{"id":13062,"date":"2016-12-23T14:02:10","date_gmt":"2016-12-23T20:02:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=13062"},"modified":"2016-12-22T21:28:22","modified_gmt":"2016-12-23T03:28:22","slug":"el-cuento-de-navidad-de-auggie-wren","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/el-cuento-de-navidad-de-auggie-wren\/","title":{"rendered":"El cuento de navidad de Auggie Wren"},"content":{"rendered":"<p>En a\u00f1os recientes se ha puesto de moda tratar de subvertir los cuentos de navidad tradicionales y ofrecer versiones ir\u00f3nicas o violentas de los mismos (o de la idea que se tiene de ellos). El cuento que sigue del famoso narrador estadounidense Paul Auster (1947), publicado en 1990 en el <em>New York Times<\/em>, es de los iniciadores de esa tendencia, y de los muy pocos que logra evitar la cursiler\u00eda y, al mismo tiempo, contar una historia sentimental y, por decirlo as\u00ed, de buen coraz\u00f3n. En ella se basa la pel\u00edcula <em>Cigarros<\/em> (<em>Smoke<\/em>, 1995), dirigida por Wayne Wang a partir de un gui\u00f3n del propio Auster.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Este es el cuarto cuento de una entrega especial en este diciembre, para compensar la falta de textos durante otros meses de este a\u00f1o terrible de 2016. Les deseo felices fiestas.<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/Auster.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"13063\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/el-cuento-de-navidad-de-auggie-wren\/auster\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/Auster.jpg\" data-orig-size=\"644,362\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Paul Auster\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-medium-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/Auster-300x169.jpg\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/Auster.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/Auster.jpg\" alt=\"\" width=\"644\" height=\"362\" class=\"aligncenter size-full wp-image-13063\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/Auster.jpg 644w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/Auster-300x169.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 644px) 100vw, 644px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>EL CUENTO DE NAVIDAD DE AUGGIE WREN<br \/>\nPaul Auster<\/strong><br \/>\nLe o\u00ed este cuento a Auggie Wren. Dado que Auggie no queda demasiado bien en \u00e9l, por lo menos no todo lo bien que a \u00e9l le habr\u00eda gustado, me pidi\u00f3 que no utilizara su verdadero nombre. Aparte de eso, toda la historia de la cartera perdida, la anciana ciega y la comida de Navidad es exactamente como \u00e9l me la cont\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Auggie y yo nos conocemos desde hace casi once a\u00f1os. \u00c9l trabaja detr\u00e1s del mostrador de un estanco en la calle Court, en el centro de Brooklyn, y como es el \u00fanico estanco que tiene los puritos holandeses que a m\u00ed me gusta fumar, entro all\u00ed bastante a menudo. Durante mucho tiempo apenas pens\u00e9 en Auggie Wren. Era el extra\u00f1o hombrecito que llevaba una sudadera azul con capucha y me vend\u00eda puros y revistas, el personaje p\u00edcaro y chistoso que siempre ten\u00eda algo gracioso que decir acerca del tiempo, de los Mets o de los pol\u00edticos de Washington, y nada m\u00e1s.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero luego, un d\u00eda, hace varios a\u00f1os, \u00e9l estaba leyendo una revista en la tienda cuando casualmente tropez\u00f3 con la rese\u00f1a de un libro m\u00edo. Supo que era yo porque la rese\u00f1a iba acompa\u00f1ada de una fotograf\u00eda, y a partir de entonces las cosas cambiaron entre nosotros. Yo ya no era simplemente un cliente m\u00e1s para Auggie, me hab\u00eda convertido en una persona distinguida. A la mayor\u00eda de la gente le importan un comino los libros y los escritores, pero result\u00f3 que Auggie se consideraba un artista. Ahora que hab\u00eda descubierto el secreto de qui\u00e9n era yo, me adopt\u00f3 como a un aliado, un confidente, un camarada. A decir verdad, a m\u00ed me resultaba bastante embarazoso. Luego, casi inevitablemente, lleg\u00f3 el momento en que me pregunt\u00f3 si estar\u00eda dispuesto a ver sus fotograf\u00edas. Dado su entusiasmo y buena voluntad, no parec\u00eda que hubiera manera de rechazarle.