la familia, dice Diana. La abuela sigue delicada. A su edad, una fractura en la cadera es grave. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A la abuela no le importa todo esto, dice Nico, y hace una pausa para abarcar con la mirada la sala, donde la anciana cabecea, el rostro inundado por el sol: Y a m\u00ed tampoco.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfLas fotos?, dice Diana. Tu pap\u00e1 es el que m\u00e1s insiste.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las fotos y la abuela se pueden ir al carajo, dice Nico. No es justo que yo tenga que pagar por las cosas de mi padre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero si no fue su culpa, dice Diana.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yo creo que \u00e9l la empuj\u00f3, dice Nico, sin pensarlo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfLo viste?, dice Ceci, entusiasmada, inclin\u00e1ndose para escuchar mejor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nico abre la boca, dispuesto a continuar, pero se arrepiente de inmediato.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mejor me callo, dice, y busca instintivamente a su padre con la mirada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Con eso no se juega, dice Diana, indignada. No habl\u00e9s as\u00ed de t\u00edo Ram\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Vos no te met\u00e1s en lo que no te importa, dice Nico, casi a los gritos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El rostro de Diana se congestiona en cuesti\u00f3n de segundos, a punto de llorar, pero antes de que Nico y Ceci alcancen a ver sus l\u00e1grimas, la chica se levanta y camina con paso r\u00e1pido hacia la sala.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Si le cuenta a t\u00edo Ram\u00f3n lo que dijiste vas a estar bien cagado, dice Ceci, ansiosa por ver algo de acci\u00f3n. Nico alarga la cabeza y distingue a Diana entre el grupo de parientes, de puntillas, susurr\u00e1ndole al o\u00eddo de la t\u00eda Gina. Siente un vac\u00edo en el est\u00f3mago pero se encoge de hombros, todav\u00eda desafiante y capaz de hacerle frente a lo que venga. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo se cay\u00f3? pregunta Gina que siempre ha sido desconfiada y yo le digo me dieron ganas de ir al ba\u00f1o y cuando sal\u00ed mam\u00e1 estaba en el suelo Gina me mira y se queda callada \u00bfqu\u00e9 pasa? le pregunto nada dice ella simplemente me parece raro \u00bfqu\u00e9 cosa? insisto que me voy unos minutos y a mam\u00e1 le pasa esto dice Gina \u00bfqu\u00e9 est\u00e1s insinuando? le digo pero ella me da la espalda y dice Ram\u00f3n sos un paranoico quiero contestarle pero Gina ya ha salido al patio \u00bfpor qu\u00e9 est\u00e1s enojado? dice Mecha y yo respondo no estoy enojado pero me tiembla un poco el pulso y me sale esta voz de gallo de la que los cadetes se hacen la burla a mis espaldas no estoy enojado pero me emputa la forma en que Gina hizo la pregunta al fin y al cabo he sido yo el que ha puesto la plata para mantenerla todos estos a\u00f1os soy yo el que la visita todas las tardes y le habla aunque ni siquiera s\u00e9 si escucha soy yo el que la defiende cuando Alfonso dice tu mam\u00e1 era muy estricta \u00bfc\u00f3mo se atreve? nadie sabe lo que le toc\u00f3 vivir a ella sin marido y sin un peso lo \u00fanico que ten\u00edamos era disciplina y sin ella no ser\u00eda lo que soy no hubiera podido ascender en el ej\u00e9rcito no habr\u00eda llegado nunca a general el amor es duro ese siempre fue su lema y ahora s\u00e9 que es cierto con Nicol\u00e1s he sido demasiado permisivo y ahora lo estoy pagando hubiera querido un hijo fuerte con car\u00e1cter pero no se puede luchar contra los genes de Delia pobre Delia mam\u00e1 tambi\u00e9n ten\u00eda raz\u00f3n cuando dijo no ser\u00e1 una buena esposa y yo no le hice caso de joven uno cree que la juventud es un escudo contra cualquier