{"id":11560,"date":"2015-04-28T11:54:04","date_gmt":"2015-04-28T16:54:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=11560"},"modified":"2025-08-25T22:31:48","modified_gmt":"2025-08-26T04:31:48","slug":"el-amor-es-ciego","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/el-amor-es-ciego\/","title":{"rendered":"El amor es ciego"},"content":{"rendered":"<p>Un cuento del franc\u00e9s <a href=\"http:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Boris_Vian\">Boris Vian<\/a> (1920-1959), que fue pol\u00edmata (un esp\u00edritu renacentista, como se dec\u00eda en otras \u00e9pocas): narrador, dramaturgo, poeta, m\u00fasico, cr\u00edtico, inventor&#8230;, , y uno de los artistas m\u00e1s <a href=\"http:\/\/www.borisvian.org\/\">fascinantes<\/a> del siglo pasado. \u00abL&#8217;Amour est aveugle\u00bb proviene de su colecci\u00f3n <em>El lobo hombre<\/em>, publicada p\u00f3stumamente en 1970, y es una historia que responde (de modo juguet\u00f3n, irreverente y cachondo) una pregunta extra\u00f1a: \u00bfqu\u00e9 pasar\u00eda si realmente no <em>vi\u00e9ramos<\/em> lo que hacemos?<\/p>\n<figure id=\"attachment_11564\" aria-describedby=\"caption-attachment-11564\" style=\"width: 610px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/04\/boris_vian_by_raschiabarile-d64c6hh.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"11564\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/el-amor-es-ciego\/boris_vian_by_raschiabarile-d64c6hh\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/04\/boris_vian_by_raschiabarile-d64c6hh.jpg\" data-orig-size=\"610,480\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"boris_vian_by_raschiabarile-d64c6hh\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"&lt;p&gt;Boris Vian (&lt;a href=&quot;http:\/\/raschiabarile.deviantart.com\/art\/Boris-Vian-370083797&quot;&gt;fuente&lt;\/a&gt;)&lt;\/p&gt;\n\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/04\/boris_vian_by_raschiabarile-d64c6hh.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/04\/boris_vian_by_raschiabarile-d64c6hh.jpg\" alt=\"Boris Vian\" width=\"610\" height=\"480\" class=\"size-full wp-image-11564\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/04\/boris_vian_by_raschiabarile-d64c6hh.jpg 610w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/04\/boris_vian_by_raschiabarile-d64c6hh-300x236.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 610px) 100vw, 610px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-11564\" class=\"wp-caption-text\">Boris Vian (<a href=\"http:\/\/raschiabarile.deviantart.com\/art\/Boris-Vian-370083797\">fuente<\/a>)<\/figcaption><\/figure>\n<p><strong>EL AMOR ES CIEGO<br \/>\nBoris Vian<\/strong><\/p>\n<p>1<br \/>\nEl cinco de agosto, a las ocho, la niebla cubr\u00eda la ciudad. Liviana, en absoluto estorbaba la respiraci\u00f3n y se presentaba bajo apariencia singularmente opaca. Parec\u00eda, por otra parte, te\u00f1ida de azul con verdadera intensidad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Fue cayendo en capas paralelas. Al principio cabrilleaba a veinticinco cent\u00edmetros del suelo, y los caminantes no pod\u00edan verse los pies. Una mujer que viv\u00eda en el n\u00famero 22 de la Rue Saint-Braquemart, dej\u00f3 caer la llave en el momento de entrar en su casa, y no la pod\u00eda encontrar. Seis personas, entre las que se contaba un beb\u00e9, acudieron en su ayuda. Entretanto, a la segunda capa le dio por caer. Y se pudo encontrar la llave, pero no al beb\u00e9 que hab\u00eda tomado las de villadiego al amparo del meteoro, impaciente por escapar del biber\u00f3n, sentar cabeza y conocer los serenos placeres del matrimonio. Mil trescientas sesenta y dos llaves, y catorce perros, se extraviaron de tal manera durante la primera ma\u00f1ana. Cansados de vigilar en vano sus flotadores, los pescadores se volvieron majaretas y se fueron a cazar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La niebla se hacinaba en densidades considerables en la parte baja de las calles en pendiente y en las hondonadas. Formaba alargadas flechas y se colaba por las alcantarillas y los pozos de ventilaci\u00f3n. As\u00ed invadi\u00f3 los t\u00faneles del metro, que dej\u00f3 de funcionar cuando la lechosa marca alcanz\u00f3 el nivel de los