{"id":11704,"date":"2015-06-22T18:27:23","date_gmt":"2015-06-22T23:27:23","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=11704"},"modified":"2016-10-26T10:19:20","modified_gmt":"2016-10-26T15:19:20","slug":"cronica-del-gran-reformador","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/cronica-del-gran-reformador\/","title":{"rendered":"Cr\u00f3nica del Gran Reformador"},"content":{"rendered":"<p>Este es un cuento emblem\u00e1tico de la ciencia ficci\u00f3n mexicana: con \u00e9l, su autor cre\u00f3 una imagen perdurable para\u00a0la imaginaci\u00f3n fant\u00e1stica nacional, pues\u00a0da la vuelta a numerosos prejuicios y complejos hist\u00f3ricos de la cultura de este pa\u00eds. Su premisa, mucho m\u00e1s poderosa de lo que har\u00eda suponer el estilo sencillo de la narraci\u00f3n, se resume en una pregunta: \u00bfqu\u00e9 habr\u00eda pasado si los aztecas hubieran conquistado Europa, y no al rev\u00e9s?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Con este cuento, Chavarr\u00eda (nacido en M\u00e9rida en 1950) obtuvo en 1985 el Premio Puebla de Cuento de Ciencia Ficci\u00f3n, que en su momento de mayor relevancia cre\u00f3 todo un movimiento de escritores mexicanos a su alrededor y lanz\u00f3 las carreras de al menos una docena de autores que siguen en actividad hasta hoy. Chavarr\u00eda \u2013escritor, editor, periodista e investigador esc\u00e9ptico, siempre dispuesto a criticar las ideas de los creyentes en ovnis y otros por el estilo\u2013 public\u00f3 tambi\u00e9n, entre otros libros, las novelas <em>Adamas<\/em> (1995) y <em>El mito del espejo negro<\/em> (1996). \u00abCr\u00f3nica del Gran Reformador\u00bb se public\u00f3 primero en la revista <em>Ciencia y desarrollo<\/em>, patrocinadora entonces del Premio Puebla, y luego ha sido reproducida en numerosas ocasiones.<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/06\/Chavarria.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"11705\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/cronica-del-gran-reformador\/chavarria\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/06\/Chavarria.jpg\" data-orig-size=\"600,701\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Chavarria\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/06\/Chavarria.jpg\" class=\"aligncenter  wp-image-11705\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/06\/Chavarria.jpg\" alt=\"Chavarria\" width=\"477\" height=\"587\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>CR\u00d3NICA DEL GRAN REFORMADOR<br \/>\nH\u00e9ctor Chavarr\u00eda<\/strong><\/p>\n<p><em>Nota a la primera edici\u00f3n completa:<\/em><br \/>\nLa circulaci\u00f3n clandestina del ep\u00edlogo de la obra de Eh\u00e9catl. <em>Lo que no fue<\/em>, publicada bajo el t\u00edtulo <em>Lo que s\u00ed fue<\/em>, dio lugar -en el pasado- a pol\u00e9micas amargas. Sea o no verdad lo que en ella se dice, importa poco en la actualidad; nuestra identidad de raza est\u00e1 muy por encima de sucesos tan antiguos como los que se relatan, por lo que no existe raz\u00f3n para clandestinidad alguna. Esta publicaci\u00f3n se hace directamente de los originales del autor contenidos en la Biblioteca Nacional del Gran Teocalli y se complementa con un fragmento de la conferencia dictada por Ahui Xocoyotzin, m\u00e1ximo catedr\u00e1tico de Historia y Leyenda de la Universidad de An\u00e1huac, 500 a\u00f1os atr\u00e1s, titulada \u201cVida y Obra del Gran Reformador\u201d.<\/p>\n<div align=right><em>El Editor<\/em><\/div>\n<p>* * *<\/p>\n<p>Eran cuatro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El m\u00e9dico que se odiaba a s\u00ed mismo por haber sido incapaz de salvar al paciente que m\u00e1s le importaba en el mundo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El escritor, frustrado por no poder hallar las palabras adecuadas para narrar sus sue\u00f1os.