{"id":11349,"date":"2014-12-29T18:01:01","date_gmt":"2014-12-30T00:01:01","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=11349"},"modified":"2016-10-26T10:19:26","modified_gmt":"2016-10-26T15:19:26","slug":"un-episodio-distante","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/un-episodio-distante\/","title":{"rendered":"Un episodio distante"},"content":{"rendered":"<p>El tercer cuento de este mes es de <a href=\"http:\/\/www.paulbowles.org\/enter.html\">Paul Bowles<\/a> (1910-1999), escritor y compositor estadounidense: una figura de culto, conocida por haber vivido durante d\u00e9cadas en T\u00e1nger (all\u00ed convivi\u00f3 con otros autores emigrados como William Burroughs) y por su reputaci\u00f3n de \u00abescritor para escritores\u00bb. Nunca ha sido m\u00e1s famoso que en los a\u00f1os ochenta del siglo pasado, tras el estreno de <em>Refugio para el amor<\/em> de Bernardo Bertolucci, una <a href=\"http:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/The_Sheltering_Sky\">pel\u00edcula<\/a> basada en su novela <em><a href=\"http:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/El_cielo_protector\">El cielo protector<\/a><\/em>; sin embargo, su obra es realmente extraordinaria (Gore Vidal la colocaba a la altura de las de Carson McCullers o Tennessee Williams) y circula m\u00e1s ahora que antes de su muerte.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Adem\u00e1s de una visi\u00f3n muy extra\u00f1a y turbadora de los vuelcos de la vida humana, y de la pr\u00e1ctica terrible de la esclavitud, \u00abA Distant Episode\u00bb es tambi\u00e9n un resumen de las ideas de Bowles (muy pesimistas) sobre las posibilidades de entendimiento entre Oriente y Occidente. Fechado en 1945, apareci\u00f3 por primera vez en la revista <em>Partisan Review<\/em> en enero de 1947. La traducci\u00f3n que aparece aqu\u00ed es una versi\u00f3n revisada de la de <a href=\"http:\/\/triunfo-arciniegas.blogspot.mx\/2013\/07\/paul-bowles-un-episodio-distante.html\">Guillermo Lorenzo<\/a>, hecha para una <a href=\"http:\/\/www.alfaguara.com\/es\/libro\/un-episodio-distante\/\">selecci\u00f3n<\/a> de cuentos de Bowles.<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/12\/AK_Incognito_010-1072x714.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"11506\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/un-episodio-distante\/ak_incognito_010-1072x714\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/12\/AK_Incognito_010-1072x714.jpg\" data-orig-size=\"1072,714\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Bowles en T\u00e1nger\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/12\/AK_Incognito_010-1072x714-1024x682.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/12\/AK_Incognito_010-1072x714.jpg\" alt=\"Bowles en T\u00e1nger\" width=\"1072\" height=\"714\" class=\"alignnone size-full wp-image-11506\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/12\/AK_Incognito_010-1072x714.jpg 1072w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/12\/AK_Incognito_010-1072x714-300x200.jpg 300w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/12\/AK_Incognito_010-1072x714-1024x682.jpg 1024w\" sizes=\"auto, (max-width: 1072px) 100vw, 1072px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>UN EPISODIO DISTANTE<br \/>\nPaul Bowles<\/strong><\/p>\n<p>Los crep\u00fasculos de septiembre eran m\u00e1s rojos que nunca la semana que el Profesor decidi\u00f3 visitar Ain Taduirt, que est\u00e1 en la parte c\u00e1lida del pa\u00eds. Al llegar la noche baj\u00f3 en autob\u00fas desde la meseta, con dos peque\u00f1os neceseres llenos de mapas, bronceadores y medicinas. Diez a\u00f1os antes hab\u00eda estado tres d\u00edas en el pueblo; le hab\u00edan bastado, sin embargo, para establecer una amistad bastante s\u00f3lida con el due\u00f1o de un caf\u00e9, que le hab\u00eda escrito varias veces durante el primer a\u00f1o luego de su visita, aunque nunca despu\u00e9s. \u201cHassan Ramani\u201d, dec\u00eda el Profesor una y otra vez, mientras el autob\u00fas daba tumbos al bajar, atravesando capas cada vez m\u00e1s c\u00e1lidas de aire. Unas veces frente al cielo llameante de oeste, y otras mirando a las afiladas monta\u00f1as, el veh\u00edculo descend\u00eda por el camino polvoriento entre los desfiladeros, y entraba en una atm\u00f3sfera que empezaba a oler a otras cosas aparte de al inagotable ozono de las alturas: azahar, pimienta, excrementos cocidos por el sol, aceite de oliva ardiente, fruta podrida. Cerr\u00f3 los ojos alegremente y vivi\u00f3 por un instante en un mundo puramente olfativo. El pasado distante regres\u00f3: qu\u00e9 parte de \u00e9l, no supo decirlo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El chofer, cuyo asiento compart\u00eda el Profesor, le habl\u00f3 sin quitar los ojos del camino.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014<em>Vous \u00eates g\u00e9ologue?<\/em><br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfGe\u00f3logo? Ah, no. Soy ling\u00fcista.