{"id":1216,"date":"2008-11-20T01:00:03","date_gmt":"2008-11-20T07:00:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=1216"},"modified":"2025-09-14T19:30:14","modified_gmt":"2025-09-15T01:30:14","slug":"el-calor-de-agosto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/el-calor-de-agosto\/","title":{"rendered":"El calor de agosto"},"content":{"rendered":"<p>Para el trabajo en un curso de literatura de horror, traduje \u00abAugust Heat\u00bb de William Fryer Harvey (1885-1937). Este cuento, que exige atenci\u00f3n para descubrir el cumplimiento de un destino fatal, se ha reproducido muchas veces, pero yo lo encontr\u00e9 en la antolog\u00eda <em>The Haunted Looking Glass<\/em> (<em>El espejo embrujado<\/em>), una serie de cuentos fant\u00e1sticos y de horror seleccionados por Edward Gorey.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Harvey public\u00f3 tres colecciones de relatos de fantasmas: <em>La casa de la medianoche<\/em>, <em>La bestia de cinco dedos<\/em> (el cuento que le da t\u00edtulo tiene una versi\u00f3n cinematogr\u00e1fica con Peter Lorre) y <em>Ambientes y tiempos<\/em>, adem\u00e1s de un libro para ni\u00f1os: <em>Caprimulgus<\/em>.<\/p>\n<figure id=\"attachment_11798\" aria-describedby=\"caption-attachment-11798\" style=\"width: 754px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/11\/cavlier_august_may61_3.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"11798\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/el-calor-de-agosto\/cavlier_august_may61_3\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/11\/cavlier_august_may61_3.jpg\" data-orig-size=\"754,525\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"cavlier_august_may61_3\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"&lt;p&gt;Dos p\u00e1ginas de una publicaci\u00f3n de \u00abEl calor de agosto\u00bb en 1961.&lt;\/p&gt;\n\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/11\/cavlier_august_may61_3.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/11\/cavlier_august_may61_3.jpg\" alt=\"Dos p\u00e1ginas de una publicaci\u00f3n de &quot;El calor de agosto&quot; en 1961.\" width=\"754\" height=\"525\" class=\"size-full wp-image-11798\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/11\/cavlier_august_may61_3.jpg 754w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/11\/cavlier_august_may61_3-300x209.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 754px) 100vw, 754px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-11798\" class=\"wp-caption-text\">Dos p\u00e1ginas de una publicaci\u00f3n de \u00abEl calor de agosto\u00bb en 1961.<\/figcaption><\/figure>\n<p><strong>EL CALOR DE AGOSTO<br \/>\nW. F. Harvey<\/strong><\/p>\n<div align=right>PENISTONE ROAD, CLAPHAM<br \/>\n20 DE AGOSTO DE 190\u2026<\/div>\n<p>Creo haber vivido el d\u00eda m\u00e1s extraordinario de mi vida, y mientras los sucesos siguen frescos en mi mente quiero ponerlos por escrito con tanta claridad como pueda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Perm\u00edtanme comenzar diciendo que mi nombre es James Clarence Withencroft.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tengo cuarenta a\u00f1os y gozo de perfecta salud: no he estado enfermo ni una sola vez.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;De profesi\u00f3n soy artista, no muy exitoso, pero con mis dibujos a l\u00e1piz gano bastante dinero para satisfacer mis necesidades.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mi \u00fanica pariente cercana, una hermana, muri\u00f3 hace cinco a\u00f1os, de modo que soy independiente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Desayun\u00e9 esta ma\u00f1ana a las nueve y, despu\u00e9s de echar un vistazo al peri\u00f3dico de la ma\u00f1ana, encend\u00ed mi pipa y proced\u00ed a dejar que mi mente vagara, con la esperanza de que diera con algo para dibujar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En el cuarto, aunque puerta y ventanas estaban abiertas, se sent\u00eda un calor opresivo, y apenas hab\u00eda decidido que el lugar m\u00e1s fresco y confortable en el vecindario deb\u00eda ser la parte m\u00e1s profunda de la piscina p\u00fablica cuando la idea lleg\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Empec\u00e9 a dibujar. Tan concentrado estaba en mi trabajo que no toqu\u00e9 mi almuerzo y s\u00f3lo dej\u00e9 de trabajar cuando el reloj de St. Jude dio las cuatro de la tarde.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El resultado final, con todo y ser un boceto apresurado, era (me sent\u00ed seguro de esto) lo mejor que hubiera hecho jam\u00e1s.