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dios sabe qu\u00e9 esperaba yo. Como m\u00ednimo, no era lo que Auggie me ense\u00f1\u00f3 al d\u00eda siguiente. En una peque\u00f1a trastienda sin ventanas abri\u00f3 una caja de cart\u00f3n y sac\u00f3 doce \u00e1lbumes de fotos, negros e id\u00e9nticos. Dijo que aqu\u00e9lla era la obra de su vida, y no tardaba m\u00e1s de cinco minutos al d\u00eda en hacerla. Todas las ma\u00f1anas durante los \u00faltimos doce a\u00f1os se hab\u00eda detenido en la esquina de la Avenida Atlantic y la calle Clinton exactamente a las siete y hab\u00eda hecho una sola fotograf\u00eda en color de exactamente la misma vista. El proyecto ascend\u00eda ya a m\u00e1s de cuatro mil fotograf\u00edas. Cada \u00e1lbum representaba un a\u00f1o diferente y todas las fotograf\u00edas estaban dispuestas en secuencia, desde el 1 de enero hasta el 31 de diciembre, con las fechas cuidadosamente anotadas debajo de cada una.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mientras hojeaba los \u00e1lbumes y empezaba a estudiar la obra de Auggie, no sab\u00eda qu\u00e9 pensar. Mi primera impresi\u00f3n fue que se trataba de la cosa m\u00e1s extra\u00f1a y desconcertante que hab\u00eda visto nunca. Todas las fotograf\u00edas eran iguales. Todo el proyecto era un curioso ataque de repetici\u00f3n que te dejaba aturdido, la misma calle y los mismos edificios una y otra vez, un implacable delirio de im\u00e1genes redundantes. No se me ocurr\u00eda qu\u00e9 pod\u00eda decirle a Auggie, as\u00ed que continu\u00e9 pasando las p\u00e1ginas, asintiendo con la cabeza con fingida apreciaci\u00f3n. Auggie parec\u00eda sereno, mientras me miraba con una amplia sonrisa en la cara, pero cuando yo llevaba varios minutos observando las fotograf\u00edas, de repente me interrumpi\u00f3 y me dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Vas demasiado deprisa. Nunca lo entender\u00e1s si no vas m\u00e1s despacio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ten\u00eda raz\u00f3n, por supuesto. Si no te tomas tiempo para mirar, nunca conseguir\u00e1s ver nada. Cog\u00ed otro \u00e1lbum y me obligu\u00e9 a ir m\u00e1s pausadamente. Prest\u00e9 m\u00e1s atenci\u00f3n a los detalles, me fij\u00e9 en los cambios en las condiciones meteorol\u00f3gicas, observ\u00e9 las variaciones en el \u00e1ngulo de la luz a medida que avanzaban las estaciones. Finalmente pude detectar sutiles diferencias en el flujo del tr\u00e1fico, prever el ritmo de los diferentes d\u00edas (la actividad de las ma\u00f1anas laborables, la relativa tranquilidad de los fines de semana, el contraste entre los s\u00e1bados y los domingos). Y luego, poco a poco, empec\u00e9 a reconocer las caras de la gente en segundo plano, los transe\u00fantes camino de su trabajo, las mismas personas en el mismo lugar todas las ma\u00f1anas, viviendo un instante de sus vidas en el objetivo de la c\u00e1mara de Auggie.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una vez que llegu\u00e9 a conocerles, empec\u00e9 a estudiar sus posturas, la diferencia en su porte de una ma\u00f1ana a la siguiente, tratando de descubrir sus estados de \u00e1nimo por estos indicios superficiales, como si pudiera imaginar historias para ellos, como si pudiera penetrar en los invisibles dramas encerrados dentro de sus cuerpos. Cog\u00ed otro \u00e1lbum. Ya no estaba aburrido ni desconcertado como al principio. Me di cuenta de que Auggie estaba fotografiando el tiempo, el tiempo natural y el tiempo humano, y lo hac\u00eda plant\u00e1ndose en una min\u00fascula esquina del mundo y deseando que fuera suya, montando guardia en el espacio que hab\u00eda elegido para s\u00ed. Mir\u00e1ndome mientras yo examinaba su trabajo, Auggie continuaba sonriendo con gusto. Luego, casi como si hubiera estado leyendo mis pensamientos, empez\u00f3 a recitar un verso de Shakespeare.