{"id":13056,"date":"2016-12-19T09:23:12","date_gmt":"2016-12-19T15:23:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=13056"},"modified":"2017-08-22T11:55:44","modified_gmt":"2017-08-22T16:55:44","slug":"gatos-pardos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/gatos-pardos\/","title":{"rendered":"Gatos pardos"},"content":{"rendered":"<p>Este es un cuento de <a href=\"http:\/\/www.tierraadentro.cultura.gob.mx\/author\/iris-garcia-cuevas\/\">Iris Garc\u00eda Cuevas<\/a> (Acapulco, 1977), narradora mexicana reconocida por sus obras dentro de la narrativa policial y sus retratos, duros y penetrantes, de la violencia contempor\u00e1nea. \u00abGatos pardos\u00bb apareci\u00f3 primero en el libro <em>Ojos que no ven, coraz\u00f3n desierto<\/em> (2009), y muestra no s\u00f3lo una forma tristemente habitual del abuso del poder en el M\u00e9xico actual, sino tambi\u00e9n el reverso del machismo nacional. Adem\u00e1s, es el segundo cuento de la entrega especial con la que Las Historias quiere terminar este 2016. Habr\u00e1 otras tres entregas m\u00e1s antes de fin de a\u00f1o.<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/IRISGC.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"13059\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/gatos-pardos\/irisgc\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/IRISGC.jpg\" data-orig-size=\"400,273\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Iris Garc\u00eda Cuevas\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/IRISGC.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/IRISGC.jpg\" alt=\"\" width=\"400\" height=\"273\" class=\"aligncenter size-full wp-image-13059\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/IRISGC.jpg 400w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/IRISGC-300x205.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 400px) 100vw, 400px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>GATOS PARDOS<br \/>\nIris Garc\u00eda Cuevas<\/strong><\/p>\n<p>Tanto pedo por otro pinche puto, piensa Jes\u00fas Palomino Alberto, alias <em>Chucho el loco<\/em>, comandante de la Polic\u00eda Judicial del Estado, mientras sale del privado del jefe. Le duele la cabeza. Necesitaba dormir un par de horas m\u00e1s para librarse definitivamente de la cruda. Pero un reportero entrometido interrumpi\u00f3 la siesta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dentro de la oficina, el licenciado Mart\u00edn Flores Romero, director de averiguaciones previas de la Procuradur\u00eda, deposita el peri\u00f3dico parsimoniosamente en el cesto de basura. \u00c9l tampoco se ha recuperado de la cruda y no est\u00e1 de humor para contestar preguntas. Mira con desgano al reportero, se arrellana a\u00fan m\u00e1s en el sill\u00f3n y reacomoda las piernas sobre el escritorio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Es el quinto insiste el periodista. Lo dejaron en una bolsa de basura en frente de su casa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le\u00ed la nota, \u00bfqu\u00e9 no vio?  la barbilla del licenciado Flores se\u00f1ala el basurero.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfEntonces? inquiere el reportero sin lograr disimular su indignaci\u00f3n por la actitud del director de averiguaciones previas y por el paradero de la historia que llev\u00f3 su nombre a la primera plana.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfEntonces qu\u00e9? pregunta a su vez Flores sin inmutarse.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfQu\u00e9 est\u00e1n haciendo para aprehender a los degenerados?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Flores advierte un matiz solidario oculto tras el calificativo. \u201cEste tambi\u00e9n es puto\u201d, piensa y se dispone a concluir la charla.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Estamos investigando.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No se nota.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Todo a su tiempo responde Flores, llev\u00e1ndose las manos a la nuca. Nosotros sabemos lo que hacemos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfEso es todo?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando tengamos algo nosotros le avisamos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El periodista sale. Flores se incorpora con la agilidad de una reci\u00e9n parida, observa <em>Chucho el loco<\/em> desde el quicio de la puerta. Flores abre el caj\u00f3n del escritorio y saca una grapa. Limpia cuidadosamente la tierra dejada por sus botas. Tiende una l\u00ednea. Aspira.