{"id":11584,"date":"2015-05-19T22:34:25","date_gmt":"2015-05-20T03:34:25","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=11584"},"modified":"2025-08-25T22:29:40","modified_gmt":"2025-08-26T04:29:40","slug":"el-presidente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/el-presidente\/","title":{"rendered":"El presidente"},"content":{"rendered":"<p>El estadounidense <a href=\"http:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Donald_Barthelme\">Donald Barthelme<\/a> (1931-1989) fue en su d\u00eda uno de los narradores m\u00e1s influyentes y <a href=\"http:\/\/www.nytimes.com\/1981\/09\/16\/garden\/donald-barthelme-s-complex-world.html\">pol\u00e9micos<\/a> de su pa\u00eds. Tambi\u00e9n fue un adelantado: mucho de lo m\u00e1s interesante del cuento actual se acerca a lo escrito por \u00e9l. Lejos de conformarse con contar una historia de modo r\u00e1pido y eficaz, sus cuentos <a href=\"http:\/\/www.theguardian.com\/books\/booksblog\/2009\/apr\/01\/donald-barthelme-short-story\">experimentan<\/a> con la forma de la narraci\u00f3n breve y dejan de lado muchos de los detalles \u00abveros\u00edmiles\u00bb que se aprenden a esperar de narraciones convencionales. Un narrador actual af\u00edn a su humor (tambi\u00e9n una constante de su trabajo) podr\u00eda ser <a href=\"http:\/\/www.newyorker.com\/books\/page-turner\/fiction-podcast-etgar-keret-reads-donald-barthelme\">Etgar Keret<\/a>: en ambos hay los mismos sucesos desconcertantes y afincados en lo aparentemente cotidiano.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abThe President\u00bb fue publicado en 1964 en la revista <em>The New Yorker<\/em> y luego en el libro <em>Unspeakable Practices, Unnatural Acts<\/em> (1968); la traducci\u00f3n que se reproduce aqu\u00ed con unas pocas modificaciones es la de Jos\u00e9 Manuel \u00c1lvarez y \u00c1ngela P\u00e9rez para la versi\u00f3n en espa\u00f1ol del libro, publicada por Anagrama en 1972. El presidente que aparece en la historia \u2013impreciso, acaso inapropiado para el puesto, y a cuyo alrededor ocurren peque\u00f1as, extra\u00f1as cat\u00e1strofes\u2013 puede acercarse, aunque sea s\u00f3lo por azar, a gobernantes actuales\u2026<\/p>\n<figure id=\"attachment_16932\" aria-describedby=\"caption-attachment-16932\" style=\"width: 1000px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/05\/DonaldBarthelme.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"16932\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/el-presidente\/donaldbarthelme\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/05\/DonaldBarthelme.jpg\" data-orig-size=\"1000,794\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;1&quot;}\" data-image-title=\"DonaldBarthelme\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"&lt;p&gt;Donald Barthelme (&lt;a href=&quot;https:\/\/www.theparisreview.org\/interviews\/3228\/the-art-of-fiction-no-66-donald-barthelme&quot;&gt;fuente&lt;\/a&gt;)&lt;\/p&gt;\n\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/05\/DonaldBarthelme.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/05\/DonaldBarthelme.jpg\" alt=\"Donald Barthelme\" width=\"1000\" height=\"794\" class=\"size-full wp-image-16932\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/05\/DonaldBarthelme.jpg 1000w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/05\/DonaldBarthelme-300x238.jpg 300w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/05\/DonaldBarthelme-504x400.jpg 504w\" sizes=\"auto, (max-width: 1000px) 100vw, 1000px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-16932\" class=\"wp-caption-text\">Donald Barthelme (<a href=\"https:\/\/www.theparisreview.org\/interviews\/3228\/the-art-of-fiction-no-66-donald-barthelme\">fuente<\/a>)<\/figcaption><\/figure>\n<p><strong>EL PRESIDENTE<br \/>\nDonald Barthelme<\/strong><\/p>\n<p>A m\u00ed no me cae del todo simp\u00e1tico el nuevo Presidente. Es, sin duda, un tipo extra\u00f1o (s\u00f3lo mide un metro veinte hasta el hombro). Pero \u00bfbasta con decir extra\u00f1o? Se lo dije a Sylvia: \u00ab\u00bfBasta con decir extra\u00f1o?