{"id":11540,"date":"2015-02-26T12:58:53","date_gmt":"2015-02-26T18:58:53","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=11540"},"modified":"2016-10-26T10:19:24","modified_gmt":"2016-10-26T15:19:24","slug":"mariana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/mariana\/","title":{"rendered":"Mariana"},"content":{"rendered":"<p>Este mes, un cuento de <a href=\"http:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/In%C3%A9s_Arredondo\">In\u00e9s Arrendondo<\/a> (1928-1989), gran narradora mexicana. La presente versi\u00f3n est\u00e1 tomada de la que se ofrece en la <a href=\"http:\/\/www.materialdelectura.unam.mx\/index.php?option=com_content&#038;task=view&#038;id=16&#038;Itemid=30\">colecci\u00f3n \u00abMaterial de Lectura\u00bb<\/a> de la UNAM, que tiene adem\u00e1s una presentaci\u00f3n de Huberto Batis en la que \u00e9ste anota el tema central del cuento: <\/p>\n<blockquote><p>una tragedia, la del inocente que expi\u00f3 por Mariana ese \u201cpecado m\u00e1s hermoso que la belleza\u201d, esa pureza absoluta que \u201c\u00fanicamente puede arder\u201d.<\/p><\/blockquote>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00abMariana\u00bb fue publicado en el libro <em>La se\u00f1al<\/em> (1965). Dos a\u00f1os m\u00e1s tarde se film\u00f3 una versi\u00f3n cinematogr\u00e1fica del cuento, dirigida por Juan Guerrero y con gui\u00f3n de la propia Arredondo en colaboraci\u00f3n con Juan Garc\u00eda Ponce.<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/02\/In\u00e9s-Arredondo.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"11542\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/mariana\/ines-arredondo\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/02\/In\u00e9s-Arredondo.jpg\" data-orig-size=\"600,405\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"In\u00e9s Arredondo\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/02\/In\u00e9s-Arredondo.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/02\/In\u00e9s-Arredondo.jpg\" alt=\"In\u00e9s Arredondo\" width=\"600\" height=\"405\" class=\"alignnone size-full wp-image-11542\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/02\/In\u00e9s-Arredondo.jpg 600w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/02\/In\u00e9s-Arredondo-300x203.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>MARIANA<br \/>\nIn\u00e9s Arredondo<\/strong><\/p>\n<p>Mariana vest\u00eda el uniforme azul marino y se sentaba en el pupitre al lado del m\u00edo. En la fila de adelante estaba Concha Zazueta. Mariana no atend\u00eda a la clase, entretenida en dibujar casitas con techos de dos aguas y \u00e1rboles con figuras de nubes, y un camino que llevaba a la casa, y patos y pollos, todo igual a lo que hacen los ni\u00f1os de primer a\u00f1o. Est\u00e1bamos en sexto. Hace calor, el sol de la tarde entra por las ventanas; la madre Paz, delante del pizarr\u00f3n, se retarda explicando la guerra del Peloponeso. Nos habla del odio de todas las aristocracias griegas hacia la imponente democracia ateniense. Extra\u00f1o. Justamente la \u00fanica aristocracia verdadera, para m\u00ed, era la ateniense, y Pericles la imagen en el poder de esa aristocracia; incluso la peste sobre Atenas, que mata sin equivocarse a \u201cla parte m\u00e1s escogida de la poblaci\u00f3n\u201d me parec\u00eda que subrayaba esa realidad. Todo esto era m\u00e1s una sensaci\u00f3n que un pensamiento. La madre Paz, aunque no lo dice, est\u00e1 tambi\u00e9n del lado de los atenienses. Es hermoso verla explicar \u2014reconstruyendo en el aire con sus manos finas los edificios que nunca ha visto\u2014 el esplendor de la ciudad condenada. Hay una necesidad amorosa de salvar a Atenas, pero la madre Paz siente tambi\u00e9n el extra\u00f1o goce de saber que la ciudad perfecta perecer\u00e1, al parecer sin grandeza, tristemente; al parecer, en la historia, pero no en verdad. Mariana me dio un codazo: \u201c\u00bfVes? Por este caminito va Fernando y yo ya estoy parada en la puerta, esper\u00e1ndolo\u201d, y me se\u00f1alaba muy ufana dos mu\u00f1equitos, uno con sombrero y otro con cabellera igual a las nubes y a los \u00e1rboles, tiesos y sin gracia en mitad del dibujo est\u00fapido. \u201cEst\u00e1n muy feos\u201d, le dije para que me dejara tranquila, y ella contest\u00f3:  \u201cLos voy a hacer otra, vez\u201d. Dio vuelta a la hoja de su cuaderno y se puso a dibujar con mucho cuidado un paisaje id\u00e9ntico al anterior. Pericles ya hab\u00eda muerto, para estoy segura de que Mariana jam\u00e1s oy\u00f3 hablar de \u00e9l.