{"id":13049,"date":"2016-12-27T09:29:27","date_gmt":"2016-12-27T15:29:27","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=13049"},"modified":"2016-12-12T14:25:23","modified_gmt":"2016-12-12T20:25:23","slug":"cordelias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/cordelias\/","title":{"rendered":"Cordelias"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Adela_Fern%C3%A1ndez_y_Fern%C3%A1ndez\">Adela Fern\u00e1ndez y Fern\u00e1ndez<\/a> (1942-2013) fue conocida por ser la hija del cineasta mexicano Emilio \u00abIndio\u00bb Fern\u00e1ndez. Tambi\u00e9n fue una investigadora de las culturas mexicanas y una narradora muy interesante que merece ser m\u00e1s le\u00edda. Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez elogi\u00f3 uno de sus cuentos, <a href=\"https:\/\/talesofmytery.blogspot.mx\/2013\/10\/adela-fernandez-la-jaula-de-tia-enedina.html\">\u00abLa jaula de la t\u00eda Enedina\u00bb<\/a>, que a partir de entonces es casi el \u00fanico que se cita de su obra. Aqu\u00ed reproduzco otro, \u00abCordelias\u00bb, que muestra su imaginaci\u00f3n fant\u00e1stica y su capacidad para mostrar con muy pocos recursos lo misterioso y lo inquietante en entornos cotidianos. Hay otras versiones del texto en l\u00ednea, pero no \u00e9sta, que me parece m\u00e1s trabajada y proviene de una edici\u00f3n de cuentos de Fern\u00e1ndez (Editorial Campana, 2009) que incluye dos libros suyos: <em>Duermevelas<\/em> &#8211;donde \u00abCordelias\u00bb apareci\u00f3 por primera vez&#8211; y <em>Vago espinazo de la noche<\/em>.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Este es el quinto y \u00faltimo cuento de la entrega especial en este diciembre, para compensar la falta de textos durante otros meses de este a\u00f1o terrible de 2016. Ojal\u00e1 que el pr\u00f3ximo a\u00f1o nos vaya \u2013contra todos los indicios\u2013 mejor que en \u00e9ste.<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/Adela-Fern\u00e1ndez.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"13050\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/cordelias\/adela-fernandez\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/Adela-Fern\u00e1ndez.jpg\" data-orig-size=\"437,358\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Adela Fern\u00e1ndez\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/Adela-Fern\u00e1ndez.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/Adela-Fern\u00e1ndez.jpg\" alt=\"\" width=\"437\" height=\"358\" class=\"aligncenter size-full wp-image-13050\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/Adela-Fern\u00e1ndez.jpg 437w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/Adela-Fern\u00e1ndez-300x246.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 437px) 100vw, 437px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>CORDELIAS<br \/>\nAdela Fern\u00e1ndez<\/strong><\/p>\n<p>El \u00e1rabe lleg\u00f3 a nuestra aldea con su camioneta azul dando tumbos en la brecha pedregosa y mirando con enfado el paisaje bald\u00edo. En la bodega de Luciano descarg\u00f3 veinte cajas de madera llenas de verdura y frutas, alimento apreciado en nuestra tierra inf\u00e9rtil. Apenas se hubo ido, se amontonaron todas las mujeres prontas a comprar la mercanc\u00eda. Don Luciano, aturdido, trataba de calmarlas, mientras con el martillo desprend\u00eda las tablas, dejando a la vista gulosa aquellas frutas y hortalizas de colores excitantes. Con tantos manojos de yerbas arom\u00e1ticas el ambiente se hizo delicioso. Los ni\u00f1os esper\u00e1bamos ansiosos que la ayudante de don Luciano nos arrojara aquellas frutas que por magulladas se deshac\u00edan de ellas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La algarab\u00eda se torn\u00f3 en asombroso silencio cuando al abrir una de las cajas, los ojos at\u00f3nitos vieron dentro de ella, acurrucada dolorosamente en el estrecho espacio, a una ni\u00f1a de tres a\u00f1os. La sacaron y comenz\u00f3 a llorar a causa de sus miembros entumecidos y por el esc\u00e1ndalo que la rodeaba. La sobaron, le dieron un poco de agua tibia y una bolita de migaj\u00f3n para evitarle los \u00e1cidos estomacales, producto del miedo. Hubo sentimientos de compasi\u00f3n, suposiciones e invenci\u00f3n de historias acerca de su procedencia: que si el \u00e1rabe se la hab\u00eda robado y la dej\u00f3 ah\u00ed por equivocaci\u00f3n; que si a lo mejor \u00e9l no sab\u00eda nada y que alguien la ech\u00f3 en la caja para deshacerse de ella; que si a lo mejor los elotes se hab\u00edan transformado en una ni\u00f1a, hija de la deidad del ma\u00edz y que deb\u00eda ser adorada como diosa; que si tal vez era el mismito diablo que en imagen de aparente inocencia hab\u00eda llegado al pueblo para desatar la maldad y una cadena de tragedias.