{"id":12282,"date":"2016-05-04T13:34:12","date_gmt":"2016-05-04T18:34:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=12282"},"modified":"2025-02-03T12:18:05","modified_gmt":"2025-02-03T18:18:05","slug":"los-amigos-de-los-amigos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/los-amigos-de-los-amigos\/","title":{"rendered":"Los amigos de los amigos"},"content":{"rendered":"<p>He aqu\u00ed un cuento del gran Henry James (1843-1916), estadounidense emigrado a Inglaterra, maestro de la narrativa de su tiempo. Algunas personas asocian el nombre de James s\u00f3lo con sus historias de lo sobrenatural y lo extra\u00f1o, de las que la m\u00e1s famosa debe ser la novela <em>Otra vuelta de tuerca<\/em>; sin embargo, James fue tambi\u00e9n un observador extraordinario de la psicolog\u00eda humana y de las relaciones sociales y personales, y estos intereses se juntan de hecho con la narraci\u00f3n de lo misterioso en aquella novela y en gran parte de su obra. Otro ejemplo es \u00abLos amigos de los amigos\u00bb (\u00abThe Friends of Friends\u00bb), publicado inicialmente con el t\u00edtulo \u00abThe Way It Came\u00bb en 1896. Enmarcada como el testimonio de un lector de parte de los diarios de la protagonista, en la narraci\u00f3n importa tanto la relaci\u00f3n que \u00e9sta entabla con su prometido como las causas inexplicables por las que se ve en peligro. Este cuento fue seleccionado por Italo Calvino para su famosa antolog\u00eda <em>Cuentos fant\u00e1sticos del XIX<\/em>.<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/henry-james-1456257516926.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"12283\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/los-amigos-de-los-amigos\/icult-henry-james\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/henry-james-1456257516926.jpg\" data-orig-size=\"646,361\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;ICULT HENRY JAMES&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;ICULT HENRY JAMES&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Henry James\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/henry-james-1456257516926.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/henry-james-1456257516926.jpg\" alt=\"Henry James\" width=\"646\" height=\"361\" class=\"aligncenter size-full wp-image-12283\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/henry-james-1456257516926.jpg 646w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/henry-james-1456257516926-300x168.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 646px) 100vw, 646px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>LOS AMIGOS DE LOS AMIGOS<\/p>\n<p>Henry James<\/strong><\/p>\n<p>Encuentro, como profetizaste, mucho de interesante, pero poco de utilidad para la cuesti\u00f3n delicada \u2014la posibilidad de publicaci\u00f3n\u2014. Los diarios de esta mujer son menos sistem\u00e1ticos de lo que yo esperaba; no ten\u00eda m\u00e1s que la bendita costumbre de anotar y narrar. Resum\u00eda, guardaba; parece como si pocas veces dejara pasar una buena historia sin atraparla al vuelo. Me refiero, claro est\u00e1, m\u00e1s que a las cosas que o\u00eda, a las que ve\u00eda y sent\u00eda. Unas veces escribe sobre s\u00ed misma, otras sobre otros, otras sobre la combinaci\u00f3n. Lo incluido bajo esta \u00faltima r\u00fabrica es lo que suele ser m\u00e1s gr\u00e1fico. Pero, como comprender\u00e1s, no siempre lo m\u00e1s gr\u00e1fico es lo m\u00e1s publicable. La verdad es que es tremendamente indiscreta, o por lo menos tiene todos los materiales que har\u00edan falta para que <em>yo<\/em> lo fuera. Observa como ejemplo este fragmento que te mando despu\u00e9s de dividirlo, para tu comodidad, en varios cap\u00edtulos cortos. Es el contenido de un cuaderno de pocas hojas que he hecho copiar, que tiene el valor de ser m\u00e1s o menos una cosa redonda, una suma inteligible. Es evidente que estas p\u00e1ginas datan de hace bastantes a\u00f1os. He le\u00eddo con la mayor curiosidad lo que tan circunstanciadamente exponen, y he hecho todo lo posible por digerir el prodigio que dejan deducir. Ser\u00edan cosas llamativas, \u00bfno es cierto?, para cualquier lector; pero \u00bfte imaginas siquiera que yo pusiera semejante documento a la vista del mundo, aunque ella misma, como si quisiera hacerle al mundo ese regalo, no diera a sus amigos nombres ni iniciales? \u00bfTienes t\u00fa alguna pista sobre su identidad? Le cedo la palabra.<\/p>\n<h4>I<\/h4>\n<p>S\u00e9 perfectamente, por supuesto, que yo me lo busqu\u00e9; pero eso ni quita ni pone. Yo fui la primera persona que le habl\u00f3 de ella: ni tan siquiera la hab\u00eda o\u00eddo nombrar. Aunque yo no hubiera hablado, alguien lo habr\u00eda hecho por m\u00ed; despu\u00e9s trat\u00e9 de consolarme con esa reflexi\u00f3n. Pero el consuelo que dan las reflexiones es poco: el \u00fanico consuelo que cuenta en la vida es no haber hecho el tonto. Esa es una bienaventuranza de la que yo, desde luego, nunca gozar\u00e9. \u00abPues deber\u00edas conocerla y comentarlo con ella\u00bb, fue lo que le dije inmediatamente. \u00abSois almas gemelas\u00bb. Le cont\u00e9 qui\u00e9n era, y le expliqu\u00e9 que eran almas gemelas porque, si \u00e9l hab\u00eda tenido en su juventud una aventura extra\u00f1a, ella hab\u00eda tenido la suya m\u00e1s o menos por la misma \u00e9poca. Era cosa bien sabida de sus amistades \u2014cada dos por tres se le ped\u00eda que relatara el incidente\u2014. Era encantadora, inteligente, guapa, desgraciada; pero, con todo eso, era a aquello a lo que en un principio hab\u00eda debido su celebridad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ten\u00eda dieciocho a\u00f1os cuando, estando de viaje por no s\u00e9 d\u00f3nde con una t\u00eda suya, hab\u00eda tenido una visi\u00f3n de su padre en el momento de morir. Su padre estaba en Inglaterra, a una distancia de cientos de millas y, que ella supiera, ni muri\u00e9ndose ni muerto. Ocurri\u00f3 de d\u00eda, en un museo de una gran ciudad extranjera. Ella hab\u00eda pasado sola, adelant\u00e1ndose a sus acompa\u00f1antes, a una salita que conten\u00eda una obra de arte famosa, y que en aquel momento ocupaban otras dos personas. Una era un vigilante anciano; a la otra, antes de fijarse, la tom\u00f3 por un desconocido, un turista. No fue consciente sino de que ten\u00eda la cabeza descubierta y estaba sentado en un banco. Pero en el instante en que puso los ojos en \u00e9l vio con asombro a su padre, que, como si llevara esper\u00e1ndola mucho tiempo, la miraba con inusitada angustia y con una impaciencia que era casi un reproche. Ella corri\u00f3 hacia \u00e9l, gritando descompuesta: \u00ab\u00bfPap\u00e1, qu\u00e9 te pasa?\u00bb; pero a esto sigui\u00f3 una demostraci\u00f3n de sentimiento todav\u00eda m\u00e1s intenso al ver que ante ese movimiento su padre se desvanec\u00eda sin m\u00e1s, dej\u00e1ndola consternada entre el vigilante y sus parientes, que para entonces ya la hab\u00edan seguido. Esas personas, el empleado, la t\u00eda, los primos, fueron pues, en cierto modo, testigos del hecho \u2014del hecho, al menos, de la impresi\u00f3n que hab\u00eda recibido\u2014; y hubo adem\u00e1s el testimonio de un m\u00e9dico que atend\u00eda a una de las personas del grupo y a quien se comunic\u00f3 inmediatamente lo sucedido. El m\u00e9dico prescribi\u00f3 un remedio contra la histeria pero le dijo a la t\u00eda en privado: \u00abEspere a ver si no ocurre nada en su casa\u00bb. S\u00ed hab\u00eda ocurrido algo: el pobre padre, v\u00edctima de un mal s\u00fabito y violento, hab\u00eda fallecido aquella misma ma\u00f1ana. La t\u00eda, hermana de la madre, recibi\u00f3 en el d\u00eda un telegrama en el que se le anunciaba el suceso y se le ped\u00eda que preparase a su sobrina. Su sobrina ya estaba preparada, y ni que decir tiene que aquella aparici\u00f3n dej\u00f3 en ella una huella indeleble. A todos nosotros, como amigos suyos, nos hab\u00eda sido transmitida, y todos nos la hab\u00edamos transmitido unos a otros con cierto estremecimiento. De eso hac\u00eda doce a\u00f1os, y ella, como mujer que hab\u00eda hecho una boda desafortunada y viv\u00eda separada de su marido, hab\u00eda cobrado inter\u00e9s por otros motivos; pero como el apellido que ahora llevaba era un apellido frecuente, y como adem\u00e1s su separaci\u00f3n judicial apenas era distinci\u00f3n en los tiempos que corr\u00edan, era habitual singularizarla como \u00abesa, s\u00ed, la que vio al fantasma de su padre\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En cuanto a \u00e9l, \u00e9l hab\u00eda visto al de su madre\u2026, \u00a1qu\u00e9 m\u00e1s hac\u00eda falta! Yo no lo hab\u00eda sabido hasta esta ocasi\u00f3n en que nuestro trato m\u00e1s \u00edntimo, m\u00e1s agradable, le llev\u00f3, por algo que hab\u00eda salido en nuestra conversaci\u00f3n a mencionarlo y con ello a inspirarme el impulso de hacerle saber que ten\u00eda un rival en ese terreno \u2014una persona con quien comparar impresiones\u2014. M\u00e1s tarde, esa historia vino a ser para \u00e9l, quiz\u00e1 porque yo la repitiese indebidamente, tambi\u00e9n una c\u00f3moda etiqueta mundana; pero no era con esa referencia como me lo hab\u00edan presentado un a\u00f1o antes. Ten\u00eda otros m\u00e9ritos, como ella, la pobre, tambi\u00e9n los ten\u00eda. Yo puedo decir sinceramente que fui muy consciente de ellos desde el primer momento \u2014que los descubr\u00ed antes de que \u00e9l descubriera los m\u00edos\u2014. Recuerdo haber observado ya en aquel entonces que su percepci\u00f3n de los m\u00edos se aviv\u00f3 por esto de que yo pudiera corresponder, aunque desde luego no con nada de mi propia experiencia, a su curiosa an\u00e9cdota. Databa esa an\u00e9cdota, como la de ella, de una docena de a\u00f1os atr\u00e1s: de un a\u00f1o en el que, estando en Oxford, por no s\u00e9 qu\u00e9 razones se hab\u00eda quedado a hacer el curso \u00ablargo\u00bb. Era una tarde del mes de agosto; hab\u00eda estado en el r\u00edo. Cuando volvi\u00f3 a su habitaci\u00f3n, todav\u00eda a la clara luz del d\u00eda, encontr\u00f3 all\u00ed a su madre, de pie y como con los ojos fijos en la puerta. Aquella ma\u00f1ana hab\u00eda recibido una carta de ella desde Gales, donde estaba con su padre. Al verle le sonri\u00f3 con much\u00edsimo cari\u00f1o y le tendi\u00f3 los brazos, y al adelantarse \u00e9l abriendo los suyos, lleno de alegr\u00eda, se desvaneci\u00f3. \u00c9l le escribi\u00f3 aquella noche, cont\u00e1ndole lo sucedido; la carta hab\u00eda sido cuidadosamente conservada. A la ma\u00f1ana siguiente le lleg\u00f3 la noticia de su muerte. Aquel azar de nuestra conversaci\u00f3n hizo que se quedara muy impresionado por el peque\u00f1o prodigio que yo pude presentarle. Nunca se hab\u00eda tropezado con otro caso. Desde luego que ten\u00edan que conocerse, mi amiga y \u00e9l; seguro que tendr\u00edan cosas en com\u00fan. Yo me encargar\u00eda, \u00bfverdad? \u2014si <em>ella<\/em> no ten\u00eda inconveniente\u2014; \u00e9l no lo ten\u00eda en absoluto. Yo hab\u00eda prometido hablarlo con ella en la primera ocasi\u00f3n, y en la misma semana pude hacerlo. De \u00abinconveniente\u00bb ten\u00eda tan poco como \u00e9l; estaba perfectamente dispuesta a verle. A pesar de lo cual no hab\u00eda de haber encuentro \u2014como vulgarmente se entienden los encuentros.