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El ingeniero que so\u00f1aba con el dise\u00f1o perfecto a sabiendas de que no lograr\u00eda realizarlo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El socorrista que no hab\u00eda podido salvar la vida de su mejor amigo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Estaban en el Popocat\u00e9petl, atados a la misma cuerda y en la ruta central. Descend\u00edan cuando los golpe\u00f3 el rayo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Quiz\u00e1 no fue un rayo, pero los derrib\u00f3 hacia la negrura despu\u00e9s del blanco deslumbrante. Sin aviso previo, sin advertencia de tormenta el\u00e9ctrica. Un rayo seco. Pero&#8230; \u00bffue un rayo?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cayeron desde el arranque de la grieta hacia las rampas, golpearon el hielo y luego una capa de nieve compacta. En la fracci\u00f3n de segundo que sigui\u00f3 pasando de la oscuridad absoluta a la claridad normal, los cuatro lograron frenar su ca\u00edda usando los piolets como anclas. Cuando ces\u00f3 el tintineo del equipo zarandeado, s\u00f3lo hubo silencio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El primero en reaccionar fue el m\u00e9dico, quiz\u00e1s el m\u00e1s neur\u00f3tico de los cuatro. De un manotazo se limpi\u00f3 la nieve de la cara y mir\u00f3 a su alrededor, mascullando maldiciones a trav\u00e9s de su barba rubia. Un poco m\u00e1s abajo le contestaron las palabrotas del escritor. Los otros guardaban silencio. El m\u00e9dico, alto y musculoso, y el escritor, peque\u00f1o y delgado, se incorporaron y miraron perplejos a su alrededor. La monta\u00f1a, por alguna raz\u00f3n, se ve\u00eda sutilmente diferente: M\u00e1s llena de nieve, m\u00e1s luminosa&#8230;; las piedras de Nexpayantla, extra\u00f1as. Los dos, a pesar de ser parlanchines, se quedaron callados, aferrados a sus piolets, mirando hacia el mismo sitio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 Tlamacas? \u2014exclam\u00f3 el escritor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Esto no es el Popocat\u00e9petl! \u2014grit\u00f3 el m\u00e9dico como si maldijera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Todos miraron hacia abajo y guardaron silencio. No hab\u00eda instalaciones alpinas; en vez del albergue, casetas y estacionamiento, s\u00f3lo se ve\u00edan pinos y una leve neblina.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Siempre ocurren cosas raras cuando cuatro se amarran a una sola cuerda \u2014coment\u00f3 el ingeniero mientras se ajustaba la mochila.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los otros tres le lanzaron miradas homicidas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Imb\u00e9cil! \u2014aull\u00f3 el m\u00e9dico.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfEst\u00e1s ciego, tarado? \u2014gru\u00f1\u00f3 el escritor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Mejor lo discutimos en sitio seguro \u2014recomend\u00f3 el socorrista.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pero vamos en dos cordadas \u2014insisti\u00f3 el ingeniero\u2014. No quiero caerme otra vez.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Media hora despu\u00e9s, confundidos a\u00fan m\u00e1s, hab\u00edan comprobado la inexistencia de refugios de alta monta\u00f1a, huellas de personas o grupos de monta\u00f1istas a lo lejos. Tampoco hab\u00eda huellas del refugio de Texcalco. La monta\u00f1a estaba limpia salvo el persistente olor a azufre; por ninguna parte se ve\u00edan se\u00f1ales de contaminaci\u00f3n. El ingeniero no hab\u00eda dejado de hablar acerca de la pureza del aire, la ausencia de poluci\u00f3n y expresiones similares. Sol\u00eda ponerse as\u00ed cuando estaba nervioso. Instintivamente, los cuatro miraban hacia el noroeste, donde grandes c\u00famulos ocultaban el Valle de M\u00e9xico.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Hace 15 d\u00edas estuve aqu\u00ed y todo era normal \u2014dijo uno.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Yo tambi\u00e9n \u2014respondi\u00f3 otro, pero despu\u00e9s del rayo nada parec\u00eda igual.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Se me ocurre una idea! \u2014intervino el ingeniero.