{"id":11125,"date":"2014-06-21T11:51:07","date_gmt":"2014-06-21T16:51:07","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lashistorias.com.mx\/?p=11125"},"modified":"2016-12-10T13:29:51","modified_gmt":"2016-12-10T19:29:51","slug":"la-iglesia-del-diablo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/la-iglesia-del-diablo\/","title":{"rendered":"La Iglesia del Diablo"},"content":{"rendered":"<p>Este mes de Mundial de Futbol, un cuento de <a href=\"http:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Joaquim_Machado_de_Assis\">Machado de Assis<\/a> (1839-1908), extraordinario autor brasile\u00f1o. \u00abA Igreja do Diabo\u00bb se public\u00f3 inicialmente en 1884, y es un raro ejemplo de las historias de imaginaci\u00f3n fant\u00e1stica del escritor. Tambi\u00e9n es una historia atemporal: sus ideas sobre la virtud moral, la rebeld\u00eda y el car\u00e1cter contradictorio del ser humano siguen vigentes. Agradezco a Sarai Robledo la transcripci\u00f3n del texto.<\/p>\n<p><a ref=\"magnificPopup\" href=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/Machado_de_assis_1905_small.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" data-attachment-id=\"11128\" data-permalink=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/index.php\/la-iglesia-del-diablo\/machado_de_assis_1905_small\/\" data-orig-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/Machado_de_assis_1905_small.jpg\" data-orig-size=\"1273,1655\" data-comments-opened=\"1\" data-image-meta=\"{&quot;aperture&quot;:&quot;0&quot;,&quot;credit&quot;:&quot;&quot;,&quot;camera&quot;:&quot;&quot;,&quot;caption&quot;:&quot;&quot;,&quot;created_timestamp&quot;:&quot;0&quot;,&quot;copyright&quot;:&quot;&quot;,&quot;focal_length&quot;:&quot;0&quot;,&quot;iso&quot;:&quot;0&quot;,&quot;shutter_speed&quot;:&quot;0&quot;,&quot;title&quot;:&quot;&quot;}\" data-image-title=\"Joaquim Maria Machado de Assis\" data-image-description=\"\" data-image-caption=\"\" data-large-file=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/Machado_de_assis_1905_small-787x1024.jpg\" src=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/Machado_de_assis_1905_small.jpg\" alt=\"\" width=\"1273\" height=\"1655\" class=\"aligncenter size-full wp-image-11128\" srcset=\"https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/Machado_de_assis_1905_small.jpg 1273w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/Machado_de_assis_1905_small-230x300.jpg 230w, https:\/\/www.lashistorias.com.mx\/wp-content\/uploads\/2014\/06\/Machado_de_assis_1905_small-787x1024.jpg 787w\" sizes=\"auto, (max-width: 1273px) 100vw, 1273px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>LA IGLESIA DEL DIABLO<br \/>\nJoaquim Maria Machado de Assis<br \/>\n<\/strong><\/p>\n<div align=center>I<br \/>\n<em>De una idea magn\u00edfica <\/em><\/div>\n<p>Cuenta un viejo manuscrito benedictino que el diablo, en cierto d\u00eda, tuvo la idea de fundar una iglesia. Aunque sus ganancias fueran continuas y grandes, se sent\u00eda humillado con el papel aislado que ejerc\u00eda desde hac\u00eda siglos, sin organizaci\u00f3n, sin normas, sin c\u00e1nones ni ritual ni nada. Viv\u00eda, por as\u00ed decirlo, de los sobrantes divinos, de los descuidos y obsequios humanos. Nada de fijo, nada regular. \u00bfPor qu\u00e9 no iba a tener \u00e9l una iglesia? Una iglesia del Diablo era el medio m\u00e1s eficaz para combatir a las dem\u00e1s religiones y destruirlas de una vez.