{"id":11209,"date":"2014-07-26T10:03:38","date_gmt":"2014-07-26T15:03:38","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=11209"},"modified":"2025-08-25T22:44:30","modified_gmt":"2025-08-26T04:44:30","slug":"harrison-bergeron","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/harrison-bergeron\/","title":{"rendered":"Harrison Bergeron"},"content":{"rendered":"<p>Este cuento es el segundo de Kurt Vonnegut que aparece en este sitio. Publicado <a href=\"http:\/\/en.wikipedia.org\/wiki\/Harrison_Bergeron\">originalmente<\/a> en 1961 en la revista <em>The Magazine of Fantasy and Science Fiction<\/em>, <a href=\"http:\/\/www.tnellen.com\/cybereng\/harrison.html\">cuenta<\/a> la historia de una sociedad totalitaria en la que toda la poblaci\u00f3n es reducida a la \u00abigualdad\u00bb (a una mediocridad incapacitante) por un gobierno opresor. Por supuesto, no hay sociedad humana que sea exactamente como la que aqu\u00ed se representa, pero Vonnegut s\u00ed describe, exager\u00e1ndolos, retorci\u00e9ndolos, sucesos y modos de pensar de su presente y del nuestro.\u00a0Hay que recalcar que el acto de rebeld\u00eda en el centro del cuento no est\u00e1 observado de manera optimista. La traducci\u00f3n es una versi\u00f3n muy revisada de <a href=\"http:\/\/www.ddooss.org\/articulos\/cuentos\/Kurt_Vonnegut.htm\">\u00e9sta<\/a>.<\/p>\n<figure id=\"attachment_16942\" aria-describedby=\"caption-attachment-16942\" style=\"width: 1245px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/Kurt-Vonnegut.webp\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"16942\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/harrison-bergeron\/kurt-vonnegut\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/Kurt-Vonnegut.webp\" data-orig-size=\"1245,701\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;,&quot;orientation&quot;:&quot;0&quot;}\" data-image-title=\"Kurt-Vonnegut\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"&lt;p&gt;Kurt Vonnegut (&lt;a href=&quot;https:\/\/thefulcrum.us\/why-kurt-vonneguts-advice-to-college-graduates-still-matters-today&quot;&gt;fuente&lt;\/a&gt;)&lt;\/p&gt;\n\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/Kurt-Vonnegut-1024x577.webp\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/Kurt-Vonnegut.webp\" alt=\"\" width=\"1245\" height=\"701\" class=\"size-full wp-image-16942\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/Kurt-Vonnegut.webp 1245w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/Kurt-Vonnegut-300x169.webp 300w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/Kurt-Vonnegut-1024x577.webp 1024w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/Kurt-Vonnegut-600x338.webp 600w\" sizes=\"auto, (max-width: 1245px) 100vw, 1245px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-16942\" class=\"wp-caption-text\">Kurt Vonnegut (<a href=\"https:\/\/thefulcrum.us\/why-kurt-vonneguts-advice-to-college-graduates-still-matters-today\">fuente<\/a>)<\/figcaption><\/figure>\n<p><strong>HARRISON BERGERON<\/strong><br \/>\n<strong>Kurt Vonnegut<\/strong><br \/>\nEra el a\u00f1o 2081, y todos eran al fin iguales. No s\u00f3lo iguales ante Dios y ante la ley. Iguales en todos los sentidos. Nadie era m\u00e1s listo que ning\u00fan otro. Nadie era m\u00e1s hermoso que ning\u00fan otro. Nadie era m\u00e1s fuerte o m\u00e1s r\u00e1pido que ning\u00fan otro. Toda esta igualdad era debida a las enmiendas 211, 212 y 213 de la Constituci\u00f3n, y a la incesante vigilancia de los agentes de la Direcci\u00f3n General de Discapacitaci\u00f3n de los Estados Unidos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Algunas cosas en la vida a\u00fan no estaban del todo bien, sin embargo. Abril, por ejemplo, ya no era el mes de la primavera, y esto volv\u00eda loca a la gente. Y en este mes, h\u00famedo y fr\u00edo, los de la DGD se llevaron a Harrison Bergeron, de catorce a\u00f1os, hijo de George y Hazel Bergeron.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Fue una tragedia, realmente, pero George y Hazel no pod\u00edan pensar mucho en eso. Hazel ten\u00eda una inteligencia totalmente promedio, lo que significa que no era capaz de pensar en nada salvo por breves periodos. Y George, aunque ten\u00eda una inteligencia por encima de lo normal, llevaba en la oreja una peque\u00f1a radio discapacitadora. La ley lo obligaba a llevarla a todas horas. Estaba sintonizada a un transmisor del gobierno que cada veinte segundos, aproximadamente, enviaba un ruido agudo para evitar que las personas como George se aprovecharan injustamente de sus cerebros.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;George y Hazel miraban la televisi\u00f3n. Hab\u00eda l\u00e1grimas en las mejillas de Hazel, pero de momento ella no recordaba por qu\u00e9.