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero, entonces, las nubes se apartaron un poco y limpiaron el cielo sobre el valle. Los cuatro se quedaron helados confirmando algo que ya sospechaban, pero que ninguno deseaba aceptar. Alguien gimi\u00f3 y hubo maldiciones masculladas m\u00e1s que expresiones de sorpresa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Limpia, esplendorosa en medio del gran lago, brillaba al sol Tenochtitl\u00e1n.<\/p>\n<p>* * *<\/p>\n<p>Tres d\u00edas m\u00e1s tarde, cansados, hambrientos y desalentados, permanec\u00edan agazapados entre las rocas de la cumbre. Ignoraban a ciencia cierta la fecha en la que estaban; s\u00f3lo sab\u00edan que Tenochtitl\u00e1n \u2013y eso era una suposici\u00f3n\u2013 a\u00fan no era una ruina desierta y que estaba resistiendo un asedio que s\u00f3lo pod\u00eda provenir de Cort\u00e9s y sus aliados. Hab\u00edan vuelto a trepar, aunque lo correcto hubiera sido lo contrario, porque sent\u00edan que en la cumbre estaban m\u00e1s cerca del mundo que conoc\u00edan, aislados en una peque\u00f1a c\u00e1psula del siglo XX junto a sus tiendas isot\u00e9rmicas. Poco m\u00e1s arriba de Tlamacas, se mov\u00eda una hilera de hombres y los cuatro se turnaban en los binoculares para examinarlos. La columna parec\u00eda tratar de encontrar una ruta de acceso al cr\u00e1ter.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Son espa\u00f1oles y macehuales, no es una procesi\u00f3n religiosa \u2014dijo el escritor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pero, \u00bfa qu\u00e9 vienen? \u2014dijo el m\u00e9dico\u2014 \u00bfObservaci\u00f3n militar?, \u00bfreconocimiento? No creo que est\u00e9n paseando.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Quiz\u00e1 buscan azufre, con \u00e9l pueden fabricar p\u00f3lvora \u2014intervino el ingeniero.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014La historia \u2014argument\u00f3 el socorrista\u2014 dice que lo hicieron, pero fue despu\u00e9s de la ca\u00edda de Tenochtitlan. Subieron dos capitanes o soldados de Cort\u00e9s. Diego de Ordaz y Monta\u00f1o.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014La historia es muy vaga al respecto \u2014dijo el escritor\u2014. Quiz\u00e1 los espa\u00f1oles no quisieron admitir que necesitaron p\u00f3lvora antes. En todo caso no podemos bajar a preguntarles.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pero, tarde o temprano \u2014dijo el socorrista\u2014, tendremos que bajar; no podemos quedarnos aqu\u00ed para siempre. Si vamos a hablar con alguien ser\u00e1 mejor con los espa\u00f1oles. Por lo menos ellos podr\u00e1n entendernos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed \u2014gru\u00f1\u00f3 el escritor\u2014. Tambi\u00e9n pueden invitarnos a ser parte de una hoguera, no olvides c\u00f3mo pensaban. Prefiero a los tenochcas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Lo que ocurre es que t\u00fa est\u00e1s enamorado de las causas perdidas \u2014intervino el ingeniero\u2014. Los aztecas perdieron la guerra y su mundo se derrumb\u00f3. Lo sabemos todos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Eso importa poco hoy! \u2014grit\u00f3 el escritor\u2014 \u00a1Soy mexicano y si tuviera que pelear lo har\u00eda de parte de mis antepasados y no de unos invasores!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Recuerda que los espa\u00f1oles tambi\u00e9n son nuestros antepasados&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfTe das cuenta de lo que propones? \u2014intervino el m\u00e9dico con los ojos s\u00fabitamente brillantes, aunque su voz era tranquila\u2014 Si intervenimos del lado mexica cambiar\u00edamos la historia, \u00bfo no?&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Perder\u00edamos nuestro mundo \u2014musit\u00f3 el socorrista.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfNo lo hemos perdido ya? \u2014inquiri\u00f3 el m\u00e9dico.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El escritor mir\u00f3 a sus compa\u00f1eros uno por uno, fijamente; tambi\u00e9n sus ojos ten\u00edan un brillo especial. Cuando habl\u00f3 lo hizo con voz profunda, serio, sin atisbos de la burla tan habitual en \u00e9l.