{"id":113,"date":"2006-08-30T11:40:05","date_gmt":"2006-08-30T15:40:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/blog\/?p=127"},"modified":"2016-10-26T10:24:49","modified_gmt":"2016-10-26T15:24:49","slug":"el-bibliotecario","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/el-bibliotecario\/","title":{"rendered":"El bibliotecario"},"content":{"rendered":"<div align=\"center\"><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2008\/10\/librosdq.jpg\" alt=\"Un facs\u00edmil de la edici\u00f3n de John Bowle, 1781\" style=\"float:none;\" \/><\/div>\n<p><em>Este art\u00edculo es el sexto de una serie de textos cervantinos &#8211;alrededor del autor y de su obra&#8211; que aparecieron durante 2005 en el desaparecido suplemento <\/em>Arena<em>.<\/em><\/p>\n<p>Como toda especialidad, el mundo de los estudios literarios puede ser (si as\u00ed se quiere verlo) un \u00e1mbito de apariencia misteriosa, de pr\u00e1cticas secretas y t\u00e9rminos empleados con naturalidad pero que nadie, salvo unos pocos iniciados, entiende. Por ejemplo, las ediciones anotadas de tal o cual cl\u00e1sico \u2013arropadas con profundos ensayos, acompa\u00f1adas de bibliograf\u00eda, con sus numerosas y abstrusas llamadas aclaratorias colgando del texto en p\u00e1gina tras p\u00e1gina\u2013 llegan a parecer de lo m\u00e1s tremebundo, de lo m\u00e1s ajeno a las costumbres de los lectores de a pie, y sin embargo tienen el prop\u00f3sito inicial de hacerle m\u00e1s llevadera, m\u00e1s rica, la experiencia de acercarse al libro.<!--more--><br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tal vez sirva considerar de otra forma el sentido de semejantes aparatos. Por ejemplo, en ediciones del <em>Quijote<\/em>, que por lo dem\u00e1s pertenecen a una de las historias editoriales m\u00e1s revueltas y confusas. La edici\u00f3n pr\u00edncipe (o las varias ediciones, incluyendo las reimpresiones piratas y las autorizadas por Cervantes y su impresor, hechas para combatir a las piratas; todas fueron hechas a lo largo de 1605) tienen miles de errores, inadvertencias, oscuridades, omisiones y agregados que vuelven el cotejo una pesadilla y el \u201cestablecimiento\u201d del texto \u2013de lo que Cervantes realmente escribi\u00f3 o quiso escribir\u2013 una tarea casi imposible, a la que numerosos expertos han dedicado sus vidas durante siglos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El trabajo de estos expertos ha sido en busca de una \u201cverdad\u201d: la del texto de Cervantes, pero no ha partido de acuerdos amistosos. Desde las primeras ediciones \u201cacad\u00e9micas\u201d, como la de la Real Academia Espa\u00f1ola de 1780 o la inglesa de John Bowle \u2013la primera que puede considerarse \u201ccr\u00edtica\u201d en el sentido moderno del t\u00e9rmino\u2013 de 1781, y hasta bien entrado el siglo XX, el tono habitual de las discusiones fue m\u00e1s bien r\u00edspido: de edici\u00f3n a edici\u00f3n, saltando por las notas al pie, como en una novela paralela a la de Cervantes y hecha para abarcar menos escenarios pero mucho m\u00e1s tiempo, los cervantistas dedicaron tanto espacio a comentar y explicar sus hallazgos como a descalificar los de sus predecesores. La situaci\u00f3n, desde luego, s\u00f3lo se agrav\u00f3 cuando la lengua de Cervantes comenz\u00f3 a volverse \u201cantigua\u201d, a perder la relaci\u00f3n directa que hab\u00eda tenido con sus primeros lectores: los conflictos \u2013civilizados y por escrito, pero al fin conflictos\u2013 sobre el sentido de palabras y frases concretas se agregaron a los ya existentes, y as\u00ed, por ejemplo, la naturaleza de los \u201cduelos y quebrantos\u201d que Cervantes da a Alonso Quijano en el primer cap\u00edtulo de la primera parte, y luego no vuelven a aparecer, ha sido por s\u00ed sola origen de tantos textos como los que tratan el car\u00e1cter de los duques sin nombre, el asunto de la p\u00e9rdida y recuperaci\u00f3n \u201cmilagrosa\u201d del asno de Sancho y otros muchos asuntos en apariencia m\u00e1s dif\u00edciles.