{"id":12428,"date":"2016-07-16T20:01:24","date_gmt":"2016-07-17T01:01:24","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=12428"},"modified":"2016-10-26T10:19:01","modified_gmt":"2016-10-26T15:19:01","slug":"entre-el-cielo-y-el-mar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/entre-el-cielo-y-el-mar\/","title":{"rendered":"Entre el cielo y el mar"},"content":{"rendered":"<p>Ignacio Aldecoa (1925-1969) fue un escritor espa\u00f1ol de origen vasco. Nacido en Vitoria, estudi\u00f3 en Salamanca y Madrid y se dedic\u00f3 por completo a la literatura hasta su muerte. Entre sus libros est\u00e1n las novelas <em>El fulgor y la sangre<\/em> (1954) y <em>Gran sol<\/em> (1957), y libros de cuentos &#8211;que para muchos contienen lo mejor de su obra&#8211; como <em>V\u00edsperas de silencio<\/em> (1955), <em>Espera de tercera clase<\/em> (1955), <em>El coraz\u00f3n y otros frutos amargos<\/em> (1959) y <em>Los p\u00e1jaros de Baden-Baden<\/em> (1965), del que proviene \u00abEntre el cielo y el mar\u00bb. Existen varias ediciones de cuentos escogidos suyos y una de sus cuentos completos, publicada por Alfaguara.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Considerado parte de la corriente principal, realista, de la narrativa espa\u00f1ola del siglo XX, y miembro de la llamada generaci\u00f3n del Medio Siglo, Aldecoa representa la vida de personas comunes de manera profunda pero tambi\u00e9n sutil. Su inter\u00e9s en la existencia dura de los m\u00e1s pobres &#8211;proveniente de sus convicciones antifascistas, y tambi\u00e9n de su afici\u00f3n a narradores como Faulkner y Hemingway&#8211; es a la vez sincero y compasivo. Todo esto se ve claramente en la narraci\u00f3n que sigue: un episodio en una aldea de pescadores en el que se discute y se decide el futuro de un ni\u00f1o.<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/07\/1400890483537.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"12431\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/entre-el-cielo-y-el-mar\/attachment\/1400890483537\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/07\/1400890483537.jpg\" data-orig-size=\"768,432\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Ignacio Aldecoa\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/07\/1400890483537.jpg\" class=\"aligncenter size-full wp-image-12431\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/07\/1400890483537.jpg\" alt=\"Ignacio Aldecoa\" width=\"768\" height=\"432\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/07\/1400890483537.jpg 768w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/07\/1400890483537-300x169.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 768px) 100vw, 768px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>ENTRE EL CIELO Y EL MAR<br \/>\nIgnacio Aldecoa<\/strong><\/p>\n<p>Era la tercera vez en la ma\u00f1ana. Los ni\u00f1os volvieron a acercarse. El ruido de la mar se confund\u00eda con el un\u00e1nime grito de los que hablaban. Unos segundos de silencio y la mon\u00f3tona repetici\u00f3n como un gru\u00f1ido o como un estertor: \u00abaaa-\u00fa\u00bb. La red iba saliendo lentamente a la \u00e1spera playa. Su dulce color de oto\u00f1o, roto por la lucecilla plateada de un pescado muy chico o por el verde triste un alga prendida en sus mallas, divid\u00eda la oscura desolaci\u00f3n de grava menuda; cerca cabeceaba la barca vac\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los ni\u00f1os pisaban la red. Pedro hab\u00eda asumido la labor de espantarlos. Dec\u00eda una palabrota y hac\u00eda que corrieran apenas unos metros para pararse en seguida y volver confianzudamente a poco. Pedro ten\u00eda entre los labios el chicote de un cigarrillo y les miraba superior y hostil, porque era casi un hombre y trabajaba.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En el copo hab\u00eda un parpadeo ag\u00f3nico y blanco de pescado y se mov\u00eda la parda masa de un pulpo con algo indefinible de v\u00edscera o de sexo. Un \u00faltimo esfuerzo. Los pescadores se inclinaron m\u00e1s; luego se irguieron en silencio y contemplaron el mar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La tercera vez en la ma\u00f1ana. El se\u00f1or Venancio, el de la nostalgia de los tiempos buenos de la costera, dio una patada al pulpo, que retorci\u00f3 los tent\u00e1culos, y, al fin, medio dado la vuelta, los extendi\u00f3 tensamente, abri\u00e9ndose como una rara flor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Si llegamos a una peseta por cabeza, vamos bien \u2014coment\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los dem\u00e1s siguieron en silencio. Hab\u00edan o\u00eddo y hab\u00edan olvidado. Estaban acostumbrados, aunque no resignados, como cre\u00edan otras gentes del pueblo. De pronto, uno de ellos comenz\u00f3 a cantar en el vaiv\u00e9n de la ira y el rid\u00edculo. Pedro se aproxim\u00f3 al pulpo y principi\u00f3 a jugar cruelmente con \u00e9l.