{"id":119,"date":"2006-09-10T21:00:14","date_gmt":"2006-09-11T01:00:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/?p=123"},"modified":"2018-04-10T23:27:16","modified_gmt":"2018-04-11T04:27:16","slug":"la-fortuna-del-quijote","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/la-fortuna-del-quijote\/","title":{"rendered":"La fortuna del Quijote"},"content":{"rendered":"<p><em>El a\u00f1o pasado<\/em> [2005] <em>tuve el gusto de curar una exposici\u00f3n: \u00abEl Quijote, una aventura centenaria\u00bb, para la Biblioteca de M\u00e9xico. Se exhibieron ediciones antiguas de la novela (la m\u00e1s vieja data de 1723), as\u00ed como ediciones raras e ilustradas y otros vol\u00famenes curiosos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo que sigue, como una entrega especial de \u00abEl libro del mes\u00bb, es el texto que escrib\u00ed para el cat\u00e1logo de la exposici\u00f3n, y que tambi\u00e9n se public\u00f3 en la revista <\/em>Biblioteca de M\u00e9xico<em>; sobre las fechas, todas tienen como referencia el a\u00f1o 2005, el del cuarto centenario del gran libro de Cervantes.<\/em><\/p>\n<p>1<\/p>\n<p>En este a\u00f1o celebramos el cuarto centenario de la aparici\u00f3n de una novela tan familiar para nosotros que no necesitamos, para reconocerla, decir su t\u00edtulo preciso ni siquiera enfatizarlo \u2013en textos impresos como \u00e9ste\u2013 mediante it\u00e1licas. Es \u201cEl Quijote\u201d, sin m\u00e1s, y en esas dos palabras se funden no s\u00f3lo dos libros \u2013<em>El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha<\/em>, publicado en 1605, y la <em>Segunda parte del ingenioso caballero Don Quijote de la Mancha<\/em>, de 1615, que ahora leemos como una sola historia\u2013 sino, adem\u00e1s, la figura del personaje central en ambos textos: el viejo hacendado Alonso Quijano, a quien \u201cdel poco dormir y del mucho leer, se le sec\u00f3 el celebro\u201d y le dio por convertirse en caballero andante y salir a los caminos a combatir el mal y ayudar a quien lo necesitase. Solo primero, y luego acompa\u00f1ado de Sancho Panza, labrador \u201cde poca sal en la mollera\u201d en el papel de su escudero, Don Quijote tiene, en las p\u00e1ginas escritas por Miguel de Cervantes, numerosas aventuras, que siguen con nosotros por su belleza, su humor y su humanidad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero las m\u00e1s de las veces, aun si estamos interesados en la literatura y en la obra de Cervantes, no pensamos con detenimiento en el significado de estas pocas palabras. Muy pocos libros \u201csiguen con nosotros\u201d del mismo modo que el Quijote. Nada permanece, como sabemos, y aun las historias m\u00e1s famosas y los hechos m\u00e1s tremendos de la historia ser\u00e1n olvidados y desaparecer\u00e1n. Pero lo m\u00e1s de cuanto se publica en cualquier momento dado de la historia se olvida de inmediato, se destruye y se pierde sin que pueda interesar a nadie m\u00e1s all\u00e1 de unos pocos d\u00edas o meses: pocos son los textos que son vueltos a leer luego de su primera aparici\u00f3n, y menos a\u00fan los que ganan la atenci\u00f3n de siglos de lectores.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Para comprender mejor este hecho, y por tanto la altura de lo que Cervantes logr\u00f3 en su obra cumbre, puede servir el examinar la fortuna del Quijote: la historia de c\u00f3mo se publica y vuelve a publicarse, c\u00f3mo sus personajes viajan por el mundo y por las lenguas, c\u00f3mo llama la atenci\u00f3n de toda clase de lectores.<\/p>\n<p>2<br \/>\nLa primera edici\u00f3n de la primera parte del Quijote (a la que se llama <em>editio princeps<\/em>, o edici\u00f3n pr\u00edncipe, en la jerga editorial) fue publicada en Madrid, en los primeros d\u00edas de 1605, en la imprenta de la calle de Atocha, una de los cuatro establecimientos de ese tipo que la ciudad ten\u00eda por entonces.