sem\u00e1foros. Pero en aquel mismo momento, la tercera capa acababa de descolgarse y, en el exterior, de rodillas para abajo todo era blanquecina oscuridad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los de los barrios altos, crey\u00e9ndose favorecidos, se burlaban de los de las orillas del r\u00edo. Mas al cabo de una semana todos estaban reconciliados y pod\u00edan golpearse del mismo modo contra los respectivos muebles de las respectivas habitaciones. La niebla hab\u00eda llegado por entonces hasta el copete de las edificaciones m\u00e1s elevadas. Y si el cimbanillo de la torre fue lo \u00faltimo en desaparecer, el irresistible empuje de la creciente y opaca marea acab\u00f3 a fin de cuentas por sumergirlo del todo.<\/p>\n<p>2<br \/>\nOrvert Latuile despert\u00f3 el trece de agosto despu\u00e9s de una dormida de trescientas horas. Como saliese de una cogorza de las buenas en un primer momento temi\u00f3 haberse quedado ciego. Con ello no habr\u00eda hecho m\u00e1s que rendir homenaje a los innumerables alcoholes que se le hab\u00edan servido. Tal vez fuese simplemente de noche, pero, en cualquier caso, de una manera distinta. Con los ojos abiertos, sent\u00eda la impresi\u00f3n que se experimenta cuando el rayo de luz de una bombilla viene a dar sobre los p\u00e1rpados cerrados. Con mano torpe, busc\u00f3 el interruptor de la radio. Emit\u00eda, pero el informativo s\u00f3lo lo esclareci\u00f3 hasta cierto punto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sin tomar en cuenta los agudos comentarios del locutor, Orvert Latuile reflexion\u00f3, se rasc\u00f3 el ombligo y not\u00f3, oli\u00e9ndose la u\u00f1a a continuaci\u00f3n, que necesitaba un ba\u00f1o. Pero el amparo de aquella cal\u00edgine ca\u00edda sobre todas las cosas como el manto de No\u00e9 sobre No\u00e9, como la miseria sobre el m\u00edsero mundo, como el velo de Tanit sobre Salamb\u00f3 o como un gato sobre un viol\u00edn, le hizo colegir la inutilidad de semejante esfuerzo. Adem\u00e1s, la tal niebla ten\u00eda un dulce aroma a albaricoque t\u00edsico que deb\u00eda contrarrestar las emanaciones personales. Y por a\u00f1adidura, el sonido se portaba bien y, al envolverse en aquella guata, los ruidos adquir\u00edan una curiosa resonancia, blanca y clara como la voz de una soprano l\u00edrica cuyo paladar, hundido en una desgraciada ca\u00edda sobre la esteva de un arado, hubiera sido reemplazado por una pr\u00f3tesis de plata forjada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Para empezar, Orvert decidi\u00f3 prescindir de todos los problemas y actuar como si nada ocurriese. En consecuencia, se visti\u00f3 sin dificultad, pues sus indumentos estaban colocados cada uno en su sitio: es decir, unos sobre las sillas, otros debajo de la cama, los calcetines dentro de los zapatos, y \u00e9stos, el uno en el interior de un jarr\u00f3n y el otro calzando el orinal.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Dios m\u00edo -dijo para s\u00ed\u2014, qu\u00e9 cosa extra\u00f1a esta calina.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Reflexi\u00f3n sin gran originalidad que le salv\u00f3 del ditirambo, del simple entusiasmo, de la tristeza y de la melancol\u00eda negra, colocando el fen\u00f3meno en la categor\u00eda de las cosas sencillamente constatadas. Pero acostumbr\u00e1ndose paulatinamente a lo inhabitual, se fue animando poco a poco hasta el punto de decidirse a encarar determinadas experiencias muy humanas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Bajo hasta casa de la portera\u2014-se dijo\u2014 dej\u00e1ndome la bragueta abierta. As\u00ed comprobaremos si en realidad hay niebla, o si se trata de mis ojos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Como es natural, el esp\u00edritu cartesiano de todo franc\u00e9s le induce a dudar de la existencia de cualquier cal\u00edgine opaca, incluso si es tan tupida como para nublar la vista. Y no es lo que pueda decir la radio lo que vaya a decidir la aceptaci\u00f3n de lo chocante. La radio no dice m\u00e1s que majader\u00edas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Me la saco\u2014dijo Orvert\u2014 y bajo como si nada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En efecto, se la sac\u00f3 y baj\u00f3 como si nada. Por primera vez en su vida advirti\u00f3 el chasquido del primer escal\u00f3n, el temblor del segundo, el grillar del cuarto, el carrasqueo del s\u00e9ptimo, el susurrar del d\u00e9cimo, el chichear del d\u00e9cimo cuarto, las sacudidas del d\u00e9cimo s\u00e9ptimo, el bisbiseo del vig\u00e9simo segundo y el abejorreo del pasamanos de lat\u00f3n, desatornillado de su sustent\u00e1culo terminal.