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ya me estaba cagando la madre ese pendejo comenta el licenciado, ya con las pupilas dilatadas y el \u00e1nimo repuesto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le van a meter un periodicazo, jefe, debe tener cuidado en c\u00f3mo le contesta a un periodista.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al rato de hablo a Montes. Me quejo de su pinche reportero pendejo y le pregunto cuando viene a recoger su chayo. Ver\u00e1s c\u00f3mo no saca nada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yo nom\u00e1s le digo, no hay que confiarse tanto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Chucho el loco se acerca al escritorio y se embute la l\u00ednea dejada gentilmente por el licenciado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;V\u00e1monos al Arcelia, pinche <em>Chucho<\/em>, d\u00e9jate de mamadas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hoy es el operativo en los bares de jotos. Al procurador le urge encontrar un culpable. A \u00e9l tambi\u00e9n lo est\u00e1n chingando los medios con esto de los muertos le recuerda al licenciado Flores, con la esperanza de ahorrarse la juerga de esta noche.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>Chucho el loco<\/em> lleva una semana sin llegar a su casa, manteni\u00e9ndose despierto a punta de rayas, para cuidarle el culo al director de averiguaciones previas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No vamos a ir con ellos, pero hazles un encargo a los muchachos: si descubren qui\u00e9n es el mata putos, que le den un abrazo de mi parte, por hacerle un favor a los machines r\u00ede.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A <em>Chucho el loco<\/em> no le hace gracia el chiste. No entiende c\u00f3mo alguien puede hacerse pendejo de ese modo: Ir al Arcelia es hacerla de nana y alcahuete. Despu\u00e9s del tercer trago, Flores lo manda por <em>La Cony<\/em>, un travesti moreno de pelo oxigenado que la hace de fichera en El Zarape. \u00c9l debe estar pendiente del hocico de todos los presentes, porque si alguien se atreve a se\u00f1alarle al jefe que le gustan las viejas con regalo, termina con las tripas de fuera, por tacharlo de joto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;As\u00ed le pas\u00f3 al g\u00fcey del Azuceno, mesero amanerado del Arcelia, que un d\u00eda, en son de guasa, le dijo al licenciado: Qui\u00e9n me lo iba decir, se ve tan hombrecito y tiene sus requiebros. Fue lo \u00faltimo que dijo, antes que Flores le apretara los huevos, le estrellara la cara encima de la mesa y le enterrara una botella rota en el ombligo, ante el silencio de la orquesta y los gritos de <em>La Cony<\/em>.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Despu\u00e9s fue Chucho el loco quien se llev\u00f3 al difunto, reparti\u00f3 billetes y amenazas para borrarles la memoria a los presentes, contrat\u00f3 a otros testigos para convencer a Ferm\u00edn Regules, cliente asiduo y solitario del Arcelia, de que fue \u00e9l quien se la arm\u00f3 de pedo al Azuceno, porque el mesero se lo quiso ligar cuando se dio cuenta que estaba hasta la madre. El tipo estuvo preso m\u00e1s o menos dos a\u00f1os, por m\u00e1s que juraba: Por mi madrecita santa muerta, no me acuerdo de nada. Esa es la bronca, que no te acuerdas, pero s\u00ed lo hiciste, le dec\u00eda <em>Chucho el loco<\/em> cuando le llevaba cigarros a la c\u00e1rcel, porque no por cabr\u00f3n deja de tener uno conciencia. Lo iba a visitar casi cada semana, hasta que lo mataron en su celda. <em>Chucho el loco<\/em> no investig\u00f3 el porqu\u00e9, m\u00e1s bien se conform\u00f3 con tener libres las tardes del domingo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tanto pedo para cogerse un puto, piensa <em>Chucho el loco<\/em>. No lo dice en voz alta. No porque le tenga miedo a Flores, pobre pendejo que se las da de macho y le gusta la \u00f1onga, sino por el aprecio y gratitud que le tiene, aunque se le haga agua la canoa despu\u00e9s de cinco g\u00fcisquis. Una vez una de las hijas del <em>loco<\/em> se mor\u00eda de tifo en el seguro, Flores le dio el dinero para llev\u00e1rsela a un hospital privado. La chamaca