<\/p>\n<h4>II<\/h4>\n<p>La mitad de mi cuento est\u00e1 en eso: de qu\u00e9 forma extraordinaria se vio obstaculizado. Fue culpa de una serie de accidentes; pero esos accidentes, persistiendo al cabo de los a\u00f1os, acabaron siendo, para m\u00ed y para otras personas, objeto de diversi\u00f3n con cada una de las partes. Al principio tuvieron bastante gracia, luego ya llegaron a aburrir. Lo curioso es que \u00e9l y ella estaban muy bien dispuestos: no se pod\u00eda decir que se mostrasen indiferentes, ni much\u00edsimo menos reacios. Fue uno de esos caprichos del azar, ayudado, supongo, por una oposici\u00f3n bastante arraigada de las ocupaciones y costumbres de uno y otra. Las de \u00e9l ten\u00edan por centro su cargo, su sempiterna inspecci\u00f3n, que le dejaba escaso tiempo libre, reclam\u00e1ndole constantemente y oblig\u00e1ndole a anular compromisos. Le gustaba la vida social, pero en todos lados la encontraba y la cultivaba a la carrera. Yo nunca sab\u00eda d\u00f3nde pod\u00eda estar en un momento dado, y a veces transcurr\u00edan meses sin que le viera. Ella, por su parte, era pr\u00e1cticamente suburbana: viv\u00eda en Richmond y no \u00absal\u00eda\u00bb nunca. Era persona de distinci\u00f3n, pero no de mundo, y muy sensible, como se dec\u00eda, a su situaci\u00f3n. Decididamente altiva y un tanto caprichosa, viv\u00eda su vida como se la hab\u00eda trazado. Hab\u00eda cosas que era posible hacer con ella, pero era imposible hacerla ir a las reuniones en casa ajena. De hecho \u00e9ramos los dem\u00e1s los que \u00edbamos, algo m\u00e1s a menudo de lo que hubiera sido normal, a las suyas, que consist\u00edan en su prima, una taza de t\u00e9 y la vista. El t\u00e9 era bueno; pero la vista nos era ya familiar, aunque tal vez su familiaridad no alcanzara, como la de la prima \u2014una solterona desagradable que formaba parte del grupo cuando aquello del museo que ahora viv\u00eda con ella\u2014, al grado de lo ofensivo. Aquella vinculaci\u00f3n a un pariente inferior, que en parte obedec\u00eda a motivos econ\u00f3micos \u2014seg\u00fan ella su acompa\u00f1ante era una administradora maravillosa\u2014, era una de las peque\u00f1as man\u00edas que le ten\u00edamos que perdonar. Otro era su estimaci\u00f3n de lo que le exig\u00eda el decoro por haber roto con su marido. Esta era extremada \u2014muchos la calificaban hasta de morbosa\u2014. No tomaba con nadie la iniciativa; cultivaba el escr\u00fapulo; sospechaba desaires, o quiz\u00e1 me est\u00e9 mejor decir que los recordaba: era una de las pocas mujeres que he conocido a quienes esa particular posici\u00f3n hab\u00eda hecho modestas m\u00e1s que atrevidas. \u00a1La pobre, cu\u00e1nta delicadeza! Especialmente marcados eran los l\u00edmites que hab\u00eda puesto a las posibles atenciones de parte de hombres: siempre estaba pensando que su marido no hac\u00eda sino esperar la ocasi\u00f3n para atacar. Desalentaba, si no prohib\u00eda las visitas de personas del sexo masculino no seniles: dec\u00eda que para ella todas las precauciones eran pocas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando por primera vez le mencion\u00e9 que ten\u00eda un amigo al que los hados hab\u00edan distinguido de la misma extra\u00f1a manera que a ella, le dej\u00e9 todo el margen posible para que me dijera: \u00ab\u00a1Ah, pues traele a verme!\u00bb Seguramente habr\u00eda podido llevarle, y se habr\u00eda producido una situaci\u00f3n del todo inocente, o por lo menos relativamente simple. Pero no dijo nada de eso; no dijo m\u00e1s que: \u00abTendr\u00e9 que conocerle; \u00a1a ver si coincidimos!\u00bb Eso fue la causa del primer retraso, y entretanto pasaron varias cosas. Una de ellas fue que con el transcurso del tiempo, y como era una persona encantadora, fue haciendo cada vez m\u00e1s amistades, y matem\u00e1ticamente esos amigos eran tambi\u00e9n lo suficientemente amigos de \u00e9l como para sacarle a relucir en la conversaci\u00f3n. Era curioso que sin pertenecer, por as\u00ed decirlo, al mismo mundo, o, seg\u00fan una expresi\u00f3n horrenda, al mismo ambiente, mi sorprendida pareja hubiera venido a dar en tantos casos con las mismas personas y a hacerles entrar en el extra\u00f1o coro. Ella ten\u00eda amigos que no se conoc\u00edan entre s\u00ed, pero que inevitable y puntualmente le hablaban bien de \u00e9l. Ten\u00eda tambi\u00e9n un tipo de originalidad, un inter\u00e9s intr\u00ednseco, que hac\u00eda que cada uno de nosotros la tuviera como un recurso privado, cultivado celosamente, m\u00e1s o menos en secreto, como una de esas personas a las que no se ve en una reuni\u00f3n social, a las que no todo el mundo \u2014no el vulgo\u2014 puede abordar, y con quien, por tanto, el trato es particularmente dif\u00edcil y particularmente precioso. La ve\u00edamos cada cual por separado, con citas y condiciones, y en general nos resultaba m\u00e1s conducente a la armon\u00eda no cont\u00e1rnoslo. Siempre hab\u00eda quien hab\u00eda recibido una nota suya m\u00e1s tarde que otro. Hubo una necia que durante mucho tiempo, entre los no privilegiados, debi\u00f3 a tres simples visitas a Richmond la fama de codearse con \u00abcantidad de personas inteligent\u00edsimas y fuera de serie\u00bb.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Todos hemos tenido amigos que parec\u00eda buena idea juntar, y todos recordamos que nuestras mejores ideas no han sido nuestros mayores \u00e9xitos; pero dudo que jam\u00e1s se haya dado otro caso en el que el fracaso estuviera en proporci\u00f3n tan directa con la cantidad de influencia puesta en juego. Realmente puede ser que la cantidad de influencia fuera lo m\u00e1s notable de este. Los dos, la dama y el caballero, lo calificaron ante m\u00ed y ante otros de tema para una comedia muy divertida. Con el tiempo, la primera raz\u00f3n aducida se eclips\u00f3, y sobre ella florecieron otras cincuenta mejores. Eran tan parecid\u00edsimos: ten\u00edan las mismas ideas, ma\u00f1as y gustos, los mismos prejuicios, supersticiones y herej\u00edas; dec\u00edan las mismas cosas y, a veces, las hac\u00edan; les gustaban y les desagradaban las mismas personas y lugares, los mismos libros, autores y estilos; hab\u00eda toques de semejanza hasta en su aspecto y sus facciones. Como no pod\u00eda ser menos, los dos eran, seg\u00fan la voz popular, igual de \u00absimp\u00e1ticos\u00bb y casi igual de guapos. Pero la gran identidad que alimentaba asombros y comentarios era su rara man\u00eda de no dejarse fotografiar. Eran las \u00fanicas personas de quienes se supiera que nunca hab\u00edan \u00abposado\u00bb y que se negaban a ello con pasi\u00f3n. Que no y que no \u2014nada, por mucho que se les dijera\u2014. Yo hab\u00eda protestado vivamente; a \u00e9l, en particular, hab\u00eda deseado tan en vano poder mostrarle sobre la chimenea del sal\u00f3n, en un marco de Bond Street. Era, en cualquier caso, la m\u00e1s poderosa de las razones por las que deb\u00edan conocerse \u2014de todas las poderosas razones reducidas a la nada por aquella extra\u00f1a ley que les hab\u00eda hecho cerrarse mutuamente tantas puertas en las narices, que hab\u00eda hecho de ellos los cubos de un pozo, los dos extremos de un balanc\u00edn, los dos partidos del Estado, de suerte que cuando uno estaba arriba el otro estaba abajo, cuando uno estaba fuera el otro estaba dentro; sin la m\u00e1s m\u00ednima posibilidad para ninguno de entrar en una casa hasta que el otro la hubiera abandonado, ni de abandonarla desavisado hasta que el otro estuviera a tiro\u2014. No llegaban hasta el momento en que ya no se les esperaba, que era precisamente tambi\u00e9n cuando se marchaban. Eran, en una palabra, alternos e incompatibles; se cruzaban con un empecinamiento que s\u00f3lo se pod\u00eda explicar pensando que fuera preconvenido. Tan lejos estaba de serlo, sin embargo, que acab\u00f3 \u2014literalmente al cabo de varios a\u00f1os\u2014 por decepcionarles y fastidiarles. Yo no creo que su curiosidad fuera intensa hasta que se manifest\u00f3 absolutamente vana. Mucho, por supuesto, se hizo por ayudarles, pero era como tender alambres para hacerles tropezar. Para poner ejemplos tendr\u00eda que haber tomado notas; pero s\u00ed recuerdo que ninguno de los dos hab\u00eda podido jam\u00e1s asistir a una cena en la ocasi\u00f3n propicia. La ocasi\u00f3n propicia para uno era la ocasi\u00f3n frustrada para el otro. Para la frustrada eran puntual\u00edsimos, y al final todas quedaron frustradas. Hasta los elementos se confabulaban, secundados por la constituci\u00f3n humana. Un catarro, un dolor de cabeza, un luto, una tormenta, una niebla, un terremoto, un cataclismo se interpon\u00edan infaliblemente. El asunto pasaba ya de broma.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero como broma hab\u00eda que seguir tom\u00e1ndolo, aunque no pudiera uno por menos de pensar que con la broma la cosa se hab\u00eda puesto seria, se hab\u00eda producido por ambas partes una conciencia, una incomodidad, un miedo real al \u00faltimo accidente de todos, el \u00fanico que a\u00fan pod\u00eda tener algo de novedoso, al accidente que s\u00ed les reuniese. El efecto \u00faltimo de sus predecesores hab\u00eda sido encender ese instinto. Estaban francamente avergonzados \u2014quiz\u00e1 incluso un poco el uno del otro\u2014. Tanto preparativo, tanta frustraci\u00f3n: \u00bfqu\u00e9 pod\u00eda haber, despu\u00e9s de tanto y tanto, que lo mereciera? Un mero encuentro ser\u00eda mera vaciedad. \u00bfMe los imaginaba yo al cabo de los a\u00f1os, preguntaban a menudo, mir\u00e1ndose est\u00fapidamente el uno al otro, y nada m\u00e1s? Si era aburrida la broma, peor pod\u00eda ser eso. Los dos se hac\u00edan exactamente las mismas reflexiones, y era seguro que a cada cual le llegaran por alg\u00fan conducto las del contrario. Yo tengo el convencimiento de que era esa peculiar desconfianza lo que en el fondo controlaba la situaci\u00f3n. Quiero decir que si durante el primer a\u00f1o o dos hab\u00edan fracasado sin poderlo evitar, mantuvieron la costumbre porque \u2014\u00bfc\u00f3mo decirlo?