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ma\u00f1ana y ma\u00f1ana y ma\u00f1ana \u2014murmur\u00f3 entre dientes\u2014, el tiempo avanza con pasos menudos y cautelosos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Comprend\u00ed entonces que sab\u00eda exactamente lo que estaba haciendo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Eso fue hace m\u00e1s de dos mil fotograf\u00edas. Desde ese d\u00eda Auggie y yo hemos comentado su obra muchas veces, pero hasta la semana pasada no me enter\u00e9 de c\u00f3mo hab\u00eda adquirido su c\u00e1mara y empezado a hacer fotos. \u00c9se era el tema de la historia que me cont\u00f3, y todav\u00eda estoy esforz\u00e1ndome por entenderla.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A principios de esa misma semana me hab\u00eda llamado un hombre del <em>New York Times<\/em>, y me hab\u00eda preguntado si querr\u00eda escribir un cuento que aparecer\u00eda en el peri\u00f3dico el d\u00eda de Navidad. Mi primer impulso fue decir que no, pero el hombre era muy persuasivo y amable, y al final de la conversaci\u00f3n le dije que lo intentar\u00eda. En cuanto colgu\u00e9 el tel\u00e9fono, sin embargo, ca\u00ed en un profundo p\u00e1nico. \u00bfQu\u00e9 sab\u00eda yo sobre la Navidad?, me pregunt\u00e9. \u00bfQu\u00e9 sab\u00eda yo de escribir cuentos por encargo?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pas\u00e9 los siguientes d\u00edas desesperado, guerreando con los fantasmas de Dickens, O\u00b4Henry y otros maestros del esp\u00edritu de la Natividad. Las propias palabras \u201ccuento de Navidad\u201d ten\u00edan desagradables connotaciones para m\u00ed, en su evocaci\u00f3n de espantosas efusiones de hip\u00f3crita sensibler\u00eda y melaza. Ni siquiera los mejores cuentos de Navidad eran otra cosa que sue\u00f1os de deseos, cuentos de hadas para adultos, y por nada del mundo me permitir\u00eda escribir algo as\u00ed. Sin embargo, \u00bfc\u00f3mo pod\u00eda nadie proponerse escribir un cuento de Navidad que no fuera sentimental? Era una contradicci\u00f3n en los t\u00e9rminos, una imposibilidad, una paradoja. Ser\u00eda corno tratar de imaginar un caballo de carreras sin patas o un gorri\u00f3n sin alas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No consegu\u00eda nada. El jueves sal\u00ed a dar un largo paseo, confiando en que el aire me despejar\u00eda la cabeza. Justo despu\u00e9s del mediod\u00eda entr\u00e9 en el estanco para reponer mis existencias, y all\u00ed estaba Auggie, de pie detr\u00e1s del mostrador, como siempre. Me pregunt\u00f3 c\u00f3mo estaba. Sin propon\u00e9rmelo realmente, me encontr\u00e9 descargando mis preocupaciones sobre \u00e9l.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfUn cuento de Navidad? -dijo \u00e9l cuando yo hube terminado\u2014, \u00bfS\u00f3lo es eso? Si me invitas a comer, amigo m\u00edo, te contar\u00e9 el mejor cuento de Navidad que hayas o\u00eddo nunca. Y te garantizo que hasta la \u00faltima palabra es verdad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Fuimos a Jack&#8217;s, un restaurante angosto y ruidoso que tiene buenos sandwiches de pastrami y fotograf\u00edas de antiguos equipos de los Dodgers colgadas en las paredes. Encontramos una mesa al fondo, pedimos nuestro almuerzo y luego Auggie se lanz\u00f3 a contarme su historia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2013Fue en el verano del setenta y dos -dijo-. Una ma\u00f1ana entr\u00f3 un chico y empez\u00f3 a robar cosas de la tienda. Tendr\u00eda unos diecinueve o veinte a\u00f1os, y creo que no he visto en mi vida un ratero de tiendas m\u00e1s pat\u00e9tico. Estaba de pie al lado del expositor de peri\u00f3dicos de la pared del fondo, meti\u00e9ndose libros en los bolsillos del impermeable. Hab\u00eda mucha gente junto al mostrador en aquel momento, as\u00ed que al principio no le vi. Pero cuando me di cuenta de lo que estaba haciendo, empec\u00e9 a gritar. Ech\u00f3 a correr como una liebre, y cuando yo consegu\u00ed salir de detr\u00e1s del mostrador, \u00e9l ya iba como una exhalaci\u00f3n por la avenida Atlantic. Le persegu\u00ed m\u00e1s o menos media manzana, y luego renunci\u00e9. Se le hab\u00eda ca\u00eddo algo, y como yo no ten\u00eda ganas de seguir corriendo me agach\u00e9 para ver lo que era.