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El encargado de hacer la edici\u00f3n fue Juan de la Cuesta, un impresor llegado de Segovia en 1599, quien trabaj\u00f3 sin duda a partir de un original armado de prisa, desigual y dif\u00edcil de leer. Cervantes tard\u00f3 varios a\u00f1os en escribir su libro, pero no debe olvidarse que lo escribi\u00f3 a mano, sin la ayuda de ninguna de las herramientas modernas a las que estamos habituados, y lo ensambl\u00f3 en su forma definitiva colocando en secuencia no s\u00f3lo materiales escritos en diferentes momentos \u2013y cambiando de parecer en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n sobre d\u00f3nde deb\u00edan ir\u2013 sino textos que no hab\u00edan sido concebidos originalmente para formar parte de una historia mayor (como la novela de <em>El curioso impertinente<\/em>, que se invoca desde la trama principal pero no tiene relaci\u00f3n directa con ella). Semejantes trabajos exigen siempre la redacci\u00f3n de \u201cparches\u201d: pasajes de conexi\u00f3n que unan un fragmento con el siguiente de modo que su lectura sea fluida, y tambi\u00e9n enmiendas que resuelvan confusiones e incongruencias; adem\u00e1s, una vez creados tales parches, era necesario que Cervantes mandara rehacer todo el manuscrito para dar al impresor (y a las varias autoridades encargadas de la censura) un original legible del mismo, hecho otra vez a mano pero por un copista profesional, experto en escribir letras de tama\u00f1o uniforme en renglones bien contados, que permitieran al impresor estimar la extensi\u00f3n del libro una vez impreso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El resultado de estos problemas es que la edici\u00f3n pr\u00edncipe de la parte primera del Quijote \u2013como ocurre, en menor medida, con la segunda\u2013 est\u00e1 llena de errores tipogr\u00e1ficos, producto de la prisa de de la Cuesta; de las dificultades, bien documentadas luego de siglos de estudios, que el copista debe haber tenido para descifrar la letra de Cervantes (quien, como observa el cervantista Francisco Rico, \u201cnunca marca la tilde del acento y a cada paso olvida el punto de la<em> i<\/em>\u201d), y del hecho de que Cervantes todav\u00eda hizo correcciones de \u00faltima hora sobre la transcripci\u00f3n del copista.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por lo dem\u00e1s, el volumen no pod\u00eda ser de los m\u00e1s hermosos de su tiempo: el papel era de mala calidad, amarillento y basto, e impreso con tipos viejos y gastados. Y, finalmente, aparecidos los 1,500 \u00f3 1,750 ejemplares del tiraje, algunos lectores de entonces deben haber advertido la falta de algunos de los materiales aleda\u00f1os que deb\u00edan contener las ediciones de entonces, como la autorizaci\u00f3n eclesi\u00e1stica y la civil del Consejo Real: en las prisas, las p\u00e1ginas correspondientes se extraviaron o no se hicieron nunca, al igual que la dedicatoria escrita por Cervantes al duque de B\u00e9jar (el libro tiene una dedicatoria, pero est\u00e1 hecha con fragmentos de textos del escritor Fernando de Herrera, probablemente reunidos por de la Cuesta).<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En promedio, seg\u00fan se sabe, la calidad de los trabajos en las imprentas espa\u00f1olas era m\u00e1s bien baja en aquella \u00e9poca, y el tomo \u2013664 p\u00e1ginas, hechas en 83 pliegos de papel\u2013 resulta m\u00e1s representativo que an\u00f3malo. Lo que no es en absoluto usual es la enorme popularidad que el Quijote se gana desde el comienzo. S\u00f3lo en 1605 se hicieron siete tirajes, y Cervantes lleg\u00f3 a ver 13 ediciones antes de su muerte en 1616, m\u00e1s traducciones al franc\u00e9s y al ingl\u00e9s. Ya en 1605 hay noticia de ejemplares tra\u00eddos a Am\u00e9rica, y tambi\u00e9n recuentos, provenientes de uno y otro lado del Atl\u00e1ntico, de c\u00f3mo Don Quijote y Sancho se volvieron no s\u00f3lo conocidas figuras literarias sino personajes populares. Hay testimonios de fiestas de todo tipo en las que interven\u00edan personas disfrazadas como ellos para alegrar a los asistentes con n\u00fameros c\u00f3micos o musicales; hay menciones del libro y de sus hechos en documentos provenientes de todos los \u00e1mbitos de la vida de su tiempo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En 1614, un escritor desconocido hasta hoy publica una falsa continuaci\u00f3n del Quijote: la firma con el nombre \u201cAlonso Fern\u00e1ndez de Avellaneda\u201d. Al