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Bueno, crear\u00e9 una iglesia \u2013concluy\u00f3\u2014. Escritura contra Escritura, breviario contra breviario. Tendr\u00e9 mi misa, con vino y pan hasta el hartazgo, mis sermones, mis bulas, novenas y todo el aparato eclesi\u00e1stico. Mi credo ser\u00e1 el n\u00facleo universal de los esp\u00edritus y mi iglesia una tienda de Abraham. Y luego, mientras que las otras religiones luchan entre s\u00ed y se dividen, mi iglesia se mantendr\u00e1 unida; no tendr\u00e9 ante m\u00ed ni Mahoma ni Lutero. Hay muchas maneras de afirmar pero s\u00f3lo una de negarlo todo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Y diciendo esto, el Diablo sacudi\u00f3 la cabeza y extendi\u00f3 los brazos, en un gesto magn\u00edfico y varonil. En seguida se acord\u00f3 de ir con Dios para comunicarle su idea y desafiarlo; levant\u00f3 los ojos, encendidos de odio, \u00e1speros por la venganza y se dijo a s\u00ed mismo: \u201cVamos, es tiempo\u201d. Y r\u00e1pido, batiendo las alas, con tal estruendo que prendi\u00f3 a todas las provincias del abismo, sali\u00f3 de la sombra hacia el azul infinito.<\/p>\n<div align=center>II<br \/>\n<em>Entre Dios y el Diablo<\/em><\/div>\n<p>Dios estaba recibiendo a un anciano cuando el Diablo lleg\u00f3 al Cielo. Los serafines que enguirnaldaban al reci\u00e9n llegado se detuvieron inmediatamente y el Diablo se qued\u00f3 en la entrada, con los ojos puestos en el Se\u00f1or.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQu\u00e9 es lo que quieres? \u2014pregunt\u00f3 \u00e9ste.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No vengo por tu siervo Fausto \u2014respondi\u00f3 el Diablo, ri\u00e9ndose\u2014, sino por todos los faustos del siglo y de los siglos.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Expl\u00edcate.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Se\u00f1or, la explicaci\u00f3n es sencilla; pero permite que te diga: recoge primero a ese buen viejo; dale el mejor lugar, ordena que las m\u00e1s afinadas c\u00edtaras la\u00fades lo reciban con los m\u00e1s divinos coros\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfSabes lo que hizo \u00e9l? \u2014pregunt\u00f3 el se\u00f1or, con los ojos llenos de dulzura,<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No, pero probablemente es de los \u00faltimos que vendr\u00e1n a estar con vosotros. No tardar\u00e1 mucho que el cielo quede parecido a una casa vac\u00eda, a causa del precio, que es elevado. Voy a construir un alojamiento barato; en dos palabras, voy a fundar una iglesia. Estoy cansado de mi desorganizaci\u00f3n, de mi reino azaroso y adventicio. Es tiempo de alcanzar la victoria final y completa. Y entonces he venido a cont\u00e1rtelo, con lealtad, para que no me acuses de disimulo\u2026 Buena idea,  \u00bfno te parece?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Viniste a cont\u00e1rmela, no a legitimarla \u2014 advirti\u00f3 el Se\u00f1or.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Tienes raz\u00f3n \u2014acept\u00f3 el Diablo\u2014; pero al amor propio le gusta o\u00edr el aplauso de los maestros. Verdad es que en este caso ser\u00eda el aplauso de un maestro vencido, y una tal exigencia\u2026 Se\u00f1or, vuelvo a la tierra; voy a poner mi primera piedra.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ve.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfQuieres que venga a anunciarte la conclusi\u00f3n de la obra?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014No es necesario; basta que me digas desde ahora por qu\u00e9 motivo, cansado de tu desorganizaci\u00f3n, s\u00f3lo hasta ahora pensaste en fundar una iglesia.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;El Diablo sonri\u00f3 con cierto aire de escarnio y triunfo. Ten\u00eda alguna idea cruel en mente, alg\u00fan reparo picante en la alforja de la memoria, algo que en ese breve instante de la eternidad lo hac\u00eda creerse superior al propio Dios. Pero concluy\u00f3 su sonrisa y dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u2013S\u00f3lo ahora conclu\u00ed una observaci\u00f3n que comenc\u00e9 a hacer desde hace algunos siglos, y es que las virtudes, hijas del cielo, son en gran n\u00famero comparables a reinas cuyo manto de terciopelo rematara en franjas de algod\u00f3n. Ahora me propongo jalarles de esa franja y traerlas a todas ellas a mi Iglesia; tras ellas vendr\u00e1n las de seda pura\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Viejo ret\u00f3rico! \u2014murmuro el Se\u00f1or.