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cResult\u00f3 que era su cartera. No hab\u00eda nada de dinero, pero s\u00ed su carnet de conducir junto con tres o cuatro fotograf\u00edas. Supongo que pod\u00eda haber llamado a la poli para que le arrestara. Ten\u00eda su nombre y direcci\u00f3n en el carnet, pero me dio pena. No era m\u00e1s que un pobre desgraciado, y cuando mir\u00e9 las fotos que llevaba en la cartera, no fui capaz de enfadarme con \u00e9l. Robert Goodwin. As\u00ed se llamaba. Recuerdo que en una de las fotos estaba de pie rodeando con el brazo a su madre o su abuela. En otra estaba sentado a los nueve o diez a\u00f1os, vestido con un uniforme de b\u00e9isbol y con una gran sonrisa en la cara. No tuve valor. Me figur\u00e9 que probablemente era drogadicto. Un pobre chaval de Brooklyn sin mucha suerte, y, adem\u00e1s, \u00bfqu\u00e9 importaban un par de libros de bolsillo?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cAs\u00ed que me qued\u00e9 con la cartera. De vez en cuando sent\u00eda el impulso de devolv\u00e9rsela, pero lo pospon\u00eda una y otra vez y nunca hac\u00eda nada al respecto. Luego llega la Navidad y yo me encuentro sin nada que hacer. Generalmente el jefe me invita a pasar el d\u00eda en su casa, pero ese a\u00f1o \u00e9l y su familia estaban en Florida visitando a unos parientes. As\u00ed que estoy sentado en mi piso esa ma\u00f1ana compadeci\u00e9ndome un poco de m\u00ed mismo, y entonces veo la cartera de Robert Goodwin sobre un estante de la cocina. Pienso qu\u00e9 diablos, por qu\u00e9 no hacer algo bueno por una vez, as\u00ed que me pongo el abrigo y salgo para devolver la cartera personalmente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cLa direcci\u00f3n estaba en Boerum Hill, en las casas subvencionadas. Aquel d\u00eda helaba, y recuerdo que me perd\u00ed varias veces tratando de encontrar el edificio. All\u00ed todo parece igual, y recorres una y otra vez la misma calle pensando que est\u00e1s en otro sitio. Finalmente encuentro el apartamento que busco y llamo al timbre. No pasa nada. Deduzco que no hay nadie, pero lo intento otra vez para asegurarme. Espero un poco m\u00e1s y, justo cuando estoy a punto de marcharme, oigo que alguien viene hacia la puerta arrastrando los pies. Una voz de vieja pregunta qui\u00e9n es, y yo contesto que estoy buscando a Robert Goodwin.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2013\u00bfEres t\u00fa, Robert? -dice la vieja, y luego descorre unos quince cerrojos y abre la puerta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cDebe tener por lo menos ochenta a\u00f1os, quiz\u00e1 noventa, y lo primero que noto es que es ciega.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2013Sab\u00eda que vendr\u00edas, Robert -dice-. Sab\u00eda que no te olvidar\u00edas de tu abuela Ethel en Navidad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cY luego abre los brazos como si estuviera a punto de abrazarme.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cYo no ten\u00eda mucho tiempo para pensar, \u00bfcomprendes? Ten\u00eda que decir algo deprisa y corriendo, y antes de que pudiera darme cuenta de lo que estaba ocurriendo, o\u00ed que las palabras sal\u00edan de mi boca.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2013Est\u00e1 bien, abuela Ethel -dije-. He vuelto para verte el d\u00eda de Navidad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cNo me preguntes por qu\u00e9 lo hice. No tengo ni idea. Puede que no quisiera decepcionarla o algo as\u00ed, no lo s\u00e9. Simplemente sali\u00f3 as\u00ed, y de pronto, aquella anciana me abrazaba delante de la puerta y yo la abrazaba a ella.