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En la pantalla hab\u00eda unas bailarinas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una chicharra son\u00f3 en la cabeza de George. Sus pensamientos huyeron aterrados, como ladrones que oyen una campana de alarma.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2013Era bonita esa danza, la que acaba de terminar \u2014dijo Hazel.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2013\u00bfEh? \u2013dijo George.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2013Esa danza, era bonita \u2013dijo Hazel.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2013Aj\u00e1 \u2014dijo George. Trat\u00f3 de pensar un poco en las bailarinas. No eran realmente muy buenas: cualquiera hubiese podido hacerlo igual de bien. Todas estaban cargadas con contrapesos y sacos de perdigones, y llevaban m\u00e1scaras, para que nadie se sintiese deprimido por ver un gesto libre o gr\u00e1cil o una cara bonita. George empezaba a formar la idea vaga de que quiz\u00e1 las bailarinas no debieran tener ninguna discapacidad. Pero no lleg\u00f3 muy lejos antes de otro ruido en la radio de su oreja dispersara sus pensamientos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;George torci\u00f3 la cara. Tambi\u00e9n lo hicieron dos de las ocho bailarinas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hazel vio la mueca de George. Como ella no ten\u00eda discapacitador mental, tuvo que preguntar cu\u00e1l ruido hab\u00eda sido aqu\u00e9l.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Son\u00f3 como si golpearan una botella de leche con un martillo de metal \u2014dijo George.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Creo que ser\u00eda interesante o\u00edr todos esos ruidos \u2014dijo Hazel, con un poco de envidia\u2013. La de cosas que inventan.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Um \u2014dijo George.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Pero si yo fuera Directora General de Discapacitaci\u00f3n, \u00bfsabes qu\u00e9 har\u00eda? \u2014dijo Hazel. Hazel, de hecho, ten\u00eda un gran parecido con la Directora de Discapacitaci\u00f3n, una mujer llamada Diana Moon Glampers\u2014. Si yo fuese Diana Moon Glampers \u2014dijo Hazel\u2014 pondr\u00eda campanas los domingos. S\u00f3lo campanas. Como en honor de la religi\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Yo podr\u00eda pensar si fuesen s\u00f3lo campanas \u2014dijo George.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Bueno, podr\u00edan sonar bien fuerte \u2014dijo Hazel\u2014 . Creo que yo ser\u00eda buena Directora de Discapacitaci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Tan buena como cualquiera \u2014dijo George.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQui\u00e9n mejor que yo sabe lo que es <em>normal<\/em>? \u2014dijo Hazel.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed \u2014dijo George. Empez\u00f3 a pensar oscuramente en su hijo anormal que ahora estaba en la c\u00e1rcel, en Harrison, pero una salva de veinti\u00fan ca\u00f1onazos en su cabeza lo detuvo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Uy! \u2014dijo Hazel\u2014 . Ese s\u00ed estuvo duro, \u00bfno?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hab\u00eda estado tan duro que George se hab\u00eda puesto blanco, y temblaba, y le asomaban l\u00e1grimas en los ojos enrojecidos. Dos de las ocho bailarinas hab\u00edan ca\u00eddo al piso del estudio y se apretaban las sienes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014De pronto te ves muy cansado \u2014dijo Hazel\u2014. \u00bfPor qu\u00e9 no te acuestas en el sof\u00e1 y apoyas tu discapacitador de plomo en los cojines, mi cielo? \u2014Hazel se refer\u00eda a los veinte kilos de perdigones en un saco de tela que George llevaba colgados del cuello, fijos con candado\u2014. Apoya el peso un ratito \u2014dijo\u2014. No me importa que no seas igual a m\u00ed durante un rato.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;George sopes\u00f3 el saco con las manos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No me molesta \u2014dijo\u2014. Ya no lo noto. Es una parte de m\u00ed.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Has estado muy cansado \u00faltimamente, como agotado \u2014dijo Hazel\u2014. Si hubiese modo podr\u00edamos hacer un hoyito en el fondo del saco, y sacar algunas bolas de plomo&#8230; S\u00f3lo unas pocas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Dos a\u00f1os de prisi\u00f3n y una multa de dos mil d\u00f3lares por cada perdig\u00f3n que sacara \u2014dijo George\u2014. No es lo que se dice un buen negocio.