desgracia la primera vez que la llev\u00e9 a la casa no me anim\u00e9 a contarle que Delia era reina de Montero los desfiles son para las putas dec\u00eda mam\u00e1 al final se enter\u00f3 por los peri\u00f3dicos y dijo esa mujer ser\u00e1 tu perdici\u00f3n cuando me gradu\u00e9 del colegio militar mam\u00e1 se olvid\u00f3 de felicitarme o quiz\u00e1s fingi\u00f3 que no sab\u00eda el adulo echa a perder a las personas eso es cierto pero tantos a\u00f1os en el colegio despert\u00e1ndome en la madrugada soportando sin quejarme las cosas que me hac\u00edan los castigos las palizas las duchas fr\u00edas y todo para demostrarle que pod\u00eda ser disciplinado y ella nunca una llamada igual est\u00e1 orgullosa aunque no lo diga porque soy su \u00fanico hijo el mayor de los hermanos a la hora del almuerzo tengo que poner las manos encima de la mesa donde mam\u00e1 pueda vigilarlas Ram\u00f3n \u00bfqu\u00e9 est\u00e1s haciendo con tus manos? me dijo y me empuj\u00f3 a la cocina y me quem\u00f3 los dedos en la hornalla el amor es duro en tu casa nadie lleva los pantalones me dijo tantas veces Nicol\u00e1s dale un beso a tu abuelita le digo pero el chico se escapa es tan desobediente no entren nunca a mi oficina les digo a Delia y Nicol\u00e1s pero Delia tiene la cabeza en otra parte y el chico no hace caso \u00bfqu\u00e9 hay en el armario pap\u00e1? pregunta con esa vocecita afeminada que me cabrea habl\u00e1 como hombre no como maric\u00f3n le digo \u00bfqu\u00e9 hay en el armario? me repite con m\u00e1s fuerza y yo respondo los ojos que les arranco a los cadetes que me desobedecen es solo un chiste pero \u00e9l se asusta y llora y Delia se lo tiene que llevar antes de que me moleste y pase algo peor es d\u00e9bil ni siquiera es bueno para los deportes mam\u00e1 se re\u00eda y me dec\u00eda yo te lo advert\u00ed ahora esa es tu semilla y esa ser\u00e1 tu descendencia nunca me abraza pero era igual con Gina y Mecha quien las ve ahora dir\u00eda que no se acuerdan pero Gina a veces llora y Mecha tiene la marca en el brazo que mam\u00e1 le hizo ense\u00f1\u00e1ndole a usar la plancha Mecha es tan melodram\u00e1tica as\u00ed son casi todas las mujeres no es culpa de mam\u00e1 que ellas no sean felices yo s\u00ed entend\u00ed que sin la disciplina no hubiera llegado a ninguna parte aunque en esa \u00e9poca no sab\u00eda que era por mi bien que hace falta controlar la voluntad y tengo miedo mam\u00e1 no me gusta que me amarre las manos a la cama le digo por favor esta noche no me las amarre le prometo que no voy a hacer nada pero ella dice la pureza es importante hijo \u00bfc\u00f3mo s\u00e9 que no vas a tocarte? y m\u00e1s tarde me dan ganas de ir al ba\u00f1o y no puedo moverme \u00a1Gina! grito \u00a1Mecha! grito pero ellas duermen profundo en el cuarto de al lado y mi vejiga est\u00e1 a punto de explotar otra vez te orinaste en la cama dice mam\u00e1 y cuelga la s\u00e1bana en el patio para que lo sepan los vecinos nadie entiende lo que es la disciplina el imb\u00e9cil de Alfonso c\u00f3mo se le ocurre decir eso pero lo puse en su lugar lo puse en su lugar como a cualquiera que se anime a decir algo la gente dice cosas mam\u00e1 habladur\u00edas cuando vengo a visitarla soy yo el que habla y ella escucha yo s\u00e9 mam\u00e1 que no quer\u00edas hacerme da\u00f1o le digo pero es m\u00e1s bien una pregunta el doctor dice que sus expresiones ya solo son reflejos pero el d\u00eda de la desgracia me pareci\u00f3 que sonre\u00eda \u00bfo me estar\u00e9 volviendo loco? ella sabe que no fue a prop\u00f3sito que fue un accidente y si Gina vuelve a hacer esas insinuaciones le voy a reventar la cara<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Lo que faltaba, dice el fot\u00f3grafo, irritado, encendiendo un cigarrillo en plena sala mientras la familia corre hacia la cocina al mismo tiempo. Ahora empiezan a matarse entre ellos y nosotros de testigos. Al menos pagaron por