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Mira bien. Muchos cuerpos que se arrodillan ante vuestros pies, en los templos del mundo, llevan encima el ropaje de la sala y la calle, los rostros se ti\u00f1en con el mismo polvo, los pa\u00f1uelos huelen a los mismos olores, las pupilas centellean de curiosidad y devoci\u00f3n entre el libro santo y la atracci\u00f3n del pecado. Mire el ardor \u2013la indiferencia al menos\u2013 con que ese caballero anuncia al p\u00fablico los beneficios que liberalmente distribuyen, ya sean ropas o zapatos, monedas o cualesquiera de esas materias necesarias para la existencia\u2026, pero no quiero parecer como que me detengo en cosas menudas; no hablo, por ejemplo, de la placidez con la que este jefe de hermandad, en las procesiones, carga piadosamente en el pecho vuestro amor y una manda\u2026 Voy a negocios m\u00e1s elevados\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En esto los serafines agitaron las pesadas alas con hast\u00edo y sue\u00f1o. Miguel y Gabriel contemplaron al se\u00f1or con una mirada de s\u00faplica. Dios interrumpi\u00f3 al Diablo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014T\u00fa eres vulgar, que es lo peor que le puede suceder a un esp\u00edritu de tu especie \u2014replic\u00f3 el Se\u00f1or\u2013. Todo lo que dices o que puedas decir ya ha sido dicho y redicho por los moralistas del mundo. Es un asunto superado; y si no tienes fuerza ni originalidad para renovar un asunto superado, mejor es que te calles y retires. Mira, todas mis legiones muestran en la cara las se\u00f1ales vivas del tedio que les provocas. Ese mismo anciano parece mareado; \u00bfsabes t\u00fa lo que hizo?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Ya te dije que no.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Despu\u00e9s de una vida honesta, tuvo una muerte sublime. Atrapado en un naufragio, se iba a salvar en una tabla. Pero vio a unos reci\u00e9n casados, en la flor de la vida, que se debat\u00edan ya en la muerte: les cedi\u00f3 la tabla de salvaci\u00f3n y se hundi\u00f3 en la eternidad. Sin ning\u00fan p\u00fablico, s\u00f3lo el agua y cielo arriba de \u00e9l. \u00bfD\u00f3nde encuentras la franja de algod\u00f3n?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Se\u00f1or, yo soy como t\u00fa sabes, el esp\u00edritu de la negaci\u00f3n.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00bfNiegas estas muerte?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014Lo niego todo. La misantrop\u00eda puede tomar la apariencia de caridad; dejarles la vida a los dem\u00e1s, para un mis\u00e1ntropo, es realmente odiarlos\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Sutil ret\u00f3rico! \u2014exclam\u00f3 el Se\u00f1or\u2014 Ve, ve y funda tu iglesia, llama a todas las virtudes, recoge todas las franjas, convoca a todos los hombres\u2026, pero, \u00a1vete, vete ya!<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;En vano el Diablo intent\u00f3 proferir algo m\u00e1s. Dios le impuso silencio; los serafines, ante una se\u00f1a divina, llenaron el cielo con armon\u00eda de sus c\u00e1nticos. El Diablo sinti\u00f3, de repente, que se hallaba en el aire; dobl\u00f3 las alas y, como rayo, cay\u00f3 en la tierra. <\/p>\n<div align=center>III<br \/>\n<em>La buena nueva a los hombres<\/em><\/div>\n<p>Una vez en la tierra, el Diablo no perdi\u00f3 un minuto. Se apresur\u00f3 a vestir la t\u00fanica benedictina, como h\u00e1bito de buena fama, y se meti\u00f3 a divulgar una doctrina nueva y extraordinaria, con una voz que hac\u00eda retumbar las entra\u00f1as del mundo. \u00c9l promet\u00eda a sus disc\u00edpulos y fieles las delicias de la tierra, todas las glorias los deleites m\u00e1s \u00edntimos. Confesaba que era el Diablo; pero lo confesaba para corregir la noci\u00f3n que los hombres ten\u00edan de \u00e9l y desmentir las historias que las viejas beatas contaban de \u00e9l.