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Aqu\u00ed no hay lenguas. S\u00f3lo hay dialectos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Exacto. Estoy haciendo un estudio sobre las variedades del magreb\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El chofer se mostr\u00f3 despectivo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Siga hacia el sur \u2014dijo\u2014. Encontrar\u00e1 lenguas de las que nunca ha o\u00eddo hablar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando atravesaban la puerta del pueblo, la habitual nube de chiquillos surgi\u00f3 de entre el polvo y corri\u00f3 gritando junto al autob\u00fas. El Profesor se quit\u00f3 los lentes de sol, los dobl\u00f3 y los guard\u00f3 en su bolsillo; tan pronto como el veh\u00edculo se detuvo, baj\u00f3 de un salto, se abri\u00f3 paso entre los indignados ni\u00f1os que tiritaban en vano de su equipaje y camin\u00f3 deprisa hasta llegar al Grand Hotel Saharien. De sus ocho habitaciones hab\u00eda dos disponibles: una orientada al mercado y la otra, m\u00e1s peque\u00f1a y barata, que daba a un patio min\u00fasculo lleno de desperdicios y de barriles en el que se mov\u00edan dos gacelas. Tom\u00f3 la habitaci\u00f3n m\u00e1s peque\u00f1a y, vertiendo un jarro entero de agua en la jofaina de esta\u00f1o, empez\u00f3 a lavarse el polvo arenoso de la cara y de las orejas. El resplandor del atardecer hab\u00eda desaparecido casi por completo del cielo, y de los objetos estaba desapareciendo el rosa casi ante sus propios ojos. Encendi\u00f3 la l\u00e1mpara de carburo e hizo un gesto de desagrado por el olor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Despu\u00e9s de cenar, el Profesor camin\u00f3 despacio por las calles hasta el caf\u00e9 de Hassan Ramani, cuya trastienda colgaba peligrosamente sobre el r\u00edo. La entrada era muy baja y tuvo que agacharse un poco para entrar. Un hombre cuidaba del fuego. Hab\u00eda un cliente bebiendo su t\u00e9 a peque\u00f1os sorbos. El <em>qauayi<\/em> trat\u00f3 de hacerlo sentarse en otra mesa de la parte delantera, pero el Profesor avanz\u00f3 sin hacerle caso hasta la trastienda y se sent\u00f3 all\u00ed. La luna brillaba a trav\u00e9s de una celos\u00eda de ca\u00f1as y no hab\u00eda ning\u00fan sonido afuera salvo el ladrido intermitente y lejano de un perro. Cambi\u00f3 de mesa para poder ver el r\u00edo. Estaba seco, pero hab\u00eda charcos aqu\u00ed y all\u00e1 que reflejaban el brillante cielo nocturno. Entr\u00f3 el <em>qauayi <\/em>y le limpi\u00f3 la mesa.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfEste caf\u00e9 pertenece todav\u00eda a Hassan Ramani? \u2014pregunt\u00f3 el Profesor en el magreb\u00ed que le hab\u00eda tomado cuatro a\u00f1os aprender.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El hombre respondi\u00f3 en mal franc\u00e9s:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ha fallecido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfFalleci\u00f3\u2026? \u2014repiti\u00f3 el Profesor, sin percibir lo absurdo de la palabra\u2014. \u00bfDe veras? \u00bfCu\u00e1ndo?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No lo s\u00e9 \u2014dijo el <em>qauayi<\/em>\u2014. \u00bfUn t\u00e9?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed. Pero no entiendo\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El hombre hab\u00eda salido ya de la habitaci\u00f3n y estaba atizando el fuego. El Profesor se qued\u00f3 sentado, inm\u00f3vil, sinti\u00e9ndose solo y tratando de convencerse a s\u00ed mismo de que era rid\u00edculo. Poco despu\u00e9s el <em>qauayi<\/em> regres\u00f3 con el t\u00e9. Le pag\u00f3, dej\u00e1ndole una enorme propina, a cambio de la cual recibi\u00f3 una grave reverencia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014D\u00edgame \u2014dijo, mientras el otro empezaba a alejarse\u2014. \u00bfSe pueden conseguir todav\u00eda esas cajitas hechas de ubre de camella?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El hombre pareci\u00f3 molesto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014A veces los <em>reguibat<\/em> traen cosas de \u00e9sas. Aqu\u00ed no las compramos \u2014y luego, con insolencia, en \u00e1rabe: \u2014\u00bfPara qu\u00e9 una caja de ubre de camella?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Porque me gustan \u2014replic\u00f3 el Profesor. Y, como estaba un poco exaltado, a\u00f1adi\u00f3: \u2014Me gustan tanto que quiero hacer una colecci\u00f3n; le pagar\u00e9 diez francos por cada una que me consiga.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8212;<em>Jamstache<\/em> \u2014repuso el <em>qauayi<\/em>, abriendo la mano izquierda r\u00e1pidamente tres veces seguidas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ni hablar. Diez.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No se puede. Pero espere a m\u00e1s tarde y venga conmigo. Me puede dar lo que quiera. Y tendr\u00e1 cajas de ubre de camella si es que hay alguna.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se fue a la parte delantera, dejando al Profesor que bebiera su t\u00e9 escuchando el coro creciente de perros que ladraban y aullaban mientras la luna se elevaba en el cielo. Un grupo de parroquianos lleg\u00f3 al cuarto delantero y estuvo sentado, charlando, durante cerca de una hora. Cuando ya se hab\u00edan ido, el <em>qauayi<\/em> apag\u00f3 el fuego y se detuvo en el umbral mientras se pon\u00eda un albornoz.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Venga \u2014dijo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En la calle hab\u00eda muy poco movimiento. Los puestos estaban todos cerrados y la \u00fanica luz ven\u00eda de la luna. De vez en cuando pasaba un transe\u00fante y saludaba con un breve gru\u00f1ido al <em>qauayi<\/em>.