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014D\u00e9jalo ya \u2014dijo el se\u00f1or Venancio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pedro sinti\u00f3 algo como verg\u00fcenza que le ascendi\u00f3 hasta los ojos y le hizo humillar y distraer la mirada en un pececillo que cogi\u00f3 entre los dedos. No, no le deb\u00eda de haber dicho aquello el se\u00f1or Venancio delante de los chiquillos, que le miraban envidiosos. Pedro era pescador, y sab\u00eda que ten\u00eda su parte en el pulpo y un indudable derecho a jugar con \u00e9l o a darle una patada como el se\u00f1or Venancio. No tuvo tiempo de pensarlo mucho.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Dale la vuelta a la mo\u00f1a, Pedro, y \u00e9chalo en el cesto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los chiquillos contemplaron admirados el trabajo de Pedro en cuclillas sobre el animal.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Cabr\u00f3n \u2014dijo Pedro, y luego se levant\u00f3 con el pulpo fl\u00e1ccido, pendiente de sus dedos \u00edndice y medio de la mano derecha, los tent\u00e1culos colgantes formando una masa inerte, salvo en sus delgad\u00edsimos extremos, que todav\u00eda se retorc\u00edan.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El se\u00f1or Venancio hablaba con los compa\u00f1eros:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Yo hubiera tirado el lance hacia el puntal; puede que all\u00ed hubi\u00e9ramos sacado algo m\u00e1s. Como siga esto as\u00ed, vamos a comer piedras. Tres veces en una ma\u00f1ana, y ni siquiera para comprar pan&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pedro fing\u00eda interesarse en la conversaci\u00f3n de los mayores sobre el jornal, porque para eso era pescador; pero sab\u00eda que no le importaba demasiado. Llegar\u00eda a su casa y tendr\u00eda algo que comer. Para llevar de comer estaba el padre y no \u00e9l. Acaso un trozo de pan y un rebuj\u00f3n de pescado frito, pero ya era bastante. Desde peque\u00f1o \u2014contemplaba su infancia sin haber salido de ella como algo muy distante\u2014 hab\u00eda comido poco, a veces nada, mas siempre hab\u00eda tenido el derecho a llorar, a protestar por la escasez. El que no lloraba ni protestaba era su padre, que lo miraba todo con unos ojos muy peque\u00f1os, como queriendo llorar y protestar con odio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pedro, lleva el cesto a la vieja y que se d\u00e9 prisa en vender todo ese lastre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pedro se baj\u00f3 los pantalones largos de color de arcilla, recogios a medio muslo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfA la tarde afanamos? \u2014pregunt\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Se ver\u00e1. Hay que contar con la mar. Te avisar\u00e1, al pasar, Luciano.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los pescadores extend\u00edan la red sobre la playa. Algunos ni\u00f1os se divert\u00edan cogiendo pececillos min\u00fasculos enmallados; otros iban detr\u00e1s de Pedro tocando el pulpo temerosamente. Pedro se volv\u00eda hacia ellos:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Largo, muchachos; \u00bfes que nunca hab\u00e9is visto un pulpo?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Les lanzaba arena con los pies.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Largo, largo, largo&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dijo una frase obscena&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lleg\u00f3 donde la vieja. La vieja estaba sentada en el escal\u00f3n del umbral de la casa. Miraba distra\u00edda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Nada, \u00bfverdad? \u2014dijo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Poco; se dio mal toda la ma\u00f1ana \u2014contest\u00f3 Pedro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Bueno, deja eso ah\u00ed; ahora saldr\u00e9 a ver lo que dan. Venancio quiere muchas cosas. Ya te puedes ir; aqu\u00ed no pintas nada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La vieja ten\u00eda un genio malo. Sol\u00eda beber. Beb\u00eda aguardiente, a veces con agua, a veces con pan, mojando en la copa migas que amasaba entre los dedos y arrancaba de un corrusco guardado en uno de los profundos bolsillos de su delantal. Pedro no se hab\u00eda marchado todav\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Que ya te puedes ir \u2014repiti\u00f3 la vieja.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pedro camin\u00f3 hacia su casa. Iba pensando en el mar. Le gustar\u00eda ser pescador de mar, dejar de pescar desde la playa. Le gustar\u00eda salir con la tra\u00ed\u00f1a y estar encargado en ella de los faroles de petr\u00f3leo. Y, sobre todo, hablar del viento de Levante. Decir al llegar a casa, con la superioridad del trabajador de mar: \u00abComo siga esto as\u00ed, vamos a comer piedras. El levante nos ha llenado la tra\u00ed\u00f1a tres veces de mar. Si no llega a ser por el se\u00f1or Feliciano, nos vamos a fondo.