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El dibujo mostraba a un criminal en el banquillo inmediatamente despu\u00e9s de escuchar su sentencia. El hombre era gordo, enormemente gordo: la carne le colgaba en rollos alrededor de la barbilla y creaba pliegues en su cuello ancho y grueso. Estaba rasurado (tal vez deber\u00eda decir: unos d\u00edas antes deb\u00eda haberse visto rasurado) y era casi calvo. Sentado en el banquillo, sus dedos cortos y torpes se aferraban a la barandilla de madera. Miraba directo hacia el frente. El sentimiento que su expresi\u00f3n comunicaba no era tanto de horror como de colapso, total, absoluto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Parec\u00eda no tener fuerzas para sostener su propia mole de carne.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Enroll\u00e9 el boceto y, sin saber del todo por qu\u00e9, lo puse en mi bolsillo. Entonces, con el raro sentimiento de felicidad que da el conocimiento de haber hecho algo bien, sal\u00ed de mi casa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Creo que ten\u00eda la intenci\u00f3n de visitar a Trenton, porque recuerdo haber caminado por Lytton Street y haber dado la vuelta a la derecha por Gilchrist Road, al pie de la colina donde se trabaja en la nueva l\u00ednea del tranv\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Desde ese punto s\u00f3lo tengo el recuerdo m\u00e1s vago de para d\u00f3nde fui. Lo \u00fanico de lo que estaba enteramente consciente era del horrible calor, que sub\u00eda del asfalto polvoriento en oleadas casi palpables. Ansiaba o\u00edr los truenos que promet\u00edan unos grandes bancos de nubes del color del cobre, suspendidos muy abajo en el cielo del oeste.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Debo haber caminado cinco o seis millas cuando un ni\u00f1o me despert\u00f3 de mi ensue\u00f1o al preguntarme la hora.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Eran veinte para las siete.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando el ni\u00f1o se fue empec\u00e9 a fijarme en d\u00f3nde estaba. Me encontraba de pie ante una puerta que llevaba a un patio bordeado por una cinta de tierra seca en la que hab\u00eda alhel\u00edes y geranios. Sobre la entrada hab\u00eda un cartel con las palabras<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">CHARLES ATKINSON&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;MONUMENTOS&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;M\u00c1RMOLES INGLESES E ITALIANOS<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Del patio propiamente dicho llegaba un silbido alegre, el ruido de golpes de martillo y el sonido fr\u00edo del metal sobre la piedra.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un s\u00fabito impulso me hizo entrar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un hombre estaba sentado, d\u00e1ndome la espalda, trabajando en una losa de m\u00e1rmol curiosamente veteado. Se volvi\u00f3 hacia m\u00ed al o\u00edr mis pasos y al verlo me detuve.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Era el hombre que yo hab\u00eda estado dibujando, aquel cuyo retrato estaba en mi bolsillo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Estaba ah\u00ed sentado, enorme, elefantino, con el sudor fluyendo de su calva, que \u00e9l limpiaba con un pa\u00f1uelo de seda roja. Pero aunque su cara era la misma, su expresi\u00f3n era totalmente diferente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Me salud\u00f3 sonriendo, como si fu\u00e9ramos viejos amigos, y estrech\u00f3 mi mano.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yo me disculp\u00e9 por mi intrusi\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Afuera hace much\u00edsimo calor y todo deslumbra \u2014dije\u2014. En cambio aqu\u00ed parece un oasis en el desierto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No s\u00e9 si ser\u00e1 un oasis \u2014contest\u00f3\u2014 pero ciertamente hace un calor infernal. Si\u00e9ntese, se\u00f1or.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se\u00f1al\u00f3 un extremo de la l\u00e1pida en la que trabajaba y yo me sent\u00e9.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00c9sta es una piedra hermosa \u2014dije.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00c9l agit\u00f3 la cabeza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Lo es en cierto modo \u2014contest\u00f3\u2014; la superficie de este lado es tan buena como cualquiera podr\u00eda desear, pero hay un gran defecto en la parte de atr\u00e1s. A lo mejor usted no podr\u00eda verlo, pero realmente este trozo de m\u00e1rmol no sirve para un buen trabajo. En un verano como \u00e9ste se ver\u00eda muy bien, no le pasar\u00eda nada con este maldito calor. Pero espere a que llegue el invierno. No hay nada como una helada para mostrar los puntos d\u00e9biles de la piedra.