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Yo nunca la acompa\u00f1\u00e9; era Concha Zazueta quien  me lo contaba todo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;A la salida de la escuela, sentadas debajo de la palmera, nos dedic\u00e1bamos a comer los d\u00e1tiles agarrosos ca\u00eddos sobre el pasto, mientras Concha me dejaba saber, poco a poco, a d\u00f3nde hab\u00edan ido en el coche que Fernando le robaba a su padre mientras \u00e9ste lo ten\u00eda estacionado frente al Banco. En los algodonales, por las huertas, al lado del Puente Negro, por todas partes parec\u00edan brotar lugares maravillosos para correr en pareja, besarse y rodar abrazados sofocados de risa. Ni Concha ni yo hab\u00edamos sospechado nunca que a nuestro alrededor creciera algo muy parecido al para\u00edso terrenal. Concha dec\u00eda  \u201c\u2026y se le qued\u00f3 mirando, mirando, derecho a los ojos, muy serio, como si estuviera enojado o muy triste y ella se re\u00eda sin ruido y echaba la cabeza para atr\u00e1s y \u00e9l se iba acercando, acercando, y la miraba. \u00c9l parec\u00eda como desesperado, pero de repente cerr\u00f3 los ojos y la bes\u00f3; yo cre\u00ed que no la iba a soltar nunca. Cuando los abri\u00f3, la luz del sol lo lastim\u00f3. Entonces le acarici\u00f3 una mano, como si estuviera avergonzado\u2026 Todo  lo vi muy bien porque yo estaba en el asiento de atr\u00e1s y ellos ni cuenta se daban\u201d.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00a1Oh, Dios m\u00edo! Lo importante que se sent\u00eda Concha con esas historias; y se hac\u00eda rogar un poco para contarlas aunque le encantara hacerlo y sofocarse y mirar c\u00f3mo las otras nos sofoc\u00e1bamos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfPor qu\u00e9 se re\u00eda Mariana si Fernando estaba tan serio?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Qui\u00e9n sabe. \u00bfA ti te han besado alguna vez?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014A m\u00ed tampoco.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;As\u00ed que no pod\u00edamos entender aquellos cambios ni su significado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;M\u00e1s y m\u00e1s episodios, detalles, muchos detalles, se fueron acumulando en nosotras a trav\u00e9s de Concha Zazueta: Fernando tiraba poco a poco, por una puntita, del mo\u00f1o rojo del uniforme de Mariana mientras le contaba algo que hab\u00eda pasado en un mitin de la Federaci\u00f3n Universitaria; tiraba poquito a poquito, sin querer, para cuando de pronto se desbarataba el lazo y el list\u00f3n ca\u00eda desmadejado por el pecho de Mariana, los dos se echaban a re\u00edr, y abrazados, entre carcajadas, se olvidaban por completo de la Federaci\u00f3n. Tambi\u00e9n hubo pleitos por cosas inexplicables, por palabras sin sentido, por nada, pero sobre todo se besaban y \u00e9l la llamaba \u201clinda\u201d. Yo nunca se lo o\u00ed decir, pero a\u00fan ahora siento como un golpe en el est\u00f3mago cuando recuerdo la manera ahogada con que se lo dec\u00eda, apret\u00e1ndola contra s\u00ed, mientras Concha Zazueta conten\u00eda el aliento arrinconada en la parte de atr\u00e1s del autom\u00f3vil.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Fue el a\u00f1o siguiente, cuando ya est\u00e1bamos en primero de Comercio, que Mariana lleg\u00f3 un d\u00eda al Colegio con los labios rojo bermell\u00f3n. Amoratada se puso la madre Julia cuando la vio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Al ba\u00f1o inmediatamente a quitarte esa inmundicia de la cara. Despu\u00e9s vas a ir al despacho de la Madre Priora.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Paso a paso se dirigi\u00f3 Mariana a los ba\u00f1os. Regres\u00f3 con los labios sin grasa y de un rojo bastante discreto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfNo te dije que te quitaras toda esa horrible pintura?