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Fue mi madre quien aleg\u00f3 que se dejaran de tonter\u00edas, que el caso era claro y simple, nada m\u00e1s que una ni\u00f1a abandonada, evidencia de la irresponsbilidad o de un acto desalmado. Conmovida, mi madre decidi\u00f3 llevarla a casa hasta que regresara el \u00e1rabe para aclarar con \u00e9l las cosas, pero el frutero jam\u00e1s volvi\u00f3 al pueblo y ella tuvo que hacerse cargo de la ni\u00f1a, adopci\u00f3n que si bien fue forzada, no estuvo exenta de misericordia. Mi madre me exigi\u00f3 que la tratara como a una hermana y le dio el nombre de Cordelia. Esta peque\u00f1a vino a romperme el hast\u00edo propio de un hijo \u00fanico y pronto me hice a la costumbre de los juegos compartidos, de los di\u00e1logos fantasiosos y de los pleitos sin importancia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La gente del pueblo sigui\u00f3 inventando historias posibles sobre su identidad, por lo que mi madre prefiri\u00f3 que Cordelia no saliera de casa, libr\u00e1ndola as\u00ed de los chismes populares. Con la esperanza de que olvidara su orfandad, le dio cuanto cari\u00f1o lat\u00eda en su coraz\u00f3n al grado de consentirla m\u00e1s que a m\u00ed. Fue el encanto natural de Cordelia lo que impidi\u00f3 que yo sintiera celos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando el tema estuvo agotado y todos llegaron a la indiferencia por la recogida, mi madre comenz\u00f3 a llevarla al mercado y a la iglesia. El d\u00eda que fueron a traer agua de la fuente, Cordelia se sorprendi\u00f3 al ver por vez primera su rostro reflejado y comenz\u00f3 a hablar consigo misma. Estaban a punto de volver a casa cuando de la fuente sali\u00f3 el reflejo y adquiri\u00f3 cuerpo y alma. Mi madre fingi\u00f3 no asombrarse y ante los ojos estupefactos de los aguadores, como si nada hubiera pasado, tom\u00f3 a las ni\u00f1as de la mano y emprendi\u00f3 la caminata de regreso. Mi madre lleg\u00f3 a casa con dos Cordelias, una de ellas empapada. Las murmuraciones recomenzaron y tuvo que sobreponerse a las maledicencias.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En otra ocasi\u00f3n, de visita en casa de Hortensia la costurera, las ni\u00f1as se probaban ante el espejo sus vestidos nuevos y con risas y gesticulaciones entusiastas compart\u00edan con sus reflejos la dicha de estrenar ropa. Mi madre pag\u00f3 el valor de la hechura a la modista y se despidi\u00f3 satisfecha de poder vestir a sus dos hijas obtenidas por la gracia de Dios. A la velocidad de la luz, del espejo salieron los reflejos y tras adquirir cuerpo y alma corrieron a abrazarla. Esa vez mi madre regres\u00f3 a casa con cuatro Cordelias.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A la ma\u00f1ana siguiente, apenas comenzado el d\u00eda, la gente se congreg\u00f3 en el atrio de la iglesia para dar opini\u00f3n sobre el asunto. Nunca antes su imaginaci\u00f3n hab\u00eda producido antes tantas hip\u00f3tesis y advertencias sobre el misterio de Cordelia y quisieron comprobar el fen\u00f3meno de su multiplicaci\u00f3n ante la multitud y bajo el amparo de Dios.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Varias mujeres, furias de oficio, entraron a la casa y a la fuerza se llevaron a mi madre y a las cuatro Cordelias. En el atrio hab\u00edan colocado un enorme y antiguo espejo ante el cual enfrentaron a las ni\u00f1as. Los reflejos adquirieron vida propia y cuando estaban a punto de salir del azogue, Don Luciano, aterrado, lanz\u00f3 una piedra rompi\u00e9ndolo en pedazos que cayeron desparramados en el patio de adoqu\u00edn. Brotaron tantas Cordelias como fragmentos de cristal hab\u00eda. El p\u00e1nico dispers\u00f3 a la gente que fue a refugiarse a sus casas. Mi madre tuvo la fuerza de amparar a todas sus hijas no sin antes pedirle a sus vecinos que se deshicieran de sus espejos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nadie se atrevi\u00f3 a romper los espejos por el peligro que ello representaba. Como medida se dieron a la tarea de pintarlos de negro y algunos, los m\u00e1s temerosos, prefirieron enterrarlos. En lugar de cristales hay oscuros de madera en las ventanas. Todos los aljibes est\u00e1n cubiertos e incluso construyeron un domo sobre la fuente de la que hoy se abastecen de agua por medio de una llave. La gente toma el l\u00edquido con cautela y cubren sus vasos y ollas con pa\u00f1os negros.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las Cordelias, por su parte, andan por todos lados ara\u00f1ando la tierra, en la desesperada tarea de encontrar alg\u00fan espejo para poder seguir con la reproducci\u00f3n de su especie. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento fant\u00e1stico de una escritora que merece m\u00e1s lectores: Adela Fern\u00e1ndez (1942-2013).<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":13050,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"Para empezar a terminar el a\u00f1o, \"Cordelias\", un #cuento de Adela Fern\u00e1ndez, en Las Historias.","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[4],"tags":[3028,3029,22,2343,185,198,2855,2291,360,521],"class_list":["post-13049","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-adela-fernandez","tag-cordelias","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritoras","tag-escritores-mexicanos","tag-literatura","tag-literatura-de-imaginacion","tag-literatura-fantastica","tag-textos-que-no-estaban-en-la-red"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/Adela-Fern\u00e1ndez.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-3ot","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13049","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=13049"}],"version-history":[{"count":7,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13049\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":13398,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/13049\/revisions\/13398"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/13050"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=13049"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=13049"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=13049"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}