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Si pudieras sacar unos pocos cuando llegas del trabajo \u2014dijo Hazel\u2014. O sea, aqu\u00ed no compites con nadie. Nada m\u00e1s est\u00e1s sentado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Si tratara de hacerlo \u2014dijo George\u2014 otra gente lo har\u00eda tambi\u00e9n, y muy pronto estar\u00edamos de nuevo en las edades oscuras, cuando todos compet\u00edan contra todos. No te gustar\u00eda, \u00bfo s\u00ed?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Lo odiar\u00eda \u2014dijo Hazel.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ah\u00ed est\u00e1 \u2014dijo George\u2014. En el momento en que la gente hace trampa con las leyes, \u00bfqu\u00e9 crees que le pasa a la sociedad?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Si Hazel no hubiera podido responder a esta pregunta, George no hubiera podido dar una. Una sirena aullaba en su cabeza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Se har\u00eda pedazos, supongo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9 cosa? \u2014dijo George desconcertado.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014La sociedad \u2014dijo Hazel, insegura\u2014. \u00bfNo fue eso lo que dijiste?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Qui\u00e9n sabe \u2014dijo George.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Un bolet\u00edn de noticias interrumpi\u00f3 de pronto el programa de televisi\u00f3n. En un principio no estuvo claro sobre qu\u00e9 noticia era el bolet\u00edn, pues el anunciador, como todos los anunciadores, ten\u00eda una seria discapacidad en el habla. Durante medio minuto, y muy excitado, el hombre trat\u00f3 de decir:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Damas y caballeros&#8230;<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Al fin se dio por vencido y le pas\u00f3 el bolet\u00edn a una bailarina.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Est\u00e1 bien \u2014dijo Hazel del anunciador\u2014. Lo intent\u00f3. Esa es la cosa. Hizo lo mejor que pudo con lo que Dios le dio. Deber\u00edan darle un buen aumento por tanto esfuerzo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Damas y caballeros \u2014dijo la bailarina leyendo el bolet\u00edn. Deb\u00eda ser extraordinariamente hermosa, pues la m\u00e1scara que llevaba era horrible. Y era f\u00e1cil ver tambi\u00e9n que era la m\u00e1s fuerte y m\u00e1s gr\u00e1cil de todas las bailarinas, porque sus sacos de discapacitaci\u00f3n eran tan grandes como los de un hombre de cien kilos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y tuvo que pedir perd\u00f3n de inmediato por su voz, que era una voz verdaderamente injusta para una mujer. Era una melod\u00eda c\u00e1lida luminosa, atemporal.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Disc\u00falpenme \u2014dijo la muchacha y empez\u00f3 a hablar otra vez, haciendo una voz absolutamente no competitiva\u2014. Harrison Bergeron, de catorce a\u00f1os \u2014dijo con un graznido\u2014, acaba de escapar de la c\u00e1rcel, donde se le reten\u00eda acusado de conspirar para derrocar al gobierno. Es un genio y un atleta, no tiene suficiente discapacitaci\u00f3n, y se le debe considerar extremadamente peligroso.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Una foto policial de Harrison Bergeron tomada apareci\u00f3 en la pantalla cabeza abajo, de costado, cabeza abajo otra vez, y finalmente al derecho. La fotograf\u00eda mostraba a Harrison de pie ante un fondo calibrado en metros y cent\u00edmetros. Med\u00eda exactamente dos metros diez.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Por lo dem\u00e1s, Harrison parec\u00eda un fantasma o una ferreter\u00eda. Nadie hab\u00eda llevado nunca discapacitadores m\u00e1s pesados. Hab\u00eda superado cada impedimento m\u00e1s r\u00e1pido de lo que los hombres de la DGD pod\u00edan imaginar uno nuevo. En vez de una peque\u00f1a radio en la oreja como discapacitador mental, llevaba un par tremendo de aud\u00edfonos, y adem\u00e1s anteojos de vidrios gruesos y ondulados. Los anteojos ten\u00edan el fin no s\u00f3lo de dejarlo medio ciego, sino tambi\u00e9n de provocarle horribles dolores de cabeza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Trozos de metal le colgaban de todo el cuerpo. Habitualmente hab\u00eda cierta simetr\u00eda, una eficiencia militar en los discapacitadores suministrados a las personas fuertes, pero Harrison parec\u00eda un deshuesadero ambulante. En la carrera de la vida, Harrison arrastraba m\u00e1s de ciento cincuenta kilos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y para afearlo, los hombres de la DGD lo obligaban a usar todo el tiempo nariz roja de payaso, a rasurarse las cejas y a cubrirse los dientes blancos y regulares con falsos huecos y caries colocados al azar.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Si ven a este muchacho \u2014dijo la bailarina\u2014 no intenten, repito, no intenten discutir con \u00e9l.