est\u00e1 viva y soy agradecido, se dice cuando quiere mandarlo a la chingada. Adem\u00e1s, fue Flores quien le consigui\u00f3 la comandancia: pago por arreglarle el asunto del mesero del Arcelia que, seg\u00fan el licenciado, no recordaba ni por qu\u00e9 hab\u00eda matado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>Chucho el loco<\/em> respira profundo, para que los restos de la coca que hayan quedado en los pelos de la nariz le den \u00e1nimos para la desvelada que le espera. Debe conseguir fondos. Se acuerda del due\u00f1o de una disco acusado de abuso por una de sus empleadas. El hombre prometi\u00f3 30 mil pesos si la actuaci\u00f3n del emep\u00e9 en su contra se pierde del despacho de Flores. Eso ser\u00e1 ma\u00f1ana. La oficina est\u00e1 lejos. Habr\u00eda que bajar a la costera. A esta hora debe estar hasta la madre. La opci\u00f3n es el Quelites. A \u00e9l seguro lo encuentra en su taller mec\u00e1nico. Y le queda de paso. Hoy se reportaron cinco coches robados. \u00c9l debe tener uno por lo menos. Con eso basta para sacarle un buen billete.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>Chucho el loco<\/em> conduce. Despu\u00e9s de la parada en Ni\u00f1os H\u00e9roes toma la Baja California y se mete por Ejido. Se estaciona en la puerta del Arcelia. Las <em>Luces de Nueva York<\/em> se escurren por debajo de la cortina azul junto con el humo de los cigarros: cualquiera pensar\u00eda que es hielo seco. Entran. Flores saluda al capit\u00e1n de meseros. Los lleva a la mesa de pista que les tiene reservada de perpetuo. Cuando llega la primera botella de Old Parr Flores manda al <em>loco<\/em> ir por <em>La Cony<\/em>.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Es muy temprano, jefe.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00a1Que te vayas, carajo!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>Chucho el loco<\/em> est\u00e1 m\u00e1s acostumbrado a la penumbra de cantinas y tugurios: le molesta la luz \u00e1mbar del alumbrado p\u00fablico. Quisiera entrar de nuevo, pero debe esperar que el jefe se acabe la primera botella y pida la segunda. Si no, c\u00f3mo echarle la culpa a la peda de haberse confundido. Lo malo es que siempre se confunde y termina jodiendo con vestidas. Para equivocaciones, con <em>La Cony<\/em> van varias. \u00bfQu\u00e9 le ve el licenciado a ese pinche marica? Trata de encontrarle una justificaci\u00f3n a la preferencia de su jefe. Al final se le ocurre solo una: Cualquier hoyo es trinchera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Camina por las calles aleda\u00f1as a los burdeles hasta la fonda de do\u00f1a Lencha. Pide un socorrido. Se le ocurre: al licenciado tambi\u00e9n le gusta el huevo con chile pero no revuelto. Sonr\u00ede. Pero el jefe est\u00e1 solo, lo recuerda: se le acaba la risa. No le gusta dejarlo mucho rato porque termina haciendo pendejadas. Luego es \u00e9l quien tiene que arreglarlas. Pide una cerveza para pasarse los bocados y la muina. Media hora despu\u00e9s desanda el camino y se mete al Zarape.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando entra al tugurio, se pregunta por qu\u00e9 nunca ha logrado provocar un incendio, por m\u00e1s colillas de cigarro prendidas arrojadas al piso cubierto de aserr\u00edn, con la esperanza de llegarle al jefe con la buena nueva: <em>La Cony<\/em> se muri\u00f3 chamuscada. Pinche vieja con g\u00fcevos, seguro le dio yerba al licenciado. Revisa el local. El ambiente es oscuro para que los clientes no se enteren cuando les meten gallo por gallina. Pero a nadie le importa. Todo es cuesti\u00f3n de gustos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Encuentra a <em>La Cony<\/em> en un privado haci\u00e9ndole el servicio a un gordo bigot\u00f3n con camisa de cuadros. La toma de los hombros. La separar de la bragueta. El fulano protesta. Se calla cuando al abrir los ojos se encuentra con la fusca frente a ellos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Te espera el jefe.