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Todo el mundo lo conoce \u2014dijo el Profesor, para romper el silencio entre ellos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ojal\u00e1 todo el mundo me conociera \u2014dijo el Profesor, antes de darse cuenta de lo infantil que deb\u00eda sonar aquel comentario.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014<em>Nadie<\/em> lo conoce \u2014dijo su acompa\u00f1ante con brusquedad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hab\u00edan llegado al otro lado del pueblo, hasta un promontorio que dominaba el desierto, y a trav\u00e9s de una gran grieta en el muro el Profesor vio la blancura interminable, rota en primer plano por manchas oscuras de oasis. Pasaron por la abertura y siguieron por una vereda sinuosa entre las rocas, hacia abajo y hasta el palmar m\u00e1s cercano. El Profesor pens\u00f3: \u201cPodr\u00eda cortarme el cuello. Pero tiene un caf\u00e9\u2026 Seguro lo descubrir\u00edan.\u201d<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfEst\u00e1 lejos? \u2014pregunt\u00f3 sin darle importancia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfEst\u00e1 cansado? \u2014pregunt\u00f3 a su vez al <em>qauayi<\/em>.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Me esperan en el Hotel Saharien \u2014minti\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No puede estar all\u00e1 y aqu\u00ed \u2014dijo el <em>qauayi<\/em>.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El Profesor se ri\u00f3. Se pregunt\u00f3 si la risa le sonar\u00eda inquieta al otro.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfHa sido due\u00f1o del caf\u00e9 de Ramani por mucho tiempo?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Trabajo ah\u00ed para un amigo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La respuesta entristeci\u00f3 al Profesor m\u00e1s de lo que \u00e9l hubiera imaginado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ah. \u00bfTrabajar\u00e1 ma\u00f1ana?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No se puede saber.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El Profesor tropez\u00f3 en una piedra y cay\u00f3 haci\u00e9ndose un rasgu\u00f1o en una mano. El <em>qauayi<\/em> dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Tenga cuidado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;De pronto flot\u00f3 en el aire el olor dulce y negro de la carne podrida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;\u00a1Agh! \u2014exclam\u00f3 el Profesor, sintiendo que se ahogaba\u2014 \u00bfQu\u00e9 es eso?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El <em>qauayi<\/em> se hab\u00eda tapado la cara con su albornoz y no respondi\u00f3. Poco despu\u00e9s dejaron atr\u00e1s la pestilencia. Estaban en un llano. Delante de ellos, el sendero estaba flanqueado por altos muros de adobe. No hab\u00eda brisa alguna y las palmeras estaban completamente inm\u00f3viles, pero tras los muros se o\u00eda el ruido de agua corriente. El olor de excrementos humanos era casi constante mientras caminaban entre las dos paredes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El Profesor esper\u00f3 hasta que le pareci\u00f3 l\u00f3gico preguntar, con cierto grado de irritaci\u00f3n:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfPero ad\u00f3nde vamos?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Pronto \u2014dijo el gu\u00eda, deteni\u00e9ndose para recoger unas piedras en la cuneta\u2014. Recoja piedras \u2014le recomend\u00f3\u2014. Aqu\u00ed hay perros malos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfD\u00f3nde? \u2014pregunt\u00f3 el Profesor, pero se agach\u00f3 y cogi\u00f3 tres grandes y de aristas afiladas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Continuaron en gran silencio. Dejaron atr\u00e1s los muros y se abri\u00f3 ante ellos el desierto brillante. Cerca de all\u00ed hab\u00eda un morabito en ruinas, con su diminuta c\u00fapula apenas en pie y la fachada totalmente destruida. Detr\u00e1s hab\u00eda grupos de palmeras enanas, in\u00fatiles. Un perro cojo corri\u00f3 hacia ellos, enloquecido, sobre tres patas. S\u00f3lo hasta que estuvo casi junto a ellos oy\u00f3 el Profesor su gru\u00f1ido grave y constante. El <em>qauayi<\/em> le lanz\u00f3 una gran piedra, d\u00e1ndole directamente en el hocico. Se escuch\u00f3 un extra\u00f1o crujido de mand\u00edbulas y el perro sigui\u00f3 corriendo de lado hacia otra parte, tropezando ciegamente contra las piedras y revolvi\u00e9ndose en todas direcciones como un insecto herido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Separ\u00e1ndose del sendero, caminaron por un terreno erizado de piedras afiladas, a un lado de las peque\u00f1as ruinas, entre los \u00e1rboles y hasta llegar a un lugar donde el terreno  descend\u00eda abruptamente ante ellos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&#8211;Parece una cantera \u2014dijo el Profesor, recurriendo al franc\u00e9s para la palabra \u00abcantera\u00bb, cuyo equivalente en \u00e1rabe no pudo recordar en aquel momento. El <em>qauayi<\/em> no respondi\u00f3. En cambio se qued\u00f3 inm\u00f3vil y volvi\u00f3 la cabeza como escuchando. Y, efectivamente, desde abajo llegaba el sonido tenue y grave de una flauta. El <em>qauayi<\/em> asinti\u00f3 despacio varias veces. Luego dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014El sendero empieza aqu\u00ed. Puede usted verlo bien durante todo el camino. La piedra es blanca y la luna brillante. As\u00ed que puede ver bien. Ahora yo me regreso a dormir. Es tarde. Puede darme lo que quiera.