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Se oy\u00f3 el estruendo de una puerta arrancada de sus goznes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Del estudio de televisi\u00f3n llegaron gritos y aullidos de consternaci\u00f3n. La foto de Harrison Bergeron salt\u00f3 una y otra vez en la pantalla, como bilando al son de un terremoto.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;George Bergeron identific\u00f3 en seguida el origen del sismo. No le cost\u00f3, pues muchas veces su propia casa hab\u00eda danzado del mismo modo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Dios m\u00edo! \u2014dijo George\u2014 \u00a1Ese debe ser Harrison!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El ruido de un choque de autom\u00f3viles le barri\u00f3 esa comprensi\u00f3n de la cabeza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Cuando George pudo abrir los ojos otra vez, la fotograf\u00eda de Harrison hab\u00eda desaparecido. Harrison mismo llenaba ahora la pantalla.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Harrison: un payaso enorme, repicante, estaba de pie en el centro del estudio. Ten\u00eda a\u00fan en la mano el pestillo de la puerta que acababa de arrancar. Bailarinas, t\u00e9cnicos, m\u00fasicos y anunciadores estaban de rodillas ante \u00e9l, esperando morir.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Soy el emperador! \u2014grit\u00f3 Harrison\u2014 \u00bfMe oyen? \u00a1Soy el emperador! \u00a1Todos deben hace lo que yo diga inmediatamente!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Golpe\u00f3 el piso con el pie y el estudio tembl\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Aun tullido, encorvado, impedido como ustedes me ven aqu\u00ed \u2014rugi\u00f3\u2014, \u00a1soy m\u00e1s grande gobernante que cualquier otro que haya vivido! \u00a1Y ahora miren c\u00f3mo me convierto en lo que puedo convertirme!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Harrison se arranc\u00f3 las correas que sosten\u00edan su discapacitador como si fueran de papel higi\u00e9nico: correas garantizadas para sostener dos mil quinientos kilos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los pedazos de chatarra retumbaron al dar contra el suelo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Harrison pas\u00f3 los pulgares bajo la barra que aseguraba su arn\u00e9s para la cabeza. La barra se rompi\u00f3 como un tallo de apio. Harrison aplast\u00f3 los lentes y los aud\u00edfonos contra la pared.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Tambi\u00e9n se arranc\u00f3 la nariz de goma descubriendo a un hombre que hubiera estremecido a Thor, el dios de trueno.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Ahora elegir\u00e9 a mi emperatriz! \u2014dijo, mirando al grupo arrodillado a sus pies\u2014. Que la primera mujer que se atreva a levantarse reclame a su esposo y su trono.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pas\u00f3 un momento y al fin una bailarina se puso de pie, balance\u00e1ndose como un sauce.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Harrison sac\u00f3 el discapacitador mental de la oreja de la bailarina y luego los discapacitadores f\u00edsicos con asombrosa delicadeza. Finalmente le quit\u00f3 la m\u00e1scara.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La bailarina era de una belleza cegadora.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ahora \u2014dijo Harrison tom\u00e1ndole la mano\u2014, \u00bfle mostramos a la gente lo que significa la palabra \u201cdanza\u201d? \u00a1M\u00fasica! \u2014orden\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Los m\u00fasicos treparon de vuelta a sus sillas, y Harrison les quit\u00f3 tambi\u00e9n sus discapacitadores.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Toquen tan bien como puedan \u2014les dijo\u2014 y les har\u00e9 barones y duques y condes.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La m\u00fasica comenz\u00f3. Era normal al principio: barata, tonta, falsa. Pero Harrison alz\u00f3 a dos m\u00fasicos de sus sillas y los movi\u00f3 en el aire como batutas, mientras cantaba la m\u00fasica como deseaba que la tocaran. Luego los dej\u00f3 caer otra vez en los asientos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;La m\u00fasica comenz\u00f3 de nuevo y estuvo mucho mejor.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Harrison y su emperatriz se quedaron un rato escuchando, gravemente, como esperando a que los latidos de sus corazones concordaran con la m\u00fasica.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Luego se alzaron en puntas de pie. Harrison tom\u00f3 entre sus manazas el talle delgado de la bailarina, haci\u00e9ndole sentir la ingravidez que pronto ser\u00eda suya.