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cNo llegu\u00e9 a decirle que era su nieto. No exactamente, por lo menos, pero eso era lo que parec\u00eda. Sin embargo, no estaba intentando enga\u00f1arla. Era como un juego que los dos hab\u00edamos decidido jugar, sin tener que discutir las reglas. Quiero decir que aquella mujer sab\u00eda que yo no era su nieto Robert. Estaba vieja y chocha, pero no tanto como para no notar la diferencia entre un extra\u00f1o y su propio nieto. Pero la hac\u00eda feliz fingir, y puesto que yo no ten\u00eda nada mejor que hacer, me alegr\u00e9 de seguirle la corriente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cAs\u00ed que entramos en el apartamento y pasamos el d\u00eda juntos. Aquello era un verdadero basurero, podr\u00eda a\u00f1adir, pero \u00bfqu\u00e9 otra cosa se puede esperar de una ciega que se ocupa ella misma de la casa? Cada vez que me preguntaba c\u00f3mo estaba, yo le ment\u00eda. Le dije que hab\u00eda encontrado un buen trabajo en un estanco, le dije que estaba a punto de casarme, le cont\u00e9 cien cuentos chinos, y ella hizo como que se los cre\u00eda todos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201c\u2013Eso es estupendo, Robert \u2014dec\u00eda, asintiendo con la cabeza y sonriendo\u2014. Siempre supe que las cosas te saldr\u00edan bien.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cA1 cabo de un rato empec\u00e9 a tener hambre. No parec\u00eda haber mucha comida en la casa, as\u00ed que me fui a una tienda del barrio y llev\u00e9 un mont\u00f3n de cosas. Un pollo precocinado, sopa de verduras, un recipiente de ensalada de patatas, pastel de chocolate, toda clase de cosas. Ethel ten\u00eda un par de botellas de vino guardadas en su dormitorio, as\u00ed que entre los dos conseguimos preparar una comida de Navidad bastante decente. Recuerdo que los dos nos pusimos un poco alegres con el vino, y cuando terminamos de comer fuimos a sentarnos en el cuarto de estar, donde las butacas eran m\u00e1s c\u00f3modas. Yo ten\u00eda que hacer pis, as\u00ed que me disculp\u00e9 y fui al cuarto de ba\u00f1o que hab\u00eda en el pasillo. Fue entonces cuando las cosas dieron otro giro. Ya era bastante disparatado que hiciera el numerito de ser el nieto de Ethel, pero lo que hice luego fue una verdadera locura, y nunca me he perdonado por ello.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cEntro en el cuarto de ba\u00f1o y, apiladas contra la pared al lado de la ducha, veo un mont\u00f3n de seis o siete c\u00e1maras. De treinta y cinco mil\u00edmetros, completamente nuevas, a\u00fan en sus cajas, mercanc\u00eda de primera calidad. Deduzco que eso es obra del verdadero Robert, un sitio donde almacenar bot\u00edn reciente. Yo no hab\u00eda hecho una foto en mi vida, y ciertamente nunca hab\u00eda robado nada, pero en cuanto veo esas c\u00e1maras en el cuarto de ba\u00f1o, decido que quiero una para m\u00ed. As\u00ed de sencillo. Y, sin pararme a pensarlo, me meto una de las cajas bajo el brazo y vuelvo al cuarto de estar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cNo deb\u00ed ausentarme m\u00e1s de unos minutos, pero en ese tiempo la abuela Ethel se hab\u00eda quedado dormida en su butaca. Demasiado Chianti, supongo. Entr\u00e9 en la cocina para fregar los platos y ella sigui\u00f3 durmiendo a pesar del ruido, roncando como un beb\u00e9. No parec\u00eda l\u00f3gico molestarla, as\u00ed que decid\u00ed marcharme. Ni siquiera pod\u00eda escribirle una nota de despedida, puesto que era ciega y todo eso, as\u00ed que simplemente me fui. Dej\u00e9 la cartera de su nieto en la mesa, cog\u00ed la c\u00e1mara otra vez y sal\u00ed del apartamento. Y \u00e9se es el final de la historia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00bfVolviste alguna vez? \u2014le pregunt\u00e9.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Una sola \u2014contest\u00f3\u2014. Unos tres o cuatro meses despu\u00e9s. Me sent\u00eda tan mal por haber robado la c\u00e1mara que ni siquiera la hab\u00eda usado a\u00fan. Finalmente tom\u00e9 la decisi\u00f3n de devolverla, pero la abuela Ethel ya no estaba all\u00ed. No s\u00e9 qu\u00e9 le hab\u00eda pasado, pero en el apartamento viv\u00eda otra persona y no sab\u00eda decirme d\u00f3nde estaba ella.