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed, madre, pero como es muy buena, de la que se pone mi mam\u00e1, no se quita.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo dijo con su voz lenta, afectada, como si estuviera ense\u00f1ando una lecci\u00f3n a un p\u00e1rvulo. La madre Julia palideci\u00f3 de ira.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No tendr\u00e1s derecho a ning\u00fan premio este a\u00f1o. \u00bfMe oyes?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed, madre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Vas a ir al despacho de la Madre Priora\u2026 Voy a llamar a tus padres\u2026 Y vas a escribir mil veces: Debo ser comedida con mis superiores, y\u2026 y\u2026 \u00bfentendiste?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed, madre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Todav\u00eda la madre Julia invent\u00f3 algunos castigos m\u00e1s, que no preocuparon en lo m\u00ednimo a Mariana.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfPor qu\u00e9 viniste pintada?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Era peor que vieran esto. F\u00edjense.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y meti\u00f3 el labio inferior entre los dientes para que pudi\u00e9ramos ver el borde de abajo: estaba partido en peque\u00f1\u00edsimas estr\u00edas y la piel completamente escoriada, aunque cubierta de pintura.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9 te pas\u00f3?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Fernando.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9 te hizo Fernando?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Ella sonri\u00f3 y se encogi\u00f3 de hombros, mir\u00e1ndonos con l\u00e1stima.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una ma\u00f1ana, antes de que sonara la campana de entrada a clases, Concha se me acerc\u00f3 muy agitada para decirme:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Anoche le peg\u00f3 su pap\u00e1. Yo estaba all\u00ed porque me invitaron a merendar. El pap\u00e1 grit\u00f3 y Mariana dijo que por nada del mundo dejar\u00eda a Fernando.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Entonces don Manuel le peg\u00f3. Le peg\u00f3 en la cara como tres veces. Estaba tan furioso que todos sentimos miedo, pero Mariana no. Se qued\u00f3 quieta, mir\u00e1ndolo. Le escurr\u00eda sangre de la boca, pero no lloraba ni dec\u00eda nada. Don Manuel la sacudi\u00f3 por los hombros, pero ella segu\u00eda igual, mir\u00e1ndolo. Entonces la solt\u00f3 y se fue. Mariana se limpi\u00f3 la sangre y se vio la mano manchada. Su mam\u00e1 estaba llorando. \u201cMe voy a acostar\u201d, me dijo Mariana con toda calma, y se meti\u00f3 a su cuarto. Yo estaba temblando. Me sal\u00ed sin dar siquiera las buenas noches; me fui a mi casa y casi no pude dormir. Ya no la voy a acompa\u00f1ar: me da miedo que su pap\u00e1 se ponga as\u00ed. Con seguridad que no va a venir.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero cuando son\u00f3 la campana, Mariana entr\u00f3 con su paso lento y la cabeza levantada, como todas las ma\u00f1anas. Tra\u00eda el labio de abajo hinchado y con una herida del lado izquierdo, cerca de la comisura, pero ven\u00eda perfectamente peinada y serena.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9 te pas\u00f3? \u2014le pregunt\u00f3 Lilia Ch\u00e1vez.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Me ca\u00ed \u2014contest\u00f3, mientras miraba, sonriendo con sorna, a Concha\u2014. Hormiga \u2014le murmur\u00f3 al o\u00eddo, al pasar junto a ella para ir a tomar su lugar entre las mayores.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hormiga se llam\u00f3 durante muchos a\u00f1os a la Hormiga Zazueta.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Golpes, internados, castigos, viajes, todo se hizo para que Mariana dejara a Fernando, y ella acept\u00f3 el dolor de los golpes y el placer de viajar, sin comprometerse. Nosotras sab\u00edamos que hab\u00eda un tiempo vac\u00edo que los padres podr\u00edan llenar como quisieran, pero que despu\u00e9s vendr\u00eda el tiempo de Fernando. Y as\u00ed fue. Cuando Mariana regres\u00f3 del internado, se fugaron, luego volvieron, pidieron perd\u00f3n y los padres los casaron. Fue una boda rumbosa y nosotras asistimos. Nunca vi dos seres tan hermosos: radiantes, libres al fin.