\u00bb \u00abTe amo\u00bb, dijo Sylvia. Yo la mir\u00e9 con mis ojos cari\u00f1osos y c\u00e1lidos. \u00ab\u00bfTu pulgar?\u00bb, dije. Uno de sus pulgares era un desastre de cicatrices de peque\u00f1os ara\u00f1azos. \u00abLas tapas de las latas de cerveza\u00bb, dijo. \u00abEs un <em>tipo extra\u00f1o<\/em>, desde luego. Tiene alg\u00fan carisma m\u00e1gico que hace que la gente &#8230; \u00bb Par\u00f3 y empez\u00f3 de nuevo. \u00abCuando la banda inici\u00f3 su himno de batalla \u00abStruttin&#8217; with Sorne Barbecue\u00bb, yo precisamente&#8230; no puedo&#8230; \u00bb<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La oscuridad, la extra\u00f1eza y la complejidad del nuevo Presidente han conmovido a todo el mundo. Ha habido gran cantidad de desmayos \u00faltimamente. \u00bfEs culpa del Presidente? Yo estaba sentado, me acuerdo, en la fila EE del City Center; la \u00f3pera era <em>El Pr\u00edncipe Gitano<\/em>. Sylvia cantaba, con su vestido de gitana verde y azul, en el campamento. Yo estaba pensando en el Presidente. \u00bfEs el adecuado, me preguntaba, para este per\u00edodo presidencial? Es un <em>tipo extra\u00f1o<\/em>, pensaba&#8230; no como los otros Presidentes que hemos tenido antes. No es como Garfield. Ni como Taft. Ni como Harding, Hoover, ni como ninguno de los Roosevelts ni como Woodrow Wilson. Vi entonces una dama que estaba frente a m\u00ed, con un ni\u00f1o en brazos. La toqu\u00e9 en el hombro. \u00ab<em>Madam<\/em>\u00bb, dije, \u00abcreo que su ni\u00f1o se ha desmayado.\u00bb \u00ab\u00a1Charles!\u00bb, grit\u00f3 ella, moviendo la cabeza del ni\u00f1o como si fuese la de una mu\u00f1eca. \u00abCharles, \u00bfqu\u00e9 te ha pasado?\u00bb El Presidente sonre\u00eda en su palco.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00ab\u00a1El Presidente!\u00bb, le dije a Sylvia en el restaurante italiano. Ella alz\u00f3 su vaso de vino c\u00e1lido y rojo. \u00ab\u00bfCrees que le gusto? \u00bfQue le gusta mi modo de cantar?\u00bb \u00abParec\u00eda complacido\u00bb, dije yo. \u00abSonre\u00eda.\u00bb \u00abUna campa\u00f1a fulgurante y triunfal, seg\u00fan mi opini\u00f3n\u00bb, afirm\u00f3 Sylvia. \u00abFue un brillante triunfo\u00bb, dije yo. \u00abEs el primer Presidente que tenemos procedente del City College\u00bb, dijo Sylvia. Un camarero se desmay\u00f3 detr\u00e1s de nosotros. \u00ab\u00bfPero es el adecuado para este per\u00edodo presidencial?\u00bb, pregunt\u00e9 yo. \u00abNuestro per\u00edodo no es quiz\u00e1s tan especial como el per\u00edodo anterior, aunque&#8230; \u00bb<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abPiensa mucho en la muerte, como toda la gente del City\u00bb, dijo Sylvia. \u00abEl tema de la muerte destaca mucho en su pensamiento. He conocido a muchos individuos del City, y esta gente, con escasas excepciones, est\u00e1 atrapada por el tema de la muerte. Era como una obsesi\u00f3n.\u00bb Unos camareros llevaban a su compa\u00f1ero desmayado a la cocina.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abLa historia futura calificar\u00e1 este per\u00edodo como un per\u00edodo de tentativas y de incertidumbre, seg\u00fan creo\u00bb, dije. \u00abUna especie de par\u00e9ntesis. Cuando \u00e9l pasa en su limusina negra de capota pl\u00e1stica veo a un muchachito que ha hinchado una enorme pompa de jab\u00f3n que lo ha atrapado. El aspecto de su cara&#8230; \u00bb \u00abEl otro candidato qued\u00f3 eclipsado por su exotismo, su novedad, su peque\u00f1ez y su enfoque filos\u00f3fico del problema de la muerte\u00bb, dijo Sylvia. \u00abEl otro candidato no tuvo ni una oportunidad\u00bb, dije yo. Sylvia ajustaba sus velos verdes y azules en el restaurante italiano. \u00abNo hab\u00eda ido al City College y no hab\u00eda estado sentado por las cafeter\u00edas discutiendo sobre la muerte\u00bb, dijo ella.