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se cruz\u00f3 con alguien que sub\u00eda aplast\u00e1ndose contra la pared.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQui\u00e9n va?\u2014dijo, deteni\u00e9ndose.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Lerond! \u2014respondi\u00f3 el se\u00f1or Lerond, el inquilino de enfrente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Buenos d\u00edas \u2014dijo Orvert-. Aqu\u00ed Latuile.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al tenderle la mano, encontr\u00f3 cierta cosa r\u00edgida que solt\u00f3 con asombro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lerond emiti\u00f3 una risita embarazada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Perdone \u2014dijo\u2014, pero no se ve nada, y esta neblina es endemoniadamente calurosa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Cierto \u2014asinti\u00f3 Orvert.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pensando en su desabotonada bragueta, se avergonz\u00f3 de constatar que Lerond hab\u00eda tenido la misma idea que \u00e9l.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Bueno, hasta la vista \u2014dijo Lerond.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Hasta la vista \u2014contest\u00f3 Latuile, desabrochando solapadamente la hebilla de su cintur\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando el pantal\u00f3n le hubo ca\u00eddo sobre los pies, se lo quit\u00f3, arroj\u00e1ndolo a continuaci\u00f3n por el hueco de la escalera. Ciertamente, aquella calina era tan agobiante como una pichona enamorada. Y si Lerond se paseaba con su manceb\u00eda al aire \u00bfpor qu\u00e9 ten\u00eda Orvert que continuar a medio vestir&#8230; ? O todo o nada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Chaqueta y camisa volaban poco despu\u00e9s. Decidi\u00f3 conservar los zapatos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al llegar al final de la escalera, golpe\u00f3 con delicadeza en el cristal de la porter\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Adelante! \u2014respondi\u00f3 la voz de la portera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00bfHay cartas para m\u00ed? -pregunt\u00f3 Orvert.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Oh, se\u00f1or Latuile! \u2014se desternill\u00f3 de risa la gruesa mujer-. \u00a1Siempre con sus chascarrillos &#8230; ! \u00bfY qu\u00e9, bien dormido ya &#8230; ? No quise molestarle, pero tendr\u00eda que haber visto los primeros d\u00edas de niebla&#8230; Todo el mundo parec\u00eda fuera de s\u00ed. En cambio, ahora&#8230; Bueno, digamos que a todo se acostumbra uno&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por el Poderoso perfume que lograba franquear la lacticinosa barrera, Orvert reconoci\u00f3 que se acercaba a \u00e9l.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Solamente a la hora del cocido no resulta demasiado c\u00f3modo \u2014prosigui\u00f3 ella\u2014. Pero no deja de ser divertida la nieblecita&#8230; Casi se podr\u00eda decir que alimenta. Como usted sabe, yo como bastante bien&#8230; Pues bueno, desde hace tres d\u00edas, con un vaso de agua y un trozo de pan me basta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Va a adelgazar \u2014observ\u00f3 Orvert.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Ja, ja, ja! \u2014cacare\u00f3 la portera con su risa parecida a un saco de nueces cayendo por la escalera desde el sexto piso\u2014. Compru\u00e9belo por s\u00ed mismo, se\u00f1or Latuile. Nunca me hab\u00eda sentido tan en forma. Incluso los melones se me est\u00e1n volviendo a poner en su sitio&#8230; Compru\u00e9belo, compru\u00e9belo por s\u00ed mismo&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Esto&#8230;, yo&#8230; \u2014dijo Orvert.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Palpe, palpe, le digo que palpe.