{"id":12008,"date":"2015-11-30T17:59:48","date_gmt":"2015-11-30T23:59:48","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=12008"},"modified":"2016-10-26T10:19:09","modified_gmt":"2016-10-26T15:19:09","slug":"los-museos-de-metaxiphos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/los-museos-de-metaxiphos\/","title":{"rendered":"Los museos de Metaxiphos"},"content":{"rendered":"<p>Un relato extra\u00f1o, fascinante, de <a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Salvador_Elizondo\">Salvador Elizondo<\/a> (1932-2006), de quien acaba de publicarse en M\u00e9xico una selecci\u00f3n de sus <em>Diarios<\/em>. El texto se deriva de otro del escritor franc\u00e9s Paul Val\u00e9ry: es una ficci\u00f3n (o muchas) sobre la base de otra, y se puede leer m\u00e1s un cat\u00e1logo de ideas e im\u00e1genes extra\u00f1as que como una narraci\u00f3n convencional. Cada momento del texto apunta hacia algo m\u00e1s (el texto se prolonga en otro, de hecho, titulado \u00abLa luz que regresa\u00bb;\u00a0 ambos est\u00e1n en el libro <em>Camera lucida<\/em>, de 1983).<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/5221950056f0efcf0ebf2f0526f71d2a.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"12009\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/los-museos-de-metaxiphos\/5221950056f0efcf0ebf2f0526f71d2a\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/5221950056f0efcf0ebf2f0526f71d2a.jpg\" data-orig-size=\"400,300\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Salvador Elizondo\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/5221950056f0efcf0ebf2f0526f71d2a.jpg\" class=\"aligncenter size-full wp-image-12009\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/5221950056f0efcf0ebf2f0526f71d2a.jpg\" alt=\"Salvador Elizondo\" width=\"400\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/5221950056f0efcf0ebf2f0526f71d2a.jpg 400w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/5221950056f0efcf0ebf2f0526f71d2a-300x225.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 400px) 100vw, 400px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>LOS MUSEOS DE METAXIPHOS<\/strong><\/p>\n<p><strong>Salvador Elizondo<\/strong><\/p>\n<p>Es bien sabido \u2013y el testimonio de Paul Val\u00e9ry lo confirma en la m\u00e1s elaborada de sus <em>Histoires bris\u00e9es<\/em>\u2013 que nadie se ha aventurado m\u00e1s de unas cuantas leguas a lo largo de ese brazo de arena fin\u00edsimo que se extiende hacia el sur desde la isla de Xiphos y que se supone o bien que no termina nunca o que se ensancha y se convierte en otra isla o casi isla que la conseja o la leyenda nombran Metaxiphos. De hecho la existencia conjetural de esta pen\u00ednsula remot\u00edsima ha dado lugar al m\u00e1s desaforado tr\u00e1fico de leyendas que los xiphe\u00f1os, astutos comerciantes, tratan de capitalizar. Las agencias de viajes ofrecen visitas guiadas a Metaxiphos, pero los propios turistas deciden o imploran, despu\u00e9s de algunas horas de viaje, volver a Xiphos. Abundan los testimonios falsos que bajo todas las formas literarias conocidas se contradicen radicalmente entre ellos y por lo tanto no son dignos de confianza, as\u00ed que escojo entre las que han llegado a mis manos la \u00fanica que tiene la descarada pretensi\u00f3n de ser una publicaci\u00f3n oficial, <em>printed and made in Metaxiphos<\/em>; su distribuci\u00f3n, dice, es gratuita. Se trata de una <em>Gu\u00eda de los museos de Metaxiphos<\/em>. En una breve introducci\u00f3n firmada por el Cuidador General de los Museos se nos informa que en Metaxiphos no hay nada, solamente museos. Luego vienen sumariamente descritas las colecciones, ahorrando al visitante o al lector las enervantes enumeraciones o las referencias eruditas incomprensibles al turista <em>sensuel moyen<\/em>. Resumo y compendio a continuaci\u00f3n la descripci\u00f3n de las principales colecciones.<\/p>\n<p>El folleto comienza con la descripci\u00f3n del Museo Anal\u00f3gico. No dice cu\u00e1ndo fue fundado ni por qui\u00e9n. En \u00e9l se exhibe una rica colecci\u00f3n de cosas ficticias, objetos artificiales, obras ap\u00f3crifas, documentos falsos, imitaciones tan perfectas que es imposible distinguirlas de sus modelos m\u00e1s que por la discriminaci\u00f3n y la diferenciaci\u00f3n minuciosa de su materia, su forma y su funci\u00f3n que entre ellas est\u00e1n trastocadas y confundidas. El diorama llamado \u201cGuillermo Tell\u201d nos muestra una flecha y una manzana; la flecha es de la materia frutal de la manzana y \u00e9sta es de hierro, madera y plumas. Asimismo se conservan all\u00ed algunos objetos \u2013no muchos\u2013 que a pesar de ser ficticios no difieren de los originales no en la forma ni en la funci\u00f3n ni en la materia y algunos \u2013pocos pero muy interesantes\u2013 en que estas cualidades son sometidas a sutil\u00edsimas combinaciones. Hay tambi\u00e9n muestras de objetos id\u00e9nticos de forma y funci\u00f3n pero de materia diferente: un par de hachas, una de hierro y otra de corcho que no difieren una de la otra ni siquiera por el peso.