saberlo, Cervantes acelera la preparaci\u00f3n de su propia segunda parte, y a partir del cap\u00edtulo L de la misma incluye numerosas burlas contra Avellaneda (quien, sin ser mal escritor, se muestra sumamente torpe y vulgar, incapaz de comprender a los personajes cervantinos). Pero no hace falta: el Quijote de Avellaneda tiene poqu\u00edsimos lectores a pesar de que la pr\u00e1ctica de continuar obras de otros era mucho m\u00e1s frecuente que hoy, y el nuevo libro de Cervantes lo supera y, literalmente, lo borra, hasta el punto de que no se reedita por m\u00e1s de un siglo y todav\u00eda hoy es considerado una mera curiosidad, el trabajo de un resentido muy inferior al verdadero creador de Don Quijote y Sancho. \u00c9stos, junto con los centenares de personajes que comparten o participan en sus idas y venidas por Espa\u00f1a, han quedado consagrados como grandes invenciones, pero sobre todo como criaturas entra\u00f1ables.<\/p>\n<p>3<br \/>\nA partir de este \u00e9xito, que no ha cesado todav\u00eda, proliferan las ediciones posteriores de ambas partes de la novela y tambi\u00e9n el crecimiento de los estudios cervantinos, as\u00ed como de obras relacionadas con la de Cervantes de diversas formas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El segundo grupo es un conjunto amplio y curioso, que empieza a crecer casi desde la misma publicaci\u00f3n del Quijote pero adquiere plena fuerza en el siglo XVIII, cien a\u00f1os despu\u00e9s de la muerte de Cervantes. Lo impulsa, desde luego, el hecho de que la novela sigue siendo le\u00edda entonces \u2013y es m\u00e1s popular incluso fuera de Espa\u00f1a que en su propio pa\u00eds\u2013, y se pregunta por la naturaleza precisa del genio de Cervantes, cuyo m\u00e9rito se consider\u00f3 por mucho tiempo el de un buen parodista pero no m\u00e1s: poco a poco se comienza a ver que algo debe haber en las dos partes de su libro que provoca tal inter\u00e9s a tanto tiempo de su composici\u00f3n, cuando la \u201cactualidad\u201d de sus asuntos y sus referencias se ha perdido y los libros de caballer\u00eda de los que se burla ya no son le\u00eddos por nadie.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Adem\u00e1s de que las t\u00e9cnicas literarias de Cervantes han influido sobre todos los novelistas venidos despu\u00e9s de \u00e9l, hasta el punto de que podemos considerar al Quijote la primera novela moderna, numerosos escritores usan a los personajes y las ideas de Cervantes del modo m\u00e1s diverso, desde la aparici\u00f3n de las dos partes de la novela <em>El caballero puntual <\/em> (1614  y 1619) de Alonso Jer\u00f3nimo de Salas Barbadillo, quien satiriza las ambiciones e \u00ednfulas de la nobleza espa\u00f1ola con estrategias literarias que imitan (aunque no igualen) las del Quijote. Entre incontables ejemplos posteriores, est\u00e1n la novela <em>Tartar\u00edn de Tarasc\u00f3n<\/em> de Alphonse Daudet, en la que el protagonista es una extra\u00f1a fusi\u00f3n de Don Quijote y Sancho; la <em>Vida de Don Quijote y Sancho de Miguel de Unamuno<\/em>, quien propone a los personajes como s\u00edmbolos complejos del destino de Espa\u00f1a y los entrevera tambi\u00e9n con su propia vida; el cuento \u201cPierre Menard, autor del Quijote\u201d de Jorge Luis Borges, una reflexi\u00f3n afilada y traviesa sobre la lectura que parte de imaginar la empresa imposible de volver a escribir el Quijote tal cual\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al mismo tiempo, acad\u00e9micos y estudiosos ensayan an\u00e1lisis de lo m\u00e1s diverso a partir del Quijote (literarios, sociol\u00f3gicos, pol\u00edticos\u2026, por no hablar de los libros que pretenden demostrar uno de los varios \u201cor\u00edgenes secretos\u201d que se han querido dar a Cervantes, o que la obra es una alegor\u00eda pol\u00edtica, religiosa o sobre el derecho laboral), y tambi\u00e9n procuran avanzar en dos tareas que se consideran imprescindibles. La primera es fijar el texto del Quijote, es decir, limpiarlo de erratas de tal modo que podamos leer la novela en una forma tan cercana como sea posible a la que Cervantes quiso darle originalmente. Desde luego, sabemos que esa forma no es la de la edici\u00f3n pr\u00edncipe por la combinaci\u00f3n ya descrita de apresuramientos y circunstancias desafortunadas; desde 1780, cuando apareci\u00f3 la primera edici\u00f3n corregida del Quijote con el aval de la Academia Espa\u00f1ola, se ha intentado repetidas veces, y con distintos criterios, encontrar todas las inadvertencias y equivocaciones y llevar al libro a esa forma ideal (que, por lo dem\u00e1s, no fue conocida por ninguno de sus lectores originales).