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dile que se vaya a la chingada. La \u00faltima vez me mordi\u00f3 el pito y casi me lo arranca. Quesque porque estorbaba, yo no s\u00e9 para qu\u00e9 si lo que le gusta es meterla por el culo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>La Cony<\/em> se zafa. Al loco se le ocurre llev\u00e1rsela a la fuerza, pero el fulano ha tenido tiempo de reaccionar: ahora es \u00e9l quien le apunta. Tambi\u00e9n el padrote de <em>La Cony<\/em> lo tiene enca\u00f1onado. El loco lo sabe: con una pistola no puede matar a dos al mismo tiempo. Se sale del lugar mentando madres, en voz baja como hombre precavido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En el Arcelia el licenciado Flores se cachondea con la Roc\u00edo. La fichera se deja manosear, por quince pesos, lo que dura una pieza tocada por la orquesta. La matrona le cuenta: Se meti\u00f3 al tal\u00f3n cuando naci\u00f3 su hija. La abandon\u00f3 el marido y ella no ten\u00eda ni para comprar pa\u00f1ales. Flores ha escuchado esa historia muchas veces y sabe: la ni\u00f1a ya tiene diecisiete, ahora ayuda a su madre con la renta, es artista exclusiva de un table en la costera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El loco entra solo y compungido. Flores deja a Roc\u00edo en medio de la pista.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfY <em>La Cony<\/em>?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No estaba, Jefe, la estuve esperando pero no lleg\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;V\u00e1monos a la chingada dice flores en medio de su encabronamiento.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>Chucho el loco<\/em> lamenta no haber podido complacer a su jefe. Mucho m\u00e1s enga\u00f1arlo. Casi nunca le ha echado mentiras. Pero si le dice: <em>La Cony<\/em> no quiso venir, capaz se le trepa el diablo y se va echando tiros al Zarape. Lo malo no ser\u00eda que matara a <em>La Cony<\/em>, sino que el padrote o el gordo bigot\u00f3n dispararan primero y mataran a Flores. Eso no le conviene. \u00c9l es quien lo protege dentro de la procuradur\u00eda. Nom\u00e1s por eso lo hago, se dice <em>Chucho el loco<\/em>. Ya despu\u00e9s vendr\u00e1 \u00e9l solo a ajustarle las cuentas al puto y al mayate por pon\u00e9rsele al tiro y despreciar al jefe.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pagan la cuenta. Salen del Arcelia. Flores se mete en el asiento trasero del coche. <em>Chucho el loco<\/em> ya sabe lo que sigue: Hacer de catador tocando las verijas de las putas, hasta encontrar una con huevos que le guste a su jefe. Es el arte de hacerse pendejo, piensa <em>el loco<\/em>, porque Flores, sobre todo borracho, tiene ojo cl\u00ednico para detectar a las vestidas. <em>El loco<\/em> est\u00e1 all\u00ed para asegurarle al licenciado, contra las evidencias, que son hembras de veras.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En la Condesa escogen. Chucho el loco se pone de acuerdo en la tarifa. La vestida se sube en la parte trasera con el jefe. Empieza a manosearlo. <em>Chucho el loco<\/em> siente un retorcij\u00f3n en la barriga. Procura no ver por el retrovisor, porque si lo hace, tendr\u00e1 ganas de madrearse al marica. Es por el pinche asco, se dice <em>Chucho el loco<\/em>. Da vuelta en la Diana. Para frente a un s\u00faper para comprar cervezas. Suben por farall\u00f3n hasta llegar a los moteles de la Rancho Acapulco. Se meten al Ed\u00e9n. El empleado corre la cortina y extiende la mano por entre los pliegues para recibir el pago por dos horas. El licenciado Flores sube con su conquista. <em>Chuco el loco<\/em> espera en el coche. Fumando mariguana y tomando cervezas. Escucha los quejidos. Los gritos. Prende el radio y destapa otra chela para no imaginarse a su jefe cogi\u00e9ndose al travesti.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Muy poquito despu\u00e9s, el licenciado Flores baja solo. Desnudo. Se sienta junto al <em>loco<\/em>.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Era puto, pinche <em>Chucho<\/em>, \u00bfpor qu\u00e9 no te fijaste?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las l\u00e1grimas escurren por el rostro de Flores y <em>Chucho el loco<\/em> siente algo parecido a la ternura.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo tra\u00eda bien escondido, licenciado asegura <em>Chucho el loco<\/em> limpi\u00e1ndole los mocos con una servilleta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Parec\u00eda vieja \u00bfverdad? pregunta, como ni\u00f1o asustado, necesita que su madre le diga: no has hecho nada malo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;S\u00ed, licenciado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero no ten\u00eda chichis, pinche <em>Chucho<\/em>, tra\u00eda chichis postizas y peluca.