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;All\u00ed de pie al borde del abismo, que a cada momento parec\u00eda m\u00e1s profundo, con su cara cerca del rostro oscuro del <em>qauayi<\/em> enmarcado por su albornoz e iluminado por la luna, el Profesor se pregunt\u00f3 a s\u00ed mismo qu\u00e9 era lo que sent\u00eda. Indignaci\u00f3n, curiosidad, miedo, tal vez, pero sobre todo alivio y la esperanza de que no se tratara de una treta, la esperanza de que el <em>qauayi<\/em> de verdad lo dejara solo y regresara sin \u00e9l.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se separ\u00f3 un poco del borde y rebusc\u00f3 en su bolsillo un billete suelto, porque no quer\u00eda ense\u00f1ar la cartera. Por suerte ten\u00eda uno de cincuenta francos, que sac\u00f3 y entreg\u00f3 al hombre. Sab\u00eda que el <em>qauayi<\/em> estaba complacido, as\u00ed que no prest\u00f3 atenci\u00f3n cuando lo oy\u00f3 decir:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No es bastante. Tengo que andar un largo camino hasta mi casa y hay perros\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Gracias y buenas noches \u2014dijo el Profesor sent\u00e1ndose con las piernas cruzadas y encendiendo un cigarrillo. Se sent\u00eda casi feliz.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Deme al menos un cigarrillo \u2014le pidi\u00f3 el hombre.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Claro \u2014dijo \u00e9l con cierta brusquedad, ofreci\u00e9ndole el paquete.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El <em>qauayi<\/em> se acuclill\u00f3 muy cerca de \u00e9l. Su cara no era agradable de ver. \u201c\u00bfQu\u00e9 sucede?\u201d, pens\u00f3 el Profesor aterrorizado de nuevo, mientras le ofrec\u00eda su cigarrillo encendido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los ojos del hombre casi estaban cerrados. Era la cara m\u00e1s evidente de estar tramando algo que el Profesor hubiera visto. Cuando el segundo cigarrillo estuvo encendido, se aventur\u00f3 a decir en \u00e1rabe, que segu\u00eda en cuclillas:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfEn qu\u00e9 piensa?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El otro dio una chupada a su cigarrillo lentamente y pareci\u00f3 estar a punto de hablar. Entonces su expresi\u00f3n se convirti\u00f3 en una de satisfacci\u00f3n, pero no dijo nada. Se hab\u00eda levantado un viento fresco y el Profesor sinti\u00f3 un escalofr\u00edo. El sonido de la flauta ascend\u00eda a intervalos desde lo profundo, mezclado a veces con el susurro de las palmeras al rozarse unas con otras en la espesura cercana. \u201cEstas gentes no son primitivas\u201d, se encontr\u00f3 diciendo mentalmente el Profesor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Bueno \u2014dijo el <em>qauayi<\/em> levant\u00e1ndose despacio\u2014. Qu\u00e9dese su dinero. Cincuenta francos es suficiente. Es un honor \u2014entonces volvi\u00f3 al franc\u00e9s: \u2014<em>Ti n\u2019as qu\u2019\u00e0 discendre, to\u2019droit.<\/em><br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Escupi\u00f3, ri\u00f3 levemente (\u00bfo es que el Profesor estaba ya hist\u00e9rico?) y se alej\u00f3 de prisa, a grandes pasos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El Profesor ten\u00eda los nervios de punta. Encendi\u00f3 otro cigarrillo y se dio cuenta de que mov\u00eda los labios autom\u00e1ticamente. Estaban diciendo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfEsto es una situaci\u00f3n o un predicamento? Esto es rid\u00edculo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se qued\u00f3 sentado muy quieto durante varios minutos, esperando recuperar la sensaci\u00f3n de realidad. Se tendi\u00f3 en el suelo duro y fr\u00edo y mir\u00f3 la luna. Era casi como mirar directamente al sol. Si mov\u00eda su mirada poco a poco, pod\u00eda conseguir una hilera de lunas m\u00e1s d\u00e9biles en el cielo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Incre\u00edble \u2014murmur\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Luego se incorpor\u00f3 r\u00e1pidamente y mir\u00f3 a su alrededor. Nada garantizaba que el <em>qauayi<\/em> hubiera vuelto realmente al pueblo. Se puso en pie y se asom\u00f3 al borde del precipicio. A la luz de la luna el fondo parec\u00eda hallarse a kil\u00f3metros de distancia. Y no hab\u00eda nada que sirviese como punto de referencia; ni un \u00e1rbol, ni una casa, ni una persona\u2026 Trat\u00f3 de escuchar la flauta, pero oy\u00f3 s\u00f3lo el viento contra sus o\u00eddos. Un deseo violento y repentino de volver corriendo al camino se apoder\u00f3 de \u00e9l, y se volvi\u00f3 para mirar en la direcci\u00f3n que hab\u00eda tomado el <em>qauayi<\/em>. Al mismo tiempo se palp\u00f3 suavemente la cartera en el bolsillo del pecho. Escupi\u00f3 hacia el borde del acantilado. Luego orin\u00f3 en la misma direcci\u00f3n y escuch\u00f3 atentamente, como un ni\u00f1o. Esto le dio \u00e1nimos para empezar a descender por el sendero del abismo. Curiosamente, no sent\u00eda v\u00e9rtigo. Sin embargo tuvo la prudencia de no mirar a la derecha, m\u00e1s all\u00e1 del borde. Era una bajada constante y empinada. Su monoton\u00eda