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ustedes, \u00bfno han so\u00f1ado alguna vez ser dioses? \u00bfNo se les ha ocurrido que los pueblos de Am\u00e9rica merec\u00edan mejor suerte?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Volvi\u00f3 a tomar los binoculares mientras sus compa\u00f1eros discut\u00edan acaloradamente. Estaba moment\u00e1neamente tranquilo despu\u00e9s de decir lo que pensaba. Fue una discusi\u00f3n violenta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando cay\u00f3 la noche, los hombres en la monta\u00f1a se refugiaron para esperar el nuevo d\u00eda, pero los que estaban arriba sab\u00edan ahora algo nuevo: que no pod\u00edan seguir donde estaban, que tendr\u00edan que bajar o morir arriba, que seguramente jam\u00e1s regresar\u00edan a su tiempo, que estaban en la encrucijada de dos mundos y que su presencia podr\u00eda hacer oscilar la balanza a favor de uno. Tambi\u00e9n hab\u00edan tomado una determinaci\u00f3n. Ignoraban el precio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El escritor dedic\u00f3 pensamientos a la gente que amaba, ahora tan lejana, a sus libros y a su obra inconclusa. Puli\u00f3 sus esqu\u00edes cortos y pens\u00f3 en la cuesta que bajar\u00eda al d\u00eda siguiente. Renunci\u00f3 al tormento que era pensar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El socorrista permaneci\u00f3 largo tiempo fuera de la tienda, contemplando su monta\u00f1a y pensando en su familia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El ingeniero se exprimi\u00f3 el cerebro buscando soluciones mientras limpiaba el rev\u00f3lver 44 que siempre le acompa\u00f1aba en la monta\u00f1a.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El m\u00e9dico estaba seguro de encontrarse en el sitio adecuado y en el momento preciso. Us\u00f3 la luz menguante de su linterna de pilas para revisar la autom\u00e1tica 45 y pens\u00f3 sin amargura \u2013como soltero y aventurero que era\u2013, que pod\u00eda mandar al diablo un mundo sin temor. Con ligeros matices era muy parecido al escritor. Se meti\u00f3 en su bolsa de dormir y descans\u00f3 sin sue\u00f1os.<\/p>\n<p>* * *<\/p>\n<p>Los ocho espa\u00f1oles abandonaron la seguridad de la arena con las primeras luces y comenzaron a trepar trabajosamente por la nieve. Ten\u00edan miedo, pues las monta\u00f1as eran sitios donde moraba el maligno y aqu\u00e9lla, con su persistente olor a azufre, parec\u00eda ser una de sus predilectas. Si su capit\u00e1n general no les hubiera ordenado ir, no estar\u00edan ah\u00ed, pero necesitaban la p\u00f3lvora para sostener el asedio y triunfar. Ten\u00edan miedo, pero eran soldados y cumpl\u00edan \u00f3rdenes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El escritor, muy a su pesar, tuvo que admitir que ten\u00eda miedo. Una cosa es decidirse a luchar y otra hacerlo. Ten\u00eda la boca seca y el est\u00f3mago acalambrado. Ni hablar, dado que \u00e9l era quien mejor esquiaba, se hab\u00eda sacado el premio gordo&#8230; El monta\u00f1ista tambi\u00e9n calzaba esqu\u00edes y estaba a 150 metros de ah\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Miedo, miedo sordo y constante. Ninguno de los cuatro hab\u00eda combatido cuerpo a cuerpo, \u00e9l y el m\u00e9dico eran aficionados al karate, pero ahora las cosas iban en serio. Por contra, el escritor estaba seguro de que los espa\u00f1oles s\u00ed eran buenos en combate. Era una cosa enloquecedora y en aquel momento la habr\u00eda abandonado de no ser ya inevitable. Su arma m\u00e1s confiable era la sorpresa, el miedo y superstici\u00f3n de aqu\u00e9llos. Quiz\u00e1&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ten\u00edan que paralizar a los otros con su presencia, de lo contrario ser\u00edan hombres muertos. El escritor tom\u00f3 una bocanada de aire helado y raqu\u00edtico, y sopl\u00f3 con fuerza el silbato mientras saltaba hacia la pendiente con movimientos fluidos. El descenso lo llev\u00f3 r\u00e1pidamente en una fulgurante diagonal hasta que, haciendo una cristian\u00eda, cambi\u00f3 de direcci\u00f3n. Esperaba que los de abajo no fueran muy buenos con los arcabuces&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El socorrista salt\u00f3 tras \u00e9l lanzando un grito. Dos figuras fuera de \u00e9poca vestidas con ropas brillantes, multicolores.