<\/p>\n<p>En el Museo Po\u00e9tico-Filos\u00f3fico se guardan las concreciones sensibles de las im\u00e1genes, nociones o figuras abstractas. El bibelot abolido, el binomio de Newton y la estatua de Condillac, son seg\u00fan la <em>Gu\u00eda<\/em>, las piezas m\u00e1s notables que guarda este museo. Esta \u00faltima es la materializaci\u00f3n animada de todas las operaciones de los sentidos, lo que da por resultado una figura constantemente cambiante y movediza que al mismo tiempo que se transforma y se agita va describiendo en la lengua de los <em>mathematikoi <\/em>la realidad del mundo seg\u00fan los est\u00edmulos que se generan en un teclado como el de un piano. La estatua de Condillac interpreta, por as\u00ed decirlo, la danza de las sensaciones puras, sin sujeto que las experimente.<\/p>\n<p>El m\u00e1s grande de los museos de Metaxiphos es el Museo de la Realidad. Sus vast\u00edsimas colecciones est\u00e1n compuestas \u00fanicamente de objetos que no tienen ning\u00fan inter\u00e9s, objetos sin importancia y sin sentido, cosas cualesquiera. Los objetos que all\u00ed se exhiben no carecen de cualidades sensibles y hay una gran variedad de ellos, pero ni sus cualidades ni sus cantidades son suficientes para despertar el inter\u00e9s del visitante. Si ocurriera que algunos de esos objetos inanes despertara el inter\u00e9s de alguien cualquiera, entonces ser\u00eda inmediatamente trasladado al museo que le corresponde. Supongamos que una manzana cualquiera sugiere al visitante la idea de que los cuerpos se atraen en raz\u00f3n directamente proporcional al producto de sus masas e inversamente al cuadrado de la distancia que los separa, entonces esa manzana es exhibida en el Museo Po\u00e9tico-Filos\u00f3fico con el nombre de \u201cLa manzana de Newton\u201d.<\/p>\n<p>Hay tambi\u00e9n el Museo de las Cosas P\u00edas. No encontrar\u00eda el visitante en el de la Realidad ninguna de las cosas que se guardan en \u00e9ste, aunque la mayor parte proviene directamente de la naturaleza. Ellas se distinguen en la realidad por la propiedad que tienen de no ser f\u00e1cilmente distinguibles: las cosas de forma y accidentes difusos e imprecisos las cosas moteadas, jaspeadas y pintas; guijarros, plumajes, conchas, huevos, pelambres, as\u00ed como pinturas de Seurat y de Vuillard. Hay una espl\u00e9ndida colecci\u00f3n taxid\u00e9rmica con todos los animales de pelambre tab\u00ed, desde el roc\u00edn de don Quijote hasta el gato de Cheshire.<\/p>\n<p>Sin duda uno de los museos m\u00e1s interesantes de Metaxiphos ser\u00eda el Museo Idumeo. Se conservan all\u00ed vestigios y huellas de seres y cosas anteriores a nuestro mundo: instrumentos inexplicables, <em>ostraka<\/em> decorados con grecas rojas, peque\u00f1os f\u00f3siles incunables. La antig\u00fcedad de estos objetos es tanta que su puro contacto directo es letal. Se exhiben, no sin provocar una sensaci\u00f3n dolorosa e inquietante al espectador, en vitrinas selladas.<\/p>\n<p>Otro, el Museo T\u00e9cnico, guarda espec\u00edmenes mec\u00e1nicos y gestuales de t\u00e9cnicas puras. Se exhiben all\u00ed complicad\u00edsimas m\u00e1quinas y aparatos que no sirven para nada o cuya funci\u00f3n nadie conoce. Algunas de ellas son puestas en marcha en d\u00edas fijos. (Consultar en la administraci\u00f3n el programa mensual). Otra secci\u00f3n contiene los dioramas que ilustran diversas t\u00e9cnicas manuales y corporales que no tienen sentido ni utilidad alguna: la tauromaquia sin toro, la cirug\u00eda sin paciente, el <em>shadow-boxing<\/em>, el ajedrez contra s\u00ed mismo y una vasta colecci\u00f3n de t\u00e9cnicas antiguas para la resucitaci\u00f3n de los muertos, algunas de ellas a cual m\u00e1s pintorescas.