\u2014 se hab\u00edan puesto nerviosos. Realmente hab\u00eda que pensar en una volici\u00f3n soterrada para explicarse una cosa tan repetida y tan rid\u00edcula.<\/p>\n<h4>III<\/h4>\n<p>Cuando para coronar nuestra larga relaci\u00f3n acept\u00e9 su renovada oferta de matrimonio, se dijo humor\u00edsticamente, lo s\u00e9, que yo hab\u00eda puesto como condici\u00f3n que me regalara una fotograf\u00eda suya. Lo que era verdad era que yo me hab\u00eda negado a darle la m\u00eda sin ella. El caso es que le ten\u00eda por fin, todo pimpante, encima de la chimenea; y all\u00ed fue donde ella, el d\u00eda que vino a darme la enhorabuena, estuvo m\u00e1s cerca que nunca de verle. Con posar para aquel retrato le hab\u00eda dado \u00e9l un ejemplo que yo la invit\u00e9 a seguir; ya que \u00e9l hab\u00eda depuesto su terquedad, \u00bfpor qu\u00e9 no depon\u00eda ella la suya? Tambi\u00e9n ella me ten\u00eda que regalar algo por mi compromiso: \u00bfpor qu\u00e9 no me regalaba la pareja? Se ech\u00f3 a re\u00edr y mene\u00f3 la cabeza; a veces hac\u00eda ese gesto con un impulso que parec\u00eda venido desde tan lejos como la brisa que mueve una flor. Lo que hac\u00eda pareja con el retrato de mi futuro marido era el retrato de su futura mujer. Ella ten\u00eda tomada su decisi\u00f3n, y era tan incapaz de apartarse de ella como de explicarla. Era un prejuicio, un <em>ent\u00eatement<\/em>, un voto \u2014vivir\u00eda y se morir\u00eda sin dejarse fotografiar\u2014. Ahora, adem\u00e1s, estaba sola en ese estado: eso era lo que a ella le gustaba; le otorgaba una originalidad tanto mayor. Se regocij\u00f3 de la ca\u00edda de su excorreligionario, y estuvo largo rato mirando su efigie, sin hacer sobre ella ning\u00fan comentario memorable, aunque hasta le dio la vuelta para verla por detr\u00e1s. En lo tocante a nuestro compromiso se mostr\u00f3 encantadora, toda cordialidad y cari\u00f1o.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Llevas t\u00fa m\u00e1s tiempo conoci\u00e9ndole que yo sin conocerle \u2014dijo\u2014. Parece una enormidad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sabiendo cu\u00e1nto hab\u00edamos trajinado juntos por montes y valles, era inevitable que ahora descans\u00e1semos juntos. Preciso todo esto porque lo que le sigui\u00f3 fue tan extra\u00f1o que me da como un cierto alivio marcar el punto hasta donde nuestras relaciones fueron tan naturales como hab\u00edan sido siempre. Yo fui quien con una locura s\u00fabita las alter\u00f3 y destruy\u00f3. Ahora veo que ella no me dio el menor pretexto, y que donde \u00fanicamente lo encontr\u00e9 fue en su forma de mirar aquel apuesto semblante metido en un marco de Bond Street. \u00bfY c\u00f3mo habr\u00eda querido yo que lo mirase? Lo que yo hab\u00eda deseado desde el principio era interesarla por \u00e9l. Y lo mismo segu\u00ed deseando \u2014hasta un momento despu\u00e9s de que me prometiera que esa vez contar\u00eda realmente con su ayuda para romper el absurdo hechizo que los hab\u00eda tenido separados\u2014. Yo hab\u00eda acordado con \u00e9l que cumpliera con su parte si ella triunfalmente cumpl\u00eda con la suya. Yo estaba ahora en otras condiciones \u2014en condiciones de responder por \u00e9l\u2014. Me compromet\u00eda rotundamente a tenerle all\u00ed mismo a las cinco de la tarde del s\u00e1bado siguiente. Hab\u00eda salido de la ciudad por un asunto urgente, pero jurando mantener su promesa al pie de la letra: regresar\u00eda ex profeso y con tiempo de sobra. \u00ab\u00bfEst\u00e1s totalmente segura?\u00bb, recuerdo que pregunt\u00f3, con gesto serio y meditabundo; me pareci\u00f3 que palidec\u00eda un poco. Estaba cansada, no estaba bien: era una pena que al final fuera a conocerla en tan mal estado. \u00a1Si la hubiera conocido cinco a\u00f1os antes! Pero yo le contest\u00e9 que esta vez era seguro, y que, por tanto, el \u00e9xito depend\u00eda \u00fanicamente de ella. A las cinco en punto del s\u00e1bado le encontrar\u00eda en un sill\u00f3n concreto que le se\u00f1al\u00e9, el mismo en el que sol\u00eda sentarse y en el que \u2014aunque esto no se lo dije\u2014 estaba sentado hac\u00eda una semana, cuando me plante\u00f3 la cuesti\u00f3n de nuestro futuro de una manera que me convenci\u00f3. Ella lo mir\u00f3 en silencio, como antes hab\u00eda mirado la fotograf\u00eda, mientras yo repet\u00eda por en\u00e9sima vez que era el colmo de lo rid\u00edculo que no hubiera manera de presentarle mi otro yo a mi amiga m\u00e1s querida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bf<em>Yo<\/em> soy tu amiga m\u00e1s querida? \u2014me pregunt\u00f3 con una sonrisa que por un instante le devolvi\u00f3 la belleza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yo respond\u00ed estrech\u00e1ndola contra mi pecho; tras de lo cual dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014De acuerdo, vendr\u00e9. Me da mucho miedo, pero cuenta conmigo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando se march\u00f3 empec\u00e9 a preguntarme qu\u00e9 ser\u00eda lo que le daba miedo, porque lo hab\u00eda dicho como si hablara completamente en serio. Al d\u00eda siguiente, a media tarde, me llegaron unas l\u00edneas suyas: al volver a casa se hab\u00eda encontrado con la noticia del fallecimiento de su marido. Hac\u00eda siete a\u00f1os que no se ve\u00edan, pero quer\u00eda que yo lo supiera por su conducto antes de que me lo contaran por otro. De todos modos, aunque decirlo resultara extra\u00f1o y triste, era tan poco lo que con ello cambiaba su vida que mantendr\u00eda escrupulosamente nuestra cita. Yo me alegr\u00e9 por ella, pensando que por lo menos cambiar\u00eda en el sentido de tener m\u00e1s dinero; pero a\u00fan con aquella distracci\u00f3n, lejos de olvidar que me hab\u00eda dicho que ten\u00eda miedo, me pareci\u00f3 atisbar una raz\u00f3n para que lo tuviera. Su temor, conforme avanzaba la tarde, se hizo contagioso, y el contagio tom\u00f3 en mi pecho la forma de un p\u00e1nico repentino. No eran celos \u2014no era m\u00e1s que pavor a los celos\u2014. Me llam\u00e9 necia por no haberme estado callada hasta que fu\u00e9ramos marido y mujer. Despu\u00e9s de eso me sentir\u00eda de alg\u00fan modo segura. Tan s\u00f3lo era cuesti\u00f3n de esperar un mes m\u00e1s \u2014cosa seguramente sin importancia para quienes llevaban esperando tanto tiempo\u2014. Se hab\u00eda visto muy claro que ella estaba nerviosa, y ahora que era libre su nerviosismo no ser\u00eda menor. \u00bfQu\u00e9 era aquello, pues, sino un agudo presentimiento? Hasta entonces hab\u00eda sido v\u00edctima de interferencias, pero era muy posible que de all\u00ed en adelante fuera ella su origen. La v\u00edctima, en tal caso, ser\u00eda sencillamente yo. \u00bfQu\u00e9 hab\u00eda sido la interferencia sino el dedo de la Providencia apuntando a un peligro? Peligro, por supuesto, para mi modesta persona. Una serie de accidentes de frecuencia inusitada lo hab\u00edan tenido a raya; pero bien se ve\u00eda que el reino del accidente tocaba a su fin. Yo ten\u00eda la \u00edntima convicci\u00f3n de que ambas partes mantendr\u00edan lo pactado. Se me hac\u00eda m\u00e1s patente por momentos que se estaban acercando, convergiendo. Eran como los que van buscando un objeto perdido en el juego de la gallina ciega; lo mismo ella que \u00e9l hab\u00edan empezado a \u00abquemarse\u00bb. Hab\u00edamos hablado de romper el hechizo; pues bien, efectivamente se iba a romper \u2014salvo que no hiciera sino adoptar otra forma y exagerar sus encuentros como hab\u00eda exagerado sus huidas\u2014. Fue esta idea la que me rob\u00f3 el sosiego; la que me quit\u00f3 el sue\u00f1o \u2014a medianoche no cab\u00eda en m\u00ed de agitaci\u00f3n\u2014. Sent\u00ed, al cabo, que no hab\u00eda m\u00e1s que un modo de conjurar la amenaza. Si el reino del accidente hab\u00eda terminado, no me quedaba m\u00e1s remedio que asumir su sucesi\u00f3n. Me sent\u00e9 a escribir unas l\u00edneas apresuradas para que \u00e9l las encontrara a su regreso y, como los criados ya se hab\u00edan acostado, yo misma sal\u00ed destocada a la calle vac\u00eda y ventosa para echarlas en el buz\u00f3n m\u00e1s pr\u00f3ximo. En ellas le dec\u00eda que no iba a poder estar en casa por la tarde, como hab\u00eda pensado, y que tendr\u00eda que posponer su visita hasta la hora de la cena. Con ello le daba a entender que me encontrar\u00eda sola.