lo llev\u00f3 a un estado mental no muy diferente del que le hab\u00eda causado el viaje en autob\u00fas. Estaba de nuevo murmurando \u00abHassan Ramani\u00bb, una y otra vez, r\u00edtmicamente. Se detuvo, furioso consigo mismo por las asociaciones siniestras que el nombre le suger\u00eda ahora. Concluy\u00f3 que estaba agotado por el viaje. \u2014Y por el paseo \u2014a\u00f1adi\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hab\u00eda bajado ya un buen trecho del gigantesco risco, pero la luna, como estaba justo encima, daba tanta luz como siempre. S\u00f3lo el viento hab\u00eda quedado atr\u00e1s, all\u00e1 arriba, vagando entre los \u00e1rboles, soplando por las calles polvosas de Ain Taduirt, entrando en el vest\u00edbulo del Grand Hotel Saharien, pasando bajo la puerta de su peque\u00f1a habitaci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se le ocurri\u00f3 que deb\u00eda preguntarse por qu\u00e9 estaba haciendo algo tan irracional, pero era lo bastante inteligente como para saber que, como lo estaba haciendo, no era el momento de buscar explicaciones.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;De pronto el terreno se volvi\u00f3 llano bajo sus pies. Hab\u00eda llegado al fondo antes de lo esperado. Sigui\u00f3 avanzando, todav\u00eda con desconfianza, como si temiera otra sima traicionera. Era muy dif\u00edcil ver en aquel resplandor uniforme y tenue. Antes de que darse cuenta de lo que pasaba ya ten\u00eda encima al perro, una pesada masa de pelaje que trataba de empujarle hacia atr\u00e1s, una garra afilada roz\u00e1ndole el pecho, una tensi\u00f3n de m\u00fasculos contra \u00e9l para clavarle los dientes en el cuello. El Profesor pens\u00f3: \u201cMe niego a morir de esta manera\u201d. El perro cay\u00f3 hacia atr\u00e1s; parec\u00eda un perro esquimal. Cuanto saltaba otra vez, el Profesor grit\u00f3 en voz muy alta:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Ay!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El perro se lanz\u00f3 sobre \u00e9l, hubo una confusi\u00f3n de sensaciones y dolor en alg\u00fan sitio. Se o\u00eda tambi\u00e9n un ruido de voces pr\u00f3ximas, y el Profesor no pudo entender lo que dec\u00edan. Algo fr\u00edo y met\u00e1lico se apret\u00f3 brutalmente contra su columna vertebral mientras el perro todav\u00eda tenida colgada de sus dientes una masa de ropa y tal vez de carne. El Profesor sab\u00eda que era el ca\u00f1\u00f3n de un arma y levant\u00f3 las manos gritando en magreb\u00ed:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Ll\u00e9vense al perro!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero el arma solamente lo empuj\u00f3 hacia adelante y  como el perro, otra vez en el suelo, no volvi\u00f3 a saltar, \u00e9l dio un paso adelante. El arma segu\u00eda empuj\u00e1ndolo, \u00e9l segu\u00eda avanzando. Volvi\u00f3 a escuchar voces, pero la persona que estaba justo detr\u00e1s de \u00e9l no dec\u00eda nada. La gente parec\u00eda correr de un lado a otro; por lo menos eso era lo que le dec\u00edan sus o\u00eddos. Porque sus ojos, seg\u00fan descubri\u00f3, segu\u00edan cerrados desde el ataque del perro. Los abri\u00f3. Un grupo de hombres  avanzaba hacia \u00e9l. Iban vestidos con las ropas negras de los <em>reguibat<\/em>. \u201cLos <em>reguibat <\/em>son una nube contra la cara del sol\u201d. \u201cCuando un <em>reguibat <\/em>aparece, el hombre del bien se da la vuelta\u201d. En cu\u00e1ntas tiendas y mercados hab\u00eda o\u00eddo esas m\u00e1ximas, pronunciadas en son de burla entre amigos. Jam\u00e1s a un <em>reguiba<\/em>, por supuesto, pues esas gentes no frecuentan las ciudades. Env\u00edan a uno de los suyos, disfrazado, para organizar la venta de los bienes capturados con los elementos m\u00e1s turbios de cada lugar. \u201cUna oportunidad\u201d, pens\u00f3 r\u00e1pidamente, \u201cde comprobar la veracidad de esas afirmaciones\u201d. No dud\u00f3 ni por un momento que la aventura resultar\u00eda una especie de advertencia contra aquella tonter\u00eda por su parte: una advertencia que, en retrospectiva, iba a ser mitad siniestra y mitad f\u00e1rsica.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dos perros, gru\u00f1endo, llegaron a la carrera tras los hombres que se aproximaban y se arrojaron a sus piernas. Le escandaliz\u00f3 notar que nadie le prestaba atenci\u00f3n a esa falta de etiqueta. La pistola lo empuj\u00f3 con m\u00e1s fuerza mientras \u00e9l intentaba esquivar el ruidoso ataque de los animales.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Los perros! \u2014volvi\u00f3 a gritar\u2014 \u00a1Ll\u00e9venselos!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El arma lo empuj\u00f3 con gran fuerza y el Profesor cay\u00f3 al suelo, casi a los pies de la multitud de hombres que ten\u00eda enfrente. Los perros le tironeaban de las manos y de los brazos. Una bota los hizo apartarse a puntapi\u00e9s lanzando ga\u00f1idos y despu\u00e9s, con mayor energ\u00eda, le dio una patada al Profesor en la cadera. Luego vino un concierto de puntapi\u00e9s desde diferentes lados que lo hicieron revolcarse violentamente durante un rato por la tierra. Durante este tiempo era consciente de que hab\u00eda manos que se met\u00edan en sus bolsillos y sacaban todo lo que hab\u00eda en ellos. Trat\u00f3 de decir: \u201cYa tienen todo mi dinero, \u00a1dejen de patearme!