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014S\u00ed, soy el Diablo \u2014repet\u00eda \u00e9l\u2014; no el Diablo de las noches sulf\u00fareas, de los cuentos para dormir, terror de los ni\u00f1os, sino el Diablo verdadero y \u00fanico, el propio genio de la naturaleza, al que se le dio aquel nombre para arrancarlo del coraz\u00f3n de los hombres. Ved c\u00f3mo soy gentil y cort\u00e9s. Soy vuestro verdadero padre. Pero vamos, tomad ese nombre, inventado para mi descr\u00e9dito, haced con ello un trofeo, un l\u00e1baro y yo os dar\u00e9 todo, todo, todo, todo, todo, todo\u2026<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Era as\u00ed como hablaba, al principio, para excitar el entusiasmo, avisar a los indiferentes, congregar, en suma, a las multitudes a sus pies. Y ellas vinieron; y despu\u00e9s de que vinieron, el Diablo pas\u00f3 a definir su doctrina. La doctrina era la \u00fanica que pod\u00eda estar en la boca de un esp\u00edritu de la negaci\u00f3n. Eso en lo que toca a la sustancia, porque en lo referente a la forma, unas veces era sutil y otras c\u00ednica y p\u00e1lida.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u00c9l clamaba que las virtudes aceptadas deb\u00edan ser sustituidas por otras, que eran las naturales y leg\u00edtimas. La soberbia, la lujuria, la pereza fueron rehabilitadas, y as\u00ed tambi\u00e9n la avaricia, que declar\u00f3 no ser sino la madre de la econom\u00eda, con la diferencia que la madre era robusta y la hija una flaca. La ira encontraba su mejor defensa en la obra de Homero; sin el furor de Aquiles no hubiera habido la Il\u00edada: \u201cCanta, oh musa, la c\u00f3lera de Aquiles, hijo de Peleo\u201d\u2026 Lo mismo dijo de la gula, que produjo las mejores p\u00e1ginas de Rabelais y muchos buenos versos del Hyssope; virtud tan superior que nadie recuerda las batallas de L\u00faculo sino sus cenas; fue la gula que realmente lo hizo inmortal. Pero aun haciendo a su lado las razones de orden literario o hist\u00f3rico, s\u00f3lo para mostrar el valor intr\u00ednseco de aquella virtud, \u00bfqui\u00e9n podr\u00eda negar que era mucho mejor sentir en la boca y el vientre los buenos manjares, en gran acopio, que los malos bocados, o la saliva del ayuno? Por su parte, el Diablo promet\u00eda sustituir la vi\u00f1a del Se\u00f1or, expresi\u00f3n metaf\u00f3rica, por las vi\u00f1as del Diablo, locuci\u00f3n directa y verdadera, pues no iba a faltarles nunca a los suyos el fruto de las m\u00e1s bellas cepas del mundo. En lo referente a la envidia, pregon\u00f3 fr\u00edamente que era la principal virtud, origen de prosperidades infinitas; preciosa virtud, que llegar\u00eda a suplir a todas las dem\u00e1s y hasta el mismo talento.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Las turbas corr\u00edan detr\u00e1s de \u00e9l, entusiasmadas. El diablo les inculcaba, con los grandes golpes de elocuencia, todo el nuevo orden de las cosas, cambiando la noci\u00f3n de ellas, haciendo amar a las perversas y odiar a las sanas.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Nada m\u00e1s curioso, por ejemplo, que la definici\u00f3n que \u00e9l daba de fraude. Lo llamaba el brazo izquierdo el hombre; el brazo derecho era la fuerza, y conclu\u00eda: muchos hombres son zurdos, eso es todo. Ahora bien, \u00e9l no exig\u00eda que fueran todos zurdos, no era exclusivista. Que unos fueran zurdos y otros diestros; aceptaba a todos, menos a los que no fueran nada. Pero la demostraci\u00f3n m\u00e1s rigurosa y profunda, fue la venalidad. Una casuista del tiempo lleg\u00f3 a confesar que era un monumento de l\u00f3gica. La venalidad, dijo el Diablo, era el ejercicio de un derecho superior a todos los derechos. Si t\u00fa puedes vender tu casa, tu buey, tus zapatos, tu sombrero, cosas que son tuyas por una raz\u00f3n jur\u00eddica legal, pero que, en todo caso, est\u00e1n fuera de ti, \u00bfc\u00f3mo es que no puede vender tu opini\u00f3n, tu voto, tu palabra, tu fe, cosas que son m\u00e1s que tuyas porque son tu propia conciencia, esto es, t\u00fa mismo? Negarlo es caer en o absurdo y contradictorio. \u00bfPues no hay mujeres que venden sus cabellos? \u00bfNo puede un hombre vender parte de su sangre para transfundirla a otro hombre an\u00e9mico? \u00bfY la sangre y los cabellos, partes f\u00edsicas, tendr\u00e1n un privilegio que se le niega al car\u00e1cter, a la parte moral del hombre?