<\/p>\n<h4>IV<\/h4>\n<p>Cuando ella, seg\u00fan lo acordado, se present\u00f3 a las cinco me sent\u00ed, naturalmente, falsa y ruin. Mi acci\u00f3n hab\u00eda sido una locura moment\u00e1nea, pero lo menos que pod\u00eda hacer era tirar para adelante, como se suele decir. Ella permaneci\u00f3 una hora en casa; \u00e9l, por supuesto, no apareci\u00f3; y yo no pude sino persistir en mi perfidia. Hab\u00eda cre\u00eddo mejor dejarla venir; aunque ahora me parece chocante, juzgu\u00e9 que aminoraba mi culpa. Y a\u00fan as\u00ed, ante aquella mujer tan visiblemente p\u00e1lida y cansada, doblegada por la consciencia de todo lo que la muerte de su marido hab\u00eda puesto sobre el tapete, sent\u00ed una punzada verdaderamente lacerante de l\u00e1stima y de remordimiento. Si no le dije en aquel mismo momento lo que hab\u00eda hecho fue porque me daba demasiada verg\u00fcenza. Fing\u00ed asombro \u2014lo fing\u00ed hasta el final\u2014; protest\u00e9 que si alguna vez hab\u00eda tenido confianza era aquel d\u00eda. Me sonroja contarlo \u2014lo tomo como penitencia\u2014. No hubo muestra de indignaci\u00f3n contra \u00e9l que no diera; invent\u00e9 suposiciones, atenuantes; reconoc\u00ed con estupor, viendo correr las manecillas del reloj, que la suerte de los dos no hab\u00eda cambiado. Ella se sonri\u00f3 ante esa visi\u00f3n de su \u00absuerte\u00bb, pero su aspecto era de preocupaci\u00f3n \u2014su aspecto era desacostumbrado\u2014: lo \u00fanico que me sosten\u00eda era la circunstancia de que, extra\u00f1amente, llevara luto \u2014no grandes masas de cresp\u00f3n, sino un sencillo luto riguroso\u2014. Llevaba tres plumas negras, peque\u00f1as, en el sombrero. Llevaba un manguito peque\u00f1o de astrac\u00e1n. Eso, ayudado por un tanto de reflexi\u00f3n aguda, me daba un poco la raz\u00f3n. Me hab\u00eda escrito diciendo que el s\u00fabito evento no significaba ning\u00fan cambio para ella, pero evidentemente hasta ah\u00ed s\u00ed lo hab\u00eda habido. Si se inclinaba a seguir las formalidades de rigor, \u00bfpor qu\u00e9 no observaba la de no hacer visitas en los primeros d\u00edas? Hab\u00eda alguien a quien tanto deseaba ver que no pod\u00eda esperar a tener sepultado a su marido. Semejante revelaci\u00f3n de ansia me daba la dureza y la crueldad necesarias para perpetrar mi odioso enga\u00f1o, aunque al mismo tiempo, seg\u00fan se iba consumiendo aquella hora, sospech\u00e9 en ella otra cosa todav\u00eda m\u00e1s profunda que el desencanto, y un tanto peor disimulada. Me refiero a un extra\u00f1o alivio subyacente, la blanda y suave emisi\u00f3n del aliento cuando ha pasado un peligro. Lo que ocurri\u00f3 durante aquella hora est\u00e9ril que pas\u00f3 conmigo fue que por fin renunci\u00f3 a \u00e9l. Le dej\u00f3 ir para siempre. Hizo de ello la broma m\u00e1s elegante que yo hab\u00eda visto hacer de nada; pero fue, a pesar de todo, una gran fecha de su vida. Habl\u00f3, con su suave animaci\u00f3n, de todas las otras ocasiones vanas, el largo juego de escondite, la rareza sin precedentes de una relaci\u00f3n as\u00ed. Porqueera, o hab\u00eda sido, una relaci\u00f3n, \u00bfacaso no? Ah\u00ed estaba lo absurdo. Cuando se levant\u00f3 para marcharse, yo le dije que era una relaci\u00f3n m\u00e1s que nunca, pero que yo no ten\u00eda valor, despu\u00e9s de lo ocurrido, para proponerle por el momento otra oportunidad. Estaba claro que la \u00fanica oportunidad v\u00e1lida ser\u00eda la celebraci\u00f3n de mi matrimonio. \u00a1Por supuesto que ir\u00eda a mi boda! Cab\u00eda incluso esperar que \u00e9l fuera tambi\u00e9n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Si voy <em>yo<\/em>, no ir\u00e1 \u00e9l! \u2014recuerdo la nota aguda y el ligero quiebro de su risa. Conced\u00ed que pod\u00eda llevar algo de raz\u00f3n. Lo que hab\u00eda que hacer entonces era tenernos antes bien casados.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No nos servir\u00e1 de nada. \u00a1Nada nos servir\u00e1 de nada! \u2014dijo d\u00e1ndome un beso de despedida\u2014. \u00a1No le ver\u00e9 jam\u00e1s, jam\u00e1s!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Con esas palabras me dej\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yo pod\u00eda soportar su desencanto, como lo he llamado; pero cuando, un par de horas m\u00e1s tarde, le recib\u00ed a \u00e9l para la cena, descubr\u00ed que el suyo no lo pod\u00eda soportar. No hab\u00eda pensado especialmente en c\u00f3mo pudiera tomarse mi maniobra; pero el resultado fue la primera palabra de reproche que sal\u00eda de su boca. Digo \u00abreproche\u00bb, y esa expresi\u00f3n apenas parece lo bastante fuerte para los t\u00e9rminos en que me manifest\u00f3 su sorpresa de que, en tan extraordinarias circunstancias, no hubiera yo encontrado alguna forma de no privarle de semejante ocasi\u00f3n. Sin duda podr\u00eda haber arreglado las cosas para no tener que salir, o para que su encuentro hubiera tenido lugar de todos modos. Pod\u00edan haberse entendido muy bien, en mi sal\u00f3n, sin m\u00ed. Ante eso me desmoron\u00e9: confes\u00e9 mi iniquidad y su miserable motivo. Ni hab\u00eda cancelado mi cita con ella ni hab\u00eda salido; ella hab\u00eda venido y, tras una hora de estar esper\u00e1ndole, se hab\u00eda marchado convencida de que s\u00f3lo \u00e9l era culpable de su ausencia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Bonita opini\u00f3n se habr\u00e1 llevado de m\u00ed! \u2014exclam\u00f3\u2014 \u00bfMe ha llamado \u2014y recuerdo el trago de aire casi perceptible de su pausa\u2014 lo que ten\u00eda derecho a llamarme?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Te aseguro que no ha dicho nada que demostrara el menor enfado. Ha mirado tu fotograf\u00eda, hasta le ha dado la vuelta para mirarla por detr\u00e1s, donde por cierto est\u00e1 escrita tu direcci\u00f3n. Pero no le ha inspirado ninguna demostraci\u00f3n. No le preocupas tanto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfEntonces por qu\u00e9 te da miedo?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No era ella la que me daba miedo. Eras t\u00fa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfTan seguro ve\u00edas que me enamorase de ella? No hab\u00edas aludido nunca a esa posibilidad \u2014prosigui\u00f3 mientras yo guardaba silencio\u2014. Aunque la describieras como una persona admirable, no era bajo esa luz como me la presentabas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfO sea, que si <em>s\u00ed<\/em> lo hubiera sido a estas alturas ya habr\u00edas conseguido conocerla? Yo entonces no tem\u00eda nada \u2014a\u00f1ad\u00ed\u2014. No ten\u00eda los mismos motivos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A esto me respondi\u00f3 \u00e9l con un beso y al recordar que ella hab\u00eda hecho lo mismo un par de horas antes sent\u00ed por un instante como si \u00e9l recogiera de mis labios la propia presi\u00f3n de los de ella. A pesar de los besos, el incidente hab\u00eda dejado una cierta frialdad, y la consciencia de que \u00e9l me hubiera visto culpable de una mentira me hac\u00eda sufrir horriblemente. Lo hab\u00eda visto s\u00f3lo a trav\u00e9s de mi declaraci\u00f3n sincera, pero yo me sent\u00eda tan mal como si tuviera una mancha que borrar. No pod\u00eda quitarme de la cabeza de qu\u00e9 manera me hab\u00eda mirado cuando habl\u00e9 de la aparente indiferencia con que ella hab\u00eda acogido el que no viniera. Por primera vez desde que le conoc\u00eda fue como si pusiera en duda mi palabra. Antes de separarnos le dije que la iba a sacar del enga\u00f1o: que a primera hora de la ma\u00f1ana me ir\u00eda a Richmond, y le explicar\u00eda que \u00e9l no hab\u00eda tenido ninguna culpa. Iba a expiar mi pecado, dije; me iba a arrastrar por el polvo; iba a confesar y pedir perd\u00f3n. Ante esto me bes\u00f3 una vez m\u00e1s.<\/p>\n<h4>V<\/h4>\n<p>En el tren, al d\u00eda siguiente, me pareci\u00f3 que hab\u00eda sido mucho consentir por su parte; pero mi resoluci\u00f3n era firme y segu\u00ed adelante. Ascend\u00ed el largo repecho hasta donde comienza la vista, y llam\u00e9 a la puerta. No dej\u00f3 de extra\u00f1arme un poco el que las persianas estuvieran todav\u00eda echadas, porque pens\u00e9 que, aunque la contrici\u00f3n me hubiera hecho ir muy temprano, aun as\u00ed hab\u00eda dejado a los de la casa tiempo suficiente para levantarse.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQue si est\u00e1 en casa, se\u00f1ora? Ha dejado esta casa para siempre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Aquel anuncio de la anciana criada me sobresalt\u00f3 extraordinariamente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfSe ha marchado?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ha muerto, se\u00f1ora.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y mientras yo asimilaba, at\u00f3nita, la horrible palabra:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Anoche muri\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El fuerte grito que se me escap\u00f3 son\u00f3 incluso a mis o\u00eddos como una violaci\u00f3n brutal del momento. En aquel instante sent\u00ed como si yo la hubiera matado; se me nubl\u00f3 la vista, y a trav\u00e9s de una borrosidad vi que la mujer me tend\u00eda los brazos. De lo que sucediera despu\u00e9s no guardo recuerdo, ni de otra cosa que aquella pobre prima est\u00fapida de mi amiga, en una estancia a media luz, tras un intervalo que debi\u00f3 de ser muy corto, mir\u00e1ndome entre sollozos ahogados y acusatorios. No sabr\u00eda decir cu\u00e1nto tiempo tard\u00e9 en comprender, en creer y luego en desasirme, con un esfuerzo inmenso, de aquella cuchillada de responsabilidad que supersticiosamente, irracionalmente, hab\u00eda sido al pronto casi lo \u00fanico de que tuve consciencia. El m\u00e9dico, despu\u00e9s del hecho, se hab\u00eda pronunciado con sabidur\u00eda y claridad superlativas: hab\u00eda corroborado la existencia de una debilidad del coraz\u00f3n que durante mucho tiempo hab\u00eda permanecido latente, nacida seguramente a\u00f1os atr\u00e1s de las agitaciones y los terrores que a mi amiga le hab\u00eda deparado su matrimonio. Por aquel entonces hab\u00eda tenido escenas crueles con su marido, hab\u00eda temido por su vida. Despu\u00e9s, ella misma hab\u00eda sabido que deb\u00eda guardarse resueltamente de toda emoci\u00f3n, de todo lo que significara ansiedad y zozobra, como evidentemente se reflejaba en su marcado empe\u00f1o de llevar una vida tranquila; pero \u00bfc\u00f3mo asegurar que nadie, y menos una \u00abse\u00f1ora de verdad\u00bb, pudiera protegerse de <em>todo<\/em> peque\u00f1o sobresalto? Un par de d\u00edas antes lo hab\u00eda tenido con la noticia del fallecimiento de su marido \u2014porque hab\u00eda impresiones fuertes de muchas clases, no s\u00f3lo de dolor y de sorpresa\u2014. Aparte de que ella jam\u00e1s hab\u00eda pensado en una liberaci\u00f3n tan pr\u00f3xima: todo hac\u00eda suponer que \u00e9l vivir\u00eda tanto como ella. Despu\u00e9s, aquella tarde, en la ciudad, manifiestamente hab\u00eda sufrido alg\u00fan percance: algo debi\u00f3 ocurrirle all\u00ed, que ser\u00eda imperativo esclarecer. Hab\u00eda vuelto muy tarde \u2014eran m\u00e1s de las once\u2014, y al recibirla en el vest\u00edbulo su prima, que estaba muy preocupada, hab\u00eda confesado que ven\u00eda fatigada y que ten\u00eda que descansar un momento antes de subir las escaleras. Hab\u00edan entrado juntas en el comedor, sugiriendo su compa\u00f1era que tomase una copa de vino y dirigi\u00e9ndose al aparador para serv\u00edrsela. No fue sino un instante, pero cuando mi informadora volvi\u00f3 la cabeza nuestra pobre amiga no hab\u00eda tenido tiempo de sentarse. S\u00fabitamente, con un d\u00e9bil gemido casi inaudible, se desplom\u00f3 