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y cogiendo la mano del sentenciado, la coloc\u00f3 sobre el remate de uno de los melones en cuesti\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Asombroso! \u2014constat\u00f3 Latude.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Y eso que tengo cuarenta y dos a\u00f1os \u2014inform\u00f3 la portera\u2014. \u00bfEh? \u00bfQui\u00e9n lo dir\u00eda? \u00a1Ah &#8230; ! y es que las que son como yo, un poquito gruesas por donde es debido, tienen esa ventaja&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Pero por todos los santos! \u2014exclam\u00f3 Orvert asombrado\u2014, \u00a1Est\u00e1 usted desnuda&#8230;!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Claro! \u00a1Lo mismo que usted! \u2014replic\u00f3 ella.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Cierto \u2014musit\u00f3 Orvert para s\u00ed\u2014. Brillante idea he tenido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Han dicho los del arradio \u2014prosigui\u00f3 la portera\u2014, que se trata de un aerosol cafronis\u00edaco.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Ah &#8230; !\u2014-dijo Latuile.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Con la respiraci\u00f3n entrecortada, la portera buscaba contacto. Por un instante, el hombre tuvo la sensaci\u00f3n de que la dichosa calina le permitir\u00eda escamotearse.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Escuche, por favor, se\u00f1ora Panuche \u2014le implor\u00f3\u2014. No somos animales. Aunque se trate de un aerosol afrodis\u00edaco hay que comportarse con mesura.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Oh, oh! \u2014se limit\u00f3 a decir la se\u00f1ora Panuche con voz jadeante, mientras se serv\u00eda de las manos con precisi\u00f3n nada mesurada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Est\u00e1 bien! -dijo finalmente Orvert con dignidad\u2014. Arr\u00e9gleselas como pueda. Yo no quiero saber nada.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Oiga \u2014murmur\u00f3 la portera sin perder su presencia de \u00e1nimo\u2014, el se\u00f1or Lerond es mucho m\u00e1s amable que usted. Con usted, seg\u00fan parece, es una quien tiene que hacerlo todo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Escuche \u2014le dijo Latuile\u2014. Acabo de despertarme hoy. Por lo tanto, me falta entrenamiento.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Descuide, le ense\u00f1ar\u00e9 \u2014asegur\u00f3 la portera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A continuaci\u00f3n ocurrieron cosas sobre las que ser\u00e1 mejor echar el piadoso manto de este desdichado mundo como sobre las miserias de No\u00e9, de Salamb\u00f3 y el velo de Tanit en la encerrona.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Orvert sali\u00f3 muy vivaracho de la porter\u00eda. Una vez en la calle aguz\u00f3 el o\u00eddo. En efecto, se echaba en falta el ruido de los autom\u00f3viles. Pero, en su defecto, se dejaban o\u00edr innumerables canciones. Y las risas chisporroteaban por todas partes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un poco aturdido, se adentr\u00f3 algunos pasos en la calzada. Sus o\u00eddos no estaban acostumbrados a un horizonte sonoro de tal profundidad y se sent\u00eda un algo extraviado. De repente se percat\u00f3 de que estaba pensando en voz alta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Dios m\u00edo! \u2014dec\u00eda\u2014. \u00a1Una niebla afrodis\u00edaca!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Como se puede ver, sus reflexiones sobre el particular hab\u00edan progresado poco. Pero es preciso ponerse en el lugar de un hombre que duerme durante once d\u00edas y que despierta en medio de una oscuridad total, complicada adem\u00e1s por una especie de generalizado y licencioso envenenamiento, para constatar que su obesa y ruinosa portera se ha transformado en una valquiria de senos puntiagudos y abundantes, en una \u00e1vida Circe en su antro de placeres imprevistos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Caramba! \u2014dijo todav\u00eda Orvert para precisar algo m\u00e1s su pensamiento.