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por supuesto que el vestido blanco y los azahares causaron esc\u00e1ndalo, se hablaba mucho de la fuga, pero todo era en el fondo tan normal que pens\u00e9 en lo absurdo que resultaba ahora Don Manuel por no haber permitido el noviazgo desde el principio. Aunque ella hubiera tenido entonces apenas trece o catorce a\u00f1os, si \u00e9l no se hubiera opuesto con esa inexplicable fiereza\u2026 Pero no, encima de la mesa estaban una mano de Fernando y una mano de Mariana, los dedos de \u00e9l sobre el dorso de la de ella, sin caricias, olvidadas; no era necesaria m\u00e1s que una atenci\u00f3n peque\u00f1a para ver la presencia que ten\u00eda ese contacto en reposo, hasta ser casi un brillo o un peso, algo diferente a dos manos que se tocan. No hab\u00eda padre, ni raz\u00f3n capaces de abolir la leve realidad inexplicable y segura de aquellas dos manos diferentes y juntas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Oscuro est\u00e1 en la boda de su hija, que se casa con un buen muchacho, hijo de familia amiga \u2014y recibe con una sonrisa los buenos augurios\u2014 pero tiene en el fondo de los ojos un vac\u00edo amargo. No es c\u00f3lera ni despecho, es un vac\u00edo. Mariana pasa frente a \u00e9l bailando con Fernando. Mariana. Sobre su cara luminosa veo de pronto el labio roto, la piel p\u00e1lida, y me doy cuenta de que aquel d\u00eda, a la entrada de clases, su rostro estaba cerrado. Serena y segura, caminando sin titubeos, desafiante, sostiene la herida, la palidez, el silencio; se cierra y contin\u00faa andando, sin permitirse dudar, ni confiar en nadie, ni llorar. La boca se hincha cada vez m\u00e1s y en sus ojos est\u00e1 el dolor amordazado, el que no vi entonces ni nunca, el dolor que s\u00e9 c\u00f3mo es pero que jam\u00e1s conoc\u00ed: un lento fluir oscuro y silencioso que va llenando, inundando los ojos hasta que estallan en el deslumbramiento \u00faltimo del espanto. Pero no hay espanto, no hay grito, est\u00e1 el vac\u00edo necesario para que el dolor comience a llenarlo. Parpadeo y me doy cuenta de que Mariana no est\u00e1 ah\u00ed, pas\u00f3 ya, y el labio herido, el rostro cada vez m\u00e1s p\u00e1lido y los ojos, sobre todo los ojos, son los de su padre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No quise ver a Mariana muerta, pero mientras la vel\u00e1bamos vi a Don Manuel y mir\u00e9 en sus facciones desordenadas la descomposici\u00f3n de las de Mariana: otra vez esa mezcla terrible de futuro y pasado, de sufrimiento puro, impersonal, encarnado sin embargo en una persona, en dos, una viva y otra muerta, ciegas ahora ambas y anegadas por la corriente oscura a la que se abandonaron por ellos y por otros m\u00e1s, muchos m\u00e1s, o por alguno.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Mariana estaba aqu\u00ed, sobre ese div\u00e1n forrado de terciopelo color oro, sentada sobre las piernas, agazapada, y con una copa en la mano. Alrededor de ella el terciopelo se arruga en ondas. Recuerdo sus ojos amarillos, mansos y en espera. \u201cLa v\u00edctima contaba con 34 a\u00f1os. \u201cNo pensaba uno nunca en la edad mirando a Mariana. Vine aqu\u00ed por evocarla, en tu casa y contigo. Espera: hablaba arrastrando s\u00edlabas y palabras durante minutos completos, palabras tontas, que dejaba salir despacio, arqueando la boca, palabras que no le importaban y que iba soltando, saboreando, sirvi\u00e9ndose de ellas para gozar los tonos de su voz. Una voz falsa, ya lo s\u00e9, pero buscada, encontrada, la \u00fanica verdaderamente suya. Creaba un gesto, medio gesto, en ella, en ti, en m\u00ed, en el gesto mismo, pero hab\u00eda algo m\u00e1s\u2026 \u00bfTe acuerdas? Adoraba decir barbaridades con su voz ronca para luego volver la cabeza, aparentando fastidio, acarici\u00e1ndose el cuello con una mano, mientras los dem\u00e1s nos mor\u00edamos de risa. Las perlas, aquel largo collar de perlas tras el que se ocultaba