<\/p>\n<p>* * *<\/p>\n<p>Los espa\u00f1oles se sobresaltaron por el ruido del silbato, jam\u00e1s o\u00eddo antes; pero lo que sigui\u00f3 fue peor. Unos instantes antes, la monta\u00f1a estaba desierta; de pronto, surgi\u00f3 una figura de pesadilla acerc\u00e1ndose a ellos. Con aterrada fascinaci\u00f3n miraron aquello que no correspond\u00eda a sus marcos de conocimiento. Otro similar apareci\u00f3 tras el primero. Ambos bajaban a velocidades imposibles para ser personas. En vez de piel ten\u00edan unas envolturas brillantes y holgadas; sus ojos eran enormes y oscuros, y la parte superior de sus cabezas era de color brillante y sin pelo. Ten\u00edan grandes pies que les permit\u00edan resbalar sobre la nieve y sus brazos estaban terminados en puntas met\u00e1licas. El primero emit\u00eda silbidos terribles. \u00a1Eran demonios de las nieves, siervos de Sat\u00e1n!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero, demonios o no, los espa\u00f1oles prepararon sus armas. Un arcabuz fue disparado, pero la mano que lo sosten\u00eda no estaba firme. Tras los europeos se incorporaron inadvertidas, otras dos figuras igualmente extra\u00f1as. Empu\u00f1aban armas de fuego y sus manos s\u00ed estaban firmes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La descarga r\u00e1pida y a corta distancia hizo saltar a los europeos como mu\u00f1ecos rotos. Antes de que pudieran reaccionar lleg\u00f3 hasta ellos la primera figura deslizante.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El escritor solt\u00f3 los bastones y empu\u00f1\u00f3 el corto martillo piolet como hacha de combate. Ante \u00e9l estaba un espa\u00f1ol de cara rubicunda y ojos desorbitados&#8230; Ten\u00eda un espad\u00f3n de aspecto maligno parcialmente levantado y&#8230; no hubo tiempo de m\u00e1s, con un grito el escritor lo embisti\u00f3. Estrell\u00f3 la maza del martillo en aquella cara y perdi\u00f3 el equilibrio para estrellarse, esqu\u00edes por delante, contra las piernas de un arcabucero. El socorrista embisti\u00f3 al desconcertado grupo con los bastones como lanzas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Con una mueca de ferocidad, el m\u00e9dico meti\u00f3 otro cargador en la 45 y corri\u00f3 a participar en la matanza&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hubo algunas detonaciones, gritos y la nieve se ti\u00f1\u00f3 de escarlata. El ingeniero mir\u00f3 la carnicer\u00eda e hizo un esfuerzo para no vomitar, pero fracas\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El silencio que sigui\u00f3 fue peor. Un cuervo grazn\u00f3 arriba, alguien emiti\u00f3 un quejido lastimero. El m\u00e9dico rebas\u00f3 a un espa\u00f1ol acuclillado con un balazo en el vientre y con una maldici\u00f3n, estrell\u00f3 su bota armada de crampones en su nuca. El quejido ces\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El escritor se desprendi\u00f3 del \u00fanico esqu\u00ed que conservaba y se apoy\u00f3 en el piolet para subir; su mano se llen\u00f3 de sangre y de masa encef\u00e1lica. Con una mueca de disgusto fue hacia los otros.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfEst\u00e1n todos bien? \u2014interrog\u00f3 una voz.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El socorrista trat\u00f3 de hablar con uno de los heridos; mientras \u00e9ste pon\u00eda los ojos en blanco, el m\u00e9dico se lo arrebat\u00f3 y le fractur\u00f3 el cuello con un golpe de pistola.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Viva An\u00e1huac! \u2014rugi\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Viva An\u00e1huac! \u2014respondi\u00f3 el escritor sin entonaci\u00f3n. Era grotesco \u2013pens\u00f3\u2013 estar en el siglo XV mirando a hombres que \u00e9l, s\u00f3lo \u00e9l, hab\u00eda asesinado. Hab\u00eda sido su idea. Se sinti\u00f3 vac\u00edo.<\/p>\n<p>* * *<\/p>\n<p>Los macehuales que permanec\u00edan abajo vieron huir al resto de os espa\u00f1oles ante las brillantes figuras que descend\u00edan. Uno que no fue muy r\u00e1pido cay\u00f3 fulminado por el trueno que surgi\u00f3 de la mano de uno de aquellos dioses de la monta\u00f1a.