{"id":122,"date":"2006-09-20T00:16:20","date_gmt":"2006-09-20T04:16:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/?p=140"},"modified":"2025-09-07T20:07:32","modified_gmt":"2025-09-08T02:07:32","slug":"de-el-espejo-en-el-espejo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/de-el-espejo-en-el-espejo\/","title":{"rendered":"De \u00abEl espejo en el espejo\u00bb"},"content":{"rendered":"<p>Este texto proviene de <em>El espejo en el espejo<\/em>, el libro m\u00e1s extra\u00f1o de <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Michael_Ende\">Michael Ende<\/a> (1929-1995), el autor de <em>Momo<\/em> y <em>La historia interminable<\/em>. Es uno de los muchos relatos extra\u00f1os, de inspiraci\u00f3n surrealista, que componen el libro, y que pueden leerse sueltos o en secuencia, para formar una especie de novela on\u00edrica. En ella est\u00e1n atrapados muchos personajes&#8230; o tal vez uno solo, de m\u00faltiples identidades.<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2006\/09\/Michael-Ende.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"13234\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/de-el-espejo-en-el-espejo\/michael-ende\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2006\/09\/Michael-Ende.jpg\" data-orig-size=\"839,559\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Michael Ende\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2006\/09\/Michael-Ende.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2006\/09\/Michael-Ende.jpg\" alt=\"\" width=\"839\" height=\"559\" class=\"aligncenter size-full wp-image-13234\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2006\/09\/Michael-Ende.jpg 839w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2006\/09\/Michael-Ende-300x200.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 839px) 100vw, 839px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>Fragmento de <em>EL ESPEJO EN EL ESPEJO<\/em><br \/>\nMichael Ende<\/strong><\/p>\n<p>Pesado pa\u00f1o negro perdi\u00e9ndose hacia los lados y hacia arriba en la oscuridad cuelga en pliegues verticales que movidos por una corriente de aire imperceptible ondean un poco de vez en cuando.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le hab\u00edan dicho que \u00e9se era el tel\u00f3n del escenario y que en cuanto empezase a alzarse, \u00e9l deber\u00eda iniciar inmediatamente su baile. Le hab\u00edan inculcado que no se dejase confundir por nada, pues desde all\u00ed arriba se ten\u00eda a veces la impresi\u00f3n de que el patio de butacas no era m\u00e1s que un oscuro abismo vac\u00edo, otras veces parec\u00eda que se contemplaba el ajetreo de un mercado o una calle animada, un aula de colegio o un cementerio, pero que todo eso era una ilusi\u00f3n de los sentidos, en una palabra, que sin preocuparse lo m\u00e1s m\u00ednimo por la sensaci\u00f3n que tuviese, por si alguien le miraba o no, empezase, al mismo tiempo que se alzaba el tel\u00f3n, a bailar su solo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;As\u00ed estaba, pues, all\u00ed, con una pierna cruzada sobre la otra, la mano derecha colgando, la izquierda apoyada sueltamente en la cadera esperando el comienzo. De tiempo en tiempo, cuando el cansancio le obligaba, cambiaba esa postura, convirti\u00e9ndose, por as\u00ed decirlo, en su imagen inversa reflejada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Todav\u00eda no quer\u00eda alzarse el tel\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La poca luz que ven\u00eda de alg\u00fan lugar en lo alto, se concentraba sobre \u00e9l, pero apenas era lo bastante fuerte para que \u00e9l pudiese ver sus propios pies. El c\u00edrculo de claridad que le rodeaba le permit\u00eda distinguir vagamente el pesado pa\u00f1o negro que ten\u00eda delante. Ese era el \u00fanico punto de referencia para la direcci\u00f3n que ten\u00eda que seguir, pues el escenario se hallaba en absoluta oscuridad y era vasto como una llanura.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se pregunt\u00f3 si hab\u00eda decorados y lo que pod\u00edan representar. Para su baile no ten\u00edan mayor importancia, pero le hubiera gustado saber en qu\u00e9 entorno le iban a ver. \u00bfUn sal\u00f3n festivo? \u00bfUn paisaje? Sin duda, al alzarse el tel\u00f3n cambiar\u00eda de iluminaci\u00f3n. Entonces tambi\u00e9n se aclarar\u00eda esa cuesti\u00f3n. Estaba de pie esperando, con una pierna cruzada sobre la obra, la mano izquierda colgando, la derecha apoyada descuidadamente en la cadera. De tiempo en tiempo, cuando el cansancio le obligaba, cambiaba de postura, convirti\u00e9ndose de nuevo en la imagen inversa de su imagen reflejada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No deb\u00eda dejarse distraer, pues en cualquier momento pod\u00eda alzarse el tel\u00f3n. Entonces ten\u00eda que estar presente con cuerpo y alma. Su baile comenzaba con un poderoso golpe de timbal y un furioso torbellino de saltos. Si se retrasaba en la entrada todo estaba perdido, nunca recuperar\u00eda el comp\u00e1s inicial. Mentalmente repas\u00f3 una vez m\u00e1s todos los pasos, las piruetas, <em>entrechats, jett\u00e9s <\/em>y <em>arabesques<\/em>.