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y d\u00e1ndose cuenta de repente de que estaba a pie firme en la misma mitad de la calle, sinti\u00f3 miedo y retrocedi\u00f3 hasta la altura del muro, bajo cuya cornisa camin\u00f3 a lo largo de un centenar de metros. A esa distancia se encontraba la panader\u00eda. Como una diet\u00e9tica estrictamente aplicada le constre\u00f1\u00eda a consumir alg\u00fan alimento despu\u00e9s de cualquier esfuerzo f\u00edsico notorio, entr\u00f3 en ella para procurarse un panecillo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una gran algazara parec\u00eda reinar dentro del establecimiento.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Orvert era hombre de pocos prejuicios. Pero cuando comprendi\u00f3 lo que exig\u00eda la panadera de cada cliente y el panadero de cada clienta, sinti\u00f3 c\u00f3mo se le erizaban los cabellos en la cabeza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Por todos los diablos! \u00a1Si le doy un pan de dos libras \u2014estaba diciendo aqu\u00e9lla\u2014 tengo derecho a exigir de usted un formato equivalente!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pero se\u00f1ora&#8230; \u2014protestaba la aguda voz de un viejecillo en quien Latuile reconoci\u00f3 al se\u00f1or Curepipe, anciano organista de la iglesia del muelle\u2014 pero se\u00f1ora&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Y usted es el que toca el \u00f3rgano de tubos! \u2014exclam\u00f3 la panadera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El se\u00f1or Curepipc se enfad\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Ya le ense\u00f1ar\u00e9 yo a re\u00edrse de mi \u00f3rgano! \u2014dijo amenazadoramente dirigi\u00e9ndose con paso apresurado hacia la salida, pero ante \u00e9sta estaba Latuile, a quien el choque cort\u00f3 la respiraci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1El siguiente!\u2014ladr\u00f3 la panadera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Quisiera un pan&#8230; \u2014dijo Orvert con esfuerzo, d\u00e1ndose masaje en el est\u00f3mago.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Un pan de cuatro libras para el se\u00f1or Latuile!\u2014vocifer\u00f3 la expendedora.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No, no&#8230;\u2014gimi\u00f3 Orvert\u2014. Apenas un panecillo&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014 \u00a1Grosero! \u2014le espet\u00f3 la tahonera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Quien, dirigi\u00e9ndose a su marido, dijo a continuaci\u00f3n:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Oye, Lucien, oc\u00fapate de \u00e9ste! \u00a1As\u00ed aprender\u00e1 lo que es bueno!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los cabellos se le volvieron a erizar a Orvert sobre la cabeza. Y al emprender la huida a toda pastilla, fue a darse de lleno contra la luna del escaparate, que resisti\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Recorri\u00e9ndola por completo, consigui\u00f3 salir finalmente. En la panader\u00eda la org\u00eda continuaba. El aprendiz se ocupaba de los ni\u00f1os.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1En fin, caramba!\u2014 refunfu\u00f1aba Orvert en la acera\u2014. \u00bfQu\u00e9 pasa? \u00bfY si a uno le gusta elegir, qu\u00e9? \u00a1Pues menuda boca de horno ha de tener la tal panadera&#8230;!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A continuaci\u00f3n le vino a la cabeza la reposter\u00eda cercana al puente. La dependienta ten\u00eda diecisiete a\u00f1os, la boquita de pi\u00f1\u00f3n y un coqueto delantalillo estampado&#8230; Quiz\u00e1 en aquel momento no llevase m\u00e1s que el delantalillo&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sin pensarlo dos veces, parti\u00f3 a grandes zancadas hacia dicho establecimiento. En tres ocasiones al menos tropez\u00f3 con amasijos de cuerpos entrelazados de los que ni siquiera le interes\u00f3 detenerse a descubrir las respectivas composiciones. Pero, en uno de los casos, el conglomerado, como m\u00ednimo, se compon\u00eda de cinco palmitos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;-\u00a1Roma! -se limit\u00f3 a farfullar-. Quo Vadis? \u00a1Fabiola! Et cum spiritu tuo!, \u00a1Las org\u00edas!, \u00a1Oh!