{"id":11552,"date":"2015-03-26T14:59:21","date_gmt":"2015-03-26T20:59:21","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=11552"},"modified":"2016-10-26T10:19:23","modified_gmt":"2016-10-26T15:19:23","slug":"la-ultima-guerra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/la-ultima-guerra\/","title":{"rendered":"La \u00faltima guerra"},"content":{"rendered":"<p>Ahora que estoy de nuevo dando un curso de literatura fant\u00e1stica mexicana, ten\u00eda sentido volver a leer a <a href=\"http:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Amado_Nervo\">Amado Nervo<\/a> (1870-1919).<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En el siglo pasado se hac\u00eda que los ni\u00f1os de las escuelas se aprendieran poemas de Nervo para luego declamarlos en grupo, lo que debe ser el mejor modo para lograr que alguien odie para siempre a la poes\u00eda y los poetas. Por esta pr\u00e1ctica muchas personas han quedado con la idea de que Nervo es un autor cursi y adocenado. No es cierto: no solamente tiene una obra po\u00e9tica estimable sino que es, sobre todo, un narrador extraordinario. \u00abLa \u00faltima guerra\u00bb (1906) es uno de sus cuentos m\u00e1s sorprendentes, y no s\u00f3lo por su tema y por la imaginaci\u00f3n con que lo desarrolla. Adem\u00e1s, es un cuento que expresa a la perfecci\u00f3n una ansiedad que parec\u00eda de su \u00e9poca pero est\u00e1 tambi\u00e9n en \u00e9sta, y que se hermana con obras apocal\u00edpticas como <em>El eterno Ad\u00e1n<\/em> de Julio Verne o con las pesadillas de <em>La isla del doctor Moreau<\/em> de H. G. Wells. Adem\u00e1s, el cuento de hecho precede a un par de obras famosas que tienen que ver con los animales y con el poder: <em>El terror<\/em> de Arthur Machen y <em>Rebeli\u00f3n en la granja<\/em> de George Orwell.<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/03\/AMADO-NERVO-en-1918-complementaria-1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"11555\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/la-ultima-guerra\/amado-nervo-en-1918-complementaria-1\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/03\/AMADO-NERVO-en-1918-complementaria-1.jpg\" data-orig-size=\"800,668\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Amado Nervo en 1918\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/03\/AMADO-NERVO-en-1918-complementaria-1.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/03\/AMADO-NERVO-en-1918-complementaria-1.jpg\" alt=\"Amado Nervo en 1918\" width=\"800\" height=\"668\" class=\"alignnone size-full wp-image-11555\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/03\/AMADO-NERVO-en-1918-complementaria-1.jpg 800w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/03\/AMADO-NERVO-en-1918-complementaria-1-300x251.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>LA \u00daLTIMA GUERRA<br \/>\nAmado Nervo<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<h4>I<\/h4>\n<p>Tres hab\u00edan sido las grandes revoluciones de que se ten\u00eda noticia: la que pudi\u00e9ramos llamar Revoluci\u00f3n cristiana, que en modo tal modific\u00f3 la sociedad y la vida en todo el haz del planeta; la Revoluci\u00f3n francesa, que, eminentemente justiciera, vino, a cerc\u00e9n de guillotina, a igualar derechos y cabezas, y la Revoluci\u00f3n socialista, la m\u00e1s reciente de todas, aunque remontaba al a\u00f1o dos mil treinta de la Era cristiana. In\u00fatil ser\u00eda insistir sobre el horror y la unanimidad de esta \u00faltima revoluci\u00f3n, que conmovi\u00f3 la tierra hasta en sus cimientos y que de una manera tan radical reform\u00f3 ideas, condiciones, costumbres, partiendo en dos el tiempo, de suerte que en adelante ya no pudo decirse sino: Antes de la Revoluci\u00f3n social; Despu\u00e9s de la Revoluci\u00f3n social. S\u00f3lo haremos notar que hasta la