en el sof\u00e1. Estaba muerta. \u00bfQu\u00e9 \u00abpeque\u00f1o sobresalto\u00bb ignorado le hab\u00eda asestado el golpe? \u00bfQu\u00e9 choque, cielo santo, la estaba esperando en la ciudad? Yo cit\u00e9 inmediatamente la \u00fanica causa de perturbaci\u00f3n concebible \u2014el no haber encontrado en mi casa, donde hab\u00eda acudido a las cinco invitada con ese fin, al hombre con el que yo me iba a casar, que accidentalmente no hab\u00eda podido presentarse, y a quien ella no conoc\u00eda en absoluto\u2014. Poco era, obviamente; pero no era dif\u00edcil que le hubiera sucedido alguna otra cosa: nada m\u00e1s posible en las calles de Londres que un accidente, sobre todo un accidente en aquellos infames coches de alquiler. \u00bfQu\u00e9 hab\u00eda hecho, a d\u00f3nde hab\u00eda ido al salir de mi casa? Yo hab\u00eda dado por hecho que volviera directamente a la suya. Las dos nos acordamos entonces de que a veces, en sus salidas a la capital, por comodidad, por darse un respiro, se deten\u00eda una hora o dos en el \u00abGentlewomen\u00bb, un tranquilo club de se\u00f1oras, y yo promet\u00ed que mi primer cuidado ser\u00eda hacer una indagaci\u00f3n seria en ese establecimiento. Pasamos despu\u00e9s a la c\u00e1mara sombr\u00eda y terrible en donde yac\u00eda en los brazos de la muerte, y donde yo, tras unos instantes, ped\u00ed quedarme a solas con ella y permanec\u00ed media hora. La muerte la hab\u00eda embellecido, la hab\u00eda dejado hermosa; pero lo que yo sent\u00ed, sobre todo, al arrodillarme junto al lecho, fue que la hab\u00eda silenciado, la hab\u00eda dejado muda. Hab\u00eda echado el cerrojo sobre algo que a m\u00ed me importaba saber.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A mi regreso de Richmond, y despu\u00e9s de cumplir con otra obligaci\u00f3n, me dirig\u00ed al apartamento de \u00e9l. Era la primera vez, aunque a menudo hab\u00eda deseado conocerlo. En la escalera, que, dado que la casa albergaba una veintena de viviendas, era lugar de paso p\u00fablico, me encontr\u00e9 con su criado, que volvi\u00f3 conmigo y me hizo pasar. Al o\u00edrme entrar apareci\u00f3 \u00e9l en el umbral de otra habitaci\u00f3n m\u00e1s interior, y en cuanto quedamos solos le di la noticia:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Est\u00e1 muerta!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfMuerta? \u2014la impresi\u00f3n fue tremenda, y observ\u00e9 que no necesitaba preguntar a qui\u00e9n me refer\u00eda con aquella brusquedad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Muri\u00f3 anoche\u2026, al volver de mi casa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00c9l me escudri\u00f1\u00f3 con la expresi\u00f3n m\u00e1s extra\u00f1a, registr\u00e1ndome con la mirada como si recelara una trampa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfAnoche\u2026 al volver de tu casa? \u2014repiti\u00f3 mis palabras at\u00f3nito. Y a continuaci\u00f3n me espet\u00f3, y yo o\u00ed at\u00f3nita a mi vez\u2014 \u00a1Imposible! Si yo la vi.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfC\u00f3mo que \u00abla viste\u00bb?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ah\u00ed mismo\u2026, donde t\u00fa est\u00e1s.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Eso me record\u00f3 pasado un instante, como si pudiera ayudarme a asimilarlo, el gran prodigio de aquel aviso de su juventud.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014En la hora de la muerte\u2026, comprendo: lo mismo que viste a tu madre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No, <em>no<\/em> como vi a mi madre\u2026 \u00a1no as\u00ed, no! \u2014Estaba hondamente afectado por la noticia, mucho m\u00e1s, estaba claro, de lo que pudiera haber estado la v\u00edspera; tuve la impresi\u00f3n cierta de que, como me dije entonces, hab\u00eda efectivamente una relaci\u00f3n entre ellos dos, y que realmente la hab\u00eda tenido enfrente. Semejante idea, reafirmando su extraordinario privilegio, le habr\u00eda presentado de pronto como un ser dolorosamente anormal de no haber sido por la vehemencia con que insisti\u00f3 en la distinci\u00f3n\u2014. La vi viva. La vi para hablar con ella. La vi como ahora te estoy viendo a ti.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Es curioso que por un momento, aunque por un momento tan s\u00f3lo, encontrara yo alivio en el m\u00e1s personal, por as\u00ed decirlo, pero tambi\u00e9n en el m\u00e1s natural, de los dos hechos extra\u00f1os. Al momento siguiente, asiendo esa imagen de ella yendo a verle despu\u00e9s de salir de mi casa, y de precisamente lo que explicaba lo referente al empleo de su tiempo, demand\u00e9, con un ribete de aspereza que no dej\u00e9 de advertir:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfY se puede saber a qu\u00e9 ven\u00eda?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00c9l hab\u00eda tenido ya un minuto para pensar \u2014para recobrarse y calibrar efectos\u2014, de modo que al hablar, aunque siguiera habiendo excitaci\u00f3n en su mirada, mostr\u00f3 un sonrojo consciente y quiso, inconsecuentemente, restar gravedad a sus palabras con una sonrisa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ven\u00eda sencillamente a verme. Ven\u00eda, despu\u00e9s de lo que hab\u00eda pasado en tu casa, para que al fin, a pesar de todo, nos conoci\u00e9ramos. Me pareci\u00f3 un impulso exquisito, y as\u00ed lo entend\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mir\u00e9 la habitaci\u00f3n donde ella hab\u00eda estado \u2014donde <em>ella<\/em> hab\u00eda estado y yo nunca hasta entonces.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfY as\u00ed como t\u00fa lo entendiste fue como ella lo expres\u00f3?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ella no lo expres\u00f3 de ninguna manera, m\u00e1s que estando aqu\u00ed y dej\u00e1ndose mirar. \u00a1Fue suficiente! \u2014exclam\u00f3 con una risa singular.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yo iba de asombro en asombro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014O sea, \u00bfque no te dijo nada?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No dijo nada. No hizo m\u00e1s que mirarme como yo la miraba.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfY t\u00fa tampoco le dirigiste la palabra?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Volvi\u00f3 a dirigirme aquella sonrisa dolorosa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Yo pens\u00e9 <em>en ti<\/em>. La situaci\u00f3n era sumamente delicada. Yo proced\u00ed con el mayor tacto. Pero ella se dio cuenta de que me resultaba agradable \u2014repiti\u00f3 incluso la risa discordante.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Ya se ve que \u00abte result\u00f3 agradable\u00bb!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Entonces reflexion\u00e9 un instante:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfCu\u00e1nto tiempo estuvo aqu\u00ed?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No sabr\u00eda decir. Pareci\u00f3 como veinte minutos, pero es probable que fuera mucho menos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00a1Veinte minutos de silencio! \u2014empezaba a tener mi visi\u00f3n concreta, y ya de hecho a aferrarme a ella\u2014. \u00bfSabes que lo que me est\u00e1s contando es una absoluta monstruosidad?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00c9l hab\u00eda estado hasta entonces de espaldas al fuego; al o\u00edr esto, con una mirada de s\u00faplica, se vino a m\u00ed.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Amor m\u00edo te lo ruego, no lo tomes a mal.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yo pod\u00eda no tomarlo a mal, y as\u00ed se lo di a entender; pero lo que no pude, cuando \u00e9l con cierta torpeza abri\u00f3 los brazos, fue dejar que me atrajera hacia s\u00ed. De modo que entre los dos se hizo, durante un tiempo apreciable, la tensi\u00f3n de un gran silencio.<\/p>\n<h4>VI<\/h4>\n<p>\u00c9l lo rompi\u00f3 al cabo, diciendo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfNo hay absolutamente ninguna duda de su muerte?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Desdichadamente ninguna. Yo vengo de estar de rodillas junto a la cama donde la han tendido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Clav\u00f3 sus ojos en el suelo; luego los alz\u00f3 a los m\u00edos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9 aspecto tiene?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Un aspecto\u2026 de paz.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Volvi\u00f3 a apartarse, bajo mi mirada; pero pasado un momento comenz\u00f3:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfEntonces a qu\u00e9 hora\u2026?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Debi\u00f3 ser cerca de la medianoche. Se derrumb\u00f3 al llegar a su casa\u2026, de una dolencia card\u00edaca que sab\u00eda que ten\u00eda, y que su m\u00e9dico sab\u00eda que ten\u00eda, pero de la que nunca, a fuerza de paciencia y de valor, me hab\u00eda dicho nada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Me escuchaba muy atento, y durante un minuto no pudo hablar. Por fin rompi\u00f3, con un acento de confianza casi infantil, de sencillez realmente sublime, que a\u00fan resuena en mis o\u00eddos seg\u00fan escribo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Era <em>maravillosa<\/em>!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Incluso en aquel momento tuve la suficiente ecuanimidad para responderle que eso siempre se lo hab\u00eda dicho yo; pero al instante, como si despu\u00e9s de hablar hubiera tenido un atisbo del efecto que en m\u00ed hubiera podido producir, continu\u00f3 apresurado:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Comprender\u00e1s que si no lleg\u00f3 a su casa hasta medianoche\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le ataj\u00e9 inmediatamente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfTuviste mucho tiempo para verla? \u00bfY c\u00f3mo? \u2014pregunt\u00e9\u2014 \u00bfsi no te fuiste de mi casa hasta muy tarde? Yo no recuerdo a qu\u00e9 hora exactamente\u2026, estaba pensando en otras cosas. Pero t\u00fa sabes que, a pesar de haber dicho que ten\u00edas mucho que hacer, te quedaste un buen rato despu\u00e9s de la cena. Ella, por su parte, pas\u00f3 toda la velada en el \u00abGentlewomen\u00bb, de all\u00ed vengo\u2026, he hecho averiguaciones. All\u00ed tom\u00f3 el t\u00e9; estuvo much\u00edsimo tiempo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9 estuvo haciendo durante ese much\u00edsimo tiempo?