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Probablemente hab\u00eda muerto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed, probablemente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Lo cual quiere decir que pas\u00f3 su \u00faltima Navidad contigo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Supongo que s\u00ed. Nunca se me hab\u00eda ocurrido pensarlo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Fue una buena obra, Auggie. Hiciste algo muy bonito por ella.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Le ment\u00ed, y luego le rob\u00e9. No veo c\u00f3mo puedes llamarle a eso una buena obra.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014La hiciste feliz. Y adem\u00e1s la c\u00e1mara era robada. No es como si la persona a quien se la quitaste fuese su verdadero propietario.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Todo por el arte, \u00bfeh, Paul?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Yo no dir\u00eda eso. Pero por lo menos le has dado un buen uso a la c\u00e1mara.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Y ahora t\u00fa tienes tu cuento de Navidad, \u00bfno?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed \u2014dije\u2014. Supongo que s\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hice una pausa durante un momento, mirando a Auggie mientras una sonrisa mal\u00e9vola se extend\u00eda por su cara. Yo no pod\u00eda estar seguro, pero la expresi\u00f3n de sus ojos en aquel momento era tan misteriosa, tan llena del resplandor de alg\u00fan placer interior, que repentinamente se me ocurri\u00f3 que se hab\u00eda inventado toda la historia. Estuve a punto de preguntarle si se hab\u00eda quedado conmigo, pero luego comprend\u00ed que nunca me lo dir\u00eda. Me hab\u00eda embaucado, y eso era lo \u00fanico que importaba. Mientras haya una persona que se la crea, no hay ninguna historia que no pueda ser verdad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Eres un as, Auggie \u2014dije\u2014. Gracias por ayudarme.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Siempre que quieras \u2014contest\u00f3 \u00e9l, mir\u00e1ndome a\u00fan con aquella luz man\u00edaca en los ojos\u2014. Despu\u00e9s de todo, si no puedes compartir tus secretos con los amigos, \u00bfqu\u00e9 clase de amigo eres?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Supongo que estoy en deuda contigo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No, no. Simplemente escr\u00edbela como yo te la he contado y no me deber\u00e1s nada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Excepto el almuerzo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Eso es. Excepto el almuerzo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Devolv\u00ed la sonrisa de Auggie con otra m\u00eda y luego llam\u00e9 al camarero y ped\u00ed la cuenta.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento (literalmente) navide\u00f1o, p\u00edcaro y sentimental, de Paul Auster (1947).<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":13063,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"Para las fiestas, un #cuento navide\u00f1o de Paul Auster en Las Historias (felices fiestas).","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[3032,22,3034,3035,3031,2343,194,2855,3030,3033],"class_list":["post-13062","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cigarros","tag-cuento","tag-cuento-navideno","tag-cuentos-de-navidad","tag-el-cuento-de-navidad-de-auggie-wren","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritores-estadounidenses","tag-literatura","tag-paul-auster","tag-smoke"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/Auster.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-3oG","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13062","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=13062"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13062\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":13397,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13062\/revisions\/13397"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/13063"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=13062"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=13062"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=13062"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}