sonriente, mordisque\u00e1ndolo, mostr\u00e1ndose. Los gestos, los movimientos. Jugar a la vampiresa, o jugar a la alegre, a la bailadora, a la sensual. Decir as\u00ed qui\u00e9n era, mientras cantaba, beb\u00eda, bailaba. Pero no lo dec\u00eda todo\u2026 \u00bfTe das cuenta de que nunca la vimos besar a Fernando? Y los hemos visto a los otros, hasta a los ad\u00falteros, alguna vez, en la madrugada, pero a ellos no; lo que hac\u00edan era irse para acariciarse en secreto. En secreto muri\u00f3 aunque el esc\u00e1ndalo se haya extendido como una mancha, aunque mostraran su desnudez, su intimidad, lo que ellos creen que es su intimidad. El tiempo lento y fren\u00e9tico de Mariana era hacia adentro, en profundidad, no transcurr\u00eda. Un tanteo a ciegas, en el que no ten\u00eda nada que hacer la inteligencia. S\u00e9 que te parece que hago mal, que es antinatural este encarnizamiento imp\u00fadico con una historia ajena. Pero no es ajena. Tambi\u00e9n ha sucedido por ti y por m\u00ed\u2026 La locura y el crimen\u2026 \u00bfPensaste alguna vez en que las historias que terminan como debe de ser quedan aparte, existan de un modo absoluto? En un tiempo que no transcurre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Husmeando, llegu\u00e9 a la c\u00e1rcel. Fui a ver al asesino.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00c9se es inocente. No; quiero decir, es culpable, ha asesinado. Pero no sabe.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando entr\u00e9 me mir\u00f3 de un modo que me hizo ser consciente de mi aspecto, de mis maneras: elegante. Cualquier cosa se me hubiera ocurrido menos que me iba a sentir elegante en una celda, ante un asesino.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;S\u00ed, \u00e9l la mat\u00f3, con esas manos que muestra aterrado, escandalizado de ellas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No sabe por qu\u00e9, no sabe por qu\u00e9, y se echa a llorar. \u00c9l no la conoc\u00eda; un amigo, viajero tambi\u00e9n, le habl\u00f3 de ella. Todo fue exactamente como le dijo su amigo, menos al final, cuando el placer se prolong\u00f3 mucho, much\u00edsimo, y \u00e9l se dio cuenta de que el placer estaba en ahogarla. \u00bfPor qu\u00e9 ella no se defendi\u00f3? Si hubiera gritado, o lo hubiera ara\u00f1ado, eso no habr\u00eda sucedido, pero ella no parec\u00eda sufrir. Lo peor era que lo estaba mirando. Pero \u00e9l no se dio cuenta de que la mataba. \u00c9l no quer\u00eda, no ten\u00eda por qu\u00e9 matarla. \u00c9l sabe que la mat\u00f3, pero no lo cree. No puede creerlo. Y los sollozos lo ahogan. Me pide perd\u00f3n, se arrodilla, me habla de sus padres, all\u00e1 en Sayula. \u00c9l ha sido bueno siempre, puedo pregunt\u00e1rselo a cualquiera en su pueblo. Le contesto que lo s\u00e9, porque los premios a la inocencia son con frecuencia as\u00ed. Para \u00e9l son extra\u00f1as mis palabras, y sigue llorando. Me da pena. Cuando salgo de la celda, est\u00e1 tirado en el suelo, boca abajo, llorando. Es una v\u00edctima.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Me fui a M\u00e9xico a ver a Fernando. No le extra\u00f1\u00f3 que hiciera un viaje tan largo pero hablar con \u00e9l. Encontr\u00f3 naturales mis explicaciones. Si hubiera sido un poco menos verdadero lo que me cont\u00f3 hasta hubiera podido estar agradecido de mi testimonio. Pero \u00e9l y Mariana no necesitan testigos: lo son uno del otro. Fernando no regatea la entrega. Triunfa en \u00e9l el tiempo sin fondo de Mariana, \u00bfo fue \u00e9l quien se lo dio? De cualquier manera, el relato de Fernando le da un sentido a los datos inconexos y desquiciados que suponemos constituyen la verdad de una historia. En su confesi\u00f3n encontr\u00e9 lo que he venido rastreando: el secreto que hace absoluta la historia de Mariana.