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los nativos examinaron a quienes bajaban con una mezcla de temor y reverencia. Vest\u00edan con colores m\u00e1s brillantes que las pinturas sacerdotales y refulg\u00edan al Sol como encarnaciones de dioses poderosos. \u00bfSer\u00edan los verdaderos? Aqu\u00e9llos que parec\u00edan haber abandonado a su raza a favor de los hombres blancos y barbados. \u00bfSer\u00edan la respuesta a las ocultas plegarias de muchos? Una cosa era clara: Aunque un tanto similares a los teules no estaban con ellos: Los mataban.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se inclinaron ante los cuatro cuando estuvieron a su lado y despu\u00e9s, t\u00edmidamente, preguntaron qui\u00e9nes eran. El m\u00e1s alto, el que vest\u00eda enteramente de azul, color del sacrificio, se adelant\u00f3 y, abarcando con un adem\u00e1n a los dem\u00e1s y a \u00e9l mismo, pronunci\u00f3 una sola palabra, fuerte, como una promesa de resurgimiento:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Quetzalc\u00f3atl!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los macehuales emitieron murmullos de veneraci\u00f3n y se inclinaron nuevamente, honr\u00e1ndolos. Fue por eso que no captaron las sonrisas de triunfo del m\u00e9dico y del escritor. Faltaba un largo e incierto camino hacia el triunfo, pero era un buen comienzo. Ninguno de los dos se sent\u00eda particularmente molesto por el hecho de ser considerados dioses. De hecho, les encantaba&#8230;<\/p>\n<p>* * *<\/p>\n<p><strong>VIDA Y OBRA DEL GRAN REFORMADOR<\/strong><br \/>\n(Fragmento)<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Es muy obvio para todos los interesados seriamente en la Historia que la personalidad del Gran Reformador no ten\u00eda nada de divina. Que, aunque se dio el t\u00edtulo de dios, lo hizo para alcanzar mejor sus fines. Es obvio tambi\u00e9n que su intervenci\u00f3n result\u00f3 definitiva en el curso de la guerra; aunque no faltan quienes se empe\u00f1an en atribuir a An\u00e1huac fuerzas suficientes para derrotar a Cort\u00e9s, nuestros ej\u00e9rcitos hab\u00edan llegado al l\u00edmite de su resistencia y s\u00f3lo la carencia de p\u00f3lvora hizo retroceder a nuestros enemigos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ese detalle crucial fue obra de ellos, del Gran Reformador y los suyos. Sorprendente, porque cuatro hombres mucho lograron por s\u00ed solos. Y eran hombres, no dioses. Todos ellos llegaron a edades avanzadas, pero murieron igual que cualquier otro, envejecieron y tuvieron achaques a pesar de su vigor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sin embargo, sus actos consignados por la historia no est\u00e1n a discusi\u00f3n; el enigma lo conforma su origen. Ninguno lleg\u00f3 con los invasores, simplemente aparecieron de la nada. Bajaron de la monta\u00f1a sagrada como dioses de otro mundo. Se dijo que lo eran, pero los estudios realizados por nuestras sondas demuestran que no existe vida inteligente en este sistema planetario. Bajaron de la monta\u00f1a, eso dice la leyenda. Pose\u00edan vastos conocimientos y los aplicaron en nuestro favor. Ten\u00edan el don de adivinar el futuro, o por lo menos se les atribuye, y un indiscutible genio militar, t\u00e9cnico y de improvisaci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Muchas de las cosas que hicieron siguen siendo enigma, pero con su ciencia, sus costumbres y su personalidad influyeron definitivamente en la formaci\u00f3n de nuestra cultura y civilizaci\u00f3n. Parec\u00edan ser ajenos a nosotros, pero extra\u00f1amente ligados a nuestro destino; s\u00f3lo as\u00ed puede explicarse que asumieran las responsabilidades del mando supremo. Emprendieron brillantes campa\u00f1as que parec\u00edan descabelladas, pero jam\u00e1s fueron derrotados. Supieron ganarse la confianza de nuestra gente y preparar buenos asistentes y guerreros osados casi hasta la locura. Esos guerreros, empu\u00f1ando armas dise\u00f1adas por los cuatro misteriosos, pusieron de rodillas a ej\u00e9rcitos muy superiores en n\u00famero. La conquista de los reinos b\u00e1rbaros de Europa es el ejemplo m\u00e1s claro. S\u00f3lo diez a\u00f1os para vencer&#8230; No cabe duda que inventaron armas terribles: cohetes, psicolog\u00eda, virus.