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfEntonces para qu\u00e9 la va a usar? \u2014pregunt\u00e9.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El hombre ri\u00f3 a carcajadas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014A lo mejor le suena raro, pero es para exhibirla. Los artistas hacen exhibiciones, los verduleros y los carniceros hacen exhibiciones, y nosotros tambi\u00e9n. Todas las nuevas tendencias en l\u00e1pidas, ya sabe..<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Continu\u00f3 hablando de m\u00e1rmoles, cu\u00e1les aguantaban mejor el viento y la lluvia y cu\u00e1les eran m\u00e1s f\u00e1ciles de trabajar; luego, de su jard\u00edn y de una nueva variedad de clavel que hab\u00eda comprado. Cada par de minutos dejaba sus herramientas, se limpiaba la cabeza brillante y maldec\u00eda el calor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yo dije poco porque me sent\u00eda inc\u00f3modo. Hab\u00eda algo antinatural, siniestro, en haber encontrado a aquel hombre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Primero quise persuadirme de que deb\u00eda haberlo visto antes: de que su cara, aunque me pareciera desconocida, deb\u00eda tener un lugar en alg\u00fan rinc\u00f3n apartado de mi memoria, pero entend\u00ed que aquello s\u00f3lo era una forma razonable de enga\u00f1arme a m\u00ed mismo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El se\u00f1or Atkinson termin\u00f3 su trabajo, escupi\u00f3 en el suelo y se levant\u00f3 con un suspiro de alivio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Listo! \u00bfQu\u00e9 le parece? \u2014dijo, con evidente aire de orgullo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La inscripci\u00f3n, que le\u00ed entonces por primera vez, era \u00e9sta:<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">DEDICADO A LA MEMORIA<br \/>\nDE<br \/>\nJAMES CLARENCE WITHENCROFT<br \/>\nNACIDO EL 18 DE ENERO DE 1860<br \/>\nMURI\u00d3 REPENTINAMENTE<br \/>\nEL 20 DE AGOSTO DE 190\u2026<br \/>\n\u201cEn mitad de la vida llegamos la muerte\u201d<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por un tiempo me qued\u00e9 sentado en silencio. Entonces un escalofr\u00edo baj\u00f3 por mi espalda. Le pregunt\u00e9 d\u00f3nde hab\u00eda visto el nombre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Oh, no lo vi en ninguna parte \u2014respondi\u00f3 el se\u00f1or Atkinson\u2014. Quer\u00eda alg\u00fan nombre, y escrib\u00ed el primero que se me ocurri\u00f3. \u00bfPor qu\u00e9 lo pregunta?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Es una extra\u00f1a coincidencia, pero resulta que es mi nombre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00c9l dio un silbido largo y grave.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfY las fechas?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00f3lo puedo estar seguro de una, y es la correcta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Qu\u00e9 cosa m\u00e1s extra\u00f1a! \u2014dijo \u00e9l.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero \u00e9l sab\u00eda menos que yo. Le cont\u00e9 de mi trabajo de la ma\u00f1ana. Saqu\u00e9 el boceto de mi bolsillo y se lo mostr\u00e9.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mientras lo miraba, la expresi\u00f3n de su cara se fue alterando hasta parecerse a la del hombre que yo hab\u00eda dibujado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Y pensar que apenas antier \u2014coment\u00f3\u2014 le dije a Maria que los fantasmas no existen!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ninguno de los dos hab\u00eda visto un fantasma, pero entend\u00ed a qu\u00e9 se refer\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Usted probablemente escuch\u00f3 mi nombre \u2014dije.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Y usted debe haberme visto en alguna parte y no se acuerda! \u00bfNo estuvo en Clacton-on-Sea en julio pasado?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nunca en mi vida he estado en Clacton. Nos quedamos callados por un tiempo. Los dos mir\u00e1bamos la misma cosa: las dos fechas en la l\u00e1pida, de las cuales una era correcta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pase adentro y cene con nosotros \u2014dijo el se\u00f1or Atkinson.