\u201d, pero sus m\u00fasculos faciales golpeados se negaban a obedecer; se encontr\u00f3 haciendo gestos para hablar y eso fue todo. Alguien le dio un terrible golpe en la cabeza y \u00e9l pens\u00f3: \u201cAhora al menos perder\u00e9 el conocimiento, gracias al Cielo\u201d. Pero sigui\u00f3 consciente de las voces guturales que no pod\u00eda comprender y de que lo amarraban con fuerza alrededor de los tobillos y el pecho. Luego hubo un negro silencio que se abr\u00eda como una herida de vez en cuando, para dejar entrar el sonido suave y grave de la flauta que repet\u00eda la misma sucesi\u00f3n de notas una y otra vez. De pronto sinti\u00f3 un dolor atroz por todo su cuerpo: dolor y fr\u00edo. \u201cAs\u00ed que, despu\u00e9s de todo, he estado inconsciente\u201d, pens\u00f3. Pese a ello, el presente parec\u00eda \u00fanicamente una continuaci\u00f3n directa de lo que hab\u00eda sucedido antes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Estaba clareando d\u00e9bilmente. Hab\u00eda camellos cerca de donde estaba tendido; pod\u00eda o\u00edr su gorgoteo y su respiraci\u00f3n profunda. No pudo obligarse a intentar abrir los ojos, en caso de que le resultara imposible. Sin embargo, al o\u00edr que alguien se acercaba, descubri\u00f3 que ve\u00eda sin dificultad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El hombre lo mir\u00f3 desapasionadamente a la luz gris de la ma\u00f1ana. Con una mano cerr\u00f3 las ventanas de la nariz del Profesor. Cuando el Profesor abri\u00f3 la boca para respirar, el hombre le cogi\u00f3 la lengua y tir\u00f3 de ella con todas sus fuerzas. El Profesor boqueaba y trataba de recuperar el aliento; no ve\u00eda qu\u00e9 estaba sucediendo. No pudo distinguir el dolor del tir\u00f3n brutal del que caus\u00f3 el cuchillo afilado. Luego se produjo un interminable atragantarse y escupir que continuaba autom\u00e1ticamente, como si \u00e9l apenas fuera parte de ello. La palabra \u201coperaci\u00f3n\u201d no paraba de darle vueltas en la cabeza; le calmaba un poco el terror mientras \u00e9l se hund\u00eda de nuevo en la oscuridad.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La caravana parti\u00f3 en alg\u00fan momento hacia media ma\u00f1ana. Al Profesor, que no estaba inconsciente sino en un estado de completo estupor, y que segu\u00eda atragant\u00e1ndose y babeando sangre, lo metieron doblado en un saco y lo ataron al costado de un camello. En el extremo inferior del enorme anfiteatro hab\u00eda una puerta natural entre las rocas. Los camellos, r\u00e1pidos <em>mehara<\/em>, llevaban poca carga en este viaje. Pasaron por la puerta en fila india y remontaron despacio la suave loma que conduc\u00eda arriba, al comienzo del desierto. Esa noche, en una parada tras unas colinas bajas, los hombres lo sacaron, todav\u00eda en un estado que no le permit\u00eda pensar, y sobre los andrajos polvorientos que quedaban de sus ropas ataron una serie de extra\u00f1as cinchas, hechas de tapas de bote engarzadas unas a otras. Uno tras otro le fueron poniendo en torno al torso, en brazos y piernas, incluso sobre la cara, estos brillantes cinturones, hasta que estuvo por completo envuelto en una armadura que lo cubr\u00eda con sus escamas circulares de metal. Hubo muchas risas durante esta ceremonia de engalanamiento del Profesor. Un hombre sac\u00f3 una flauta y otro m\u00e1s joven hizo una imitaci\u00f3n que no estaba mal de una <em>uled na\u00efl<\/em> ejecutando la danza de la ca\u00f1a. El Profesor ya ten\u00eda conciencia; para ser preciso, exist\u00eda en medio de los movimientos que hac\u00edan esos otros hombres. Cuando terminaron de vestirlo tal como deseaban que se viera, metieron algo de comida bajo las ajorcas de hojalata que le colgaban sobre la cara. Aunque masticaba mec\u00e1nicamente, la mayor parte acab\u00f3 por caer al suelo. Lo volvieron a meter en el saco y lo dejaron all\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Dos d\u00edas m\u00e1s tarde llegaron a uno de sus propios campamentos. All\u00ed hab\u00eda mujeres y ni\u00f1os en las tiendas y los hombres tuvieron que alejar a los perros que hab\u00edan dejado all\u00ed para protegerlos. Cuando vaciaron el saco donde estaba el Profesor hubo gritos de miedo, y los hombres tardaron varias horas en convencer a las mujeres de que era inofensivo, aunque desde el primer momento no hab\u00eda quedado duda de que era una posesi\u00f3n valiosa. Luego de unos d\u00edas se volvieron a poner en marcha, llev\u00e1ndose todo consigo y viajando s\u00f3lo de noche, a medida que el terreno se volv\u00eda m\u00e1s c\u00e1lido.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Aun cuando todas sus heridas sanaron y ya no sent\u00eda dolor, el Profesor no volvi\u00f3 a pensar; com\u00eda, defecaba y bailaba cuando se lo ped\u00edan: brincos absurdos arriba y abajo que entusiasmaban a los ni\u00f1os, principalmente por el maravilloso estr\u00e9pito de chatarra que produc\u00eda. Y por lo general dorm\u00eda durante los calores del d\u00eda, entre los camellos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Encaminada hacia el sureste, la caravana elud\u00eda toda forma de civilizaci\u00f3n sedentaria. En pocas semanas llegaron a una nueva meseta, salvaje del todo y con muy poca vegetaci\u00f3n. All\u00ed acamparon y se quedaron, con los <em>mehara<\/em> sueltos para que pudieran pastar. Todos estaban contentos; el tiempo era m\u00e1s fresco y se encontraban s\u00f3lo a unas horas de una ruta poco frecuentada. Fue all\u00ed donde concibieron la idea de llevar a Fogara al Profesor y venderlo a los tuaregs.