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nos dejaron como herencia sus postulados t\u00e9cnicos, cient\u00edficos, filos\u00f3ficos y su literatura. Mucho de todo esto a\u00fan est\u00e1 sujeto a pol\u00e9mica entre las ramas laicas y teol\u00f3gicas de investigaci\u00f3n. \u00a1Qu\u00e9 tesoro de material!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mucho de lo anterior, especialmente lo t\u00e9cnico, ha sido ampliamente superado; otras cosas resultaron in\u00fatiles y otras imposibles de aplicar. El enigma sigue vigente: \u00bfC\u00f3mo cuatro hombres pudieron reunir semejante volumen de informaci\u00f3n?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Entre lo comprensible, aplicable y superador est\u00e1n las consideraciones filos\u00f3ficas y las matem\u00e1ticas, los manuales de guerra, la medicina y la higiene. La obra literaria es capaz de volver loco a cualquiera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Esto nos lleva al an\u00e1lisis de dos de ellos: Aqu\u00e9l que tom\u00f3 para s\u00ed el nombre de Eh\u00e9catl y el propio Gran Reformador. Ellos fueron los \u00faltimos en partir hacia el Mictl\u00e1n que llamaban la gran negrura, los indiscutibles l\u00edderes del equipo, como se llamaban entre ellos. Fueron compa\u00f1eros inseparables, mucho m\u00e1s mundanos y alegres que los otros dos; por igual bravos en la guerra y en las emociones. De los dos fue Eh\u00e9catl el que pareci\u00f3 dominado, en los \u00faltimos a\u00f1os de su vida, por el af\u00e1n de aclarar el origen de los cuatro. \u00a1C\u00f3mo escribi\u00f3 ese hombre! Su pluma s\u00f3lo pod\u00eda compararse con su lengua.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El y el Gran Reformador se pasaban horas discutiendo sobre los m\u00e1s variados temas, para pesadilla de sus oyentes. Se quejaban, insultaban y se burlaban de todo. Se dice que aquello era parte de la ense\u00f1anza que deseaban transmitirnos, pero algunos irreverentes afirman que s\u00f3lo lo hac\u00edan por divertirse.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Eh\u00e9catl -sirva como ejemplo- dej\u00f3 constancia de cosas tan nimias como recetas de cocina, apuntes para manuales de sexolog\u00eda y chistes -incomprensibles todos-, apuntes m\u00e1s serios sobre estrategia, artes marciales, la ley del amparo y la legislaci\u00f3n del divorcio. Su estilo en broma -ten\u00eda una imaginaci\u00f3n tremenda- est\u00e1 salpicado de barbaridades inexplicables como Coca-Cola, pizza, sistema de transporte colectivo, circuito interior, etc\u00e9tera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00c9l fue, con mucho, el m\u00e1s fascinante de los cuatro. Protagoniz\u00f3 tremendos esc\u00e1ndalos a causa de sus muchas mujeres, tuvo montones de hijos, hay quien dice que centenares -teol\u00f3gicamente esto es blasfemo-, tuvo pleitos cotidianos con los sacerdotes y orden\u00f3 o tom\u00f3 en sus manos la aniquilaci\u00f3n de muchos. Junto con el Gran Reformador y para horror de los te\u00f3logos actuales, organiz\u00f3 fenomenales borracheras con un bebestrijo de su invenci\u00f3n llamado ron. Algunos seguidores m\u00edsticos actuales han tomado estas costumbres como ritual para entrar en contacto con los dioses.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las motivaciones de su obra literaria oscilan entre el desencanto y aguda nostalgia de oscuros motivos y la alegr\u00eda desenfrenada por un triunfo. Abunda en afirmaciones, casi arengas, a la justicia de la gran obra, aunque a veces parece haber tristeza en sus aseveraciones.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La \u00faltima aportaci\u00f3n a la literatura de este ser fascinante fue una obra pol\u00e9mica, fruto, seg\u00fan algunos, de senilidad y deterioro mental y, seg\u00fan otros, de un \u00faltimo chispazo de genio. Escribi\u00f3 una novela con la que cre\u00f3 un g\u00e9nero al que llam\u00f3 ciencia-ficci\u00f3n \u2013el significado de \u00e9sto a\u00fan arranca gemidos a los ling\u00fcista\u2013, a la que titul\u00f3 Lo que no fue.