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No me fij\u00e9 en eso, licenciado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfY ahora? el licenciado Flores se deshace en pucheros.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Usted no se preocupe, licenciado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfVerdad que no soy puto, pinche <em>Chucho<\/em>?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;C\u00f3mo cree, licenciado. De noche cualquiera se equivoca.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<em>Chucho el loco<\/em> lo abraza, le pasa una cerveza para que se entretenga. Flores se tranquiliza. El <em>loco<\/em> sube al cuarto. Lo sabe: va encontrar al hombre con las manos de Flores marcadas en el cuello. Deber\u00e1 recoger la ropa y cualquier cosa dejada por el jefe. Luego, meter\u00e1 el cuerpo en la cajuela.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pinches putos, si se meten de putas, por lo menos que se inyecten las chichis. Flores puede pasar por alto los tanates, pero no le parece que le salgan sin tetas. Con \u00e9ste ya son seis, en lo que va del a\u00f1o, metidos en bolsas de pl\u00e1stico nom\u00e1s por no inyectarse. A \u00e9ste no va a entregarlo a domicilio. Quiere uno ser amable y lo tachan de degenerado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El <em>loco<\/em> ayuda a Flores a vestirse. Lo sube al coche y le da otra cerveza. Salen del motel y se encaminan al bald\u00edo de la Suiza. En el trayecto el licenciado Flores se queda dormido en el hombro del <em>loco<\/em>, por eso, cuando llegan, el <em>loco<\/em> lo toma del rostro suavemente y lo acomoda poco a poco en el respaldo del asiento para no despertarlo. Procura hacer el menor ruido posible al abrir la cajuela y bajar el cad\u00e1ver. Lo bueno de los putos que le gustan al jefe es que no pesan mucho. Bastante tiene ya la espalda del loco con cargar a Flores cada vez que se embriaga.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ya en casa del licenciado lo desviste, lo ba\u00f1a y lo mete en la cama.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfQu\u00e9 pas\u00f3 con el puto? pregunta Flores con desasosiego.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le met\u00ed unos madrazos y lo mand\u00e9 a su casa, licenciado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Flores acostumbra dormir con el aire acondicionado encendido. <em>Chucho el loco<\/em> lo arropa para evitar que se resfr\u00ede.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ya no puede uno confiar en nadie, pinche <em>Chucho<\/em>.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En mi s\u00ed, licenciado afirma <em>Chucho el loco<\/em> antes de apagar la luz del cuarto y hacerse un lugarcito en el sof\u00e1 para velar los sue\u00f1os de su jefe. <em>Chucho el loco<\/em> es sincero.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una historia negra de la narradora mexicana Iris Garc\u00eda Cuevas (1977).<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":13059,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"\"Gatos pardos\", un #cuento violento de Iris Garc\u00eda Cuevas en Las Historias.","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[4],"tags":[22,3185,2343,185,198,2946,2855,3037,3036,3038],"class_list":["post-13056","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-cuento-policiaco","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritoras","tag-escritores-mexicanos","tag-iris-garcia-cuevas","tag-literatura","tag-narrativa-de-la-violencia","tag-narrativa-policiaca","tag-noir"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/IRISGC.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-3oA","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13056","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=13056"}],"version-history":[{"count":9,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13056\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":13419,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13056\/revisions\/13419"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/13059"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=13056"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=13056"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=13056"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}