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Su esposa es una mujer peque\u00f1a y alegre, con las mejillas rojas y resecas de quienes se cr\u00edan en el campo. \u00c9l me present\u00f3 como un amigo suyo que era artista. Esto fue desafortunado: luego de que quitara de la mesa las sardinas y los berros, ella sac\u00f3 una Biblia de Dor\u00e9 y tuve que sentarme y expresar mi admiraci\u00f3n durante cerca de media hora.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sal\u00ed y encontr\u00e9 a Atkinson sentado en la l\u00e1pida, fumando.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Reanudamos nuestra conversaci\u00f3n donde la hab\u00edamos dejado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Perdone la pregunta \u2014dije\u2014, pero \u00bfsabe de algo que haya hecho por lo que pudieran llevarlo a juicio?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00c9l agit\u00f3 la cabeza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No estoy en bancarrota, el negocio es bastante pr\u00f3spero. Hace tres a\u00f1os le di pavos a algunos polic\u00edas en Navidad, pero es lo \u00fanico que se me ocurre. Y no eran pavos grandes \u2014agreg\u00f3 despu\u00e9s de pensarlo un poco.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se levant\u00f3, tom\u00f3 una regadera del porche y empez\u00f3 a regar las flores.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Dos veces al d\u00eda cuando hace calor \u2014dijo\u2014 y a veces el calor acaba con las m\u00e1s delicadas de todos modos. \u00a1Y los helechos, Dios m\u00edo! Nunca lo soportan. \u00bfD\u00f3nde vive usted?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le di mi direcci\u00f3n. Me tomar\u00eda una hora regresar a pie, yendo a buen paso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Mire, la cosa es as\u00ed \u2014dijo\u2014. Vamos a hablar de esto sin rodeos. Si usted regresa a su casa esta noche, corre el riego de accidentarse. Un carro puede atropellarlo, y siempre puede haber c\u00e1scaras de pl\u00e1tano o de naranja, por no hablar de escaleras que caen.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hablaba de lo improbable con una intensa seriedad que hubiera sido risible seis horas antes. Pero yo no me re\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Lo mejor que podemos hacer \u2014continu\u00f3\u2014 es que usted se quede aqu\u00ed hasta las doce. Iremos arriba a fumar; a lo mejor hace menos calor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Para mi sorpresa, acept\u00e9.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">*   *   *<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ahora estamos sentados en un cuarto bajo y largo debajo del segundo piso. Atkinson ha mandado a la cama a su mujer. \u00c9l est\u00e1 ocupado, afilando algunas herramientas con una piedra de afilar mientras se fuma uno de mis cigarros.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El aire parece cargado de truenos. Escribo esto sobre una mesa temblorosa ante la ventana abierta. Una pata est\u00e1 a punto de romperse, y Atkinson, quien parece un hombre h\u00e1bil con sus herramientas, va a arreglarla tan pronto como haya terminado de afilar su cincel.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ya son las once. Me habr\u00e9 marchado en menos de una hora.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero este calor es espantoso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Es de los que vuelven loca a la gente.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento de W. F. Harvey (1885-1937), gran maestro de la literatura de horror.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":13170,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[22,1017,1016,7,2855,359,360,521,530,1015],"class_list":["post-1216","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-edward-gorey","tag-el-calor-de-agosto","tag-hallazgos","tag-literatura","tag-literatura-de-terror","tag-literatura-fantastica","tag-textos-que-no-estaban-en-la-red","tag-traducciones","tag-w-f-harvey"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/11\/Heat-Harvey.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-jC","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1216","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1216"}],"version-history":[{"count":28,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1216\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17083,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1216\/revisions\/17083"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/13170"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1216"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1216"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1216"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}