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cEl d\u00eda del casamiento ella estaba bell\u00edsima. Sus ojos ten\u00edan una pureza animal, anterior a todo pecado. En el momento en que recibi\u00f3 la bendici\u00f3n yo adivin\u00e9 su cuerpo recorrido por un escalofr\u00edo de gozo. El contacto con \u2018algo\u2019 m\u00e1s all\u00e1 de los sentidos la estremeci\u00f3 agudamente, no en los nervios importantes, sino en los nerviecillos menores que rematan su recorrido en la piel. Le pas\u00e9 una mano por la espalda, suavemente, y sent\u00ed c\u00f3mo volv\u00edan a vibrar; casi me pareci\u00f3 ver la espalda desnuda a sacudirse por zonas, por manchas, con un movimiento leonado. Ahora las cosas iban mejor: Mariana estaba consagrada\u2026 para m\u00ed. Pero me enga\u00f1\u00e9: sus ojos segu\u00edan abiertos mirando el altar. Solamente yo vi esa mirada fija absorber un misterio que nadie podr\u00eda poner en palabras. Todav\u00eda cuando se volvi\u00f3 hacia m\u00ed los ten\u00eda llenos de vac\u00edo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cMiedo o respeto deb\u00eda sentir, pero no, un extra\u00f1o furor, una necesidad inacabable de posesi\u00f3n me enceguecieron, y ah\u00ed comenz\u00f3 lo que ellos llaman mi locura.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cPodr\u00eda decirse que de esa locura nacieron los cuatro hijos que tuvimos; no es as\u00ed, el amor, la carne, existieron tambi\u00e9n, y durante a\u00f1os fueron suficientes para apaciguar la pasi\u00f3n espiritual que brill\u00f3 por primera vez aquel d\u00eda. Nos fueron concedidos muchos a\u00f1os de felicidad ardiente y honorable. Por eso creo, ahora mismo, que estamos dentro de una gran ola de misericordia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cFue otro momento de gran belleza el que nos marc\u00f3 definitivamente.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cEl sol no ten\u00eda peso; un viento fr\u00edo y constante recorr\u00eda las marismas desiertas; detr\u00e1s de los m\u00e9danos sonaba el mar; no hab\u00eda m\u00e1s que mangles chaparros y arena salitrosa, caminos tersos y duros, inviolables, extra\u00f1amente iguales al cielo p\u00e1lido e inm\u00f3vil. Los pasos no dejan huella en las marismas, todos los senderos son iguales, y sin embargo uno no se cansa, los recorre siempre sorprendido de su belleza desnuda e inh\u00f3spita. Tomados de la mano llegamos al borde del estero de Dautillos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cFue ella la que me mostr\u00f3 sus ojos en un acto inocente, imp\u00fadico. Otra vez sin mirada, sin fondo, incapaces de ser espejos, totalmente vac\u00edos de m\u00ed. Luego los volvi\u00f3 hacia los m\u00e9danos y se qued\u00f3 inm\u00f3vil.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cEl furor que sent\u00ed el d\u00eda de la boda, los celos terribles de que algo, alguien, pudiera hacer surgir aquella mirada helada en los ojos de Mariana, mi Mariana carnal, tonta; celos de un alma que exist\u00eda, natural y que no era para mi; celos de aquel absorber lento en el altar, en la belleza, el alimento de algo que le era necesario y que deb\u00eda tener exigencias, agazapado siempre dentro de ella, y que no quer\u00eda tener nada conmigo. Furor y celos inmensos que me hicieron golpearla, meterla al agua, estrangularla, ahogarla, buscando siempre para m\u00ed la mirada que no era m\u00eda. Pero los ojos de Mariana, abiertos, siempre abiertos, s\u00f3lo me reflejaban: con sorpresa, con miedo, con amor, con piedad. Recuerdo eso sobre todo, sus ojos bajo el agua, desorbitados, mir\u00e1ndome con una piedad inmensa. Despu\u00e9s he recordado el pelo mojado, pegado al cuello, que parec\u00eda en aquel momento infantil; la sangre corriendo de la boca, de la oreja; el grito ronco de su agon\u00eda y mi amor de hombre gritando junto a su voz el dolor espantoso de verla herida, sufriente, medio muerta, mientras mi alma segu\u00eda asesin\u00e1ndola para llegar a producir su mirada insondable, para tocarla en el \u00faltimo momento, cuando ella no pudiera ya m\u00e1s mirarme a m\u00ed y no tuviera otro remedio que mirarme como a su muerte. Quer\u00eda ser su muerte.