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Como digo, no me cae bien del todo. Hay ciertas cosas relativas a \u00e9l que no est\u00e1n claras. No logro descubrir lo que est\u00e1 pensando. Cuando ha acabado de hablar no puedo nunca recordar lo que ha dicho. S\u00f3lo me queda una impresi\u00f3n de extra\u00f1eza, de oscuridad&#8230; En la televisi\u00f3n, su rostro se ensombrece cuando se menciona su nombre. Es como si le asustase o\u00edr su nombre. Entonces mira fija y directamente hacia la c\u00e1mara (mirada de actor sustituido) y comienza a hablar. S\u00f3lo se oyen cadencias. Los informes period\u00edsticos de sus discursos tan s\u00f3lo dicen siempre que \u00abtoc\u00f3 una serie de materias del campo de la&#8230;\u00bb Cuando ha acabado de hablar parece nervioso y triste. La c\u00e1mara da fe de una desdibujada imagen del Presidente que permanece r\u00edgido, con los brazos colgando a los lados, mirando a derecha e izquierda, como si aguar\u00acdase instrucciones. Por otra parte, el apuesto progresista que se enfrent\u00f3 a \u00e9l, todo celo y proyectos, fue derrotado por un fant\u00e1stico margen.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La gente anda desmay\u00e1ndose. En la calle Cincuenta y siete, una jovencita se desplom\u00f3 mientras caminaba frente a Henri Bendel. Me llev\u00e9 una sorpresa al ver que s\u00f3lo llevaba un liguero bajo el vestido. La levant\u00e9 y la met\u00ed dentro del almac\u00e9n con ayuda de un mayor del Ej\u00e9rcito de Salvaci\u00f3n: un hombre muy alto con un mech\u00f3n de pelo naranja. \u00abSe desmay\u00f3\u00bb, dije al supervisor. Hablamos sobre el nuevo Presidente, el mayor del Ej\u00e9rcito de Salvaci\u00f3n y yo. \u00abLe dir\u00e9 lo que yo pienso\u00bb, repuso \u00e9l. \u00abYo creo que algo tiene guardado en la manga de lo que nadie sabe una palabra. Creo que \u00e9l lo est\u00e1 ocultando. Uno de estos d\u00edas &#8230;\u00bb El mayor del Ej\u00e9rcito de Salvaci\u00f3n me estrech\u00f3 la mano. \u00abNo quiero decir que los problemas con que \u00e9l se enfrenta no sean tremendos, aterradores. La terrible carga de la Presidencia. Pero si alguien&#8230; un hombre cualquiera &#8230; \u00bb<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfQu\u00e9 es lo que va a pasar? \u00bfQu\u00e9 es lo que est\u00e1 planeando el Presidente? Nadie lo sabe. Pero todo el mundo est\u00e1 convencido de que \u00e9l lo resolver\u00e1. Nuestra agobiada \u00e9poca desea sobre todo llegar al meollo del problema, poder decir, <em>\u00abAqu\u00ed est\u00e1 la dificultad.\u00bb<\/em> Y el nuevo Presidente, ese hombre peque\u00f1o, extra\u00f1o y brillante, parece lo bastante contaminado y afanoso como para llevarnos hasta all\u00ed. Entre tanto, la gente se desmaya. Mi secretaria se desplom\u00f3 en medio de una frase. \u00abSe\u00f1orita Kagle\u00bb, dije. \u00ab\u00bfSe encuentra bien?\u00bb Llevaba una ajorca de peque\u00f1os c\u00edrculos de plata. En cada uno de los. peque\u00f1os c\u00edrculos hab\u00eda una inicial:@@@@@@@@@@@@@@.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00bfQui\u00e9n es ese \u00abA\u00bb? \u00bfQu\u00e9 significa en su vida, se\u00f1orita Kagle?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Le di agua mezclada con un poco de brandy. Yo pensaba en la madre del Presidente. Se sabe poco de ella. Se ha presentado de varias formas:<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una peque\u00f1a dama, metro cincuenta y ocho, con una lata.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una gran dama, dos metros quince, con un perro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una maravillosa anciana, metro treinta, con un esp\u00edritu indomable.