<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Demostrando as\u00ed el principio, el Diablo no tard\u00f3 en exponer las ventajas del orden temporal o pecuniario; despu\u00e9s, ense\u00f1o todav\u00eda que, en vista del perjuicio social, conven\u00eda disimular el ejercicio de un derecho tan leg\u00edtimo, es decir, ejercer al mismo tiempo la venalidad y la hipocres\u00eda, esto es merecer doblemente. Y as\u00ed por arriba y por abajo, examinaba todo, correg\u00eda todo. Claro est\u00e1, combati\u00f3 el perd\u00f3n de las injurias y otras m\u00e1ximas de suavidad y cordialidad. No prohibi\u00f3 formalmente a la calumnia gratuita, sino que introdujo a ejercitarla mediante retribuci\u00f3n, pecuniaria o de otra especie; pero en los casos en que fuera una imperiosa expansi\u00f3n de la fuerza de imaginaci\u00f3n y nada m\u00e1s, prohib\u00eda aceptar compensaci\u00f3n alguna, ya que ello equival\u00eda a hacer pagar la inspiraci\u00f3n. Todas las formas del respeto fueron condenadas por \u00e9l, como posibles elementos de un cierto decoro social y personal, con la \u00fanica excepci\u00f3n del inter\u00e9s. Pero esa misma excepci\u00f3n fue despu\u00e9s eliminada, por considerar que el inter\u00e9s, que convierte al respeto en simple adulaci\u00f3n, era el sentimiento aplicado y no aqu\u00e9l.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Para rematar la obra, el Diablo pens\u00f3 que le correspond\u00eda acabar con toda la solidaridad humana. En efecto, el amor al pr\u00f3jimo era un grave obst\u00e1culo para la nueva instituci\u00f3n. \u00c9l demostr\u00f3 que esa norma era una simple invenci\u00f3n de los par\u00e1sitos y negociantes insolventes; no se deb\u00eda dar al pr\u00f3jimo sino indiferencia; en algunos de los casos, odio o desprecio. Incluso lleg\u00f3 a demostrar que la noci\u00f3n de pr\u00f3jimo estaba equivocada, y citaba esta fase de un padre de N\u00e1poles, aquel fino y letrado Galiani, que le escrib\u00eda una de las marquesas del Antiguo R\u00e9gimen: \u201c\u00a1Que se enoje el pr\u00f3jimo! \u00a1No hay pr\u00f3jimo!\u201d La \u00fanica hip\u00f3tesis en la que \u00e9l permit\u00eda amar al pr\u00f3jimo era cuando se trataba de amar a las mujeres ajenas, porque esa clase de amor ten\u00eda la particularidad de no ser otra cosa que el amor del individuo a s\u00ed mismo. Y como algunos disc\u00edpulos encontraran que tal explicaci\u00f3n, por metaf\u00edsica, escapaba a la comprensi\u00f3n de la turba, el Diablo recurri\u00f3 a un ap\u00f3logo: \u201cCien personas adquieren acciones de un banco, para las operaciones comunes; pera coda accionista no cuida realmente sino de sus dividendos: es lo que sucede con los ad\u00falteros. \u201cEste ap\u00f3logo fue incluido en su Libro de Sabidur\u00eda. <\/p>\n<div align=center>IV<br \/>\n<em>Franjas y franjas<\/em><\/div>\n<p>La perversi\u00f3n de Diablo se consum\u00f3. Todas las virtudes cuya capa de terciopelo remataba en franja de algod\u00f3n, una vez jaladas de la franja, arrojaban la capa a las ortigas y ven\u00edan a alistarse en una iglesia nueva. Detr\u00e1s fueron llegando las dem\u00e1s, y el tiempo bendijo la instituci\u00f3n. La iglesia se fund\u00f3; la doctrina se propagaba; no hab\u00eda una sola regi\u00f3n en el globo que no la conociera, una lengua a la que no se tradujera, una raza que no la amara. El Diablo levant\u00f3 gritos de triunfo.