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hab\u00eda cosechado de su contacto con la luna del escaparate un chich\u00f3n de los mejor puestos y se frotaba la cabeza. Lo que no le imped\u00eda precipitar la marcha, pues determinada presencia que participaba de su persona, pero que le preced\u00eda a mucha distancia, le incitaba a llegar a la meta lo antes posible.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando crey\u00f3 que ya se acercaba al objetivo, opt\u00f3 por caminar junto a las fachadas de las casas para guiarse por el tacto. Por el redondo disco de contrachapado sujeto con pernos, que manten\u00eda en su sitio una de las rajadas cristaleras pudo reconocer el establecimiento del anticuario. Dos n\u00fameros m\u00e1s all\u00e1, la reposter\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;De repente top\u00f3 con todo el cuerpo con otro que, inm\u00f3vil, le daba la espalda. Sin que pudiera evitarlo, se le escap\u00f3 un grito.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1No empuje! \u2014le respondi\u00f3 una voz profunda\u2014. Y apres\u00farese a separar esa cosa de mis posaderas, si no quiere que le parta ahora mismo la cara.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Esto&#8230; yo&#8230; \u00bfNo pensar\u00e1 que &#8230; ? -dijo Orvert.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y gir\u00f3 a la izquierda para salvar el obst\u00e1culo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Segundo choque.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Qu\u00e9 le pasa a \u00e9ste? \u2014se interes\u00f3 una segunda voz de hombre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1A la cola, como todo el mundo!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Sigui\u00f3 el estallido de carcajadas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfC\u00f3mo? \u2014acert\u00f3 a decir Orvert.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Est\u00e1 claro \u2014explic\u00f3 una tercera voz\u2014. Seguro que viene en busca de Nelly.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014As\u00ed es \u2014balbuce\u00f3 Orvert.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Est\u00e1 bien, pues p\u00f3ngase en la cola \u2014prosigui\u00f3 el hombre\u2014. Somos unos sesenta ya.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Orvert no respondi\u00f3. Sent\u00eda el coraz\u00f3n desgarrado. Volvi\u00f3 a ponerse en camino sin esperar a averiguar si ella llevaba o no su delantal estampado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tom\u00f3 por la primera a la izquierda. Una mujer ven\u00eda, precisamente, en sentido contrario.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tras el choque quedaron, cada uno por su lado, sentados en el suelo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014 Perd\u00f3n -dijo Orvert.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014La culpa es m\u00eda \u2014respondi\u00f3 la mujer\u2014. Usted circulaba por su derecha.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfPuedo ayudarla a levantarse? \u2014se ofreci\u00f3 Orvert\u2014. Est\u00e1 usted sola \u00bfno es as\u00ed?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfY usted? \u2014pregunt\u00f3 ella a su vez\u2014. \u00bfNo estar\u00e1n a punto de ech\u00e1rseme encima cinco o seis de una vez?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfSeguro que es usted una mujer? \u2014continu\u00f3 Orvert.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Compru\u00e9belo usted mismo -le contest\u00f3 ella.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se hab\u00edan aproximado el uno al otro, y el hombre pudo sentir contra su mejilla el contacto de unos cabellos largos y sedosos. Ahora estaban de rodillas y de frente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfD\u00f3nde encontrar un lugar tranquilo? \u2014pregunt\u00f3 Orvert.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014En el centro de la calzada \u2014dijo la mujer.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lugar hacia el que se dirigieron, tomando como referencia el bordillo de la acera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014La deseo \u2014dijo Orvert.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Y yo a usted -dijo la mujer\u2014. Mi nombre es&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Orvert la cort\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Me da lo mismo \u2014dijo\u2014. No quiero saber nada m\u00e1s que lo que mis manos y mi cuerpo me revelen.