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le vi ansioso de rebatir punto por punto mi versi\u00f3n de los hechos; y cuanto m\u00e1s lo mostraba mayor era mi empe\u00f1o en insistir en esa versi\u00f3n, en preferir con aparente empecinamiento una explicaci\u00f3n que no hac\u00eda sino acrecentar la maravilla y el misterio, pero que, de los dos prodigios entre los que se me daba a elegir, era el m\u00e1s aceptable para mis celos renovados. \u00c9l defend\u00eda, con un candor que ahora me parece hermoso, el privilegio de haber conocido, a pesar de la derrota suprema, a la persona viva; en tanto que yo, con un apasionamiento que hoy me asombra, aunque todav\u00eda en cierto modo sigan encendidas sus cenizas, no pod\u00eda sino responderle que, en virtud de un extra\u00f1o don compartido por ella con su madre, y que tambi\u00e9n por parte de ella era hereditario, se hab\u00eda repetido para \u00e9l el milagro de su juventud, para ella el milagro de la suya. Hab\u00eda ido a \u00e9l \u2014s\u00ed\u2014, y movida de un impulso todo lo hermoso que quisiera; \u00a1pero no en carne y hueso! Era mera cuesti\u00f3n de evidencia. Yo hab\u00eda recibido, sostuve, un testimonio inequ\u00edvoco de lo que ella hab\u00eda estado haciendo \u2014durante casi todo este tiempo\u2014 en el club. Estaba casi vac\u00edo, pero los empleados se hab\u00edan fijado en ella. Hab\u00eda estado sentada, sin moverse, en una butaca, junto a la chimenea del sal\u00f3n; hab\u00eda reclinado la cabeza, hab\u00eda cerrado los ojos, aparentaba un sue\u00f1o ligero.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ya. Pero \u00bfhasta qu\u00e9 hora?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Sobre eso \u2014tuve que responder\u2014 los criados me fallaron un poco. Y la portera en particular, que desdichadamente es tonta, aunque se supone que tambi\u00e9n ella es socia del club. Est\u00e1 claro que a esas horas, sin que nadie la sustituyera y en contra de las normas, estuvo un rato ausente de la jaula desde donde tiene por obligaci\u00f3n vigilar qui\u00e9n entra y qui\u00e9n sale. Se confunde, miente palpablemente; as\u00ed que partiendo de sus observaciones no puedo darte una hora con seguridad. Pero a eso de las diez y media se coment\u00f3 que nuestra pobre amiga ya no estaba en el club.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le vino de perlas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Vino derecha aqu\u00ed, y desde aqu\u00ed se fue derecha al tren.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No pudo ir a tomarlo con el tiempo tan justo \u2014declar\u00e9\u2014. Precisamente es una cosa que no hac\u00eda jam\u00e1s.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ni fue a tomarlo con el tiempo justo, hija m\u00eda\u2026, tuvo tiempo de sobra. Te falla la memoria en eso de que yo me despidiera tarde: precisamente te dej\u00e9 antes que otros d\u00edas. Lamento que el tiempo que pas\u00e9 contigo te pareciera largo, porque estaba aqu\u00ed de vuelta antes de las diez.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Para ponerte en zapatillas \u2014fue mi contestaci\u00f3n\u2014 y quedarte dormido en un sill\u00f3n. No despertaste hasta por la ma\u00f1ana\u2026, \u00a1la viste en sue\u00f1os!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00c9l me miraba en silencio y con mirada sombr\u00eda, con unos ojos en los que se trasluc\u00eda que ten\u00eda cierta irritaci\u00f3n que reprimir. Enseguida prosegu\u00ed:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Recibes la visita, a hora intempestiva, de una se\u00f1ora\u2026; sea: nada m\u00e1s probable. Pero se\u00f1oras hay muchas. \u00bfMe quieres explicar, si no hab\u00eda sido anunciada y no dijo nada, y encima no hab\u00edas visto jam\u00e1s un retrato suyo, c\u00f3mo pudiste identificar a la persona de la que estamos hablando?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfNo me la hab\u00edan descrito hasta la saciedad? Te la puedo describir con pelos y se\u00f1ales.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Ah\u00f3rratelo! \u2014clam\u00e9 con una aspereza que le hizo re\u00edr una vez m\u00e1s. Yo me puse colorada, pero segu\u00ed\u2014: \u00bfLe abri\u00f3 tu criado?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No estaba\u2026, nunca est\u00e1 cuando se le necesita. Entre las peculiaridades de este caser\u00f3n est\u00e1 el que se pueda acceder desde la puerta de la calle hasta los diferentes pisos pr\u00e1cticamente sin obst\u00e1culos. Mi criado ronda a una se\u00f1orita que trabaja en el piso de arriba, y anoche se lo tom\u00f3 sin prisas. Cuando est\u00e1 en esa ocupaci\u00f3n deja la puerta de fuera, la de la escalera, s\u00f3lo entornada, y as\u00ed puede volver a entrar sin hacer ruido. Para abrirla basta entonces con un ligero empuj\u00f3n. Ella se lo dio\u2026, s\u00f3lo hac\u00eda falta un poco de valor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfUn poco? \u00a1Toneladas! Y toda clase de c\u00e1lculos imposibles.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pues lo tuvo,\u2026 y los hizo. \u00a1Quede claro que yo no he dicho en ning\u00fan momento \u2014a\u00f1adi\u00f3\u2014 que no fuera una cosa sumamente extra\u00f1a!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Algo hab\u00eda en su tono que por un tiempo hizo que no me arriesgase a hablar. Al cabo dije:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfC\u00f3mo hab\u00eda llegado a saber d\u00f3nde viv\u00edas?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Recordar\u00eda la direcci\u00f3n que figuraba en la etiquetita que los de la tienda dejaron tranquilamente pegada al marco que encargu\u00e9 para mi retrato.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfY c\u00f3mo iba vestida?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014De luto, mi amor. No grandes masas de cresp\u00f3n, sino un sencillo luto riguroso. Llevaba tres plumas negras, peque\u00f1as, en el sombrero. Llevaba un manguito peque\u00f1o de astrac\u00e1n. Cerca del ojo izquierdo \u2014continu\u00f3\u2014 tiene una peque\u00f1a cicatriz vertical\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le cort\u00e9 en seco.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014La se\u00f1al de una caricia de su marido \u2014luego a\u00f1ad\u00ed\u2014: \u00a1Muy cerca de ella has tenido que estar!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A eso no me respondi\u00f3 nada, y me pareci\u00f3 que se ruborizaba; al observarlo me desped\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Bueno, adi\u00f3s.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfNo te quedas un rato? \u2014volvi\u00f3 a m\u00ed con ternura, y esa vez le dej\u00e9\u2014. Su visita tuvo su belleza \u2014murmur\u00f3 teni\u00e9ndome abrazada\u2014, pero la tuya tiene m\u00e1s.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le dej\u00e9 besarme, pero record\u00e9, como hab\u00eda recordado el d\u00eda antes, que el \u00faltimo beso que ella diera, supon\u00eda yo, en este mundo hab\u00eda sido para los labios que \u00e9l tocaba.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Es que yo soy la vida \u2014respond\u00ed\u2014. Lo que viste anoche era la muerte.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Era la vida\u2026, era la vida!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hablaba con suave terquedad \u2014yo me desas\u00ed. Nos miramos fijamente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Describes la escena \u2014si a eso se puede llamar descripci\u00f3n\u2014 en t\u00e9rminos incomprensibles. \u00bfEntr\u00f3 en la habitaci\u00f3n sin que t\u00fa te dieras cuenta?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Yo estaba escribiendo cartas, enfrascado, en esa mesa de debajo de la l\u00e1mpara, y al levantar la vista la vi frente a m\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfY qu\u00e9 hiciste entonces?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Me levant\u00e9 soltando una exclamaci\u00f3n, y ella, sonri\u00e9ndome, se llev\u00f3 un dedo a los labios, claramente a modo de advertencia, pero con una especie de dignidad delicada. Yo sab\u00eda que ese gesto quer\u00eda decir silencio, pero lo extra\u00f1o fue que pareci\u00f3 explicarla y justificarla inmediatamente. El caso es que estuvimos as\u00ed, frente a frente, durante un tiempo que, como ya te he dicho, no puedo calcular. Como t\u00fa y yo estamos ahora.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfSimplemente mir\u00e1ndose de hito en hito?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Protest\u00f3 impaciente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Es que no estamos mir\u00e1ndonos de hito en hito!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No, porque estamos hablando.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Tambi\u00e9n hablamos ella y yo\u2026, en cierto modo \u2014se perdi\u00f3 en el recuerdo\u2014. Fue tan cordial como esto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tuve en la punta de la lengua preguntarle si esto era muy cordial, pero en lugar de eso le se\u00f1al\u00e9 que lo que evidentemente hab\u00edan hecho era contemplarse con mutua admiraci\u00f3n. Despu\u00e9s le pregunt\u00e9 si el reconocerla hab\u00eda sido inmediato.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No del todo \u2014repuso\u2014, porque por supuesto no la esperaba; pero mucho antes de que se fuera comprend\u00ed qui\u00e9n era\u2026, qui\u00e9n pod\u00eda ser \u00fanicamente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Medit\u00e9 un poco.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfY al final c\u00f3mo se fue?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Lo mismo que hab\u00eda venido. Ten\u00eda detr\u00e1s la puerta abierta y se march\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfDeprisa\u2026, despacio?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014M\u00e1s bien deprisa. Pero volviendo la vista atr\u00e1s \u2014sonri\u00f3 para a\u00f1adir\u2014. Yo la dej\u00e9 marchar, porque sab\u00eda perfectamente que ten\u00eda que acatar su voluntad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Fui consciente de exhalar un suspiro largo y vago.