<\/p>\n<p>El Museo en S\u00ed viene a ser como el arquetipo \u00faltimo de todos los museos. De hecho es un museo de s\u00ed mismo o un museo que tiene por objeto mostrarse tal cual. Todos los muros, el plaf\u00f3n y el piso son de espejo. Por lo dem\u00e1s, est\u00e1 vac\u00edo. El visitante se convierte en el objeto expuesto, un objeto que se muestra y se contempla a s\u00ed mismo en calidad de pieza e museo.<\/p>\n<p>El recinto llamado Mnemothreptos alberga tres colecciones: una, muy extensa y heterog\u00e9nea, de cosas olvidadas; otra peque\u00f1a, pero muy selecta de cosas inolvidables. Los ejemplares de estas dos colecciones no tienen materia y parecen estas apenas como sugeridos. No se manifiestan sensiblemente con toda precisi\u00f3n m\u00e1s que cuando recordamos las primeras o cuando olvidamos las segundas. La tercera secci\u00f3n \u2013muy interesante\u2013 contiene el Diorama Sin\u00f3ptico que exhibe una exquisita colecci\u00f3n de cosas inolvidables ya olvidadas.<\/p>\n<p>Saliendo del Mnemothreptos a mano derecha se extiende el peque\u00f1o Arborium en el que se conservan algunos ejemplares particularmente notables por la propiedad que tienen de producir en quien se pone a su sombra la sensaci\u00f3n de estar en otra parte, de estar en el lugar de origen de cada \u00e1rbol. As\u00ed, hay una higuera en cuya fronda el visitante se siente estar en la India y puede o\u00edr, en el frotamiento de sus hojas, correr las aguas del Ganges.<\/p>\n<p>En seguida del Arborium hay otro museo, no muy grande. Es el Museo de lo Imposible. En \u00e9l se conserva la realizaci\u00f3n o la demostraci\u00f3n de cosas y operaciones imposibles: la trisecci\u00f3n del \u00e1ngulo por procedimientos geom\u00e9tricos, la acci\u00f3n a distancia, la creaci\u00f3n <em>ex nihilo<\/em>, la escritura inmediata, el <em>mind reading<\/em> y la f\u00f3rmula para determinar los n\u00fameros primos. En todos los casos se trata de simulacros y conjuros que hacen que esas operaciones sean posibles, pero <em>s\u00f3lo aparentemente<\/em>. Fuera del museo es imposible aplicar los procedimientos que se demuestran en su interior, como si las leyes que los determinan y los rigen no tuvieran ninguna validez fuera de \u00e9l. Un reloj dotado de movimiento perpetuo da puntualmente la hora.<\/p>\n<p>El Museo Heter\u00f3clito exhibe las piezas excedentes de los dem\u00e1s museos de Metaxiphos menos el de la Historia, pero sin orden alguno. La ausencia de clasificaci\u00f3n y rotulaci\u00f3n de los objetos hace que se nos revelen sorpresivamente por sus cualidades esenciales m\u00e1s que por su ordenamiento dentro de un conjunto discreto o por su mero nombre. Este museo debe visitarse al final con objeto de poder re-conocer los objetos m\u00e1s caracter\u00edsticos. Las muestras ilustran el principio de desclasificaci\u00f3n de las cosas que aqu\u00ed se exhiben tal que en s\u00ed mismas la eternidad al fin las transforma.<\/p>\n<p>Cabe mencionar por \u00faltimo el que seguramente es el m\u00e1s interesante de Metaxiphos: el Museo de la Historia, un peque\u00f1o edificio dispuesto en forma de anfiteatro cubierto en el que s\u00f3lo se conserva el cronostatoscopio o \u201cc\u00e1mara de Moriarty\u201d que sirve para condensar la luz que regresa\u2026<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un relato extra\u00f1o de Salvador Elizondo (1932-2006), escritor mexicano.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":12009,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"\"Los museos de Metaxiphos\" de Salvador Elizondo: el #cuento del mes en Las Historias.","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[22,2343,25,198,2855,2291,360,2933,489],"class_list":["post-12008","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritores","tag-escritores-mexicanos","tag-literatura","tag-literatura-de-imaginacion","tag-literatura-fantastica","tag-los-museos-de-metaxiphos","tag-salvador-elizondo"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/11\/5221950056f0efcf0ebf2f0526f71d2a.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-37G","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12008","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=12008"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12008\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":12010,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/12008\/revisions\/12010"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/12009"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=12008"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=12008"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=12008"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}