\u00bb Y decir esto mirando a sus padres alternativamente. Ver los ojos del padre casi tristes, casi alegres; y los de la madre, temerosos; y contar a los hermanos c\u00f3mo una morena le tir\u00f3 un muerdo y \u00e9l le dio con el cuchillo de partir el cebo en la cabecilla de bicha, y la tuvo a sus pies retorci\u00e9ndose m\u00e1s de dos horas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le llamaban los amigos que estaban jugando con cajas de cerillas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfJuegas, S\u00e1nchez?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Estaban en corro sobre el sucio principio de la playa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ahora no, voy a casa. Esta tarde tenemos faena.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y una voz:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Los de la Tres Hermanos han venido hasta arriba de pesca. Nadie sabe c\u00f3mo se las han arreglado. Es el se\u00f1or Feliciano, que tiene ojo de gato para esas cosas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pescar en la tra\u00ed\u00f1a del se\u00f1or Feliciano era el deseo de todos lo muchachos de la playa. Pero el se\u00f1or Feliciano no llevaba muchachos en su embarcaci\u00f3n, porque pensaba que estar\u00eda mal que un ni\u00f1o ganase por ir con \u00e9l m\u00e1s que su padre, que pescaba de playa o que estaba en otra lancha con poca fortuna.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al pasar junto a la taberna de Sixto, se asom\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Hola, padre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El padre de Pedro y el se\u00f1or Feliciano estaban celebrando la pesca. Se hab\u00eda vendido bien en V\u00e9lez.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1De modo que t\u00fa ya andas en la labor! Bueno, hombre, bueno \u2014dijo el se\u00f1or Feliciano.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Aprendiendo \u2014aclar\u00f3 el padre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pedro miraba fijamente al se\u00f1or Feliciano.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQuieres una copa? \u00bfQu\u00e9 tomas?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Un pintao \u2014respondi\u00f3 Pedro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pon al chico un pintao \u2014grit\u00f3 el se\u00f1or Feliciano\u2014. \u00bfQu\u00e9 tal se dio hoy? Venancio sabe mucho; hay que largar donde \u00e9l diga. \u00c9l sabe mucho de eso. Claro que las playas andan mal de pesca&#8230; Vete haciendo ojo. El a\u00f1o que viene, que Paco se marcha al servicio&#8230; Bueno, ya hablar\u00e9 con tu padre; ya se lo dir\u00e9 a \u00e9l cuando sea.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dejaron de hacerle caso y siguieron hablando de toreros, a los que no hab\u00edan visto nunca torear. Pedro se bebi\u00f3 un vaso y dijo adi\u00f3s. Al salir, el padre le llam\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Dile a tu madre que ya voy para all\u00e1.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pedro movi\u00f3 la barbilla y cerr\u00f3 los ojos, asintiendo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La madre de Pedro estaba sentada en el escal\u00f3n del umbral de la puerta. Cos\u00eda algo. Pregunt\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9 tal se os dio?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Mal, madre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Traes hambre. Anda, pasa. Encima de la hornilla hay pescado. Ojo, que hay que repartirlo. \u00bfHas visto a tu padre?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No daba lugar a las contestaciones; hablaba r\u00e1pida, andaluzamente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Estar\u00e1 tom\u00e1ndose sus copas. Lo mismo da sacar buen jornal que malo. Hoy de juerga, ma\u00f1ana de queja. As\u00ed va todo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Hoy han tenido suerte \u2014coment\u00f3 Pedro\u2014; el se\u00f1or Feliciano tiene ojo de gato para la pesca.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014El se\u00f1or Feliciano no tiene familia que mantener como tu padre; se puede gastar lo que gane con quien le d\u00e9 la gana.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Puede que el a\u00f1o que viene&#8230; Paco se marcha al servicio. Ha dicho que hablar\u00e1 con padre. En casa de Sixto&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Los hombres deb\u00edan pensar m\u00e1s las cosas cuando se casan. Creer\u00e1 que os voy a alimentar de aire.