propia fisonom\u00eda de la especie, merced a esta gran conmoci\u00f3n, se modific\u00f3 en cierto modo. Cu\u00e9ntase, en efecto, que antes de la Revoluci\u00f3n hab\u00eda, sobre todo en los \u00faltimos a\u00f1os que la precedieron, ciertos signos muy visibles que distingu\u00edan f\u00edsicamente a las clases llamadas entonces privilegiadas, de los proletarios, a saber: las manos de los individuos de las primeras, sobre todo de las mujeres, ten\u00edan dedos afilados, largos, de una delicadeza superior al p\u00e9talo de un jazm\u00edn, en tanto que las manos de los proletarios, fuera de su notable aspereza o del espesor exagerado de sus dedos, sol\u00edan tener seis de estos en la diestra, encontr\u00e1ndose el sexto (un poco rudimentario, a decir verdad, y m\u00e1s bien formado por una callosidad semiarticulada) entre el pulgar y el \u00edndice, generalmente. Otras muchas marcas delataban, a lo que se cuenta, la diferencia de las clases, y mucho temer\u00edamos fatigar la paciencia del oyente enumer\u00e1ndolas. Solo diremos que los gremios de conductores de veh\u00edculos y locom\u00f3viles de cualquier g\u00e9nero, tales como aeroplanos, aeronaves, aerociclos, autom\u00f3viles, expresos magn\u00e9ticos, direct\u00edsimos transet\u00e9reolunares, etc., cuya caracter\u00edstica en el trabajo era la perpetua inmovilidad de piernas, hab\u00edan llegado a la atrofia absoluta de estas, al grado de que, terminadas sus tareas, se dirig\u00edan a sus domicilios en peque\u00f1os carros el\u00e9ctricos especiales, usando de ellos para cualquier traslaci\u00f3n personal. La Revoluci\u00f3n social vino, empero, a cambiar de tal suerte la condici\u00f3n humana, que todas estas caracter\u00edsticas fueron desapareciendo en el transcurso de los siglos, y en el a\u00f1o tres mil quinientos dos de la Nueva Era (o sea cinco mil quinientos treinta y dos de la Era Cristiana) no quedaba ni un vestigio de tal desigualdad dolorosa entre los miembros de la humanidad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La Revoluci\u00f3n social se madur\u00f3, no hay ni\u00f1o de escuela que no lo sepa, con la anticipaci\u00f3n de muchos siglos. En realidad, la Revoluci\u00f3n francesa la prepar\u00f3, fue el segundo eslab\u00f3n de la cadena de progresos y de libertades que empez\u00f3 con la Revoluci\u00f3n cristiana; pero hasta el siglo XIX de la vieja Era no empez\u00f3 a definirse el movimiento un\u00e1nime de los hombres hacia la igualdad. El a\u00f1o de la Era cristiana 1950 muri\u00f3 el \u00faltimo rey, un rey del Extremo Oriente, visto como una positiva curiosidad por las gentes de aquel tiempo. Europa, que, seg\u00fan la predicci\u00f3n de un gran capit\u00e1n (a decir verdad, considerado hoy por muchos historiadores como un personaje m\u00edtico), en los comienzos del siglo XX (post J.C.) tendr\u00eda que ser republicana o cosaca se convirti\u00f3, en efecto, en el a\u00f1o de 1916, en los Estados Unidos de Europa, federaci\u00f3n creada a imagen y semejanza de los Estados Unidos de Am\u00e9rica (cuyo recuerdo en los anales de la humanidad ha sido tan brillante, y que en aquel entonces ejerc\u00edan en los destinos del viejo Continente una influencia omn\u00edmoda).<\/p>\n<h4>II<\/h4>\n<p>Pero no divaguemos: ya hemos usado m\u00e1s de tres cilindros de fonotelerradi\u00f3grafo en pensar estas reminiscencias,  y no llegamos a\u00fan al punto capital de nuestra narraci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Como dec\u00edamos al principio, tres hab\u00edan sido las grandes revoluciones de que se ten\u00eda noticia; pero despu\u00e9s de ellas, la humanidad, acostumbrada a una paz y a una estabilidad inconmovibles, as\u00ed en el terreno cient\u00edfico, merced a lo definitivo de los principios conquistados, como en el terreno social, gracias a la maravillosa sabidur\u00eda de las leyes y a la alta moralidad de las costumbres, hab\u00eda perdido hasta la noci\u00f3n de lo que era la vigilancia y cautela, y a pesar de su aprendizaje de sangre, tan largo, no sospechaba los terribles acontecimientos que estaban a punto de producirse.