adelantado, comenta el ayudante, fascinado por la escena que le toca presenciar: las mujeres tratando de calmar los \u00e1nimos mientras los gritos van subiendo de volumen y el chico llora, arrodillado en el suelo, delante de todos los parientes. Yo no dije nada, solloza el chico, pero el padre no le cree y lo amenaza con la palma de la mano abierta y roja. No dije nada, protesta el chico, y la muchacha de la bufanda de gasa se cubre la boca con la mano, como hace la gente en los aviones cuando est\u00e1 a punto de vomitar. La otra, la m\u00e1s bonita, observa la escena hipnotizada. Es un chico, Ram\u00f3n, no sabe lo que dice, interviene la mujer que antes estaba repartiendo gelatinas, pero nadie se arriesga a interponerse entre padre e hijo. P\u00eddame perd\u00f3n, ordena el padre, y el chico niega con el cabeza, testarudo pero a punto de quebrarse. En la sala, desde su silla de ruedas, la anciana parece despertar de su sopor. Abre los ojos peque\u00f1os y brillantes, las manos cruzadas sobre la falda negra, y hace una mueca que el fot\u00f3grafo toma por la versi\u00f3n deformada de una sonrisa. Mirala, le dice al ayudante, d\u00e1ndole un codazo, pero el ayudante est\u00e1 pendiente de lo que sucede en la cocina. El fot\u00f3grafo se aproxima a la anciana hasta situar la c\u00e1mara a un par de cent\u00edmetros de su rostro y dispara varias veces. Ella le devuelve la mirada sin parpadear. \u00bfQu\u00e9 est\u00e1s viendo, vieja imb\u00e9cil?, piensa el fot\u00f3grafo, dominado por la necesidad de capturar la mueca de la anciana. Ella permanece inm\u00f3vil. El fot\u00f3grafo contin\u00faa apretando el disparador hasta que una de las mujeres lo sujeta por el cuello de la camisa y le reclama \u00bfqu\u00e9 est\u00e1 haciendo? \u00bfEst\u00e1 usted loco?, dice la mujer y su voz logra imponerse a los susurros y los gritos, la pregunta congelada en una burbuja que est\u00e1 a punto de romperse, que ya se est\u00e1 rompiendo mientras el padre deja de zarandear al chico y levanta la cabeza. Entonces el ayudante \u2014que ha participado de varias peleas a lo largo de su vida y presiente cu\u00e1ndo le conviene retirarse\u2014  se da cuenta de que hasta ah\u00ed lleg\u00f3 el trabajo y de paso su lealtad con el fot\u00f3grafo, y sabe que antes de pasar al lado de la anciana y avanzar hacia la puerta alzar\u00e1 al vuelo alg\u00fan adorno del estante \u2014una taza de porcelana en miniatura o una bailarina de yeso\u2014  y luego, ya con el objeto bailando en su bolsillo, alcanzar\u00e1 la calle y echar\u00e1 a correr.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento cruel de la narradora boliviana Liliana Colanzi (1981).<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":13648,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"\"Retrato de familia\" de Liliana Colanzi es el #cuento del mes en Las Historias.","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[4],"tags":[22,2343,185,2869,3070,2855,467,3071],"class_list":["post-13370","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritoras","tag-escritores-bolivianos","tag-liliana-colanzi","tag-literatura","tag-realismo","tag-retrato-de-familia"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2017\/03\/Lilianacolanzi.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-3tE","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13370","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=13370"}],"version-history":[{"count":12,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13370\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":13654,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13370\/revisions\/13654"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/13648"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=13370"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=13370"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=13370"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}