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Cuando Paco se marche al servicio&#8230; Me ha dicho que vaya haciendo ojo&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Vendr\u00e1 cuando quiera, claro est\u00e1, y supongo que bebido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Me ha invitado a un pintao. Aprecia al se\u00f1or Venancio. Dice que hay que hacerle mucho caso en los lances, porque sabe mucho de eso&#8230; Lo que pasa es que las playas&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pedro miraba a trav\u00e9s de la puerta la playa y el mar. La madre dej\u00f3 un momento la labor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Sin comer no se puede trabajar. Anda y come algo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pedro segu\u00eda mirando la playa y el mar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Aviva, que ya te quedar\u00e1 tiempo para trabajar durante toda la vida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pedro entr\u00f3 lentamente en la cocina. En el rescoldo de la hornilla hab\u00eda un plato de porcelana desportillado con un mont\u00f3n de pescado. Sobre los azulejos partidos, media hogaza de pan. Cort\u00f3 un trozo y masc\u00f3 sin ganas. La ventana de la cocina daba a una calle de polvo y suciedad, hecha entre dos filas de casas de una sola planta. Al sol del oto\u00f1o dormitaba un perro. Las moscas se agolpaban en huellas de humedad. El vecindario vert\u00eda el agua sucia en la calle. Pedro apret\u00f3 dos o tres pescados sobre el pan y sali\u00f3 a la puerta que daba sobre la playa. Mascaba, lenta, concienzudamente. Volvi\u00f3 la vista a la derecha y vio a su padre, que se acercaba. Dos de los hermanos peque\u00f1os de Pedro ven\u00edan cogidos de sus manos. El padre sonre\u00eda. Lleg\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Hola, Mar\u00eda \u2014hablaba lentamente\u2014; hoy hemos salido bien. Tengo una buena noticia para ti, Pedro: Feliciano ha hablado con Venancio. Hoy te vas a venir con nosotros.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pedro apretaba el pan y el pescado fuertemente. El padre continu\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014De prueba. Te encargar\u00e1s de las farolas; es sencillo. Ya te ense\u00f1aremos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ya s\u00e9, padre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Bueno, te ense\u00f1aremos de nuevo, aunque digas que ya sabes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El padre entr\u00f3 en la casa. Los hermanos de Pedro quedaron con la madre. La madre comenz\u00f3 a hablar en voz baja, rabiosamente. Dijo por fin:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014A ver si ahora te haces un z\u00e1ngano como los otros, Pedro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pedro no la escuchaba. Entr\u00f3 en la cocina, donde el padre estaba comiendo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9 ha dicho de m\u00ed, padre?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Lo dicho, que te vienes esta noche con nosotros; que cree que te puede hacer un sitio. Ya puedes hacerlo bien&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pero no ha dicho nada m\u00e1s.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9 quieres que dijera, criatura? Ha dicho lo que ha dicho y es bastante.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pedro volvi\u00f3 la vista.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pod\u00eda haber dicho algo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pedro dej\u00f3 la cocina.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Andaba ya por la playa. Iba mirando las embarcaciones varadas. Aspiraba el olor de la brea, el de las redes puestas a secar. Se acerc\u00f3 a la tra\u00ed\u00f1a Tres Hermanos. De vez en vez mord\u00eda el pan y el pescado. Dio una vuelta en torno a ella, pasando lentamente la mano vac\u00eda por sus costados. Termin\u00f3 el pan y el pescado. Se tendi\u00f3 al sol. La lancha daba una breve sombra de mediod\u00eda pasado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pedro cerr\u00f3 los ojos. Los abri\u00f3. Las olas acababan suavemente en la playa. Cerr\u00f3 los ojos y escuch\u00f3 como un gru\u00f1ido o como un estertor: la mar.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento \u2013sobre la pobreza y las dificultades de la vida\u2013 del escritor espa\u00f1ol Ignacio Aldecoa (1925-1969).<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":12431,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"\"Entre el cielo y el mar\", un #cuento de Ignacio Aldecoa sobre la vida dura de los muy pobres.","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[22,2343,3009,193,3011,3010,2855,467],"class_list":["post-12428","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-entre-el-cielo-y-el-mar","tag-escritores-espanoles","tag-escritores-vascos","tag-ignacio-aldecoa","tag-literatura","tag-realismo"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/07\/1400890483537.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-3es","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12428","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=12428"}],"version-history":[{"count":11,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12428\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":12440,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12428\/revisions\/12440"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/12431"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=12428"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=12428"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=12428"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}