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Con su peculiar estilo chispeante e irreverente. Eh\u00e9catl cre\u00f3 la historia ca\u00f3tica de un mundo imposible, una visi\u00f3n demencial con una l\u00f3gica interna caracter\u00edstica desde entonces del g\u00e9nero. La acci\u00f3n se desarrolla en parte del actual territorio de An\u00e1huac, en un pa\u00eds que a ratos se antoja un para\u00edso y en otros un infierno. Un sitio progresista y atrasado a la vez, contradictorio; lleno de riquezas mal aprovechadas y de personas creativas, ambiciosas, torpes, ingeniosas y soeces. Un pa\u00eds de cuento de horror, o de hadas, lleno de peligros y emociones, frustraciones y placeres. Un sitio llamado M\u00e9xico.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Obra enorme y compleja, Lo que no fue tiene una estructura clara, como desarrollo de una extrapolaci\u00f3n monumental, pero est\u00e1 incompleta pues la acci\u00f3n, poco antes de lo que debi\u00f3 ser el desenlace, termina s\u00fabitamente en un rengl\u00f3n \u00fanico que reza: \u201cEran cuatro\u201d.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfNo termin\u00f3 Eh\u00e9catl? En todo caso, la obra s\u00f3lo fue conocida a\u00f1os despu\u00e9s de su muerte; antes de eso hab\u00eda sido celosamente guardada&#8230; Se dice, sin que pueda demostrarse, que fue descubierta y publicada por error. Esto, como tantas otras cosas relacionadas con la vida y la obra de los reformadores, oscila entre la verdad y la leyenda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Hay un \u00faltimo misterio. Algunos eruditos respetables afirman que s\u00ed termin\u00f3 la obra y que el faltante es de apenas unas p\u00e1ginas. Que estas p\u00e1ginas son guardadas \u2013bajo pena de muerte\u2013 en la biblioteca del Gran Teocalli para evitar un colapso en nuestra identidad de raza. Se dice que en esas pocas p\u00e1ginas originales se encuentra la soluci\u00f3n al enigma m\u00e1s grande de nuestra historia. Con evidente humor negro, se insiste en que la raz\u00f3n del secreto es que en ellas se dice&#8230; \u00a1la verdad!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfExiste tal ep\u00edlogo? Se ha tratado de relacionar con este oscuro texto m\u00edtico las \u00faltimas palabras de Eh\u00e9catl en su lecho de muerte. Las palabras son conocidas hasta por los ni\u00f1os de pre-calpulli: \u201c\u00bfUstedes, no han so\u00f1ado alguna vez ser dioses? \u00bfNo se les ha ocurrido que los pueblos de Am\u00e9rica merec\u00edan mejor suerte?\u201d<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La historia consigna que Eh\u00e9catl, antes de morir, lanz\u00f3 una carcajada&#8230;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento emblem\u00e1tico de la ciencia ficci\u00f3n mexicana, escrito por H\u00e9ctor Chavarr\u00eda.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":11705,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[99,2843,22,198,2842,2855,2291,2844],"class_list":["post-11704","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-ciencia-ficcion","tag-cronica-del-gran-reformador","tag-cuento","tag-escritores-mexicanos","tag-hector-chavarria","tag-literatura","tag-literatura-de-imaginacion","tag-premio-puebla"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/06\/Chavarria.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-32M","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11704","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=11704"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11704\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":11710,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11704\/revisions\/11710"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/11705"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=11704"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=11704"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=11704"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}