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Estaba satisfecho, ten\u00eda todo presente. Estaba seguro de que estar\u00eda bien. Ya o\u00eda crecer los aplausos como el dorado fragor del mar. Tambi\u00e9n repas\u00f3 una vez m\u00e1s el saludo, pues era importante. Quien lo hac\u00eda bien pod\u00eda a veces prolongar considerablemente el aplauso. Mientras pensaba todo esto estaba de pie esperando, una pierna cruzada sobre la obra, la mano derecha colgando, la izquierda apoyada ligeramente en la cadera. De tiempo en tiempo, cuando el cansancio le obligaba, cambiaba de postura, transform\u00e1ndose de nuevo en la inversa imagen reflejada de su imagen reflejada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El tel\u00f3n segu\u00eda sin alzarse y se pregunt\u00f3 cu\u00e1l podr\u00eda ser la causa. \u00bfHab\u00edan olvidado quiz\u00e1s que \u00e9l ya estaba all\u00ed en el escenario, listo para empezar? \u00bfLe buscaban quiz\u00e1s en su camerino, en la cantina del teatro o incluso en su casa, le buscaban angustiados y desesperados? \u00bfDeb\u00eda hacerse notar en la oscuridad del escenario, avisar o hacer una se\u00f1al con la mano? \u00bfO no le buscaban y hab\u00eda sido aplazada la representaci\u00f3n por alg\u00fan motivo? \u00bfLa habr\u00edan suspendido al final sin avisarle? Quiz\u00e1s se hab\u00edan ido todos hac\u00eda tiempo sin acordarse de que \u00e9l estaba all\u00ed esperando su actuaci\u00f3n. \u00bfCu\u00e1nto tiempo llevaba ya all\u00ed? \u00bfQui\u00e9n le hab\u00eda asignado adem\u00e1s ese lugar? \u00bfQui\u00e9n le hab\u00eda dicho que \u00e9se era el tel\u00f3n y que en cuanto se alzase deb\u00eda iniciar su baile? Empez\u00f3 a calcular cu\u00e1ntas veces se hab\u00eda convertido ya en su imagen reflejada y en la imagen reflejada de su imagen reflejada, pero inmediatamente se lo prohibi\u00f3 para no verse sorprendido por el s\u00fabito alzamiento del tel\u00f3n o quedarse mirando impotente al p\u00fablico sin recordar su papel. \u00a1No, ten\u00eda que permanecer tranquilo y concentrado! Pero el tel\u00f3n no se mov\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Poco a poco la feliz excitaci\u00f3n inicial fue dando paso a una profunda amargura. Ten\u00eda la sensaci\u00f3n de que estaban abusando de \u00e9l. Ten\u00eda ganas de echar a correr del escenario para quejarse en\u00e9rgicamente en alguna parte, para gritar a alguien a la cara su desilusi\u00f3n, su rabia, para armar un esc\u00e1ndalo. Pero no sab\u00eda muy bien a d\u00f3nde ten\u00eda que correr. Lo poco que ve\u00eda del pa\u00f1o negro que ten\u00eda delante era su \u00fanica orientaci\u00f3n. Si abandonaba aquel lugar, andar\u00eda a ciegas en la oscuridad y perder\u00eda infaliblemente toda orientaci\u00f3n. Y era muy posible que precisamente en ese instante se alzase el tel\u00f3n y sonase el golpe de timbal del comienzo. Y entonces estar\u00eda en un lugar totalmente incorrecto, con las manos extendidas como un ciego, quiz\u00e1s incluso de espaldas al p\u00fablico. \u00a1Imposible! La idea le hizo enrojecer de verg\u00fcenza. No, no, ten\u00eda que permanecer a toda costa donde estaba, quisiera o no, y esperar a que le diesen una se\u00f1al, si es que se la daban. As\u00ed que estaba all\u00ed de pie, con una pierna cruzada sobre la otra, la mano izquierda colgando lacia, la derecha apoyada pesadamente en la cadera. De tiempo en tiempo, cuando el agotamiento le obligaba, cambiaba de postura, convirti\u00e9ndose por en\u00e9sima vez en su imagen reflejada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En alg\u00fan momento perdi\u00f3 la fe en que el tel\u00f3n se alzase alguna vez, pero al mismo tiempo supo que no pod\u00eda abandonar su sitio, ya que no pod\u00eda descartarse la posibilidad de que a pesar de todo se alzase, contra todo pron\u00f3stico. Hac\u00eda tiempo que hab\u00eda desistido de abrigar esperanzas o de irritarse. S\u00f3lo pod\u00eda seguir de pie donde estaba, sucediera lo que sucediera. Ya no le importaba su actuaci\u00f3n, que se convirtiese en un \u00e9xito o un fracaso o que no tuviese lugar. Y como ya no le importaba nada su baile, olvid\u00f3 uno tras otro todos los pasos y saltos. De tanto esperar, olvid\u00f3 incluso por qu\u00e9 esperaba. Pero se qued\u00f3 de pie con una pierna cruzada sobre la otra, ante s\u00ed el pesado pa\u00f1o negro que se perd\u00eda hacia arriba y hacia los lados en la oscuridad.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento surrealista entresacado del libro <em>El espejo en el espejo<\/em> de Michael Ende.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":13234,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[4],"tags":[22,2343,3060,3062,2855,2885,3061,515],"class_list":["post-122","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-el-espejo-en-el-espejo","tag-escritores-alemanes","tag-literatura","tag-literatura-infantil-y-juvenil","tag-michael-ende","tag-surrealismo"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2006\/09\/Michael-Ende.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-1Y","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/122","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=122"}],"version-history":[{"count":7,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/122\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17039,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/122\/revisions\/17039"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/13234"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=122"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=122"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=122"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}