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Bueno, pues ahora te toca acatar <em>la m\u00eda<\/em>\u2026, y dejarme marchar <em>a m\u00ed<\/em>.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ante eso volvi\u00f3 a mi lado, deteni\u00e9ndome y persuadi\u00e9ndome, declarando con la galanter\u00eda de rigor que lo m\u00edo era muy distinto. Yo habr\u00eda dado cualquier cosa por poder preguntarle si la hab\u00eda tocado pero las palabras se negaban a formarse: sab\u00eda hasta el \u00faltimo acento lo horrendas y vulgares que resultar\u00edan. Dije otra cosa \u2014no recuerdo exactamente qu\u00e9; algo d\u00e9bilmente tortuoso y dirigido, con harta ruindad, a hacer que me lo dijera sin yo preguntarle. Pero no me lo dijo; no hizo sino repetir, como por un barrunto de que ser\u00eda decoroso tranquilizarme y consolarme, la sustancia de su declaraci\u00f3n de unos momentos antes la aseveraci\u00f3n de que ella era en verdad exquisita, como yo hab\u00eda repetido tantas veces, pero que yo era su \u00abverdadera\u00bb amiga y la persona a la que querr\u00eda siempre\u2014. Esto me llev\u00f3 a reafirmar, en el esp\u00edritu de mi r\u00e9plica anterior, que por lo menos yo ten\u00eda el m\u00e9rito de estar viva; lo que a su vez volvi\u00f3 a arrancar de \u00e9l aquel chispazo de contradicci\u00f3n que me daba miedo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Pero si estaba viva! \u00a1Viva, Viva!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Estaba muerta, muerta! \u2014afirm\u00e9 yo con una energ\u00eda, con una determinaci\u00f3n de que <em>fuera<\/em> as\u00ed, que ahora al recordarla me resulta casi grotesca. Pero el sonido de la palabra dicha me llen\u00f3 s\u00fabitamente de horror, y toda la emoci\u00f3n natural que su significado podr\u00eda haber evocado en otras condiciones se junt\u00f3 y desbord\u00f3 torrencial. Sent\u00ed como un peso que un gran afecto se hab\u00eda extinguido, y cu\u00e1nto la hab\u00eda querido yo y cu\u00e1nto hab\u00eda confiado en ella. Tuve una visi\u00f3n, al mismo tiempo, de la solitaria belleza de su fin.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Se ha ido\u2026, se nos ha ido para siempre! \u2014solloc\u00e9.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Eso exactamente es lo que yo siento \u2014exclam\u00f3 \u00e9l, hablando con dulzura extremada y apret\u00e1ndome, consolador, contra s\u00ed\u2014. Se ha ido; se nos ha ido para siempre: as\u00ed que \u00bfqu\u00e9 importa ya? \u2014se inclin\u00f3 sobre m\u00ed, y cuando su rostro hubo tocado el m\u00edo apenas supe si lo que lo humedec\u00edan era mis l\u00e1grimas o las suyas.<\/p>\n<h4>VII<\/h4>\n<p>Era mi teor\u00eda, mi convicci\u00f3n, vino a ser, pudi\u00e9ramos decir, mi actitud, que aun as\u00ed jam\u00e1s se hab\u00edan \u00abconocido\u00bb; y precisamente sobre esa base me pareci\u00f3 generoso pedirle que asistiera conmigo al entierro. As\u00ed lo hizo muy modesta y tiernamente, y yo di por hecho, aunque a \u00e9l estaba claro que no se le daba nada de ese peligro, que la solemnidad de la ocasi\u00f3n, poblada en gran medida por personas que les hab\u00edan conocido a los dos y estaban al tanto de la larga broma, despojar\u00eda suficientemente a su presencia de toda asociaci\u00f3n ligera. Sobre lo que hubiera ocurrido en la noche de su muerte, poco m\u00e1s se dijo entre nosotros; yo le hab\u00eda tomado horror al elemento probatorio. Sobre cualquiera de las dos hip\u00f3tesis era groser\u00eda, era intromisi\u00f3n. A \u00e9l, por su parte, le faltaba corroboraci\u00f3n aducible \u2014es decir, todo salvo una declaraci\u00f3n del portero de su casa, personaje de lo m\u00e1s descuidado e intermitente\u2014, seg\u00fan \u00e9l mismo reconoc\u00eda, de que entre las diez y las doce de la noche hab\u00edan entrado y salido del lugar nada menos que tres se\u00f1oras enlutadas de pies a cabeza. Lo cual era excesivo; ni \u00e9l ni yo quer\u00edamos tres para nada. \u00c9l sab\u00eda que yo pensaba haber dado raz\u00f3n de cada fracci\u00f3n del tiempo de nuestra amiga, y dimos por cerrado el asunto; nos abstuvimos de ulterior discusi\u00f3n. Lo que <em>yo<\/em> sab\u00eda, sin embargo, era que \u00e9l se absten\u00eda por darme gusto, m\u00e1s que porque cediera a mis razones. No ced\u00eda \u2014era s\u00f3lo indulgencia\u2014; \u00e9l persist\u00eda en su interpretaci\u00f3n porque le gustaba m\u00e1s. Le gustaba m\u00e1s, sosten\u00eda yo, porque ten\u00eda m\u00e1s que decirle a su vanidad. Ese, en situaci\u00f3n an\u00e1loga, no habr\u00eda sido su efecto sobre m\u00ed, aunque sin duda ten\u00eda yo tanta vanidad como \u00e9l; pero son cosas del talante de cada uno, en las que nadie puede juzgar por otro. Yo habr\u00eda dicho que era m\u00e1s halagador ser destinatario de una de esas ocurrencias inexplicables que se relatan en libros fascinantes y se discuten en reuniones eruditas; no pod\u00eda imaginar, por parte de un ser reci\u00e9n sumido en lo infinito y todav\u00eda vibrante de emociones humanas, nada m\u00e1s fino y puro, m\u00e1s elevado y augusto, que un tal impulso de reparaci\u00f3n, de admonici\u00f3n, o aunque s\u00f3lo fuera de curiosidad. <em>Eso<\/em> s\u00ed que era hermoso, y yo en su lugar habr\u00eda mejorado en mi propia estima al verme distinguida y escogida de ese modo. Era p\u00fablico que \u00e9l ya ven\u00eda figurando bajo esa luz desde hac\u00eda mucho tiempo, y en s\u00ed un hecho semejante \u00bfqu\u00e9 era sino casi una prueba? Cada una de las extra\u00f1as apariciones contribu\u00eda a confirmar la otra. \u00c9l ten\u00eda otro sentir; pero ten\u00eda tambi\u00e9n, me apresuro a a\u00f1adir, un deseo inequ\u00edvoco de no significarse o, como se suele decir, de no hacer bandera de ello. Yo pod\u00eda creer lo que se me antojara \u2014tanto m\u00e1s cuanto que todo este asunto era, en cierto modo, un misterio de mi invenci\u00f3n\u2014. Era un hecho de mi historia, un enigma de mi consistencia, no de la suya; por tanto \u00e9l estaba dispuesto a tomarlo como a m\u00ed me resultara m\u00e1s conveniente. Los dos, en todo caso, ten\u00edamos otras cosas entre manos; nos apremiaban los preparativos de la boda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los m\u00edos eran ciertamente acuciantes, pero al correr de los d\u00edas descubr\u00ed que creer lo que a m\u00ed \u00abse me antojaba\u00bb era creer algo de lo que cada vez estaba m\u00e1s \u00edntimamente convencida. Descubr\u00ed tambi\u00e9n que no me deleitaba hasta ese punto, o que el placer distaba, en cualquier caso, de ser la causa de mi convencimiento. Mi obsesi\u00f3n, como realmente puedo llamarla y como empezaba a percibir, no se dejaba eclipsar, como hab\u00eda sido mi esperanza, por la atenci\u00f3n a deberes prioritarios. Si ten\u00eda mucho que hacer, a\u00fan era m\u00e1s lo que ten\u00eda que pensar, y lleg\u00f3 un momento en que mis ocupaciones se vieron seriamente amenazadas por mis pensamientos. Ahora lo veo todo, lo siento, lo vuelvo a vivir. Est\u00e1 terriblemente vac\u00edo de alegr\u00eda, est\u00e1 de hecho lleno a rebosar de amargura; y aun as\u00ed debo ser justa conmigo misma \u2014no habr\u00eda podido hacer otra cosa\u2014. Las mismas extra\u00f1as impresiones, si hubiera de soportarlas otra vez, me producir\u00edan la misma angustia profunda, las mismas dudas lacerantes, las mismas certezas m\u00e1s lacerantes todav\u00eda. Ah s\u00ed, todo es m\u00e1s f\u00e1cil de recordar que de poner por escrito, pero aun en el supuesto de que pudiera reconstruirlo todo hora por hora, de que pudiera encontrar palabras para lo inexpresable, en seguida el dolor y la fealdad me paralizar\u00edan la mano. Perm\u00edtaseme anotar, pues, con toda sencillez y brevedad, que una semana antes del d\u00eda de nuestra boda, tres semanas despu\u00e9s de la muerte de ella, supe con todo mi ser que hab\u00eda algo muy serio que era preciso mirar de frente, y que si iba a hacer ese esfuerzo ten\u00eda que hacerlo sin dilaci\u00f3n y sin dejar pasar una hora m\u00e1s. Mis celos inextinguidos \u2014esa era la m\u00e1scara de la Medusa\u2014. No hab\u00edan muerto con su muerte, hab\u00edan sobrevivido l\u00edvidamente y se alimentaban de sospechas indecibles. <em>Ser\u00edan<\/em> indecibles hoy, mejor dicho, si no hubiera sentido la necesidad viv\u00edsima de formularlas entonces. Esa necesidad tom\u00f3 posesi\u00f3n de m\u00ed \u2014para salvarme\u2014, seg\u00fan parec\u00eda, de mi suerte. A partir de entonces no vi \u2014dada la urgencia del caso, que las horas menguaban y el intervalo se acortaba\u2014 m\u00e1s que una salida, la de la prontitud y la franqueza absolutas. Al menos pod\u00eda no hacerle el da\u00f1o de aplazarlo un d\u00eda m\u00e1s; al menos pod\u00eda tratar mi dificultad como demasiado delicada para el subterfugio. Por eso en t\u00e9rminos muy tranquilos, pero de todos modos bruscos y horribles, le plante\u00e9 una noche que ten\u00edamos que reconsiderar nuestra situaci\u00f3n y reconocer que se hab\u00eda alterado completamente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00c9l me mir\u00f3 sin parpadear, valiente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfC\u00f3mo que se ha alterado?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Otra persona se ha interpuesto entre nosotros.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No se tom\u00f3 m\u00e1s que un instante para pensar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No voy a fingir que no s\u00e9 a qui\u00e9n te refieres \u2014sonri\u00f3 compasivo ante mi aberraci\u00f3n, pero quer\u00eda tratarme amablemente\u2014. \u00a1Una mujer que est\u00e1 muerta y enterrada!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Enterrada s\u00ed, pero no muerta. Est\u00e1 muerta para el mundo\u2026; est\u00e1 muerta para m\u00ed. Pero para ti no est\u00e1 muerta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfVuelves a lo de nuestras distintas versiones de su aparici\u00f3n aquella noche?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No \u2014respond\u00ed\u2014, no vuelvo a nada. No me hace falta. Me basta y me sobra con lo que tengo delante.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfY qu\u00e9 es, hija m\u00eda?