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Proceda \u2014le anim\u00f3 la mujer.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Naturalmente -constat\u00f3 Latuile\u2014 va usted sin ropa alguna.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Igual que usted \u2014respondi\u00f3 ella.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dicho lo cual, se estrecharon el uno contra el otro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No tenemos ninguna prisa \u2014prosigui\u00f3 la mujer\u2014.Comience por los pies y vaya subiendo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A Orvert le extra\u00f1\u00f3 la proposici\u00f3n. Se lo dijo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014De tal manera, podr\u00e1 ser consciente de todo \u2014explic\u00f3 la mujer\u2014. No tenemos a nuestra disposici\u00f3n, como usted mismo acaba de constatar, m\u00e1s que el instrumento de investigaci\u00f3n que significa nuestra piel. No olvide que su mirada no puede atemorizarme. Su autonom\u00eda er\u00f3tica se ha ido al traste. Seamos francos y directos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Habla usted muy bien \u2014dijo Orvert.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Leo siempre Les Temps Modernes \u2014inform\u00f3 la mujer\u2014. Venga, comience de una vez con mi iniciaci\u00f3n sexual.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cosa que Latuile no se priv\u00f3 de hacer reiteradas veces y de diversas maneras. Ella mostraba indudables condiciones, y el terreno de lo posible es muy amplio cuando no hay temor a que la luz se encienda. Y adem\u00e1s, eso ya no se usa, despu\u00e9s de todo. Las ense\u00f1anzas que le imparti\u00f3 Orvert a prop\u00f3sito de dos o tres truquitos nada desde\u00f1ables, y la pr\u00e1ctica de un empalme sim\u00e9trico varias veces repetido, acabaron infundiendo confianza en sus relaciones.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y all\u00ed llevaron, de tal modo, la vida sencilla y regalada que hace a los humanos semejantes al dios Pan.<\/p>\n<p>3<br \/>\nAl cabo de un tiempo, la radio anunci\u00f3 que los sabios estaban constatando una regresi\u00f3n regular del fen\u00f3meno, y que el espesor de la niebla aminoraba de d\u00eda en d\u00eda.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Como la amenaza era de consideraci\u00f3n, se celebr\u00f3 gran consejo. Muy pronto se encontr\u00f3 una alternativa, pues el genio del hombre nunca deja de sorprender con sus mil facetas. Y cuando la niebla se disip\u00f3, seg\u00fan indicaron los aparatos detectores especiales, la vida sigui\u00f3 felizmente su curso pues todos se hab\u00edan hecho arrancar los ojos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento juguet\u00f3n, irreverente y cachondo de Boris Vian (1920-1959).<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":11564,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"\"El amor es ciego\" de Boris Vian, el #cuento del mes en Las Historias. http:\/\/wp.me\/pjEhq-30s","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[2828,22,2827,2343,195,2855],"class_list":["post-11560","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-boris-vian","tag-cuento","tag-el-amor-es-ciego","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritores-franceses","tag-literatura"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/04\/boris_vian_by_raschiabarile-d64c6hh.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-30s","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11560","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=11560"}],"version-history":[{"count":13,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11560\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16935,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11560\/revisions\/16935"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/11564"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=11560"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=11560"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=11560"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}