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pas\u00f3 un a\u00f1o entero antes de que llevaran a cabo este proyecto. Para entonces el Profesor estaba mucho mejor entrenado. Sab\u00eda dar volteretas con las manos y hac\u00eda una serie de gru\u00f1idos terribles que, sin embargo, ten\u00edan cierto componente de humor; y cuando los <em>reguibat<\/em> le quitaron la hojalata de la cara descubrieron que pod\u00eda hacer unas muecas admirables mientras bailaba. Le ense\u00f1aron tambi\u00e9n unos cuantos gestos obscenos elementales que nunca dejaba de producir chillidos de delicia entre las mujeres. Ahora solamente lo sacaban despu\u00e9s de comidas especialmente copiosas, cuando hab\u00eda m\u00fasica y fiesta. Se adapt\u00f3 f\u00e1cilmente a su sentido del ritual y desarroll\u00f3 una especie de \u201cprograma\u201d rudimental que representaba cuando le llamaban: bailar, dar volteretas en el suelo, imitar a ciertos animales, y finalmente correr hacia el grupo con c\u00f3lera fingida, para ver la confusi\u00f3n e hilaridad resultantes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando tres de los hombres se pusieron con \u00e9l en camino para ir a Fogara, llevaron cuatro <em>mehara<\/em> consigo y \u00e9l mont\u00f3 el suyo a horcajadas con toda naturalidad. No se tom\u00f3 precauci\u00f3n alguna para vigilarlo, salvo la de mantenerlo entre ellos, con un hombre siempre detr\u00e1s, cerrando el grupo. Llegaron a la vista de las murallas al amanecer y esperaron entre las rocas durante todo el d\u00eda. Al anochecer el m\u00e1s joven se puso en marcha, y a las tres horas regres\u00f3 con un amigo que tra\u00eda un grueso bast\u00f3n. Trataron de que el Profesor hiciera su rutina all\u00ed mismo, pero el hombre de Fogara ten\u00eda prisa por volver a la ciudad, as\u00ed que todos se pusieron en marcha sobre sus <em>mehara<\/em>.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En la ciudad fueron directamente a la casa del aldeano y en su patio tomaron caf\u00e9, sentados entre los camellos. El Profesor volvi\u00f3 a hacer su acto, y esta vez hubo largo regocijo y mucho frotar de manos. Se lleg\u00f3 a un acuerdo, se pag\u00f3 una cantidad de dinero y los <em>reguibat<\/em> se retiraron, dejando al Profesor en la casa del hombre del bast\u00f3n, que no tard\u00f3 en encerrarlo en un corral peque\u00f1ito que daba al patio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El siguiente d\u00eda fue importante en la vida del Profesor, pues fue el d\u00eda en que otra vez hubo dolor removi\u00e9ndose en su ser. Fue a la casa un grupo de hombres, entre los cuales hab\u00eda un caballero venerable, mejor vestido que aquellos otros que se pasaban el tiempo alab\u00e1ndolo, bes\u00e1ndole con fervor las manos y los bordes de sus vestiduras. Esta persona procuraba hablar en \u00e1rabe cl\u00e1sico de vez en cuando, para impresionar a los dem\u00e1s, que no hab\u00edan aprendido una palabra del Cor\u00e1n. As\u00ed que la conversaci\u00f3n transcurr\u00eda m\u00e1s o menos as\u00ed:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Tal vez en In Salah. Los franceses de all\u00e1 son imb\u00e9ciles. La venganza celestial se aproxima. No la precipitemos. Alabado sea el m\u00e1s alto y caiga su maldici\u00f3n sobre los \u00eddolos. Con pintura en la cara. Por si la polic\u00eda quiere mirar de cerca.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los dem\u00e1s escuchaban y asent\u00edan con sus cabezas lenta y solemnemente. Y el Profesor, en su cuchitril, cerca de ellos, escuchaba tambi\u00e9n. Es decir, era <em>consciente<\/em> del sonido del \u00e1rabe que hablaba el anciano. Las palabras penetraban por primera vez en muchos meses. Ruidos, y luego: \u201cLa venganza celestial se aproxima\u00bb. Y luego: \u00abEs un honor. Cincuenta francos es suficiente. Qu\u00e9dese su dinero. Bueno\u201d. Y el <em>qauayi <\/em>en cuclillas junto a \u00e9l al borde del precipicio. Y luego \u201ccaiga su maldici\u00f3n sobre los \u00eddolos\u201d y m\u00e1s blablabl\u00e1. Dio vueltas tendido en la arena, resollando, y lo olvid\u00f3. Pero el dolor hab\u00eda comenzado. Se desarrollaba en una especie de delirio, porque \u00e9l hab\u00eda comenzado a entrar de nuevo en la conciencia. Cuando el hombre abri\u00f3 la puerta y lo empuj\u00f3 con el bast\u00f3n, lanz\u00f3 un grito de rabia y todos se echaron a re\u00edr.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo hicieron levantarse, pero no quiso bailar. Se qued\u00f3 de pie ante ellos, mirando el suelo y neg\u00e1ndose tercamente a moverse. El propietario estaba furioso, y tan irritado por las risas de los dem\u00e1s que se sinti\u00f3 obligado a despedirlos, diciendo que esperar\u00eda un momento m\u00e1s propicio para mostrarles su propiedad, pues no se atrev\u00eda a manifestar su c\u00f3lera ante el anciano. Sin embargo, cuando se marcharon dio al Profesor un violento bastonazo en el hombro, le grit\u00f3 varias obscenidades y sali\u00f3 de la casa azotando la puerta. Fue directo a la calle de las <em>uled na\u00efl<\/em>, porque estaba seguro de encontrar a los <em>reguibat<\/em> entre las muchachas, gastando el dinero. Y en una tienda encontr\u00f3 a uno de ellos, todav\u00eda en la cama, mientras