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;(Por cierto, ahora se acepta generalmente que \u201cduelos y quebrantos\u201d eran simplemente <em>huevos con tocino<\/em>, llamados as\u00ed porque eran un plato pobre y, desde el punto de vista de los jud\u00edos reci\u00e9n conversos al cristianismo, un quebrantamiento de las normas mosaicas; hay una historia sumamente interesante sobre esto que los interesados pueden hallar hasta en la red, buscando informaciones sobre el poeta Ant\u00f3n de Montoro, m\u00e1s conocido como \u201cel Ropero\u201d.)<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En estas discusiones se ha quedado atr\u00e1s la figura de uno de los primeros cervantistas: el espa\u00f1ol Juan Antonio Pellicer y Saforcada (1738-1806), bibliotecario real y miembro de la Real Academia de Historia, autor de un <em>Ensayo de una bibliotheca de traductores espa\u00f1oles<\/em> (1778) y de muchas otras obras eruditas. Su <em>Quijote<\/em>, publicado en 1797 por Gabriel de Sancha con ilustraciones de Agust\u00edn Navarro, Pierre Duflos y Moreno Tejada, contiene numerosos materiales de apoyo que reconocen claramente la distancia cada vez mayor entre el tiempo de Cervantes, el vocabulario y el entorno inmediato de Cervantes, y los de sus lectores, y provee notas profusas, pero muy claras y amenas, acerca de todo lo que, seg\u00fan pensaba, podr\u00eda causar confusi\u00f3n o dudas en las postrimer\u00edas del siglo XVIII.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero los cr\u00edticos posteriores, aunque reconocen sus logros y su esfuerzo, impugnan constantemente sus informaciones, y no siempre de manera injustificada; en especial, Francisco Rodr\u00edguez Mar\u00edn, el cervantista m\u00e1s empe\u00f1oso y aguerrido del siglo XX, destaca por su desd\u00e9n contra \u00e9l (Pellicer es siempre \u201cel bibliotecario\u201d: supongo que Rodr\u00edguez Mar\u00edn desconfiaba de semejante especialista en otras disciplinas metido a glosar a Cervantes), y actualmente sus conclusiones sobre muchos asuntos son tenidas por \u201csuperadas\u201d, producto de informaci\u00f3n err\u00f3nea o parcial.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por otro lado, quien se asome a los textos de Pellicer, si bien no conseguir\u00e1 estar al d\u00eda en cuanto a las interpretaciones del <em>Quijote<\/em>, se encontrar\u00e1 con esta sorpresa: una lectura que todav\u00eda es deliciosa. Los \u201cdatos\u201d, si no siempre correctos desde el punto de vista de los estudios actuales, est\u00e1n expuestos con un estilo elegante y accesible al mismo tiempo, y dan para una lectura gozosa por s\u00ed misma, no subordinada al texto que se propone comentar. Adem\u00e1s, muchas de las informaciones hist\u00f3ricas no tienen comparaci\u00f3n en ninguna otra edici\u00f3n de Cervantes, porque Pellicer estaba mucho m\u00e1s cerca de los hechos que cuenta y tambi\u00e9n porque la suya es una confluencia feliz de las que la academia actual ya no tolera tan f\u00e1cilmente: el historiador ingresado al cervantismo (en cierto modo el primer cervantista de la lengua espa\u00f1ola, porque la disciplina no exist\u00eda como la entendemos ahora) es un aut\u00e9ntico \u201cmultidisciplinario\u201d, que re\u00fane sus intereses sin atender a las etiquetas y los compartimientos que constri\u00f1en, para bien o mal, a tantos otros.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo que sigue es una de las notas de la edici\u00f3n de Pellicer; es una de esas inconsecuencias lejanas y a la vez entretenidas.