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un saco maloliente y viejo, dos metros tres, desfondado a causa de una operaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se sabe poco acerca de ella. Podernos estar seguros, sin embargo, de que las mismas complicaciones abominables que nos obsesionan a nosotros la obsesionan tambi\u00e9n a ella. Copulaci\u00f3n. Extra\u00f1eza. Aplauso. Debe estar contenta de que su hijo sea lo que es: amado y contemplado, una especie de esperanza para millones de personas. \u00abSe\u00f1orita Kagle. B\u00e9balo. La har\u00e1 reponerse, se\u00f1orita Kagle\u00bb. La mir\u00e9 con mis ojos cari\u00f1osos y c\u00e1lidos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En Town Hall, me sent\u00e9 a leer el programa de <em>El Pr\u00edncipe Gitano<\/em>. Fuera del edificio ocho polic\u00edas montados se desplomaron en bloque. Los bien adiestrados caballos posaron delicadamente sus patas entre los cuerpos. Sylvia estaba cantando. Dec\u00edan que un hombre peque\u00f1o jam\u00e1s podr\u00eda ser presidente (med\u00eda s\u00f3lo un metro veinte hasta el hombro). Este per\u00edodo no es el que yo hubiese elegido, pero me ha elegido \u00e9l a m\u00ed. El nuevo Presidente debe tener determinadas intuiciones. Estoy convencido de que tiene esas intuiciones (aunque estoy seguro de muy pocas cosas que se refieran a \u00e9l; tengo reservas, no estoy seguro). Pod\u00eda hablarles del viaje de su madre durante el verano, en 1919, al Tibet occidental \u2013sobre los elegantes y el oso rojo, y lo que le dijo al jefe Pathan inst\u00e1ndole furiosa a mejorar su ingl\u00e9s si no quer\u00eda dejar de pertenecer a su servicio\u2013 pero, \u00bfqu\u00e9 clase de conocimiento es \u00e9ste? Perm\u00edtanme que en lugar de eso haga notar su peque\u00f1ez, su rareza, su brillantez, y decir que esperamos de \u00e9l grandes cosas. \u00abTe amo\u00bb, dijo Sylvia. El presidente pas\u00f3 a trav\u00e9s del ruidoso tel\u00f3n. Aplaudimos hasta que nos dolieron las manos. Gritamos hasta que los empleados encendieron las luces para obligar a que se guardara silencio. La orquesta comenz\u00f3 a tocar. Sylvia cant\u00f3 su segundo n\u00famero. El presidente sonre\u00eda en su palco. Al final, toda la compa\u00f1\u00eda resbal\u00f3 cayendo al foso de la orquesta en una gran masa desmayada. Vitoreamos hasta que los empleados rompieron nuestras papeletas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento de Donald Barthelme (1931-1989), artista extra\u00f1o y renovador del cuento estadounidense.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":16932,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"El #cuento del mes en Las Historias es \"El presidente\" de Donald Barthelme. http:\/\/wp.me\/pjEhq-30Q","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[4],"tags":[22,2829,2830,194,2855,521],"class_list":["post-11584","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-donald-barthelme","tag-el-presidente","tag-escritores-estadounidenses","tag-literatura","tag-textos-que-no-estaban-en-la-red"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/05\/DonaldBarthelme.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-30Q","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11584","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=11584"}],"version-history":[{"count":19,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11584\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16933,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11584\/revisions\/16933"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/16932"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=11584"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=11584"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=11584"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}