una <em>uled na\u00efl<\/em> lavaba los vasos del t\u00e9. Entr\u00f3 en la tienda y casi decapit\u00f3 al hombre antes de que \u00e9ste pudiera tratar de incorporarse. Tir\u00f3 luego la navaja en la cama y sali\u00f3 corriendo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La <em>uled na\u00efl<\/em> vio la sangre, grit\u00f3, sali\u00f3 de su tienda para entrar en la de junto y sali\u00f3 poco despu\u00e9s con otras cuatro muchachas, que corrieron juntas al caf\u00e9 y contaron al <em>qauayi<\/em>qui\u00e9n hab\u00eda matado al <em>reguibat<\/em>. Apenas una hora m\u00e1s tarde, la polic\u00eda militar francesa lo arrestaba en la casa de un amigo y lo arrastraba a su campamento. Aquella noche el Profesor no recibi\u00f3 nada de comer y la tarde siguiente, en el lento agudizarse de su conciencia que le provocaba el hambre creciente, camin\u00f3 sin rumbo fijo por el patio y las habitaciones que daban a \u00e9l. No hab\u00eda nadie. En una habitaci\u00f3n colgaba un calendario de la pared. El Profesor lo mir\u00f3 nervioso, como un perro que se mira una mosca en el hocico. En el papel blanco hab\u00eda cosas negras que produc\u00edan sonidos en su cabeza. Los escuch\u00f3: \u201c<em>Grande Epicerie du Sabel. Juin. Lundi, Mardi, Mercredi<\/em>\u201d\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las marcas diminutas de tinta que forman una sinfon\u00eda pueden haber sido hechas hace mucho tiempo, pero cuando se concretan en sonidos se vuelven inminentes y poderosas. As\u00ed, en la cabeza del Profesor comenz\u00f3 a sonar una especie de m\u00fasica de los sentimientos, cada vez a mayor volumen mientras \u00e9l miraba la pared de adobe, y tuvo la sensaci\u00f3n de estar interpretando algo que hab\u00eda sido escrito para \u00e9l mucho tiempo atr\u00e1s. Sinti\u00f3 deseos de llorar; sinti\u00f3 ganas de recorrer la casa rugiendo, volcando y destrozando los pocos objetos que pod\u00edan romperse. Su emoci\u00f3n no lleg\u00f3 m\u00e1s all\u00e1 de este \u00fanico deseo arrollador. Entonces, bramando con todas sus fuerzas, atac\u00f3 a la casa y sus enseres. Luego atac\u00f3 la puerta de la calle, que resisti\u00f3 por un tiempo y al final se rompi\u00f3. Sali\u00f3 trepando por el agujero que dejaban los tablones que hab\u00eda astillado y, todav\u00eda rugiendo y agitando sus brazos en el aire para hacer el mayor estr\u00e9pito de latas posible, empez\u00f3 a galopar por la calle silenciosa hacia la puerta del pueblo. Unas pocas personas lo miraban con gran curiosidad. Al pasar ante la posta, el \u00faltimo edificio antes de llegar al elevado arco de adobe que enmarcaba el desierto, lo vio un soldado franc\u00e9s. \u201c<em>Tiens<\/em>\u201d, se dijo, \u201cotro loco santo\u201d.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Otra vez se pon\u00eda el sol. El Profesor corri\u00f3 bajo el arco de la puerta, volte\u00f3 la cara hacia el cielo rojo y empez\u00f3 a trotar por la Piste d\u2019In Salah, derecho hacia el sol que se ocultaba. A sus espaldas, desde la posta, el soldado dispar\u00f3 sin apuntar, para la buena suerte. La bala silb\u00f3 peligrosamente cerca de la cabeza del Profesor y sus gritos se elevaron hasta convertirse en un lamento indignado mientras agitaba sus brazos de una manera a\u00fan m\u00e1s salvaje y, en un acceso de terror, daba grandes saltos en el aire cada pocos pasos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El soldado se qued\u00f3 mirando un rato, sonriente, mientras la figura que hac\u00eda cabriolas se volv\u00eda m\u00e1s y m\u00e1s peque\u00f1a en la oscuridad creciente de la noche, y el cascabeleo de la hojalata se convert\u00eda en parte del gran silencio de afuera, m\u00e1s all\u00e1 de la puerta. La pared de la posta sobre la que se apoyaba a\u00fan irradiaba calor, dejado all\u00ed por el sol, pero el fr\u00edo de la luna crec\u00eda en el aire.<\/p>\n<div align=right><em>Nueva York, 1945<\/em><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento de Paul Bowles (1911-1999), narrador de culto.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":11506,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"\"Un episodio distante\", un cuento de Paul Bowles en Las Historias. http:\/\/wp.me\/pjEhq-2X3","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[4],"tags":[22,2343,2365,194,2810,1693,2811],"class_list":["post-11349","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-cuento","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritores-en-ingles","tag-escritores-estadounidenses","tag-paul-bowles","tag-traducciones-revisadas","tag-un-episodio-distante"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/12\/AK_Incognito_010-1072x714.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-2X3","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11349","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=11349"}],"version-history":[{"count":19,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11349\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":11509,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11349\/revisions\/11509"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/11506"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=11349"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=11349"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=11349"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}