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La ignorancia del inmenso complot que se fraguaba en todas partes se explica, por lo dem\u00e1s, perfectamente, por varias razones: en primer lugar, el lenguaje hablado por los animales, lenguaje primitivo, pero pintoresco y bello, era conocido de muy pocos hombres, y esto se comprende; los seres vivientes estaban divididos entonces en dos \u00fanicas porciones: los hombres, la clase superior, la \u00e9lite, como si dij\u00e9ramos del planeta, iguales todos en derechos y casi, casi en intelectualidad, y los animales, humanidad inferior que iba progresando muy lentamente a trav\u00e9s de los milenarios, pero que se encontraba en aquel entonces, por lo que ve a los mam\u00edferos, sobre todo, en ciertas condiciones de perfectibilidad relativa muy apreciables. Ahora bien: la \u00e9lite, el hombre, hubiera juzgado indecoroso para su dignidad aprender cualquiera de los dialectos animales llamados inferiores.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En segundo lugar, la separaci\u00f3n entre ambas porciones de la humanidad era completa, pues aun cuando cada familia de hombres alojaba en su habitaci\u00f3n propia a dos o tres animales que ejecutaban todos los servicios, hasta los m\u00e1s pesados, como los de la cocina (preparaci\u00f3n qu\u00edmica de pastillas y de jugos para inyecciones), el aseo de la casa, el cultivo de la tierra, etc., no era com\u00fan tratar con ellos, sino para darles \u00f3rdenes en el idioma patricio, o sea el del hombre, que todos ellos aprend\u00edan.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En tercer lugar, la dulzura del yugo a que se les ten\u00eda sujetos, la holgura relativa de sus recreos, les daba tiempo de conspirar tranquilamente, sobre todo en sus centros de reuni\u00f3n, los d\u00edas de descanso, centros a los que era raro que concurriese hombre alguno.<\/p>\n<h4>III<\/h4>\n<p>\u00bfCu\u00e1les fueron las causas determinantes de esta cuarta revoluci\u00f3n, la \u00faltima (as\u00ed lo espero) de las que han esangrentado el planeta? En tesis general, las mismas que ocasionaron la Revoluci\u00f3n social, las mismas que han ocasionado, puede decirse, todas las revoluciones: viejas hambres, viejos odios hereditarios,la tendencia a igualdad de prerrogativas y de derechos y la aspiraci\u00f3n a lo mejor, latente en el alma de todos los seres&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los animales no pod\u00edan quejarse, por cierto: el hombre era para ellos paternal, muy m\u00e1s paternal de lo que lo fueron para el proletario los grandes se\u00f1ores despu\u00e9s de la Revoluci\u00f3n francesa. Oblig\u00e1balos a desempe\u00f1ar tareas relativamente rudas, es cierto; porque \u00e9l, por lo excelente de su naturaleza, se dedicaba de preferencia a la contemplaci\u00f3n; mas un intercambio noble, y aun magn\u00e1nimo, recompensaba estos trabajos con relativas comodidades y placeres. Empero, por una parte el odio at\u00e1vico de que hablamos, acumulado en tantos siglos de malos tratamientos, y por otra el anhelo, quiz\u00e1 justo ya, de reposo y de mando, determinaban aquella lucha que iba a hacer \u00e9poca en los anales del mundo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Para que los que oyen esta historia puedan darse una cuenta m\u00e1s exacta y m\u00e1s gr\u00e1fica, si vale la palabra, de los hechos que precedieron a la revoluci\u00f3n, a la rebeli\u00f3n debi\u00e9ramos decir, de los animales contra el hombre, vamos a hacerles asistir a una de tantas asambleas secretas que se