<\/p>\n<div align=\"center\">* * *<\/div>\n<p><strong>El licenciado Torralba<\/strong><br \/>\n<em>Juan Antonio Pellicer y Saforcada<\/em><\/p>\n<p><em>NOTA: En la segunda parte del Quijote (II, XLI), mientras est\u00e1n, con los ojos vendados, sobre Clavile\u00f1o, el supuesto caballo m\u00e1gico que habr\u00e1 de llevarlos a pelear contra un gigante, Sancho Panza y Don Quijote conversan, y cuando el primero afirma que va a quitarse la venda, su amo se lo proh\u00edbe con una referencia curiosa:<\/em><\/p>\n<blockquote><p>(\u2026) acu\u00e9rdate del verdadero cuento del licenciado Torralba, a quien llevaron los diablos en volandas por el aire caballero en una ca\u00f1a, cerrados los ojos, y en doce horas lleg\u00f3 a Roma, y se ape\u00f3 en Torre de Nona, que es una calle de la ciudad, y vio todo el fracaso y asalto y muerte de Borb\u00f3n, y por la ma\u00f1ana ya estaba de vuelta en Madrid, donde dio cuenta de todo lo que hab\u00eda visto; el cual asimismo dijo que cuando iba por el aire le mand\u00f3 el diablo que abriese los ojos, y los abri\u00f3 y se vio tan cerca, a su parecer, del cuerno de la luna, que la pudiera asir con la mano, y que no os\u00f3 mirar a la tierra, por no desvanecerse.<\/p><\/blockquote>\n<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No es necesaria m\u00e1s informaci\u00f3n para entender que la historia, verdadera o no, deb\u00eda ser una leyenda popular en tiempos de Cervantes, como las historias que contamos ahora sobre ovnis y fantasmas. Sin embargo, en la edici\u00f3n anotada del Quijote de Juan Antonio Pellicer, el historiador y bibliotecario de la corte espa\u00f1ola investig\u00f3 la cuesti\u00f3n y dej\u00f3, en su nota para el pasaje correspondiente, el texto que sigue, sumamente erudito pero tambi\u00e9n, por inconsecuente y bien escrito, delicioso. \u2013A. C.<\/em><\/p>\n<blockquote><p>Del proceso del licenciado Torralba, que tan sabido ser\u00eda en tiempo de Cervantes, apenas hay ya noticia; y al fin de que llegue a la de los que leyeren esta nota se renovar\u00e1 aqu\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El doctor Eugenio de Torralba, m\u00e9dico de profesi\u00f3n, sali\u00f3 de su patria, que es un pueblo del obispado de Cuenca, a los quince a\u00f1os de su edad. Fuese a Italia, y residi\u00f3 en Roma diez a\u00f1os, estudiando medicina con maestro Cipi\u00f3n, y con Juan de Maquera, que le imbuyeron al mismo tiempo en algunos errores. Restituido a Espa\u00f1a, vivi\u00f3 alg\u00fan tiempo en la corte del Rey Cat\u00f3lico, y del Esperador Carlos V. Fue dado al vano estudio de la quiromancia, y fue hombre de una curiosidad excesiva, preci\u00e1ndose de gran estadista, y de adivino de futuros sucesos pol\u00edticos y de guerras. Siendo ya de edad avanzada fue preso el a\u00f1o de 1528, por mandato de cierto Tribunal. Confes\u00f3 lo sobredicho, y tambi\u00e9n que un amigo suyo en Roma por los de 1508, le hizo traspaso, por decirlo as\u00ed, de un esp\u00edritu familiar que \u00e9l ten\u00eda, llamado Cequiel, para que lo acompa\u00f1ase y le revelase las cosas venideras; y asimismo que apareci\u00e9ndose en Roma un fantasma en casa de una mujer espa\u00f1ola, llamada la Rosales, le revel\u00f3 que era un difunto, que hab\u00eda sido muerto en ella a pu\u00f1aladas, y que hab\u00eda en ella un tesoro escondido, pero que le guardaban dos esp\u00edritus encantados por moros, y que para sacarle era preciso valerse de otro esp\u00edritu m\u00e1s poderoso que los ahuyentase.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Esto prueba no s\u00f3lo la descompuesta y vehemente imaginaci\u00f3n del doctor Torralba, sino la necesidad que hab\u00eda de un Don Quijote, para desterrar las extravagancias de los encantos moriscos y caballerescos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00cdtem. Confes\u00f3 que hablando en Madrid con el cardenal Cisneros y el gran-capit\u00e1n les dijo, mucho antes de llegase el correo, la p\u00e9rdida y derrota de Don Garc\u00eda de Toledo y de su ej\u00e9rcito en los Gelves. Acusole un testigo de que tra\u00eda la figura