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cY s\u00ed, hubo un instante en que sus ojos vac\u00edos, fijos en los m\u00edos, me llenaron de aquello desconocido, m\u00e1s all\u00e1 de ella y de m\u00ed, un abismo en el que yo no sab\u00eda mirar, en el que me perd\u00ed como en una noche terrible. La solt\u00e9, arrastr\u00e9 su cuerpo hasta la orilla y grit\u00e9, grite echado sobre su vientre, mientras miraba los agujeros innumerables, las burbujas, los movimientos ciegos, el horror pululante, calmo y sin piedad de los habitantes de la orilla del estero; \u00ednfimas manifestaciones de vida, ni gusanos ni batracios, asquerosos informes, torpes, peque\u00f1\u00edsimos, vivos, seres callados que me hicieron llorar por mi enorme pecado, y entenderlo, y amarlo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u201cDesde entonces estoy aqu\u00ed. Tomo las pastillas y finjo que he olvidado. Me porto bien, soy amable, asiento a todas las buenas razones que me da el m\u00e9dico y admito de buen grado que estoy loco. Pero ellos no saben el mal que me hacen. Lo primero que recuerdo despu\u00e9s de aquello es que alguien me dijo que Mariana estaba viva; entonces quise ir a ella, pedirle perd\u00f3n, llor\u00e9 de dolor y arrepentimiento, le escrib\u00ed, pero no nos dejaron acercar. S\u00e9 que vino, que suplic\u00f3, pero ellos velaron tambi\u00e9n por su bien y no la dejaron entrar. Dec\u00edan que la nuestra era una pasi\u00f3n destructiva, sin comprender que lo \u00fanico que pod\u00eda salvarnos era el deseo, el amor, la carne que nos daba el descanso y la ternura.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cA m\u00ed, a fuerza de tratamiento, terminaron por quitarme todo lo que me hac\u00eda bien: sexo, fuerza, la alegr\u00eda del animal sano, y me dejaron a solas con lo que pienso y nunca les dir\u00e9.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cA ella la abandonaron a su pasi\u00f3n sin respuesta. Luego les extra\u00f1o que comenzara a irse a los hoteles, sin el menor recato, con el primer tipo que se le pon\u00eda enfrente. Cuando una vez dije que era por fidelidad a nosotros que hac\u00eda eso, que no le hab\u00edan dejado otra manera de buscarme, se alarmaron tanto que quisieron hacerme inmediatamente la operaci\u00f3n. Por mi bien y salud me castrar\u00e1n de todas las maneras posibles, hasta no dejar m\u00e1s que la inocente y envidiable vida primitiva, verdadera: la de los seres que pueblan las orillas de los esteros.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u201cMe alegra poder decir lo que tengo que decir, antes de que me hagan olvidarlo o no entenderlo: yo mat\u00e9 a Mariana. Fui yo, con las manos de ese infeliz Anselmo Pineda, viajante de comercio; era yo ese al que Mariana buscaba en el cuerpo de otros hombres: jam\u00e1s nadie la toc\u00f3 m\u00e1s que yo; fui yo su muerte, me mir\u00f3 a los ojos y por eso ahora siento desprecio por lo que van a hacerme, pero no me da miedo, porque mucho m\u00e1s terrible que la idiotez que me espera es esa \u00faltima mirada de Mariana en el hotel, mientras la estrangulaba, esa mirada que es todo el silencio, la imposibilidad, la eternidad, donde ya no somos, donde jam\u00e1s volver\u00e9 a encontrarla.\u201d<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento de la narradora mexicana In\u00e9s Arredondo, sobre la pureza y la pasi\u00f3n que destruye.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":11542,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"El #cuento del mes en Las Historias: \"Mariana\" de In\u00e9s Arredondo. http:\/\/wp.me\/pjEhq-308","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[22,2343,185,198,1740,2855,2825],"class_list":["post-11540","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritoras","tag-escritores-mexicanos","tag-ines-arredondo","tag-literatura","tag-mariana"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2015\/02\/In\u00e9s-Arredondo.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/sjEhq-mariana","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11540","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=11540"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11540\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":11545,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11540\/revisions\/11545"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/11542"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=11540"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=11540"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=11540"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}