convocaban para definir el programa de la tremenda pugna, asamblea efectuada en M\u00e9xico, uno de los grandes focos directores, y que, cumpliendo la profec\u00eda de un viejo sabio del siglo XIX, llamado Eliseo Reclus, se hab\u00eda convertido, por su posici\u00f3n geogr\u00e1fica en la median\u00eda de Am\u00e9rica y entre los dos grandes oc\u00e9anos, en el centro del mundo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hab\u00eda en la falda del Ajusco, adonde llegaban los \u00faltimos barrios de la ciudad, un gimnasio para mam\u00edferos, en el que estos se reun\u00edan los d\u00edas de fiesta y casi pegado al gimnasio un gran sal\u00f3n de conciertos, muy frecuentado por los mismos. En este sal\u00f3n, de condiciones ac\u00fasticas perfectas y de amplitud considerable, se efectu\u00f3 el domingo 3 de agosto de 5532 (de la Nueva Era) la asamblea en cuesti\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Presid\u00eda Equs Robertis, un caballo muy hermoso, por cierto; y el primer orador designado era un propagandista c\u00e9lebre en aquel entonces, Can Canis, perro de una inteligencia notable, aunque muy exaltado. Debo advertir que en todas partes del mundo repercutir\u00eda, como si dij\u00e9ramos, el discurso en cuesti\u00f3n, merced a emisores especiales que registraban toda vibraci\u00f3n y la transmit\u00edan solo a aquellos que ten\u00edan los receptores correspondientes, utilizando ciertas corrientes magn\u00e9ticas; aparatos estos ya hoy en desuso por poco pr\u00e1cticos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando Can Canis se puso en pie para dirigir la palabra al auditorio, oy\u00e9ronse por todas partes rumores de aprobaci\u00f3n.<\/p>\n<h4>IV<\/h4>\n<p>Mis queridos hermanos -empez\u00f3 Can Canis-:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La hora de nuestra definitiva liberaci\u00f3n est\u00e1 pr\u00f3xima. A un signo nuestro, centenares de millares de hermanos se levantar\u00e1n como una sola masa y caer\u00e1n sobre los hombres, sobre los tiranos, con la rapidez de una centella. El hombre desaparecer\u00e1 del haz del planeta y hasta su huella se desvanecer\u00e1 con \u00e9l. Entonces seremos nosotros due\u00f1os de la tierra, volveremos a serlo, mejor dicho, pues que primero que nadie lo fuimos, en el albor de los milenarios, antes de que el antropoide apareciese en las florestas v\u00edrgenes y de que su aullido de terror repercutiese en las cavernas ancestrales. \u00a1Ah!, todos llevamos en los gl\u00f3bulos de nuestra sangre el recuerdo org\u00e1nico, si la frase se me permite, de aquellos tiempos benditos en que fuimos los reyes del mundo. Entonces, el sol enmara\u00f1ado a\u00fan de llamas a la simple vista, enorme y t\u00f3rrido, calentaba la tierra con amor en toda su superficie, y de los bosques, de los mares, de los barrancos, de los collados, se exhalaba un vaho espeso y tibio que convidaba a la pereza y a la beatitud. El Mar divino fraguaba y desbarataba a\u00fan sus archipi\u00e9lagos inconsistentes, tejidos de algas y de madr\u00e9poras; la cordillera lejana humeaba por las mil bocas de sus volcanes, y en las noches una zona ardiente, de un rojo vivo, le prestaba una gloria extra\u00f1a y temerosa. La luna, todav\u00eda joven y lozana, estremecida por el continuo bombardeo de sus cr\u00e1teres, aparec\u00eda enorme y roja en el espacio, y a su luz misteriosa surg\u00eda formidable de su caverna el le\u00f3n saepelius; el uro ergu\u00eda su testa poderosa entre las bre\u00f1as, y el mastodonte contemplaba el perfil de las monta\u00f1as, que, seg\u00fan la expresi\u00f3n de un poeta \u00e1rabe, le fing\u00edan la silueta de un abuelo gigantesco. Los saurios volantes de las primeras \u00e9pocas, los iguanodontes de breves cabezas y cuerpos colosales, los megateriums torpes y lentos, no sent\u00edan