del familiar en la piedra de un anillo, y otro de que hab\u00eda dicho que iba y ven\u00eda a Roma en una noche, caballero en una ca\u00f1a. Como \u00e9ste es el suceso fabuloso referido por Cervantes, se pondr\u00e1 aqu\u00ed su declaraci\u00f3n, aunque algo compendiada, que dice as\u00ed:<\/p>\n<p>\u201cPreguntado si dicho esp\u00edritu Cequiel le hab\u00eda transportado corporalmente en alguna parte, y de la manera que lleva, dijo que estando en Valladolid el mes de mayo pr\u00f3ximo pasado (del a\u00f1o de 1527) habi\u00e9ndole visto y dicho el dicho Cequiel de c\u00f3mo aquella hora era entrada Roma y saqueada, se lo dijo, y \u00e9l se lo dijo a algunas personas, y lo supo el Emperador; pero \u00e9l mismo no lo crey\u00f3; y la noche siguiente, viendo que no quer\u00eda creer nada, le persuadi\u00f3 que fuese con \u00e9l, y que \u00e9l lo llevar\u00eda a Roma, y lo volver\u00eda la misma noche. Y as\u00ed fue, pase\u00e1ndose hasta fuera de la villa de Valladolid, y estando fuera, le dijo el dicho esp\u00edritu: no haber paura; fiate da me; que yo te prometo que no tendr\u00e1s ning\u00fan desplacer: per tanto piglia aquesto in mano: y a \u00e9l le pareci\u00f3 que cuando lo tom\u00f3 en la mano, era un le\u00f1o nudoso; y d\u00edjole el esp\u00edritu: cierra ochi. Y cuando los abri\u00f3, estaba le pareci\u00f3 ser tan cerca de la mar, que con la mano la podr\u00eda tomar, y despu\u00e9s le pareci\u00f3 cuando abri\u00f3 los ojos ver una grande oscuridad a manera de nube, y despu\u00e9s un resplandor, donde hubo un gran miedo y temor, y el dicho esp\u00edritu le dijo: noli timere, bestia fiera, y as\u00ed lo hizo \u00e9l: y cuando se acord\u00f3, por espacio de media hora se hall\u00f3 en Roma en el suelo. Y le demand\u00f3 el esp\u00edritu: dove pensate che state adeso? Y \u00e9l le dijo que estaba en la Torre de Nona, y all\u00ed oy\u00f3 que dio el reloj del castillo de Sant Angel las cinco horas de la noche; y as\u00ed se fueron los dos paseando y hablando hasta la torre Sant Ginian, donde viv\u00eda el obispo Copis, tudesco (o alem\u00e1n) y vio saquear muchas casas, y vio y sinti\u00f3 todo lo que en Roma pasaba, y de all\u00ed se torn\u00f3 de la manera que dicho tiene, por espacio de hora y media hasta Valladolid, que le torn\u00f3 a su posada, que es cerca del monasterio de San Benito, etc.\u201d<\/p>\n<p>De aqu\u00ed se colige que Cervantes en la relaci\u00f3n de este cuento (el cual por iron\u00eda llama verdadero) sigui\u00f3 la fama que corr\u00eda de \u00e9l en el vulgo, y que no vio el proceso, de donde resulta que este licenciado embaidor no volvi\u00f3 de Roma a Madrid, sino a Valladolid, de donde hab\u00eda salido; que no tard\u00f3 en el viaje doce horas, como dice Cervantes, y que cuando abri\u00f3 los ojos no se vio cerca del cuerpo de la luna, sino tan cerca de la mar, que la pod\u00eda tomar con la mano.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una copia del proceso de este reo, sentenciado por iluso y por imbuido en algunos errores el 6 de mayo de 1531, se conserva en la Real Biblioteca: est. X, cod. 87.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Confirma tambi\u00e9n los embelecamientos del reo Torralba Luis Pinedo, diciendo que estando aqu\u00ed en Madrid en casa del licenciado Vargas, a petici\u00f3n de un gal\u00e1n que deseaba ver a Satan\u00e1s, le hizo salir de entre unas hierbas, y que luego desapareci\u00f3 (BR: est. T, cod. 18) y si el susodicho gal\u00e1n y el licenciado Vargas creyeron esta aparici\u00f3n, no estaban m\u00e1s en su acuerdo que el Licenciado Torralba.<\/p><\/blockquote>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Este art\u00edculo es el sexto de una serie de textos cervantinos &#8211;alrededor del autor y de su obra&#8211; que aparecieron durante 2005 en el desaparecido suplemento Arena. 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