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Pero un d\u00eda, muchos a\u00f1os despu\u00e9s, not\u00f3 el Diablo que sus fieles, a escondidas, practicaban las antiguas virtudes. No las practicaban todas, ni \u00edntegramente, sino m\u00e1s bien algunas y por partes y, como digo, a escondidas. Ciertos glotones se ocultaban a comer frugalmente tres o cuatro ocasiones por a\u00f1o, justamente en los d\u00edas del precepto cat\u00f3lico; muchos avaros daban limosas, en la noche, o en las calles semidesiertas; varios dilapidadores del erario restitu\u00edan peque\u00f1as cantidades; los fraudulentos, hac\u00edan cosas legales una que otra vez, con el coraz\u00f3n en las manos, pero con el mismo rostro de disimulo, para hacer creer que estaban embaucando a los dem\u00e1s.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;Este descubrimiento asombr\u00f3 al Diablo. Se meti\u00f3 a investigar m\u00e1s hondamente el mal, y vio cuan extendido se hallaba. Algunos casos eran hasta incomprensibles, como el de un farmac\u00e9utico del Levante que hab\u00eda envenenado a una generaci\u00f3n completa, y con el producto de sus drogas socorr\u00eda a los hijos de las v\u00edctimas. En el Cairo encontr\u00f3 a un perfecto lad\u00f3n de camellos, que se cubr\u00eda la cara para acudir a las mezquitas. El Diablo se encontr\u00f3 con \u00e9l a la entrada, y lo increp\u00f3 por su procedimiento; \u00e9l lo neg\u00f3, diciendo que iba all\u00ed a robarle el camello a un trujam\u00e1n: lo rob\u00f3 en efecto, a la vista del Diablo y fue a ofrec\u00e9rselo de presente a un muez\u00edn que or\u00f3 por \u00e9l a Al\u00e1. El manuscrito benedictino cita muchos otros descubrimientos extraordinarios, y entre ellos \u00e9ste, que desorient\u00f3 por completo al Diablo. Uno de sus mejores ap\u00f3stoles era un calabr\u00e9s, var\u00f3n de cincuenta a\u00f1os, insigne falsificador de documentos, que pose\u00eda una hermosa casa en la compa\u00f1\u00eda romana, telas, estatuas, biblioteca, etc. Era el fraude en persona; incluso hab\u00eda llegado a meterse en la cama para no confesar que estaba sano. Pues ese hombre no s\u00f3lo robaba en el juego, sino que todav\u00eda daba gratificaciones a los criados. Habi\u00e9ndose hecho amigo de un can\u00f3nigo, iba todas las semanas a confesarse con \u00e9l, en una capilla solitaria; y, aunque no le descubr\u00eda ninguna de sus acciones secretas, se santiguaba dos veces, al arrodillarse y al levantar. El diablo apenas pudo creer tan grande alevos\u00eda. Pero no hab\u00eda forma de dudar; el caso era verdadero.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;No se detuvo un instante. El asombro no le dio tiempo para reflexionar, comparar y concluir que el espect\u00e1culo presente ten\u00eda algo de an\u00e1logo con el pasado. Vol\u00f3 de nuevo al cielo, tr\u00e9mulo de rabia, ansioso por conocer la causa secreta de tan singular fen\u00f3meno. Dios lo escuch\u00f3 con infinita complacencia; no lo interrumpi\u00f3, no lo reprendi\u00f3, no se vanaglori\u00f3, siquiera, de aquella agon\u00eda sat\u00e1nica. Puso sus ojos en \u00e9l y le dijo:<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;\u2014\u00a1Qu\u00e9 quieres t\u00fa, mi pobre Diablo! Las capas de algod\u00f3n tienen ahora franjas de seda, como las de terciopelo tuvieron franjas de algod\u00f3n. \u00a1Qu\u00e9 le vamos a hacer: es la eterna contradicci\u00f3n humana! <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un cuento fant\u00e1stico de Machado de Assis (1839-1908), maestro del realismo.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":13142,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"advanced_seo_description":"","jetpack_seo_html_title":"","jetpack_seo_noindex":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":true,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"\"La Iglesia del Diablo\" de J. M. 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