turbado su reposo m\u00e1s que por el rumor sonoro del mar gen\u00e9sico, que fraguaba en sus entra\u00f1as el porvenir del mundo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00a1Cu\u00e1n felices fueron nuestros padres en el nido caliente y piadoso de la tierra de entonces, envuelta en la suave cabellera de esmeralda de sus vegetaciones inmensas, como una virgen que sale del ba\u00f1o&#8230;! \u00a1Cu\u00e1n felices&#8230;! A sus rugidos, a sus gritos inarticulados, respond\u00edan solo los ecos de las monta\u00f1as&#8230; Pero un d\u00eda vieron aparecer con curiosidad, entre las mil variedades de cuadr\u00famanos que poblaban los bosques y los llenaban con sus chillidos desapacibles, una especie de monos rubios que, m\u00e1s frecuentemente que los otros, se enderezaban y manten\u00edan en posici\u00f3n vertical, cuyo vello era menos \u00e1spero, cuyas mand\u00edbulas eran menos toscas, cuyos movimientos eran m\u00e1s suaves, m\u00e1s cadenciosos, m\u00e1s ondulantes, y en cuyos ojos grandes y rizados ard\u00eda una chispa extra\u00f1a y enigm\u00e1tica que nuestros padres no hab\u00edan visto en otros ojos en la tierra. Aquellos monos eran d\u00e9biles y miserables&#8230; \u00a1Cu\u00e1n f\u00e1cil hubiera sido para nuestros abuelos gigantescos exterminarlos para siempre&#8230;! Y de hecho, \u00a1cu\u00e1ntas veces cuando la horda dorm\u00eda en medio de la noche, protegida por el claror parpadeante de sus hogueras, una manada de mastodontes, espantada por alg\u00fan cataclismo, romp\u00eda la d\u00e9bil valla de lumbre y pasaba de largo triturando huesos y aplastando vidas; o bien una turba de felinos que acechaba la extinci\u00f3n de las hogueras, una vez que su fuego custodio desaparec\u00eda, entraba al campamento y se ofrec\u00eda un fest\u00edn de suculencia memorable&#8230;! A pesar de tales cat\u00e1strofes, aquellos cuadr\u00famanos, aquellas bestezuelas fr\u00e1giles, de ojos misteriosos, que sab\u00edan encender el fuego, se multiplicaban; y un d\u00eda, d\u00eda nefasto para nosotros, a un macho de la horda se le ocurri\u00f3, para defenderse, echar mano de una rama de \u00e1rbol, como hac\u00edan los gorilas, y aguzarla con una piedra, como los gorilas nunca so\u00f1aron hacerlo. Desde aquel d\u00eda nuestro destino qued\u00f3 fijado en la existencia: el hombre hab\u00eda inventado la m\u00e1quina, y aquella estaca puntiaguda fue su cetro, el cetro de rey que le daba la naturaleza&#8230; \u00bfA qu\u00e9 recordar nuestros largos milenarios de esclavitud, de dolor y de muerte&#8230;? El hombre, no contento con destinarnos a las m\u00e1s rudas faenas, recompensadas con malos tratamientos, hac\u00eda de muchos de nosotros su manjar habitual, nos condenaba a la vivisecci\u00f3n y a martirios an\u00e1logos, y las hecatombes segu\u00edan a las hecatombes sin una protesta, sin un movimiento de piedad&#8230; La Naturaleza, empero, nos reservaba para m\u00e1s altos destinos que el de ser comidos a perpetuidad por nuestros tiranos. El progreso, que es la condici\u00f3n de todo lo que alienta, no nos exceptuaba de su ley; y a trav\u00e9s de los siglos, algo divino que hab\u00eda en nuestros esp\u00edritus rudimentarios, un germen luminoso de intelectualidad, de humanidad futura, que a veces fulguraba dulcemente en los ojos de mi abuelo el perro, a quien un sabio llamaba en el siglo XVIII (post J.C.) un candidato a la humanidad; en las pupilas del caballo, del elefante o del mono, se iba desarrollando en los senos m\u00e1s \u00edntimos de nuestro ser, hasta que, pasados siglos y siglos floreci\u00f3 en indecibles manifestaciones de vida cerebral&#8230; El idioma surgi\u00f3 monosil\u00e1bico, rudo, t\u00edmido, imperfecto, de nuestros labios; el pensamiento se abri\u00f3 como una celeste flor en nuestras cabezas, y un d\u00eda pudo decirse que hab\u00eda ya nuevos dioses sobre la tierra; por segunda vez en el curso de los tiempos el Creador pronunci\u00f3 un fiat, et homo factus fuit.