<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La segunda tarea es glosar el Quijote: procurar que todos los t\u00e9rminos empleados en el texto se entiendan cabalmente, por medio de ediciones anotadas. \u00c9stas se proponen explicar los pasajes cuyo sentido pudo haber sido claro para los lectores del siglo XVII, pero que los de \u00e9pocas posteriores podemos considerar dif\u00edciles o hasta impenetrables.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las vidas de muchas personas, cervantistas por igual reconocidos y olvidados, se han dedicado a ambas labores, y durante siglos sus esfuerzos se han visto, en letra peque\u00f1a, en las notas de pie de p\u00e1gina de las numerosas ediciones cr\u00edticas del Quijote, que se editan constantemente y proponen a los lectores numerosas informaciones hist\u00f3ricas y literarias. No s\u00f3lo es \u00fatil o instructiva la lectura de estas notas: adem\u00e1s es, por s\u00ed misma, una experiencia fascinante, pues los cervantistas son en su mayor\u00eda gente apasionada por su tema y, por  as\u00ed decirlo, discuten entre ellos: desde los primeros, como el ingl\u00e9s John Bowle o el espa\u00f1ol Juan Antonio Pellicer, hasta algunos de los m\u00e1s influyentes todav\u00eda, como Francisco Rodr\u00edguez Mar\u00edn (quien hizo <em>cuatro<\/em> ediciones anotadas, cada una m\u00e1s vasta y profunda que la anterior, y es considerado el \u00faltimo gran maestro de los cervantistas actuales), no se limitan a explicar el significado de las palabras y las implicaciones sutiles en los di\u00e1logos, por ejemplo, sino que comentan las diferentes teor\u00edas sobre cada interpretaci\u00f3n, las elogian o \u2013en su caso\u2013 las atacan, y a veces en t\u00e9rminos sumamente exaltados o sarc\u00e1sticos. Las bibliotecas del mundo, y en especial de los pa\u00edses de habla espa\u00f1ola, tienen muchas muestras de estos debates silenciosos, entre personas de diferentes \u00e9pocas y lugares; s\u00f3lo en nuestra propia \u00e9poca se ha acallado un tanto el fervor de las anotaciones y se prefieren textos m\u00e1s breves y lac\u00f3nicos, que distraigan lo menos posible a los lectores. (De esta tendencia es ejemplo la m\u00e1s nueva edici\u00f3n cr\u00edtica del Quijote, patrocinada por la Asociaci\u00f3n de Academias de la Lengua Espa\u00f1ola para conmemorar el cuarto centenario).<\/p>\n<p>4<br \/>\nEn cuanto a las ediciones y traducciones del propio Quijote, s\u00f3lo podemos especular sobre su n\u00famero: si bien hay versiones famosas por una u otra causa, que son recordadas y marcan etapas en la historia de las publicaciones del Quijote, la mayor\u00eda se hace sin otra intenci\u00f3n que llevar el texto a sus lectores, no se distingue especialmente y no siempre puede ser recogida y catalogada: as\u00ed de r\u00e1pido se ha reproducido la novela durante los \u00faltimos cuatrocientos a\u00f1os.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En 1609, mientras la primera parte de la novela no deja de leerse en Espa\u00f1a, se publica en Francia su primera versi\u00f3n (abreviada y biling\u00fce), titulada <em>Homicidio de la infidelidad y defensa del honor<\/em> y destinada a la ense\u00f1anza del castellano. En 1612 aparece la primera traducci\u00f3n completa de la primera parte, hecha por Thomas Shelton. Y luego, como se dice, el diluvio: la famosa colecci\u00f3n Sed\u00f3, reunida por el empresario espa\u00f1ol Juan Sed\u00f3 Peris-Mencheta, conten\u00eda en 1959 un total de 2,047 versiones del Quijote publicadas entre el siglo XVII y el XX, contando 843 ediciones en castellano y traducciones a otros 52 idiomas, desde alem\u00e1n, franc\u00e9s o ingl\u00e9s hasta chino, tagalo, let\u00f3n e incluso esperanto. (Diez