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Que est\u00e1s completamente cambiado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfPor aquel absurdo? \u2014rio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No tanto por aquel como por otros absurdos que le han seguido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQue son <em>cu\u00e1les<\/em>?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Est\u00e1bamos encarados francamente, y a ninguno le temblaba la mirada; pero en la de \u00e9l hab\u00eda una luz d\u00e9bil y extra\u00f1a, y mi certidumbre triunfaba en su perceptible palidez.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfDe veras pretendes \u2014pregunt\u00e9\u2014 no saber cu\u00e1les son?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Querida m\u00eda \u2014me repuso\u2014, me has hecho un esbozo demasiado vago!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Reflexion\u00e9 un momento.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Puede ser un tanto inc\u00f3modo acabar el cuadro! Pero visto desde esa \u00f3ptica \u2014y desde el primer momento\u2014, \u00bfha habido alguna vez algo m\u00e1s inc\u00f3modo que tu idiosincrasia?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00c9l se acogi\u00f3 a la vaguedad \u2014cosa que siempre hac\u00eda muy bien.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfMi idiosincrasia?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Tu notoria, tu peculiar facultad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se encogi\u00f3 de hombros con un gesto poderoso de impaciencia, un gemido de desprecio exagerado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Ah, mi peculiar facultad!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Tu accesibilidad a formas de vida \u2014prosegu\u00ed fr\u00edamente\u2014, tu se\u00f1or\u00edo de impresiones, apariciones, contactos, que a los dem\u00e1s \u2014para nuestro bien o para nuestro mal\u2014 nos est\u00e1n vedados. Al principio formaba parte del profundo inter\u00e9s que despertaste en m\u00ed\u2026, fue una de las razones de que me divirtiera, de que positivamente me enorgulleciera conocerte. Era una distinci\u00f3n extraordinaria; sigue siendo una distinci\u00f3n extraordinaria. Pero ni que decir tiene que en aquel entonces yo no ten\u00eda ni la menor idea de c\u00f3mo aquello iba a actuar ahora; y aun en ese supuesto, no la habr\u00eda tenido de c\u00f3mo iba a afectarme su acci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pero vamos a ver \u2014inquiri\u00f3 suplicante\u2014, \u00bfde qu\u00e9 est\u00e1s hablando en esos t\u00e9rminos fant\u00e1sticos? \u2014Luego, como yo guardara silencio, buscando el tono para responder a mi acusaci\u00f3n\u2014. \u00bfC\u00f3mo diantres <em>act\u00faa<\/em>? \u2014continu\u00f3\u2014, \u00bfy c\u00f3mo te afecta?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Cinco a\u00f1os te estuvo echando en falta \u2014dije\u2014, pero ahora ya no tiene que echarte en falta nunca. \u00a1Est\u00e1is recuperando el tiempo!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfC\u00f3mo que estamos recuperando el tiempo? \u2014hab\u00eda empezado a pasar del blanco al rojo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1La ves\u2026, la ves; la ves todas las noches! \u2014\u00e9l solt\u00f3 una carcajada de burla, pero me son\u00f3 a falsa\u2014. Viene a ti como vino aquella noche \u2014declar\u00e9\u2014; \u00a1hizo la prueba y descubri\u00f3 que le gustaba!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pude, con la ayuda de Dios, hablar sin pasi\u00f3n ciega ni violencia vulgar; pero esas fueron las palabras exactas \u2014y que entonces no me parecieron nada vagas\u2014 que pronunci\u00e9. \u00c9l hab\u00eda mirado hacia otro lado ri\u00e9ndose, acogiendo con palmadas mi insensatez, pero al momento volvi\u00f3 a darme la cara con un cambio de expresi\u00f3n que me impresion\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfTe atreves a negar \u2014pregunt\u00e9 entonces\u2014 que la ves habitualmente?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00c9l hab\u00eda optado por la v\u00eda de la condescendencia, de entrar en el juego y seguirme la corriente amablemente. Pero el hecho es que, para mi asombro, dijo de pronto:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Bueno, querida, \u00bfy si la veo qu\u00e9?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Que est\u00e1s en tu derecho natural: concuerda con tu constituci\u00f3n y con tu suerte prodigiosa, aunque quiz\u00e1 no del todo envidiable. Pero, como comprender\u00e1s, eso nos separa. Te libero sin condiciones.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9 dices?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Que tienes que elegir entre ella o yo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Me mir\u00f3 duramente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ya \u2014y se alej\u00f3 unos pasos, como d\u00e1ndose cuenta de lo que yo hab\u00eda dicho y pensando qu\u00e9 tratamiento darle. Por fin se volvi\u00f3 nuevamente hacia m\u00ed\u2014. \u00bfY t\u00fa c\u00f3mo sabes una cosa as\u00ed de \u00edntima?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfCuando t\u00fa has puesto tanto empe\u00f1o en ocultarla, quieres decir? Es muy \u00edntima, s\u00ed, y puedes creer que yo nunca te traicionar\u00e9. Has hecho todo lo posible, has hecho tu papel, has seguido un comportamiento, \u00a1pobrecito m\u00edo!, leal y admirable. Por eso yo te he observado en silencio, haciendo tambi\u00e9n mi papel; he tomado nota de cada fallo de tu voz, de cada ausencia de tus ojos, de cada esfuerzo de tu mano indiferente: he esperado hasta estar totalmente segura y absolutamente deshecha. \u00bf<em>C\u00f3mo<\/em> quieres ocultarlo, si est\u00e1s desesperadamente enamorado de ella, si est\u00e1s casi mortalmente enfermo de la felicidad que te da? \u2014ataj\u00e9 su r\u00e1pida protesta con un adem\u00e1n m\u00e1s r\u00e1pido\u2014. \u00a1La amas como <em>nunca<\/em> has amado, y pasi\u00f3n por pasi\u00f3n, ella te corresponde! \u00a1Te gobierna, te domina, te posee entero! Una mujer, en un caso como el m\u00edo, adivina y siente y ve; no es un ser obtuso al que haya que ir con \u00abinformes fidedignos\u00bb. T\u00fa vienes a m\u00ed mec\u00e1nicamente, con remordimientos, con los sobrantes de tu ternura y lo que queda de tu vida. Yo puedo renunciar a ti, pero no puedo compartirte: \u00a1lo mejor de ti es suyo, yo s\u00e9 que lo es y libremente te cedo a ella para siempre!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00c9l luch\u00f3 con bravura, pero no hab\u00eda arreglo posible; reiter\u00f3 su negaci\u00f3n, se retract\u00f3 de lo que hab\u00eda reconocido, ridiculiz\u00f3 mi acusaci\u00f3n, cuya extravagancia indefensible, adem\u00e1s, le conced\u00ed sin reparo. Ni por un instante sosten\u00eda yo que estuvi\u00e9ramos hablando de cosas corrientes; ni por un instante sosten\u00eda que \u00e9l y ella fueran personas corrientes. De <em>haberlo<\/em> sido, \u00bfqu\u00e9 inter\u00e9s habr\u00edan tenido para m\u00ed? Hab\u00edan gozado de una rara extensi\u00f3n del ser y me hab\u00edan alzado a m\u00ed en su vuelo; s\u00f3lo que yo no pod\u00eda respirar aquel aire y enseguida hab\u00eda pedido que me bajaran. Todo en aquellos hechos era monstruoso, y m\u00e1s que nada lo era mi percepci\u00f3n l\u00facida de los mismos; lo \u00fanico aliado a la naturaleza y la verdad era el que yo tuviera que actuar sobre la base de esa percepci\u00f3n. Sent\u00ed, despu\u00e9s de hablar en ese sentido, que mi certeza era completa; no le hab\u00eda faltado m\u00e1s que ver el efecto que mis palabras le produc\u00edan. \u00c9l disimul\u00f3, de hecho, ese efecto tras una cortina de burla, maniobra de diversi\u00f3n que le sirvi\u00f3 para ganar tiempo y cubrirse la retirada. Impugn\u00f3 mi sinceridad, mi salud mental, mi humanidad casi, y con eso, como no pod\u00eda por menos, ensanch\u00f3 la brecha que nos separaba y confirm\u00f3 nuestra ruptura. Lo hizo todo, en fin, menos convencerme de que yo estuviera en un error o de que \u00e9l fuera desdichado: nos separamos, y yo le dej\u00e9 a su comuni\u00f3n inconcebible.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No se cas\u00f3, ni yo tampoco. Cuando seis a\u00f1os m\u00e1s tarde, en soledad y silencio, supe de su muerte, la acog\u00ed como una contribuci\u00f3n directa a mi teor\u00eda. Fue repentina, no lleg\u00f3 a explicarse del todo, estuvo rodeada de unas circunstancias en las que \u2014porque las desmenuc\u00e9, \u00a1ya lo creo!\u2014 yo le\u00ed claramente una intenci\u00f3n, la marca de su propia mano escondida. Fue el resultado de una larga necesidad, de un deseo inapagable. Para decirlo en t\u00e9rminos exactos, fue la respuesta a una llamada irresistible.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento misterioso \u2013y a la vez sobre amor y celos destructores\u2013 de un maestro: Henry James (1843-1916).<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":12283,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"Un #cuento nuevo en Las Historias: \"Los amigos de los amigos\" de Henry James.","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[4],"tags":[22,2917,1028,194,2995,2855,2291,360,2996],"class_list":["post-12282","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-escritores-del-reino-unido","tag-escritores-en-lengua-inglesa","tag-escritores-estadounidenses","tag-henry-james","tag-literatura","tag-literatura-de-imaginacion","tag-literatura-fantastica","tag-los-amigos-de-los-amigos"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/05\/henry-james-1456257516926.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-3c6","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12282","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=12282"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12282\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16585,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12282\/revisions\/16585"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/12283"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=12282"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=12282"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=12282"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}