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No vieron Ellos con buenos ojos este paulatino surgimiento de humanidad; mas hubieron de aceptar los hechos consumados, y no pudiendo extinguirla, optaron por utilizarla&#8230; Nuestra esclavitud continu\u00f3, pues, y ha continuado bajo otra forma: ya no se nos come, se nos trata con aparente dulzura y consideraci\u00f3n, se nos abriga, se nos aloja, se nos llama a participar, en una palabra, de todas las ventajas de la vida social; pero el hombre contin\u00faa siendo nuestro tutor, nos mide escrupulosamente nuestros derechos&#8230; y deja para nosotros la parte m\u00e1s ruda y penosa de todas las labores de la vida. No somos libres, no somos amos, y queremos ser amos y libres&#8230; Por eso nos reunimos aqu\u00ed hace mucho tiempo, por eso pensamos y maquinamos hace muchos siglos nuestra emancipaci\u00f3n, y por eso muy pronto la \u00faltima revoluci\u00f3n del planeta, el grito de rebeli\u00f3n de los animales contra el hombre, estallar\u00e1, llenando de pavor el universo y definiendo la igualdad de todos los mam\u00edferos que pueblan la tierra&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;As\u00ed habl\u00f3 Can Canis, y este fue, seg\u00fan todas las probabilidades, el \u00faltimo discurso pronunciado antes de la espantosa conflagraci\u00f3n que relatamos.<\/p>\n<h4>V<\/h4>\n<p>El mundo, he dicho, hab\u00eda olvidado ya su historia de dolor y de muerte; sus armamentos se orinec\u00edan en los museos, se encontraba en la \u00e9poca luminosa de la serenidad y de la paz; pero aquella guerra que dur\u00f3 diez a\u00f1os, como el sitio de Troya, aquella guerra que no hab\u00eda tenido ni semejante ni paralelo por lo espantosa, aquella guerra en la que se emplearon m\u00e1quinas terribles, comparadas con las cuales los proyectiles el\u00e9ctricos, las granadas henchidas de gases, los espantosos efectos del radium utilizado de mil maneras para dar muerte, las corrientes formidables de aire, los dardos inyectores de microbios, los choques telep\u00e1ticos&#8230;, todos los factores de combate, en fin, de que la humanidad se serv\u00eda en los antiguos tiempos, eran risibles juegos de ni\u00f1os; aquella guerra, decimos, constituy\u00f3 un inopinado, nuevo, inenarrable aprendizaje de sangre&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los hombres, a pesar de su astucia, fuimos sorprendidos en todos los \u00e1mbitos del orbe, y el movimiento de los agresores tuvo un car\u00e1cter tan un\u00e1nime, tan certero, tan h\u00e1bil, tan formidable, que no hubo en ning\u00fan esp\u00edritu siquiera la posibilidad de prevenirlo&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los animales manejaban las m\u00e1quinas de todos g\u00e9neros que prove\u00edan a las necesidades de los elegidos; la qu\u00edmica era para ellos eminentemente familiar, pues que a diario utilizaban sus secretos: ellos pose\u00edan adem\u00e1s y vigilaban todos los almacenes de provisiones, ellos dirig\u00edan y utilizaban todos los veh\u00edculos&#8230; Imag\u00ednese, por tanto, lo que debi\u00f3 ser aquella pugna, que se libr\u00f3 en la tierra, en el mar y en el aire&#8230; La humanidad estuvo a punto de perecer por completo; su fin absoluto lleg\u00f3 a creerse seguro (seguro lo creemos a\u00fan)&#8230; y a la hora en que yo, uno de los pocos hombres que quedan en el mundo, pienso ante el fonotelerradi\u00f3grafo estas l\u00edneas, que no s\u00e9 si concluir\u00e9, este relato incoherente que quiz\u00e1 ma\u00f1ana constituir\u00e1 un util\u00edsimo pedazo de historia&#8230; para los humanizados del porvenir, apenas si moramos sobre el haz del planeta unos centenares de sobrevivientes, esclavos de