a\u00f1os m\u00e1s tarde, la colecci\u00f3n fue donada a la Biblioteca Nacional de Espa\u00f1a, donde creci\u00f3 hasta reunir 8,853 vol\u00famenes y 138 cajas de documentos diversos, desde op\u00fasculos hasta separatas de revistas.) Muchos de estos vol\u00famenes ofrecen sorpresas: ediciones en castellano, por ejemplo, hechas en Alemania o Inglaterra; transcripciones en taquigraf\u00eda (?); estudios de lo m\u00e1s peregrino o agregados curiosos como mapas con la posible ruta de Don Quijote a lo largo de sus salidas\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una exposici\u00f3n imposible, ut\u00f3pica, de todos los Quijotes del mundo incluir\u00eda adem\u00e1s el trabajo de ilustradores adeptos en todas las t\u00e9cnicas y todos los estilos, desde Gustave Dor\u00e9 (quien para muchos sigue siendo el que mejor supo representar los personajes y ambientes de la novela) hasta Salvador Dal\u00ed; ejemplares impresos con todas las t\u00e9cnicas y sobre todos los materiales conocidos, desde los Quijotes de de la Cuesta impresos con tipos m\u00f3viles y distribuidos sin encuadernar, como conjuntos de pliegos, hasta las s\u00f3lidas ediciones de bolsillo que se pueden encontrar en cualquier parte y en ocasiones viajan largos kil\u00f3metros por el mundo, o las impresiones de lujo, con todas las prendas del trabajo para bibli\u00f3filos (ejemplares numerados, primorosos grabados sobre el papel m\u00e1s fino, etc\u00e9tera); Quijotes hechos para distribuci\u00f3n masiva y tambi\u00e9n en ediciones diminutas, para regalar en ocasiones especiales; densas ediciones cr\u00edticas (las del gran cervantista Diego Clemenc\u00edn tienen notas para explicar sus notas) y refundiciones o res\u00famenes para ni\u00f1os; tomos del siglo XX que parecen del XVII, de tan gastados y amarillos, y al contrario, incunables que inspiran respeto pero se conservan de manera sorprendente\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La medida de la trascendencia de Cervantes se encuentra, entre otros sitios, en la riqueza y variedad de estos materiales. En este tiempo de cl\u00e1sicos instant\u00e1neos (porque cualquier cosa se vuelve popular con un poco de publicidad) en los que todo, por otro lado, termina desech\u00e1ndose (porque una vez terminada la campa\u00f1a de una cosa hay que empezar la de la siguiente, para que se venda), los libros-basura se acumulan por todas partes y languidecen por miles en librer\u00edas de viejo, se confunden con los desperdicios en los tiraderos, y sus t\u00edtulos y autores no dicen nada ni siquiera a quien los consumi\u00f3 pocos meses antes. En cambio, como las obras de Shakespeare, como la Biblia, como muy pocos libros, el Quijote de Cervantes contin\u00faa ramific\u00e1ndose en el mundo y en la imaginaci\u00f3n. Su fortuna es la de aquellas, sus muchas formas, que son inagotables e incesantes.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un art\u00edculo sobre la novela de Cervantes y su suerte perdurable.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":12270,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":false,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[1520],"tags":[153,5,25,1821,2855,10,2218,567],"class_list":["post-119","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-cuaderno","tag-el-baul","tag-el-libro-del-mes","tag-escritores","tag-libros","tag-literatura","tag-novela","tag-publicaciones-2","tag-resenas"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2016\/04\/v2cap42.gif","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-1V","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/119","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=119"}],"version-history":[{"count":7,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/119\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":14495,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/119\/revisions\/14495"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/12270"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=119"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=119"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=119"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}