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y entonces, en una explosi\u00f3n de gracia y alegr\u00eda, saltaron al aire.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No s\u00f3lo abandonaron las leyes de la Tierra sino tambi\u00e9n las leyes de la gravedad y las del movimiento.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Giraron, remolinearon, brincaron, cabriolaron, caracolearon y revolotearon.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Saltaron como ciervos en la Luna.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El cielorraso estaba a diez metros de altura, pero con cada salto los bailarines se acercaban m\u00e1s a \u00e9l.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pronto fue evidente que intentaban tocarlo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Lo tocaron.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y luego, neutralizando la gravedad con puro amor y voluntad, se quedaron suspendidos en el aire a unos pocos cent\u00edmetros bajo el cielorraso, y all\u00ed se besaron durante largo tiempo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Fue entonces que Diana Moon Glampers, la Directora General de Discapacitaci\u00f3n, entr\u00f3 en el estudio con una escopeta de doble ca\u00f1\u00f3n. Dispar\u00f3 dos veces y el emperador y la emperatriz murieron antes de llegar al suelo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Diana Moon Glampers carg\u00f3 otra vez la escopeta. Apunt\u00f3 a los m\u00fasicos y les dijo que ten\u00edan diez segundos para ponerse otra vez los discapacitadores.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En ese momento el tubo de la televisi\u00f3n de los Bergeron se quem\u00f3.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Hazel se volvi\u00f3 hacia George para comentarle el desperfecto. Pero George hab\u00eda ido a la cocina por una lata de cerveza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;George regres\u00f3 con la cerveza y se detuvo mientras una se\u00f1al discapacitadora lo sacud\u00eda de pies a cabeza. Luego se sent\u00f3 otra vez.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Has estado llorando \u2014le dijo a Hazel.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed \u2014dijo ella.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfPor qu\u00e9? \u2014dijo \u00e9l.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No me acuerdo. Algo bien triste en la televisi\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9 era? \u2014dijo \u00e9l.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Lo tengo confundido en la cabeza \u2014dijo Hazel.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Olvida las cosas tristes \u2014dijo George.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Eso hago siempre \u2014dijo Hazel.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Esa es mi chica \u2014dijo George. Torci\u00f3 la cara. Hab\u00eda el ruido de una remachadora en su cabeza.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Uy. Ese s\u00ed estuvo duro, \u00bfno? \u2014dijo Hazel.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Y que lo digas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Uy \u2014dijo Hazel\u2014. Ese s\u00ed estuvo duro.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cuento de ciencia ficci\u00f3n de Kurt Vonnegut: una sociedad forzada al conformismo.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":16942,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"El cuento del mes en Las Historias es, en el fondo, un relato de horror: \"Harrison Bergeron\" de Kurt Vonnegut. http:\/\/wp.me\/pjEhq-2UN","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2},"jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[4],"tags":[99,2343,1028,194,2782,336,2855],"class_list":["post-11209","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-el-cuento","tag-ciencia-ficcion","tag-el-cuento-del-mes","tag-escritores-en-lengua-inglesa","tag-escritores-estadounidenses","tag-harrison-bergeron","tag-kurt-vonnegut","tag-literatura"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/07\/Kurt-Vonnegut.webp","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/pjEhq-2UN","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11209","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=11209"}],"version-history":[{"count":10,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11209\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":16944,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11209\/revisions\/16944"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media\/16942"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=11209"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=11209"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=11209"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}