nuestro destino, despose\u00eddos ya de todo lo que fue nuestro prestigio, nuestra fuerza y nuestra gloria, incapaces por nuestro escaso n\u00famero y a pesar del incalculable poder de nuestro esp\u00edritu, de reconquistar el cetro perdido, y llenos del secreto instinto que confirma asaz la conducta cautelosa y enigm\u00e1tica de nuestros vencedores, de que estamos llamados a morir todos, hasta el \u00faltimo, de un modo misterioso, pues que ellos temen que un arbitrio propio de nuestros soberanos recursos mentales nos lleve otra vez, a pesar de nuestro escaso n\u00famero, al trono de donde hemos sido despe\u00f1ados&#8230; Estaba escrito as\u00ed&#8230; Los aut\u00f3ctonos de Europa desaparecieron ante el vigor latino; desapareci\u00f3 el vigor latino ante el vigor saj\u00f3n, que se ense\u00f1ore\u00f3 del mundo&#8230; y el vigor saj\u00f3n desapareci\u00f3 ante la invasi\u00f3n eslava; esta, ante la invasi\u00f3n amarilla, que a su vez fue arrollada por la invasi\u00f3n negra, y as\u00ed, de raza en raza, de hegemon\u00eda en hegemon\u00eda, de preeminencia en preeminencia, de dominaci\u00f3n en dominaci\u00f3n, el hombre lleg\u00f3 perfecto y augusto a los l\u00edmites de la historia&#8230; Su misi\u00f3n se cifraba en desaparecer, puesto que ya no era susceptible, por lo absoluto de su perfecci\u00f3n, de perfeccionarse m\u00e1s&#8230; \u00bfQui\u00e9n pod\u00eda sustituirlos en el imperio del mundo? \u00bfQu\u00e9 raza nueva y vigorosa pod\u00eda reemplazarle en \u00e9l? Los primeros animales humanizados, a los cuales tocaba su turno en el escenario de los tiempos&#8230; Vengan, pues, enhorabuena; a nosotros, llegados a la divina serenidad de los esp\u00edritus completos y definitivos, no nos queda m\u00e1s que morir dulcemente. Humanos son ellos y piadosos ser\u00e1n para matarnos. Despu\u00e9s, a su vez, perfeccionados y serenos, morir\u00e1n para dejar su puesto a nuevas razas que hoy fermentan en el seno oscuro a\u00fan de la animalidad inferior, en el misterio de un g\u00e9nesis activo e impenetrable&#8230; \u00a1Todo ello hasta que la vieja llama del sol se extinga suavemente, hasta que su enorme globo, ya oscuro, girando alrededor de una estrella de la constelaci\u00f3n de H\u00e9rcules, sea fecundado por vez primera en el espacio, y de su seno inmenso surjan nuevas humanidades&#8230; para que todo recomience!<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento de anticipaci\u00f3n de Amado Nervo (1870-1919), maestro mexicano de lo fant\u00e1stico.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":11555,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"El #cuento del mes en Las Historias: \"La \u00faltima guerra\" de Amado Nervo. http:\/\/wp.me\/pjEhq-30k","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[4],"tags":[2494,22,2343,198,2826,2855,2291],"class_list":["post-11552","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-amado-nervo","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritores-mexicanos","tag-la-ultima-guerra","tag-literatura","tag-literatura-de-imaginacion"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/03\/AMADO-NERVO-en-1918-complementaria-1.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-30k","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11552","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=11552"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11552\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":11572,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11552\/revisions\/11572"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/11555"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=11552"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=11552"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=11552"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}